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El Periodismo actual de Rosental Alves

resontal alvesEncontré unas reflexiones sobre el ejercicio del periodismo en estos tiempos de las llamadas “redes sociales”. Las hace el periodista brasileño Rosental Alves (foto), director del Centro Knight para Periodismo en las Américas. Y quiero destacar la proyección que hace del Periodismo en el futuro. En primer lugar, y poner como fundamental, que “los principios éticos diferenciarán en el futuro el verdadero periodismo de aquello que no lo es”.

Aunque creo que, en realidad, esta valoración de lo que subyace en el Periodismo, ha sido el factor diferenciador de un buen Periodismo y uno que no lo es, de un buen Periodista y uno que no lo es, en todos los tiempos.

A partir de esta esencia, reseña una serie de factores que corresponden, más o menos, a la mecánica. Me refiero, a los medios tecnológicos, pero también al enfoque (otra vez, la valoración ética es preponderante).

Evalúa de buena manera la herramienta llamada Wikipedia, pero debe considerarse solamente un punto de partida. En adelante, la investigación tomará muchos cauces para el periodista.

Reseña que hoy vivimos una transición de los “medios de masas” a lo que llama la “masa de medios”. Es decir, el acceso a la información ya no está concentrado en unos cuantos informativos que, muchas veces, responden a intereses creados de empresarios y corporaciones, o versiones online de diarios y medios de masas. La gente puede crear medios de información, por el libre acceso a las llamadas redes sociales, que es lo mismo que decir la internet.

En cuanto a los canales formales de información (no se refiere a los canales de televisión), la diferenciación y preponderancia corresponderá a los contenidos. Y estos dos elementos, la que pudiéramos llamar “descentralización” de los medios, o “masificación” de los medios, obliga a un nuevo modelo de Periodismo, el de los emprendedores, que el señor Alves denomina “emprendedorismo”, que responde al concepto de startups, que el traductor de Google dice que significa “empresas de nueva creación”.

En este nuevo mundo, empujado por las tecnologías y el fácil acceso a ellas, las escuelas de Periodismo deben tomarlo en consideración, y formar periodistas con proyectos propios, y no solamente periodistas para que sean empleados en las grandes empresas de medios.

Por lo demás, en el ejercicio cotidiano del Periodismo, salta a la vista lo relativamente mal que hablan y escriben los periodistas chilenos en radio, prensa y televisión, en general: “Periodismo es saber escribir bien para convertir sucesos complejos en historias sencillas y bien contadas”.

Y cuando dice “escribir”, no excluye a los periodistas de los medios electrónicos: radio y televisión. Estos periodistas son, por cierto, los que peor se expresan, justamente porque no escriben. Ellos dependen de “la improvisación”, que han elevado a la categoría de virtud, cuando es en realidad es el epítome de la falta de profesionalismo.

Recomienda el señor Alves pensar en grande. No quiere decir en cosas desmesuradas, sino en cosas de profundo contenido. No se trata de exagerar, o reseñar cosas insólitas, sino de llegar a los grandes temas, los contenidos de valor social.

Dejar de hacer noticia con los lomos de toro y la preparación de la cazuela de vacuno, para disponerse a explicar en qué consisten las reformas que se discuten en el Congreso, por ejemplo, como la tributaria y la educativa.

Nadie las ha explicado. Lo que hacen los medios es resonar las sandeces de los políticos: que si esa reforma es retroexcavadora, que si acaso el gobierno pasado no fue bueno, que la clase media desaparecerá empobrecida, que los departamentos costarán más para las nuevas familias. ¿Y qué dice la reforma? ¿Cuál es el texto? ¿Cuáles son los números que afectan la vida de la clase media? ¿Cuál es el aporte de los ricachones al mismo país que exprimen económicamente? ¿Por qué es, o no, redistributiva y equitativa? ¿Por qué las empresas mineras no están incluidas? Etcétera, etcétera.

Finalmente, dado que la mayor cantidad de información estará en la internet, el señor Alves sugiere que las noticias terminen con la pregunta: “¿Quieres saber más sobre este tema?”, para incentivar el conocimiento de las personas sobre el mundo en el que les tocó vivir.

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Reflexión de Eliane Brum sobre la vagina

eliane brumEl texto de Eliane Brum (foto) que quiero compartir, llama la atención porque sin serlo en apariencia, aborda un tema tabú: la vagina. Leerlo, parece revelar un desconocimiento, o un sentimiento de vergüenza y molestia, de las propias mujeres; más todavía, si se añade… la menstruación. La primera reacción es, en la era de la informática, ¡qué asco!

La vagina y la menstruación son, en apariencia, algo de Perogrullo asociado a la feminidad, pero cuando son las propias mujeres las que expresan malestar, y dolor, por cómo son vistas, la perspectiva cambia. Para mí, al menos. Y es la razón por la que opto compartir esta mirada diferente.

