Archivo de la etiqueta: Parábola

‘El rebelde’ de Osho

17-the rebelHoy, la figura poderosa y autoritaria es claramente la del amo de su propio destino. Sobre su hombro hay un emblema del sol, y la antorcha que sostiene en su mano derecha simboliza la luz de su propia verdad duramente ganada. Si él es rico o pobre, el rebelde es realmente un emperador porque ha roto las cadenas de acondicionamiento y opiniones represivo de la sociedad. Se ha formado a sí mismo abrazando todos los colores del arco iris, que salen de las raíces oscuras y sin forma de su pasado inconsciente y creciendo alas para volar hacia el cielo. Su propia forma de ser es rebelde –no porque él está luchando en contra de nadie ni nada, sino porque ha descubierto su propia naturaleza verdadera y está determinado a vivir de acuerdo con ella–. El águila es el espíritu animal, un mensajero entre la tierra y el cielo. El rebelde nos desafía a ser lo suficientemente valientes como para asumir la responsabilidad de lo que somos y vivir nuestra verdad.

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Le preguntaron a Mahatma Gandhi

gandhi3Le preguntaron a Mahatma Gandhi (foto) cuáles eran los factores que destruían al ser humano. Él respondió:

“La política sin principios, el placer sin compromiso, la riqueza sin trabajo, la sabiduría sin carácter, los negocios sin moral, la ciencia sin humanidad y la oración sin caridad.

La vida me ha enseñado que la gente es amable, si yo soy amable; que las personas están tristes, si estoy triste; que todos me quieren, si yo los quiero; que todos son malos, si yo los odio; que hay caras sonrientes, si les sonrío; que hay caras amargas, si estoy amargado; que el mundo está feliz, si yo soy feliz; que la gente se enoja, si yo estoy enojado; que las personas son agradecidas, si yo soy agradecido.

La vida es como un espejo: Si sonrío, el espejo me devuelve la sonrisa. La actitud que tome frente a la vida, es la misma que la vida tomará ante mí.

El que quiera ser amado, que ame”.

Feliz Navidad y Año Nuevo 2013 – 2014

‘Ante la Ley’ de Franz Kafka

kafka

Hay un guardián ante la Ley. A ese guardián llega un hombre de la campaña que pide ser admitido a la Ley. El guardián le responde que ese día no puede permitirle la entrada. El hombre reflexiona y pregunta si luego podrá entrar. ‘Es posible’, dice el guardián, ‘pero no ahora’. Como la puerta de la Ley sigue abierta y el guardián está a un lado, el hombre se agacha para espiar. El guardián se ríe, y le dice: ‘Fíjate bien: soy muy fuerte. Y soy el más subalterno de los guardianes. Adentro no hay una sala que no esté custodiada por su guardián, cada uno más fuerte que el anterior. Ya el tercero tiene un aspecto que yo mismo no puedo soportar’. El hombre no ha previsto esas trabas. Piensa que la Ley debe ser accesible en todo momento a todos los hombres, pero al fijarse en el guardián con su capa de piel, su gran nariz aguda y su larga y deshilachada barba de tártaro, resuelve que más vale esperar. El guardián le da un banco y lo deja sentarse junto a la puerta. Ahí, pasa los días y los años. Intenta muchas veces ser admitido y fatiga al guardián con sus peticiones. El guardián entabla con él diálogos limitados y lo interroga acerca de su hogar y de otros asuntos, pero de una manera impersonal, como de señor poderoso, y siempre acaba repitiendo que no puede pasar todavía. El hombre, que se había equipado de muchas cosas para su viaje, se va despojando de todas ellas para sobornar al guardián. Éste no las rehúsa, pero declara: ‘Acepto para que no te figures que has omitido algún empeño’. En los muchos años el hombre no le quita los ojos de encima al guardián. Se olvida de los otros y piensa que éste es la única traba que lo separa de la Ley. En los primeros años maldice a gritos su destino perverso; con la vejez, la maldición decae en rezongo. El hombre se vuelve infantil, y como en su vigilia de años ha llegado a reconocer las pulgas en la capa de piel, acaba por pedirles que lo socorran y que intercedan con el guardián. Al cabo se le nublan los ojos y no sabe si éstos lo engañan o si se ha obscurecido el mundo. Apenas si percibe en la sombra una claridad que fluye inmortalmente de la puerta de la Ley. Ya no le queda mucho que vivir. En su agonía los recuerdos forman una sola pregunta, que no ha propuesto aún al guardián. Como no puede incorporarse, tiene que llamarlo por señas. El guardián se agacha profundamente, pues la disparidad de las estaturas ha aumentado muchísimo. ‘¿Qué pretendes ahora?’, dice el guardián; ‘eres insaciable’, ‘Todos se esfuerzan por la Ley’, dice el hombre. ‘¿Será posible que en los años que espero nadie ha querido entrar sino yo?’ El guardián entiende que el hombre se está acabando, y tiene que gritarle para que le oiga: ‘Nadie ha querido entrar por aquí, porque a tí solo estaba destinada esta puerta. Ahora voy a cerrarla’.

