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El terrorista Jovino Novoa de la Udi

jovino novoaQué mala imagen de Chile proyecta el señor Jovino Novoa (foto). Él fue un alto funcionario del dictador Augusto Pinochet, y fundador del partido ultra derechista Unión Demócrata Independiente (Udi), que todavía, en democracia, ocupa puestos de dirigencia. Él considera todo lo que no esté alienado con las dictaduras y el fascismo, como una amenaza “izquierdizante”.

En estos días está empeñado en hacerle mala imagen a Chile, diciendo que el actual gobierno de Michelle Bachelet quiere ahuyentar la inversión extranjera, y quiere empobrecer a los ricachones que él representa.

Qué mala imagen proyecta este ex congresista de Chile, asociándolo con Venezuela, Argentina, Bolivia y Ecuador, como si fueran comparables los cinco países. Eso es mala fe.

Un daño profundo causa en la mente de los chilenos, también, llenándolos de miedo. Insinuando que puede haber otro criminal como Augusto Pinochet si se sigue con ideas “izquierdizantes”.

Este tipo de actitudes son propias de radicales políticos, que suelen estar por fuera de la realidad, como Adolfo Hitler, o criminales contra el Estado como Pablo Emilio Escobar Gaviria. No son actitudes de un demócrata.

El señor Jovino Novoa quiere que los chilenos vivamos con terror.

Toda su actitud, agria y refractaria con su país, porque el gobierno puso a consideración del Congreso una reforma tributaria, en la que los pocos que ganan 250 veces más que los trabajadores (*), y cuentan con ejércitos de abogados para crear y emplear decenas de artilugios legales para no pagar impuestos, o eludirlos o evadirlos, paguen, por fin, tributos al país.

Está furioso por eso. Porque se quiere cerrar la brecha de la vergonzosa desigualdad actual en Chile, que es algo exótico en estos tiempos, y sobre todo en un país que se precia de pertenecer a la Ocde y ser impoluto en el vecindario de los gobiernos de mala calidad, “izquierdistas”.

Él quisiera que aún tuviéramos el mundo enfermo y violento de su protector, el dictador impune Augusto Pinochet.

Está furioso porque quienes lo han financiado en sus campañas electorales, es decir, los ricachones (sus patrones) le han expresado su inconformidad por tener que retribuirle al país unos pocos pesos, de los miles de millones que se echan al bolsillo y sacan del país para no pagar impuestos.

Cómo puede alguien preciarse de ser “un político” cuando odia a su país. Cuando considera que los connacionales son personas de segunda clase. Gente que no merece vivir dignamente, sino sometida al terror y con ingresos de miseria.

Lo que hace el señor Jovino Novoa es defender a los que sacan su dinero a paraísos fiscales, como el ex candidato presidencial Lawrence Golborne; defender a los empresarios que no pagan impuestos, o que los eluden, o que los evaden; empresarios que recibieron en la dictadura bancos y empresas y miles de hectáreas a precios irrisorios y con créditos a plazos infinitos y tasa de interés ridículamente bajas, casi inexistentes.

A estas personas defiende el señor Jovino Novoa.

Y para ello, que él considera una noble labor, crea un clima de terror en el país, considerando a todo el que no se parece a su padrino el dictador impune Augusto Pinochet un “izquierdista peligroso”, y diciéndoles a los inversionistas extranjeros que no vengan a Chile.

Es decir, más parece un apátrida, que un demócrata.

Personas con la mentalidad como la del señor Jovino Novoa son las que hacen desigual el país, crean ciudadanos de segunda categoría, siembran el terror, disocian para reinar, confunden los propósitos de bienestar social con unas amenazas a los capitales de sus patrones. Capitales que, muchos de ellos, han sido dudosamente habidos o hechos merced a los beneficios del impune dictador Augusto Pinochet.

Si Chile quiere crecer, en lo económico y lo ciudadano, si quiere como país tener sana su mente, debe aislar a personas como el señor Jovino Novoa, que son un cáncer destructivo del tejido social.