Lo que sigue es mi edición. Así comienza el texto de Eliane Brum: “Evelyn Ruman cuenta que desembarcó en el Vaticano sintiéndose una espía de la Guerra Fría. Se había impuesto una misión arriesgada, subversiva. Dentro de la bolsa donde llevaba su equipo fotográfico, tenía un frasquito con un líquido rojo y un tanto viscoso. Evelyn se agachó, abrió la tapa y vertió su contenido en el suelo. El fluido se esparció sobre la calzada, sobre las piedras. Sacó la cámara y comenzó a documentar su transgresión. Desenrolló una imagen de una mujer desnuda, de espaldas y la extendió sobre el suelo. El rojo fue inundando los interiores femeninos. Ningún guardia apareció para impedírselo, ningún turista la perturbó. Misión cumplida. Evelyn había chorreado sangre menstrual en el centro del poder católico.

–¿Por qué quisiste hacer eso? –le pregunté.

– Porque la Iglesia Católica representa todo aquello que oprime a las mujeres desde hace siglos, haciendo de la vagina algo feo y de la sangre menstrual, una cosa asquerosa.

(…) Evelyn trabaja (la fotografía) desde 1988 con la autorrepresentación sangre vaticanofemenina. Nunca tuvo dificultad para exponer su trabajo, premiado y reconocido internacionalmente. Pero, cuando intentó exhibir su obra moldeada en sangre menstrual, se encontró con las puertas cerradas. Para mostrar el rostro de mujeres condenadas a la invisibilidad, no había problema. Para mostrar su cuerpo sangrando por la vagina, no había espacio.

Evelyn se quedó sola. Incluso otras mujeres, amigas fotógrafas, liberales en todo lo demás, tacharon sus fotos como “asquerosas”. “Solo conseguí hacer la exposición porque abrí mi propia galería”, dice Evelyn. “Dan ganas de colocar una cámara para filmar la reacción de enojo de la gente, muchas de ellas mujeres, cuando ven las fotos y perciben que es sangre menstrual, sangre que salió de una vagina, la mía. ¿Si la sangre saliera de una polla (pene), tendrían tanto asco?”

(Estoy presumiendo (dice Eliane Brum), claro, pero creo que parte de aquellos que leen este texto, a estas alturas ya soltaron algunos “¡Qué asco!”. ¿Acerté? …)

En este momento, la australiana Casey Jenkins realiza una performance a la que ha llamado “Casting Off My Womb” (en traducción libre, “Tricotando mi útero”). Cada mañana, pone un ovillo de lana clara en su vagina y tricota una bufanda. El objetivo de la obra, conforme declaró a la prensa, es hacer la vagina de la mujer “menos chocante o amenazadora”. Casey quería mostrar que “la vagina no muerde” al ligarla con un acto acogedor y “calentito”, identificado con las clásicas abuelitas, como el acto de tejer una manta. La bufanda uterina que envuelve sensualmente la vagina de Casey, acaricia sus grandes y pequeños labios y hace cosquillas en su clítoris estará concluido en 28 días.

(¿Más asco?)

Es probable que la escritora americana Naomi Wolf, autora de “Vagina: una biografía”, tenga razón al decir que “la revolución occidental sexual falló”. O, por lo menos, “no funcionó lo suficientemente bien para las mujeres”. La propia trayectoria del libro es la prueba de que la vagina sigue siendo amenazadora –como cuerpo, como imagen, como palabra–. Cuando se lanzó la obra, en 2012, en el mercado de lengua inglesa, la tienda de Apple puso asteriscos en el título: V****a. La vieja vagina, censurada por la marca que representa el avance tecnológico de nuestro tiempo, fue casi la constatación de la denuncia contenida en el libro.

En su libro, Naomi Wolf define la vagina como “el órgano sexual femenino como un todo, de los labios al clítoris, del agujero al cuello del útero”. Ese todo forma una compleja red neuronal, en la cual hay por lo menos tres centros sexuales –el clítoris, la vagina, el cuello del útero– y posiblemente un cuarto –los pechos. Naomi defiende que la vagina no es solo carne, sino un componente vital del cerebro femenino, conectando el placer sexual amoroso con la creatividad, la autoconfianza y a la inteligencia de la mujer.

La conclusión es obvia y no es nueva, ni por eso menos importante: masacrar la vagina –ignorándola o haciéndola algo sucio, prohibido y chulo, sea por las palabras o por las acciones– masacra a las mujeres en su totalidad.

Al aniquilar la vagina, se aniquila a la mujer entera, se secuestra su potencia. “Al contrario de lo que nos hacen creer, la vagina está lejos de ser libre hoy en Occidente”, dice Naomi. “Tanto por la falta de respeto como por la falta de comprensión de su papel”.

(…) La violencia contra la vagina se disemina en la vida cotidiana, dentro de casa, en el trabajo, en el trayecto entre la casa y el trabajo, en todos los espacios, incluso los de ocio. Las mujeres están tan habituadas a ella desde que nacen que ya la interiorizan como “normal”. O reaccionan mucho menos de lo que deberían, resignadas a una vida entera de agresiones tan triviales que fingen no percibir. Que en este contexto aún consigan tener deseo sexual y placer con sus vaginas es impresionante.