Franz Kafka (foto) (Versión de Jorge Luis Borges, 27 de mayo de 1938.)

Dos cuentos jasídicos de Baal Shem Tov

BaalShemTov - copia¿Cómo nos vamos a dar cuenta?

Ciertos discípulos de Baal Shem Tov acudieron un día a casa del Maestro para someterle una cuestión.

–Año tras año viajamos desde nuestra ciudad para recibir aquí sus enseñanzas, y nada ni nadie en el mundo pudo evitar que lo hiciéramos. Pero hay en nuestra ciudad un hombre que dice ser un tzadik, un justo. Si realmente lo es, nos gustaría aprovechar su sabiduría. ¿Pero cómo estar seguros de que no es un farsante?

El Baal Shem Tov miró con cariño a sus jasidim.

–Tienen que someterlo a prueba por medio de una pregunta –dijo, y tras pensar un momento, añadió–: ¿Les han estado ocasionando inquietud los pensamientos descarriados durante sus oraciones?

–¡Sí! –respondieron los jasidim–. Tratamos de concentrarnos en nuestra devoción al orar, pero otros pensamientos nos asaltan. Hemos probado sin resultado muchos métodos para evitarlos.

–Muy bien –dijo Baal Shem Tov–. Pregúntenle cuál es la manera de evitar esos pensamientos impíos. Si les da una respuesta, es un farsante.

Tan diligente como tu enemigo

Dijo el Baal Shem: “Debes comprender que cada vez que Satán te persigue tratando de instigarte a cometer una mala acción, está cumpliendo con su deber, según lo entiendo, con la mayor diligencia posible. Tienes que imitar su diligencia para cumplir tu deber, que es el de luchar contra él y derrotarlo”.

Baal Shem Tov (retrato)

Tras el rastro del vocablo Conticinio

momento2Voy a hacerme una confesión: jamás había escuchado la palabra conticinio. Y cuando la oí, o mejor dicho, la leí, no me dijo qué dice en verdad. Lo que en verdad dice. La asocié, por el sufijo, con latrocinio, patrocinio, cosas así. Supe que designa un momento especial. Uno que algunos no han dudado en calificar de mágico. Alguien le hizo un poema, que se acerca bastante a la definición misma. Otro dijo que es una palabra reservada para poetas y escritores. Hubiese sido preferible que con la palabra cualquiera pudiese acercarse al ámbito del poeta o escritor. Otro hizo una canción, un vals, y uno más respondió por su significado en el maestro virtual de las preguntas y respuestas de Yahoo. Y en Google, también. Por mi parte, intento ilustrarlo, quizás torpemente, con un trabajo de Richard Caldicott. La Escuela de Escritores, un portal español, pidió escoger la palabra más hermosa de nuestro idioma español, y muchos la nombraron: conticinio. Dijeron: “Noche, silencio… el momento ideal”. “Madrugada repleta de ausencias en que la poesía alcanza y la muerte onírica del mundo nos llena de absoluta paz”. “Me encanta esta palabra por su aparente inutilidad”. También la Real Academia Española dijo lo suyo. La verdad, o al menos la mía, la palabra en sí, carece de dulzura, de fluidez o magnetismo, como pentimento, carámbano o nimbado. Cada cual tendrá, obviamente, las suyas. Sus palabras sonoras, dulces, magnéticas. En tanto la palabra conticinio viene del griego y significa vigilia. Vigilia es vigilar. Vigilar es velar. Y qué es si no la concentración de los sentidos. En el conticinio, ya no responde esa concentración de los sentidos a la detección de vida o movimiento exterior, sino interior. Designa el conticinio ese momento. Con la venía de la RAE, no solo de la noche. Sino el momento. Ese, a cualquier hora, en el que se produce el silencio que invoca la magia de convertirnos en universo.

