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DC y derecha; los Rincón; el amor; Mark; ‘Monga’

josé antonio primo de riveraDemocracia Cristiana. Vamos a ubicarnos en los orígenes, porque de eso depende el desarrollo posterior. Las raíces se encuentran en la derechista Falange Española, creada a comienzos del siglo XX por José Antonio Primo de Rivera (foto) contra la amenaza de una ‘revolución socialista’. Su hijo Miguel Primo de Rivera fue dictador de España entre 1923 y 1930. En Chile, Eduardo Frei Montalva recoge ese ideario y funda la ‘Falange Nacional’. Simultáneamente, esa falange que tomaba ideas de la doctrina social de la iglesia vaticana, también era digna de admiración de Jaime Guzmán, creador de la ‘Unión Demócrata Independiente’, Udi, quien se aprendió discursos enteros de José Antonio Primo de Rivera y los intercalaba en sus presentaciones. La Democracia Cristiana chilena proviene, pues, de la estirpe fascista y católica del viejo Primo de Rivera, de España.

Centro izquierda. El ex canciller de Ricardo Lagos Escobar, y ex presidente de la walker_ignacioDemocracia Cristiana, 2010-2015, Ignacio Walker (foto), acusó anoche en ‘Tolerancia Cero’ a la Nueva Mayoría de “haberse izquierdizado”. La responsabilizó, por esta vía, de facilitar que el derechista Sebastián Piñera tenga nuevos adherentes, provenientes del desencanto de muchas personas con esa izquierdización de la vieja Concertación. Y, a continuación, se proclamó de “centro-izquierda”, pese a su origen falangista, fascista. Señaló que la Democracia Cristiana debía ser una fuerza capaz de ganarse adeptos del patio de Piñera, de la Udi y Renovación Nacional, “sin ser de derecha”. Y se preguntó si era viable una alianza “con la derecha”, y dijo que no.

Ricardo Rincón. El diputado es hermano de la ex ministra de Michelle Bachelet, Ximena ricardo rincónRincón. Ambos militan en la Democracia Cristiana. Ricardo Rincón (foto) fue procesado por violencia intrafamiliar contra Carolina Hidalgo en el año 2002, lo que él ha negado en distintas ocasiones. La candidata presidencial de la Democracia Cristiana, Carolina Goic, había denunciado ese hecho, cuando se debatió la conformación de listas de candidato de la DC al Congreso. Porque Ricardo Rincón quiere repostularse a la Cámara. La Junta Nacional de la DC “rechazó” la repostulación del señor Rincón. Pero unas horas más tarde, la misma Junta de la DC “aceptó” que se repostulara, obviando el caso de violencia intrafamiliar, y, de paso, y lo más grave, desautorizando a su candidata presidencial. El esposo de esta, Christian Kirk, escribió una sentida carta a la Junta de la DC, recriminando a quienes apoyaron a Ricardo Rincón. Los acusó de tener “las manos manchadas con sangre”, y propuso expulsar a “los fariseos del templo” de la DC.

Carolina Goic. ¿En qué posición dejó la Junta de la DC a su candidata presidencial? La carolina goicdejó en el peor de los escenarios. Desautorizada. Con sobrada razón la candidata Carolina Goic (foto) dijo que iba a pensar mantener, o no, su candidatura. En general, este comportamiento culebrero, tortuoso y melifluo, es el que ha tenido desde siempre la DC. La DC ha gozado de todos los privilegios posibles, primero como miembro de la Concertación y ahora de la Nueva Mayoría. Sin embargo, si se revisan los hechos, no ha habido opositor más eficaz y persistente de la Concertación y la Nueva Mayoría que la DC. Jorge Burgos, Ignacio Walker, Andrés Zaldívar, Jorge Pizarro, etcétera, han sido palos en la rueda de los gobiernos “de izquierda”; y han puesto las trabas desde adentro de la coalición.

Sola. Está bien que la Democracia Cristiana (logo) corra sola en la carrera presidencial. DCNo quiso apoyar al candidato Alejandro Guiller, porque no la representa, obviamente. Prefirió ir con candidata propia, Carolina Goic, pero a mitad de camino la apuñalaron, prácticamente, cuando defienden a Ricardo Rincón. En este blog hemos dicho, hace varios años, que la DC no debió haber estado jamás en la Concertación, ni en la Nueva Mayoría. Porque la DC es “otra cosa”. Está más cerca, por su origen y su ideario, de la derecha, no sabemos si la dura, o la moderada, que de la izquierda. Que corra sola para saber cuántos son, y deje de blufear, está bien. Que corra sola para sincerar sus postulados y el escenario político nacional, está bien.

