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De las encuestas, los delincuentes y el muro

encuestasEncuestas. Emol, 13 de febrero: “Cadem: 80% cree que Bachelet ha realizado un mal gobierno y Piñera mantiene liderato en presidenciales. De acuerdo al sondeo de esta semana, la Presidenta obtuvo un 19% de respaldo, mientras que el ex Mandatario supera por seis puntos a Alejandro Guillier”.

Glosa: Este es el tipo de propaganda negra con raíces en el nazismo: repetir hasta el cansancio una afirmación, hasta convertirla en verdad, para luego preguntar sobre esa afirmación y obtener la respuesta de la verdad aprendida. Por esta razón es que las encuestas, en general, y sobre todo las ‘políticas’, no sirven más que para introducir ideas preconcebidas, como en el caso tomado de Emol el 17 de febrero (“un mal gobierno”, “un buen candidato” y “un contendor débil”), y hacerle ver a los ‘concientizados’ que las encuestas ‘dicen la verdad’. El juego es tan sutil, como lo descubrieron los nazis, que casi nadie nota la manipulación. Pero el titular de Emol es un buen ejemplo de ello.

Delincuentes. La Tercera, 15 de febrero: “Caso Penta: Condenan a 5 años de libertad vigilada a ex funcionario del SII. El Octavo Juzgado de Garantía declaró culpable de delitos de corrupción y delitos tributarios a Iván Álvarez, convirtiéndose en el segundo sentenciado por esta causa”.

Glosa: Siempre hay que recordar al expresidente Ricardo Lagos Escobar cuando leamos injusticias o venalidades como esta. Él fue quien despenalizó los delitos económicos. Podría decirse que promovió la corrupción. Ahora resulta que estos delincuentes de cuello blanco y casas en el oriente alto de Santiago, son ‘contraventores’ administrativos. Condenado a ‘libertad vigilada’ es como un premio, unas vacaciones a quienes han delinquido, pero no son flaites como los ‘Carejarro’. Una vez más, se burlan del pueblo.

Muro. Ya estoy harto de oír a ‘periodistas’ y ‘analistas’: “El muro de Trump”. En estricto rigor, ¡no hay ningún muro de Trump! El presidente de Estados Unidos, el señor Donald Trump, puede ser conservador, republicano, podemos odiarlo, caernos mal, pero no es ‘el creador’ del muro para separar a Estados Unidos de México. ¡Fue Bill Clinton, el iniciador! El muro en la frontera entre Estados Unidos y México se comenzó a construir en 1994, para evitar la inmigración ilegal, atendiendo a la Fiscal general Janet Reno y su ‘Operación Guardián’. Desde entonces hay tramos del muro entre Tijuana y San Diego, y en los estados de Arizona, Sonora, Nuevo México y Baja California. Además, el Senado de Estados Unidos aprobó, en mayo del 2006 (83 votos a favor y 16 en contra), una enmienda que prevé la construcción del muro a lo largo de 595 kilómetros, más 800 kilómetros de barreras para impedir el paso de automóviles. Es decir, que el presidente Trump está ‘obligado’ a terminar el muro. Esos ‘periodistas’ y ‘analistas’ jamás se preguntaron por qué, si el tema era tan candente y xenófobo, ¿Hillary Clinton jamás dijo nada durante la campaña? ¡Ni siquiera el señor Bernie Sanders, de ideas socialistas! Porque ellos sabían que no era algo ‘descabellado’, sino una política-país. Si hubiera ganado Hillary Clinton, igual lo hubiera tenido que hacer, aunque no lo hubiera proclamado. Dejen la pereza, ‘periodistas’ y ‘analistas’ ignorantes, y averigüen antes de decir sandeces.

De los nombramientos espurios: Javiera Blanco

javiera-blancoQué cosa extraña ocurre en el fuero interno de las personas. Caras vemos, corazones no conocemos. El bastión moral que creíamos ver en la presidente Michelle Bachelet, ahora se desmorona. Hablamos de un caso que no dudo en considerar aberrante: el de la señora Javiera Blanco (foto). Activista política a la sombra de doña Michelle Bachelet, logró escalar de un día para otro hasta convertirse en su ministra del Trabajo. Ahí fracasó. Y de ‘castigo’, ¡la presidenta la nombró ministra de Justicia! Ahí fracasó de nuevo. Y de ‘castigo’, ¡la presidente Michelle Bachelet la propuso como nueva integrante del Consejo de Defensa del Estado! ¿Qué onda?, como dicen los muchachos.