Cuatro-4 leyes de una ascensión espiritual

espiritualidad2Más que religiosidad, me interesa la espiritualidad. Por cierto que la palabra “religión” no se emplea en la Biblia (el libro sagrado de nosotros, los cristianos, así como del islam lo es el Corán), excepto en Santiago 1.27, donde dice: “La religión pura y sin mácula delante de Dios el Padre es esta: Visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha del mundo”. Y esa es toda la ‘religión’ en la Biblia.

Así es que la espiritualidad (ilustración) traspasa lugares y se halla en distintas formas, hasta en expresiones sistematizadas que buscan aglutinar expresiones aparentemente disímiles en una sola, como lo pretende y busca la Fe bahá’i. Entre tanto, la espiritualidad puede hallarse dispersa, sin exclusiones, y las siguientes cuatro leyes provenientes de la sabiduría india, corresponden a esa búsqueda de los planos superiores:

La primera ley dice: “La persona que llega es la persona correcta”; es decir, que nadie llega a nuestras vidas por casualidad, todas las personas que nos rodean, que interactúan con nosotros, están allí por algo, para hacernos aprender y avanzar en cada situación.

La segunda ley dice: “Lo que sucede es la única cosa que podía haber sucedido”. Nada, pero nada, absolutamente nada de lo que nos sucede en nuestras vidas podría haber sido de otra manera. Ni siquiera el detalle más insignificante. No existe el supuesto de “si hubiera hecho tal cosa, hubiera sucedido tal otra…” No. Lo que pasó fue lo único que pudo haber pasado, y tuvo que haber sido así para que aprendamos esa lección y sigamos adelante. Todas y cada una de las situaciones que nos suceden en nuestras vidas son perfectas, aunque nuestra mente y nuestro ego se resistan y no quieran aceptarlo.

La tercera ley dice: “En cualquier momento que comience es el momento correcto”. Todo comienza en el momento indicado, ni antes, ni después. Cuando estamos preparados para que algo nuevo empiece en nuestras vidas, es allí cuando comenzará.

Y la cuarta y última ley: “Cuando algo termina, termina”. Simplemente así. Si algo terminó en nuestras vidas, es para nuestra evolución; por lo tanto, es mejor dejarlo y seguir adelante y avanzar ya enriquecidos con esa experiencia. Creo que no es casual que estén leyendo esto, si este texto llegó a nuestras vidas hoy, es porque estamos preparados para entender que ningún copo de nieve cae alguna vez en el lugar equivocado.

Invocación para iniciar un día de trabajo

oración3Señor, al entrar en mi lugar de trabajo deseo invocar tu presencia, para darte gracias por este nuevo día. Te pido tu paz, tu gracia, tu misericordia y tu orden perfecto para esta oficina.

Te pido que bendigas todo lo que se hable, piense, decida y haga dentro de estas paredes. Bendice mis proyectos, ideas y todo lo que realice, para que aún mis más pequeños logros sean testimonio de tu gloria. Bendice, Señor, a mis jefes, compañeros, clientes, y a todas las personas que este día se relacionen conmigo. Renueva mis fuerzas para hacer mi trabajo de la mejor forma posible.

En este día te pido, Señor, un corazón generoso para atender con amabilidad a todas las personas y no ser indiferente a sus necesidades. Ojos para descubrir lo mejor en los que me rodean. Una boca que sonría con frecuencia, que diga frases optimistas y que enmudezca para los rumores y palabras ofensivas.

Dos manos que trabajen honradamente y con entusiasmo, para satisfacer las necesidades de mi familia y mías. Mente abierta a todas las ideas, para pensar bien de los demás y entender sin prejuicios a los que piensen distintos a mí. Especialmente, Señor, dame una fe profunda para creer en tu palabra y una voluntad decidida para actuar correctamente y hacer el bien.

Señor, cuando esté confundido(a) guíame, cuando me sienta débil, fortaléceme, cuando esté cansado(a) lléname con la luz del Espíritu Santo.

Te pido que en este día el trabajo que haga y la manera cómo lo haga, esté de acuerdo con tu palabra y tus mandamientos.

Y te pido, Señor, que cuando termine mi trabajo de hoy me conduzcas con seguridad hasta mi destino. Bendice mi familia y cuida mi hogar para que todas mis cosas estén como las dejé cuando salí de casa.

Señor, te agradezco por todo lo que has hecho en mi vida, lo que haces y lo que harás. En el nombre de Jesús, te doy las gracias por los dones con que me bendices el día de hoy; ayúdame a usarlos con responsabilidad, en tu honor. Amén.