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‘García Márquez y la política’ de Carlos Peña

carlos peñaLa muerte de García Márquez –cultivó con esmero los vínculos hacia el régimen cubano, sin nunca emplear su imaginación esplendorosa para tejer una crítica– permite plantear una pregunta: ¿Pesa sobre los escritores alguna especial responsabilidad política? ¿Puede reprochárseles sus tomas de posición?

Por supuesto, no hay nada raro en que un escritor posea y ejercite una firme y clara posición política. André Malraux fue ministro de De Gaulle; Valclav Havel presidió la República Checa; Mario Vargas Llosa impulsó el Movimiento Libertad y fue candidato presidencial; Jorge Edwards participó activamente contra la dictadura de Pinochet, y así.

No, no hay nada raro en que un escritor de ficciones y de ensayos sea políticamente activo. Lo raro –es el caso de García Márquez– es que se transforme en defensor de una dictadura que anega todos los derechos de los que él gozaba como escritor.

En esa rareza García Márquez no está solo. Sartre, el más conspicuo de todos, echó mano a sus tesoros de inteligencia e imaginación dialéctica para defender a Stalin; Neruda le cantó loas; Drieu La Rochelle se declaró fascista y apoyó el gobierno de Petain; Pound fue admirador de Mussolini.

Hay, hasta cierto punto, una inconsistencia en esos escritores, de derecha y de izquierda, que ejercitan las libertades para dar rienda suelta a su imaginación y a su talento, exorcizar sus fantasmas y despertar los sueños dormidos de sus lectores; pero que al mismo tiempo callan cualquier crítica, apoyan a los regímenes que las niegan y omiten cualquier palabra que pudiera incomodarlos. Al escribir, dar conferencias, publicar y echar ácido crítico contra las sociedades en las que viven y fructifican, muestran el valor y los frutos que la libertad hace posibles; pero al adoptar posiciones políticas a favor de regímenes dictatoriales niegan las condiciones de posibilidad de su propia existencia como escritores. Se trata, no cabe duda, de una perfecta contradicción performativa: ejercitan en su vida un oficio espléndido cuyas condiciones de posibilidad, al adherir y defender a regímenes dictatoriales, niegan.

Es esa contradicción la que torna tan rara la situación de un autor como García Márquez, cuya imaginación prodigiosa y talento inhumano debió ser (pero no lo fue) alérgica a cualquier forma de dictadura, más no fuera por el hecho que para quien imaginó Macondo cualquier realidad real, más todavía la cubana, debió parecerle (pero no fue el caso) algo que estaba muy lejos de lo que él consideraría apetecible y deseable.

Se dirá, por supuesto, que algo así es injusto porque escritores como García Márquez –cuya genialidad inhumana que a veces emociona hasta las lágrimas, está más allá de toda duda– preferían hacer sus críticas e influir en privado, echando mano a sus canales de influencia, los mismos que se verían perjudicados si, alzando la voz, manifestaran sus críticas. Pero se trata de una excusa más o menos pueril. Porque nadie habría aceptado que García Márquez viajara periódicamente a Chile en la época de la dictadura, se reuniera con Pinochet, se dejara alojar en una casa presidencial o algo semejante, y callara cualquier crítica a la forma en que esa dictadura anegaba las libertades y violaba los derechos humanos y tampoco nadie habría aceptado que, cuando algo así se le reprochara, pretendiera que lo hacía porque las críticas sigilosas y privadas eran más eficientes que el escándalo público.

A favor de García Márquez habría que decir que no fue el único que se dejó hipnotizar insensatamente por Cuba. Incluso Bertrand Russell, cuya agudeza crítica y talento matemático no dejaba títere con cabeza, dejó, hacia el final de sus días, que lo hicieran firmar declaraciones a favor de la revolución cubana declarando que allí despuntaba una aurora. Pero cuando lo hizo Russell ya estaba viejo y su alerta habitual adormecida. El suyo fue más bien un acto senil. No fue el caso de García Márquez que mientras escribía El otoño del Patriarca y soñaba con los gallinazos que inundaban la casa presidencial, se metían por los balcones y destrozaban a picotazos las mallas de alambre de las ventanas y removían con sus alas el tiempo estancado en el interior, visitaba a ese otro Patriarca de la isla y, sin asomos de duda, se fotografiaba con él.