Todo este proceso de favorecimientos resulta extraño. Muy extraño. ¿Acaso algún secreto inconfesable de la mandataria, maneja Blanco? Porque no es normal que un pésimo funcionario sea premiado con escalones cada vez más altos. ¿Qué gato encerrado hay? O quizás solo sea que Javiera Blanco está emparentada con la dinastía de los Frei, y se cree con derechos por encima del resto de chilenos, y, obviamente, la presidente Michelle Bachelet inclina su cabeza ante esa evidencia. Por lo demás, a la señora Bachelet le importa cinco quedar mal ante los chilenos, porque su prestigio, a esta altura de su gobierno, está bastante maltrecho, y le da lo mismo.

Aristarco me dice que, en realidad, la jugada de la señora Bachelet se debe al miedo profundo que le tienen a la Democracia Cristiana en la Nueva Mayoría. Si la Democracia Cristiana le ordenó a la señora Bachelet que nombrara a Javiera Blanco en el Consejo de Defensa del Estado, tenía que hacerlo. Mismo miedo que antes le tenían en la Concertación. La Democracia Cristiana ha sabido chantajear, con el cuento de que son ‘el partido más grande’, a la izquierda chilena, cuando su origen es claramente del fascismo español, y tiene más afinidad ideológica con la Unión Demócrata Independiente, Udi, que con el Partido Socialista de la presidente Bachelet. Tal vez sea así, le concedo a Aristarco. No es para nada descabellado.

Compartimos en un todo la reflexión del columnista Carlos Peña sobre este aberrante caso de amiguismo entre la presidente Michelle Bachelet y la mediocre funcionaria Javiera Blanco:

“La pregunta entonces que cabe plantear es si acaso la designación de un miembro del equipo político de la Presidenta (que comenzó como vocera de su candidatura, ejerció de ministra del Trabajo y concluyó como ministra de Justicia), entre cuyas abundantes virtudes no se cuentan las propias del jurista, una persona que es de su entera confianza y que posee total convergencia con su propio punto de vista, es la designación más razonable atendida la índole y las funciones públicas del Consejo, o si, en cambio, parece objetivamente una designación partisana, motivada más bien por consideraciones privadas como, por ejemplo, la de retribuir servicios gubernamentales y adhesión política.

“Y la conclusión es obvia para quien no se arroje tierra a los ojos. El simple examen de las circunstancias objetivas lleva a ella: la designación de Javiera Blanco en el Consejo de Defensa del Estado constituye una designación partisana, aparece como una retribución a una lealtad política más que una selección por méritos de esos que la índole del Consejo de Defensa del Estado exige.

“Quien ejerce el cargo de Presidente de la República a veces debe elegir entre dos intereses: los que emanan de la índole de las instituciones y los de quienes le sirvieron de apoyo para alcanzar el poder.

“La Presidenta Bachelet escogió, esta vez, uno de los segundos.

“Al hacerlo, actuó mal”.

Sospechoso este ‘tsunami de fuego’ en Chile

incendio_noche_portezueloAristarco insiste en que es, como dice Bombo Fica en algunos de sus chistes, ‘sospechoso’ este episodio de los incendios por doquier. Dice que hay manos criminales, y sobre todo una intencionalidad de poner en aprietos a la presidente Michelle Bachelet. Hay un grupo de personas empeñadas en desprestigiar al gobierno. Y varios medios de comunicación les hacen eco. Me cuenta que hay páginas web, con noticias estacionadas desde hace varios meses, afirmando que la economía chilena va a colapsar, afirmando que este ha sido el peor gobierno de la historia de Chile, diciendo que todo está mal. Aristarco cree que estas personas y estas afirmaciones son conspirativas. Buscan infligir daño. Esas personas son las verdaderas responsables de si la situación chilena empeora. Porque lanzan ideas falsas, como lo hacía Joseph Goebbels, y los medios de comunicación cómplices las repiten con tal obsesión que se convierten en verdades. Esta ola de incendios no puede ser espontánea, ¡500 mil hectáreas!, insiste Aristarco. Aquí no se cumple la fórmula de los 30 grados de temperatura, 30 kilómetros por hora de viento y 30 grados de humedad del aire. Aquí hay manos criminales, hay una intencionalidad, hay un concierto para delinquir y un propósito: desprestigiar al gobierno de una mujer. Es una conspiración misógina, cruel y sanguinaria, que no mira sino intereses egoístas. Nada les importa destruir, como lo han hecho, ¡más de 500 mil hectáreas! de bosques y pastizales. “Déjame y digiero todo eso”, fue lo único que se me ocurrió decirle a Aristarco.