El señor Novoa no hace oposición, hace terrorismo, amparado en un partido que apoyó una dictadura sanguinaria, y cobijó con la impunidad al despreciable dictador.

(*) “250 veces” no es una expresión caprichosa y efectista, sino un dato cierto de analistas imparciales chilenos. Quiere decir que mientras un empleado gana el mínimo, $210.000 al mes, un empresario de los que defiende el señor Jovino Novoa, gana $52.500.000 mensuales.

‘García Márquez y la política’ de Carlos Peña

carlos peñaLa muerte de García Márquez –cultivó con esmero los vínculos hacia el régimen cubano, sin nunca emplear su imaginación esplendorosa para tejer una crítica– permite plantear una pregunta: ¿Pesa sobre los escritores alguna especial responsabilidad política? ¿Puede reprochárseles sus tomas de posición?

Por supuesto, no hay nada raro en que un escritor posea y ejercite una firme y clara posición política. André Malraux fue ministro de De Gaulle; Valclav Havel presidió la República Checa; Mario Vargas Llosa impulsó el Movimiento Libertad y fue candidato presidencial; Jorge Edwards participó activamente contra la dictadura de Pinochet, y así.

No, no hay nada raro en que un escritor de ficciones y de ensayos sea políticamente activo. Lo raro –es el caso de García Márquez– es que se transforme en defensor de una dictadura que anega todos los derechos de los que él gozaba como escritor.

En esa rareza García Márquez no está solo. Sartre, el más conspicuo de todos, echó mano a sus tesoros de inteligencia e imaginación dialéctica para defender a Stalin; Neruda le cantó loas; Drieu La Rochelle se declaró fascista y apoyó el gobierno de Petain; Pound fue admirador de Mussolini.

Hay, hasta cierto punto, una inconsistencia en esos escritores, de derecha y de izquierda, que ejercitan las libertades para dar rienda suelta a su imaginación y a su talento, exorcizar sus fantasmas y despertar los sueños dormidos de sus lectores; pero que al mismo tiempo callan cualquier crítica, apoyan a los regímenes que las niegan y omiten cualquier palabra que pudiera incomodarlos. Al escribir, dar conferencias, publicar y echar ácido crítico contra las sociedades en las que viven y fructifican, muestran el valor y los frutos que la libertad hace posibles; pero al adoptar posiciones políticas a favor de regímenes dictatoriales niegan las condiciones de posibilidad de su propia existencia como escritores. Se trata, no cabe duda, de una perfecta contradicción performativa: ejercitan en su vida un oficio espléndido cuyas condiciones de posibilidad, al adherir y defender a regímenes dictatoriales, niegan.

Es esa contradicción la que torna tan rara la situación de un autor como García Márquez, cuya imaginación prodigiosa y talento inhumano debió ser (pero no lo fue) alérgica a cualquier forma de dictadura, más no fuera por el hecho que para quien imaginó Macondo cualquier realidad real, más todavía la cubana, debió parecerle (pero no fue el caso) algo que estaba muy lejos de lo que él consideraría apetecible y deseable.

Se dirá, por supuesto, que algo así es injusto porque escritores como García Márquez –cuya genialidad inhumana que a veces emociona hasta las lágrimas, está más allá de toda duda– preferían hacer sus críticas e influir en privado, echando mano a sus canales de influencia, los mismos que se verían perjudicados si, alzando la voz, manifestaran sus críticas. Pero se trata de una excusa más o menos pueril. Porque nadie habría aceptado que García Márquez viajara periódicamente a Chile en la época de la dictadura, se reuniera con Pinochet, se dejara alojar en una casa presidencial o algo semejante, y callara cualquier crítica a la forma en que esa dictadura anegaba las libertades y violaba los derechos humanos y tampoco nadie habría aceptado que, cuando algo así se le reprochara, pretendiera que lo hacía porque las críticas sigilosas y privadas eran más eficientes que el escándalo público.

