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‘McOndo: el fantasma abolido’ de Mario Jursich

mario jursich duránEs muy significativo que, 20 años atrás, la publicación de McOndo haya desatado un alud de críticas negativas. La mayoría de comentaristas, sobre todo en Chile, se tomó el prólogo de Alberto Fuguet y Sergio Gómez a la tremenda y en consecuencia lo leyó como si fuera un manifiesto político-cultural, cuando en realidad tenía mucho de ópera bufa y desplante juvenil. Fuguet, Sergio Gómez y los otros 15 autores fueron acusados no solo de ser unos burguesitos frívolos de clase media (o “ni siquiera alta”, como dijo, con mal disimulada irritación, un crítico argentino), sino de estar completamente enajenados por la cultura gringa. Así, de manera cambiante y según la filiación ideológica del comentarista de turno, McOndo era presentado como “una celebración del neoliberalismo que a mediados de los noventa triunfaba en América Latina” o como “un proyecto machista que solo incluía a hombres” o –conclusión final absolutamente previsible– como “un reflejo de esa juventud consumista apenas interesada en encarar nuestros gravísimos problemas”.

Si se trataba de quitarles autoridad, hubiera sido más eficaz contrastar el prólogo del libro con lo que en efecto, no en la fantasía, pasaba en ese entonces en la literatura. El hecho de que un editor de Iowa les hubiera rechazado unos cuentos, alegando que “bien podían haber sido escritos por cualquier autor del Primer Mundo”, era la prueba fehaciente, inequívoca, para los prologuistas de McOndo de que tanto los escritores como las editoriales y el público a este y el otro lado del Atlántico seguían encadenados al grillete del realismo mágico. “No es posible aceptar… que aquí todo el mundo anda con sombrero y vive en árboles”, proclamaban enardecidos. “En McOndo hay McDonald’s, computadores Mac y condominios, amén de hoteles cinco estrellas construidos con dinero lavado y malls gigantescos”, remachaban, como si nadie lo hubiera advertido nunca.

Estos comentarios, evaluados a la distancia de dos décadas, producen una especie de lástima. Fuguet y Gómez simplemente parecían haber leído mal la literatura latinoamericana (o no haberla leído en absoluto). Para empezar, pasaban por alto que el mismo año de publicación de Cien años de soledad, en 1967, ya estaban en librerías La vida breve (1950), de Juan Carlos Onetti; La región más transparente (1958), de Carlos Fuentes, y Rayuela (1963), de Julio Cortázar, tres libros de referencia donde no hay realismo mágico y donde las ciudades son un nítido contrapunto a ese campo y a esa vida rural que en opinión de ellos acaparaban las letras latinoamericanas.

Otro tanto puede decirse de sus quejas respecto a la falta de atención a la cultura popular y a la televisión. “¿Y lo bastardo, lo híbrido?”, preguntaban de manera retórica, convencidos de que no habría respuesta a sus interrogaciones. “Para nosotros, el Chapulín Colorado, Ricky Martin, Selena, Julio Iglesias y las telenovelas (o culebrones) son tan latinoamericanas como el candombe o el vallenato”. Pues bien: 20 años atrás, en 1976, ya Manuel Puig y Luis Rafael Sánchez le habían dado carta de ciudadanía a todo ese universo en El beso de la mujer araña y en La guaracha del Macho Camacho. Visto en perspectiva, el libro de Luis Rafael Sánchez hasta parecía anticipar los ruegos de Fuguet y Gómez por una narrativa donde se viera “nuestro país McOndo sobrepoblado y lleno de contaminación, con autopistas… tv-cable y barriadas”, toda vez que elegía un descomunal atasco de tráfico en San Juan para hacer una gozosa reflexión en torno a la caótica modernidad del Caribe.

