Archivo de la categoría: Sociedad

Partidos minoritarios; milicos; codicia

logosRefichaje de minorías. Resulta increíble la abrumadora minoría que son los partidos políticos en Chile. Su militancia suma, apenas, 158.228 almas, de acuerdo con el reporte del Servicio Electoral, Servel. La cifra fue posible conocerla, por la obligación de los partidos de ‘refichar’ sus inscripciones, o ‘recontar’ sus militantes. En un país de ¿dieciocho millones de habitantes? (no lo sabemos, porque el censo del presidente Sebastián Piñera fue un fiasco imperdonable), que once (11) partidos reporten una militancia de apenas 158.228, ¿no es, más o menos, ridículo para una democracia? Son partidos por completo débiles. Endebles. Casi inexistentes. Ninguno puede mirar por encima del hombro a otro, como lo hace la Democracia Cristiana con sus socios de la Nueva Mayoría, o como lo hace la Unión Demócrata Independiente con su socio Renovación Nacional. Todos, sumados son, vergonzosamente, el 0,88% de la población. De acuerdo con Servel, los registros de sus militantes son los siguientes:

Partido Socialista 26.017 fichados

Partido Progresista 19.517

Evolución Política 19.337

Democracia Cristiana 15.093 (1.403 por revisarse)

Partido Regionalista Independiente 17.558

Unión Patriótica 15.927

Partido Comunista 11.919 (4.633 por revisarse)

Renovación Nacional 9.780

Unión Demócrata Independiente 8.425 (1.511 por revisarse)

Partido Por la Democracia 7.460 (2.226 por revisarse)

Partido Radical Socialdemócrata 7.195

Los milicos. Una vez más, las fuerzas armadas (militares, armada, aviación y policía) viven LOGO FFAAen otro mundo. No solo porque tienen un poco distorsionada su misión nacional, sino porque la justicia para ellos corre de otra manera. Hoy día, en medio de los escándalos por robos al erario que surgen aquí y allá, resulta que los delitos de los militares (digámoslo así, en forma genérica, ‘los milicos’) prescriben con otros tiempos. Se supo, a raíz del robo de varios miles de millones de pesos en Carabineros, que cuando el país creía que, individualizando a esos delincuentes que actuaban camuflados con el uniforme policial, deteniéndolos y poniéndolos a órdenes de la justicia, habría sanción ejemplar. Pero no. Resulta que, para todo el mundo en Chile, los delitos económicos prescriben en 4 años, pero para los militares en 6 meses. ¡Seis meses! Roban en enero y, si no los pillan, en agosto ya no pueden acusarlos de robo. Así es la cosa. Acaso ¿todavía vivimos bajo la égida de los milicos? O esto es una democracia, también para aplicar la justicia. ¡Qué vergüenza estas gabelas para quienes delinquen con un uniforme de las fuerzas armadas puesto!

Codicia. Ridículamente sobreabundante ha sido el cubrimiento periodístico de la codicia3extradición desde Rumania, y la llegada a Santiago, del delincuente Rafael Garay. Sí, estafó (pero judicialmente falta que se lo prueben) más de 2.000 millones de pesos, pero no ha sido tratado como un delincuente, sino como un rock star. ¡Todos los canales ‘abrieron transmisión’, ininterrumpida, para informar de la llegada y traslado ante la justicia del delincuente! Para semejante acontecimiento, basta con un informe de 5 minutos (y es mucho), cada cierto tiempo.

Pero, además, vale anotar que, de alguna manera, lo están juzgando por la misma motivación que tuvieron sus víctimas. Me explico: sí, estafó. Lo hizo motivado por la codicia. Pero también por codicia fueron timadas sus víctimas. Él les prometió un cerro de plata en corto tiempo, y los codiciosos acudieron como abejas a la miel. Sí, son víctimas, pero subyace en ellos una intencionalidad torcida: la codicia. Su deseo, su apetito ansioso y excesivo por tener dinero fácil los llevó a entregarle al delincuente, codicioso como ellos, altas sumas de dinero que, tontamente, creyeron que el delincuente les iba a duplicar, a triplicar, a cuadruplicar, en cuestión de semanas. Y tuvieron su merecido.

