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Douglas Tompkins, un extraño filántropo en Chile

Tompkins2No hay nada más terrible y alucinante que la ignorancia. Cuando se ignora algo se refuerzan nuestros errores para no caer al vacío. Le tememos a decir “no lo sé”, o “no conozco eso”. En su lugar, elaboramos argumentos peregrinos o lanzamos temerarias afirmaciones. Casi con agresividad. O con agresividad, derechamente. Lo digo por la cantidad de versiones que se hicieron circular, irresponsablemente, cuando llegó Douglas Tompkins (foto) a Chile. La ignorancia es atrevida, me enseñó mi papá.

Se trataba de un multimillonario gringo que llegaba comprando tierras, muchas tierras en el sur. La ignorancia, malévola, dijo que él era una ‘cabeza de playa’ de una horda de gente rara que buscaba dónde esconderse, cuando comenzara el fin del mundo o la tercera guerra general.

Hasta el ex presidente Eduardo Frei Ruiz-Tagle, mismo que “repatrió” de Londres al dictador Augusto Pinochet para “juzgarlo” en “su patria”, lanzó una andanada contra el gringo raro que, además, se atrevía a opinar que unir el extremo sur con el resto del país era más fácil a tramos de mar y tierra, que “por el interior” del territorio continental. Dicho de paso: hoy ya están unidas esas dos partes, mediante barcazas.

Lo cierto es que con la fortuna obtenida con su firma The North Face, el señor Tompkins adquirió cerca de 500 mil hectáreas (o 5.000 kilómetros cuadrados, que es un barbaridad) en el sur, donde Chile todavía es una zona virgen, un pulmón planetario. Pero aún hoy levantan la mano algunas personas para acusarlo de… ¡cualquier cosa!

Una y otra vez Douglas Tompkins ha tenido que desmentir esas versiones alucinadas, y actuar con cautela, abriendo las puertas de sus predios al escrutinio público, para acallar a los ignorantes irresponsables. Pero estos volvieron a levantar la voz, ya no porque “ese gringo se estaba comprando el país”, sino porque ¡“ese gringo” está regalándole a Chile las tierras que había comprado con su fortuna!

El asunto es que Chile no tiene ninguna tradición de filantropía. Ninguna. Acá los empresarios y millonarios chilenos son cada día más voraces, más agresivos, más avaros, más lujuriosos con sus riquezas. Pecan de gula. Desconocen los sentimientos de la compasión, de la fraternidad, de la generosidad. Entre más rapaces sean, más importantes.

¡Y viene un gringo a comprar tierras para después regalarlas! ¡Ese tipo es sospechoso!

Acá no existe la idea del cuidado del medio ambiente. Es mejor derribar árboles y volverlos dólares. Es mejor inundar cuencas y volverlas hidroeléctricas para generar muchos kilovatios que se volverán dólares. No hay sentido medioambientalista. No. Eso es de hippies, de gente rara, sospechosa.

En Chile hay “cero misantropía”. Algunos escarceos son mal vistos, como los de Leonardo Farkas, un minero multimillonario que sigue bajo sospecha porque regala muchos millones de pesos para rehabilitar niños de la Teletón, o apoya deportistas sin pedir nada a cambio. Los demás ricachones lo miran con recelo, como un estorbo. Lo miran como alguien que hace ver mal el dinero.

Yo mismo, al hacer las afirmaciones anotadas, puedo caer bajo sospecha, porque ¿a quién se le ocurre defender el medio ambiente, la fauna, los recursos naturales que le pertenecen a todos y cada uno de los chilenos?

Como sea, Douglas Tompkins ya hizo una primera devolución de tierras: 38.780 hectáreas para la formación del Parque Nacional Yendegaia. Y anunció que tiene otras 450 mil hectáreas para entregar al Estado chileno. Con una sola condición: el Estado jamás podrá usar esas tierras para desarrollos económicos, o expropiarlas para esos fines. Deben ser santuarios naturales, perpetuamente.

El pasado enero, las periodistas Paula Comandari y Rosario Zanetta le hicieron una entrevista para la revista ‘Qué pasa’, y en ella Tompkins anuncia el fin de la restauración del parque Pumalín, que fue afectado durante el primer gobierno de Michelle Bachelet.

