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Michelle Bachelet, dos veces presidenta

michelle bacheleEl escrutinio del Servicio Electoral informó que la candidata presidencial de las izquierdas, Michelle Bachelet (foto), obtuvo el 62,16% de los votos, mientras su contrincante de las derechas, Evelyn Matthei, 37,8%

El padrón electoral es de 13,5 millones de votantes, teóricamente, porque al parecer no está suficientemente depurado en cuanto a personas fallecidas que aún figuran, o no hay suficiente claridad sobre su composición, porque hay un buen caudal de votantes mayor de 65 años que tienen otras motivaciones; de igual manera, los nuevos ciudadanos que recién llegan a este derecho cívico electoral, con apenas 18 años, también tienen, otras motivaciones.

Lo cierto es que parece exagerado, y de elaboración malintencionada, armar escándalo, como lo han hecho dirigentes de las derechas y un encuestador (¿qué hace un encuestador, el de Adimark, opinando en cuanto programa de televisión hay, no sobre los procedimientos y las resultados históricos de las encuestas, y sus comparaciones pedagógicas, sino sobre cómo debe ser el gobierno, cuáles deben ser sus prioridades y asuntos que no le competen, como empresario que es de una actividad que debe ser pulquérrima, como es la de hacer encuestas) por el 58,21% de abstención que tuvo el día electoral. No es una situación muy distinta de países de Latinoamérica, Europa y Estados Unidos. (El mismo encuestador, como cualquier político en apuros, pidiendo a gritos ¡que el voto sea obligatorio! ¿Qué es eso, señor de Adimark?)

Desde luego, el ideal es que el 100% de los ciudadanos con derecho a voto, voten. Pero no es más que eso: un ideal. Una idea en la cabeza de los ilusos. La realidad suele ser distinta. No obstante, el alto porcentaje de abstención no deslegitima el resultado. Y aquí, deben dejar de ser hipócritas quienes deslizaron la afirmación según la cual, en esta elección, hay una duda de legitimidad por la aparentemente alta abstención, pero avalan un Congreso elegido con porcentajes de abstención semejantes.

Michelle Bachelet ganó. Las izquierdas ganaron. Perdió Evelyn Matthei. Las derechas perdieron. Y ahora, las derechas claman (en declaraciones en todos los medios de comunicación) que las izquierdas “no pasen la aplanadora”, y apelan a la Democracia (misma que pisotearon con su apoyo irrestricto, hasta hoy, del dictador Augusto Pinochet y su herencia, que se resisten a cambiar, y ni siquiera a debatir sus necesarios cambios), “para construir un Chile más justo entre todos”. Ahora sí, cuando se sienten arrinconados, la democracia es buena (para tomar oxígeno y dar de nuevo el zarpazo e impedir que nada cambie).

Lo que se espera, obviamente, es que la presidenta Michelle Bachelet haga las cosas bien, con grandeza de espíritu, en beneficio del mayor bienestar social y económico del país, y sin exclusión de las derechas, para beneficio de la Democracia.

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¡Todos a votar este 15!… MB, EM, AC

EM-MBHa sido esta que termina una campaña electoral sucia por parte del gobierno y la candidata Evelyn Matthei (derecha, en la ilustración) en contra de Michelle Bachelet (izquierda, en la ilustración). Uso la palabra “campaña sucia”, porque se le endilgaron a la señora Bachelet cosas que parten de una mentira.

Solo dos ejemplos: el ministro Felipe Larraín (Hacienda) y el secretario de la Presidencia Cristián Larroulet, dijeron, no una sino varias veces, que la inversión en Chile se iba a acabar como consecuencia de las propuestas de la candidata Michelle Bachelet. Queda uno estupefacto, oír eso de personas que se consideran cuerdas, inteligentes y decentes.

Pero como es campaña sucia… La sola mención del enunciado es vergonzosa, aunque los señores Larroulet y Larraín no se pusieron colorados. Parecían llenos de cinismo. Tuvo que salir el presidente de la Asociación de Bancos e Instituciones Financieras (Abif), Jorge Awad, a desmentirlos.