Como ilustración, un resumen de algunos –solo algunos– momentos de mi trayectoria vital. La primera vez que un hombre me tocó, era una niña. Él, un niño aún más pequeño que yo. Al pasar delante de mí en la calle de una ciudad pequeña, dio un golpe fuerte en mi vagina y dijo: “Vaginona”. Fue mi primer contacto. Volví a casa llorando, pero me sentía tan avergonzada de tener vagina que no se lo dije a nadie. Ya adolescente, caminando por el centro de Porto Alegre, vestida con una minifalda, un hombre escupió en mis partes. En el autobús atestado de la facultad, intentaron masturbarse en mi culo más de una vez. Un Día de la Madre llevé a mi hija de nueve años al cine. Un hombre se sentó a nuestro lado y comenzó a acariciarse.

De adulta, en el trabajo, en las redacciones por donde pasé, oí todo tipo de cosas sobre la vagina, y también mis compañeras. La mejor de todas: “La mujer es la parte pesada de la vagina”. La dijo un hombre inteligente y realmente gentil, que creía estar haciendo una gracia con compañeras “sin frescura”. Nosotras nos reíamos para no ser “la parte pesada –y encima sin humor– de la vagina”.

(…) Y no me parece que la respuesta para la violencia generalizada contra la vagina y el deseo sexual femeninos sea transformarse en una atleta sexual con orgasmos circenses. Este es un patrón para el consumo y para el mercado que responde más a la imagen, también estereotipada, del que sería el comportamiento masculino en la cama.

(…) La imagen de la atleta sexual, determinada y agresiva, puede ser solo otra prisión para las mujeres. La vagina y el deseo femenino, diferentes en cada una, son más complejos y potentes que eso.

Por todo eso, Evelyn, Casey y Naomi son tan importantes. El libro de Naomi acostumbra a peregrinar por diferentes secciones de las librerías, de la pornografía a asuntos generales, ya que parece no haber lugar para encajar la vagina. Evelyn necesitó abrir una galería para poder exponer sus fotos con sangre menstrual. Y los temas de Casey, en Internet, se colocan en general en secciones frikis, mezcladas con otras “rarezas” como, por ejemplo, vender carne de ratón.

Quién escribe, siempre tiene un deseo. El mío es que tal vez, en vez de decir “¡qué asco!”, al leer este texto, usted contenga la agresión o la broma, siempre más fáciles porque calla toda posibilidad de reflexión. Y comience a pensar sobre la vagina y el papel que cada uno de nosotros desempeña, de palabra, obra u omisión, incluso en aquellos comentarios que uno cree que solo son una muestra de sentido del humor, en la reproducción de la cultura de violación y muerte de las mujeres.

Muerte física, pero también psíquica y creativa. Muerte del deseo. Una cultura que se ha ampliado y alcanzado cotas nuevas con el poder de difusión de Internet.

Profesor renuncia por apatía de sus alumnos

Camilo JiménezEl profesor Camilo Jiménez (foto) fue presa del desencanto, de la vacuidad, del hastío de estar haciendo algo sin perspectivas. De la misma manera que los estudiantes exigen un buen profesor, este buen profesor exigía unos buenos estudiantes, que nunca lo fueron. Casi como si se tratara de analfabetas por vocación, sus estudiantes se convirtieron para él en un animal muerto con el que no podía seguir lidiando. Y lo más sórdido y desencantador del mundo: eran estudiantes de Periodismo. Como una maldición, el Periodismo está siendo víctima de acechanzas como esta, que nacen en las universidades y se siguen en los diarios, las emisoras y noticiarios televisivos y la gente tiene que padecerlo a diario. ¡Tanta mediocridad abruma! El profesor, quien es, por cierto, editor de la excelente revista Soho con su Zona Crónica, prefirió renunciar a su cátedra de Comunicación Social en la Universidad Javeriana, a continuar dándose de cabezazos contra la pared de la ausencia de espíritu periodístico de sus alumnos. He aquí su aleccionadora carta de renuncia:

“Un párrafo sin errores. No se trataba de resolver un acertijo, de componer una pieza que pudiera pasar por literaria o de encontrar razones para defender un argumento resbaloso. No. Se trataba de condensar un texto de mayor extensión, es decir, un resumen, un resumen de un párrafo, en el que cada frase dijera algo significativo sobre el texto original, en el que se atendieran los más básicos mandatos del lenguaje escrito –ortografía, sintaxis– y se cuidaran las mínimas normas: claridad, economía, pertinencia. Si tenía ritmo y originalidad, mejor, pero no era una condición. Era solo componer un resumen de un párrafo sin errores vistosos. Y no pudieron.