Carlos Peña (foto)

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García Márquez hacía 9 años ‘estaba sin tema’

g.g.m.…”este año 2005 me lo he tomado sabático. No me he sentado ante la computadora. No he escrito una línea. Y, además, no tengo proyecto ni perspectivas de tenerlo. No había dejado nunca de escribir, este ha sido el primer año de mi vida en que no lo he hecho. Yo trabajaba cada día, desde las nueve de la mañana hasta las tres de la tarde, decía que era para mantener el brazo caliente…, pero en realidad era que no sabía qué hacer por la mañana”. Esta declaración de Gabriel García Márquez (foto) corresponde a la última entrevista que concedió. El periodista afortunado fue Xavi Ayén, quien habría de publicarla en ‘Magazine’, de ‘La Vanguardia’ de España, en febrero del 2006, y que aquí edito.

¿Y ahora ha encontrado algo mejor que hacer?     He encontrado una cosa fantástica: ¡quedarme en la cama leyendo! Leo todos aquellos libros que nunca tuve tiempo para leer… Recuerdo que antes sufría un gran desconcierto cuando, por lo que fuera, no escribía. Tenía que inventar alguna actividad para poder vivir hasta las tres de la tarde, para distraer la angustia. Pero ahora me resulta placentero.

¿Y el segundo volumen de memorias?     Creo que no voy a escribirlo. Tengo algunas notas escritas, pero no quiero que sea una mera mecánica profesional. Me doy cuenta de que, si publico un segundo tomo, voy a tener que decir en él cosas que no quiero decir, a causa de algunas relaciones personales que no son muy buenas. El primer tomo, ‘Vivir para contarla’, es exactamente lo que yo quería.

Ayén anota: Volviendo a su inédito período de inactividad, el Nobel aclara que “se me ha acabado el año sabático, pero ya encuentro excusas para prorrogarlo durante todo el 2006. Ahora que he descubierto que puedo leer sin escribir, a ver hasta dónde llega. Yo creo que me lo gané. Con todo lo que he escrito, ¿no? Aunque si mañana se me ocurriera una novela, ¡qué maravilla sería! En verdad, con la práctica que tengo, podría hacer una sin más problemas: me siento ante la computadora y la saco…, pero la gente se da cuenta si no has puesto las tripas.

“De hecho –comenta–, ya tampoco me despierto por la noche asustado, tras haber soñado con los muertos de los que me hablaba mi abuela en Aracataca, cuando era niño, y creo que eso tiene que ver con lo mismo, con que se me acabó el tema”.

Dice Ayén: Su último “tema”, hasta el momento, ha sido ‘Memoria de mis putas tristes’, novela corta publicada en el 2004 que millones de lectores en todo el mundo esperan que no sea el último estallido de su fuerza creativa. “Tampoco estaba en el programa –revela ahora–. En realidad, proviene de un programa anterior, había pensado en una serie de relatos en ambientes prostibularios, de ese tipo. Hace tiempo escribí cuatro o cinco historias, pero la única que me gustó fue la última, me di cuenta de que el tema no daba para tanto, de que lo que realmente andaba buscando era aquello, así que decidí prescindir de las primeras y publicar la última de manera independiente”.

El maestro García Márquez le confió: “Dejar de escribir no ha cambiado mi vida, ¡eso es lo mejor! Las horas que utilizaba para hacerlo no han quedado secuestradas por otras actividades enojosas”. Y añade Ayén: García Márquez ha ido desarrollando sus mecanismos para preservar su vida privada, cada vez más eficaces, y parece haber conjurado el peligro de que su éxito le robara tiempo para los afectos de hijos, nietos y amigos. Antes, sin embargo, “la fama estuvo a punto de desbaratarme la vida, porque perturba el sentido de la realidad, tanto como el poder. Te condena a la soledad, genera un problema de incomunicación que te aísla”.

En vez de realizar un paseo físico por el DF, Gabo sugiere que nos traslademos mentalmente a otra ciudad, a la Barcelona de los años 60 y 70, donde él vivió y escribió ‘El otoño del patriarca’: “Llegamos en 1967, cargando una piel de caimán de dos metros que me regaló un amigo. Yo estaba dispuesto a venderla, porque necesitábamos el dinero, pero me lo pensé mejor y al final no lo hicimos. Ha viajado con nosotros por medio mundo, en funciones de amuleto. Todo fue muy rápido, en los años que viví en Barcelona pasé de no tener para comer –antes, en París, había llegado a pedir en el metro– a poder comprarme casas”.