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3 mujeres y 2 hombres, Mega y Luis Enrique

mon-laferteLo mejor. Me pregunta Aristarco, extemporáneamente, por lo mejor del Festival de Viña 2017. Le dije que, en general, me había gustado la programación y el cambiante back ground luminoso del escenario, saber que el vestido de la animadora no era tema nacional en los canales de televisión y la buena disposición del ‘monstruo’ con todo el mundo. Ya no es ‘monstruo’, sino gatito nomás. Y, en particular, me gustaron las presentaciones de 3 mujeres y 2 hombres. Las mujeres son: Olivia Newton John, Isabel Pantoja y Mon Laferte (foto). Los hombres son: Juan Pablo López y Fabricio Copano.

Líder. El canal Mega (logo) sigue siendo, en febrero, líder en sintonía nacional con 8,5 puntos megaoficialde rating. Le siguen: Chilevisión con 7,3; Canal 13 con 5,5; Tvn con 5,0 y La Red con 0,9 puntos de rating. En cuando a los matinales, Mega también lidera la franja con 5,9 puntos de rating, frente a Canal 13, en segundo lugar, con 5,6 puntos, Chilevisión con 5,1 puntos, Tvn con 3,7 puntos y La Red con 1,0 punto.

Cambios. El canal Mega también fue pionero en el empleo de un grupo enorme de panelistas en su matinal ‘Mucho gusto’. Lo comentamos acá, sin poder definir qué tan bueno era tener tanta gente, variopinta, durante tanto tiempo en pantalla. Muchas de esas personas sin ton ni son. Haciendo bulto, nomás. Pues bien, se habla de un recorte de personal en el matinal. Salen Karen Bejarano, cero aportes, y también Manú González, de quien se esperaba más. Fuentes de La Red afirman que también será eliminado el abogado Daniel Stingo. La salida de estas personas ocurrirá mañana viernes.

Luis Enrique. Otro que sale es el técnico del Barcelona, Luis Enrique Martínez García (foto), RUEDA DE PRENSA DE LUIS ENRIQUEque conocemos como Luis Enrique simplemente, que fue jugador de mitad de cancha y delantero del Real Sporting de Gijón, Real Madrid y el propio Barcelona. De ingrata recordación por su actitud displicente para con el portero chileno Claudio Bravo, quien sufrió con él un enorme desgaste sicológico y profesional. Se rumora, con mayor insistencia, que su reemplazo será el argentino Jorge Sampaoli.

De las encuestas, los delincuentes y el muro

encuestasEncuestas. Emol, 13 de febrero: “Cadem: 80% cree que Bachelet ha realizado un mal gobierno y Piñera mantiene liderato en presidenciales. De acuerdo al sondeo de esta semana, la Presidenta obtuvo un 19% de respaldo, mientras que el ex Mandatario supera por seis puntos a Alejandro Guillier”.

Glosa: Este es el tipo de propaganda negra con raíces en el nazismo: repetir hasta el cansancio una afirmación, hasta convertirla en verdad, para luego preguntar sobre esa afirmación y obtener la respuesta de la verdad aprendida. Por esta razón es que las encuestas, en general, y sobre todo las ‘políticas’, no sirven más que para introducir ideas preconcebidas, como en el caso tomado de Emol el 17 de febrero (“un mal gobierno”, “un buen candidato” y “un contendor débil”), y hacerle ver a los ‘concientizados’ que las encuestas ‘dicen la verdad’. El juego es tan sutil, como lo descubrieron los nazis, que casi nadie nota la manipulación. Pero el titular de Emol es un buen ejemplo de ello.

Delincuentes. La Tercera, 15 de febrero: “Caso Penta: Condenan a 5 años de libertad vigilada a ex funcionario del SII. El Octavo Juzgado de Garantía declaró culpable de delitos de corrupción y delitos tributarios a Iván Álvarez, convirtiéndose en el segundo sentenciado por esta causa”.

