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Codelco; Blanco; Sofofa; Transantiago; Monga

javiera blanco1- Escuchando al señor Óscar Landerretche, presidente del directorio de Codelco, hablando sobre la compañía, parece que todo allí es perfecto. No hay contratos truchos, ni hechos a familiares; no hay bonos de 500 millones de pesos que puedan considerados exagerados, todo es transparente, y los cargos se llenan por méritos. Como quien dice, la Contraloría General está desvariando cuando dice que en Codelco faltarían US$ 4.500 millones (¡!), que no aparecen en las Memorias de la minera. También dijo el señor Óscar Landerretche que, justamente por ser tan probo, él y su directorio, fue víctima de un atentado contra su vida, con una carta-bomba. Todo eso está bien, pero: ¿dónde está el dinero que falta?, y acaso ¿le parece ético un bono de 500 millones de pesos, así sea “legal” y acorde con “las políticas” de la empresa, para que lo gaste la empresa de los chilenos en una sola persona? Hay una línea divisoria entre la verdad y el cinismo.

2- No nos extraña que la señora Javiera Blanco (foto), una de las peores funcionarias que ha tenido Chile en toda su historia, que fue de fracaso en fracaso donde quiera que la puso la presidenta Michelle Bachelet, y cada fracaso la presidenta lo premió, promocionándola a cargos cada vez más altos, hasta que instaló su mediocridad en el Consejo de Defensa del Estado (¡!); no nos extraña, pues, que ahora esté metida en un caso de sobresueldos, como lo informa El Mostrador, en planillas al parecer incautadas en Carabineros.

3- La alcaldía de Santiago está aplicando la misma lógica que aplicó el presidente Nicolás Maduro contra su opositor Leopoldo López: Maduro responsabilizó a López por los muertos, heridos y daños durante una manifestación suya. Esta alcaldía está responsabilizando a los directivos del ‘centro de alumnos’ por los destrozos ocasionados en el Liceo Teresa Prats durante una toma estudiantil. Y no solo culpa a los alumnos directivos, sino a los padres de estos. No estoy seguro de esa lógica.

4- Vi al señor Bernardo Larraín Matte, de la dinastía Matte (la misma de la colusión del papel higiénico y beneficiaria de subsidios durante la dictadura del traidor, ladrón y asesino Augusto Pinochet, para montar su imperio forestal), hablar como nuevo presidente de Sofofa (Sociedad de Fomento Fabril). Todo lo que dijo del país se resume en la palabra ‘crecimiento’. Pero no habló de cómo la Sofofa va a impulsar ese crecimiento del país. Dijo que “los empresarios están ávidos de hacer inversiones”, y ¿por qué no las hacen? Dijo que “los empresarios lamentan que se creen trabajos por cuenta propia” porque son de mala calidad, y ¿por qué no crean empleos de buena calidad? Dijo que se necesitaba más dinamismo productivo, y ¿por qué no lo realizan, no lo demuestran? Nos pareció que habló pompas de jabón. Repitió las mismas tontas afirmaciones de “los empresarios” haciendo una pretendida “oposición al gobierno”. No dijo nada. Bla, bla, bla.

5- Está bien que el gobierno se preocupe por la evasión en el pago de los pasajes de Transantiago. Y está bien que el gobierno subsidie parcialmente el transporte público que prestan los privados. Pero no está bien que subsidie a los grandes empresarios y sobre todo a los bancos, que son quienes manejan el Transantiago, y no a los usuarios. El gobierno anda preocupado porque los empresarios recauden los pasajes, pero no que los usuarios tengan un transporte más oportuno, cumplidor de los horarios, menos costoso y con rutas más extensas. Parece que lo que compete al usuario, al gobierno no le importa tanto, como la parte del recaudo y el subsidio para los bancos y las grandes empresas.

 

Visión tributaria de Andrés Velasco Brañes

Con el título de “Hacia un sistema tributario más justo”, en que plantea que hoy se presenta una oportunidad de hacer una reforma tributaria auténtica, que “aplane” o democratice la tributación, el ex ministro de Hacienda de la presidenta Michelle Bachelet, Andrés Velasco Brañes (foto), denuncia que la anterior reforma, hecha en este gobierno, en lugar de subir los impuestos, como lo anunció, lo que hizo en realidad fue bajarlos para las grandes empresas, y pone en discusión el sistema tributario actual, el cual presenta varias “fugas” de recursos que, lamentablemente, son “legales”, como cargar los gastos personales de los empresarios a las empresas, mediante las facturas, para luego descontar esos montos de la suma que deben tributar. Este es el interesante texto del señor Velasco:

“La primera necesidad en materia tributaria es allegarle recursos duraderos al fisco. Que no sea como el cambio tributario posterremoto, en que se anunció un alza de impuestos, pero se terminó aprobando una rebaja. Al cabo de esta administración el fisco perderá 750 millones de dólares al año como resultado de esa rebaja. Y el Gobierno hasta el momento ha comprometido una cifra similar en gastos permanentes que no estaban en su programa. Es decir, hay un hoyo de aproximadamente 1.500 millones de dólares que llenar.