Andrónico Luksic; The Voice; Alejandro Guillier

andrónico luksicAndrónico Luksic. Me pareció un tanto hipócrita el señor Andrónico Luksic (foto), el dueño del Banco de Chile, que compró a crédito y todas las facilidades de pago, cuando culpó en una entrevista al gobierno de que las cosas van mal, y les pide a los demás empresarios pronunciarse. Hipócrita, porque él es parte de la crisis de confianza que hoy se vive. Hipócrita, porque él se reunió con la nuera de la presidenta Michelle Bachelet y el hijo de la presidenta Michelle Bachelet para otorgar un crédito de miles de millones de pesos, ¡sin aval! Hipócrita, porque quiere que le creamos que se trató de un procedimiento normal, que jamás pensó en derivar beneficios, tratándose de personas cercanas a la presidenta Michelle Bachelet. Y a raíz de semejante adefesio se desató una de las más grandes polémicas nacionales sobre la credibilidad empresarial. Hipócrita, porque él fue la causa de la esta crisis de credibilidad que hoy vivimos. No me cabe duda de que hizo el préstamo pensando en retribuciones, aunque no sean explícitas, como poder seguir con el proceso de ruina y extinción de los ríos, para mencionar el caso de la generadora eléctrica del Alto Maipo, que es obra suya. Un hipócrita este señor Andrónico Luksic. Por cierto, debe ponerse a dieta, porque está obeso y puede sufrir un infarto al corazón. Y para que no le digan ‘el guatón Luksic’.

The voice. Excelente programa de televisión The Voice, me dice Aristarco. Dice que viendo gonzalo_sorichese programa no entiende por qué siguen considerando a Luis ‘Lucho’ Jara un ‘cantante’. Me dice: tantos muchachos con voces fabulosas, tanto talento de chicas que hacen cabriolas armónicas con sus voces, ¿y sigue ahí Lucho Jara? Deslenguado que es, me dice que los concursantes son casi mejores cantantes que los jurados (Luis Fonci, Álvaro López, Nicole y Ana Torroja) Le digo que exagera. Me cuenta que ha seguido el concurso desde el principio en el Canal 13 (del que también es dueño el guatón Luksic), y tiene un reclamo: ¿Por qué en la semifinal algunos cantaron en inglés? ¿Acaso no es el español el idioma predominante de Chile? Cuando cantan en inglés, dice Aristarco, se les oye de una manera, pero cuando cantan en español, se les oye de otra. Insiste en que es mejor que canten en nuestro idioma, ¡el hermoso español!, porque no todo el mundo sabe inglés, ni todo el mundo conoce las canciones que cantan. Le doy la razón. El favorito de Aristarco es Gonzalo Sorich (foto), porque “es el único que siempre ha cantado en español, y ha cantado trova latinoamericana”.

Alejandro Guillier. Es refrescante que alguien de buenos modales y manos limpias, como alejandro guillierAlejandro Guillier (foto), escale en el sucio mundo de la política, y hoy esté su nombre barajado como el de un presidenciable. Si se lanza mañana, mañana mismo voto por él. Un congresista que va a las sesiones, porque otros cobran por no ir. Un congresista que participa, que representa a su Antofagasta y su región. Nunca anda en componendas, o en reuniones truchas. Es el ejemplo del buen chileno. Votaría ya mismo por él. A ojos cerrados. Lo que preocupa, si surge su candidatura, es la nube de parásitos, como Ignacio Walker, Jorge Pizarro, Andrés Zaldívar, entre otros, que le van a caer encima, en busca de una tajada burocrática o ministerial. Lo asfixiarían de coaliciones, de propuestas y de arreglines, de cuotas de poder para apoyarlo. Pero ojalá se postule o lo postulen, y tenga la suficiente fuerza de voluntad y de conciencia para no sucumbir bajo los parásitos. Ganaría con el voto limpio de los chilenos.