¿Eso quiere decir que la donación de Pumalín se podría concretar en este gobierno de Bachelet?     Pienso que sí. Esperamos tener una buena recepción por parte de la presidenta. Para eso necesitamos poner todo en orden y hacer el mismo proceso que llevamos a cabo con la administración Piñera. Nosotros tenemos el corazón puesto en el Parque Pumalín, pero siempre nuestra meta fue entregarlo porque sabemos que es un parque de calidad muy alta.

¿Pero nunca se ha reunido con Michelle Bachelet?     No, nunca.

Una de sus luchas más emblemáticas ha sido contra la construcción de HidroAysén. ¿Existe algún tipo de viabilidad para ese proyecto?     El problema con HidroAysén es que el concepto es el equivocado: estamos represando ríos en el sur de Chile para mandar toda la energía al norte, cuando en el norte hay abundancia de energía solar. Hay que desarrollar la energía cerca del usuario y así no sería necesario poner líneas de alta tensión.

¿Qué expectativas tiene sobre HidroAysén (que la presidenta ha considerado “inviable”)?     Obviamente en el movimiento ambiental y en Patagonia sin Represas están bien conscientes de estas tendencias. Los asesores (de la presidenta) son gente razonable y van a escuchar buenos argumentos, van a buscar alternativas, porque hay otras alternativas.

Usted ha hecho esfuerzos de conservación en Chile y en Argentina. ¿Cuáles son las diferencias en cómo se hace esto acá y allá?     Tanto Chile como Argentina (…) tienen buenas redes de parques nacionales. Argentina está mejor organizado. Tiene una mejor administración. Ahí a Chile le falta.

¿En qué, por ejemplo?     Chile tiene a la Conaf, que es una agencia público-privada, formada en otros tiempos. Las administraciones de Lagos, Bachelet y Piñera no han cumplido la idea de formar una administración de parques bajo el Ministerio de Medio Ambiente. En Argentina, por un siglo, han tenido una administración bien formada y ha funcionado bastante bien.

¿Cree que la institucionalidad medioambiental no ha funcionado bien en Chile?     No todavía. Está en formación. A ver si en esta nueva administración de Bachelet se pueda formar la nueva Conaf, como en todos los países del mundo.

Usted se opone a la construcción de la Carretera Austral por el interior…     No estoy en contra de la carretera. Estoy en contra de hacerla ahora y por el interior. Eso es demasiado caro. Para mí, la mejor idea es la de la ruta costera, porque es más barata, más inmediata y mucho más rápida.

¿Por qué cree que hay gente que promociona esa ruta interior?     Los promotores de los caminos al interior han convencido a una masa de personas de que es la mejor opción. Ellos quedarían como los tontos del pueblo si ahora dicen “me equivoqué, prefiero la ruta de la costa”. Es la porfía humana. No creo que esto tenga que ver con intereses personales, pero hay una masa de gente mal informada que piensa que la ruta entre Chaitén y Puerto Montt tiene que pasar sólo por vía terrestre.

El cambio climático es un gran tema, pero la gente pobre está más preocupada de tener un hospital cerca…     Hemos escuchado esto por años. Por eso hay que volver a la primera pregunta y ésa es, si es factible tener este boom económico en un planeta muerto.

Usted ha recibido varios reconocimientos a nivel internacional, pero en Chile tiene grandes detractores. ¿Le afecta que en Chile genere desconfianza?     No, tengo cuero de chancho. Hace 20 años tuvimos mucha oposición a nuestras iniciativas: mucha gente no nos creyó que donaríamos los terrenos. Eso era entendible, porque en Chile no hay tradición de filantropía. No culpo al pueblo chileno por no haber entendido esto, porque era algo novedoso. Hoy, en cambio, los empresarios y algunos políticos me han hecho una figura pública, un personaje. Hoy, para bien o para mal, soy un referente.

Más allá de lo donado en Yendegaia, ¿cuántas hectáreas tiene todavía en Chile?     Tenemos alrededor de 450.000 hectáreas en Chile y unas 200.000 en Argentina.

¿Cuánto ha pagado por esas tierras?     En los últimos 20 años hemos invertido en total más de US$ 300 millones entre Chile y Argentina.

Y de esas 450.000 hectáreas, ¿cuántas piensa donar?     Tenemos 450.000 hectáreas para entregar. Estamos trabajando en distintos proyectos. Yo no sé cuántos años más me quedan, por eso estamos pensando terminar nuestro plan de parques nacionales en la próxima década.

O sea que en 10 años más, dirá “misión cumplida”…     ¡Ésa es la idea!