“Tengo la impresión de que aquella ciudad no nos sorprendió mucho –explica–. Era como si ya la hubiéramos visto antes. La razón por la cual no fui a ningún otro lugar es Ramón Vinyes, el ”sabio catalán” que hice aparecer como personaje en Cien años de soledad. En la Barranquilla de mi juventud, él me había ”vendido” hasta tal punto la Barcelona idealizada de sus recuerdos de exiliado, que no dudé en ningún momento”.

“Había como una especie de ”destape” clandestino, focalizado en la discoteca Bocaccio. Nos parecía una cosa anticuada”, refuerza Gabo. (…) Gabo y Mercedes vivieron la efervescencia de la gauche divine, las madrugadas infinitas de Bocaccio, el florecimiento de las nuevas editoriales, las conspiraciones ante la inminente muerte de Franco… Se juntaban con otros escritores atraídos a Barcelona por la “Mamá Grande” Balcells, como José Donoso o Mario Vargas Llosa, y recibían las visitas de Carlos Fuentes, Julio Cortázar, Pablo Neruda…

(…) “Yo he sido siempre más conspirador que ”firmador” –apunta–. He logrado siempre muchas más cosas mirando de arreglarlas por debajo que firmando manifiestos de protesta”

“La violencia ha existido siempre, tiene muchos años en Colombia –recuerda–. El tema de fondo es una situación económica escindida entre los muy ricos y los muy pobres. Y el negocio de la coca es mucho dinero, ¡barriles de dinero! El día en que se acabe la droga, todo va a mejorar muchísimo, porque eso fue lo que lo exacerbó todo. Los grandes productores del mundo están allá. De manera que ya no pelean por la política, como antes, sino por el control de la droga. Y Estados Unidos también está totalmente metido en eso”.

Antes de que abandonemos su casa –dice Xavi Ayén–, García Márquez se interesa por los premios Nobel que irán apareciendo en esta serie de entrevistas: “Ah, veo que escogen sólo a los buenos”. Seguro de sí mismo, próximo, agarra de vez en cuando a su interlocutor sin que sea posible percibir en él rasgo alguno de su legendaria timidez, aquella que en Barcelona le hacía enmudecer y le activaba mil temblores cuando tenía que hablar en público. “Yo creo que debo de tener fobia social, como la Nobel austríaca, Elfriede Jelinek, porque puedo mantener una conversación de tú a tú, pero me cuesta horrores dirigirme a un auditorio. ¿Mi timidez? Tengo la gran ventaja de que ahora la gente entra en esta casa ya intimidada… y así me va mejor”.

El texto completo aquí.

Luto por las muertes de Gabo y Cheo Feliciano

ggmGabo.Los siguientes párrafos son un homenaje al escritor colombiano Gabriel García Márquez (foto), muerto en México este jueves a los 87 años de edad. Lo que dicen identifica el sueño de todos los utópicos destinados a escribir con distinta suerte, en tanto rinden homenaje a la literatura y la ponen en su dimensión humana. Son párrafos del propio Gabriel García Márquez, dichos en la parte final de su discurso al momento de recibir el Premio Nobel de Literatura en 1982:

(…) “Agradezco a la Academia de Letras de Suecia el que me haya distinguido con un premio que me coloca junto a muchos de quienes orientaron y enriquecieron mis años de lector y de cotidiano celebrante de ese delirio sin apelación que es el oficio de escribir. Sus nombres y sus obras se me presentan hoy como sombras tutelares, pero también como el compromiso, a menudo agobiante, que se adquiere con este honor. Un duro honor que en ellos me pareció de simple justicia, pero que en mí entiendo como una más de esas lecciones con las que suele sorprendernos el destino, y que hacen más evidente nuestra condición de juguetes de un azar indescifrable, cuya única y desoladora recompensa, suelen ser, la mayoría de las veces, la incomprensión y el olvido.