“Y eso es antes de emprender la madre de las reformas: nivelar la cancha en la educación. Para lograr un salto de calidad y equidad educacional se necesitan recursos mayores y una mejor gestión en educación. Una reforma tributaria de verdad debe recaudar mucho más que los 700 millones que ha indicado el Gobierno.

“¿Cómo lograr una mayor recaudación tributaria? En primer lugar, aumentando la tributación efectiva de los contribuyentes de más altos ingresos. Hoy las rentas del capital terminan pagando en los hechos una tasa de impuesto mucho menor a las rentas provenientes del trabajo. En simple: los dueños de las empresas demasiadas veces pagan una menor tasa de impuestos que sus trabajadores. Esto es regresivo y al mismo tiempo reduce la recaudación fiscal. La solución pasa por incrementar el impuesto a las empresas.

“Para aumentar la recaudación y la equidad del sistema tributario, también debemos eliminar o restringir regímenes especiales de tributación que se crearon con buenas intenciones, pero que en la práctica han permitido la elusión. Uno de ellos es el de los fondos de inversión privados, que tratamos de modificar el año 2009, pero en el Congreso no estuvieron los votos. Otro es el sistema de renta presunta en el transporte, la minería y la agricultura. Además, hay empresas grandes que se acogen abusivamente a postergaciones de impuestos diseñadas para ayudar a las pyme, con lo que no pagan impuesto alguno hasta que retiran los dineros. Cuando tratamos de corregir esto en la administración anterior, la Alianza negó los votos.

“Hoy nuestro sistema tributario permite que las personas de mayores ingresos ahorren su dinero en el extranjero, a través de sociedades constituidas en otros países, muchas veces paraísos tributarios, sin tener la obligación legal de pagar ningún peso de impuestos en Chile. La OCDE recomienda impedir que esto ocurra y promueve la adopción de un sistema que cobre los impuestos no obstante la interposición de cascarones societarios de cualquier tipo.

“Nuestro sistema tributario comienza a adolecer de una creciente sensación de abuso. ¿Boleta o factura?, es una pregunta que se hace con más frecuencia en las tiendas de La Dehesaque en las de Quilicura, donde hay más empresas. Como las empresas descuentan sus gastos del pago de impuestos, consumir todo lo que se pueda vía la empresa reduce en los hechos el pago de impuestos personales.

“¿Cómo enfrentar esta situación y otras similares? Entregando mayores atribuciones de fiscalización al Servicio de Impuestos Internos (SII). A fines del gobierno pasado logramos aprobar en el Congreso una norma que le permite al SII tener acceso a la información de cuentas corrientes de los contribuyentes para poder fiscalizar bien.

“Hay que seguir avanzando. Debemos aumentar las penas a los que evaden usando facturas falsas o descontando gastos personales en la contabilidad de sus empresas y debemos introducir una norma antiabuso que permita atacar las simulaciones y otras maniobras orientadas a eludir tributos. La existencia de tribunales tributarios independientes, creados en el gobierno anterior, es una garantía de que están aplicadas con imparcialidad e independencia.

“Nuestro sistema tributario no sólo no debe ser más justo, sino que también debe ser más verde. Las demandas por eliminar los impuestos a los combustibles son demagogia pura y van en la dirección equivocada. ¿Cómo proceder? La equidad debe ser nuevamente el principio básico. Quienes contaminen de manera similar deben pagar lo mismo. Debemos avanzar hacia un impuesto al uso de combustibles fósiles en todos los sectores. En el caso de transporte, esto permitiría acercar las tasas de bencina y diésel, terminando con dieselización del parque automotor.

“Recaudar impuestos no es un fin en sí mismo ni existe una receta teóricamente perfecta para hacerlo. Cada país debe diseñar un sistema tributario que resuelva sus necesidades en cada etapa de su desarrollo. Chile tiene hoy la oportunidad de diseñar un sistema tributario más justo, que permita recaudar los recursos necesarios para la construcción de un país mejor. Aprovechemos esa oportunidad”.

‘Reforma tributaria ¿boleta o factura?’, Politzer

¿Boleta o factura? Esta infaltable pregunta del mozo justo antes de la cuenta simboliza como nada los privilegios de algunos. Imposible pensar que se trata de una reunión de trabajo cuando una pareja cena amorosamente a la luz de una vela o un familión celebra el cumpleaños del abuelo. Mientras más íntimos los comensales, más impúdica la pregunta.

¿Boleta o factura? De tanto escucharla, el mozo se me confunde con el actor Daniel Muñoz en “Taxi para tres” diciendo: ¿Volante o maleta? Es el mismo robo a mano armada, pero en este caso la víctima no es el taxista sino el fisco, o mejor dicho, los ciudadanos que más requieren del gasto público para compensar la desigualdad que existe en nuestra sociedad. Evadir impuestos, es robarle a los más pobres.