A favor de García Márquez habría que decir que no fue el único que se dejó hipnotizar insensatamente por Cuba. Incluso Bertrand Russell, cuya agudeza crítica y talento matemático no dejaba títere con cabeza, dejó, hacia el final de sus días, que lo hicieran firmar declaraciones a favor de la revolución cubana declarando que allí despuntaba una aurora. Pero cuando lo hizo Russell ya estaba viejo y su alerta habitual adormecida. El suyo fue más bien un acto senil. No fue el caso de García Márquez que mientras escribía El otoño del Patriarca y soñaba con los gallinazos que inundaban la casa presidencial, se metían por los balcones y destrozaban a picotazos las mallas de alambre de las ventanas y removían con sus alas el tiempo estancado en el interior, visitaba a ese otro Patriarca de la isla y, sin asomos de duda, se fotografiaba con él.

Carlos Peña (foto)

‘…rinden homenaje a verdugos’: Gumucio Rivas

rafael gumucio rivasHace el historiador Rafael Luis Gumucio Rivas (foto) una reflexión pertinente sobre un hecho ocurrido en el Congreso Nacional: los parlamentarios de la derecha dura de la Unión Demócrata Independiente (Udi) propusieron rendir homenaje al ex congresista y fundador de ese partido político Jaime Guzmán Errázuriz, ideólogo de la dictadura de Augusto Pinochet, asesinado durante el gobierno de Patricio Aylwin, y para ello pidieron un minuto de silencio durante el cual los presentes debían ponerse de pies. Todos lo hicieron, incluido el presidente del Partido Comunista, Guillermo Teillier, menos la recién electa diputada Camila Vallejo, quien permaneció sentada. Algunos de la Udi quieren que la sancionen por esa actitud y la acusaron ante la Comisión de Ética. ¿Qué ética reclamará la Udi, soporte político de la dictadura de Augusto Pinochet, a la comisión? ¿Con cuál ética evaluará la comisión la ética de la diputada Vallejo? Pertinente, digo, la reflexión y el contexto que da el historiador Gumucio Rivas a lo acontecido en el Congreso, que tituló en El Clarín “Cuando los representantes de las víctimas rinden homenaje a los verdugos” y yo abrevié en razón a mantener la titulación en una línea solamente. He aquí el texto del señor Rafael Luis Gumucio Rivas:

Nada me causa más indignación que la mezcla entre los líderes políticos que fueron víctimas de la dictadura y los verdugos de la derecha fascista. Causa pena y vergüenza cómo en las páginas sociales del diario El Mercurio aparecen algunos dirigentes, que fueron parte de la Unidad Popular, hombro a hombro compartiendo un coctel con los empresarios y los Novoas de la Udi, que aplaudieron entusiastas los abusos contra los derechos humanos. Yo, personalmente, no me trago el hecho de que estos personajes se hayan arrepentido, sinceramente, de su apoyo al dictador Pinochet y a su séquito.

Que los Correa, los Tironi, los Garretón, y otros, se hayan pasado de estalinistas a neoliberales de tomo y lomo y, además, sean los “juniors” de los Matte y Cía. y, para más remate, los líderes de la casta de los nuevos ricos en democracia, surgidos de la Concertación, no nos puede extrañar: esta realidad es tan cotidiana como el nacer y morir del día, pero lo imperdonable es que los máximos dirigentes del Partido Comunista, que sufrieron el asesinato de muchos miembros, incluso, varios de sus directivas, de manos de los agentes de la Dina y de la CNI, rindan pleitesía, en el Congreso Nacional, nada menos que al ideólogo de la dictadura, Jaime Guzmán Errázuriz, que con su diabólica inteligencia inventó “la jaula de hierro”, que ha hecho imposible alcanzar una democracia medianamente decente.

