Archivo de la categoría: Dictadura

‘Gente mala’ de Juan Cristóbal Guarello

GuareloDecidí comprar la novela de Juan Cristóbal Guarello titulada ‘Gente mala’ (ilustración) porque él, como comentarista deportivo, me simpatiza. Es ecuánime y dice pan al pan y vino al vino. También por curiosidad. Sin recelo. Y cuando comienzo a leer “-Mira. El Willy levantó el suplemento Temas de Hombre de La Tercera. Varelita apenas le puso atención y mantuvo su vista en la calle vacía”, quise seguir leyendo.

La contratapa tiene dos opiniones de la novela: 1) “Lanza al lector al pozo sin fondo de un Chile que no quiere mirar”, Revista Qué Pasa, y 2) “Queda la impresión de que fue escrita con rabia, con una ira que el autor a duras penas podía contener mientras escribía, y que no puede menos que transparentarse en su corrosivo sarcasmo”, Revista de Libros, El Mercurio.

Parece que me quedo con la primera afirmación, porque de rabia no vi nada en las 216 páginas de esta segunda edición del libro, publicado por Ediciones B, del Grupo Zeta. Al contrario, la narración es medida, contenida, exacta. No imaginé que un comentarista deportivo tuviera tal maestría para narrar un episodio que resulta icónico del período de la dictadura del traidor, ladrón y asesino Augusto Pinochet.

Guarello mantiene un ritmo endemoniado en los eventos, mediante el empleo de capítulos breves, de dos, tres o cuatro páginas solamente, pero en cuanto a la elaboración del texto se nota que está pausadamente trabajado. Acude al habla popular chilena, que es tan gráfica, y a metáforas sencillas. Por eso, el texto es simplemente escueto, legible para cualquiera, y la historia es identificable también.

Se trata de un operativo que llevan a cabo militares de civil, y se convierte en el pretexto para aludir a una época, sin mencionarla, y mostrar la bajeza del poder, sin juzgarlo, y llevar a cabo la historia con la velocidad de un thriller a causa de un error que cometen los protagonistas.

Es, en mucho, un buen guion para una película. La novela de Juan Cristóbal Guarello guarello(foto) es una película en cuanto se lee.

Quedo satisfecho con mi decisión de comprar la primera novela que escribe este comentarista deportivo. Sus recursos narrativos (metáforas, diálogos, elipsis, etcétera) son de una enorme eficacia, sin adornar para nada el lenguaje, que se mantiene llano, visual, eficaz.

Diría que esta primera incursión literaria de Guarello resultó exitosa. Se inscribe en el género de la llamada ‘novela negra’. Y en cuanto al lenguaje, diría que encaja con la escuela literaria del ‘realismo sucio’, amigado con Raymond Carver y Charles Bukowski.

Para graficar lo dicho, la siguiente escena:

“-Uno más y terminamos, Negro -anunció el coronel.

El capitán agarró de los bordes el último saco. Era, quizás, el más pesado de todos. Con mucho esfuerzo lo empujó hacia el vacío.

Alzamora quedó mirando el abismo mientras caía. Le temblaban las manos y tuvo ganas de llorar. No se dio cuenta cuando sus pies también estuvieron en el aire. Ahora su cuerpo era liviano y sintió que estaba libre de todo pecado y culpa, que el niño lo había perdonado. Luego vino el olor penetrante de la sal y el ruido y la oscuridad de las olas. Vio a su mujer y a sus hijos antes de estrellar su cara contra el mar.

Salas tiró la colilla al vacío y cerró la puerta corrediza.

-Vámonos -dijo a los pilotos.

El Puma giró hacia el este y se perdió en la noche”.

Y de la manera como resuelve esta escena, está plagada la historia que narra. Quedo a la espera de su segunda novela, independientemente de la temática.