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Pedofilia encubierta, y genialidad de Gumucio

ezzatiPedofilia encubierta. Una sonrisa de oreja a oreja se le vio a Ricardo Ezzati (foto), arzobispo de la iglesia católica (no del cristianismo) de Santiago, cuando supo por boca del papa Francisco, el humilde, que será obispo desde el 22 de febrero, hasta la miseria humana de su muerte. Qué extraño, porque Ezzati, en el debate sobre los abusos sexuales de niños en hogares de rehabilitación, negó ser el “guía espiritual de la iglesia católica chilena”. Entonces ¿por qué lo premia el papa Francisco? Es muy posible que su nombramiento haya sido promovido por el “monseñor emérito” Francisco Javier Errázuriz Ossa, quien ahora vive en el Vaticano y forma parte de una comisión de estudio de “mejoramiento” de la iglesia católica (no del cristianismo). Este señor Errázuriz fue, según la denuncia de los profesionales Carlos Cruz, James Hamilton y José Andrés Murillo, abusados por el cura Fernando Karadima cuando eran adolescentes, quien encubrió esos abusos reiterados, y quien mandó a reposar en el olvido las oportunas denuncias de Murillo, Hamilton y Cruz. El señor Errázuriz encubrió a Karadima (quien la iglesia católica ha evitado que se le juzgue civilmente), y empapeló las denuncias de esos abusos sexuales, con anuencia del señor Ricardo Ezzati, de acuerdo con los denunciantes. Y, vehementemente, ambos han sido premiados por el Vaticano: –Errázuriz, hablándole al oído al papa Francisco, desde la comisión de “renovación”, y –Ezzati, convertido en “purpurado” y, por ende, elector del nuevo papa (si el actual populista Francisco muere, o renuncia). Viva el Vaticano, que premia a estos encubridores de pedofilia.

gumucio2Genialidad de Gumucio. La cantante Lucero, o Lucerito, aparece riendo en la foto, abrazando desde atrás a un hombre que tiene un fusil, y ambos posan tras la presa mayor que mataron. Esa foto, y lo que en ella se capta: la matanza de especies en peligro, provocó muchas críticas, casi de forma unánime, en todo el mundo. La propia Lucerito, incluida inicialmente en el grupo de artistas del Festival de Viña del Mar 2014, declinó venir para, seguramente, evitarse un mal momento con “el monstruo”. Pero en Chile tenemos un genio que “piensa distinto”, llamado Rafael Gumucio (foto), quien salió en defensa de la cazadora. Su argumento fue: “Muchos de los que critican a Lucerito no existirían si los hombres no hubiésemos aprendido a cazar”. ¡Qué genialidad! El truco está en retrotraer un episodio de la prehistoria, para justificar, hoy, la caza indiscriminada que amenaza las especies. Una genialidad desbordante, que pasa a otro nivel, quizás el de la imbecilidad (la línea es tan fina). Este tipo de argumentación, en abstracto, es propia del genial Gumucio, al mejor estilo de Axel Kaiser, porque no tiene consideraciones de tiempo y espacio para hacer equivalentes dos momentos que están a una distancia de varios cientos (o miles, o cientos de miles) de años y particulares condiciones, y cambios en la cultura humana, y por lo mismo, no son equiparables. No, no lo son. Como no es equiparable la desnudez de entonces con la de ahora, o la comida vegetal, hoy o ayer. Pero nuestro genio chileno es así: hace el desplante, porque él es único, él es especial, él es digno de admiración. Es lo que él cree. Él defiende lo indefendible. Un nadador de río arriba, en abstracto, claro.

Camilo Escalona, Monsanto y los campesinos

Monsanto logoMientras que la candidata presidencial del ala radical derecha, la udista Evelyn Matthei, anda preocupada en su correría electoral por el país porque a los policías les dicen durante las manifestaciones “Paco culiao”, nada dice sobre la aprobación en el Congreso Nacional de un Convenio (el UPOV 91) que entrega a los privados los “derechos de obtentores vegetales”. Es decir, el Congreso aprobó que los campesinos chilenos no pueden volver a usar sus semillas, porque tienen que sembrar las “certificadas”, las manipuladas genéticamente, y aunque no se menciona, se sabe mundialmente que la productora de esas semillas es la firma estadounidense Monsanto (logo), empeñada en controlar la producción mundial de alimentos. Y los precios.

