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UdeC, Pizzi, Zaldívar, Codelco, La colombiana

arco-udec-768x405Pizzi. Absurdo que el director técnico de una Selección Nacional de fútbol ande de país en país detrás de sus subalternos. ¿Qué tiene que hablar el señor Juan Antonio Pizzi con Claudio Bravo, Arturo Vidal y Alexis Sánchez, que no pueda hacerlo por teléfono, wasap, Skype, teleconferencia? ¿Viajó a Inglaterra, España y Alemania a tratar asuntos de Estado? Si quería pasear y gastar en euros ¿por qué no lo dijo, abiertamente? Siempre tan blandengue, sin carácter, falto de pantalones.

Zaldívar. Este personaje es la decadencia. Hablo de Andrés Zaldívar, el pequeño monstruo de la Democracia Cristiana que, como su partido, es melifluo y serpenteante. Alguien en no fiar. Para honor de su partido, se niega entregar a la justicia la información de las que pudieran ser las más inútiles y costosas asesorías que jamás hayan sido pagadas en el Senado de la república. ¿Cómo así que las asesorías son secreto de Estado y la justicia no las puede conocer? ¿Qué le pasa a este señor? Otro, junto con Pizzi, con ínfulas de grandes hombres y solo son mediocres con cargo.

Codelco. Cuando le reclaman a Codelco por el pago de bonos de 400, 500 o 600 millones de pesos, responde que “es legal”. Que esos bonos están reglamentados en los estatutos de la empresa. Porque en Codelco no funciona la ética, el principio de honestidad, las buenas prácticas y la economía de los procesos. Todo puede reducirse a su mínima expresión para los trabajadores, menos la fuente de enriquecimiento de los ejecutivos. Porque esos bonos multimillonarios no son para los obreros, sino para los señorones de Las Condes. Pero como están en los reglamentos, son “legales”. ¡Cambien los reglamentos, pues! La congresista Yamna Provoste afirma que el ítem de “misceláneos” de Codelco (o sea, la plata de caja menor, casi), ¡es “igual al presupuesto de funcionamiento de la Contraloría”!

U. de Conce. Ahora resulta que los docentes de letras y periodismo de la Universidad de Concepción (foto) son ¡acosadores sexuales de sus alumnas! Están acusados de hacerlo los profesores de planta Tito Matamala y Andrés Latini. Y también los profesores de tiempo parcial Ángelo Isidro Benvenuto y Adrián Pineda Polanco; además del exalumno, Michael A.H.P. La universidad decidió no darles más horas laborales a Benvenuto y Pineda (prescindió de ellos), mientras espera que Matamala y Latini regresen del goce de licencias médicas. ¿Por qué no acosan a sus hermanas? ¿O a sus mamás?

La colombiana. Quiero destacar la presencia de nuevos rostros, o menos conocidos con anterioridad, en la teleserie de Telemundo que transmite Tvn, ‘La colombiana’. Muy del momento y del tejido social los temas de la xenofobia, la vida de barrio, el efecto en los hijos de la separación de los padres, los derechos de la madre y del padre, la honestidad, los celos enfermizos, la ética médica, entre otros. Y quiero subrayar la magnífica actuación de todos los participantes; para mi gusto, excelente Óscar Hernández, María José Illanes y Juan José Suárez. Pero eso no me exime de nombrar a todo el excelente elenco: Felipe Braun, Elizabeth Minotta, María José Illanes, María Fernanda Martínez, Florencia López, Delfina Guzmán, Óscar Hernández, Diego Ruiz, Daniela Estay, Lucas Mosquera, Jorge Arecheta, César Sepúlveda, Alejandra Fosalba, Emilia Noguera, Santiago Tupper, Eyal Meyer, Carmina Riego, Josefina Fiebelkorn, Juan José Suárez, Shlomit Baytelman, Luz Valdivieso, Sebastián Arrigorriaga, Felipe Morales, Andrea Freund, Gonzalo Vivanco y Álvaro Pacull. Ojalá no haya omitido a ningún actor o actriz. De ellas, decir que son hermosas todas. Y los guionistas fabulosos: Jaime Morales, Sandra Arriagada, Iván Salas-Moya y Jimena Oto.