Glosa: Siempre hay que recordar al expresidente Ricardo Lagos Escobar cuando leamos injusticias o venalidades como esta. Él fue quien despenalizó los delitos económicos. Podría decirse que promovió la corrupción. Ahora resulta que estos delincuentes de cuello blanco y casas en el oriente alto de Santiago, son ‘contraventores’ administrativos. Condenado a ‘libertad vigilada’ es como un premio, unas vacaciones a quienes han delinquido, pero no son flaites como los ‘Carejarro’. Una vez más, se burlan del pueblo.

Muro. Ya estoy harto de oír a ‘periodistas’ y ‘analistas’: “El muro de Trump”. En estricto rigor, ¡no hay ningún muro de Trump! El presidente de Estados Unidos, el señor Donald Trump, puede ser conservador, republicano, podemos odiarlo, caernos mal, pero no es ‘el creador’ del muro para separar a Estados Unidos de México. ¡Fue Bill Clinton, el iniciador! El muro en la frontera entre Estados Unidos y México se comenzó a construir en 1994, para evitar la inmigración ilegal, atendiendo a la Fiscal general Janet Reno y su ‘Operación Guardián’. Desde entonces hay tramos del muro entre Tijuana y San Diego, y en los estados de Arizona, Sonora, Nuevo México y Baja California. Además, el Senado de Estados Unidos aprobó, en mayo del 2006 (83 votos a favor y 16 en contra), una enmienda que prevé la construcción del muro a lo largo de 595 kilómetros, más 800 kilómetros de barreras para impedir el paso de automóviles. Es decir, que el presidente Trump está ‘obligado’ a terminar el muro. Esos ‘periodistas’ y ‘analistas’ jamás se preguntaron por qué, si el tema era tan candente y xenófobo, ¿Hillary Clinton jamás dijo nada durante la campaña? ¡Ni siquiera el señor Bernie Sanders, de ideas socialistas! Porque ellos sabían que no era algo ‘descabellado’, sino una política-país. Si hubiera ganado Hillary Clinton, igual lo hubiera tenido que hacer, aunque no lo hubiera proclamado. Dejen la pereza, ‘periodistas’ y ‘analistas’ ignorantes, y averigüen antes de decir sandeces.

De los nombramientos espurios: Javiera Blanco

javiera-blancoQué cosa extraña ocurre en el fuero interno de las personas. Caras vemos, corazones no conocemos. El bastión moral que creíamos ver en la presidente Michelle Bachelet, ahora se desmorona. Hablamos de un caso que no dudo en considerar aberrante: el de la señora Javiera Blanco (foto). Activista política a la sombra de doña Michelle Bachelet, logró escalar de un día para otro hasta convertirse en su ministra del Trabajo. Ahí fracasó. Y de ‘castigo’, ¡la presidenta la nombró ministra de Justicia! Ahí fracasó de nuevo. Y de ‘castigo’, ¡la presidente Michelle Bachelet la propuso como nueva integrante del Consejo de Defensa del Estado! ¿Qué onda?, como dicen los muchachos.

Todo este proceso de favorecimientos resulta extraño. Muy extraño. ¿Acaso algún secreto inconfesable de la mandataria, maneja Blanco? Porque no es normal que un pésimo funcionario sea premiado con escalones cada vez más altos. ¿Qué gato encerrado hay? O quizás solo sea que Javiera Blanco está emparentada con la dinastía de los Frei, y se cree con derechos por encima del resto de chilenos, y, obviamente, la presidente Michelle Bachelet inclina su cabeza ante esa evidencia. Por lo demás, a la señora Bachelet le importa cinco quedar mal ante los chilenos, porque su prestigio, a esta altura de su gobierno, está bastante maltrecho, y le da lo mismo.

Aristarco me dice que, en realidad, la jugada de la señora Bachelet se debe al miedo profundo que le tienen a la Democracia Cristiana en la Nueva Mayoría. Si la Democracia Cristiana le ordenó a la señora Bachelet que nombrara a Javiera Blanco en el Consejo de Defensa del Estado, tenía que hacerlo. Mismo miedo que antes le tenían en la Concertación. La Democracia Cristiana ha sabido chantajear, con el cuento de que son ‘el partido más grande’, a la izquierda chilena, cuando su origen es claramente del fascismo español, y tiene más afinidad ideológica con la Unión Demócrata Independiente, Udi, que con el Partido Socialista de la presidente Bachelet. Tal vez sea así, le concedo a Aristarco. No es para nada descabellado.