La manera de operar con esta nueva legislación sería que las grandes firmas nacionales, que se surten de proveedores, por ejemplo la azucarera Iansa, que se surte de los pequeños y medianos remolacheros, o les “arriendan” sus cultivos, pedirán que estos proveedores demuestren el uso de “semillas certificadas”, con el argumento de que son “más seguras”. O simplemente, Iansa misma se encarga de “certificar” las siembras.

La Marcha Mundial contra Monsanto, realizada el 25 de mayo pasado, tuvo efecto en Europa, porque allá se rechazó “la importación masiva de semillas transgénicas”, debido a que en Europa, al parecer, son menos ignorantes y menos peleles que en Chile, donde Monsanto reinará, como la gran proveedora de biotecnología.

Lo triste es que en Chile, personas que se dicen “socialistas”, como los señores Camilo Escalona y Juan Pablo Letelier, no movieron un dedo para defender a los campesinos chilenos, o la soberanía nacional, sino que se instalaron en ese espacio cómodo de Poncio Pilatos, y se “abstuvieron” (¿se abstuvieron?, sí, eso hicieron) al momento de emitir el voto. Argumentarán, seguramente, que “no podían ir contra los Tratados de Libre de Comercio ya firmados por Chile”.

También se abstuvieron, “patrióticamente”, los demócratas cristianos de “izquierda”, Hossain Sabag, Patricio Walker y Andrés Zaldívar, seguidores furibundos de la candidata presidencial socialista Michelle Bachelet, a quienes ella, en reciprocidad, los apoya en su publicidad electoral. Michelle Bachelet tampoco dice algo sobre la aprobación del convenio a favor de Monsanto (o en su defecto, a favor de Syngenta, Bayer, y Dupont/Pioneer, los otros, minoritarios, “certificadores de semillas”).

Claramente en contra de enterrar a los campesinos y la producción chilena de alimentos, o al menos para tener su independencia y capacidad de decisión sobre las semillas que quieren usar, votaron los demócratas cristianos Ximena Rincón y Jorge Pizarro, el radical José Antonio Gómez, el pepedista Jaime Quintana y del Movimiento Amplio Social, Alejandro Navarro.

Y en favor (o con un “Sí”) de las semillas transgénicas, “certificadas”, muy probablemente de Monsanto, votaron los siguientes congresistas, que los ciudadanos deben tener presentes cuando vayan a votar para integrar el nuevo Congreso Nacional:

Carlos Cantero, Juan Antonio Coloma, Hernán Larraín, Pablo Longueira, Jovino Novoa, Jaime Orpis, Francisco Chahuán, José García, Alberto Espina, Carlos Kuschel, Carlos Larraín y Baldo Prokurica, todos los anteriormente mencionados, dignos representantes de la derecha recalcitrante chilena. Pero además, el “izquierdista” del Partido Por la Democracia, Eugenio Tuma, que resultó menos hipócrita que los abstencionistas, y se alineó, derechamente, donde más rentablemente se sintió.

El convenio que han firmado los congresistas (el UPOV 91) privatiza la comercialización, importación y exportación de las semillas para la siembra nacional. Son los mismos congresistas que se llenan la boca diciendo que Chile es un país autónomo y libre, y ellos “voceros del pueblo soberano”. Los mismos congresistas que están entregando a la empresa privada llamada Monsanto (o a sus pequeñas competidoras Syngenta, Bayer, y Dupont/Pioneer), la disponibilidad alimentaria nacional.

La noticia de esta jugada legislativa, por cierto, pasó prácticamente invisible en todos los medios de comunicación.

Pero entre tanto, la candidata presidencial apoyada por estos personajes está muy preocupada en sus discursos porque los manifestantes les digan “Paco culiao” a los policías, cuando éstos arremeten contra los indefensos que protestan.

Doce buenas cosas para una vida más sana

vida sana1Estos doce principios me llegaron en un correo electrónico. Se menciona a un Pablo Flores como el autor de los mismos, pero no tengo idea quién es. Seguro que no le molestará que los comparta. Debe ser una buena persona, sin duda, si practica lo que aconseja. Leí con atención y encontré adecuados estos principios para anotarlos en mi cuaderno. El señor Flores dice que sirven para “vivir en calma y en armonía con los vaivenes de la vida”. Yo creo que sí. Por eso, me permito hacer mis acotaciones, entre paréntesis, al final de cada ítem.

