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No es un buen sistema las AFP; No+AFP

afpPueden desgañitarse los promotores de las Administradoras de Fondos de Pensiones, AFP, ofreciendo el cielo y la tierra, pero son un robo para los trabajadores. Las AFP son, en realidad, cuentas de ahorro. Nada más. Y el pago de los intereses por tener el dinero en esas cuentas, es exageradamente bajo. En cambio, es alto el riesgo de que el ahorrador (trabajador) pierda su dinero. Lo vea esfumarse en manos de las AFP.

Poner el dinero, que es fruto del trabajo diario durante años y años, en una cuenta de ahorros, y que al final no le compensen ni siquiera el costo de la inflación, es perder el dinero. Y esto es lo que ocurre con las AFP.

Tantos años en que los trabajadores han tenido que depositar sus ahorros en esas cuentas, mal llamadas de ‘pensiones’, y los empleadores jamás han puesto un peso a favor de quienes, con su trabajo, han hecho que sus empresas funciones y den utilidad. Solo ahora, en el 2017, los empresarios harán un aporte del 5%, de acuerdo con el proyecto de ley que se presentará ante el Congreso.

De modo que los empresarios no solo han depredado la vida, la energía existencial de los trabajadores; no solo han hecho utilidades a costa de romperle el lomo a los empleados, sino que no han hecho nada por sus ‘colaboradores’ (empleados), ni por la sociedad. No han aportado un peso.

Los trabajadores son objeto de retención de una parte de su sueldo, con destino a las Administradoras de Fondos de Pensiones, AFP. Esto quiere decir que un grupo de empresarios, autorizados a captar esos dineros, y rentabilizarlos, han tenido una millonada a su disposición, sin hacer nada. No han hecho el más mínimo esfuerzo por seducir esos dineros, sino que pasivamente se les entrega para su “administración”. Por eso, las AFP son parásitos del dinero de los trabajadores.

Toman el dinero de los empleados y hacen negocio con él, y le devuelven al dueño real del dinero, el trabajador, una miseria. Pensiones que no llegan a los 100 mil pesos. Pero ellos, los parásitos de las empresas administradoras obtienen utilidades multimillonarias cada año. Las AFP son un negocio pulpo en manos de parásitos.

Y ahora, cuando los empresarios, por fin van a poner 5% de cotización en favor de los empleados (de los que exprimen su fuerza laboral), los señorones de las AFP hacen más bulla que las gallinas cluecas, y consideran que “el Estado no puede tocar esa plata”. ¡Consideran que el Estado no puede cumplir su función social!

En su voracidad parasitaria, las empresas administradoras del dinero de la jubilación de los trabajadores meten miedo a la gente para que ellos puedan volver a quedarse con este mayor dinero de los empleados, proveniente del 5% de los empleadores, y aumentar sus utilidades.

Porque ellos usan el dinero de los trabajadores, pero las ganancias que obtienen no las comparten, sino que las fragmentan, y la mayor parte, casi la totalidad, es para ellos, y la miseria restante para los trabajadores. Así se permiten sus autos de lujo, sus mansiones de lujo, sus casas de campo de lujo, sus cuentas bancarias de lujo, y sus hijos estudiando de lujo en Europa o Estados Unidos.

No+AFP, porque es un robo al dinero de los trabajadores. La plata de las jubilaciones no debe ser para que un grupito de privados obtenga millonarias ganancias, a expensas de la miseria de los jubilados.

Las AFP son un sistema perverso, un sistema de cuentas de ahorro que no paga intereses a los clientes.

No+AFP, porque el sistema de cuentas de ahorro, que pomposamente llaman “sistema de capitalización”, no es tal, porque ellos no capitalizan al trabajador, que es su cliente, sino que capitalizan sus propios bolsillos, haciendo negocios con el dinero de los pobres.

 

País sombrío; bebés usados; mal ejemplo en la tele

monga21) Yerko Puchento dijo: “Piñera se metió a ver a la Monga (en Fantasilandia) y pregunto: ‘¿Cecilia Perez, eres tu?’”, y Cecilia Pérez (foto) denunció a Yerko Puchento ante el Consejo Nacional de Televisión por decir eso. ¡Denunció a un payaso! ¿Una ‘estadista’ liándose a combos con un payaso? ¡Qué payasada! Y si gana, supongamos que así sea, ¿qué gana? ¿Qué no le digan fea, Monga*? Y después de eso, ¿qué? ¿Se sentirá la redentora de Chile? Sería un triunfo triste. A este paso, nos volvemos tontos graves. Un país sombrío.