 

Anuncios

Cuentistas judíos

cuentos judiosJudíos. Son 32 cuentos de diferente extensión, en los que lo religioso no es, en su conjunto, el asunto primordial. En todos, sin embargo, está presente lo que Ilán Stavans, el antologista, profesor de la Universidad de Columbia, menciona de la siguiente manera: “Este volumen (ilustración) incluye muchas gemas, muchas obras maestras. Es evidente de la terca necesidad de los judíos de sabernos diferentes. De recordar quiénes somos, de dónde venimos y adónde vamos. Y mientras lo hacemos, nos divertimos inventando artificios intelectuales como el Marxismo, el Psicoanálisis y la literatura”. Y dibujado el espíritu que subyace en los cuentos reunidos, Stavans añade: “Estas páginas, me atrevo a pensar, están redactadas por muchas plumas pero escritas por una sola mano unificadora: la de un Dios que se divierte cuestionando a sus criaturas”.

Los autores de los ricos textos, varios subyugantes, en verdad, son judíos de Polonia, Rumania, Guatemala, Yugoslavia, Perú, Israel, Argentina, Alemania, Italia, México, Rusia, República Checa, Canadá, Estados Unidos y Brasil. Autores, algunos de los cuales de renombre, como Saúl Bellow (Premio Nobel de Literatura en 1976), Amos Oz (Premio Princesa de Asturias en 2007), Franz Kafka, Isaac Babel y Alcina Lubitch Domecq, entre otros. La publicación es de la mexicana Editorial Porrúa, de 447 páginas, dedicada por el recopilador a Bela Stavchansky.

AÑADIDO el 7 de abril: Este libro es ideal para quienes gustan del género cuento en la Literatura. Lo digo por el volumen de textos: treinta y dos. Y además me parece que pone de manifiesto el hecho de que la disposición clásica de asunto, desarrollo y desenlace, en cuatro o cinco páginas, o diez quizás, no es tan rígida. Hay cuentos de dos y cinco páginas, pero también de más de 20 y de 30 páginas, y siguen siendo cuentos. Y están construidos de tal manera que el típico “final sorpresivo” no es inevitable. No quiero decir con esto que no haya rigor, que no haya cuidado de los tiempos, de los personajes y del tema central. Pero el final no es tan épico como se suele afirmar que debe ser el final de un cuento, pese a que en estos cuentos el final no pierde efectividad. Por eso, casi llega uno a la conclusión, no solo por este volumen sino por tantos cuentos recientes, que sería mejor hablar de ‘textos’. De literatura. Así no más.

Los criminales ‘aristócratas’ de Punta Peuco

peucoEn esta cárcel fueron confinados los militares y agentes del Estado responsables de violaciones de derechos humanos durante la dictadura del traidor, ladrón y asesino Augusto Pinochet. Su denominación oficial es ‘Centro de detención preventiva y cumplimiento penitenciario especial Punta Peuco’.
Lo creó Eduardo Frei Ruiz-Tagle. El decreto que debía firmar el entonces ministro de Obras Públicas, Ricardo Lagos Escobar, lo firmó en realidad Soledad Alvear, ministra de Justicia. Lagos Escobar no firmó porque se opuso a esa decisión, y renunció al ministerio. Sin embargo, el presidente Frei no le aceptó la renuncia.
Pero si Lagos Escobar se opuso a un régimen especial para los delincuentes violadores de los derechos humanos durante la dictadura, en el 2004, siendo presidente, creó el ‘Centro de cumplimiento penitenciario Cordillera’. Algunos delincuentes (asesinos, torturadores, etcétera) fueron llevados allá “para descongestionar Punta Peuco”.

En septiembre del 2013, la cárcel Cordillera, que funcionaba con el eufemismo de “centro de cumplimiento penitenciario”, la cerró el entonces presidente Sebastián Piñera, y devolvió a los criminales a Punta Peuco, otra prisión con la denominación eufemística de “centro de detención preventiva y cumplimiento penitenciario especial”.

Muchas veces se ha denunciado que en Punta Peuco los presos viven unas vacaciones permanentes: no tienen celdas sino departamentos, comen de menú, y se movilizan dentro de su perímetro a libertad. Punta Peuco es un hotel, prácticamente. Pero ¿acaso no son presos? ¿Acaso no son criminales? ¿Acaso no cometieron delitos y, por ende, son delincuentes?

¿Por qué ese trato especial con quienes torturaron, mataron, masacraron y desaparecieron detenidos opositores a la dictadura?