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11 de septiembre: aniversario de crimen

fotos_bombardeoEs como si no hubiera pasado el tiempo y una amenaza militarista se cerniera sobre Chile: una carta, a propósito de nada, de unos señores que fueron, y ya no son, comandantes de las distintas fuerzas armadas.

Carta que es un desafío a la justicia, porque dice que se han abierto causas penales “muy difíciles de probar”; claro, porque hubo, y hay todavía, un pacto de silencio de quienes auspiciaron el alevoso golpe militar del 11 de septiembre de 1973, y la siguiente generación de uniformados que admiraron esa “proeza” contra la democracia, y son los sujetos que ahora firman la carta a El Mercurio (diario que promovió el golpe, por cierto)

Carta que considera que los delitos de lesa humanidad o contra los derechos humanos deben ser sancionados con penas ‘benignas’. Creen que los más execrables de los delitos por el derecho internacional, son ‘delitos menores’.

Carta que considera a los criminales, los torturadores y asesinos “personas ancianas”, y no lo que son: asesinos y torturadores que envejecieron y están pagando sus delitos de miseria.

Y carta que, por último, insinúa algo que no termina de decir: que hay “actores activos y pasivos” del alevoso golpe militar contra la Democracia, que ellos llaman “la tragedia”. ¿Por qué no dicen, por lo saben, quiénes son los ‘activos’ y los ‘pasivos’? Sería una magnífica colaboración con la Justicia.

¿Acaso es una amenaza esta carta? ¿Siguen con mando sobre la tropa estos señores, o no? ¿Se han organizado para adelantar alguna acción deplorable, miserable y alevosa como el golpe militar de 1973? ¿Qué vocería y protagonismo buscan estos señorones, y para qué, y por qué?

Dice El Mercurio: “Acusan “falta del debido proceso” en la apertura de causas “muy difíciles de probar”, con “penas cada día más altas o condenas muchas veces solo por presunciones”. Según ellos, también existe “ensañamiento para mantener presos a personas ancianas”, y se quejan de que “otros actores activos y pasivos de la tragedia” no asuman responsabilidades”.

El mando militar, en democracia desde 1990, debería rechazar este tipo de pronunciamientos. Rechazarlo con fuerza. Porque mete ruido en la transcurrir de la sociedad en paz, y amenaza la potestad del mando militar actual.

Esta cínica carta sin destino la firmaron los ciudadanos (porque no son militares ni nada) Óscar Izurieta, Juan Manuel Fuente-Alba, Jorge Arancibia, Miguel Vergara, Rodolfo Codina, Edmundo González, Enrique Larrañaga, Fernando Rojas, Patricio Ríos, Osvaldo Sarabia, Ricardo Ortega, Jorge Rojas, Fernando Cordero, Manuel Ugarte, Eduardo Gordon y Gustavo González.

DC y derecha; los Rincón; el amor; Mark; ‘Monga’

josé antonio primo de riveraDemocracia Cristiana. Vamos a ubicarnos en los orígenes, porque de eso depende el desarrollo posterior. Las raíces se encuentran en la derechista Falange Española, creada a comienzos del siglo XX por José Antonio Primo de Rivera (foto) contra la amenaza de una ‘revolución socialista’. Su hijo Miguel Primo de Rivera fue dictador de España entre 1923 y 1930. En Chile, Eduardo Frei Montalva recoge ese ideario y funda la ‘Falange Nacional’. Simultáneamente, esa falange que tomaba ideas de la doctrina social de la iglesia vaticana, también era digna de admiración de Jaime Guzmán, creador de la ‘Unión Demócrata Independiente’, Udi, quien se aprendió discursos enteros de José Antonio Primo de Rivera y los intercalaba en sus presentaciones. La Democracia Cristiana chilena proviene, pues, de la estirpe fascista y católica del viejo Primo de Rivera, de España.

Centro izquierda. El ex canciller de Ricardo Lagos Escobar, y ex presidente de la walker_ignacioDemocracia Cristiana, 2010-2015, Ignacio Walker (foto), acusó anoche en ‘Tolerancia Cero’ a la Nueva Mayoría de “haberse izquierdizado”. La responsabilizó, por esta vía, de facilitar que el derechista Sebastián Piñera tenga nuevos adherentes, provenientes del desencanto de muchas personas con esa izquierdización de la vieja Concertación. Y, a continuación, se proclamó de “centro-izquierda”, pese a su origen falangista, fascista. Señaló que la Democracia Cristiana debía ser una fuerza capaz de ganarse adeptos del patio de Piñera, de la Udi y Renovación Nacional, “sin ser de derecha”. Y se preguntó si era viable una alianza “con la derecha”, y dijo que no.