2) Con preocupación he visto en televisión un anuncio de un banco, en el que usan a un bebé (de pocos meses de nacido), en primer plano, para ofrecer sus productos financieros. El banco es Falabela, y me parece que aquí hay un abuso del bebé, y de la figura de los bebés. Lo digo ‘mirándote a los ojos’. ¿Habrá una legislación al respecto?

3) Qué asquerosa la promoción de Tvn, o TvChile, para sus transmisiones deportivas. Salen Pedro Carcuro, Marcelo Barticiotto y Patricio Yañez, y usan la imagen de Gonzalo ‘El asqueroso’ Jara, cuando hundió su dedo entre las nalgas del delantero uruguayo Edinson Cavani. ¿Tvn, o TvChile, se enorgullece de ese acto asqueroso, y lo pone de emblema del país? ¡Qué decadente!

4) Julio César Rodríguez, bueno para el dinero y los chistesitos flojos, además de hablar como si tuviera la boca llena de babas, usa el idioma como le da la gana. Los de la televisión son, de algún modo, pedagogos para los televidentes. Por eso, si se habla mal, la audiencia va a creer que así es correcto, y el error se multiplica. No le basta el ‘piedrazo’ (¡esa palabra no existe en español!; se dice “Pe-dra-da”), sino que saca pecho para decir que no esperaba darse “puñalazos” con Claudia Schmitd. ¡Puñalazos! ¿En Hualpén se dan puñalazos? (De paso, decir que le creemos a Claudia Schmitd sobre su salida de ‘Primer Plano’, y no al mercachifle del periodismo Julio César Rodríguez). No existe la palabra ‘puñalazo’ en español. No existe. ¡Se dice Pu-ña-la-da!
*(Monga=mujer gorila)

De Santa Cruz a Lagos Escobar

andres-santa-cruzPrepotente. Yo creo que es porque no se los ha metido presos, por los delitos que han cometido a los ojos del país entero durante los últimos diez años, que estos señorones de los barrios del oriente de Santiago son tan prepotentes, y tan agresivos con el gobierno. Un ejemplo, el nuevo presidente de las Administradoras de Fondos de Pensiones, AFP, Andrés Santa Cruz (foto), a su vez ex presidente de la Confederación de la Producción y el Comercio, CPC (es decir, de los mismos), que, en forma prepotente “manda a callar” al gobierno y le dice que no debe opinar, sino “hacer cumplir la ley”. Obvio, una ley que, hasta hoy, favorece el latrocinio que cometen las administradoras de fondos de pensiones con el dinero del pueblo chileno. ¿Qué le pasa a este señor? ¿No se ha enterado que el sistema de pensiones hizo crisis en Chile y en el mundo entero? Un sistema que solo deja sueldos multimillonarios para los ‘directores’ de los fondos (¿recuerdan a Pablo Longueira presentando su curriculum vitae en las AFP, después de la crisis de diarrea que le dio cuando hizo el tony de candidato presidencial e intuía una investigación penal en su contra, que está en curso?), y utilidades multimillonarias para los socios de esos fondos, pero unas pensiones miserables para quienes ponen su dinero, durante años de sudor para, supuestamente, vivir tranquilamente los últimos años de su vida. Ver sufrir a los chilenos con pensiones miserables es un acto de extrema crueldad, de lesa humanidad. ¿Cuándo, estos señorones ‘empresarios’ aportarán para las pensiones de los trabajadores que les permiten hacerse ricos? En todas partes del mundos los empresarios aportan, ¡menos en Chile! Es un negocio de una decena de personas, controlando los dineros de cientos de miles de chilenos, que ya no tiene futuro. Ya hizo crisis. Pero este señor Santa Cruz se siente por encima de la realidad y por encima del gobierno. Sin embargo, al final, cuando le piden una propuesta para mejorar el sistema, sale con el mismo chorro de babas de sus antecesores: aumentar el monto de las cotizaciones y aumentar la edad de cotización. Con esta propuesta ramplona lo que quieren es perpetuar, en las condiciones actuales, el mismo negocio de promesas, el mismo sistema de engaños, y antisocial.