Compartimos en un todo la reflexión del columnista Carlos Peña sobre este aberrante caso de amiguismo entre la presidente Michelle Bachelet y la mediocre funcionaria Javiera Blanco:

“La pregunta entonces que cabe plantear es si acaso la designación de un miembro del equipo político de la Presidenta (que comenzó como vocera de su candidatura, ejerció de ministra del Trabajo y concluyó como ministra de Justicia), entre cuyas abundantes virtudes no se cuentan las propias del jurista, una persona que es de su entera confianza y que posee total convergencia con su propio punto de vista, es la designación más razonable atendida la índole y las funciones públicas del Consejo, o si, en cambio, parece objetivamente una designación partisana, motivada más bien por consideraciones privadas como, por ejemplo, la de retribuir servicios gubernamentales y adhesión política.

“Y la conclusión es obvia para quien no se arroje tierra a los ojos. El simple examen de las circunstancias objetivas lleva a ella: la designación de Javiera Blanco en el Consejo de Defensa del Estado constituye una designación partisana, aparece como una retribución a una lealtad política más que una selección por méritos de esos que la índole del Consejo de Defensa del Estado exige.

“Quien ejerce el cargo de Presidente de la República a veces debe elegir entre dos intereses: los que emanan de la índole de las instituciones y los de quienes le sirvieron de apoyo para alcanzar el poder.

“La Presidenta Bachelet escogió, esta vez, uno de los segundos.

“Al hacerlo, actuó mal”.

Sospechoso este ‘tsunami de fuego’ en Chile

incendio_noche_portezueloAristarco insiste en que es, como dice Bombo Fica en algunos de sus chistes, ‘sospechoso’ este episodio de los incendios por doquier. Dice que hay manos criminales, y sobre todo una intencionalidad de poner en aprietos a la presidente Michelle Bachelet. Hay un grupo de personas empeñadas en desprestigiar al gobierno. Y varios medios de comunicación les hacen eco. Me cuenta que hay páginas web, con noticias estacionadas desde hace varios meses, afirmando que la economía chilena va a colapsar, afirmando que este ha sido el peor gobierno de la historia de Chile, diciendo que todo está mal. Aristarco cree que estas personas y estas afirmaciones son conspirativas. Buscan infligir daño. Esas personas son las verdaderas responsables de si la situación chilena empeora. Porque lanzan ideas falsas, como lo hacía Joseph Goebbels, y los medios de comunicación cómplices las repiten con tal obsesión que se convierten en verdades. Esta ola de incendios no puede ser espontánea, ¡500 mil hectáreas!, insiste Aristarco. Aquí no se cumple la fórmula de los 30 grados de temperatura, 30 kilómetros por hora de viento y 30 grados de humedad del aire. Aquí hay manos criminales, hay una intencionalidad, hay un concierto para delinquir y un propósito: desprestigiar al gobierno de una mujer. Es una conspiración misógina, cruel y sanguinaria, que no mira sino intereses egoístas. Nada les importa destruir, como lo han hecho, ¡más de 500 mil hectáreas! de bosques y pastizales. “Déjame y digiero todo eso”, fue lo único que se me ocurrió decirle a Aristarco.