“Es por ello apenas natural que me interrogara, allá en ese trasfondo secreto en donde solemos trasegar con las verdades más esenciales que conforman nuestra identidad, cuál ha sido el sustento constante de mi obra, qué pudo haber llamado la atención de una manera tan comprometedora a este tribunal de árbitros tan severos. Confieso sin falsas modestias que no me ha sido fácil encontrar la razón, pero quiero creer que ha sido la misma que yo hubiera deseado. Quiero creer, amigos, que este es, una vez más, un homenaje que se rinde a la poesía. A la poesía por cuya virtud el inventario abrumador de las naves que numeró en su Iliada el viejo Homero está visitado por un viento que las empuja a navegar con su presteza intemporal y alucinada. La poesía que sostiene, en el delgado andamiaje de los tercetos del Dante, toda la fábrica densa y colosal de la Edad Media. La poesía que con tan milagrosa totalidad rescata a nuestra América en las Alturas de Machu Pichu de Pablo Neruda el grande, el más grande, y donde destilan su tristeza milenaria nuestros mejores sueños sin salida. La poesía, en fin, esa energía secreta de la vida cotidiana, que cuece los garbanzos en la cocina, y contagia el amor y repite las imágenes en los espejos.

“En cada línea que escribo trato siempre, con mayor o menor fortuna, de invocar los espíritus esquivos de la poesía, y trato de dejar en cada palabra el testimonio de mi devoción por sus virtudes de adivinación, y por su permanente victoria contra los sordos poderes de la muerte. El premio que acabo de recibir lo entiendo, con toda humildad, como la consoladora revelación de que mi intento no ha sido en vano. Es por eso que invito a todos ustedes a brindar por lo que un gran poeta de nuestras Américas, Luis Cardoza y Aragón, ha definido como la única prueba concreta de la existencia del hombre: la poesía. Muchas gracias”.

Cheo Feliciano. También este jueves murió a los 78 años en Puerto Rico, en un accidente automovilístico, cheo falicianoCheo Feliciano (foto), un clásico de la salsa en vida. Con ‘Amada mía’, una de sus canciones históricas, le rendo homenaje al querido anacaona: http://youtu.be/v5ukEUaZekA

“Los cerros que abandonó el Estado”: N. Sepúlveda

TOPSHOTS View of houses in flames during a fire in Valparaiso                                                                                                                                                              Hoy trae El Mostrador un artículo sobre Valparaíso, la incendiada. Escrito por Nicolás Sepúlveda se titula ‘Los cerros que abandonó el Estado’. Habla de los orígenes de estos barrios hechos en las faldas de la montaña, fragmentados por quebradas, sin plan ni control. Nicolás Sepúlveda habla de ‘pobladores de la cima de Valparaíso (que) viven en el olvido’.

Escribió: “En Valparaíso dicen que el Camino Cintura –que parte la ciudad por la mitad–, funciona como un límite social. Hacia arriba: históricas tomas de terrenos que parieron las actuales poblaciones. Ahí vivieron y viven los trabajadores y los más pobres. El incendio que devastó miles de casas el fin de semana, sólo afectó a los que habitan las alturas. Sus pobladores reclaman falta de agua, caminos y limpieza de quebradas. Dicen que nunca ven a las autoridades y que se trata de un problema “de siempre”, pero que sólo ahora estalló gracias al fuego que lo quemó casi todo.

“En su libro Valparaíso (1963), Joaquín Edwards Bello dice que en el puerto conviven dos ciudades: “La parte europea reside en el ‘plan’ y la parte derrotada, de mestizos, se retira a los cerros y las quebradas”.

“Un documental del francés Joris Ivens, ‘A Valparaíso’ (1964), también destaca las diferencias entre el plan y los cerros: “Sobre los cerros existe otra ciudad. No una ciudad, una federación de aldeas. Una por cerro, 42 cerros, 42 aldeas. No es otra ciudad… es otro mundo. Dos mundos comunicados por rampas, por escaleras, por los ascensores” (dice Ivens).

“La ciudad que se observa en ese documental de hace 50 años no es muy distinta a la que hoy existe en las cimas del puerto. Excepto, tal vez, por las antenas satelitales chamuscadas que aparecen entre las casas quemadas.

“Ya han pasado más de 35 horas desde que las llamas comenzaron a quemar las alturas de Valparaíso. El fuego se inició en una quebrada, en una de tantas. La basura, los pastizales y el fuerte viento sur funcionaron como el combustible perfecto para expandir el fuego entre las casas de madera y latones. Pero ahora es de noche, y nada se distingue tan bien. Ni siquiera la clase social de los que bajan llorando por Avenida Washington.

“Si en Santiago para vivir la miseria hay que “bajar” de Plaza Italia, en Valparaíso hay que “subir”. Subir y subir. Al final de las calles, donde se termina la ciudad, las personas y sus casas son el alimento del fuego.