1) Salir al mundo a mostrar quien eres tú realmente, no a que te vean. Implica actuar desde adentro, hacia afuera, y no al revés. No amoldarte a los demás, sino actuar desde tu corazón. (jsa: Que el hecho de no tener lo que está de moda no te acobarde. Si nuestro reloj no es de oro, no importa. Que funcione es lo que cuenta. Tampoco quiere decir que andemos con lo peor de todo, pero dimensionar que las cosas son solo cosas, y nosotros seres espirituales; esto tiene valor para la realización de lo que queremos.)

2) Todo lo material que tengas, tenlo porque lo usas y te da placer, sino te da placer, bótalo o regálalo. Es decir, no acumular objetos materiales, sino gozar las cosas, porque muchas veces nos quedamos en tener, y llenamos nuestros closets, pero no usamos casi nada. (jsa: Tener cosas guardadas por el solo hecho de tenerlas, sin que nos sirvan de nada, a) no tiene sentido, b) se nos convierte en una carga, en un peso muerto, c) estamos alimentando un grado de codicia, que no deberíamos tener como personas sanas.)

3) Todo lo que sabes comunícalo. Guardar tus conocimientos y aprendizajes, por timidez o por mezquindad, es algo que te aleja del camino a la felicidad, y de descubrirte a ti mismo. El conocimiento es como una carrera de postas, pasa de una persona a otra. Si no lo compartes cortas el flujo. (jsa: No compartir lo que sabemos, delata un sentimiento negativo en nosotros: el egoísmo. Nadie nos puede “robar mis ideas”, porque nuestras ideas nadie más las puede elaborar. ¿Qué hace el ladrón de ideas, si no sabe de dónde vinieron, cómo llegaron al punto en el que están, y para qué sirven?)

4) Sana tu linaje, sana tu familia, sana las relaciones de tu núcleo. Como dicen las constelaciones familiares y la ancestrología de Pedro Engel, para tener relaciones sanas y ser feliz, hay que estar en paz con tu familia. (jsa: Este punto no lo entiendo como que tengamos que ser moneda de oro para todos, ni meloso con todos. Sanar, inclusive, puede estar en una despedida para siempre. Lo entiendo, mejor, como no dejar asuntos pendientes.)

5) Descubre lo que más te gusta hacer y hazlo, no para que te vean, sino para alumbrarle el camino a los demás. La mayoría de la gente ni siquiera sabe qué es lo que quiere hacer con su vida. Venimos a compartir a este mundo y nuestros dones son para ponerlos al servicio de los demás. (jsa: Hay quienes, desde niños, saben qué quieren hacer en la vida; otros, tenemos que irlo visualizando con los años. Pero siempre hay una voz interior que al final nos dice: ¡eso era!)

6) Haz las cosas que ames con disciplina. Si no tienes disciplina, no tienes amor por ti. Porque amar implica muchas veces renunciar a nuestra propia gratificación. Si no eres capaz de esforzarte por lo que te gusta hacer, entonces no lo amas realmente. (jsa: Los triunfadores suelen decir eso, que sin disciplina no hay nada. Cuando uno ve a un atleta que corre, salta o lanza con facilidad, uno debe saber que hay muchas horas de disciplinado esfuerzo antes de hacer eso. Cada día, un poco.)

7) Las relaciones sanas de pareja implican permitirme ser y permitirle al otro ser. No controlar al otro para que actúe como yo quiero, ni tampoco permitirle al otro que me controle para que actúe como él o ella quiera. Esto implica descubrir qué es lo que realmente me importa y respetarlo. Lo importante está en el compartir con el otro. (jsa: La clave es conceder. Quien diga “yo soy así, no voy a cambiar”, está muerto. El cambio es vida. Y cambiar en nosotros cosas que al otro no le gustan, es una forma de entregar amor.)

8) Descubrirme a mí mismo, transformarme en lo que realmente soy. Esto implica ver lo que no me gusta de mí y aceptarlo. Ver mis patrones y mis comportamientos inconscientes y hacerme responsable de ellos, dejando de culpar a los otros. (jsa: Culpar al otro es lo más fácil. Lo difícil es autocriticarse. Decirse, a sí mismo –inclusive decirle al otro–: “Sí, me equivoqué”. Decir: “Lo siento, no volverá a ocurrir”. Eso es aceptarme, y transformarme.)

9) Expandirme, salir de lo conocido, familiar y seguro. Si siempre me quedo en lo conocido, en lo aprendido, no me permito conocer cosas nuevas. Justamente en este explorar, voy abriéndome a nuevos puntos de vista y esto me permite descubrir quién soy realmente. (jsa: Negarse a explorar, es miedo. Hay que conocer sitios, sabores, vestuarios, diversiones. Pero conocer tampoco es relajarse, por ejemplo, “voy a conocer el crack o la heroína”.)