Andrónico Luksic; The Voice; Alejandro Guillier

andrónico luksicAndrónico Luksic. Me pareció un tanto hipócrita el señor Andrónico Luksic (foto), el dueño del Banco de Chile, que compró a crédito y todas las facilidades de pago, cuando culpó en una entrevista al gobierno de que las cosas van mal, y les pide a los demás empresarios pronunciarse. Hipócrita, porque él es parte de la crisis de confianza que hoy se vive. Hipócrita, porque él se reunió con la nuera de la presidenta Michelle Bachelet y el hijo de la presidenta Michelle Bachelet para otorgar un crédito de miles de millones de pesos, ¡sin aval! Hipócrita, porque quiere que le creamos que se trató de un procedimiento normal, que jamás pensó en derivar beneficios, tratándose de personas cercanas a la presidenta Michelle Bachelet. Y a raíz de semejante adefesio se desató una de las más grandes polémicas nacionales sobre la credibilidad empresarial. Hipócrita, porque él fue la causa de la esta crisis de credibilidad que hoy vivimos. No me cabe duda de que hizo el préstamo pensando en retribuciones, aunque no sean explícitas, como poder seguir con el proceso de ruina y extinción de los ríos, para mencionar el caso de la generadora eléctrica del Alto Maipo, que es obra suya. Un hipócrita este señor Andrónico Luksic. Por cierto, debe ponerse a dieta, porque está obeso y puede sufrir un infarto al corazón. Y para que no le digan ‘el guatón Luksic’.

The voice. Excelente programa de televisión The Voice, me dice Aristarco. Dice que viendo gonzalo_sorichese programa no entiende por qué siguen considerando a Luis ‘Lucho’ Jara un ‘cantante’. Me dice: tantos muchachos con voces fabulosas, tanto talento de chicas que hacen cabriolas armónicas con sus voces, ¿y sigue ahí Lucho Jara? Deslenguado que es, me dice que los concursantes son casi mejores cantantes que los jurados (Luis Fonci, Álvaro López, Nicole y Ana Torroja) Le digo que exagera. Me cuenta que ha seguido el concurso desde el principio en el Canal 13 (del que también es dueño el guatón Luksic), y tiene un reclamo: ¿Por qué en la semifinal algunos cantaron en inglés? ¿Acaso no es el español el idioma predominante de Chile? Cuando cantan en inglés, dice Aristarco, se les oye de una manera, pero cuando cantan en español, se les oye de otra. Insiste en que es mejor que canten en nuestro idioma, ¡el hermoso español!, porque no todo el mundo sabe inglés, ni todo el mundo conoce las canciones que cantan. Le doy la razón. El favorito de Aristarco es Gonzalo Sorich (foto), porque “es el único que siempre ha cantado en español, y ha cantado trova latinoamericana”.

Alejandro Guillier. Es refrescante que alguien de buenos modales y manos limpias, como alejandro guillierAlejandro Guillier (foto), escale en el sucio mundo de la política, y hoy esté su nombre barajado como el de un presidenciable. Si se lanza mañana, mañana mismo voto por él. Un congresista que va a las sesiones, porque otros cobran por no ir. Un congresista que participa, que representa a su Antofagasta y su región. Nunca anda en componendas, o en reuniones truchas. Es el ejemplo del buen chileno. Votaría ya mismo por él. A ojos cerrados. Lo que preocupa, si surge su candidatura, es la nube de parásitos, como Ignacio Walker, Jorge Pizarro, Andrés Zaldívar, entre otros, que le van a caer encima, en busca de una tajada burocrática o ministerial. Lo asfixiarían de coaliciones, de propuestas y de arreglines, de cuotas de poder para apoyarlo. Pero ojalá se postule o lo postulen, y tenga la suficiente fuerza de voluntad y de conciencia para no sucumbir bajo los parásitos. Ganaría con el voto limpio de los chilenos.

‘McOndo: el fantasma abolido’ de Mario Jursich

mario jursich duránEs muy significativo que, 20 años atrás, la publicación de McOndo haya desatado un alud de críticas negativas. La mayoría de comentaristas, sobre todo en Chile, se tomó el prólogo de Alberto Fuguet y Sergio Gómez a la tremenda y en consecuencia lo leyó como si fuera un manifiesto político-cultural, cuando en realidad tenía mucho de ópera bufa y desplante juvenil. Fuguet, Sergio Gómez y los otros 15 autores fueron acusados no solo de ser unos burguesitos frívolos de clase media (o “ni siquiera alta”, como dijo, con mal disimulada irritación, un crítico argentino), sino de estar completamente enajenados por la cultura gringa. Así, de manera cambiante y según la filiación ideológica del comentarista de turno, McOndo era presentado como “una celebración del neoliberalismo que a mediados de los noventa triunfaba en América Latina” o como “un proyecto machista que solo incluía a hombres” o –conclusión final absolutamente previsible– como “un reflejo de esa juventud consumista apenas interesada en encarar nuestros gravísimos problemas”.