Carolina Arregui. Brevemente: salió la veterana actriz Carolina Arregui en esta foto con carolina arreguilos perros de Alexis Sánchez, convertido en el novio envidiado de Chile de la también actriz Mayte Rodríguez, hija de Carolina Arregui. Y el pie de foto considera una bendición esta relación amorosa de su hija. A su vez, Mayte Rodríguez escribió en un pie de foto, posterior a saberse su relación con el futbolista Alexis Sánchez, que había llegado la luz y la iluminación a su vida. Todo esto ¿será para sacarle pica a Thiago Correa, el ex novio de Mayte, quien, al parecer, no la trató bien y la engañó con otras mujeres durante su convivencia de 5 años? ¿Será solo para sacar pica?

Mark González. Me parece muy bien que Mark González (foto) diga lo que piensa del mark gonzáleztécnico argentino Pablo Guedes. Que es una mala persona, que jamás se preocupó de averiguar o preguntarle por sus lesiones y su recuperación, la poca empatía de Guedes con sus dirigidos, etcétera. ¿Qué decirlo le traerá problemas? No creo, porque quien lo quiera contratar no será para tratarlo mal, hacerle la desconocida o tenerlo en la banca. Lo que si es claro es que la voz y esa mascadera de chicle a toda hora, son algo bastante desagradable del señor Pablo Guedes. No nos cae bien. Nunca nos ha caído bien.

Loa a la chispeza de Gary Medel para vestirse

gary-medel-matrimonio-1Impecable. El traje a la medida. El forro níveo de la chaqueta se convierte en solapa. Son dos flechas que bajan del cielo sobre el pecho negro. El borde de los bolsillos del ambo, también blanco, tanto como los botones de las mangas. ¡Qué elegancia, por Dios! Complementada, eso sí, con un chaleco negro con botones blancos, sobre una camisa azabache, sin corbata, ni lazo corbatín, o pajarita. El primer botón de la camisa abierto, relajadamente. Los zapatos, también negros, mitad acharolados. Muy refinado, Garyto, como el que más. Tal era el atuendo para su matrimonio civil. ¡Un traje con chispeza! Pero me cuentan que en ‘Maldita moda’, el programa de Chilevisión que vive criticando a Martín Cárcamo y Rafael Araneda porque “no son jugados”, porque “se mantienen en una zona de confort” con sus atuendos, se escandalizaron con la chaqueta vanguardista de nuestro zaguero central. Se escandalizaron porque Gary se la jugó. ¡No saben lo que dicen! O dicen las cosas para posar de que saben, pero en la realidad no tienen sentido estético. ¡Garyto, compadre, nunca es tarde para decir que tu chispeza en el vestir te hace tan grande fuera de la cancha, de lo que ya eres dentro de ella! Y tu esposa, como la musa que es para ti.

Solo como testimonio el caso de Javiera Blanco

En el caso de Javiera Blanco, la peor funcionaria de todos los gobiernos desde el retorno de la democracia en Chile, pero extrañamente premiada con un cargo de magistrada del Consejo de Defensa del Estado, la presidenta Michelle Bachelet sigue marrando. Envió a cuatro (¡!) ministros al Congreso para sabotear un informe en el que se adjudica la responsabilidad que tiene la entonces mediocre ministra de Justicia, Javiera Blanco, en el caso de los niños muertos en el Sename. Y dijo, después, la presidenta Bachelet, justificando su extraño comportamiento: no se puede hacer del tema de los niños del Sename una caricatura, ni descargar toda la culpa en Javiera Blanco. “¡No politicemos el tema!” Eso dijo. ¿Y qué fue lo que hizo con su declaración? ¿Qué hizo con los cuatro (¡!) ministros haciendo lobby para sabotear al Congreso? ¿Qué hizo restándole importancia a las muertes de niños en el Sename? ¿Qué hizo defendiendo a muerte, y extrañamente, a Javiera Blanco? Lo que hizo fue… ¡politizar el tema! Y con política barata, desechable. Digna del idiota Ernesto Silva. Hizo exactamente lo mismo de lo que quiso acusar a la derecha. Borró la diferencia de “la izquierda” y “la derecha”. ¡La mediocridad de la señora Javiera Blanco no puede ser asunto de Estado, señora presidenta! Qué extraño comportamiento el suyo, doña Michelle Bachelet. ¿Quién es Javiera Blanco para que la señora Bachelet se juegue su prestigio? ¿Quién es Javiera Blanco para que el gobierno haga el loco ‘torciéndole’ el voto a varios congresistas? Tienen que responder esto. ¿Qué sabe Javiera Blanco de Michelle Bachelet, para que ésta la trate con algodones? La vida se encargará de decantar este caso. Creo que hay dos temas: el de 1) la mediocre funcionaria que premió con un puesto en el Consejo de Defensa del Estado, y el de 2) encubrimiento del comportamiento inadecuado, antiético y falaz de su hijo Sebastián Dávalos, cuando siendo alto funcionario de gobierno resultó metido en un negociado; estos dos temas, digo señora presidenta, serán de eterna recordación de su segundo gobierno. Pésimo gobierno. Y no lo digo ahora, cuando está con el sol a las espaldas, sino que lo dije, aquí mismo, cuando la señora Bachelet se lanzó de candidata. Dijimos: será un pésimo gobierno, primero porque segundas partes no son buenas, y segundo porque no tiene nada qué ofrecer a ciencia cierta. Cada cual juzgue lo que ve.