10) ¿Qué quiero dejar como huella en este mundo? Mi aporte a la sociedad, que contribución quiero hacer al mundo en el que vivo. (jsa: Este punto yo lo entiendo como “qué es lo mejor de mí, que puedo dejar”. No importa que eso no lo conozcan sino mis familiares. Porque no se trata de actos heroicos, o de que inventemos algo, sino que con nuestro comportamiento sano, en cuanto al cuidado del agua, del medio ambiente, de las relaciones familiares y de amistad, también estoy aportando al planeta. El planeta lo sabe.)

11) Compartir mis ideales y sueños con los demás. Únete a otros, forma equipos, trabaja con más personas para hacer un cambio en la sociedad. (jsa: Creo que no es imperativo ser socio de nada. Pero sí tener cierta cercanía con el grupo de personas que son afines conmigo. Esto depende del temperamento de cada cual.)

12) Acércate a tu alma. Date tiempo para estar contigo mismo y busca la respuesta a las preguntas espirituales ¿quién soy yo? ¿Qué hago acá? Deja tiempo para la espiritualidad en la vida, para la conexión interior. Esto te permitirá entender que todos somos parte de un mismo rompecabezas y todas las piezas son necesarias. (jsa: Uno puede pensar en las cosas buenas, y cómo corregir las malas, y esto también es espiritual. No nos imaginemos que la espiritualidad es sentarse en posición Buda, y cerrar los ojos. Podemos ser espirituales todo el día, en cada cosa que hacemos: jugar, hablar con otro, lavar la losa, leer o caminar.)

Revolución industrial para salvar el planeta: Ekins

Si partimos del principio según el cual todo lo que empieza termina, deberíamos aceptar el hecho de que esta sociedad moderna que conocemos, una consumidora compulsiva y feroz destructora de los recursos del medio ambiente, más pronto que tarde se ha de acabar. Y quizás no sea por fuerzas de confrontación, desde el punto de vista político, armadas; sino, y es más sano y ventajoso pensarlo así, por la conciencia de quienes lideran la sociedad. En un punto se dirán: “¿A dónde vamos a llegar, si devoramos los recursos sin control?” “¿Estaremos cavando nuestra propia tumba?” Y quizás a estas reflexiones no se llegue como organismo estatal, sino como acto individual de un industrial que diga basta, y sea imitado por otros. Todo puede ocurrir. Sin embargo, el hecho concreto es que hemos sido malos huéspedes del planeta. Malos huéspedes que tapamos las cañerías, dejamos abiertas las llaves del agua, no barremos el piso, no limpiamos los vidrios de las ventanas, la cocina está toda chorreada y así sucesivamente. Pero en medio de todo eso, vivimos felices. O aparentemente felices, porque esa casa en la que nos hospedamos será nuestra sepultura.

Por fortuna, hay personas, en todo el mundo, preocupadas por hacernos ver la urgencia de este cambio de paradigmas en la manera como nos aprovechamos de los recursos naturales. Gastamos decenas de metros cúbicos de agua para obtener un gramo de un mineral, talamos cientos y miles de hectáreas de bosques, desviamos los ríos y los deforestamos, agotamos las tierras con cultivos intensivos. Somos, casi, una plaga.

Todo esto nos ocurre por correr en pos de objetos con los cuales creemos no poder vivir, o ser felices. Pero la felicidad quizás está en otro sitio, y no en esos objetos. La felicidad puede partir de la percepción que tenemos de nosotros mismos. Su máxima expresión puede estar ligada a la manera como disfrutamos del entorno, y no en la manera cómo lo consumimos. Esta es otra manera de presionar la modificación de las costumbres empresariales de producción: dejar de consumir bienes y servicios prescindibles.

Paul Ekins (foto) es un profesor universitario británico, reconocido militante de las causas verdes, que ofreció al periodista Javier Silva Herrera, del diario El Tiempo, una entrevista que me permito reproducir, en la que hace hincapié en la creación de una sociedad económica y, especialmente, medioambientalmente sostenible. El periodista lo presenta como “uno de los seres humanos que más sabe de economía verde, una nueva estrategia que busca que las naciones impongan un modelo de crecimiento que genere riqueza, pero al tiempo reduzca los impactos ecológicos sobre los ecosistemas. Tanta fe le tiene Ekins a esta nueva vía, que considera que puede “y debe” dividir en dos el futuro del siglo XXI”. Estamos sacrificando la salud del planeta y la nuestra, por un consumo desaforado. ¿Cuál es el camino para cambiar ese enfoque tan impactante?   Logrando que las formas de consumo irresponsable sean gravadas o penalizadas. El consumo propio no es un problema hasta tanto no perjudiques a tu vecino. El uso excesivo u ofensivo de los recursos debe ser castigado con dinero.