‘McOndo: el fantasma abolido’ de Mario Jursich

mario jursich duránEs muy significativo que, 20 años atrás, la publicación de McOndo haya desatado un alud de críticas negativas. La mayoría de comentaristas, sobre todo en Chile, se tomó el prólogo de Alberto Fuguet y Sergio Gómez a la tremenda y en consecuencia lo leyó como si fuera un manifiesto político-cultural, cuando en realidad tenía mucho de ópera bufa y desplante juvenil. Fuguet, Sergio Gómez y los otros 15 autores fueron acusados no solo de ser unos burguesitos frívolos de clase media (o “ni siquiera alta”, como dijo, con mal disimulada irritación, un crítico argentino), sino de estar completamente enajenados por la cultura gringa. Así, de manera cambiante y según la filiación ideológica del comentarista de turno, McOndo era presentado como “una celebración del neoliberalismo que a mediados de los noventa triunfaba en América Latina” o como “un proyecto machista que solo incluía a hombres” o –conclusión final absolutamente previsible– como “un reflejo de esa juventud consumista apenas interesada en encarar nuestros gravísimos problemas”.

Si se trataba de quitarles autoridad, hubiera sido más eficaz contrastar el prólogo del libro con lo que en efecto, no en la fantasía, pasaba en ese entonces en la literatura. El hecho de que un editor de Iowa les hubiera rechazado unos cuentos, alegando que “bien podían haber sido escritos por cualquier autor del Primer Mundo”, era la prueba fehaciente, inequívoca, para los prologuistas de McOndo de que tanto los escritores como las editoriales y el público a este y el otro lado del Atlántico seguían encadenados al grillete del realismo mágico. “No es posible aceptar… que aquí todo el mundo anda con sombrero y vive en árboles”, proclamaban enardecidos. “En McOndo hay McDonald’s, computadores Mac y condominios, amén de hoteles cinco estrellas construidos con dinero lavado y malls gigantescos”, remachaban, como si nadie lo hubiera advertido nunca.

Estos comentarios, evaluados a la distancia de dos décadas, producen una especie de lástima. Fuguet y Gómez simplemente parecían haber leído mal la literatura latinoamericana (o no haberla leído en absoluto). Para empezar, pasaban por alto que el mismo año de publicación de Cien años de soledad, en 1967, ya estaban en librerías La vida breve (1950), de Juan Carlos Onetti; La región más transparente (1958), de Carlos Fuentes, y Rayuela (1963), de Julio Cortázar, tres libros de referencia donde no hay realismo mágico y donde las ciudades son un nítido contrapunto a ese campo y a esa vida rural que en opinión de ellos acaparaban las letras latinoamericanas.

Otro tanto puede decirse de sus quejas respecto a la falta de atención a la cultura popular y a la televisión. “¿Y lo bastardo, lo híbrido?”, preguntaban de manera retórica, convencidos de que no habría respuesta a sus interrogaciones. “Para nosotros, el Chapulín Colorado, Ricky Martin, Selena, Julio Iglesias y las telenovelas (o culebrones) son tan latinoamericanas como el candombe o el vallenato”. Pues bien: 20 años atrás, en 1976, ya Manuel Puig y Luis Rafael Sánchez le habían dado carta de ciudadanía a todo ese universo en El beso de la mujer araña y en La guaracha del Macho Camacho. Visto en perspectiva, el libro de Luis Rafael Sánchez hasta parecía anticipar los ruegos de Fuguet y Gómez por una narrativa donde se viera “nuestro país McOndo sobrepoblado y lleno de contaminación, con autopistas… tv-cable y barriadas”, toda vez que elegía un descomunal atasco de tráfico en San Juan para hacer una gozosa reflexión en torno a la caótica modernidad del Caribe.

Es importante añadir que ya en los años sesenta, mientras la literatura se abría en multitud de direcciones, Carlos Monsiváis y otros autores estaban escribiendo crónicas de enorme aliento sobre ídolos populares o haciendo perspicaces conjeturas sobre la identificación del público con lo que veía en las pantallas de los cines o los televisores. (Una de las principales carencias de McOndo es, justamente, que ignora la multifacética riqueza del periodismo, de la nota cinematográfica o del ensayo en aquellos tiempos inventivos).