De los nombramientos espurios: Javiera Blanco

javiera-blancoQué cosa extraña ocurre en el fuero interno de las personas. Caras vemos, corazones no conocemos. El bastión moral que creíamos ver en la presidente Michelle Bachelet, ahora se desmorona. Hablamos de un caso que no dudo en considerar aberrante: el de la señora Javiera Blanco (foto). Activista política a la sombra de doña Michelle Bachelet, logró escalar de un día para otro hasta convertirse en su ministra del Trabajo. Ahí fracasó. Y de ‘castigo’, ¡la presidenta la nombró ministra de Justicia! Ahí fracasó de nuevo. Y de ‘castigo’, ¡la presidente Michelle Bachelet la propuso como nueva integrante del Consejo de Defensa del Estado! ¿Qué onda?, como dicen los muchachos.

Todo este proceso de favorecimientos resulta extraño. Muy extraño. ¿Acaso algún secreto inconfesable de la mandataria, maneja Blanco? Porque no es normal que un pésimo funcionario sea premiado con escalones cada vez más altos. ¿Qué gato encerrado hay? O quizás solo sea que Javiera Blanco está emparentada con la dinastía de los Frei, y se cree con derechos por encima del resto de chilenos, y, obviamente, la presidente Michelle Bachelet inclina su cabeza ante esa evidencia. Por lo demás, a la señora Bachelet le importa cinco quedar mal ante los chilenos, porque su prestigio, a esta altura de su gobierno, está bastante maltrecho, y le da lo mismo.

Aristarco me dice que, en realidad, la jugada de la señora Bachelet se debe al miedo profundo que le tienen a la Democracia Cristiana en la Nueva Mayoría. Si la Democracia Cristiana le ordenó a la señora Bachelet que nombrara a Javiera Blanco en el Consejo de Defensa del Estado, tenía que hacerlo. Mismo miedo que antes le tenían en la Concertación. La Democracia Cristiana ha sabido chantajear, con el cuento de que son ‘el partido más grande’, a la izquierda chilena, cuando su origen es claramente del fascismo español, y tiene más afinidad ideológica con la Unión Demócrata Independiente, Udi, que con el Partido Socialista de la presidente Bachelet. Tal vez sea así, le concedo a Aristarco. No es para nada descabellado.

Compartimos en un todo la reflexión del columnista Carlos Peña sobre este aberrante caso de amiguismo entre la presidente Michelle Bachelet y la mediocre funcionaria Javiera Blanco:

“La pregunta entonces que cabe plantear es si acaso la designación de un miembro del equipo político de la Presidenta (que comenzó como vocera de su candidatura, ejerció de ministra del Trabajo y concluyó como ministra de Justicia), entre cuyas abundantes virtudes no se cuentan las propias del jurista, una persona que es de su entera confianza y que posee total convergencia con su propio punto de vista, es la designación más razonable atendida la índole y las funciones públicas del Consejo, o si, en cambio, parece objetivamente una designación partisana, motivada más bien por consideraciones privadas como, por ejemplo, la de retribuir servicios gubernamentales y adhesión política.