ricardo-lago-escobar-_101Esperpento. Otro que está fuera de la historia es Ricardo Lagos Escobar (foto). El artífice, por cierto, de que los señorones delincuentes de los barrios del oriente de Santiago no paguen con penas de cárcel sus delitos económicos. Por eso lo aman los ‘empresarios’, porque es un protector de sus pillerías. (Digamos, de paso, que también legitimó la Constitución del traidor, ladrón y asesino Augusto Pinochet) Pero digo que está fuera de la historia porque ya le pasó su tiempo, y sale, prepotente, a presentarse como ‘alternativa’, como ‘nueva propuesta’ para las próximas elecciones presidenciales. Da tristeza ver y escuchar a este señor, con sus argumentos obsoletos, y su voz gagá, hablar de ser la alternativa para suceder a la presidenta Michelle Bachelet. No tiene nada qué proponer. Fue opositor, solapado, de varias reformas, entre otras la del sistema de pensiones. Él, está de acuerdo con Andrés Santa Cruz. Se ha convertido el señor Lagos Escobar, más bien, en un estorbo a la límpida carrera de Alejandro Guiller. En este sentido, es más retrógrado que Sebastián Piñera, y todos los de su corrillo. Pero de esperpentos como Ricardo Lagos Escobar está hecha la política.

¿Hay razones para protestar contra las AFP?

AFP-collage_816x544En 1990 el diario El Mercurio anunciaba (foto inferior) que los fondos de pensiones estaban rentando al 6 % y 7 %, por lo que se preveía que en el 2020 la tasa de retorno para el ahorrador en las AFP sería 100 % del sueldo al momento de recibir su pensión. Mentira. Hoy sabemos que es una de las tantas mentiras del sistema fraudulento que impuso en Chile, como país-laboratorio del neoliberalismo, el traidor, ladrón y asesino Augusto Pinochet, del que medran sus epígonos.

Cada año sale el gremio de las AFP (¡tienen gremio!) o el ministro del Trabajo de turno (¿cómplice?) a decirle a la gente: La rentabilidad de las AFP es negativa, pero no se salgan de los fondos porque lo importante es el ‘largo plago’. Mentiras. Desde 1990 hasta el 2016 han pasado 26 años (¿será corto, o largo plazo para esos voceros?) y los pensionados no obtienen, en el 90 % de los casos, más de 146 mil pesos mensuales. No importa si su sueldo fue de 800 mil o un millón de pesos, está recibiendo mucho menos de la mitad en forma de pensión.

Porque el negocio está en los sueldos multimillonarios y los ‘bonos’ que recibe la manga de El Mercurio en 1990 - copiazánganos (foto superior) de los directorios de cada una de las AFP. Ellos, perfumados y en autos de lujo, viviendo en el oriente alto de Santiago, ¡con dinero de los pobres! Esos personajes, chupan el dinero (y la sangre) de las personas honestas y trabajadoras, a las que, al final, no les queda más que una miseria de pensión. Se sabe que, en el 2015, recibieron 20 mil 560 millones de pesos en sueldos y ‘bonos’.

En el caso de AFP Habitat, repartió parte de sus utilidades, que deberían ir a engrosar las pensiones de los ahorradores en ese fondo, entre los 8 miembros de su directorio: les dio 1.000 millones de pesos por sus ‘servicios’.

A esos señorones de los directorios que, supuestamente representan a los ahorradores (usted y yo), no les interesa obtener una buena pensión para sí mismo. No les interesa. Porque con el dinero ganado mientras son ‘directores’, además de llevar en Chile una vida de millonarios de Wall Street, pueden montar empresas, comprar acciones, asociarse en ‘emprendimientos’, ahorrar en el exterior, etcétera. Y pasan del gobierno a una AFP con rapidez asombrosa, como el propio presidente de la Asociación de AFP, Rodrigo Pérez Mackenna. ¿Recuerdan que Pablo Longueira, cuando quedó al descubierto el manejo ilícito (o delictivo) de fondos políticos que hacía (como buen alumno de Jovino Novoa), presentó su curriculum vitae a las AFP para ser uno de los miembros de uno de esos directorios? Estos son ejemplos de quiénes ocupan esos cargos y con qué fin.

El sistema de las Administradoras de Fondos de Pensiones (AFP) es perverso. Sádico. Digno de criminales de la peor especie, que se dan gusto viendo la agonía de sus víctimas, hasta el último suspiro. Dan grima, en realidad, estos tipos perfumados de los barrios altos del oriente de Santiago. ¡Y las organizaciones de trabajadores los eligen para que los ‘representen’ en los directorios! ¿Y qué hacen estos tipos? Toman el dinero de los pobres, y lo invierten, sin reato ético, en las empresas del coludido ‘empresario’ Eliodoro Matte: ¡allí tienen 2 Billones de pesos! Hacen negocios en beneficio personal, con el dinero de los pobres.