Ricardo Rincón. El diputado es hermano de la ex ministra de Michelle Bachelet, Ximena ricardo rincónRincón. Ambos militan en la Democracia Cristiana. Ricardo Rincón (foto) fue procesado por violencia intrafamiliar contra Carolina Hidalgo en el año 2002, lo que él ha negado en distintas ocasiones. La candidata presidencial de la Democracia Cristiana, Carolina Goic, había denunciado ese hecho, cuando se debatió la conformación de listas de candidato de la DC al Congreso. Porque Ricardo Rincón quiere repostularse a la Cámara. La Junta Nacional de la DC “rechazó” la repostulación del señor Rincón. Pero unas horas más tarde, la misma Junta de la DC “aceptó” que se repostulara, obviando el caso de violencia intrafamiliar, y, de paso, y lo más grave, desautorizando a su candidata presidencial. El esposo de esta, Christian Kirk, escribió una sentida carta a la Junta de la DC, recriminando a quienes apoyaron a Ricardo Rincón. Los acusó de tener “las manos manchadas con sangre”, y propuso expulsar a “los fariseos del templo” de la DC.

Carolina Goic. ¿En qué posición dejó la Junta de la DC a su candidata presidencial? La carolina goicdejó en el peor de los escenarios. Desautorizada. Con sobrada razón la candidata Carolina Goic (foto) dijo que iba a pensar mantener, o no, su candidatura. En general, este comportamiento culebrero, tortuoso y melifluo, es el que ha tenido desde siempre la DC. La DC ha gozado de todos los privilegios posibles, primero como miembro de la Concertación y ahora de la Nueva Mayoría. Sin embargo, si se revisan los hechos, no ha habido opositor más eficaz y persistente de la Concertación y la Nueva Mayoría que la DC. Jorge Burgos, Ignacio Walker, Andrés Zaldívar, Jorge Pizarro, etcétera, han sido palos en la rueda de los gobiernos “de izquierda”; y han puesto las trabas desde adentro de la coalición.

Sola. Está bien que la Democracia Cristiana (logo) corra sola en la carrera presidencial. DCNo quiso apoyar al candidato Alejandro Guiller, porque no la representa, obviamente. Prefirió ir con candidata propia, Carolina Goic, pero a mitad de camino la apuñalaron, prácticamente, cuando defienden a Ricardo Rincón. En este blog hemos dicho, hace varios años, que la DC no debió haber estado jamás en la Concertación, ni en la Nueva Mayoría. Porque la DC es “otra cosa”. Está más cerca, por su origen y su ideario, de la derecha, no sabemos si la dura, o la moderada, que de la izquierda. Que corra sola para saber cuántos son, y deje de blufear, está bien. Que corra sola para sincerar sus postulados y el escenario político nacional, está bien.

Carolina Arregui. Brevemente: salió la veterana actriz Carolina Arregui en esta foto con carolina arreguilos perros de Alexis Sánchez, convertido en el novio envidiado de Chile de la también actriz Mayte Rodríguez, hija de Carolina Arregui. Y el pie de foto considera una bendición esta relación amorosa de su hija. A su vez, Mayte Rodríguez escribió en un pie de foto, posterior a saberse su relación con el futbolista Alexis Sánchez, que había llegado la luz y la iluminación a su vida. Todo esto ¿será para sacarle pica a Thiago Correa, el ex novio de Mayte, quien, al parecer, no la trató bien y la engañó con otras mujeres durante su convivencia de 5 años? ¿Será solo para sacar pica?

Mark González. Me parece muy bien que Mark González (foto) diga lo que piensa del mark gonzáleztécnico argentino Pablo Guedes. Que es una mala persona, que jamás se preocupó de averiguar o preguntarle por sus lesiones y su recuperación, la poca empatía de Guedes con sus dirigidos, etcétera. ¿Qué decirlo le traerá problemas? No creo, porque quien lo quiera contratar no será para tratarlo mal, hacerle la desconocida o tenerlo en la banca. Lo que si es claro es que la voz y esa mascadera de chicle a toda hora, son algo bastante desagradable del señor Pablo Guedes. No nos cae bien. Nunca nos ha caído bien.