“Y la conclusión es obvia para quien no se arroje tierra a los ojos. El simple examen de las circunstancias objetivas lleva a ella: la designación de Javiera Blanco en el Consejo de Defensa del Estado constituye una designación partisana, aparece como una retribución a una lealtad política más que una selección por méritos de esos que la índole del Consejo de Defensa del Estado exige.

“Quien ejerce el cargo de Presidente de la República a veces debe elegir entre dos intereses: los que emanan de la índole de las instituciones y los de quienes le sirvieron de apoyo para alcanzar el poder.

“La Presidenta Bachelet escogió, esta vez, uno de los segundos.

“Al hacerlo, actuó mal”.

‘McOndo: el fantasma abolido’ de Mario Jursich

mario jursich duránEs muy significativo que, 20 años atrás, la publicación de McOndo haya desatado un alud de críticas negativas. La mayoría de comentaristas, sobre todo en Chile, se tomó el prólogo de Alberto Fuguet y Sergio Gómez a la tremenda y en consecuencia lo leyó como si fuera un manifiesto político-cultural, cuando en realidad tenía mucho de ópera bufa y desplante juvenil. Fuguet, Sergio Gómez y los otros 15 autores fueron acusados no solo de ser unos burguesitos frívolos de clase media (o “ni siquiera alta”, como dijo, con mal disimulada irritación, un crítico argentino), sino de estar completamente enajenados por la cultura gringa. Así, de manera cambiante y según la filiación ideológica del comentarista de turno, McOndo era presentado como “una celebración del neoliberalismo que a mediados de los noventa triunfaba en América Latina” o como “un proyecto machista que solo incluía a hombres” o –conclusión final absolutamente previsible– como “un reflejo de esa juventud consumista apenas interesada en encarar nuestros gravísimos problemas”.

Si se trataba de quitarles autoridad, hubiera sido más eficaz contrastar el prólogo del libro con lo que en efecto, no en la fantasía, pasaba en ese entonces en la literatura. El hecho de que un editor de Iowa les hubiera rechazado unos cuentos, alegando que “bien podían haber sido escritos por cualquier autor del Primer Mundo”, era la prueba fehaciente, inequívoca, para los prologuistas de McOndo de que tanto los escritores como las editoriales y el público a este y el otro lado del Atlántico seguían encadenados al grillete del realismo mágico. “No es posible aceptar… que aquí todo el mundo anda con sombrero y vive en árboles”, proclamaban enardecidos. “En McOndo hay McDonald’s, computadores Mac y condominios, amén de hoteles cinco estrellas construidos con dinero lavado y malls gigantescos”, remachaban, como si nadie lo hubiera advertido nunca.

Estos comentarios, evaluados a la distancia de dos décadas, producen una especie de lástima. Fuguet y Gómez simplemente parecían haber leído mal la literatura latinoamericana (o no haberla leído en absoluto). Para empezar, pasaban por alto que el mismo año de publicación de Cien años de soledad, en 1967, ya estaban en librerías La vida breve (1950), de Juan Carlos Onetti; La región más transparente (1958), de Carlos Fuentes, y Rayuela (1963), de Julio Cortázar, tres libros de referencia donde no hay realismo mágico y donde las ciudades son un nítido contrapunto a ese campo y a esa vida rural que en opinión de ellos acaparaban las letras latinoamericanas.

Otro tanto puede decirse de sus quejas respecto a la falta de atención a la cultura popular y a la televisión. “¿Y lo bastardo, lo híbrido?”, preguntaban de manera retórica, convencidos de que no habría respuesta a sus interrogaciones. “Para nosotros, el Chapulín Colorado, Ricky Martin, Selena, Julio Iglesias y las telenovelas (o culebrones) son tan latinoamericanas como el candombe o el vallenato”. Pues bien: 20 años atrás, en 1976, ya Manuel Puig y Luis Rafael Sánchez le habían dado carta de ciudadanía a todo ese universo en El beso de la mujer araña y en La guaracha del Macho Camacho. Visto en perspectiva, el libro de Luis Rafael Sánchez hasta parecía anticipar los ruegos de Fuguet y Gómez por una narrativa donde se viera “nuestro país McOndo sobrepoblado y lleno de contaminación, con autopistas… tv-cable y barriadas”, toda vez que elegía un descomunal atasco de tráfico en San Juan para hacer una gozosa reflexión en torno a la caótica modernidad del Caribe.