Este sistema debe desaparecer. Los empresarios tienen que aportar a las pensiones de quienes dejaron lágrimas, sudor y sangre en sus empresas para que ellos se volvieran más ricos de lo que ya eran de cuna. El Estado tiene que intervenir. La razón de ser de la vida es el bienestar de las personas. De todas las personas. No solo de algunas. El Estado debe vigilar e intervenir, sin dudas, para esto sea cierto.

Un 11 de septiembre en que se perdió el decoro

salvador allendeHoy se cumple un año más de un sueño frustrado. El sueño de una sociedad más justa, inclusiva y democrática. Sueño que fue atacado de manera aleve con tanques de guerra, aviones de combate y soldados y marinos blandiendo fusiles.
Hoy se cumple un año más del asalto delictivo a La Moneda, perpetrado en 1973 por un grupo de alevosos militares que pisotearon el orden constitucional del país, y emprendieron una era de terror con asesinatos, desapariciones y torturas. Una era en que el sistema estatal fue puesto al servicio de la barbarie, las masacres y la impunidad, en un prolongado acto de lesa humanidad que duró 17 años.
Hoy se cumple un año más en que una cuerda de facinerosos irrumpió en La Moneda, produciendo la muerte del presidente constitucional de Chile, el socialista Salvador Allende (foto). Con sus mentes calenturientas y la consigna de ser los redentores del país, los militares de esa época se movilizaron como los títeres pusilánimes que fueron de un grupo de civiles privilegiados que, coludidos, empezaron a saquear el Estado y enriquecerse hasta el límite actual de sus empresas y bancos.
Hoy es un día para rendir tributo a todos aquellos héroes ciudadanos que soñaron con un país más justo y una riqueza redistribuida más equitativamente, y fueron desaparecidos y asesinados. Héroes de un sueño de justicia social que sigue vigente, que mantiene su calidad de amenaza para los privilegiados que se han enriquecido hasta la saciedad, muchas veces de manera ilícita, pero que quieren más. Una amenaza para ese grupo oligárquico que detenta los bienes y servicios elaborados con sudor del pueblo. Grupo de enfermos de codicia que ocupan el Congreso y la Bolsa de Santiago, y detentan las grandes empresas, los bancos y las universidades y colegios. Grupo oligárquico sediento siempre de sangre y de dinero.

Los sofismas de Gonzalo Rojas (no el poeta)