A mí me gustaría radicalizar estas críticas: en 1996, a excepción de algunos epígonos sin importancia, ni siquiera el mismo Gabriel García Márquez estaba interesado en el realismo mágico. Sus libros de la época, desde Crónica de una muerte anunciada (1981) hasta Del amor y otros demonios (1994), ya habían dejado atrás el estilo hiperbólico y barroco de Cien años de soledad, sustituyéndolo por una prosa más contenida, donde a menudo refulgían las antiguas enseñanzas de Hemingway. Más aún: en lo que puede considerarse una sabrosa ironía, a mediados de los ochenta García Márquez había publicado su “libro chileno” –Las aventuras de Miguel Littin clandestino en Chile–, en el cual, si se lo hubieran propuesto, Fuguet y Gómez habrían podido encontrar mucho de lo que reclamaban para su propia escritura.

No me resisto, llegado a este punto, a comentar una segunda y acaso más filosa ironía. Con ánimo provocador, los prologuistas de McOndo decían que “si hace unos años la disyuntiva del escritor joven estaba entre tomar el lápiz o la carabina, ahora parece que lo más angustiante para escribir es elegir entre Windows 95 o Macintosh”. Da risa pensar que también en esa encrucijada el “arcángel san Gabriel” se les adelantó por lo menos década y media. Desde 1981, García Márquez se había dejado seducir por el logo de la manzana, siendo tal vez uno de los primeros, si no el primer autor latinoamericano, en cambiar su viejo instrumento de trabajo por un computador. “Jobs le había recomendado directamente el equipo –recordó Roberto González, pocos días después de que muriera el nobel colombiano–. García Márquez usaba todavía su pesada máquina de escribir y él le dijo que tuviera mejor un Mac en cada país. Entonces, yo fui quien se lo mostró a Gabo en una feria. Se compró uno para México, otro para Cartagena y uno más para Barcelona”. Lo dicho: aunque intentaran reducirlo a un cliché, ese García Márquez era más complejo –más inesperado– de lo que cualquiera hubiera podido imaginar.

En realidad, el malestar de Fuguet y Gómez tenía un origen muy preciso. Primero en 1982, y luego en 1989, la literatura de su país natal había producido dos best sellers mayúsculos, La casa de los espíritus, de Isabel Allende, y El viejo que leía novelas de amor, de Luis Sepúlveda. Ambos libros, sin la menor duda, abusaban de los peores tópicos del realismo mágico, pero el hecho de que el público los acogiera no permite inferir que entonces el realismo mágico era la única oferta disponible en el catálogo de las editoriales. En este sentido, Fuguet y Gómez cometían un error clásico, que es confundir la literatura con el mercado. Para decirlo de manera sintética, aunque la literatura obedece parcialmente al mercado, no se agota en el mercado. O, dicho de otra forma, la literatura, que toma cuerpo gracias al mercado, precede y excede al mercado. Todos sabemos que la circunstancia de que un libro se venda poco –o solo alcance un puñado de lectores– no significa nada en cuanto a su calidad e influencia.

No sé si por desconocimiento o por mala fe, Fuguet y Gómez callaban que al lado de La casa de los espíritus estaba Respiración artificial (1980), de Ricardo Piglia, y que flanqueando a El viejo que leía novelas de amor aparecían Glosa (1986), de Juan José Saer, y Cuando me hice monja (1993), de César Aira. Ninguno de esos libros, con caminos narrativos totalmente diferentes a los del realismo mágico, logró ventas extraordinarias, pero desde un comienzo fueron saludados como hitos de la nueva narrativa latinoamericana y rápidamente traducidos al francés y al inglés. Así pues el dictum de Fuguet y Gómez, según el cual la industria editorial “desechaba” a quienes “poseían el estigma de carecer de realismo mágico”, se demostraba palmariamente falso. Al enfilar baterías contra el realismo mágico, Fuguet y Gómez en realidad estaban cayendo en la antigua falacia del hombre de paja, que consiste en caricaturizar unos argumentos (o una situación) en aras de facilitar un ataque crítico. No combatían a García Márquez; en verdad, combatían una imitación falsa y vulnerable de su literatura (el “hombre y la mujer de paja” representados en Isabel Allende y Luis Sepúlveda) a fin de dar la ilusión de llevárselo por delante. Finalmente, es fácil dar la apariencia de triunfo en una discusión intelectual cuando se escogen adversarios débiles.