El otro ejemplo es el de la candidata Evelyn Matthei, quien, por falta de propuestas dijo que permitir la llegada de Michelle Bachelet a La Moneda (foto), era tanto como “destruir la casa”. Esto es campaña sucia.

Es el mismo método de crear terror, que se hizo (su padre, el militar, incluido) en 1973, para desconocer y pisotear la Democracia, y lanzar a un traidor, como Augusto Pinochet, para asestarle un golpe militar al gobierno elegido popularmente.

¿Qué es lo que va a “destruir la casa”? En realidad, suena ridículo el enunciado. Pero a falta de argumentos, bueno es meter miedo.

Poco le faltó a la señora Matthei para decir que Michelle Bachelet, y sus electores, “comen guaguas”.

En ambos casos, se evidencia una mala intención, un espíritu maligno.

Por eso, el domingo próximo hay que ir a votar. Por cierto, que no recomiendo hacerlo por Evelyn Matthei, quien representa la mentira, la dictadura de su padre, la desigualdad de oportunidades, la mala distribución del ingreso.

Invito, en cambio, a votar por la Asamblea Constituyente.

Y si optan, en definitiva, por Evelyn Matthei, añádanle las iniciales “AC”. De igual manera, si votan por Michelle Bachelet, escriban “AC” en la papeleta.

Una tercera opción es no marcar ninguna de las dos, ni Evelyn Matthei, ni Michelle Bachelet, es decir, votar en blanco, pero añadir las iniciales “AC”.

Todos los votos, tanto los que están “en blanco” como los que tienen las letras AC, serán escrutados por el Servicio Electoral, y formarán parte del informe sobre el resultado electoral.

Quizás gane doña Asamblea Constituyente. Me gustaría que ganara.

Una Asamblea Constituyente no es un caos. Es un mecanismo civilizado que, desde hace muchos años, muchos países han usado para dotar al pueblo de una Constitución Nacional. Es obvio que una Asamblea Constituyente no resuelve, en lo inmediato, los asuntos cotidianos, como comprar el pan y tomar la micro para ir a trabajar. Pero sí hace que se establezcan reglas de juego claras y justas para todos, sin sesgos a favor de algún grupo socio-económico, como la actual Constitución del dictador Augusto Pinochet. Y esto, en el largo plazo, da estabilidad a los pueblos y apunta a su bienestar social y desarrollo económico.

Si alguien alucinado, cree que es “tumbar la casa”, la respuesta es No, porque lo que ocurre con una Asamblea Constituyente es que “se construye” una casa, más amplia y mejor distribuida, donde quepamos todos.

¡A votar, pues! ¡Que gane la Democracia!

Presunciones del retiro político de Pablo Longueira

longueira (2)Quiero considerar la renuncia de Pablo Longueira (foto) al ejercicio de la política como un acto de honestidad. La renuncia sobreviene después de una crisis de depresión que lo postró. Crisis de depresión que lo hizo declinar la candidatura presidencial para la cual había sido escogido por los partidos de la derecha, Renovación Nacional (RN) y Unión Demócrata Independiente (Udi). Entonces declinó seguir siendo candidato, y cayó en cama atacado de depresión.

¿Qué lo hizo caer en depresión? Un especialista podría respondernos con toda claridad médica y después de analizarlo. No lo soy, y de momento, puedo acudir a la información básica disponible sobre los factores genéticos, fisiológicos, personales y ambientales que provocan una depresión.

En cuanto a los factores genéticos, es baja la probabilidad de sufrir depresión porque la haya sufrido uno de los padres, y eso no se sabe, por lo cual se puede descartar. Fisiológicamente, corresponde a una reducción de la serotonina en las uniones neuronales. Esta condición, puede darse por antecedentes de alteraciones endocrinas, que producen, al final, la depresión.

Los antecedentes de alteraciones endocrinas tienen que ver con la migraña, la diabetes, el hipertiroidismo, el síndrome de Cushing y la enfermedad de Adisson. Descartemos la migraña, la diabetes y el hipertiroidismo, porque no se conocen antecedentes de ello, en la persona del señor Longueira.