gonzalo rojas sánchezCon sus mismas palabras, párrafo por párrafo, me permito usar “el discurso” del señor Gonzalo Rojas (foto, que no el poeta de Lebu, Rojas Pizarro, sino un homónimo, Rojas Sánchez, de menos casta) para decir exactamente lo opuesto de su destemplado intento (es un obsesivo en su temática, es monotemático, cuatro veces más recalcitrante que Hermógenes Pérez de Arce), intento de menoscabar y sabotear los avances hacia un Chile inclusivo, con mayor bienestar social, donde todos tengamos las mismas oportunidades que hoy solo tiene la casta que él defiende: la de los habitantes de los barrios altos del oriente de Santiago.
Al título que él usó, socarrona, bobaliconamente, de “Por fin, ¡el socialismo!”, sugiero su lectura, develando lo velado, con el título “Por fin un gobierno intenta sacar al país del atraso”:
Con apenas seis meses de gestión, el gobierno de la presidenta Michelle Bachelet ha mostrado cuán atrasados están los compromisos del Estado con los gobernados.
Desde el primer minuto, desde el Gobierno y desde el Congreso se ha mostrado el afán por superar este retraso social, causado por la casta nacida del festín de la dictadura.
La marea de conciencia sobre la urgencia de superar el atraso social inunda ya todas las dimensiones de la vida nacional: la enseñanza, la salud, la diversión, las relaciones laborales, el deporte, la judicatura, el orden público, la familia, los tributos.
Afortunadamente, está ocurriendo.
La cadena lógica es obvia: si la educación y la salud es para que ese grupo de empresarios nacidos del festín de la dictadura lucren, si la propiedad es excluyente, si el emprendimiento no puede ser sino de algunos emparentados con esa casta, si la familia es un pretexto para cohonestar delitos y fraudes, si la vida y la personalidad de los ciudadanos son desechables porque así lo determinaron los señores de La Dehesa, Las Condes y Los Trapenses, no es posible que eso siga en pie.
Hay que salir de semejante atraso.
Los áulicos del traidor, ladrón y asesino Augusto Pinochet muestran su peor cara cuando son confrontados con la muralla de privilegios excluyentes, nacidos de ese festín, sin Dios ni ley, que significó para sus bolsillos esa dictadura.
La derecha, sus áulicos, deberían ganarse la plata limpiamente, y no haciéndole trampa al erario del pueblo, a la dignidad de los negocios y hacer gala de la buena cuna que dicen ostentar.
Que trabajen igual que el resto, en vez de creerse los ungidos para mandar.
Afortunadamente quedan todavía más de tres años de gobernar con otra perspectiva, distinta de la casta nacida de la vergonzosa dictadura que vivió Chile. Lo único que puede hacerse es mostrar todos y cada uno de los perjuicios que esa casta les causa a los chilenos.
Los ideales, si existen, de esa clase rancia y retardataria, son pura ficción. Sus palabras engañan, son pura retórica. Sus políticas destruyen, no tienen ideología. Creen que la trampa, la ley amañada, el robo, el delito velado e impune son una ideología.
La derecha intenta sacar a las personas de sus coyunturas, descoyuntarlas después de haberlas exprimido con salarios de hambre y tratarlas como parias.
Cuando logra fortalecer sus vínculos con Dios, con sus familias y con sus tradiciones, esa casta lo hace con el único fin de mantener la ficción de la “libre empresa”, pero el único Dios que tienen es el dinero.
Su familia son los cómplices. La tradición, es la que ellos se inventan. La verdad es su mentira alienante.
En el nombre de la “libertad” desbancan a la justicia, la pisotean, la burlan. No saben hacer los de esa casta del oriente de Santiago, más que construir mayor desigualdad. Cuando los ciudadanos (que ellos denominan “individuos”) han sido reducidos a manos que se estiran para pedir la presencia estatal, los de esta casta anacrónica han alcanzado el mayor de sus objetivos de control.
Ellos, allá arriba, hablando de “libertad”; todos los demás, acá abajo, padeciendo su dominación.
La actividad normal de las personas comunes y corrientes es desfigurada y convertida en la existencia virtual de seres administrados por esa casta de desiguales, que habitan en Las Condes, La Dehesa y Los Trapenses, quienes dictaminan sobre la totalidad de nuestras vidas: no comprarás, no emprenderás, no educarás, no circularás, no opinarás, no donarás, no votarás por la izquierda ni por los independientes, creerás solo las noticias que les damos desde los medios de comunicación que son de nuestra propiedad exclusiva.
Así se está construyendo la gran ficción de “un Chile libre”.
Toda la utopía de la derecha resulta ser efectivamente lo que no puede edificarse en lugar ninguno, si se quiere el mínimo bienestar de las personas, a menos que hablemos de opresión, envilecimiento del ser humano y postración social.
Quizás la pasión por una sociedad más justa, con igualdad de oportunidades, donde la riqueza pueda estar en muchas manos, sea la única condición para poder enfrentar debidamente esa casta de manos sucias y sucias conciencias, y no quede más que agradecer la oportunidad y exclamar: Por fin un gobierno, como el actual, está dispuesto a avanzar un poco más allá de esta sociedad desigual, coartada, abusada por unos pocos que se dicen depositarios de “la libertad”. (Y se les llena la boca diciendo “libertad”)

El obediente Lionel Messi y su autismo Asperger

lionel messiEl siguiente artículo, escrito por el periodista argentino Ernesto Morales bajo el título anotado, revela aspectos médicos y profesionales de la vida del que es considerado “el mejor jugador del mundo”. Lo encuentro digno de lectura. Quizás a otros, como a mí, explique ciertos hechos y eventos que ocurren más allá de la disposición y cualidades de Lionel Messi. Y, por lo mismo, ya no podamos ver a Messi como hasta ahora, siendo un ser especial. Debo anotar, eso sí, una inconsistencia: el médico austriaco Asperger murió en 1980, y Messi nació en 1987. Cuando lean el artículo entenderán mejor esta observación. Sin embargo, también debo decir que en el conjunto del texto ese dato se puede obviar, y sigue siendo un texto esclarecedor. JSA