Esas facturas truchas que sirven para reducir utilidades en una empresa, forman parte de las numerosas triquiñuelas para evadir impuestos. Como armar sociedades de mentira o dividir la empresa en varias sociedades. Algunos entendidos dirán que hay que distinguir entre evasión y elusión, siendo la primera un delito y la segunda una artimaña que puede pasar por legal, pero que todos saben cumple el mismo objetivo que la evasión: no pagar impuestos.

Estamos a punto de conocer la propuesta completa del Gobierno para una reforma tributaria. El ministro de Hacienda, Felipe Larraín, ya anunció que se pretende incrementar la recaudación del fisco en unos700 a900 millones de dólares, que se destinarían a educación.

Esta cifra está a una distancia sideral de las distintas propuestas de la oposición que superan los 6.800 millones de dólares en una aplicación gradual. Y es menos de la mitad de los 2 mil millones que calculó el senador Hernán Larraín, planteando una escala progresiva que alivie a las pyme y aumente los impuestos a las grandes empresas, como bancos o Isapres (los ejemplos son suyos). El parlamentario de la UDI (Unión Demócrata Independientes, Hernán Larraín) sostuvo que “hacer una reforma tributaria para recaudar dos chauchas, no vale la pena”.

Según los estudios de Educación 2020, sólo en educación escolar se necesitarían unos 4 mil millones de dólares anuales, a partir del 2018, cuando la reforma ya esté en régimen. Y todos entienden que los gastos permanentes deben financiarse con ingresos permanentes, es decir, no se puede apostar a la bonanza del cobre ni al crecimiento puntual.

Pero las bondades de una reforma tributaria no se medirán únicamente por los montos recaudados. También habrá que ver si sobrevive la interrogante: ¿Boleta o factura? Cabe preguntarse si seguirán existiendo trucos varios para que el 10 por ciento más rico de la población organice su contabilidad a fin de pagar menos impuestos, mientras los trabajadores reciben a fin de mes un cheque inalterable, cuyo monto ya viene con descuentos de previsión, salud e impuestos, sin ninguna posibilidad de descontar la cena de aniversario.

Al parecer el Gobierno subirá el impuesto a las empresas al 20%, aún muy por debajo del 26% que pagan los países de la OECD. Y, sobre todo, muy por debajo de lo que debieran pagar sus dueños, de acuerdo a sus niveles de ingreso, que llega al 40% y que bajaría a 38%. Esta distancia entre el impuesto al trabajo y el impuesto al capital, es decir, entre lo que tributan las empresas por sus utilidades y las personas por sus ingresos, permite a los empresarios utilizar fórmulas varias que le llevan a un pago modesto o nulo de impuestos.

Cada vez que se tocan estos temas, desde el empresariado se oye el mismo argumento: sin esos beneficios no habrá incentivos para invertir y, por ende, disminuirá el empleo.

La experiencia de los últimos 20 años muestra que cada vez que se aumentaron los impuestos, las empresas siguieron invirtiendo y creando empleo. Más aún, desde hace un buen tiempo los beneficios pro inversión –como el Fondo de Utilidades Tributables, FUT– se convirtieron en un subsidio para invertir en el extranjero. Basta ver cómo se mueven los grandes empresarios chilenos en Perú o Argentina para advertir que los incentivos al ahorro y la inversión están beneficiando los negocios fuera del país.

Es indispensable analizar si los objetivos de algunas políticas se concretan en la práctica o si, por el contrario, son aprovechadas por quienes no las necesitan. Así suele ocurrir, por ejemplo, con quienes tributan por renta presunta. El mecanismo creado para pequeños agricultores es usado frecuentemente por grandes empresarios.

Hace unos días se anunció que el Gobierno está estudiando la posibilidad de rebajar de los impuestos los gastos en educación y salud. Esto aliviaría –se dijo– a la clase media. La idea suena muy bien. Lo malo es que el 80% de los contribuyentes no paga impuesto a la renta, porque sus sueldos no superan en promedio los 500 mil pesos y están exentos. Es decir, esta medida sólo beneficiaría al 20% más rico, los mismos que suelen pedir factura en el restaurante.

Durante su campaña electoral, el presidente Piñera hizo especial hincapié en la correcta focalización de las políticas públicas. En esa perspectiva, por más que suene bien, la idea de descontar los gastos de educación y salud de los impuestos no parece muy atinada.

Tampoco parece muy acertado que Corfo le otorgue subsidios, que eran originalmente destinados a pequeños y medianos empresarios, a los más ricos del país. Según informó El Mostrador el pasado 27 de marzo, entre quienes recibieron estos beneficios durante los años 2010 y 2011 figuran Juan Cúneo (socio de Falabella, con 5 millones de pesos para un estudio de pre inversión destinado a construir una Casa Mirador, en la viña Casas del Bosque), el ex ministro de Minería, Alfonso Dulanto (con 45 millones para ampliar la producción de arándanos y cerezos de exportación), Carlos Cardoen (con 21 millones para evaluar la construcción de un hotel y centro de negocios en Vichuquén), y Pedro Pablo Errázuriz, antes de ser nombrado ministro (con 14 millones para un estudio de pre inversión para una central hidroeléctrica en la 10ª región). No queda más que preguntar: ¿volante o maleta?

Patricia Politzer (foto)