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Douglas Tompkins, un extraño filántropo en Chile

Tompkins2No hay nada más terrible y alucinante que la ignorancia. Cuando se ignora algo se refuerzan nuestros errores para no caer al vacío. Le tememos a decir “no lo sé”, o “no conozco eso”. En su lugar, elaboramos argumentos peregrinos o lanzamos temerarias afirmaciones. Casi con agresividad. O con agresividad, derechamente. Lo digo por la cantidad de versiones que se hicieron circular, irresponsablemente, cuando llegó Douglas Tompkins (foto) a Chile. La ignorancia es atrevida, me enseñó mi papá.

Se trataba de un multimillonario gringo que llegaba comprando tierras, muchas tierras en el sur. La ignorancia, malévola, dijo que él era una ‘cabeza de playa’ de una horda de gente rara que buscaba dónde esconderse, cuando comenzara el fin del mundo o la tercera guerra general.

Hasta el ex presidente Eduardo Frei Ruiz-Tagle, mismo que “repatrió” de Londres al dictador Augusto Pinochet para “juzgarlo” en “su patria”, lanzó una andanada contra el gringo raro que, además, se atrevía a opinar que unir el extremo sur con el resto del país era más fácil a tramos de mar y tierra, que “por el interior” del territorio continental. Dicho de paso: hoy ya están unidas esas dos partes, mediante barcazas.

Lo cierto es que con la fortuna obtenida con su firma The North Face, el señor Tompkins adquirió cerca de 500 mil hectáreas (o 5.000 kilómetros cuadrados, que es un barbaridad) en el sur, donde Chile todavía es una zona virgen, un pulmón planetario. Pero aún hoy levantan la mano algunas personas para acusarlo de… ¡cualquier cosa!

Una y otra vez Douglas Tompkins ha tenido que desmentir esas versiones alucinadas, y actuar con cautela, abriendo las puertas de sus predios al escrutinio público, para acallar a los ignorantes irresponsables. Pero estos volvieron a levantar la voz, ya no porque “ese gringo se estaba comprando el país”, sino porque ¡“ese gringo” está regalándole a Chile las tierras que había comprado con su fortuna!

El asunto es que Chile no tiene ninguna tradición de filantropía. Ninguna. Acá los empresarios y millonarios chilenos son cada día más voraces, más agresivos, más avaros, más lujuriosos con sus riquezas. Pecan de gula. Desconocen los sentimientos de la compasión, de la fraternidad, de la generosidad. Entre más rapaces sean, más importantes.

¡Y viene un gringo a comprar tierras para después regalarlas! ¡Ese tipo es sospechoso!

Acá no existe la idea del cuidado del medio ambiente. Es mejor derribar árboles y volverlos dólares. Es mejor inundar cuencas y volverlas hidroeléctricas para generar muchos kilovatios que se volverán dólares. No hay sentido medioambientalista. No. Eso es de hippies, de gente rara, sospechosa.

En Chile hay “cero misantropía”. Algunos escarceos son mal vistos, como los de Leonardo Farkas, un minero multimillonario que sigue bajo sospecha porque regala muchos millones de pesos para rehabilitar niños de la Teletón, o apoya deportistas sin pedir nada a cambio. Los demás ricachones lo miran con recelo, como un estorbo. Lo miran como alguien que hace ver mal el dinero.

Yo mismo, al hacer las afirmaciones anotadas, puedo caer bajo sospecha, porque ¿a quién se le ocurre defender el medio ambiente, la fauna, los recursos naturales que le pertenecen a todos y cada uno de los chilenos?

Como sea, Douglas Tompkins ya hizo una primera devolución de tierras: 38.780 hectáreas para la formación del Parque Nacional Yendegaia. Y anunció que tiene otras 450 mil hectáreas para entregar al Estado chileno. Con una sola condición: el Estado jamás podrá usar esas tierras para desarrollos económicos, o expropiarlas para esos fines. Deben ser santuarios naturales, perpetuamente.

El pasado enero, las periodistas Paula Comandari y Rosario Zanetta le hicieron una entrevista para la revista ‘Qué pasa’, y en ella Tompkins anuncia el fin de la restauración del parque Pumalín, que fue afectado durante el primer gobierno de Michelle Bachelet.

¿Eso quiere decir que la donación de Pumalín se podría concretar en este gobierno de Bachelet?     Pienso que sí. Esperamos tener una buena recepción por parte de la presidenta. Para eso necesitamos poner todo en orden y hacer el mismo proceso que llevamos a cabo con la administración Piñera. Nosotros tenemos el corazón puesto en el Parque Pumalín, pero siempre nuestra meta fue entregarlo porque sabemos que es un parque de calidad muy alta.

¿Pero nunca se ha reunido con Michelle Bachelet?     No, nunca.

Una de sus luchas más emblemáticas ha sido contra la construcción de HidroAysén. ¿Existe algún tipo de viabilidad para ese proyecto?     El problema con HidroAysén es que el concepto es el equivocado: estamos represando ríos en el sur de Chile para mandar toda la energía al norte, cuando en el norte hay abundancia de energía solar. Hay que desarrollar la energía cerca del usuario y así no sería necesario poner líneas de alta tensión.