Los delincuentes son delincuentes. Punto. Así se vistan de traje inglés y perfumen con clavel en la solapa, o lleven en su antebrazo carteras de marca. Los criminales son criminales, así lloren y mientan y nieguen los hechos.

Porque estos hombres no son “abuelitos enfermitos”, como algunos pretenden hacerlos ver, con quienes hay que tener toda consideración.

No. Son torturadores, criminales, delincuentes que se pusieron viejos, solamente.

Que merecen el castigo que tienen, y merecen cumplirlo en una cárcel normal, como todos los demás ciudadanos que delinquen.

No es posible que, a estas alturas de la vida, Chile tenga criminales y delincuentes de primera clase, de segunda clase y de tercera clase.

Todos los delincuentes y los criminales deben estar en la misma cárcel, bajo el mismo régimen alimenticio, de visitas, de descanso y disciplinario. ¡No más criminales y delincuentes privilegiados! Aristocráticos.

Codelco; Blanco; Sofofa; Transantiago; Monga

javiera blanco1- Escuchando al señor Óscar Landerretche, presidente del directorio de Codelco, hablando sobre la compañía, parece que todo allí es perfecto. No hay contratos truchos, ni hechos a familiares; no hay bonos de 500 millones de pesos que puedan considerados exagerados, todo es transparente, y los cargos se llenan por méritos. Como quien dice, la Contraloría General está desvariando cuando dice que en Codelco faltarían US$ 4.500 millones (¡!), que no aparecen en las Memorias de la minera. También dijo el señor Óscar Landerretche que, justamente por ser tan probo, él y su directorio, fue víctima de un atentado contra su vida, con una carta-bomba. Todo eso está bien, pero: ¿dónde está el dinero que falta?, y acaso ¿le parece ético un bono de 500 millones de pesos, así sea “legal” y acorde con “las políticas” de la empresa, para que lo gaste la empresa de los chilenos en una sola persona? Hay una línea divisoria entre la verdad y el cinismo.

2- No nos extraña que la señora Javiera Blanco (foto), una de las peores funcionarias que ha tenido Chile en toda su historia, que fue de fracaso en fracaso donde quiera que la puso la presidenta Michelle Bachelet, y cada fracaso la presidenta lo premió, promocionándola a cargos cada vez más altos, hasta que instaló su mediocridad en el Consejo de Defensa del Estado (¡!); no nos extraña, pues, que ahora esté metida en un caso de sobresueldos, como lo informa El Mostrador, en planillas al parecer incautadas en Carabineros.

3- La alcaldía de Santiago está aplicando la misma lógica que aplicó el presidente Nicolás Maduro contra su opositor Leopoldo López: Maduro responsabilizó a López por los muertos, heridos y daños durante una manifestación suya. Esta alcaldía está responsabilizando a los directivos del ‘centro de alumnos’ por los destrozos ocasionados en el Liceo Teresa Prats durante una toma estudiantil. Y no solo culpa a los alumnos directivos, sino a los padres de estos. No estoy seguro de esa lógica.

4- Vi al señor Bernardo Larraín Matte, de la dinastía Matte (la misma de la colusión del papel higiénico y beneficiaria de subsidios durante la dictadura del traidor, ladrón y asesino Augusto Pinochet, para montar su imperio forestal), hablar como nuevo presidente de Sofofa (Sociedad de Fomento Fabril). Todo lo que dijo del país se resume en la palabra ‘crecimiento’. Pero no habló de cómo la Sofofa va a impulsar ese crecimiento del país. Dijo que “los empresarios están ávidos de hacer inversiones”, y ¿por qué no las hacen? Dijo que “los empresarios lamentan que se creen trabajos por cuenta propia” porque son de mala calidad, y ¿por qué no crean empleos de buena calidad? Dijo que se necesitaba más dinamismo productivo, y ¿por qué no lo realizan, no lo demuestran? Nos pareció que habló pompas de jabón. Repitió las mismas tontas afirmaciones de “los empresarios” haciendo una pretendida “oposición al gobierno”. No dijo nada. Bla, bla, bla.