Es importante añadir que ya en los años sesenta, mientras la literatura se abría en multitud de direcciones, Carlos Monsiváis y otros autores estaban escribiendo crónicas de enorme aliento sobre ídolos populares o haciendo perspicaces conjeturas sobre la identificación del público con lo que veía en las pantallas de los cines o los televisores. (Una de las principales carencias de McOndo es, justamente, que ignora la multifacética riqueza del periodismo, de la nota cinematográfica o del ensayo en aquellos tiempos inventivos).

A mí me gustaría radicalizar estas críticas: en 1996, a excepción de algunos epígonos sin importancia, ni siquiera el mismo Gabriel García Márquez estaba interesado en el realismo mágico. Sus libros de la época, desde Crónica de una muerte anunciada (1981) hasta Del amor y otros demonios (1994), ya habían dejado atrás el estilo hiperbólico y barroco de Cien años de soledad, sustituyéndolo por una prosa más contenida, donde a menudo refulgían las antiguas enseñanzas de Hemingway. Más aún: en lo que puede considerarse una sabrosa ironía, a mediados de los ochenta García Márquez había publicado su “libro chileno” –Las aventuras de Miguel Littin clandestino en Chile–, en el cual, si se lo hubieran propuesto, Fuguet y Gómez habrían podido encontrar mucho de lo que reclamaban para su propia escritura.

No me resisto, llegado a este punto, a comentar una segunda y acaso más filosa ironía. Con ánimo provocador, los prologuistas de McOndo decían que “si hace unos años la disyuntiva del escritor joven estaba entre tomar el lápiz o la carabina, ahora parece que lo más angustiante para escribir es elegir entre Windows 95 o Macintosh”. Da risa pensar que también en esa encrucijada el “arcángel san Gabriel” se les adelantó por lo menos década y media. Desde 1981, García Márquez se había dejado seducir por el logo de la manzana, siendo tal vez uno de los primeros, si no el primer autor latinoamericano, en cambiar su viejo instrumento de trabajo por un computador. “Jobs le había recomendado directamente el equipo –recordó Roberto González, pocos días después de que muriera el nobel colombiano–. García Márquez usaba todavía su pesada máquina de escribir y él le dijo que tuviera mejor un Mac en cada país. Entonces, yo fui quien se lo mostró a Gabo en una feria. Se compró uno para México, otro para Cartagena y uno más para Barcelona”. Lo dicho: aunque intentaran reducirlo a un cliché, ese García Márquez era más complejo –más inesperado– de lo que cualquiera hubiera podido imaginar.

En realidad, el malestar de Fuguet y Gómez tenía un origen muy preciso. Primero en 1982, y luego en 1989, la literatura de su país natal había producido dos best sellers mayúsculos, La casa de los espíritus, de Isabel Allende, y El viejo que leía novelas de amor, de Luis Sepúlveda. Ambos libros, sin la menor duda, abusaban de los peores tópicos del realismo mágico, pero el hecho de que el público los acogiera no permite inferir que entonces el realismo mágico era la única oferta disponible en el catálogo de las editoriales. En este sentido, Fuguet y Gómez cometían un error clásico, que es confundir la literatura con el mercado. Para decirlo de manera sintética, aunque la literatura obedece parcialmente al mercado, no se agota en el mercado. O, dicho de otra forma, la literatura, que toma cuerpo gracias al mercado, precede y excede al mercado. Todos sabemos que la circunstancia de que un libro se venda poco –o solo alcance un puñado de lectores– no significa nada en cuanto a su calidad e influencia.

No sé si por desconocimiento o por mala fe, Fuguet y Gómez callaban que al lado de La casa de los espíritus estaba Respiración artificial (1980), de Ricardo Piglia, y que flanqueando a El viejo que leía novelas de amor aparecían Glosa (1986), de Juan José Saer, y Cuando me hice monja (1993), de César Aira. Ninguno de esos libros, con caminos narrativos totalmente diferentes a los del realismo mágico, logró ventas extraordinarias, pero desde un comienzo fueron saludados como hitos de la nueva narrativa latinoamericana y rápidamente traducidos al francés y al inglés. Así pues el dictum de Fuguet y Gómez, según el cual la industria editorial “desechaba” a quienes “poseían el estigma de carecer de realismo mágico”, se demostraba palmariamente falso. Al enfilar baterías contra el realismo mágico, Fuguet y Gómez en realidad estaban cayendo en la antigua falacia del hombre de paja, que consiste en caricaturizar unos argumentos (o una situación) en aras de facilitar un ataque crítico. No combatían a García Márquez; en verdad, combatían una imitación falsa y vulnerable de su literatura (el “hombre y la mujer de paja” representados en Isabel Allende y Luis Sepúlveda) a fin de dar la ilusión de llevárselo por delante. Finalmente, es fácil dar la apariencia de triunfo en una discusión intelectual cuando se escogen adversarios débiles.