Loa a la chispeza de Gary Medel para vestirse

gary-medel-matrimonio-1Impecable. El traje a la medida. El forro níveo de la chaqueta se convierte en solapa. Son dos flechas que bajan del cielo sobre el pecho negro. El borde de los bolsillos del ambo, también blanco, tanto como los botones de las mangas. ¡Qué elegancia, por Dios! Complementada, eso sí, con un chaleco negro con botones blancos, sobre una camisa azabache, sin corbata, ni lazo corbatín, o pajarita. El primer botón de la camisa abierto, relajadamente. Los zapatos, también negros, mitad acharolados. Muy refinado, Garyto, como el que más. Tal era el atuendo para su matrimonio civil. ¡Un traje con chispeza! Pero me cuentan que en ‘Maldita moda’, el programa de Chilevisión que vive criticando a Martín Cárcamo y Rafael Araneda porque “no son jugados”, porque “se mantienen en una zona de confort” con sus atuendos, se escandalizaron con la chaqueta vanguardista de nuestro zaguero central. Se escandalizaron porque Gary se la jugó. ¡No saben lo que dicen! O dicen las cosas para posar de que saben, pero en la realidad no tienen sentido estético. ¡Garyto, compadre, nunca es tarde para decir que tu chispeza en el vestir te hace tan grande fuera de la cancha, de lo que ya eres dentro de ella! Y tu esposa, como la musa que es para ti.

Solo como testimonio el caso de Javiera Blanco

En el caso de Javiera Blanco, la peor funcionaria de todos los gobiernos desde el retorno de la democracia en Chile, pero extrañamente premiada con un cargo de magistrada del Consejo de Defensa del Estado, la presidenta Michelle Bachelet sigue marrando. Envió a cuatro (¡!) ministros al Congreso para sabotear un informe en el que se adjudica la responsabilidad que tiene la entonces mediocre ministra de Justicia, Javiera Blanco, en el caso de los niños muertos en el Sename. Y dijo, después, la presidenta Bachelet, justificando su extraño comportamiento: no se puede hacer del tema de los niños del Sename una caricatura, ni descargar toda la culpa en Javiera Blanco. “¡No politicemos el tema!” Eso dijo. ¿Y qué fue lo que hizo con su declaración? ¿Qué hizo con los cuatro (¡!) ministros haciendo lobby para sabotear al Congreso? ¿Qué hizo restándole importancia a las muertes de niños en el Sename? ¿Qué hizo defendiendo a muerte, y extrañamente, a Javiera Blanco? Lo que hizo fue… ¡politizar el tema! Y con política barata, desechable. Digna del idiota Ernesto Silva. Hizo exactamente lo mismo de lo que quiso acusar a la derecha. Borró la diferencia de “la izquierda” y “la derecha”. ¡La mediocridad de la señora Javiera Blanco no puede ser asunto de Estado, señora presidenta! Qué extraño comportamiento el suyo, doña Michelle Bachelet. ¿Quién es Javiera Blanco para que la señora Bachelet se juegue su prestigio? ¿Quién es Javiera Blanco para que el gobierno haga el loco ‘torciéndole’ el voto a varios congresistas? Tienen que responder esto. ¿Qué sabe Javiera Blanco de Michelle Bachelet, para que ésta la trate con algodones? La vida se encargará de decantar este caso. Creo que hay dos temas: el de 1) la mediocre funcionaria que premió con un puesto en el Consejo de Defensa del Estado, y el de 2) encubrimiento del comportamiento inadecuado, antiético y falaz de su hijo Sebastián Dávalos, cuando siendo alto funcionario de gobierno resultó metido en un negociado; estos dos temas, digo señora presidenta, serán de eterna recordación de su segundo gobierno. Pésimo gobierno. Y no lo digo ahora, cuando está con el sol a las espaldas, sino que lo dije, aquí mismo, cuando la señora Bachelet se lanzó de candidata. Dijimos: será un pésimo gobierno, primero porque segundas partes no son buenas, y segundo porque no tiene nada qué ofrecer a ciencia cierta. Cada cual juzgue lo que ve.