En la ridícula ceremonia del desprestigiado Parlamento, en días recientes, la única persona que tuvo el valor de manifestarse decentemente –y vaya que es importante este valor de dignidad en medio de esta “cueva de ladrones– fue la diputada Camila Vallejo, para quien van nuestras felicitaciones y admiración por su consecuencia. Se veían un tanto ridículos el resto de los diputados comunistas de pie, homenajeando al líder máximo de un partido fascista-franquista, la Udi –sería equivalente a que el PSOE español rindiera homenaje a Francisco Franco que, ni siquiera, el Partido Popular se atreve a hacerlo–.

Nadie me podría acusar de anticomunista por el hecho de condenar moral y éticamente un hecho que, desde todo punto de vista, me parece inaceptable. Hace pocos días recordamos el asesinato de los tres militantes comunistas degollados por orden de Pinochet y que cumplieron “lealmente” agentes de la dictadura. Ahora, no parece justo rendir tributo a tan nefasto personaje.

Personalmente, condeno todo tipo de violencia, venga de donde venga, y me precio de haber militado, durante toda mi vida, en la “no violencia activa”, como método para poner fin a las tiranías, en consecuencia, no puedo más que condenar el vil asesinato de Jaime Guzmán, como lo haría con respecto a cualquier ciudadano, víctima de terrorismo de Estado, de individuos o ideológico, pero otra cosa es promover y utilizar la tribuna del Congreso para homenajear a un dirigente, a todas luces enemigo de la democracia.

Jaime Guzmán Errázuriz, como el cura Osvaldo Lira, su mentor ideológico, fue un gran admirador de Francisco Franco y de los ideólogos españoles Donoso y Cortés y Vásquez Mello, Ramiro de Maeztu, que negaban el sufragio universal y creían en corporativismo católico; a Guzmán Errázuriz siempre le gustó el fascismo, como también despreció la democracia liberal, y su ideal era la democracia protegida, con el agravante de un Estado subsidiario, que perdura hasta hoy, a causa de la funesta democracia de los “acuerdos”.

Mucho me temo que si continúan estas actitudes de supuesta “buena crianza” y un ridículo republicanismo, el Congreso siga rindiendo homenaje a tiranos por el solo hecho de contar con algunos representantes –afortunadamente, cada vez menos– en su seno. Quién puede negar, incluso en Chile, haya aún partidarios de Adolfo Hitler, incluso, hubo un personaje que fue embajador en la India, pero jamás, a nadie se le ocurriría ponerse de pie en un homenaje a este político.

Pienso que está bueno que nos dejemos de eufemismos: los colaboradores de la dictadura de Augusto Pinochet, sean civiles o militares merecen, al menos la condena moral, pues de los Tribunales de Justicia poco se puede esperar. Toda tiranía es condenable, sea estalinista o fascista, y los carniceros y verdugos, así como sus instigadores, no merecen ningún homenaje en democracia.

Carolina Echeverría, hija de torturador

carolina echeverríaHay un debate que muchos quisieran soslayar sobre la pertinencia del nombramiento de Carolina Echeverría (foto) en la subsecretaria de las Fuerzas Armadas del ministerio de Defensa Nacional. En cuanto se dio a conocer su nombre en la nómina de altos funcionarios del gobierno de Michelle Bachelet, surgieron dos versiones de mujeres que dijeron haber sido torturadas durante la dictadura de Augusto Pinochet por el padre de la señora Echeverría. El debate surge en cuanto la responsabilidad que los hijos heredan de actos malvados y deleznables de los padres, como el caso presente del torturador de personas. Tras la denuncia, otras voces: articulistas, políticos y voceros cívicos, han mostrado la inconveniencia del nombramiento, pero la presidenta Michelle Bachelet y su ministro del Interior, Rodrigo Peñailillo, han porfiado en mantenerlo en firme. Dijimos aquí, que llama la atención que la presidenta quiera gastarse un poco de su popularidad con esta aparente piedra en el zapato: tener en su equipo de trabajo a la hija de un torturador. Y también dijimos que quizás estemos asistiendo al perdón y olvido que necesita la Democracia, incomprendidamente. Como sea, el diario conservador La Segunda trae una entrevista a la señora Echeverría (que es del mismo partido del ex presidente Ricardo Lagos Escobar, Partido Por la Democracia, PPD), de la que edito lo siguiente. Le preguntan:

Su padre era capitán a cargo del Regimiento Buin, que fue utilizado como centro de detención y tortura después del 11 de septiembre de 1973. Fue citado a declarar por el juez Mario Carroza, aunque no ha sido procesado…

(La pregunta es buena porque hace surgir, otra vez, el sensible dilema entre “lo legal” y “lo ético”, pues en cuanto a lo ético el padre de la subsecretaria fue un torturador, pero en cuanto a lo legal “no ha sido condenado”) La futura subsecretaria contestó:

–Yo quisiera primero decir claramente que condeno el golpe militar del 73 sin reservas, con todas las consecuencias de dolor, de terror y de muerte que lamentablemente nos acompañan hasta hoy. No comparto ninguno de los argumentos que pretenden justificar los hechos acaecidos en Chile. Respecto de mi padre, también quiero dejar en claro, y estoy en condiciones de afirmar que él ha colaborado con la justicia cada vez que ha sido requerido. Mi padre no ha sido sujeto de ningún tipo de condena judicial.

Pero la escritora Mónica Echeverría dijo textualmente: “El capitán Echeverría, fuera de detenerme y de llevarme al Regimiento Buin, detuvo a mucha gente e hizo toda clase de cosas horribles dentro de su regimiento. Ahora yo creo francamente que esta niña no sabe las atrocidades que cometió su padre, su padre fue un torturador que dirigía las torturas, fue un violador y un asesino”. También lo apunta con el dedo el abogado Roberto Celedón, quien fue detenido junto a su esposa y trasladado al Regimiento Buin ¿Qué les responde?

–Yo le insisto, creo que el espacio para denunciar a las personas en Chile es la justicia, y sólo la justicia puede determinar la participación o no, y el grado de responsabilidad que mi padre puede haber tenido en cualquier caso de derechos humanos.

¿Siente que su padre tiene alguna responsabilidad de todo lo ocurrido a partir del 11 de septiembre de 1973?

–Mire, yo tengo dos cosas claras en este momento: Una, que amo a mi padre; y dos, que creo en la justicia como un valor fundamental de la sociedad, y que vale la pena defenderlo siempre.

La Asociación de Marinos Exonerados afirma que al momento de tramitar la jubilación para sus uniformados sometidos a vejámenes, usted siendo subsecretaria de Marina les pidió que retiraran la demanda que habían interpuesto contra sus presuntos torturadores. ¿Por qué lo hizo?

(La respuesta es una clase magistral de procedimientos burocráticos, pero la pregunta no la respondió. Viene enseguida una pregunta que se refiere a que la señora Echeverría, siendo subsecretaria de la Marina, era socia de una empresa de su esposo, la que ganó licitaciones de la Armada) La pregunta fue:

Sin embargo, la sociedad que tenía con su marido hizo los trabajos de asesoría para la empresa y se pagó en una cuenta que usted tenía con él ¿No le parece que hay conflicto de intereses?

–En esa época no existía la claridad respecto de las consecuencias que podría tener el que yo tuviera un 1% en una sociedad con mi marido. Lo bueno para todos es que eso cambió y hoy todos sabemos que es muy importante que estas cosas se definan antes que un funcionario público asuma funciones.

¿Ha visto el sufrimiento de familias militares, que tuvieron hijos muy jóvenes y que están sometidos a proceso?