La única vez que vi a Lionel Messi (foto) en persona, delante de mí, dos cosas me llamaron poderosamente la atención. Primero: era mucho más frágil de lo que imaginaba. Exceptuando sus piernas, desde luego, todo en él me recordaba a un niño. Si su estatura es 8 centímetros más baja que la mía, su torso es la mitad de estrecho que el de un adulto promedio, como si se tratara de un adolescente cuyo tórax no se terminó de desarrollar. Segundo: Lionel Messi no disfrutaba aquel espectáculo de luces y flashes y autógrafos pedidos y cámaras de televisión con reporteros que, como yo, intentaban obtener una reveladora entrevista suya. Recuerdo haber pensado: este chico, solo quería jugar. Y lo han traído de la mano a esto. Era el año 2012, acababa de ganar su tercer Balón de Oro, y estaba en Miami como parte de esa gira esperpéntica llamada “Messi & Friends”, organizada por la fundación que lleva su nombre, donde se desarrollaban partidos entre dos equipos-frankenstein, armados a como diera lugar con jugadores estelares, para exhibición y recaudaciones benéficas. La lectura del marketing podría ser esta: “El mejor jugador del mundo dedica sus vacaciones a jugar fútbol para recaudar dinero con fines benéficos”. La lectura un poco más profunda sería otra: “Un chico que solo quería jugar al fútbol, debe cumplir también en sus vacaciones con obligaciones, sin descanso, porque la maquinaria de dinero, de publicidad, exige fundaciones como la suya, benéficas, para paliar los impuestos millonarios a sus ingresos”.

De repente debía ganar más dinero para que le quitaran menos de su dinero. Y del dinero de su padre. Y del dinero que le generan Adidas, y Head & Shoulders y Doritos y la retahíla de transnacionales que pagan por su imagen. Y Leo Messi, cuando empezó todo esto, con cinco añitos, solo quería jugar al fútbol. Esa linda y sobrecogedora palabra: jugar.

Cuando Lionel Messi me firmó el tenis que guardo en una vitrina de mi casa, apenas me miró, aquella tarde en los vestuarios del Sun Life Stadium. No miraba a nadie. No podía. Sus pupilas no tenían forma de fijarse en ningún punto concreto: tenía cien flashes encima, ocho cámaras de televisión, y un cordón de guardaespaldas liderado por su tío que no por ser su tío tenía la complexión del sobrino. Es bajo como él, pero es un pequeño Neandertal con brazos de orangután. Tengo el recuerdo grabado en la memoria con espantosa fijación: aquel chico, tres años menor que yo, literalmente no podía dar un paso con libertad. Su cara era una forma de la angustia sobrellevada.

En los vestuarios del stadium de Miami conversaban y se cambiaban esa tarde, con total naturalidad, futbolistas de élite como Radamel Falcao, Didier Drogba, Fabio Cannavaro y Diego Forlán. Ellos podían, aunque fuera a trompicones, tener una vida normal. Se tomaban un par de fotos, hablaban entre ellos, socializaban incluso con nosotros los periodistas. Lionel Messi no. Adidas exigía, como parte de los acuerdos contractuales de esta gira benéfica, seguridad personalizada a toda hora y en todo sitio. Y a toda hora y en todo sitio incluía también las duchas. Messi no podía bañarse y cambiarse en el mismo vestuario que el resto.

Y todo esto había empezado en un barriecito de Rosario, Argentina, veinte años atrás, con un chiquillo que solo quería jugar al fútbol.

Messi no nació normal. Además de la deficiencia hormonal que le obligó a mudarse a Barcelona en su infancia para recibir tratamiento durante años, nació con una forma leve de autismo descubierta por el psiquiatra y pediatra austríaco Hans Asperger.

Cuando en este 2014 Messi dijo que no sabía nada de sus cuentas bancarias y deudas con Hacienda, que todo eso lo llevaba su padre, difícilmente no estuviera diciendo la verdad. No solo porque su genio es para el fútbol, no para la economía y la mercadotecnia, sino porque él solo ponía las piernas. Su síndrome de Asperger da para una concentración extraordinaria en un asunto (en su caso el fútbol), y para nada más. Los cerebros que controlan los hilos de su nombre y su marca y su cotización, empiezan en su padre y terminan, quién sabe, en una red de abogados y firmas donde cada cual saca su apetitosa tajada.

A Messi, su padre le decía: “Tú juega al fútbol. Déjame el resto a mí”. El chico al que ni la escuela, ni otros deportes, ni la televisión ni los viajes le interesaban, el rosarino pequeñito de 10 años, al que solo le interesaba inyectarse los muslos para poder jugar al fútbol, de repente se descubrió debiéndole 35 millones de euros a Hacienda.