De los nombramientos espurios: Javiera Blanco

javiera-blancoQué cosa extraña ocurre en el fuero interno de las personas. Caras vemos, corazones no conocemos. El bastión moral que creíamos ver en la presidente Michelle Bachelet, ahora se desmorona. Hablamos de un caso que no dudo en considerar aberrante: el de la señora Javiera Blanco (foto). Activista política a la sombra de doña Michelle Bachelet, logró escalar de un día para otro hasta convertirse en su ministra del Trabajo. Ahí fracasó. Y de ‘castigo’, ¡la presidenta la nombró ministra de Justicia! Ahí fracasó de nuevo. Y de ‘castigo’, ¡la presidente Michelle Bachelet la propuso como nueva integrante del Consejo de Defensa del Estado! ¿Qué onda?, como dicen los muchachos.

Todo este proceso de favorecimientos resulta extraño. Muy extraño. ¿Acaso algún secreto inconfesable de la mandataria, maneja Blanco? Porque no es normal que un pésimo funcionario sea premiado con escalones cada vez más altos. ¿Qué gato encerrado hay? O quizás solo sea que Javiera Blanco está emparentada con la dinastía de los Frei, y se cree con derechos por encima del resto de chilenos, y, obviamente, la presidente Michelle Bachelet inclina su cabeza ante esa evidencia. Por lo demás, a la señora Bachelet le importa cinco quedar mal ante los chilenos, porque su prestigio, a esta altura de su gobierno, está bastante maltrecho, y le da lo mismo.

Aristarco me dice que, en realidad, la jugada de la señora Bachelet se debe al miedo profundo que le tienen a la Democracia Cristiana en la Nueva Mayoría. Si la Democracia Cristiana le ordenó a la señora Bachelet que nombrara a Javiera Blanco en el Consejo de Defensa del Estado, tenía que hacerlo. Mismo miedo que antes le tenían en la Concertación. La Democracia Cristiana ha sabido chantajear, con el cuento de que son ‘el partido más grande’, a la izquierda chilena, cuando su origen es claramente del fascismo español, y tiene más afinidad ideológica con la Unión Demócrata Independiente, Udi, que con el Partido Socialista de la presidente Bachelet. Tal vez sea así, le concedo a Aristarco. No es para nada descabellado.

Compartimos en un todo la reflexión del columnista Carlos Peña sobre este aberrante caso de amiguismo entre la presidente Michelle Bachelet y la mediocre funcionaria Javiera Blanco:

“La pregunta entonces que cabe plantear es si acaso la designación de un miembro del equipo político de la Presidenta (que comenzó como vocera de su candidatura, ejerció de ministra del Trabajo y concluyó como ministra de Justicia), entre cuyas abundantes virtudes no se cuentan las propias del jurista, una persona que es de su entera confianza y que posee total convergencia con su propio punto de vista, es la designación más razonable atendida la índole y las funciones públicas del Consejo, o si, en cambio, parece objetivamente una designación partisana, motivada más bien por consideraciones privadas como, por ejemplo, la de retribuir servicios gubernamentales y adhesión política.

“Y la conclusión es obvia para quien no se arroje tierra a los ojos. El simple examen de las circunstancias objetivas lleva a ella: la designación de Javiera Blanco en el Consejo de Defensa del Estado constituye una designación partisana, aparece como una retribución a una lealtad política más que una selección por méritos de esos que la índole del Consejo de Defensa del Estado exige.

“Quien ejerce el cargo de Presidente de la República a veces debe elegir entre dos intereses: los que emanan de la índole de las instituciones y los de quienes le sirvieron de apoyo para alcanzar el poder.

“La Presidenta Bachelet escogió, esta vez, uno de los segundos.

“Al hacerlo, actuó mal”.