(…) “Es mediodía del lunes y Luisa Bruna se apoya en una pala para descansar un momento. Lleva toda la mañana recogiendo escombros en el terreno donde antes estuvo su casa. Al mismo tiempo que sonríe frente a la avalancha de jóvenes voluntarios que invaden el cerro. (…) Frente al terreno que ahora es limpiado por Luisa, murieron dos abuelos. Juanita y Manolo, ambos de 85 años. Los vecinos cuentan que en medio de las correderas de vecinos que arrancaban de las llamas, ellos se encerraron en su casa y murieron calcinados. Los diarios han dicho que cuando los encontraron estaban abrazados, pero eso nadie lo sabe con certeza.

(…) “La calle La Virgen, que recorre de punta a punta el Merced, es un hervidero de voluntarios. En este sector ninguna casa quedó en pie. Algunas banderas chilenas chamuscadas cuelgan de los muros teñidos por el fuego. … Más abajo, en la calle Pajonal, Justiniano González cuenta que es nacido y criado en el Merced. Tiene 53 años y conoce la historia de Valparaíso por experiencia propia. Su casa no se quemó, pero estuvo a punto. Repite lo que dicen muchos: que en el puerto, mientras más subes, también crece la pobreza.

“Cuenta que hace 50 años estos cerros estaban despoblados. En ese entonces su casa marcaba el fin de la ciudad. Hace mención a los grupos europeos que, en un inicio, poblaron y compraron todos los terrenos para instalar sus navieras. “Por eso los nombres de las calles: Avenida Alemania, Avenida España, Avenida Gran Bretaña”, asegura, y agrega que la mano de obra contratada por los empresarios extranjeros empezó a requerir viviendas, y que ya en ese tiempo el Estado no tuvo respuestas. “La gente se tomó estos cerros y levantó sus casas. Desde el Camino Cintura hacia arriba fueron puras ocupaciones ilegales”. Justiniano plantea que el Cintura funciona como una suerte de límite. “De ahí para abajo no pasó nada, los cerros quemados están todos en las alturas; Las Cañas, Rocuant, Ramaditas, El Litre, Mariposas, La Cruz”. Mientras más arriba, más pobreza”.

Texto completo aquí.

Por la televisión, justamente en el “canal de todos”, Tvn, están llamando a que la gente lleve materiales de construcción a la zona afectada de Valparaíso. ¡Qué improvisación! O sea que ¿desde el canal oficial están estimulando que otra vez se construyan viviendas sin planificación ni control, en el mismo sitio donde se habían hecho, improvisadamente y sin planificación, las viviendas que se quemaron?

Tvn, por cierto, en forma mezquina y deleznable, montó una tarima con cantantes frente a sus instalaciones, para cautivar audiencia con el simulacro de estar “recolectando ayuda” a los damnificados de Valparaíso. Qué falta de vergüenza, de sindéresis, de sentido común del “canal de todos” (lo pongo entrecomillas, de manera irónica, porque no nos representa), en medio de la tragedia de más de 10 mil víctimas del incendio. ¡Tvn buscando audiencia con el dolor ajeno!