En cuanto al síndrome de Cushing, éste se produce por un aumento de la hormona cortisol, y genera un hipercortisolismo, haciendo que su víctima sea muy delgado, y el señor Longueira no pareciera sufrir de esto.

Tenemos, por último, la enfermedad de Adisson, que corresponde a una hipofunción de la glándula adrenal, y produce languidez de ánimo, debilidad general, actividad hipocinética del corazón, irritabilidad gástrica y cambio en la coloración de la piel. Podría tener algo de esto, aunque públicamente no se ha informado, hasta ahora. De tener algo de lo anteriormente enumerado, el paso siguiente sería la depresión. Y explicaríamos la situación caótica que aquejó al entonces candidato presidencial.

Además de los factores mencionados, también hay factores personales, que mayormente competen a la mujer, como el embarazo y el posparto, por obvia alteración hormonal. Y los factores ambientales hacen relación con el estrés por exceso de actividad física y mental, profesionalmente; tiene relación con la incapacidad de encauzar los problemas, y directamente con la ansiedad.

Podría ser uno de estos factores ambientales, dado que un político depende del entorno, y un ministro, o un candidato presidencial, como lo era el señor Longueira en la etapa pre-depresión, son personas que tienen camisas de fuerza para hacer o para decir, para actuar o para hablar.

¿Cuál de estos factores, genéticos, fisiológicos, personales o medioambientales, postró al veterano político? Yo creo que hubo un proceso de paulatina conciencia de la vida, de la política y del gobierno, que lo fue poniendo en situaciones que reñían con sus principios morales y pensamientos más íntimos. Esta tensión causó estrés, generalmente un erosionador silencioso, que gatilló su depresión.

También puede ocurrir que él sepa cosas que no puede guardar en su pecho y en su mente, porque riñen con sus principios morales. No pudiéndolo hacer, llegó un punto en que no soportó ese secreto, y en lugar de revelarlo, se retiró al silencio. O cosas que han hecho sus cercanos políticos, sus amigos políticos, sus correligionarios políticos, sus financiadores de campañas electorales…

La pregunta sigue, y seguirá: ¿Qué pudo causar la depresión del político Longueira? Algo, creo, también relacionado con la familia. Porque la familia, de inmediato, lo rodeó, y la renuncia (a nada menos que la candidatura presidencial) fue presentada como un asunto de familia, y no un asunto político. Aunque fue, en realidad, un asunto personal, y luego un asunto familiar, su primera repercusión fue política.

Dijo que se retiraba de la política y volvía al sector privado, a sus empresas, sus negocios. Quiero pensar que fue por honesto. Porque no quiere enlodarse con uno, o con varios asuntos, que gravitan en su conocimiento y riñen con sus principios morales.

En beneficio de la duda, puede también tratarse de algo en lo que él sea el protagonista, y de saberse, su nombre y honra quedarían por el suelo. Quedaría, sin alarmismos, liquidado. Entonces, antes que exponerse a esa nefasta eventualidad, prefirió claudicar.

No sé si un día lo sabremos. Seguramente, sí, sabremos, como dice la juventud: la dura. La verdad verdadera. Porque nada permanece oculto para siempre bajo el sol.

En este punto, resulta curioso que otro adalid de la Udi, Pablo Zalaquet, también haya renunciado a la política, y decidido, como Longueira, volver al sector privado, a sus empresas, a sus negocios. ¿Podría estar ocurriendo algo más en esa colectividad, que es la más retardataria de todas las agrupaciones políticas que existen en Chile? Quizás ese partido, la Udi, ahora se dieron cuenta que en lo más íntimo de sus pensamientos no los representa, a Pablo Longueira, ni a Pablo Zalaquet. Y quizás ellos tampoco quieren seguir representando un partido con el que no tienen absoluta coincidencia existencial. También el tiempo lo dirá.