–Lo importante aquí es que, considerando todo el dolor que generó la intervención militar, perdón, el golpe militar de 1973, sea la razón para que nunca más las Fuerzas Armadas vean en un golpe militar una solución que está en manos de la democracia. Eso es lo que me parece importante. Sin el dolor legítimo de esas familias no se va a aprender la lección que tenemos que aprender todos los chilenos, sin excepción. Tenemos que tener una sola verdad respecto de lo que pasó.

Una última pregunta, ¿habló de estos temas con la Presidenta electa, Michelle Bachelet?

–Lo de Barrancones fue público. Además son documentos públicos, de los que toma razón la Contraloría y respecto del tema de mi padre, el ministro del Interior ya se pronunció sobre mi confirmación como subsecretaria de las Fuerzas Armadas.

¿Pero ya había hablado el tema de su padre con la Presidenta electa?

–Lo mejor es la discreción; no voy a contestar esa pregunta.

(La entrevista completa, aquí)

Post Scriptum. 23:18. En el programa de Mario Kreutzberger (Don Francisco) ‘Las caras de la moneda’ del Canal 13, la presidenta Michelle Bachelet acaba de decir que dejará en manos de la justicia la situación del padre de la nueva subsecretaria de las Fuerzas Armadas Carolina Echeverría. En cuanto a ella, elogió su desempeño como subsecretaria de la Marina durante su primera presidencia, y consideró que está bien calificada para desempeñarse en el cargo en el que ella la nombró, porque “los hijos no deben cargar con las consecuencias de los actos de sus padres”. Es decir, la presidenta Bachelet ratificó en el cargo a la señora Echeverría. Pero no creo que esto cierre el capítulo por completo. Todavía faltan por escribirse algunos párrafos, antes de dar vuelta a la página. Creo.

Post Scriptum. 08-09/03/14 a las 00:20 (medianoche). La presidenta electa Michelle Bachelet aceptó la renuncia (que a tres días de la posesión del nuevo gobierno) le presentó Carolina Echeverría a la subsecretaría (viceministerio) de las Fuerzas Armadas. La señora Echeverría envío una carta a la mandataria electa agradeciendo el respaldo recibido y diciendo que “me he sentido honrada con la invitación” a participar del gobierno. El hecho de que su padre fuera un torturador de la dictadura de Augusto Pinochet, y ella haya querido (según marinos antigolpistas) presionarlos para que evitaran hacer denuncias por violación a los derechos humanos (con lo que, tácitamente, favorecería a su padre), además de haber tenidos negocios desde una empresa privada con el Estado, cuando era subsecretaria de la Marina (en el primer gobierno de Michelle Bachelet), todo eso, la alcanzó hoy.

¿RN existe? MinHacienda desconocía fallo judicial

sebastián piñera1Renovación Nacional. A juzgar por los titulares de prensa el partido de la coalición de derechas Renovación Nacional se está desintegrando. Muchos de sus connotados dirigentes, hombres y mujeres, se han retirado de sus filas, y su ícono mayor, el presidente Sebastián Piñera (foto) aún no confirma si pertenece a él o deje de integrar sus filas cuando entregue el mando en marzo próximo a la socialista Michelle Bachelet. Ahora, todos son sabios, y hacen ver que Renovación Nacional no apoyó, curiosamente, al presidente Piñera. El gobierno se sostuvo, al parecer, por el apoyo del socio ultraderechista Unión Demócrata Independiente (Udi) y la poca beligerancia de la oposición de las izquierdas.