Yo tengo una teoría de uso casero, ajena al libro propiamente dicho, que tal vez explique las numerosas distorsiones de óptica en McOndo. Es bien sabido que tanto Fuguet como Gómez asistieron a los talleres que José Donoso dictó entre 1985 y 1991 en la capital chilena. De allí, de esos workshops conflictivos y retadores, nació el germen de las dos antologías con que irrumpieron ruidosamente en la vida literaria de su país. Creo adivinar que Donoso les transmitió a Fuguet y Gómez su desaforado resentimiento contra Gabriel García Márquez y, de manera indirecta, contra el realismo mágico, que él interpretaba como la causa de que nunca se le hubiera reconocido como un gran autor. Ese asunto, que puede rastrearse con facilidad en la Historia personal del boom (1978) y en la espeluznante memoria de su hija adoptiva Pilar –Correr el tupido velo (2010)–, me exime de multiplicar detalles en extremo penosos. Baste recordar que El jardín de al lado (1981) ofrece una mirada satírica –y rebosante de esa “enorme y lícita envidia” que le gustaba pregonar a Donoso– a propósito de la relación entre Núria Monclús (Carmen Balcells), la “bruja de las finanzas, la catalana pesetera y avara”, y su “escritor favorito”, “el insolentemente célebre” Marcelo Chiriboga (Gabriel García Márquez). En este sentido, se podría decir que McOndo es la venganza infantil, postrera, por interpuestas personas, del escritor chileno contra el nobel colombiano. Sobra decir que se trata de una venganza inoficiosa, pues la antología no tuvo el menor efecto en la reputación de un autor que no necesita de ningún tipo de valedores. García Márquez –¿lo dudarán Fuguet y Gómez?– sigue siendo un nombre ineludible en la narrativa de lengua española.

*

Por supuesto, todo lo dicho hasta aquí tiene un punto de injusticia. En McOndo participan 17 autores y no parece lícito, o al menos equilibrado, proyectar sobre los cuentos unas opiniones vertidas por los antologistas en el prólogo. Como acá no dispongo de espacio para comentarlos de manera individual, me limitaré a pasar por alto las numerosas inconsistencias del libro (no incluye a ninguna mujer ni a ningún escritor del Caribe; no es propiamente una antología de los escritores que agrupa, sino un volumen de textos pedidos ex profeso; no fue el producto de una investigación a carta cabal sino más bien el junte azaroso de lo que sugerían amigos o conocidos), y lo haré, entre otras razones, porque Fuguet y Gómez reconocen esas debilidades. Mi argumento provisorio para explicar por qué el libro ha envejecido de manera tan vertiginosa es que se trata de una antología de autores interesados sobre todo en la novela, para los cuales el cuento, aunque los hubieran escrito, era una forma secundaria; un, digamos, paso obligatorio antes de encarar lo que de verdad valía la pena. No me extraña que, leídos con 20 años de distancia, sobresalgan los relatos de quienes en el momento de la publicación ya tenían a sus espaldas un pasado como cuentistas: Rodrigo Fresán, Juan Forn, Gustavo Escanlar y sí –todo hay que decirlo–: Alberto Fuguet.

A estas alturas sería necio desconocer que la antología debe su éxito a que tenía un nombre magnífico –fue lo que se dice “un hallazgo afortunado”–. Me temo sin embargo que ese acierto publicitario es en parte la causa de su actual fracaso, el motivo por el cual nadie considera a McOndo un volumen decisivo o cuando menos un importante documento generacional. (Edmundo Paz Soldán, uno de los autores seleccionados, escribió hace un tiempo que era una “malhadada antología”). McOndo reúne a escritores que estaban escribiendo antes de que la editorial Mondadori lanzara el libro, que seguían escribiendo durante su lanzamiento y que siguen haciéndolo hasta la fecha, a menudo –o casi siempre– a contramano de la estética promulgada por Fuguet y Sergio Gómez. Para decirlo en términos publicitarios: perduró la marca, pero caducó la mercancía.