La Udi es sinónimo de apoyo al alevoso golpe militar encabezado por el dictador Augusto Pinochet, quien escupió y pisoteó la Democracia chilena en 1973, y después de traicionar a su jefe, el presidente Salvador Allende, sometió al país al terror, con un sistema estatal orientado al silenciamiento de los opositores, a las detenciones, a las torturas, a la aplicación de una justicia espuria y al asesinato sistemático. De esa dictadura nacieron, además, muchos negocios, muchas empresas y muchas fortunas que la apoyaron y hoy están ligadas al poder y a los partidos. La Udi, además, apoyó con ahínco, en el plebiscito de 1988, la permanencia del dictador Augusto Pinochet (quien muró impune) La Udi, el ala más derechista de la derecha chilena…

‘Todos con Michelle’, ‘Sí se puede’ con Matthei

bachelet-mattheiEn tierra derecha, como se dice en la hípica, las candidatas presidenciales, Evelyn Matthei (Alianza, foto izquierda) y Michelle Bachelet (Nueva Mayoría, foto derecha), lanzaron sus lemas de campaña, con los que aspiran a convocar a sus electores de primera vuelta, más los indecisos y quienes votaron por Franco Parisi y Marco Enríquez-Ominami. Éste ya dijo que su candidata era “la señora Asamblea Constituyente”, por lo que se espera que sus seguidores concurran a las urnas el 15 de diciembre y depositen su voto con la marca “AC”.

Michelle Bachelet (no derecha), cuyo lema en la primera vuelta era “Chile de Todos”, pasó a ser en esta segunda vuelta “Todos con Michelle”. Entre tanto, Evelyn Matthei (derecha), apeló a un “Sí se puede”, aduciendo que proviene del resonado “Yes, we can” (Sí podemos) de Barak Obama. Aunque hay un antecesor que siendo candidato usó exactamente esas palabras, “Sí se puede”: Belisario Betancur, con cuyo eslogan ganó la Presidencia de Colombia en 1982.

Lo que ahora interesa a las dos candidatas es que el electorado sea mayor al de los 6,6 millones que concurrió a las urnas el 17 de noviembre pasado, cuando habían 9 candidatos (bendita sea la Democracia). Ese volumen de votantes es bajo, pero quizás se deba a que en la primera vuelta presidencial el país estrenó la modalidad de “voto voluntario”. Algunos, sonsamente, interpretaron esto como que quedaban relevados de votar.

Creo que hay que derrotar el abstencionismo. Hay que votar. Siempre hay que votar. El voto es un arma de la Democracia, para castigar a los malos candidatos (a alcaldías, Congreso, Presidencia, etcétera), y premiar a los que hacen eco de las necesidades sociales, y trabajan para satisfacerlas.

En un escenario como el actual en Chile, cualquier cosa puede pasar. Aunque muchos dan por sentado que Michelle Bachelet gana, algunos recuerdan que su fortaleza no es tanta, pues no logró imponerse, sin apelaciones, el pasado 17 de noviembre. De hecho, estamos en la segunda vuelta. Otros, creen que Evelyn Matthei puede ganar, si encanta a los votantes de Franco Parisi que quedaron huérfanos, y a los indecisos. Aunque quizás, ¿por qué no?, gane en realidad la señora “AC” de Marco Enríquez-Ominami.

Michelle Bachelet irá a la segunda vuelta

elecciones con 98,66%

No le alcanzó a la candidata de la Nueva Mayoría, Michelle Bachelet, para ganar la Presidencia de la República de Chile en la primera vuelta electoral realizada hoy con la mitad más uno de los votos. Tendrá que ir a segunda vuelta el 15 de diciembre.

Y lo hará contra Evelyn Matthei, candidata de la Alianza, quien sacó la segunda mayor votación. Los resultados, cuando han sido escrutadas el 98,66% de las mesas electorales, son: Michelle Bachelet 46,69% de los votos, y Evelyn Matthei el 25,01%.

Una diferencia de 21,68% a favor de Bachelet, es bien significativa. Tan significativa, como las fuerzas que compitieron por fuera del viejo sistema pinochetista “binominal” (pues Bachelet y Matthei son representantes de éste). Esas fuerzas, sumadas, representan nada menos que el 28,25% de los votos; es decir, 3,24% por encima de la candidata de la Alianza, Evelyn Matthei.