Yo tengo una teoría de uso casero, ajena al libro propiamente dicho, que tal vez explique las numerosas distorsiones de óptica en McOndo. Es bien sabido que tanto Fuguet como Gómez asistieron a los talleres que José Donoso dictó entre 1985 y 1991 en la capital chilena. De allí, de esos workshops conflictivos y retadores, nació el germen de las dos antologías con que irrumpieron ruidosamente en la vida literaria de su país. Creo adivinar que Donoso les transmitió a Fuguet y Gómez su desaforado resentimiento contra Gabriel García Márquez y, de manera indirecta, contra el realismo mágico, que él interpretaba como la causa de que nunca se le hubiera reconocido como un gran autor. Ese asunto, que puede rastrearse con facilidad en la Historia personal del boom (1978) y en la espeluznante memoria de su hija adoptiva Pilar –Correr el tupido velo (2010)–, me exime de multiplicar detalles en extremo penosos. Baste recordar que El jardín de al lado (1981) ofrece una mirada satírica –y rebosante de esa “enorme y lícita envidia” que le gustaba pregonar a Donoso– a propósito de la relación entre Núria Monclús (Carmen Balcells), la “bruja de las finanzas, la catalana pesetera y avara”, y su “escritor favorito”, “el insolentemente célebre” Marcelo Chiriboga (Gabriel García Márquez). En este sentido, se podría decir que McOndo es la venganza infantil, postrera, por interpuestas personas, del escritor chileno contra el nobel colombiano. Sobra decir que se trata de una venganza inoficiosa, pues la antología no tuvo el menor efecto en la reputación de un autor que no necesita de ningún tipo de valedores. García Márquez –¿lo dudarán Fuguet y Gómez?– sigue siendo un nombre ineludible en la narrativa de lengua española.

*

Por supuesto, todo lo dicho hasta aquí tiene un punto de injusticia. En McOndo participan 17 autores y no parece lícito, o al menos equilibrado, proyectar sobre los cuentos unas opiniones vertidas por los antologistas en el prólogo. Como acá no dispongo de espacio para comentarlos de manera individual, me limitaré a pasar por alto las numerosas inconsistencias del libro (no incluye a ninguna mujer ni a ningún escritor del Caribe; no es propiamente una antología de los escritores que agrupa, sino un volumen de textos pedidos ex profeso; no fue el producto de una investigación a carta cabal sino más bien el junte azaroso de lo que sugerían amigos o conocidos), y lo haré, entre otras razones, porque Fuguet y Gómez reconocen esas debilidades. Mi argumento provisorio para explicar por qué el libro ha envejecido de manera tan vertiginosa es que se trata de una antología de autores interesados sobre todo en la novela, para los cuales el cuento, aunque los hubieran escrito, era una forma secundaria; un, digamos, paso obligatorio antes de encarar lo que de verdad valía la pena. No me extraña que, leídos con 20 años de distancia, sobresalgan los relatos de quienes en el momento de la publicación ya tenían a sus espaldas un pasado como cuentistas: Rodrigo Fresán, Juan Forn, Gustavo Escanlar y sí –todo hay que decirlo–: Alberto Fuguet.

A estas alturas sería necio desconocer que la antología debe su éxito a que tenía un nombre magnífico –fue lo que se dice “un hallazgo afortunado”–. Me temo sin embargo que ese acierto publicitario es en parte la causa de su actual fracaso, el motivo por el cual nadie considera a McOndo un volumen decisivo o cuando menos un importante documento generacional. (Edmundo Paz Soldán, uno de los autores seleccionados, escribió hace un tiempo que era una “malhadada antología”). McOndo reúne a escritores que estaban escribiendo antes de que la editorial Mondadori lanzara el libro, que seguían escribiendo durante su lanzamiento y que siguen haciéndolo hasta la fecha, a menudo –o casi siempre– a contramano de la estética promulgada por Fuguet y Sergio Gómez. Para decirlo en términos publicitarios: perduró la marca, pero caducó la mercancía.