Cuando Lionel ganó su primer Balón de Oro, en 2009, el escritor uruguayo Eduardo Galeano dijo que a Messi deslumbraba verlo porque no había dejado de jugar como un chiquilín de barrio. Era verdad. Así jugaba Lionel. Y así no juega ya. Por el camino, en esa línea que debía ser recta entre un deportista fascinantemente talentoso y el deporte que solo quiere practicar, han entrado a jugar otras demasiadas variables que en nada son poéticas ni ingenuas como la palabra jugar.

De repente Messi se vió con un peso sobre sus hombros: ser el sustituto de Maradona. Él no lo pidió. El solo pidió jugar al fútbol. Pero su país y nosotros, los hinchas, le otorgamos esa empresa como quien envuelve el mapa del tesoro en la piel de un animal, y lo pone en manos de un héroe que debe partir.

De repente se vio, además, como una industria de hacer euros. Lo mismo Lionel-andres-messi-dolce-gabbanaposando en calzoncillos, que vistiendo los carnavalescos trajes de Dolce & Gabbanna (foto), que lavándose la cabeza con champú que de seguro ni usa. Pero eso le decían sus asesores, sus familiares, sus abogados, que debía hacer. Un rasgo distintivo de los síndromes de Asperger es su noble capacidad para obedecer. Messi terminó siendo como todos quisieron que fuera.

Y después vinieron los Balones de Oro. No importaba que él solo balbuceara una y otra vez que solo quería jugar al fútbol. Nada de eso. Tenía que ser la estrella del circo. Tenía que exhibirse como el principal gladiador del coliseo romano. Uno tras otro los Balones de Oro que la FIFA le arrebató a una revista francesa, madre de la iniciativa. Toma. Ahí los tienes. Eres el mejor del mundo. No nos basta con tu juego hermoso, divertido, de fantasía. No es suficiente con que hagas más bello este deporte todavía. Tienes que ser nuestra cabeza de turco. Nuestro fantoche. Algo que vender, porque te van a comprar: eres demasiado bueno.

¿Porque él los quería? No, casi de seguro: porque nosotros los queríamos. Nosotros, los consumidores adictos al fútbol. Los que exigimos cada vez más torneos, aunque los futbolistas tengan cada vez menos piernas. Y nosotros pagamos por eso. Pagamos por camisetas, por membresías de clubes, entradas a stadiums, juegos de Playstation, posters. Nosotros pagamos, la industria pone luces, cámaras y acción; los futbolistas, llámense Messi, o Cristiano, que pongan sus muslos y sonrían.

Y uno termina preguntándose si aquel chico se acordará, entre tanta vorágine y tanta podredumbre, de que él solo quería jugar al fútbol. Como otros queríamos ganarnos la vida escribiendo, otros bailando, y otros pintando cuadros. Divertirnos, solo eso.

El primer gran enemigo de la FIFA, casualidad macabra, es el hombre cuya Historia ha atormentado al rosarino Messi, sin ninguno de los dos quererlo. Es un atorrante incontenible, un comunista vomitivo y futbolista sin comparación posible, llamado Diego Armando Maradona.

Maradona se ganó la animosidad de la FIFA por hacer algo impensable, digamos: denunciar a los cuatro vientos que esa banda de rufianes que había organizado al fútbol alrededor de cuatro letras, se comportaba como una mafia sonriente con todo el poder del mundo, sin oposición o control posible.

Muchos se preguntan, de no haber sido Maradona el enemigo declarado de la FIFA si su carrera habría sido truncada de forma tan escandalosa por aquel positivo a la endorfina, en 1994. No era el primero, no sería el último en dar alterado en un test de doping. Con Maradona, el bocón, el bastardo, no hubo atenuante posible. La FIFA sonreía.

Hoy, rebelarse contra la FIFA es prácticamente imposible si quieres patear balones de manera profesional. El organismo tiene impunidad para, por ejemplo, no pagar impuestos y derogar leyes vigentes en los países donde celebra sus torneos si estas afectan sus intereses económicos. Y está dirigida por un señor mayor llamado Joseph Blatter desde hace 16 años. Blatter es solo 10 años más joven que Fidel Castro, y para mí, oriundo de un país donde las entronizaciones del poder han sido cosa de más de medio siglo, me aterra cualquier mandato demasiado extenso. Más, si el organismo dirigido se autodefine como sin fines de lucro y tiene fondos de reserva en bancos suizos (la casa natal de Blatter) por mil millones de dólares.