5- Está bien que el gobierno se preocupe por la evasión en el pago de los pasajes de Transantiago. Y está bien que el gobierno subsidie parcialmente el transporte público que prestan los privados. Pero no está bien que subsidie a los grandes empresarios y sobre todo a los bancos, que son quienes manejan el Transantiago, y no a los usuarios. El gobierno anda preocupado porque los empresarios recauden los pasajes, pero no que los usuarios tengan un transporte más oportuno, cumplidor de los horarios, menos costoso y con rutas más extensas. Parece que lo que compete al usuario, al gobierno no le importa tanto, como la parte del recaudo y el subsidio para los bancos y las grandes empresas.

 

Impuestos; municipios; Ezzati; Edwards

Cuatro breves comentarios sobre las desgracias que tenemos que vivir en el actual sistema de cosas. Todas, referidas al mundo al revés en el que estamos.

SII. La primera tiene que ver con el extraño, sospechoso modo de actuar del Servicio de SIIImpuestos Internos (SII). Un organismo autónomo que va al garete. Investiga delitos tributarios cuando se le da la gana, y no lo hace cuando no se le da la gana. Se querella contra Juan Pueblo de Curicó por una falta de 13 millones de pesos, pero deja de querellarse contra los señorones (y señoronas) que falsifican boletas por 300 millones de pesos. Un servicio de impuestos que aplaza las investigaciones hasta que prescriben, para favorecer a personas cercanas al poder, como el señor Carlos Ominami. Perdona a los poderosos, y se ensaña contra los desposeídos o quienes tienen menos fortuna.

Municipios. Parece increíble que un boliche de Talca pague más impuestos que una municipiosmultitienda de Cencosud. Pero es verdad. Hay que creerlo. Porque en este mundo al revés que nos quieren hacer pasar por ‘el mundo feliz’, ocurren desfachateces como esta. Resulta que los parlamentarios, que legislan en favor de los poderosos, dispusieron en una ley que las grandes firmas comerciales solo paguen un impuesto: donde está la casa matriz. De este modo, el boliche de Talca paga 60.000 (sesenta mil) pesos de impuesto al municipio, por poner un caso, y Cencosud solo 3.000 (tres mil) pesos. Es obvio que las grandes firmas tienen que pagar impuesto en cada municipio donde se instala. Es obvio. Y pagar el impuesto proporcional a su tamaño. Porque los municipios están urgidos de recursos, por eso también tienen que pagar los centros deportivos, las iglesias, los centros educativos… Es decir, todos los establecimientos que generen lucro.

Asesinos. No contento con encubrir a los pederastas, ahora sale el cura Ricardo Ezzati a obispo-ezzatidefender a los asesinos, a los torturadores y responsables de muchas muertes de gente inocente, que están recluidos en Punta Peuco. Alega el defensor de pederastas que “hay que dejar libres a los ancianitos”. No, no son ancianitos, son asesinos y torturadores, gente mala, que envejeció. No son viejitos, no, son asesinos y torturadores que envejecieron, que es distinto. Y no satisfecho con encubrir los delitos sexuales de sus subordinados, como los delitos del pederasta Fernando Karadima, el cura Ezzati no encontró una mejor causa, que la más alejada de las enseñadas por Jesucristo.

Murió. El señor Agustín Edwards murió. Lo hizo tarde, a los 89 años. Y lo hizo edwardsimpunemente. Como su socio, el traidor, ladrón y asesino Augusto Pinochet, murió longevo e impunemente. Ninguno pagó sus crímenes. Murieron, como quiere el cura Ezatti para los criminales de Punta Peuco, en sus casas, gozando de los cuidados que ellos no otorgaron a sus víctimas. Cuando se afirma que el señor Agustín Edwards fue una mala persona, es porque los archivos de la central de inteligencia de los Estados Unidos, CIA, así lo certifican. Fue instigador del alevoso golpe militar contra la democracia, que dejó un reguero de muertos y otro tanto de gente afectada psicológicamente. Actuó contra la democracia, contra un presidente elegido democráticamente. Gústenos o no nos guste ese presidente, como no nos gustó que un día ganara Sebastián Piñera, ese presidente había sido elegido por la gente, en unas elecciones impolutas. Murió, impunemente, Agustín Edwards.