Usted dice que la economía verde es la próxima revolución industrial. ¿Por qué?   La revolución industrial cambió las bases de la economía, cambió las formas de producción, de consumo y de inversión. De una humanidad muy agrícola se pasó a una manufacturera; surgieron los combustibles fósiles y nació el carro, por ejemplo. La economía verde busca que se dejen de mirar los recursos naturales como activos infinitos. Ahora tenemos que comenzar una nueva revolución industrial que nos ponga a movernos de forma diferente, a usar nuevos recursos para cambiar la manera de hacer energía. Necesitamos pasar de una economía marrón o contaminante a una verde y que se mueve con el viento, el sol o las olas del mar.

¿La economía verde es una moda medioambiental pasajera o ya maduró?   No es una moda ni puede serlo; aquí las cosas no dependen de si es o no una tendencia, debe ser el modelo del futuro. No podemos esperar que los 7.000 millones de ciudadanos vivan como los californianos, sin restringir lujos o consumo. Toca cambiar. El énfasis debe ser la no destrucción del medio ambiente.

¿No cree que es un modelo excluyente, solo para países ricos?   Hoy, por el uso incorrecto de los recursos y la destrucción de los ecosistemas, los pobres no pueden acceder a energía, a comida adecuada, al agua potable. Precisamente lo que logra la economía verde es sostener los recursos de los cuales dependen las comunidades de escasos recursos y reducir sus carencias. Un ejemplo: a corto plazo, crear un botadero a cielo abierto es más barato que construir un relleno con tecnología de punta que maneje las basuras adecuadamente. Pero a largo plazo, sale más caro el botadero, que generará daños impagables al suelo, al agua y a la salud de la gente. Es todo lo contrario a un modelo excluyente.

Para pasar de la teoría a la realidad, ¿qué países se destacan, así sea parcialmente, como económicamente verdes?   En Alemania, el 20 por ciento de su energía es limpia; la hacen con turbinas eólicas. En Austria, esa misma producción de energía renovable llega al 40 por ciento. En Holanda, más del 85 por ciento de los residuos industriales son reciclados. En Taiwán, la industria recicla el 50 por ciento. En estos sitios se está pasando del modelo producir-usar-botar a uno que cierre el ciclo y sea producir-usar-botar y reusar.

¿Cuál debe ser la estrategia gubernamental para aplicar este modelo sostenible?   Impuestos ambientales para quienes contaminen y oportunidades para sectores que intenten ser limpios. Aplicar restricciones: obligar a que cada complejo de viviendas que se construya sea energéticamente eficiente, por ejemplo. E impulsar las innovaciones, la investigación y el desarrollo de nuevas tecnologías.

La Administración de Información Energética dice que el consumo de carbón y otros combustibles fósiles aumentará hasta 2030. ¿Cuál es el futuro de las energías renovables, si esa economía basada en contaminantes no frena por ahora?   Todo depende. Esos son los cálculos de hoy, hechos con el modelo actual. No sabemos si en 20 años haya tanta inversión en formas de producción sostenibles que el modelo comience a variar, al punto de que el carbón o el petróleo dejen de ser tan atractivos comercialmente. Dependemos de las decisiones políticas.

Uno de los beneficios teóricos de la economía verde es que crea millones de puestos de trabajo. ¿Cómo se produce este milagro?   En el momento en que se inventen nuevas tecnologías, se necesitarán más personas que manejen esas nuevas propuestas. Incluso habrá gente que deje de trabajar en actividades contaminantes y se pase a cubrir el nuevo modelo. La transición hacia una economía más verde podría generar entre 15 y 60 millones de empleos adicionales en el mundo en las próximas dos décadas, y sacar a millones de la pobreza.

¿Cuál es ese sector que se debe ‘enverdecer’ primero?   La agricultura, que debe ser mucho más orgánica, como lo está logrando Europa. Pero en general, todos los sectores deben incluir procesos menos impactantes, porque igual vamos a necesitar hierro, agua o madera.