¿Qué expectativas tiene sobre HidroAysén (que la presidenta ha considerado “inviable”)?     Obviamente en el movimiento ambiental y en Patagonia sin Represas están bien conscientes de estas tendencias. Los asesores (de la presidenta) son gente razonable y van a escuchar buenos argumentos, van a buscar alternativas, porque hay otras alternativas.

Usted ha hecho esfuerzos de conservación en Chile y en Argentina. ¿Cuáles son las diferencias en cómo se hace esto acá y allá?     Tanto Chile como Argentina (…) tienen buenas redes de parques nacionales. Argentina está mejor organizado. Tiene una mejor administración. Ahí a Chile le falta.

¿En qué, por ejemplo?     Chile tiene a la Conaf, que es una agencia público-privada, formada en otros tiempos. Las administraciones de Lagos, Bachelet y Piñera no han cumplido la idea de formar una administración de parques bajo el Ministerio de Medio Ambiente. En Argentina, por un siglo, han tenido una administración bien formada y ha funcionado bastante bien.

¿Cree que la institucionalidad medioambiental no ha funcionado bien en Chile?     No todavía. Está en formación. A ver si en esta nueva administración de Bachelet se pueda formar la nueva Conaf, como en todos los países del mundo.

Usted se opone a la construcción de la Carretera Austral por el interior…     No estoy en contra de la carretera. Estoy en contra de hacerla ahora y por el interior. Eso es demasiado caro. Para mí, la mejor idea es la de la ruta costera, porque es más barata, más inmediata y mucho más rápida.

¿Por qué cree que hay gente que promociona esa ruta interior?     Los promotores de los caminos al interior han convencido a una masa de personas de que es la mejor opción. Ellos quedarían como los tontos del pueblo si ahora dicen “me equivoqué, prefiero la ruta de la costa”. Es la porfía humana. No creo que esto tenga que ver con intereses personales, pero hay una masa de gente mal informada que piensa que la ruta entre Chaitén y Puerto Montt tiene que pasar sólo por vía terrestre.

El cambio climático es un gran tema, pero la gente pobre está más preocupada de tener un hospital cerca…     Hemos escuchado esto por años. Por eso hay que volver a la primera pregunta y ésa es, si es factible tener este boom económico en un planeta muerto.

Usted ha recibido varios reconocimientos a nivel internacional, pero en Chile tiene grandes detractores. ¿Le afecta que en Chile genere desconfianza?     No, tengo cuero de chancho. Hace 20 años tuvimos mucha oposición a nuestras iniciativas: mucha gente no nos creyó que donaríamos los terrenos. Eso era entendible, porque en Chile no hay tradición de filantropía. No culpo al pueblo chileno por no haber entendido esto, porque era algo novedoso. Hoy, en cambio, los empresarios y algunos políticos me han hecho una figura pública, un personaje. Hoy, para bien o para mal, soy un referente.

Más allá de lo donado en Yendegaia, ¿cuántas hectáreas tiene todavía en Chile?     Tenemos alrededor de 450.000 hectáreas en Chile y unas 200.000 en Argentina.

¿Cuánto ha pagado por esas tierras?     En los últimos 20 años hemos invertido en total más de US$ 300 millones entre Chile y Argentina.

Y de esas 450.000 hectáreas, ¿cuántas piensa donar?     Tenemos 450.000 hectáreas para entregar. Estamos trabajando en distintos proyectos. Yo no sé cuántos años más me quedan, por eso estamos pensando terminar nuestro plan de parques nacionales en la próxima década.

O sea que en 10 años más, dirá “misión cumplida”…     ¡Ésa es la idea!

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Pedofilia encubierta, y genialidad de Gumucio

ezzatiPedofilia encubierta. Una sonrisa de oreja a oreja se le vio a Ricardo Ezzati (foto), arzobispo de la iglesia católica (no del cristianismo) de Santiago, cuando supo por boca del papa Francisco, el humilde, que será obispo desde el 22 de febrero, hasta la miseria humana de su muerte. Qué extraño, porque Ezzati, en el debate sobre los abusos sexuales de niños en hogares de rehabilitación, negó ser el “guía espiritual de la iglesia católica chilena”. Entonces ¿por qué lo premia el papa Francisco? Es muy posible que su nombramiento haya sido promovido por el “monseñor emérito” Francisco Javier Errázuriz Ossa, quien ahora vive en el Vaticano y forma parte de una comisión de estudio de “mejoramiento” de la iglesia católica (no del cristianismo). Este señor Errázuriz fue, según la denuncia de los profesionales Carlos Cruz, James Hamilton y José Andrés Murillo, abusados por el cura Fernando Karadima cuando eran adolescentes, quien encubrió esos abusos reiterados, y quien mandó a reposar en el olvido las oportunas denuncias de Murillo, Hamilton y Cruz. El señor Errázuriz encubrió a Karadima (quien la iglesia católica ha evitado que se le juzgue civilmente), y empapeló las denuncias de esos abusos sexuales, con anuencia del señor Ricardo Ezzati, de acuerdo con los denunciantes. Y, vehementemente, ambos han sido premiados por el Vaticano: –Errázuriz, hablándole al oído al papa Francisco, desde la comisión de “renovación”, y –Ezzati, convertido en “purpurado” y, por ende, elector del nuevo papa (si el actual populista Francisco muere, o renuncia). Viva el Vaticano, que premia a estos encubridores de pedofilia.