Mario Jursich Durán (foto) (Publicado en Revista Arcadía)

Nota: Los autores incluidos en McOndo son: Andrés Caicedo, Edmundo Paz Soldán, Jorge Franco, Giannina Braschi, Pedro Juan Gutiérrez, Mario Mendoza, Leonardo Valencia, Rodrigo Fresán, Martín Rejtman, Jaime Bayly, Naief Yeyha, Juan Forn, Santiago Gamboa, Rodrigo Soto, Ray Loriga, José Ángel Mañas, Antonio Domínguez, Jordi Soler, Gustavo Escanlar, Martín Casariego Córdoba, Marlon Ocampo y, obviamente, Sergo Gómez y Alberto Fuguet.

Pablo Neruda; Lucía Hiriart; Raquel Argandoña

83821047.jpg_HYCTTabloid_09-23-2011_ALL_1_L433171Q.jpgPablo Neruda. No fue concluyente el análisis de la muerte del Nobel Pablo Neruda (foto), si causada por la bacteria ‘estafilococo dorado’, aparentemente inoculada por agentes de la vergonzosa dictadura del traidor, ladrón y asesino Augusto Pinochet, o por cáncer. El poeta murió el 23 de septiembre de 1973, tras el alevoso golpe militar. El conductor del poeta, Manuel Araya, dijo que no había muerto a causa del cáncer de próstata que padecía, sino asesinado. El Partido Comunista pidió esclarecer el punto, y el cuerpo del poeta fue exhumado en abril del 2013. Terminadas las diligencias judiciales, los restos del poeta estarán hoy en el Salón de Honor del Congreso en Santiago, y mañana la gente podrá velarlo ahí. Se anunció que asistirán Ricardo Lagos Weber, presidente del Senado, Guillermo Teillier, diputado y dirigente comunista, y el sobrino de Neruda, Rodolfo Reyes, entre otras personalidades. El martes será llevado de vuelta a Isla Negra, donde se inhumará definitivamente.

Raquel Argandoña. A más de una persona he oído preguntar qué hace Raquel Argandoña (foto) en raquel argandoñala televisión. Quién se mueve en la sombra para mantenerla ‘vigente’, esta vez en Chilevisión, con la emocionada exaltación de Francisca García-Huidobro. El aporte de esa señora es nulo, me dicen. Su aspecto es desagradable y el recuerdo vigente de haber sido parte de la Brigada Rosa, junto con Patricia Maldonado, en tiempos de la vergonzosa dictadura y del reinado en el mundo farandulero de Álvaro Corbalán. Es una mujer ignorante, suele armar escándalos y trata mal a los periodistas. En Canal 13 estuvo unos meses y no hizo nada sino cobrar un jugoso sueldo, pero pronto descubrieron que no servía para nada y la echaron. En Tvn, donde al parecer recalan todos los de aquella época, menospreciaba a todo el mundo. Y ahora está en Chilevisión…

Lucía Hiriart. Creada por doña Graciela Letelier Velasco, la esposa del entonces presidente Carlos Ibáñez del Campo, SANTO DOMINGO: Natalicio de Augusto Pinochet‘Cema Chile’ debía ayudar a las mujeres pobres mediante organizaciones de solidaridad. Pero en la vergonzosa dictadura que tuvo Chile entre 1973 y 1990, la esposa del tirano, Lucía Hiriart (foto), se declaró su presidenta vitalicia y las propiedades de la institución pasaron a ser su propiedad privada. Hoy, se reabrió una causa judicial que busca precisar malversación de caudales públicos, porque hubo ventas de bienes de Cema Chile cuyo fruto de las transacciones tuvo un destino privado, traicionando el sentido social original de la institución. El juez ordenó “que se identifican como recientes y que son indiciarios en demostrar la existencia de ventas de bienes de propiedad de la fundación Cema-Chile a terceros en diversas localidades del país; la inexistencia de registro del ingreso de esos dineros a la citada persona jurídica; la necesidad de contar con un registro total de esos mismos inmuebles, los que previamente le fueron donados por reparticiones públicas, tales como el Ministerio de Bienes Nacionales, el Servicio de Vivienda y Urbanismo y también por Municipalidades”.

‘The switch’ y ‘Espías del amor’ en tv chilena

Fernanda Brown-Roberto CortésThe Switch. Hay en este momento en la televisión chilena dos programas livianos, entretenidos, que llevan subyacente un mensaje importante. Uno de ellos es ‘The switch’ (‘El arte del transformismo’), en el canal Mega. Se trata de encontrar al transformista integral: el hombre que no solo se vista de mujer, y lo parezca, sino que además cuente con otras virtudes, como poder actuar un drama o una comedia, y saber cantar.