Y esa es la organización que decide las vidas de chicos como Lionel, como James, como Suárez, como Cristiano. Jóvenes de entre 20 y 28 años que comenzaron viendo el fútbol no como un empleo, no como una forma de hacer dinero, no como mira un lobo de Wall Street los indicadores del Dow Jones: apenas niños que querían divertirse jugando al fútbol.

Las lágrimas de Cristiano Ronaldo al recoger su segundo Balón de Oro, no tienen falla: eran lágrimas de presión. Lágrimas de tensión acumulada. De miedos impuestos por una industria donde todos, sus seguidores y detractores, le exigimos cada vez más, cada vez mejor, cada vez más espectacular. El colmo de lo grotesco: Cristiano Ronaldo debió jugar la final de la Champions League con una orden comercial en su cabeza: “Si marcas un gol, te quitas la camisa, vas hacia el corner, y gritas y sacas músculos, lo más fuertemente que puedas”. ¡Filmaban una película sobre él! ¡Había que lanzar más carne al hambre del espectáculo!

Cristiano, como Messi, solo quería en un principio jugar al fútbol. Hoy, ambos, son los gladiadores que ganan millones despedazándose en medio del coliseo, mientras nosotros decidimos, en las gradas, si con un pulgar arriba o un pulgar abajo, se les perdonan o si se les salvan sus vidas. Nosotros los hemos puesto a pelear entre sí. Probablemente sin nosotros, sin la industria que nos satisface el morbo de la rivalidad malsana, ellos serían amigos o poco menos.

Admitámoslo: esto es grotesco. Esto es una mierda.

Alguien depositó en las neuronas de Lionel Messi una responsabilidad: tienes que ser el mejor de todos los tiempos. No basta con que juegues maravilloso. Tienes que ganar el Mundial, de lo contrario, no serás el mejor de todos los tiempos. Así llegó este chico a Brasil. No como quien viene a una fiesta, lo que debería ser. No como se va a competir con dedicación, pero con disfrute. No. A él se le exigía golear, correr, y ganar.

Se lo exigía Adidas. Se lo exigía el contrato de mejor pagado del mundo que firmó con Barcelona. Se lo exigía su mercantil padre. Se lo exigía la separatista Catalunya. Se lo exigía una Argentina donde ni siquiera tuvieron a bien ponerle inyecciones de crecimiento cuando chico. Se lo exigía una legión de detractores que, crueles como somos los hinchas futboleros, emplea adjetivos mordaces y destructivos, adjetivos que vendrían bien a asesinos seriales o dictadores de pueblos, no a jóvenes que corren detrás de un balón. Se lo exigía yo. Sí: también se lo exigía yo mientras veía hoy el partido con mi hijo de seis meses sobre mis piernas.

Messi ha fallado. Messi miraba al cielo en el momento de mandar ese tiro libre a las nubes. El mismo que otras veces se clavó en la red, hoy fue a parar al cielo de Río a donde doscientos mil argentinos ponían sus rezos para que el equipo no se fuera así, sin más. Y Messi era el culpable. Era culpable de no estar ya a su mejor y más rutilante nivel, y, oh pecado, era culpable de no ser ya el mejor de la Historia.

De repente lo recordé caminando delante de mí, dos años atrás, firmándome aquel zapato con las pupilas dilatadas por tanto bullicio y luces alrededor de él. Recordé su cara de angustia, de quien quiere desaparecer y tumbarse en el sofá a ser un tipo simplemente normal: la misma cara con la que recogió, en el sopor de la máxima humillación, el último premio que todavía hoy le tenía la FIFA listo, contra toda lógica y toda comprensión.

Yo vi a Messi esta tarde y de repente sentí lástima por él, y por la tragedia silenciosa que es toda esta profesionalización, esta industria de circo, descarnada, indolente, donde tantos futbolistas se han suicidado y a otros tantos les ha explotado en la cancha el corazón; esta industria donde se coronan a héroes y se desguazan a derrotados; esta cultura despiadada donde miles de periodistas como yo escribirán hoy sus crónicas de la derrota y con un dedo señalarán, señalaremos, todos a Lionel Andrés, un muchachito de un metro sesenta y nueve centímetros, medio autista y medio genio, que no pidió ser el mejor de nada, que no soñaba con Balones de Oro ni cláusulas de 250 millones en Barcelona, y al que solo, en realidad, le interesaba poder divertirse un poco jugando al fútbol.