‘McOndo: el fantasma abolido’ de Mario Jursich

mario jursich duránEs muy significativo que, 20 años atrás, la publicación de McOndo haya desatado un alud de críticas negativas. La mayoría de comentaristas, sobre todo en Chile, se tomó el prólogo de Alberto Fuguet y Sergio Gómez a la tremenda y en consecuencia lo leyó como si fuera un manifiesto político-cultural, cuando en realidad tenía mucho de ópera bufa y desplante juvenil. Fuguet, Sergio Gómez y los otros 15 autores fueron acusados no solo de ser unos burguesitos frívolos de clase media (o “ni siquiera alta”, como dijo, con mal disimulada irritación, un crítico argentino), sino de estar completamente enajenados por la cultura gringa. Así, de manera cambiante y según la filiación ideológica del comentarista de turno, McOndo era presentado como “una celebración del neoliberalismo que a mediados de los noventa triunfaba en América Latina” o como “un proyecto machista que solo incluía a hombres” o –conclusión final absolutamente previsible– como “un reflejo de esa juventud consumista apenas interesada en encarar nuestros gravísimos problemas”.

Si se trataba de quitarles autoridad, hubiera sido más eficaz contrastar el prólogo del libro con lo que en efecto, no en la fantasía, pasaba en ese entonces en la literatura. El hecho de que un editor de Iowa les hubiera rechazado unos cuentos, alegando que “bien podían haber sido escritos por cualquier autor del Primer Mundo”, era la prueba fehaciente, inequívoca, para los prologuistas de McOndo de que tanto los escritores como las editoriales y el público a este y el otro lado del Atlántico seguían encadenados al grillete del realismo mágico. “No es posible aceptar… que aquí todo el mundo anda con sombrero y vive en árboles”, proclamaban enardecidos. “En McOndo hay McDonald’s, computadores Mac y condominios, amén de hoteles cinco estrellas construidos con dinero lavado y malls gigantescos”, remachaban, como si nadie lo hubiera advertido nunca.

Estos comentarios, evaluados a la distancia de dos décadas, producen una especie de lástima. Fuguet y Gómez simplemente parecían haber leído mal la literatura latinoamericana (o no haberla leído en absoluto). Para empezar, pasaban por alto que el mismo año de publicación de Cien años de soledad, en 1967, ya estaban en librerías La vida breve (1950), de Juan Carlos Onetti; La región más transparente (1958), de Carlos Fuentes, y Rayuela (1963), de Julio Cortázar, tres libros de referencia donde no hay realismo mágico y donde las ciudades son un nítido contrapunto a ese campo y a esa vida rural que en opinión de ellos acaparaban las letras latinoamericanas.

Otro tanto puede decirse de sus quejas respecto a la falta de atención a la cultura popular y a la televisión. “¿Y lo bastardo, lo híbrido?”, preguntaban de manera retórica, convencidos de que no habría respuesta a sus interrogaciones. “Para nosotros, el Chapulín Colorado, Ricky Martin, Selena, Julio Iglesias y las telenovelas (o culebrones) son tan latinoamericanas como el candombe o el vallenato”. Pues bien: 20 años atrás, en 1976, ya Manuel Puig y Luis Rafael Sánchez le habían dado carta de ciudadanía a todo ese universo en El beso de la mujer araña y en La guaracha del Macho Camacho. Visto en perspectiva, el libro de Luis Rafael Sánchez hasta parecía anticipar los ruegos de Fuguet y Gómez por una narrativa donde se viera “nuestro país McOndo sobrepoblado y lleno de contaminación, con autopistas… tv-cable y barriadas”, toda vez que elegía un descomunal atasco de tráfico en San Juan para hacer una gozosa reflexión en torno a la caótica modernidad del Caribe.

Es importante añadir que ya en los años sesenta, mientras la literatura se abría en multitud de direcciones, Carlos Monsiváis y otros autores estaban escribiendo crónicas de enorme aliento sobre ídolos populares o haciendo perspicaces conjeturas sobre la identificación del público con lo que veía en las pantallas de los cines o los televisores. (Una de las principales carencias de McOndo es, justamente, que ignora la multifacética riqueza del periodismo, de la nota cinematográfica o del ensayo en aquellos tiempos inventivos).

A mí me gustaría radicalizar estas críticas: en 1996, a excepción de algunos epígonos sin importancia, ni siquiera el mismo Gabriel García Márquez estaba interesado en el realismo mágico. Sus libros de la época, desde Crónica de una muerte anunciada (1981) hasta Del amor y otros demonios (1994), ya habían dejado atrás el estilo hiperbólico y barroco de Cien años de soledad, sustituyéndolo por una prosa más contenida, donde a menudo refulgían las antiguas enseñanzas de Hemingway. Más aún: en lo que puede considerarse una sabrosa ironía, a mediados de los ochenta García Márquez había publicado su “libro chileno” –Las aventuras de Miguel Littin clandestino en Chile–, en el cual, si se lo hubieran propuesto, Fuguet y Gómez habrían podido encontrar mucho de lo que reclamaban para su propia escritura.