Cordura. El presidente Sebastián Piñera trató –durante su gobierno– de ser felipe larraínecuánime, al punto de llamar cómplices pasivos durante la dictadura criminal de Augusto Pinochet a todos los de su coalición de derechas, lo cual, obviamente, los escandalizó. La verdad suele tener ese efecto entre los mentirosos y marrulleros. Al parecer, la cordura, pero sobre todo la decencia, la sigue manteniendo el señor Piñera, y la deja de manifiesto al aprobar el pago de una indemnización por 120 millones de pesos “por el daño moral causado por agentes del Estado tras la detención y desaparición del ex secretario general del Partido Comunista en la clandestinidad y padre de Estela Ortiz, Juan Ortiz Letelier, en diciembre de 1976”. La indemnización implica 50 millones de pesos para María Estela Ortiz y otros 50 millones para su hermana María Luisa, 10 millones para la pareja de Juan Ortiz al momento de su desaparición, María Luisa Azócar, y cinco millones para cada uno de sus nietos que fueron parte de la demanda, Manuel Antonio y Sebastián Ortiz Ossandón. Lo interesante de la noticia de El Mostrador, es que la aprobación del señor Piñera ocurre después de la insistente negativa del ministro de Hacienda (el más reaccionario de todos los existentes, opinando sobre orden público, sobre fallos judiciales y difundiendo, irresponsablemente, que la reforma tributaria anunciada por la presidente electa Michelle Bachelet había provocado que “la inversión extranjera huyera del país”, ante lo cual tuvo que salir el presidente de los banqueros a decir que eso “no era cierto”; ¡qué vergüenza para un ministro de Hacienda!, uno normal, claro, porque este ni se puso colorado), Felipe Larraín (foto), quien estaba desconociendo una sentencia judicial de los altos tribunales. El señor Larraín es el mismo que se escandalizó y pataleó y salió por todos los medios de información vociferando contra “la amenaza de desestabilización institucional” por un aumento de $5.000 (cinco mil pesos) en el salario mínimo, y a la semana siguiente aprobó un aumento de $2.000.000 (¡dos millones de pesos!) para cada uno de los miembros del Congreso Nacional.

Rezar por el año nuevo y gobierno nuevo en Chile

bandera chile1Este año nuevo tiene la particularidad de coincidir con un gobierno nuevo. Y esto ya es peligroso. Porque se suman expectativas, personales y generales, que pueden darnos sorpresas. Dejarnos con caras largas. En lo personal, como dijo un colega, tenemos que negociar duro con nosotros mismos para no hacernos promesas que no podamos cumplir. Y en lo general, solo nos cabe confiar en que la presidenta Michelle Bachelet cumpla con lo que prometió. Aunque, en realidad, no se sabe, a ciencia cierta, qué fue lo que prometió. Porque lo que al principio de su candidatura dijo con un grito de guerra, poco a poco fue matizando, mermando, desvaneciendo, y finalmente no se sabe exactamente con qué fue que se comprometió. Al parecer, con un proceso para que haya gratuidad en la educación (gratuidad que tampoco sabemos cuándo será una realidad). Y eso sería todo. Porque la Asamblea Constituyente, para actualizar la norma máxima del país, de acuerdo con los tiempos nuevos, la fue diluyendo entre silencios y respuestas a medias. Y lo último que se le oyó fue algo así como que el Congreso (por aquello de la institucionalidad) podría realizar los cambios constitucionales que el país requiere. ¿Imaginan? Van a reformar la Constitución, para garantizar los derechos civiles mínimos de los chilenos (como educación, nombre, nacionalidad, familia, salud, pensión, etc.), y democratizar el acceso a las entidades por elección popular en Chile (bandera) para acabar con el llamado sistema binominal, que nos dejó en una pesadilla el dictador Augusto Pinochet (que para ser dictador fue primero un traidor) y su títere Jaime Guzmán. Tarea de cambiar la Constitución en manos de Andrea Molina y Rosauro Martínez, entre otros, en manos de Ignacio Walker y Andrés Zaldívar, de Ena von Baer, de Iván Moreira y Jacqueline Van Rysselberghe, entre otros. Los mismos que han dicho que todo está bien y nada hay que cambiar, o que no han hecho nada durante los 20 años, o más, que pudieron hacerlo y no lo hicieron. Como si lo anterior fuera poco, hay que imaginar el gabinete nuevo de la presidenta (y ojalá me equivoque): René Cortázar, Camilo Escalona, Soledad Alvear, Belisario Velasco, Edmundo Pérez Yoma, José Antonio Viera-Gallo, Alejandro Ferreiro, Sergio Bitar, Paulina Urrutia, María Soledad Barría, etc., entre otros. Dirá, siempre tan persuasivamente, que la experiencia es importante. Y antes de que asuma el gobierno nuevo, ¿imaginan la rapiña, a esta hora, de cuántos y cuáles puestos le corresponden a tal señorón, y cuántos y cuáles le tocan a tal otro señorón? Pero, claro, en todos los casos, por más que barajemos, se trata de los mismos que ya conocemos. Ojalá me equivoque. Rezo porque sea así, aunque la presidenta sea gnóstica. Pero si puede haber optimismo vendrá de los planes personales, porque de los planes del nuevo gobierno, la incertidumbre reina.