Mario Jursich Durán (foto) (Publicado en Revista Arcadía)

Nota: Los autores incluidos en McOndo son: Andrés Caicedo, Edmundo Paz Soldán, Jorge Franco, Giannina Braschi, Pedro Juan Gutiérrez, Mario Mendoza, Leonardo Valencia, Rodrigo Fresán, Martín Rejtman, Jaime Bayly, Naief Yeyha, Juan Forn, Santiago Gamboa, Rodrigo Soto, Ray Loriga, José Ángel Mañas, Antonio Domínguez, Jordi Soler, Gustavo Escanlar, Martín Casariego Córdoba, Marlon Ocampo y, obviamente, Sergo Gómez y Alberto Fuguet.

Encuestas; DJ Méndez; isapres; militares

logotipo_CEP_twitterEncuestas CEP. La encuesta del Centro de Estudios Públicos, CEP, se ha vuelto “palabra de Dios”. Una suma de encuestas amañadas, que tienen como propósito legitimar lo que piensan los empresarios del gobierno y las instituciones. Omiten esas encuestas, eso sí, preguntar qué piensa la gente de la colusión de los empresarios, las coimas de los empresarios, del cohecho que auspician los empresarios para obtener beneficios en el Congreso Nacional o en las instituciones para sus contratos, de la mala calidad de los productos, de seguir haciendo de la educación un negocio de compra y venta internacional, etcétera. La encuesta CEP es una encuesta que arroja los resultados que los empresarios quieren, pero se cuidan de hablar de sí mismos. Y las dirige la joya de Harald Beyer, el mediocre y fracasado y destituido ministro de Educación del gobierno de Sebastián Piñera. Un resentido, a nombre de los empresarios, evaluando a los demás. ¡Vaya objetividad de la encuesta CEP!

DJ Méndez. ¿Viste ‘La divina comida’, en Chilevisión?, me preguntó Aristarco. No, le respondí. ¿No viste a Leopoldo Méndez, o DJ Méndez? No. Entonces la soltó: ¡Es un flaite! ¿Y quiere ser alcalde de Valparaíso? ¿En qué mundo estamos? Le pedí que me explicara. Bueno, es así: reúnen a cuatro famosos de la farándula, y cada uno prepara una cena para el grupo. Eso es entretenido. Los otros van calificando. Al final, gana un delantal y un gorro de chef el que tenga la mejor calificación. Pero entre tanto, en este caso, los gestos ordinarios de Méndez, la vestimenta flaite y los tatuajes (¡hasta en la cara, como los sanguinarios pandilleros ‘Maras’ de El Salvador!), los gestos de ese Méndez. ¡Odia la ensalada chilena, el tomate y la cebolla, y quiere ser alcalde! Hace gestos de arcadas con las frutas, huele todas las comidas, la escarba con el tenedor antes de comer. ¡Qué asco de tipo!, remata Aristarco. ¿Y quiere ser alcalde de Valparaíso?

Isapres. Las Isapres (“Instituciones de Salud Previsional”) se quejan de que “el gobierno no hace nada” para evitar que los judicialicen, por mala o nula prestación del servicio médico. Eso dice el presidente del gremio que agrupa a las isapres, Rafael Caviedes. ¡El gobierno no hace nada!, dice él, y eso lo reproducen los grandes medios de comunicación (que después repiten personas sin análisis como Sergio ‘Checho’ Hirane en Radio Agricultura) Pero cuando se le pregunta por las utilidades del año pasado, que llegaron a $ 37.000 millones, dice que tienen muchos gastos. ¡Cínico! Las utilidades son utilidades, lo que queda después de pagar los costos de producción y las costas judiciales y los sueldos y todo otro gasto administrativo y operacional en que incurra una empresa; al final, quedan las u-ti-li-da-des. Por las utilidades, ¡que fueron 35 % superiores a las del año 2014!, el señor Caviedes considera que las empresas son muy ‘eficientes’, pero por las reclamaciones por nulo o mal servicio le echa la culpa al gobierno. ¡Cínico! Como dice el dicho: “Con cara gano yo, y con sello pierde usted”. Esa es la lógica de esta clase de empresarios.