¿Cuál energía renovable se podría desarrollar primero: eólica, solar, térmica o marina?   La energía de biomasa, que usa materia orgánica. Le seguiría la solar, que transforma la energía en electricidad. Detrás estaría la que se produce con las olas del mar.

¿Se podría vivir solo del sol?   Por supuesto. Solo el sol, en un día, nos aporta la energía que los humanos usamos y producimos de múltiples formas durante un año. Impensable todo lo que estamos desperdiciando; por eso, las tecnologías que la captan deben ser cada vez más eficientes, sobre todo para los países ubicados sobre el Ecuador, donde la energía solar está presente todos los días.

El exterminio de elefantes es obra de las milicias

La noticia lo deja a uno helado, sobre todo viendo la foto. Unas milicias, procedentes de Chad y Sudán, están entrando ilegalmente a Camerún en busca de elefantes. Esas milicias, al parecer, ya exterminaron los elefantes que había en Chad y Centroáfrica, y ahora quieren los del parque nacional de Bouba N’djida, en el norte de Camerún.

Los testimonios hablan de una matanza de 200 elefantes (un tercio de los que viven en la reserva). La descripción que dan los testigos de esos salteadores es que están armados con Kaláshnikov, van caballo, y están asistidos por camellos para llevarse los colmillos de marfil de los elefantes asesinados.

La carne la dejan tirada en el sitio, y después van a los pueblos (Gouna, Sinassi y Koiloungou, por ejemplo) a ofrecerla “de regalo”. Con esta carne de elefantes acribillados por sus manos sucias, esas milicias despiadadas y obtusas quieren “ganar el apoyo de las aldeas”.

El Gobernador de la región, Gambo Haman, se declara impotente, pues los guardas del parque son pocos y están mal armados. Un guía, con tristeza, graficó la situación: “Vemos cómo nuestro trabajo de años (de conservación de los paquidermos) se está quedando en nada”.

Un crimen, igual de aberrante y censurable, cometen los que comen aletas de tiburón, porque los comerciantes se las cortan a esos animales vivos y los lanzan de nuevo al mar, sin que tengan la posibilidad de nadar y mueren. Y también, igual de criminales son los que matan ballenas con el falso argumento de que se trata de estudios “científicos”, pero la carne de estos animales surte los supermercados orientales. En estos dos casos, se trata de supersticiones sexuales, pues teniendo el pene muy chico y siendo eyaculadores precoces, creen que con aletas de tiburón y carne de ballena van a superarse. Imbéciles que son.

Tras los responsables del doble crimen ecológico

Se cometió un doble crimen en Chile: 25.000 hectáreasde bosques naturales quemadas en la turística zona de Torres del Paine (Región de Magallanes y Antártica), y 32.000 hectáreasde eucaliptos y bosques quemadas en las regiones del Biobío y la Araucanía.

En el primer caso, se habla de un imputado: el ciudadano israelí Rotem Singer, de 23 años, pero al parecer no hay cabal seguridad de su autoría, y en el segundo caso no hay indicio de culpable alguno.

Como sea, las averiguaciones deben llevarse a cabo para dar con los responsables. Un crimen de este tamaño no puede quedar impune. Por eso, resulta oportuno que la Fiscalía haya abierto averiguaciones formales para descubrir a los criminales.

En las Torres del Paine el daño es incalculable. Muy gráficamente lo reporta Cristián Warnken en su columna en Emol. En el Biobío y la Araucanía se perdieron muchas pequeñas explotaciones agrícolas, y bosques con fines comerciales de grandes y pequeñas forestales.

El presidente Sebastián Piñera advirtió que se aplicará todo el rigor de la ley. No es para menos. En cuanto al incendio en la Araucanía que todavía no se sofoca por completo, las llamas fuera de control y manipuladas por las ráfagas del viento, causaron la muerte de 6 brigadista y la declaratoria de desaparecidos de 2 más. Con horas de antelación se había confirmado la muerte de un adulto mayor en el Biobío.

Por fortuna, Chile ha contado con la ayuda de países amigos, como Argentina, España, Uruguay y Estados Unidos, que la han enviado oportunamente. Elevo una oración por los brigadistas chilenos fallecidos: Diego Mella Rosales, Marcelo dela Vegadela Vega, Ítalo Vidal Valdebenito, Cristián Freire Bustos, Juan Carlos Cordero Cerón y Carlos Pinto Catalán. Que en paz descansen…