“No voy a generalizar. De 30, tres se acercaron y dos más hicieron su mejor esfuerzo. Veinticinco muchachos en sus 20 años no pudieron, en cuatro meses, escribir el resumen de una obra en un párrafo atildado, entregarlo en el plazo pactado y usar un número de palabras limitado, que varió de un ejercicio a otro. Estudiantes de Comunicación Social entre su tercer y su octavo semestre, que estudiaron doce años en colegios privados. Es probable que entre cinco y diez de ellos hubieran ido de intercambio a otro país, y que otros más conocieran una cultura distinta a la suya en algún viaje de vacaciones con la familia. Son hijos de ejecutivos que están por los 40 y los 50, que tienen buenos trabajos, educación universitaria. Muchos, posgraduados. En casa siempre hubo un computador; puedo apostar a que al menos 20 de esos estudiantes tiene banda ancha, y que la tele de casa pasa encendida más tiempo en canales por cable que en señal abierta. Tomaron más Milo que aguadepanela, comieron más lomo y ensalada que arroz con huevo. Ustedes saben a qué me refiero.

“Por supuesto que he considerado mis dubitaciones, mis debilidades. No me he sintonizado con los tiempos que corren. Mis clases no tienen presentaciones de Power Point ni películas; a lo más, vemos una o dos en todo el semestre. Quizá, ya no es una manera válida saber qué es una crónica leyendo crónicas, y debo más bien proyectarles una presentación con frases en mayúsculas que indiquen qué es una crónica y en cuántas partes se divide. Mostrarles la película Capote en lugar de hacer que lean A sangre fría. Quizá, no debí insistir tanto en la brevedad, en la economía, en la puntualidad. No pedirles un escrito de cien palabras, sino de tres cuartillas, mínimo. Que lo entregaran el lunes, o el miércoles.

“De esas limitaciones y dubitaciones, quizá, vengan las pocas y tibias preguntas de mis estudiantes este último semestre, sus silencios, su absoluta ausencia de curiosidad y de crítica. De ahí, quizá, vengan sus párrafos aguados, con errores e imprecisiones, inútilmente enrevesados, con frases cojas, desgreñadas. Esos párrafos vacilantes, grises, que me entregaron durante todo el semestre. Pareciera que estoy describiendo a un grupo de zombis. Quizá, eso es lo que son. Los párrafos, quiero decir.

“El curso se llama Evaluación de Textos de No Ficción y pertenece a la línea de Producción Editorial y Multimedial de la carrera de Comunicación Social de la Universidad Javeriana. En cuanto a lecturas, siempre propuse piezas ejemplares en los géneros más notorios de la no ficción: crónica, perfil, ensayo, memorias y testimonios. A partir de clásicos nacionales y extranjeros, los estudiantes componían escritos como los que debe elaborar un editor durante su ejercicio profesional. Primero, un resumen: todos los textos de los editores son breves, o deberían serlo –contracubiertas, textos de catálogo, solapas, etcétera–. Una vez que la mayoría hubiera conseguido un resumen pertinente y económico, pasábamos a escritos más complejos: notas de prensa y contracubiertas, para terminar con un informe editorial o una reseña.

“En el centro de todo el programa estaban la participación y la escritura de textos breves a partir de otro texto mayor. Insistí siempre en la participación en clase para fomentar actividades que noto algo empañadas en la actualidad: la escucha atenta, la elaboración de razones y argumentos, oír lo que uno mismo dice y lo que dice el otro en una conversación.

“El otro concepto transversal, la economía lingüística, buscaba mostrarles la importancia de honrar la prosa. Si uno en 100 palabras debe sintetizar un libro de 200 páginas, debe cuidar cada palabra, cada frase, cada giro. En últimas, la palabra escrita les dará de comer a estos estudiantes cuando sean profesionales, no importa si se desempeñan como editores de libros, revistas o páginas web, como periodistas o como profesores e investigadores.

“Los estudiantes de este último semestre, y los de dos o tres anteriores, nunca pudieron pasar del resumen. No siempre fue así. Desde que empecé mi cátedra, en el 2002, los estudiantes tenían problemas para lograr una síntesis bien hecha, y en su elaboración nos tomábamos un buen tiempo. Pero se lograba avanzar. Lo que siento de tres o cuatro semestres para acá es más apatía y menos curiosidad. Menos proyectos personales de los estudiantes. Menos autonomía. Menos desconfianza. Menos ironía y espíritu crítico.

“Debe ser que no advertí cuándo la atención de mis estudiantes pasó de lo trascendente a lo insignificante. El estado de Facebook. “Esos gorditos de más”. El mensaje en el Blackberry.

“Nunca he sido mamerto ni amargado ni ñoño: a los 20 años, fumaba marihuana como un rastafari y me descerebraba con alcohol cada que podía al lado de mis cuates. Quería ver tetas, e hice cosas de las que ahora no me enorgullezco por tocarlas. Empeñé mucho, mucho tiempo en eso. Pero leía.