 

Partidos minoritarios; milicos; codicia

logosRefichaje de minorías. Resulta increíble la abrumadora minoría que son los partidos políticos en Chile. Su militancia suma, apenas, 158.228 almas, de acuerdo con el reporte del Servicio Electoral, Servel. La cifra fue posible conocerla, por la obligación de los partidos de ‘refichar’ sus inscripciones, o ‘recontar’ sus militantes. En un país de ¿dieciocho millones de habitantes? (no lo sabemos, porque el censo del presidente Sebastián Piñera fue un fiasco imperdonable), que once (11) partidos reporten una militancia de apenas 158.228, ¿no es, más o menos, ridículo para una democracia? Son partidos por completo débiles. Endebles. Casi inexistentes. Ninguno puede mirar por encima del hombro a otro, como lo hace la Democracia Cristiana con sus socios de la Nueva Mayoría, o como lo hace la Unión Demócrata Independiente con su socio Renovación Nacional. Todos, sumados son, vergonzosamente, el 0,88% de la población. De acuerdo con Servel, los registros de sus militantes son los siguientes:

Partido Socialista 26.017 fichados

Partido Progresista 19.517

Evolución Política 19.337

Democracia Cristiana 15.093 (1.403 por revisarse)

Partido Regionalista Independiente 17.558

Unión Patriótica 15.927

Partido Comunista 11.919 (4.633 por revisarse)

Renovación Nacional 9.780

Unión Demócrata Independiente 8.425 (1.511 por revisarse)

Partido Por la Democracia 7.460 (2.226 por revisarse)

Partido Radical Socialdemócrata 7.195

Los milicos. Una vez más, las fuerzas armadas (militares, armada, aviación y policía) viven LOGO FFAAen otro mundo. No solo porque tienen un poco distorsionada su misión nacional, sino porque la justicia para ellos corre de otra manera. Hoy día, en medio de los escándalos por robos al erario que surgen aquí y allá, resulta que los delitos de los militares (digámoslo así, en forma genérica, ‘los milicos’) prescriben con otros tiempos. Se supo, a raíz del robo de varios miles de millones de pesos en Carabineros, que cuando el país creía que, individualizando a esos delincuentes que actuaban camuflados con el uniforme policial, deteniéndolos y poniéndolos a órdenes de la justicia, habría sanción ejemplar. Pero no. Resulta que, para todo el mundo en Chile, los delitos económicos prescriben en 4 años, pero para los militares en 6 meses. ¡Seis meses! Roban en enero y, si no los pillan, en agosto ya no pueden acusarlos de robo. Así es la cosa. Acaso ¿todavía vivimos bajo la égida de los milicos? O esto es una democracia, también para aplicar la justicia. ¡Qué vergüenza estas gabelas para quienes delinquen con un uniforme de las fuerzas armadas puesto!

Codicia. Ridículamente sobreabundante ha sido el cubrimiento periodístico de la codicia3extradición desde Rumania, y la llegada a Santiago, del delincuente Rafael Garay. Sí, estafó (pero judicialmente falta que se lo prueben) más de 2.000 millones de pesos, pero no ha sido tratado como un delincuente, sino como un rock star. ¡Todos los canales ‘abrieron transmisión’, ininterrumpida, para informar de la llegada y traslado ante la justicia del delincuente! Para semejante acontecimiento, basta con un informe de 5 minutos (y es mucho), cada cierto tiempo.

Pero, además, vale anotar que, de alguna manera, lo están juzgando por la misma motivación que tuvieron sus víctimas. Me explico: sí, estafó. Lo hizo motivado por la codicia. Pero también por codicia fueron timadas sus víctimas. Él les prometió un cerro de plata en corto tiempo, y los codiciosos acudieron como abejas a la miel. Sí, son víctimas, pero subyace en ellos una intencionalidad torcida: la codicia. Su deseo, su apetito ansioso y excesivo por tener dinero fácil los llevó a entregarle al delincuente, codicioso como ellos, altas sumas de dinero que, tontamente, creyeron que el delincuente les iba a duplicar, a triplicar, a cuadruplicar, en cuestión de semanas. Y tuvieron su merecido.