Este 28,25% responde a la suma de las votaciones de los candidatos presidenciales independientes, así: 10,96% de Marco Enríquez-Ominami, 10,13% de Franco Parisi, 2,80% de Marcel Claude, 2,34% de Alfredo Sfeir, 1,26% de Roxana Miranda, 0,57% de Ricardo Israel y 0,19% de Tomás Jocelyn-Holt.

Es decir, desagregada, esta que pudiéramos llamar “tercera fuerza” (porque está por fuera de las dos fuerzas del binominal), la votación de Marco Enríquez-Ominami se perfiló como el tercero en contienda, con ese 10,96%.

Enríquez-Ominami encabeza el Partido Progresista, que ganó en las elecciones de hoy los primeros escaños en la Cámara de Diputados, de modo que, poco a poco, hace camino y cobra peso político esta fuerza independiente.

Se da por descontado el triunfo en la segunda vuelta (el 15 de diciembre) de Michelle Bachelet, militante del Partido Socialista y candidata de la coalición llamada Nueva Mayoría, quien ya fue presidenta entre 2006 y 2010.

El otro asunto que queda pendiente, para otra ocasión, es ¿qué clase de gobierno será el de Michelle Bachelet? Permítanme anticiparme para decir, sinceramente, que no será mejor que el de Sebastián Piñera. Lo digo por la gente de la que se rodeó para poder ganar.

Día de elecciones presidenciales en Chile

elecciones presidencialesHoy es día de elecciones presidenciales en Chile. También, día en que se elige “nuevo” Parlamento: hay candidatos al Senado y la Cámara de Diputados.

Y además, día en que, por primera vez, se eligen Consejeros Regionales, porque antes eran elegidos por los concejales en cada comuna de la respectiva región. Los consejeros duran 4 años en su cargo, y su labor fundamental es analizar y aprobar temas de inversión para la Región, de coordinación y relaciones institucionales, de control y gestión, de ordenamiento territorial e instrumentos de planificación, de fomento productivo, de asistencia técnica y desarrollo tecnológico, de educación, cultura y deportes; de salud y medio ambiente, de infraestructura rural, transporte y aguas lluvias, y de cooperación internacional. Es decir, se trata de una elección de altísima importancia.

Para la Presidencia de la República de Chile se elige el sucesor de Sebastián Piñera. Entre los aspirantes, hay 9 candidatos: Roxana Miranda, Alfredo Sfeir, Tomás Jocelyn-Holt, Ricardo Israel, Marcel Claude, Franco Parisi, Evelyn Mattei, Michelle Bachelet y Marco Enríquez-Ominami.

La encuestadora Ipsos, a petición de la Universidad Santiago de Chile (Usach), estimó que en esta ocasión, cuando por primera vez el voto es voluntario, acudan a las urnas el 61% de los posibles votantes (chilenos mayores de 18 años), y quizás más.

Este dato es sumamente importante. El voto en blanco y la abstención, son entelequias. Si de algo sirvieron en el pasado, hoy resultan ser una degradación de la valoración que los votantes. El voto y la abstención, significa mirar para otro lado, mientras los demás disponen de su voto para decidir quiénes nos gobernarán en los distintos niveles. Es, nada menos, que una auto exclusión. Hoy ya no sirven esas expresiones electorales pasivas del voto en blanco y la abstención. Hay que participar, para tener el derecho a protestar.

En especial, hay que ser conscientes de por cuáles nuevos senadores y nuevos diputados votar. Hay una vieja casta que se ha apernado en el Congreso, que no legisla a favor del bienestar social. La opción es votar por estas personas que dicen una cosa y hacen otra, como los fariseos de la Biblia, o abrirse a nuevas caras de quienes pueden representarnos de manera más honesta.

Como quiera que sea, por el partido que sea, de “izquierda” o de “derecha”, o por el candidato que deba ser, de “izquierda” o de “derecha”, hay que salir a votar.

Ipsos-Usach prevén más de 61% de votantes

????????????????Ipsos, la compañía de especialistas dedicada únicamente a la investigación de mercado con base en encuestas, acaba de dar a conocer un interesantísimo sondeo de ‘Valores sociales’, de cara a las elecciones presidenciales, de congresistas y consejeros regionales, que tendrán lugar en apenas 72 horas.