Si se trataba de quitarles autoridad, hubiera sido más eficaz contrastar el prólogo del libro con lo que en efecto, no en la fantasía, pasaba en ese entonces en la literatura. El hecho de que un editor de Iowa les hubiera rechazado unos cuentos, alegando que “bien podían haber sido escritos por cualquier autor del Primer Mundo”, era la prueba fehaciente, inequívoca, para los prologuistas de McOndo de que tanto los escritores como las editoriales y el público a este y el otro lado del Atlántico seguían encadenados al grillete del realismo mágico. “No es posible aceptar… que aquí todo el mundo anda con sombrero y vive en árboles”, proclamaban enardecidos. “En McOndo hay McDonald’s, computadores Mac y condominios, amén de hoteles cinco estrellas construidos con dinero lavado y malls gigantescos”, remachaban, como si nadie lo hubiera advertido nunca.

Estos comentarios, evaluados a la distancia de dos décadas, producen una especie de lástima. Fuguet y Gómez simplemente parecían haber leído mal la literatura latinoamericana (o no haberla leído en absoluto). Para empezar, pasaban por alto que el mismo año de publicación de Cien años de soledad, en 1967, ya estaban en librerías La vida breve (1950), de Juan Carlos Onetti; La región más transparente (1958), de Carlos Fuentes, y Rayuela (1963), de Julio Cortázar, tres libros de referencia donde no hay realismo mágico y donde las ciudades son un nítido contrapunto a ese campo y a esa vida rural que en opinión de ellos acaparaban las letras latinoamericanas.

Otro tanto puede decirse de sus quejas respecto a la falta de atención a la cultura popular y a la televisión. “¿Y lo bastardo, lo híbrido?”, preguntaban de manera retórica, convencidos de que no habría respuesta a sus interrogaciones. “Para nosotros, el Chapulín Colorado, Ricky Martin, Selena, Julio Iglesias y las telenovelas (o culebrones) son tan latinoamericanas como el candombe o el vallenato”. Pues bien: 20 años atrás, en 1976, ya Manuel Puig y Luis Rafael Sánchez le habían dado carta de ciudadanía a todo ese universo en El beso de la mujer araña y en La guaracha del Macho Camacho. Visto en perspectiva, el libro de Luis Rafael Sánchez hasta parecía anticipar los ruegos de Fuguet y Gómez por una narrativa donde se viera “nuestro país McOndo sobrepoblado y lleno de contaminación, con autopistas… tv-cable y barriadas”, toda vez que elegía un descomunal atasco de tráfico en San Juan para hacer una gozosa reflexión en torno a la caótica modernidad del Caribe.

Es importante añadir que ya en los años sesenta, mientras la literatura se abría en multitud de direcciones, Carlos Monsiváis y otros autores estaban escribiendo crónicas de enorme aliento sobre ídolos populares o haciendo perspicaces conjeturas sobre la identificación del público con lo que veía en las pantallas de los cines o los televisores. (Una de las principales carencias de McOndo es, justamente, que ignora la multifacética riqueza del periodismo, de la nota cinematográfica o del ensayo en aquellos tiempos inventivos).

A mí me gustaría radicalizar estas críticas: en 1996, a excepción de algunos epígonos sin importancia, ni siquiera el mismo Gabriel García Márquez estaba interesado en el realismo mágico. Sus libros de la época, desde Crónica de una muerte anunciada (1981) hasta Del amor y otros demonios (1994), ya habían dejado atrás el estilo hiperbólico y barroco de Cien años de soledad, sustituyéndolo por una prosa más contenida, donde a menudo refulgían las antiguas enseñanzas de Hemingway. Más aún: en lo que puede considerarse una sabrosa ironía, a mediados de los ochenta García Márquez había publicado su “libro chileno” –Las aventuras de Miguel Littin clandestino en Chile–, en el cual, si se lo hubieran propuesto, Fuguet y Gómez habrían podido encontrar mucho de lo que reclamaban para su propia escritura.