Se quemó el Valparaíso invisible

PEOR INCENDIO HISTORIA DE VALPARAÍSO CAUSA 16 MUERTOS Y ARRASA CINCO CERROSCuando doña María vio que salpicaban las bracitas contra su ventana, tomó lo primero que encontró y salió huyéndole al fuego. Era la última que quedaba en la casa, hecha de a pocos, durante veinte años, cuando llegó con su esposo a vivir a estos cerros. Ella estaba viendo cómo se incendiaban las casas del cerro vecino, que así llaman a los barrios en la parte alta de Valparaíso. Los de Las cañas, El litre, Miguel Ángel, La cruz, El vergel, Mercedes, Mariposa, Ramaditas y Rocuant los más afectados. Pero de un momento a otro el viento cambió de intensidad y dirección y las lenguas de fuego empezaron a lamer la ladera que colindaba con su casa. En pocos minutos las casas del cerro vecino desaparecían entre las llamas, y el cerro suyo comenzaba a ser pasto del mismo fuego descontrolado. Las máquinas de bomberos no podían subir cargadas de agua por la grave pendiente, y no eran suficientes los baldes y las mangueras de regar las plantas para sofocar el descomunal incendio. Doña María huyó despavorida de los latigazos de fuego, encorvada bajo las primeras sombras de la noche que caía. A salvo, unos metros más allá, todavía retrocediendo ante la imperio de las flamas, doña María vio con ojos llorosos cómo su casa se retorcía entre las brasas para ser un destino hacia las cenizas. Varias decenas, varias centenas…, hasta un millar de personas vieron, igual que doña María, sus enseres sus ropas sus muebles sus recuerdos y el sudor de tantos años reducidos a pavesas. Un millar de viviendas han sido destruidas por el incendio, hay 10 mil damnificados y más de una docena de personas fue atrapada por las implacables lenguas de fuego, y allí murieron en una muerte horrible y desconocida. Una parte del bosque circundante ardió en la cresta de la montaña, en la parte oculta a los turistas de Valparaíso, en la parte invisible que tienen las ciudades turísticas del mundo entero, la de las carencias. Cuánto duele tanto sufrimiento de la gente sencilla. Del padre, de la madre sencilla, de los hermanos y tíos y sobrinos sin fortuna y ansiosos de vida. Valparaíso se quemó por el lado de los cerros, el de ramaditaslos barrios construidos a retazos a través del tiempo. Se quemó Valpo, sin que se dejaran ver la cara los congresistas de la región, los políticos del país. Sin que los autores de las leyes para defender los intereses de sus patrones en las grandes empresas y corporaciones dijeran esta boca es mía. Con visible sentimiento la presidenta Michelle Bachelet estuvo en los cerros haciendo presencia de Estado, llevando un voz de aliento. Pero fueron los primos con los tíos con sus hermanas y sus padres y madres y vecinos, todos apoyados en su propia desgracia, quienes al menos salvaron sus vidas para llorar el rescoldo donde una vez había sido su hogar.

Post Scriptum: (15 de abril 2014) Lo lamentablemente ocurrido este pasado fin de semana en Valparaíso –el Valpo de los cerros que no está a la vista del turismo– era previsible. Ya el 18 de febrero del 2013 dábamos cuenta en este blog de hechos semejantes: “Sin desconocer la gravedad de los hechos, creo que Carlos Rivas Quiroz (foto) es un ejemplo a seguir. Cuando digo “gravedad de los hechos” me refiero a que 1.200 personas resultaron damnificadas porque perdieron sus viviendas, que fueron devoradas por un incendio que anduvo embravecido por los cerros de Valparaíso, destruyendo 80 casas. Por fortuna, no hubo muertos. Horas de pánico vivieron los pobladores de Rodelillo, La Planchada, San Roque y Placeres, que, impotentes, observaron cómo las llamas hacían de sus viviendas montones de cenizas”.

Y antes de esta fecha, otros incendios se habían producido en el mismo sector. De igual manera, ya el 2 noviembre del 2011, hace tres años, planteábamos lo siguiente: “Siempre he creído que Valparaíso es una ciudad que, estando bajo las narices de todos, nadie hace nada por ella. Hay un cierto “orgullo nacional”, pero todos sabemos que los hechos son expresión de amor, y no los buenos discursos y razones. Y me refiero a que Valparaíso no necesita más saludos honoríficos, ni canciones, ni títulos de nobleza. Lo que necesita Valparaíso es inversión. Resulta extraño, por decir lo menos, que ningún gobierno se haya planteado hacer de Valparaíso una ciudad turística, de talla mundial, cuya vocación de tal es más que indiscutible. Valparaíso necesita un plan de restauración urbano, con cargo al Presupuesto Nacional, y también que convoque e involucre a los inversionistas privados, porque toda ella es un tesoro histórico del país”.

¿Será esta nueva tragedia del fin de semana pasado, la última enseñanza de que hay que asentar esas familias damnificadas de manera planificada, ahí mismo o en otro lugar, y rodear los sectores urbanos de un cortafuegos que los separe de los bosques circundantes, donde, al parecer, empezó esta vez el incendio? En un año más, estaremos viendo qué aprendimos. Y quizás el Estado deje que cada cual, como cualquier vieja invasión, levante su casa de a pedazos, con latas y cartones al comienzo y luego con materiales de construcción formales, o el Estado asuma el liderazgo de un plan de repoblación de los cerros de Valparaíso, dignificando a estas familias con viviendas de calidad y accesos expeditos y suministro de servicios básicos, que hoy están sumidas en el dolor de haberlo perdido todo. Amanecerá y veremos.