‘El hombre que amaba a los perros’ de Padura

leonardo-padura‘El hombre que amaba a los perros’ es una novela del cubano Leonardo Padura (foto), que narra las vidas que colisionaron el 21 de agosto de 1940: la del ucraniano León Trotski y la del catalán Ramón Mercader, quien astilló el cráneo del bolchevique con un piolet, que descargó con furia a nombre de un socialismo inspirado por José Stalin, amo todopoderoso de la entonces Unión Soviética.

Me regresó a la segunda mitad de los setenta, cuando buscábamos en los predios de la Universidad Nacional de Palmira, en cuerpo y alma, la Utopía de un mundo en el cual el bienestar social debería ser la razón de ser de las naciones. Recuerdo las horas que fatigamos sobre textos de marxismo, creando en nosotros la pretendida superestructura de lo que sería una Colombia sin dolor.

Reviví en la lejanía del recuerdo la distancia que creábamos con los trotskistas, influenciados también nosotros, como Ramón Mercader, por las mentiras del stalinismo y sus animadores, que seguían vivas después de 30 años del alevoso crimen de León Trotski. Nos enredábamos con las denominaciones marxista, trotskista, moirista, leninista, comunistas, etcétera. Todos teníamos el mismo sueño, pero éramos distintos bajo el Estatuto de Seguridad.

Algunos sabíamos que Stalin era un tipo notoriamente corto de inteligencia, pero marrullero y abundante en trapisondas, componendas, traiciones y ejercicio brutal del poder, al punto de barrer de la faz de la tierra a miles de los bolcheviques que coronaron la toma del poder guiados por Trotski y Lenin. Los mató a todos. Los mandó a matar, o hizo que fueran condenados por una justicia de bolsillo a penas de muerte, en juicios prefabricados, ridículos y terroríficos al mismo tiempo, y se guardó su envidia y encono mayores para el brillantísimo León Trotski, a quien degradó, sacó del Partido, expulsó de la Unión Soviética y le quitó la ciudadanía, para después arreglárselas a fin de que no le dieran asilo en ninguna parte de Europa. Finalmente, México le abrió las puertas, de la vida y de la muerte, al exiliado León Trotski.

Varios años de adiestramiento tuvo el catalán Ramón Mercader, fanático del socialismo soviético de Stalin, y el 21 de agosto de 1940 rompió el cráneo, con un pico de escalador, del lúcido creador del Ejército Rojo, para entonces guarecido en una casa de Coyoacán, en Ciudad de México.

Ese día colisionaron los destinos del ucraniano y el catalán: el primero, incólume hasta hoy en la dimensión de su obra, práctica y textual, y el segundo convertido en un cascarón de olvido humano, quien, poco a poco, descubre que fue usado sin pudores por el mediocre secretario general del Partido, José Stalin, y que su acto criminal no tenía nada qué ver con el socialismo, ni con el hombre nuevo o con el nuevo orden social sobre el planeta.

Leonardo Padura logra elaborar la novela con belleza en el lenguaje, sin adjetivaciones, con suspenso en la narración y rigor histórico en la vida de los protagonistas, que van emergiendo, de cuerpo entero, a lo largo de las 765 páginas (Tusquets editores, colección Maxi, 2011) y que esta reseña no logra: León Trotski, Ramón Mercader, José Stalin, David Alfaro Siqueiros, Diego Rivera, Frida Kalo, Natalia Sedova, Caridad del Río, Sylvia Angeloff, André Breton, Nahum Eitingon, Cuba, Jaime López, Iván Cárdenas Maturell, y quien termina la narración desde La Habana: Daniel Fonseca Ledesma.

El poeta Elkin Restrepo acotó que es “una gran novela y, entre otros, detrás de la historia del asesino de Trotsky, el manual de como ejercer el poder absoluto y acabar con el opositor y la oposición. El mismo de ayer y hoy”.

Más que apasionante, es una obra de suspenso tallada sobre el material de la historia, que resulta reveladora en cada página sobre lo que ocurrió con uno de los grandes hombres de la Utopía humana que se frustró, y sobre las verdaderas complicidades que le permitieron a Adolf Hitler y Francisco Franco elevarse arteramente a sitiales de usurpación.

Es una novela apasionada y apasionante. Leánla. Los colmará.