gumucio2Genialidad de Gumucio. La cantante Lucero, o Lucerito, aparece riendo en la foto, abrazando desde atrás a un hombre que tiene un fusil, y ambos posan tras la presa mayor que mataron. Esa foto, y lo que en ella se capta: la matanza de especies en peligro, provocó muchas críticas, casi de forma unánime, en todo el mundo. La propia Lucerito, incluida inicialmente en el grupo de artistas del Festival de Viña del Mar 2014, declinó venir para, seguramente, evitarse un mal momento con “el monstruo”. Pero en Chile tenemos un genio que “piensa distinto”, llamado Rafael Gumucio (foto), quien salió en defensa de la cazadora. Su argumento fue: “Muchos de los que critican a Lucerito no existirían si los hombres no hubiésemos aprendido a cazar”. ¡Qué genialidad! El truco está en retrotraer un episodio de la prehistoria, para justificar, hoy, la caza indiscriminada que amenaza las especies. Una genialidad desbordante, que pasa a otro nivel, quizás el de la imbecilidad (la línea es tan fina). Este tipo de argumentación, en abstracto, es propia del genial Gumucio, al mejor estilo de Axel Kaiser, porque no tiene consideraciones de tiempo y espacio para hacer equivalentes dos momentos que están a una distancia de varios cientos (o miles, o cientos de miles) de años y particulares condiciones, y cambios en la cultura humana, y por lo mismo, no son equiparables. No, no lo son. Como no es equiparable la desnudez de entonces con la de ahora, o la comida vegetal, hoy o ayer. Pero nuestro genio chileno es así: hace el desplante, porque él es único, él es especial, él es digno de admiración. Es lo que él cree. Él defiende lo indefendible. Un nadador de río arriba, en abstracto, claro.

El “rodeo”, tan brutal como el toreo

Puedo ser tachado de sacrílego por lo que voy a decir: el rodeo chileno me parece algo tonto y violento. Yo sé que se ha establecido como elemento de “la nacionalidad” chilena, pero ¿han visto lo que es? Me refiero a si lo han visto, objetivamente. Brevemente les cuento: dos señores, montados en sendos caballos, van tras un vacuno-niño. Éste, aún no es vaca, ni toro. Es una pequeña res. Un vacuno-niño. El vacuno-niño está acorralado entre un muro y los dos caballos. Uno se los caballos va obligando al vacuno-niño a moverse en determinada dirección, siempre contra el muro, mientras el otro caballo le deja “un aire” para que el vacuno-niño se mueva en la dirección predeterminada. Ese muro, en un sitio específico, tiene una adecuación, una especie de muesca, donde culmina “la destreza” del rodeo. Porque en cuanto el vacuno-niño llega a esa muesca, el caballo que ha estado facilitándole el espacio para moverse, de pronto arremete con toda fuerza contra el vacuno-niño. El propósito es que el pecho del caballo golpée, tan potentemente el costado del vacuno-niño, que éste caiga al suelo, como desmayado, porque literalmente “le han sacado el aire”. Y eso es todo. Y hay quienes aplauden. El absurdo espectáculo tiene un jurado, el cual dice si el golpe al vacuno-niño fue en las costillas, en el estómago, o las ancas, y dependiendo de “esta puntería”, y de la rapidez con que el vacuno-niño caiga desmayado porque le sacaron el aire, los señores montados en los caballos obtienen un puntaje. Y el caballista que saque mayor puntaje, “saca pecho”, se siente orgulloso de lo que hizo, y se convierte en algo así como “el rey del rodeo”. ¿Habrá algo más tonto, y más violento? Voto porque se prohíba el rodeo en Chile. De la misma manera que voto porque se acabe el sacrificio del toro en el toreo en España, y la matanza de ballenas por parte de los japoneses en aguas internacionales. ¿Cuál es la gracia de que un señor se suba a un caballo musculoso, y apriete a un vacuno-niño contra un muro, para sacarle el aire y desmayarlo? ¿Por qué no se baja el señor del caballo, y con sus propias manos aprieta al vacuno-niño, o por qué no se para el señor contra el muro, y resiste la embestida de uno de sus caballos?

En cambio, me parece maravilloso que en los rodeos estén los payadores y payadoras, los cantores a lo humano y a lo divino. Estos hombres y mujeres, que con sus instrumentos y sus gargantas cantan historias de pueblos, de sucesos, creencias y épocas, sí se deben estimular y multiplicar. Esto sí hace “la nacionalidad”. Lo otro, el rodeo, hace la bestialidad.