Al principio era más o menos un griterío de ‘locas’, que con el paso del tiempo y la insistencia de los profesores están entrando en razón, de que no se trata de ‘ponerse unas faldas’ sino de considerar el transformismo como un arte. Y una profesión.

La procedencia de los concursantes es diversa. Uno de ellos era obrero de la construcción, otro esposo y padre, otro actor de teatro, etcétera. En varios casos, realmente han logrado un nivel de aceptación importante como ‘mujeres’. Porque todos quieren ser lo más fielmente ‘una mujer’. Jamás lo serán, obviamente, como admite uno de ellos, Roberto Cortés (foto), que caracteriza a ‘Fernanda Brown’ de su creación.

Cuenta Roberto Cortés que no fue que un día amaneció pensando en ser gay. Porque antes que transformistas son gay, homosexuales. Eso no ocurrió así, sino que desde niño sintió que ‘era distinto’ a sus compañeritos de colegio. En lugar de patear un balón de fútbol prefería hablar con otro amiguito, o soñar con muñecas jugando al papá y la mamá.

Lo mismo narra Marcelo Ramírez, ‘Luna di Mauri’, que inclusive estuvo casado y tuvo una hija. Pero no se casó convencido, sino por no defraudar a su familia y al vecindario. Al final, había una olla a presión en su pecho, y a la primera que le habló de sus inclinaciones reales fue a su esposa. Un trauma, pero ella terminó por comprender, y hoy mantienen una relación sana de amistad.

El mensaje que subyace en el programa de Mega es poner de presente un mundo oculto, compuesto por hombres que tienen alma se mujeres. Ya sabemos de casos de acoso a los homosexuales, inclusive de asesinatos perpetrados por homofóbicos desorbitados. Pero en tanto la condición sexual de los participantes, homosexuales que no escogieron serlo sino que llegaron al mundo siéndolo, y fueron los primeros en sorprenderse de poseer una sensibilidad distinta a la de los de su género, el programa la respeta y, de hecho, la promueve desde el punto de vista artístico.

Espías del amor. El otro programa dedicado a un mundo en apariencia espías del amorraro, es el de ‘Espías del amor’ (logo), del canal Chilevisión, una franquicia que cuenta historias de personas que han trabado amistad, y luego se han enamorado, a través de internet. En la totalidad de los casos, esas personas que dicen sentir emociones de amor por quien está al otro lado de la línea, sentados ambos frente a un computador, no se conocen. Y en la mayoría de los casos no se han hablado sino por teléfono, ni ante la propia cámara del computador. Lo que el programa hace es develar quién está al otro lado.

Son contados los casos en que las personas dicen la verdad. Una de ellas apela a fotos falsas, y si se hablan por teléfono celular, por ejemplo, aplican distorsionadores de voz. En el engaño para ‘enganchar’ al otro, se llega inclusive al cambio de sexo. Curiosamente, son mujeres que simulan ser hombres; lo hacen con dos propósitos, hasta ahora vistos. Uno, porque hay, ciertamente, una inclinación sexual latente, y otro, para sonsacar dinero. Hay también casos de personas que usan información real, hombre y mujer, que llegan a conocerse gracias al programa, y terminan gustándose.

El mensaje que subyace es el de los nuevos tiempos, un mundo con una capacidad de interrelaciones virtuales, rápidas y azarosas, por millones. Desde la comodidad del living o la alcoba, una persona se comunica con otra que está en otra ciudad o en otro país, y llegan a trabar amistad y enamoramiento.

Cuando es real, ¡bendito sea internet! Pero cuando es una estafa, una mofa, una suplantación maliciosa, ¡internet es una amenaza!

El éxito de los dos programas es que ponen al descubierto la realidad que subyace en la cotidianidad de nuestras ciudades y nuestros países. Personas que hacen cosas, alejadas del ojo censurador de un pariente o amigo que les llame la atención. En el caso del transformismo, el asunto es más profundo, más humano, porque se trata de la esencia de las personas y de la profesionalización de un oficio. En el de internet amoroso, es un juego que puede terminar con una lluvia de pétalos de flores, lanzados por un gozoso Cupido, o con una cara larga o de pocos amigos, producto de un engaño que puede llegar a ser mayor.