No me resisto, llegado a este punto, a comentar una segunda y acaso más filosa ironía. Con ánimo provocador, los prologuistas de McOndo decían que “si hace unos años la disyuntiva del escritor joven estaba entre tomar el lápiz o la carabina, ahora parece que lo más angustiante para escribir es elegir entre Windows 95 o Macintosh”. Da risa pensar que también en esa encrucijada el “arcángel san Gabriel” se les adelantó por lo menos década y media. Desde 1981, García Márquez se había dejado seducir por el logo de la manzana, siendo tal vez uno de los primeros, si no el primer autor latinoamericano, en cambiar su viejo instrumento de trabajo por un computador. “Jobs le había recomendado directamente el equipo –recordó Roberto González, pocos días después de que muriera el nobel colombiano–. García Márquez usaba todavía su pesada máquina de escribir y él le dijo que tuviera mejor un Mac en cada país. Entonces, yo fui quien se lo mostró a Gabo en una feria. Se compró uno para México, otro para Cartagena y uno más para Barcelona”. Lo dicho: aunque intentaran reducirlo a un cliché, ese García Márquez era más complejo –más inesperado– de lo que cualquiera hubiera podido imaginar.

En realidad, el malestar de Fuguet y Gómez tenía un origen muy preciso. Primero en 1982, y luego en 1989, la literatura de su país natal había producido dos best sellers mayúsculos, La casa de los espíritus, de Isabel Allende, y El viejo que leía novelas de amor, de Luis Sepúlveda. Ambos libros, sin la menor duda, abusaban de los peores tópicos del realismo mágico, pero el hecho de que el público los acogiera no permite inferir que entonces el realismo mágico era la única oferta disponible en el catálogo de las editoriales. En este sentido, Fuguet y Gómez cometían un error clásico, que es confundir la literatura con el mercado. Para decirlo de manera sintética, aunque la literatura obedece parcialmente al mercado, no se agota en el mercado. O, dicho de otra forma, la literatura, que toma cuerpo gracias al mercado, precede y excede al mercado. Todos sabemos que la circunstancia de que un libro se venda poco –o solo alcance un puñado de lectores– no significa nada en cuanto a su calidad e influencia.

No sé si por desconocimiento o por mala fe, Fuguet y Gómez callaban que al lado de La casa de los espíritus estaba Respiración artificial (1980), de Ricardo Piglia, y que flanqueando a El viejo que leía novelas de amor aparecían Glosa (1986), de Juan José Saer, y Cuando me hice monja (1993), de César Aira. Ninguno de esos libros, con caminos narrativos totalmente diferentes a los del realismo mágico, logró ventas extraordinarias, pero desde un comienzo fueron saludados como hitos de la nueva narrativa latinoamericana y rápidamente traducidos al francés y al inglés. Así pues el dictum de Fuguet y Gómez, según el cual la industria editorial “desechaba” a quienes “poseían el estigma de carecer de realismo mágico”, se demostraba palmariamente falso. Al enfilar baterías contra el realismo mágico, Fuguet y Gómez en realidad estaban cayendo en la antigua falacia del hombre de paja, que consiste en caricaturizar unos argumentos (o una situación) en aras de facilitar un ataque crítico. No combatían a García Márquez; en verdad, combatían una imitación falsa y vulnerable de su literatura (el “hombre y la mujer de paja” representados en Isabel Allende y Luis Sepúlveda) a fin de dar la ilusión de llevárselo por delante. Finalmente, es fácil dar la apariencia de triunfo en una discusión intelectual cuando se escogen adversarios débiles.