“No sé. En esos tiempos lo importante, creo, era discutir, especular, quedar picados para buscar después el dato inútil. Interesaba eso: buscar. Estoy por pensar que la curiosidad se esfumó de estos veinteañeros alumnos míos desde el momento en que todo lo comenzó a contestar ya, ahora mismo, el doctor Google.

“Es cándido echarle la culpa a la televisión, a Internet, al Nintendo, a los teléfonos inteligentes. A los colegios, que se afanan en el bilingüismo, sin alcanzar un conocimiento básico de la propia lengua. A los padres que querían que sus hijos estuvieran seguros, bien entretenidos en sus casas. Es cándido culpar al “sistema”. Pero algo está pasando en la educación básica, algo está pasando en las casas de quienes ahora están por los 20 años o menos.

“Mi sobrino le dice a su madre, mi hermana, que él sí lee mucho, en Internet. Lo que debe preguntarse es cómo se lee en Internet. Lo que he visto es que se lee en medio del parloteo de las ventanas abiertas del chat, mientras se va cargando un video en Youtube, siguiendo vínculos. Lo que han perdido los nativos digitales es la capacidad de concentración, de introspección, de silencio. La capacidad de estar solos. Solo en soledad, en silencio, nacen las preguntas, las ideas. Los nativos digitales no conocen la soledad ni la introspección. Tienen 302 seguidores en Twitter. Tienen 643 amigos en Facebook.

“Dejo la cátedra porque no me pude comunicar con los nativos digitales. No entiendo sus nuevos intereses, no encontré la manera de mostrarles lo que considero esencial en este hermoso oficio de la edición. Quizá la lectura sea ahora salir al mar de Internet a pescar fragmentos, citas y vínculos. Y en consecuencia, la escritura esté mudando a esas frases sueltas, grises, sin vida, siempre con errores. Por eso, los nuevos párrafos que se están escribiendo parecen zombis. Ya veremos qué pasa dentro de unos pocos años, cuando estos veinteañeros de ahora tengan 30 y estén trabajando en editoriales, en portales y revistas. Por ahora, para mí, ha llegado el momento de retirarme. Al tiempo que sigo con mis cosas, voy a pensar en este asunto, a mirarlo con detenimiento. Pongo el punto final a esta carta de renuncia con un nudo en la garganta”.

La CIA estaba al tanto de Contreras y Guzmán

Jaime-Guzman-7Después de la revelación sobre la homosexualidad de su tío, el fundador del partido ultraderechista Unión Demócrata Independiente, Udi, Jaime Guzmán Errázuriz (foto), el cineasta Ignacio Santa Cruz deslizó la asombrosa afirmación de que los responsables de su asesinato se hallaban en la propia dictadura que ayudó a perpetuar. No estaba desvariando. El artículo ‘Los informes secretos de la CIA sobre Jaime Guzmán’, de Carlos Basso Prieto, confirman la presunción de Ignacio Santa Cruz: Manuel Contreras, ex director de la oficina de inteligencia, torturas, asesinatos y desapariciones, Dina, hoy preso en Punta Peuco por delitos de lesa humanidad, y en su época la mano derecha del dictador Augusto Pinochet, estuvo involucrado. Informa Basso Prieto que “28 días después del crimen (de Jaime Guzmán Errázuriz), es decir, el 29 de abril de 1991, la Estación de la CIA en Santiago envió un informe de tres páginas a Washington referido al homicidio (…) que fue desclasificado en julio del año 2000 y es, probablemente, uno de los documentos más censurados de entre los que liberó la CIA (…) (en el que queda claro que) existía información en orden a que “una célula de la facción disidente del FPMR (FPMR-A), que fue infiltrada por el antiguo director de Inteligencia Nacional, general en retiro Manuel Contreras Sepúlveda, llevó a cabo, el 1 de abril, el asesinato del senador derechista Jaime Guzmán Errázuriz”.

El periodista Carlos Basso también cuenta antecedentes sobre fricciones que hubo entre Manuel Contreras y Jaime Guzmán, en cuanto a que Contreras apreciaba y defendía la “mano dura” de la dictadura, mientras Guzmán prefería la “mano blanda” pero con dureza mediante artilugios jurídicos, y sobre todo, le preocupaba a Guzmán la imagen que Chile proyectaba al mundo sobre la violación de los derechos humanos, asunto que nada le importaba a Contreras.

El interesantísimo artículo, puede leerse aquí.