A instancias de la Universidad de Santiago de Chile (logo), Ipsos encontró que la gente quiere (92%) que la salud esté en manos del Estado, y también la educación (91%), las pensiones (89%), el agua (88%), el transporte público (86%) y el gas (81%). Es decir, que el Estado se haga cargo de los servicios básicos, como expresión del bienestar de la gente (que es responsabilidad del Estado)

Sin temor a equivocarnos, basados en estos resultados, podemos decir que el sistema económico empotrado por la dictadura de Augusto Pinochet y sus secuaces, está agotado, si no fracasó. Ese sistema no brinda satisfacción social; y nos referimos a las Isapres, los fondos de pensiones, los colegios y universidades privatizados, el TranSantiago o Biotrén o el transporte público que haya en cada ciudad, así como los acueductos y la red gasífera.

Estos resultados reafirman la necesidad de llamar a votar. Un llamado dirigido principalmente a la juventud, que debe entender que el voto tiene valor si se usa, y no lo tiene si no se usa. Si usamos el voto, podemos decidir qué personas pueden gobernarnos, pero si no usamos el voto estamos dejando que otros decidan a quienes ellos quieren que nos gobiernen a nosotros.

El voto en blanco y la abstención son entelequias que, si de algo sirvieron en el pasado, hoy resultan ser una degradación de la valoración que los votantes, en tanto ciudadanos, puedan hacer de sí mismos. Una auto exclusión. Hoy ya no sirven esas expresiones electorales pasivas. Hay que participar, para tener el derecho a protestar.

Por eso es satisfactorio comprobar con la encuesta Ipsos-Usach que 79% de los encuestados quiere ir a votar este próximo domingo: 61% definitivamente Sí, y 18% probablemente Sí.

Aunque la encuesta lo reporta, dejemos a un lado eso de ‘izquierda’ y ‘derecha’, porque como vimos arriba, unos y otros quieren cambios profundos al sistema económico-social que hoy vivimos.

El estudio se detiene a detallar la clase de votantes de cada uno de los candidatos. Así, podemos resumir el resultado:

Votarán por Michelle Bachelet, la candidata de la alianza política llamada Nueva Mayoría, personas de 42 años en promedio, 77% pertenecientes a la clase media-baja, de las cuales 23% son dueñas de casa. La escolaridad de sus votantes llega a un 10% con estudios universitarios completos.

Votarán por Evelyn Matthei, la candidata de la concertación política llamada Alianza, personas de 44 años en promedio, 59% pertenecientes a la clase media-baja y 34% alta-media y alta. La escolaridad de sus votantes llega a un 21% con estudios universitarios completos.

Votarán por Franco Parisi, el candidato independiente, personas de 41 años en promedio, 54% pertenecientes a la clase media-baja y 22% alta-media y alta. La escolaridad de sus votantes llega a un 14% con estudios universitarios completos.

Votarán por Marco Enríquez-Ominami, el candidato del Partido Progresista, personas de 35 años en promedio, 64% pertenecientes a la clase media-baja. La escolaridad de sus votantes llega a un 29% con estudios universitarios completos.

Votarán por Marcel Claude, el candidato del Partido Humanista, personas de 31 años en promedio, 68% pertenecientes a la clase media-baja. La escolaridad de sus votantes llega a un 29% con estudios universitarios completos.

Los anteriores candidatos se consideran poseedores de las mayores votaciones, porque también compiten por la silla en La Moneda: el independiente Tomás Jocelyn-Holt; Alfredo Sfeir por el Partido Ecologista Verde; Ricardo Israel por el Partido Regionalista de los Independientes (PRI), y Roxana Miranda del Partido Igualdad.

Una vez más, los encuestados de Ipsos dijeron que los principales problemas de Chile tienen que ver con las desigualdades sociales y los sistemas educativo y de salud privatizados. El sondeo fue realizado entre 22 y 29 de octubre pasado, e incluye 900 encuestas online a personas de sectores urbanos, teniendo un margen de error de +/- 3,3%.