No me resisto, llegado a este punto, a comentar una segunda y acaso más filosa ironía. Con ánimo provocador, los prologuistas de McOndo decían que “si hace unos años la disyuntiva del escritor joven estaba entre tomar el lápiz o la carabina, ahora parece que lo más angustiante para escribir es elegir entre Windows 95 o Macintosh”. Da risa pensar que también en esa encrucijada el “arcángel san Gabriel” se les adelantó por lo menos década y media. Desde 1981, García Márquez se había dejado seducir por el logo de la manzana, siendo tal vez uno de los primeros, si no el primer autor latinoamericano, en cambiar su viejo instrumento de trabajo por un computador. “Jobs le había recomendado directamente el equipo –recordó Roberto González, pocos días después de que muriera el nobel colombiano–. García Márquez usaba todavía su pesada máquina de escribir y él le dijo que tuviera mejor un Mac en cada país. Entonces, yo fui quien se lo mostró a Gabo en una feria. Se compró uno para México, otro para Cartagena y uno más para Barcelona”. Lo dicho: aunque intentaran reducirlo a un cliché, ese García Márquez era más complejo –más inesperado– de lo que cualquiera hubiera podido imaginar.

En realidad, el malestar de Fuguet y Gómez tenía un origen muy preciso. Primero en 1982, y luego en 1989, la literatura de su país natal había producido dos best sellers mayúsculos, La casa de los espíritus, de Isabel Allende, y El viejo que leía novelas de amor, de Luis Sepúlveda. Ambos libros, sin la menor duda, abusaban de los peores tópicos del realismo mágico, pero el hecho de que el público los acogiera no permite inferir que entonces el realismo mágico era la única oferta disponible en el catálogo de las editoriales. En este sentido, Fuguet y Gómez cometían un error clásico, que es confundir la literatura con el mercado. Para decirlo de manera sintética, aunque la literatura obedece parcialmente al mercado, no se agota en el mercado. O, dicho de otra forma, la literatura, que toma cuerpo gracias al mercado, precede y excede al mercado. Todos sabemos que la circunstancia de que un libro se venda poco –o solo alcance un puñado de lectores– no significa nada en cuanto a su calidad e influencia.

No sé si por desconocimiento o por mala fe, Fuguet y Gómez callaban que al lado de La casa de los espíritus estaba Respiración artificial (1980), de Ricardo Piglia, y que flanqueando a El viejo que leía novelas de amor aparecían Glosa (1986), de Juan José Saer, y Cuando me hice monja (1993), de César Aira. Ninguno de esos libros, con caminos narrativos totalmente diferentes a los del realismo mágico, logró ventas extraordinarias, pero desde un comienzo fueron saludados como hitos de la nueva narrativa latinoamericana y rápidamente traducidos al francés y al inglés. Así pues el dictum de Fuguet y Gómez, según el cual la industria editorial “desechaba” a quienes “poseían el estigma de carecer de realismo mágico”, se demostraba palmariamente falso. Al enfilar baterías contra el realismo mágico, Fuguet y Gómez en realidad estaban cayendo en la antigua falacia del hombre de paja, que consiste en caricaturizar unos argumentos (o una situación) en aras de facilitar un ataque crítico. No combatían a García Márquez; en verdad, combatían una imitación falsa y vulnerable de su literatura (el “hombre y la mujer de paja” representados en Isabel Allende y Luis Sepúlveda) a fin de dar la ilusión de llevárselo por delante. Finalmente, es fácil dar la apariencia de triunfo en una discusión intelectual cuando se escogen adversarios débiles.