Mala persona no es buen periodista: Kapuscinski

??????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????Nació en Pinsk, Polonia, en 1932, y murió en Varsovia en el 2007. Estudió Historia, pero se dedicó al Periodismo. Escribió para el Time, The New York Times, La Jornada, Frankfurter Allgemeine Zeituq y El País (de España), además de muchos libros. Sobrevivió a doce enfrentamientos armados, de los que informó desde el frente. Al final, dijo sobre la guerra que “es una derrota para la humanidad porque, además de poner en tela de juicio la bondad y la inteligencia, manifiesta el fracaso del ser humano: su incapacidad de entenderse con otros, de ponerse en su piel”. Sobrevivió, también, a cuatro condenas a muerte, y en el 2003 recibió el Premio Príncipe de Asturias de Comunicaciones y Humanidades, por “su preocupación por los sectores más desfavorecidos y por su independencia frente a presiones de todo signo”. Estoy hablando de Ryszard Kapuscinski (foto), de quien me permito compartir 10 reflexiones que hizo sobre el Periodismo. (La frase que más me gusta de Kapuscinski es esta: “Las malas personas no pueden ser buenos periodistas”. Y esto, uno lo nota cuando los escucha, cuando los lee y cuando los ve.) Van, pues, las enseñanzas de un maestro auténtico, con la esperanza de que sean leídas por colegas nuevos, honestos y empeñosos, que consideren el Periodismo una razón de ser, y no una fuente de riqueza, como ocurre con frecuencia hoy.

1) “Heródoto era un hombre curioso que se hacía muchas preguntas, y por eso viajó por el mundo de su época en busca de respuestas. Siempre creí que los reporteros éramos los buscadores de contextos, de las causas que explican lo que sucede. Quizá por eso los periódicos son ahora más aburridos y están perdiendo ventas en todo el mundo. Ninguno de los 20 finalistas de la última edición del Lettre-Ulysses del arte del reportaje (premio que se otorga en Berlín), y del que soy miembro del jurado, trabaja en medios de comunicación. Todos tuvieron que dejar sus empleos para dedicarse al gran reportaje. Este género se está trasladando a los libros porque ya no cabe en los periódicos, tan interesados en las pequeñas noticias sin contexto”.

2) El periodista del XXI “se diferencia del siglo XX en el sentido técnico. Antes el periodista, cuando se iba a una guerra, tenía libertad para moverse. Dependía mucho de su talento, de su validez. Ahora, como tenemos teléfonos móviles o Internet, el jefe de redacción sabe mucho más lo que está pasando. El periodista destacado en un lugar sabe lo que ve, mientras que el jefe, que está en Madrid o Roma, tiene la información de varias fuentes. Al final, el periodista, en vez de llevar a cabo sus investigaciones, se dedica a confirmar lo que el jefe le pide desde la redacción. El sentido del trabajo ha cambiado mucho.

3) “Me gustaría que mis libros sirvieran para que los lectores del siglo XXI comprendieran lo que ha sido el nacimiento del Tercer Mundo, la llegada al poder y la soberanía de sociedades míseras, rurales e iletradas, un fenómeno sin precedentes que va a cambiar la mentalidad y el modo de vivir en todos los países”.

4) “Antes, los periodistas eran un grupo muy reducido, se les valoraba. Ahora el mundo de los medios de comunicación ha cambiado radicalmente. La revolución tecnológica ha creado una nueva clase de periodista. En Estados Unidos les llaman media worker. Los periodistas al estilo clásico son ahora una minoría. La mayoría no sabe ni escribir, en sentido profesional, claro. Este tipo de periodistas no tiene problemas éticos ni profesionales, ya no se hace preguntas. Antes, ser periodista era una manera de vivir, una profesión para toda la vida, una razón para vivir, una identidad. Ahora la mayoría de estos media workers cambian constantemente de trabajo; durante un tiempo hacen de periodistas, luego trabajan en otro oficio, luego en una emisora de radio… No se identifican con su profesión”.

5) “El verdadero periodismo es intencional… Se fija un objetivo e intenta provocar algún tipo de cambio. El deber de un periodista es informar, informar de manera que ayude a la humanidad y no fomentando el odio o la arrogancia. La noticia debe servir para aumentar el conocimiento del otro, el respeto del otro. Las guerras siempre empiezan mucho antes de que se oiga el primer disparo, comienza con un cambio del vocabulario en los medios. En los Balcanes se pudo ver claramente cómo se estaba cocinando el conflicto”.

6) “Esta es una profesión muy exigente. Todas lo son, pero la nuestra de manera particular. El motivo es que nosotros convivimos con ella veinticuatro horas al día. No podemos cerrar nuestra oficina a las cuatro de la tarde y ocuparnos de otras actividades. Éste es un trabajo que ocupa toda nuestra vida, no hay otro modo de ejercitarlo. O, al menos, de hacerlo de un modo perfecto”.

7) “Hay profesiones para las que, normalmente, se va a la universidad, se obtiene un diploma y ahí se acaba el estudio. Durante el resto de la vida se debe, simplemente, administrar lo que se ha aprendido. En el Periodismo, en cambio, la actualización y el estudio constantes son la conditio sine qua non. Nuestro trabajo consiste en investigar y describir el mundo contemporáneo, que está en un cambio continuo, profundo, dinámico y revolucionario. Día tras día, tenemos que estar pendientes de todo esto y en condiciones de prever el futuro. Por eso es necesario estudiar y aprender constantemente”.