Yo tengo una teoría de uso casero, ajena al libro propiamente dicho, que tal vez explique las numerosas distorsiones de óptica en McOndo. Es bien sabido que tanto Fuguet como Gómez asistieron a los talleres que José Donoso dictó entre 1985 y 1991 en la capital chilena. De allí, de esos workshops conflictivos y retadores, nació el germen de las dos antologías con que irrumpieron ruidosamente en la vida literaria de su país. Creo adivinar que Donoso les transmitió a Fuguet y Gómez su desaforado resentimiento contra Gabriel García Márquez y, de manera indirecta, contra el realismo mágico, que él interpretaba como la causa de que nunca se le hubiera reconocido como un gran autor. Ese asunto, que puede rastrearse con facilidad en la Historia personal del boom (1978) y en la espeluznante memoria de su hija adoptiva Pilar –Correr el tupido velo (2010)–, me exime de multiplicar detalles en extremo penosos. Baste recordar que El jardín de al lado (1981) ofrece una mirada satírica –y rebosante de esa “enorme y lícita envidia” que le gustaba pregonar a Donoso– a propósito de la relación entre Núria Monclús (Carmen Balcells), la “bruja de las finanzas, la catalana pesetera y avara”, y su “escritor favorito”, “el insolentemente célebre” Marcelo Chiriboga (Gabriel García Márquez). En este sentido, se podría decir que McOndo es la venganza infantil, postrera, por interpuestas personas, del escritor chileno contra el nobel colombiano. Sobra decir que se trata de una venganza inoficiosa, pues la antología no tuvo el menor efecto en la reputación de un autor que no necesita de ningún tipo de valedores. García Márquez –¿lo dudarán Fuguet y Gómez?– sigue siendo un nombre ineludible en la narrativa de lengua española.

*

Por supuesto, todo lo dicho hasta aquí tiene un punto de injusticia. En McOndo participan 17 autores y no parece lícito, o al menos equilibrado, proyectar sobre los cuentos unas opiniones vertidas por los antologistas en el prólogo. Como acá no dispongo de espacio para comentarlos de manera individual, me limitaré a pasar por alto las numerosas inconsistencias del libro (no incluye a ninguna mujer ni a ningún escritor del Caribe; no es propiamente una antología de los escritores que agrupa, sino un volumen de textos pedidos ex profeso; no fue el producto de una investigación a carta cabal sino más bien el junte azaroso de lo que sugerían amigos o conocidos), y lo haré, entre otras razones, porque Fuguet y Gómez reconocen esas debilidades. Mi argumento provisorio para explicar por qué el libro ha envejecido de manera tan vertiginosa es que se trata de una antología de autores interesados sobre todo en la novela, para los cuales el cuento, aunque los hubieran escrito, era una forma secundaria; un, digamos, paso obligatorio antes de encarar lo que de verdad valía la pena. No me extraña que, leídos con 20 años de distancia, sobresalgan los relatos de quienes en el momento de la publicación ya tenían a sus espaldas un pasado como cuentistas: Rodrigo Fresán, Juan Forn, Gustavo Escanlar y sí –todo hay que decirlo–: Alberto Fuguet.

A estas alturas sería necio desconocer que la antología debe su éxito a que tenía un nombre magnífico –fue lo que se dice “un hallazgo afortunado”–. Me temo sin embargo que ese acierto publicitario es en parte la causa de su actual fracaso, el motivo por el cual nadie considera a McOndo un volumen decisivo o cuando menos un importante documento generacional. (Edmundo Paz Soldán, uno de los autores seleccionados, escribió hace un tiempo que era una “malhadada antología”). McOndo reúne a escritores que estaban escribiendo antes de que la editorial Mondadori lanzara el libro, que seguían escribiendo durante su lanzamiento y que siguen haciéndolo hasta la fecha, a menudo –o casi siempre– a contramano de la estética promulgada por Fuguet y Sergio Gómez. Para decirlo en términos publicitarios: perduró la marca, pero caducó la mercancía.

Mario Jursich Durán (foto) (Publicado en Revista Arcadía)

Nota: Los autores incluidos en McOndo son: Andrés Caicedo, Edmundo Paz Soldán, Jorge Franco, Giannina Braschi, Pedro Juan Gutiérrez, Mario Mendoza, Leonardo Valencia, Rodrigo Fresán, Martín Rejtman, Jaime Bayly, Naief Yeyha, Juan Forn, Santiago Gamboa, Rodrigo Soto, Ray Loriga, José Ángel Mañas, Antonio Domínguez, Jordi Soler, Gustavo Escanlar, Martín Casariego Córdoba, Marlon Ocampo y, obviamente, Sergo Gómez y Alberto Fuguet.