Academia de la Lengua: grafías y denominaciones

RAE¿Será broma? En Jornada, de Argentina, se informa de varios cambios realizados por la Real Academia Española (RAE, logo) de la Lengua, que deberían ser de conocimiento público y asumidos a finales de este año, cuando se divulguen formalmente. Todos son importantes. Unos parecen esperables, como la denominación de las letras “b”, “v”, pero otros son novedosos, como la eliminación de letras conocidas como “ch” (che) y “ll” (elle), al separar la “ch” en “c” y “h”, y la “ll” en simplemente una “l” (ele) que se repite. Cambia, entonces, el número de letras del alfabeto español: ahora son 27. Era esperable, también, que cambiara la denominación de la que llamábamos “i griega” (“y”), en simplemente “ye”, así que la tal “i latina”, en solamente “i”. Con la “b” no habrá que estar diciendo “be larga”, o “be alta”, sino simplemente “be”, en tanto la “v” no será “ve corta”, o “ve baja”, o “ve chica”, sino “uve”. De este modo, la “w” será “doble uve”. La palabra “solo” queda sin tilde, aun cuando haya ambigüedad, como en “voy solo al cine”. Pero si alguien quiere usar la tilde, no hay problema. La tilde también se eliminará de las palabras “guión”, “huí” y “truhán”, porque pasan a ser monosílabos, para efectos ortográficos. Quedarán: guion, hui, truhan. De hecho, al escribirlas ahora, sin tilde, el computador no me las subrayó en rojo, como erradas. Además, tras recordar que la tilde en la “o” que separaba números iba tildada, porque la gente escribía a mano (“3 ó 4”), y hoy prácticamente todo el mundo escribe “a máquina” (en sus computadoras, u ordenadores), esa tilde será eliminada. Las computadoras traen diferenciados el “0” (cero) de la “o” (o). Un cambio notorio de acuerdo con la publicación de Jornada está en la grafía de algunas palabras, al dárseles equivalencias a algunas letras. Así, se cambia la “q” por la letra “c” o “k”, según sea el caso. De esta manera, “Iraq” será “Irak”, “Qatar” se escribirá “Catar”, “quásar” será “cuásar”, y “quórum” ahora será “cuórum”. La explicación es que en nuestro sistema de escritura la letra “q” sólo representa al fonema “k” cuando va combinada “qu”, antes de la “e” o la “i”. Y quienes prefieran escribir estas palabras como siempre, pueden seguirlo haciendo, pero deberán hacerlo como si fueran extranjerismos, es decir en cursiva y sin tilde. Por último, el prefijo “ex” se escribirá unido a la base léxica, en caso de que afecte a una sola palabra. Por ejemplo: “exmarido”, “exministro” y “exdirector”, pero continuará escribiéndose separado cuando se trate de palabras compuestas, como “ex director general”.

Todo esto suena razonable. No parece que fuera broma.

‘…rinden homenaje a verdugos’: Gumucio Rivas

rafael gumucio rivasHace el historiador Rafael Luis Gumucio Rivas (foto) una reflexión pertinente sobre un hecho ocurrido en el Congreso Nacional: los parlamentarios de la derecha dura de la Unión Demócrata Independiente (Udi) propusieron rendir homenaje al ex congresista y fundador de ese partido político Jaime Guzmán Errázuriz, ideólogo de la dictadura de Augusto Pinochet, asesinado durante el gobierno de Patricio Aylwin, y para ello pidieron un minuto de silencio durante el cual los presentes debían ponerse de pies. Todos lo hicieron, incluido el presidente del Partido Comunista, Guillermo Teillier, menos la recién electa diputada Camila Vallejo, quien permaneció sentada. Algunos de la Udi quieren que la sancionen por esa actitud y la acusaron ante la Comisión de Ética. ¿Qué ética reclamará la Udi, soporte político de la dictadura de Augusto Pinochet, a la comisión? ¿Con cuál ética evaluará la comisión la ética de la diputada Vallejo? Pertinente, digo, la reflexión y el contexto que da el historiador Gumucio Rivas a lo acontecido en el Congreso, que tituló en El Clarín “Cuando los representantes de las víctimas rinden homenaje a los verdugos” y yo abrevié en razón a mantener la titulación en una línea solamente. He aquí el texto del señor Rafael Luis Gumucio Rivas:

Nada me causa más indignación que la mezcla entre los líderes políticos que fueron víctimas de la dictadura y los verdugos de la derecha fascista. Causa pena y vergüenza cómo en las páginas sociales del diario El Mercurio aparecen algunos dirigentes, que fueron parte de la Unidad Popular, hombro a hombro compartiendo un coctel con los empresarios y los Novoas de la Udi, que aplaudieron entusiastas los abusos contra los derechos humanos. Yo, personalmente, no me trago el hecho de que estos personajes se hayan arrepentido, sinceramente, de su apoyo al dictador Pinochet y a su séquito.