Yo tengo una teoría de uso casero, ajena al libro propiamente dicho, que tal vez explique las numerosas distorsiones de óptica en McOndo. Es bien sabido que tanto Fuguet como Gómez asistieron a los talleres que José Donoso dictó entre 1985 y 1991 en la capital chilena. De allí, de esos workshops conflictivos y retadores, nació el germen de las dos antologías con que irrumpieron ruidosamente en la vida literaria de su país. Creo adivinar que Donoso les transmitió a Fuguet y Gómez su desaforado resentimiento contra Gabriel García Márquez y, de manera indirecta, contra el realismo mágico, que él interpretaba como la causa de que nunca se le hubiera reconocido como un gran autor. Ese asunto, que puede rastrearse con facilidad en la Historia personal del boom (1978) y en la espeluznante memoria de su hija adoptiva Pilar –Correr el tupido velo (2010)–, me exime de multiplicar detalles en extremo penosos. Baste recordar que El jardín de al lado (1981) ofrece una mirada satírica –y rebosante de esa “enorme y lícita envidia” que le gustaba pregonar a Donoso– a propósito de la relación entre Núria Monclús (Carmen Balcells), la “bruja de las finanzas, la catalana pesetera y avara”, y su “escritor favorito”, “el insolentemente célebre” Marcelo Chiriboga (Gabriel García Márquez). En este sentido, se podría decir que McOndo es la venganza infantil, postrera, por interpuestas personas, del escritor chileno contra el nobel colombiano. Sobra decir que se trata de una venganza inoficiosa, pues la antología no tuvo el menor efecto en la reputación de un autor que no necesita de ningún tipo de valedores. García Márquez –¿lo dudarán Fuguet y Gómez?– sigue siendo un nombre ineludible en la narrativa de lengua española.

*

Por supuesto, todo lo dicho hasta aquí tiene un punto de injusticia. En McOndo participan 17 autores y no parece lícito, o al menos equilibrado, proyectar sobre los cuentos unas opiniones vertidas por los antologistas en el prólogo. Como acá no dispongo de espacio para comentarlos de manera individual, me limitaré a pasar por alto las numerosas inconsistencias del libro (no incluye a ninguna mujer ni a ningún escritor del Caribe; no es propiamente una antología de los escritores que agrupa, sino un volumen de textos pedidos ex profeso; no fue el producto de una investigación a carta cabal sino más bien el junte azaroso de lo que sugerían amigos o conocidos), y lo haré, entre otras razones, porque Fuguet y Gómez reconocen esas debilidades. Mi argumento provisorio para explicar por qué el libro ha envejecido de manera tan vertiginosa es que se trata de una antología de autores interesados sobre todo en la novela, para los cuales el cuento, aunque los hubieran escrito, era una forma secundaria; un, digamos, paso obligatorio antes de encarar lo que de verdad valía la pena. No me extraña que, leídos con 20 años de distancia, sobresalgan los relatos de quienes en el momento de la publicación ya tenían a sus espaldas un pasado como cuentistas: Rodrigo Fresán, Juan Forn, Gustavo Escanlar y sí –todo hay que decirlo–: Alberto Fuguet.

A estas alturas sería necio desconocer que la antología debe su éxito a que tenía un nombre magnífico –fue lo que se dice “un hallazgo afortunado”–. Me temo sin embargo que ese acierto publicitario es en parte la causa de su actual fracaso, el motivo por el cual nadie considera a McOndo un volumen decisivo o cuando menos un importante documento generacional. (Edmundo Paz Soldán, uno de los autores seleccionados, escribió hace un tiempo que era una “malhadada antología”). McOndo reúne a escritores que estaban escribiendo antes de que la editorial Mondadori lanzara el libro, que seguían escribiendo durante su lanzamiento y que siguen haciéndolo hasta la fecha, a menudo –o casi siempre– a contramano de la estética promulgada por Fuguet y Sergio Gómez. Para decirlo en términos publicitarios: perduró la marca, pero caducó la mercancía.

Mario Jursich Durán (foto) (Publicado en Revista Arcadía)

Nota: Los autores incluidos en McOndo son: Andrés Caicedo, Edmundo Paz Soldán, Jorge Franco, Giannina Braschi, Pedro Juan Gutiérrez, Mario Mendoza, Leonardo Valencia, Rodrigo Fresán, Martín Rejtman, Jaime Bayly, Naief Yeyha, Juan Forn, Santiago Gamboa, Rodrigo Soto, Ray Loriga, José Ángel Mañas, Antonio Domínguez, Jordi Soler, Gustavo Escanlar, Martín Casariego Córdoba, Marlon Ocampo y, obviamente, Sergo Gómez y Alberto Fuguet.