8) “Podemos encontrar muchos periodistas jóvenes llenos de frustraciones, porque trabajan mucho por un salario muy bajo, luego pierden su empleo y a lo mejor no consiguen encontrar otro. Todo esto forma parte de nuestra profesión. Por tanto, tened paciencia y trabajad. Nuestros lectores, oyentes, telespectadores son personas muy justas, que reconocen enseguida la calidad de nuestro trabajo y, con la misma rapidez, empiezan a asociarla con nuestro nombre; saben que de ese nombre van a recibir un buen producto. Ése es el momento en que se convierte uno en un Periodista estable. No será nuestro director quien lo decida, sino nuestros lectores”.

9) “Una de las cosas que resulta fundamental entender es que, en la mayor parte de los casos, la gente sobre la que vamos a escribir la conocemos durante un brevísimo periodo de su vida y de la nuestra. A veces vemos a alguien durante cinco o diez minutos, estamos viajando a otra parte y a esa persona no volveremos a verla nunca más. Por tanto, el secreto de la cuestión está en la cantidad de cosas que estas personas son capaces de decirnos en un tiempo tan breve. El problema es que las personas, en un primer contacto, son generalmente muy calladas, no tienen ganas de hablar. Es una experiencia que todos compartimos: es necesario cierto tiempo para adaptarse al otro. ¡Pero esos escasos minutos a veces son los únicos que tenemos para hablar con una persona! Para un periodista, si esos minutos transcurren en silencio o generan una comunicación insatisfactoria, el encuentro es un fracaso. El éxito depende entonces de situaciones que están fuera de nuestro control, casi de “accidentes”.

10) “Creo que para ejercer el Periodismo, ante todo, hay que ser un buen hombre, o una buena mujer: buenos seres humanos. Las malas personas no pueden ser buenos periodistas. Si se es una buena persona se puede intentar comprender a los demás, sus intenciones, su fe, sus intereses, sus dificultades, sus tragedias. Y convertirse, inmediatamente, desde el primer momento, en parte de su destino. Es una cualidad que en psicología se denomina “empatía”. Mediante la empatía, se puede comprender el carácter del propio interlocutor y compartir de forma natural y sincera el destino y los problemas de los demás”.

Truman Capote y la escritura literaria

TrumanCapoteSe hizo notar en 1958, a los 34 años, con la publicación de ‘Desayuno en Tiffany’s’, y se colmó de fama en 1966, a los 42 años, con la publicación de ‘A sangre fría’. Con esta obra rompió la línea divisoria entre crónica periodística y narración literaria, estableciendo una nueva era de ‘periodismo literario’. Truman Capote (foto) fue no solo ese genial escritor, sino un personaje del mundillo social de Los Ángeles, California, en el que se movió con soltura. Un personaje de escándalos, por sus excesos de alcohol y sus caprichos homosexuales, y porque incumplió a las editoriales, de las que –se dice– obtenía importantes sumas de dinero, como adelantos de futuros libros que, finalmente, jamás terminó. Pero ahora nos interesa su calidad de gran escritor. Y algunos de –lo que podríamos llamar– sus ‘consejos literarios’, plasmados en una entrevista a The Paris Review:

¿Qué fue lo primero que usted escribió?     Cuentos. Y mis más desaforadas ambiciones aún giran alrededor de este género. Me parece que cuando es explorado con seriedad el cuento es la forma más difícil de escritura, y la que exige la mayor disciplina. Todo el control y la técnica que tengo los debo completamente a mi experiencia con este medio de comunicación.

¿A qué se refiere exactamente al decir “control”?     Me refiero a mantener una preeminencia estilística y emocional sobre el material. Llámelo algo precioso y olvídelo, pero creo que un cuento puede hundirse por un ritmo inadecuado en una frase –especialmente si se presenta cerca del final– o por un error en la organización de los párrafos, o incluso por la puntuación. Henry James es el maestro del punto y coma. Hemingway es un organizador de párrafos de primera clase. Desde el punto de vista del oído, Virginia Woolf nunca escribió una frase mala. No quiero decir con ello que yo practico lo que predico. Sólo trato de hacerlo, eso es todo.

¿Cómo llega uno a la técnica del cuento?     Puesto que cada cuento presenta sus propios problemas técnicos, obviamente no se pueden hacer generalizaciones al estilo de dos-y-dos-son-cuatro. Para encontrar la forma adecuada para tu cuento, simplemente tienes que descubrir la forma más natural para contar la historia. La forma de comprobar si el escritor ha adivinado la forma natural para contar su historia es la siguiente: después de leerla, ¿puedes imaginarla de manera diferente, o bien silencia a tu imaginación y te parece absoluta y final? De la misma manera como una naranja es algo definitivo. De la misma manera como una naranja es algo que la naturaleza ha hecho simplemente bien.