Que los Correa, los Tironi, los Garretón, y otros, se hayan pasado de estalinistas a neoliberales de tomo y lomo y, además, sean los “juniors” de los Matte y Cía. y, para más remate, los líderes de la casta de los nuevos ricos en democracia, surgidos de la Concertación, no nos puede extrañar: esta realidad es tan cotidiana como el nacer y morir del día, pero lo imperdonable es que los máximos dirigentes del Partido Comunista, que sufrieron el asesinato de muchos miembros, incluso, varios de sus directivas, de manos de los agentes de la Dina y de la CNI, rindan pleitesía, en el Congreso Nacional, nada menos que al ideólogo de la dictadura, Jaime Guzmán Errázuriz, que con su diabólica inteligencia inventó “la jaula de hierro”, que ha hecho imposible alcanzar una democracia medianamente decente.

En la ridícula ceremonia del desprestigiado Parlamento, en días recientes, la única persona que tuvo el valor de manifestarse decentemente –y vaya que es importante este valor de dignidad en medio de esta “cueva de ladrones– fue la diputada Camila Vallejo, para quien van nuestras felicitaciones y admiración por su consecuencia. Se veían un tanto ridículos el resto de los diputados comunistas de pie, homenajeando al líder máximo de un partido fascista-franquista, la Udi –sería equivalente a que el PSOE español rindiera homenaje a Francisco Franco que, ni siquiera, el Partido Popular se atreve a hacerlo–.

Nadie me podría acusar de anticomunista por el hecho de condenar moral y éticamente un hecho que, desde todo punto de vista, me parece inaceptable. Hace pocos días recordamos el asesinato de los tres militantes comunistas degollados por orden de Pinochet y que cumplieron “lealmente” agentes de la dictadura. Ahora, no parece justo rendir tributo a tan nefasto personaje.

Personalmente, condeno todo tipo de violencia, venga de donde venga, y me precio de haber militado, durante toda mi vida, en la “no violencia activa”, como método para poner fin a las tiranías, en consecuencia, no puedo más que condenar el vil asesinato de Jaime Guzmán, como lo haría con respecto a cualquier ciudadano, víctima de terrorismo de Estado, de individuos o ideológico, pero otra cosa es promover y utilizar la tribuna del Congreso para homenajear a un dirigente, a todas luces enemigo de la democracia.

Jaime Guzmán Errázuriz, como el cura Osvaldo Lira, su mentor ideológico, fue un gran admirador de Francisco Franco y de los ideólogos españoles Donoso y Cortés y Vásquez Mello, Ramiro de Maeztu, que negaban el sufragio universal y creían en corporativismo católico; a Guzmán Errázuriz siempre le gustó el fascismo, como también despreció la democracia liberal, y su ideal era la democracia protegida, con el agravante de un Estado subsidiario, que perdura hasta hoy, a causa de la funesta democracia de los “acuerdos”.

Mucho me temo que si continúan estas actitudes de supuesta “buena crianza” y un ridículo republicanismo, el Congreso siga rindiendo homenaje a tiranos por el solo hecho de contar con algunos representantes –afortunadamente, cada vez menos– en su seno. Quién puede negar, incluso en Chile, haya aún partidarios de Adolfo Hitler, incluso, hubo un personaje que fue embajador en la India, pero jamás, a nadie se le ocurriría ponerse de pie en un homenaje a este político.

Pienso que está bueno que nos dejemos de eufemismos: los colaboradores de la dictadura de Augusto Pinochet, sean civiles o militares merecen, al menos la condena moral, pues de los Tribunales de Justicia poco se puede esperar. Toda tiranía es condenable, sea estalinista o fascista, y los carniceros y verdugos, así como sus instigadores, no merecen ningún homenaje en democracia.