Ley reservada del cobre. Ya nadie tiene la más mínima sombra de duda de la urgencia de acabar ¡para siempre! con la llamada “Ley reservada del cobre”. Esa ley propicia un auténtico agujero negro: muchos miles de millones de pesos de los chilenos, desaparecen ahí. Esa ley obliga a “la cuprífera estatal” Codelco, a pasarle una suma exorbitante de dinero anual a los militares, para que hagan con ese dinero lo que se les da la gana, porque nadie vigila el destino de esos recursos, ni la Contraloría General. Es tan abusiva esa ley, que ordena darles a los militares el 10% “de las ventas” de cobre de Codelco. ¡De las ventas! No es 10% de las utilidades, sino de las ventas. Alguien con dos dedos de frente de inteligencia, sabe que las ventas son una manera de obtener recursos, a los que se les debe restar los gastos y las provisiones, y ahí sí, contabilizar utilidades. De modo que no es el 10% de las utilidades, sino el leonino 10% de las ventas, lo que hay que darles a los señores militares. ¿Quién habrá ideado esta macabra manera de chuparle la sangre a Codelco? ¿Quién vigila qué hacen los militares con ese dinero?, porque cuando necesitan comprar armamento, táctico o estratégico, hay que tramitar una ley de recursos ante el Congreso. ¡Mundo de locos!

 

No + AFP; Gurdjieff; García Márquez

no afpNo más AFP. Los países que vieron en Chile la última coca cola del desierto en materia de jubilaciones, cuando impuso en la vergonzosa dictadura el sistema de las administradoras de fondos de pensiones, AFP, deben saber que el sistema colapsó, que quedó en evidencia que es un fraude. Ayer, con cerca de un millón de personas, se cumplió una segunda jornada de protesta; la anterior fue de 650 mil chilenos, que salieron a decir “No + AFP”; la de ahora, de un millón. Crece la audiencia. Ahora, las empresas administradoras, que ganan una fortuna a costa del dinero y trabajo de los trabajadores, quieren engañar a la gente diciéndoles que en 35 años los cambios en las edades de las personas van a hacer imposible un sistema de ‘reparto’. Eso es mentira. Hace 35 años dijeron lo mismo, y el sistema de ‘capitalización personal’, que es el actual, no cumplió con lo prometido y se convirtió en un fraude. Las empresas administradoras siguen construyendo enormes edificios, o alquilándolos, y contratando zánganos que son del mismo círculo de amigos, para sentarse en los directorios o juntas directivas a ganar una millonada, a costa de los trabajadores. Se sabe de una AFP que en el 2015 repartió entre 8 directores cerca de 1.500 millones de pesos, ¡en ‘bonos’!; es decir, además de los sueldos millonarios, se auto-reparten bonos millonarios. Mientras tanto, la gente que pone la plata, fruto de su trabajo de muchos años, al final recibe una pensión miserable, que en el caso de Chile ha llegado a ser de $80.000 mensuales hoy. Por eso, protestas como las de ayer en todo Chile, deben ser una voz de alarma para el resto de países de Latinoamérica que están engañados con el sistema de las AFP, que solamente es un negocio de un grupito de empresarios. ¡’No + AFP’ en Latinoamérica!

Consejos del George Gurdjieff, maestro de danza:

–Si decides trabajar para los otros, hazlo con placer.

–Cuando te pregunten tu opinión sobre algo o alguien, di solo sus cualidades.

–Si ofendes a alguien, pídele perdón.

–No trates de despertar en los otros emociones hacia ti, como piedad, admiración, simpatía, complicidad.

–Trata lo que no te pertenece como si te perteneciera.

–Transforma tu odio en caridad.

–Transforma tu cólera en creatividad.

–No establezcas amistades inútiles.

–No te apropies de nada ni de nadie.

–Has planes de trabajo y cúmplelos.

–Cesa de autodefinirte.

–Desarrolla tu generosidad sin testigos.

Gabriel García Márquez: “Se le metía debajo, y se apoderaba de todo él para toda ella, encerrada dentro de sí misma, tanteando con los ojos cerrados en su absoluta oscuridad interior, avanzando por aquí, retrocediendo, corrigiendo su rumbo invisible, intentando otra vía más intensa, otra forma de andar sin naufragar en la marisma de mucílago que fluía de su vientre, preguntándose y contestándose a sí misma con un zumbido de moscardón ese algo en las tinieblas que solo ella conocía y ansiaba solo para ella hasta que sucumbía sin esperar a nadie, se desbarrancaba sola en su abismo con una explosión jubilosa de victoria total que hacía temblar el mundo”. (El amor en los tiempos del cólera)