¿Hay recursos para mejorar la propia técnica de escritura?     El único recurso que conozco es el trabajo. La escritura tiene leyes de perspectiva, de luz y sombra, igual que la pintura o la música. Si naces conociéndolas, perfecto. Si no, apréndelas. Y entonces reacomoda las reglas para que se adapten a ti. Incluso Joyce, nuestro más extremo inconforme, era un espléndido artesano; él pudo escribir Ulises precisamente porque pudo escribir Dublineses. Demasiados escritores parecen considerar que escribir cuentos es una especie de ejercicio con los dedos. Bueno, en tales casos lo único que hacen es ejercitar sus dedos…

‘¿Quieres cambiar al mundo?’ de Elma Correa

elma correaOdio a los poetas. Los odio.

Odio a esos poetas jóvenes, ilusos, que abanderados por Mario Benedetti ladran versos sin sentido destinados a cambiar el mundo. Se les puede encontrar, con megáfono o sin él, sobre todo en los camiones, aunque los hay que de pronto resultan ubicuos e infestan plazas, cafeterías, monumentos y debajo de las piedras; porque ellos, a pesar de haber nacido al final de los años ochenta o durante los noventa, han descubierto el “arte acción”, y les parece muy contracultural y antisistema contaminar los espacios públicos con sus berridos. Es que están llevando la Poesía a quien no la tiene. Ah.

Se les puede encontrar también en las escuelas de letras, denostando a sus maestros, el programa de estudios y la burocracia escolar, pero incapaces de redactar una tarea sin faltas de ortografía. Son amantes de los puntos suspensivos porque piensan que llenan sus textos de misterio y sensibilidad, acusan al Estado de marginarlos por sus ideales y se autopublican en plaquettes y ediciones cartoneras con títulos como Las llamas de mi fuego, Mi corazón se desmorona, o La poesía invade mi ser.

No les gusta leer para no contaminarse. Los únicos escritores que conocen son Sabines y Sabina. La trova los conmueve hasta las lágrimas y les incita a continuar con su labor. Todos se parecen. Los odio por igual.

Los peores son los poetas jóvenes que, además de conciencia social, tienen conciencia ecológica. Son los que escriben poesía verde dando voz a los lamentos de la pachamama. Los odio. Son los que poniendo el ejemplo sobre el cuidado del agua, pueden pasar mes y medio sin bañarse.

Odio a los poetas de mediana edad. Los odio. Esos que ganaron un certamen municipal o una beca estatal y llevan su libro de 1998 a todas partes. Esos que no se pierden ningún evento cultural porque son los únicos momentos en que pueden beber vino, aunque sea barato, y alardear acerca de su próxima obra maestra, esa que llevan escribiendo la mitad de su vida y que revolucionará el lenguaje y nuestra manera de ver a los árboles y las flores. Esos que son titulares en el taller de creación literaria de la universidad local, los editores de la revista de la universidad local; y que participan en toda presentación, conferencia, seminario, charla o debate de la universidad local donde haya café y surtido rico de Gamesa, así sea sobre las últimas investigaciones veterinarias acerca del moquillo en las razas mestizas.

Los odio.

Odio a las señoras ultrasensibles que visten huipil, rebozo y tacones de doce centímetros, esas que organizan los recitales para las glorias del pueblo y aprovechan los últimos minutos de la velada para leer sus sentidos pensamientos y reflexiones en rima sobre la importancia de la niñez, la fealdad de los pobres y el crimen del aborto. Las odio. Odio sus libros impresos con dinero de sus amigas, la Chiquis Corcuera, la Nena Vildosola, la Beba Videgaray y las otras chicas del bingo; esos libros cuya portada es una foto panorámica de la playa, con la autora en primer plano, alzando sus brazos al sol del amanecer.

Odio a los poetas. Los odio.

Odio a los poetas viejos, esos envilecidos por la vida literaria de provincia. Esos que creen que la credencial del Insen les otorga por default el paso a la gloria y posteridad. No importa que no tengan talento. No importa que no hayan publicado en los últimos veinte años. Esos que sobreviven impartiendo talleres por todo el país en donde les pagan por trabajar los textos de los participantes, pero que se dedican a vociferar contra la institución que los contrató, a maldecir a los funcionarios que firman sus cheques y a romper las ilusiones de los asistentes con frases del tipo: “¿Quién te dijo que esta cochinada es poesía?”, “Tú no sabes escribir, dedícate a la carpintería”, “¿Dónde esta mi dentadura?”, o “Esa de las tetas grandes, ¿cómo se llama?”.

Los odio.

Odio a los poetas hipsters, los que sueñan con publicar en La Tempestad y bailan sonidero. Esos que citan a Walser por lo que han leído en Wikiquotes. Los que en las cantinas de mala muerte conversan con los borrachos del lugar para sentir la miseria humana de primera mano, y les pagan una ronda antes de arrancar su automóvil híbrido. Esos que llegan a sus lecturas en bicicleta, luciendo intencionalmente desaliñados, acompañados de una trophy girlfriend anoréxica y disléxica.

Los odio.

Los odio a todos.

Pero odio mucho más a los artistas multidisciplinarios.

Elma Correa (foto)