Horvath y la camisa de fuerza política de Chile

antonio horvathChile puede ser un país que en lo económico le haga merecedor de formar parte del club de la Ocde de los más ricos, pero es pobre políticamente y está atrás de casi todos los demás de la región. Chile se rige hoy por los mismos principios impuestos por el dictador Augusto Pinochet, con los cuales la clase dirigente se siente muy cómoda porque les garantiza todo y excluye al resto de la población de sus beneficios. El sistema político chileno es un juego de naipes con cartas marcadas. Nadie que no sea de los dos bloques, uno llamado Nueva Mayoría y otro llamado Alianza, puede ser congresista o aspirar a cargos de representación popular. Parece que fuera el régimen de la Corea del Norte, o de Rusia, solo que el de Chile fue creado e implantado por el pensamiento fascista de Jaime Guzmán y Augusto Pinochet. Es tan estrecho el espacio político que los mismos políticos que apoyan ese sistema, sienten que sus aspiraciones de gobierno no caben en esa camisa de fuerza, y empiezan a desertar. Un grupo de jóvenes de las derechas, ya crearon un polo distinto de la Alianza (Udi y RN) para expresarse políticamente. Se llama Evolución Política (Evópoli), el último de cuyos integrantes es el renunciado militante de RN Hernán Larraín Matte (quien hizo parte recientemente del comando de la campaña presidencial de la candidata Evelyn Matthei). Evópoli cumplió un año de vida casi clandestina, pero esta semana hizo pública su declaración de principios y anunció su conformación como partido político en abril del 2014. Forman parte: Pedro Pablo Errázuriz (actual ministro de Transportes y Telecomunicaciones), Roberto Ampuero (actual ministro de Cultura), Francisco Irarrázaval (actual subsecretario de Vivienda y Urbanismo), Valentina Verbal (historiadora), María Fernanda Ramírez (fundadora Educación 2020), Francisca Florenzano (directora de Senda), Jorge Retamal (director nacional de Conadi), Álvaro Bellolio (Centro de Estudios ‘Libertad y Desarrollo’), Pablo Ortúzar (director de Investigación del IES) y últimamente Hernán Larraín Matte. Bastante más emblemática es la renuncia, también a RN, del electo senador Antonio Horvath (foto), quien decidió formar un nuevo grupo político denominado Democracia Regional, junto con el independiente Carlos Bianchi. De hecho, estos dos votos van a ser el fiel de la balanza en las próximas decisiones que se deban tomar en el Senado de la República. Pero es tan virulenta la camisa de fuerza de los entes políticos que hoy disfrutan del poder en Chile, que a pesar de su renuncia un “tribunal supremo” de RN va a “estudiar la expulsión” de Antonio Horvath. Como un acto de sevicia. Sin embargo, mientras haya personas dispuestas a confrontar el establecimiento político, aun sea que formen parte de él, pero que están agobiados por la estrechez de espacios que instauró la dictadura (hoy se vive una dictadura civil), hay esperanzas de que Chile salga de la prehistoria política y sea más equilibrado con relación a su desarrollo económico. Sea más equilibrado, en definitiva, para un mayor bienestar social.