Es importante añadir que ya en los años sesenta, mientras la literatura se abría en multitud de direcciones, Carlos Monsiváis y otros autores estaban escribiendo crónicas de enorme aliento sobre ídolos populares o haciendo perspicaces conjeturas sobre la identificación del público con lo que veía en las pantallas de los cines o los televisores. (Una de las principales carencias de McOndo es, justamente, que ignora la multifacética riqueza del periodismo, de la nota cinematográfica o del ensayo en aquellos tiempos inventivos).

A mí me gustaría radicalizar estas críticas: en 1996, a excepción de algunos epígonos sin importancia, ni siquiera el mismo Gabriel García Márquez estaba interesado en el realismo mágico. Sus libros de la época, desde Crónica de una muerte anunciada (1981) hasta Del amor y otros demonios (1994), ya habían dejado atrás el estilo hiperbólico y barroco de Cien años de soledad, sustituyéndolo por una prosa más contenida, donde a menudo refulgían las antiguas enseñanzas de Hemingway. Más aún: en lo que puede considerarse una sabrosa ironía, a mediados de los ochenta García Márquez había publicado su “libro chileno” –Las aventuras de Miguel Littin clandestino en Chile–, en el cual, si se lo hubieran propuesto, Fuguet y Gómez habrían podido encontrar mucho de lo que reclamaban para su propia escritura.

No me resisto, llegado a este punto, a comentar una segunda y acaso más filosa ironía. Con ánimo provocador, los prologuistas de McOndo decían que “si hace unos años la disyuntiva del escritor joven estaba entre tomar el lápiz o la carabina, ahora parece que lo más angustiante para escribir es elegir entre Windows 95 o Macintosh”. Da risa pensar que también en esa encrucijada el “arcángel san Gabriel” se les adelantó por lo menos década y media. Desde 1981, García Márquez se había dejado seducir por el logo de la manzana, siendo tal vez uno de los primeros, si no el primer autor latinoamericano, en cambiar su viejo instrumento de trabajo por un computador. “Jobs le había recomendado directamente el equipo –recordó Roberto González, pocos días después de que muriera el nobel colombiano–. García Márquez usaba todavía su pesada máquina de escribir y él le dijo que tuviera mejor un Mac en cada país. Entonces, yo fui quien se lo mostró a Gabo en una feria. Se compró uno para México, otro para Cartagena y uno más para Barcelona”. Lo dicho: aunque intentaran reducirlo a un cliché, ese García Márquez era más complejo –más inesperado– de lo que cualquiera hubiera podido imaginar.

En realidad, el malestar de Fuguet y Gómez tenía un origen muy preciso. Primero en 1982, y luego en 1989, la literatura de su país natal había producido dos best sellers mayúsculos, La casa de los espíritus, de Isabel Allende, y El viejo que leía novelas de amor, de Luis Sepúlveda. Ambos libros, sin la menor duda, abusaban de los peores tópicos del realismo mágico, pero el hecho de que el público los acogiera no permite inferir que entonces el realismo mágico era la única oferta disponible en el catálogo de las editoriales. En este sentido, Fuguet y Gómez cometían un error clásico, que es confundir la literatura con el mercado. Para decirlo de manera sintética, aunque la literatura obedece parcialmente al mercado, no se agota en el mercado. O, dicho de otra forma, la literatura, que toma cuerpo gracias al mercado, precede y excede al mercado. Todos sabemos que la circunstancia de que un libro se venda poco –o solo alcance un puñado de lectores– no significa nada en cuanto a su calidad e influencia.

No sé si por desconocimiento o por mala fe, Fuguet y Gómez callaban que al lado de La casa de los espíritus estaba Respiración artificial (1980), de Ricardo Piglia, y que flanqueando a El viejo que leía novelas de amor aparecían Glosa (1986), de Juan José Saer, y Cuando me hice monja (1993), de César Aira. Ninguno de esos libros, con caminos narrativos totalmente diferentes a los del realismo mágico, logró ventas extraordinarias, pero desde un comienzo fueron saludados como hitos de la nueva narrativa latinoamericana y rápidamente traducidos al francés y al inglés. Así pues el dictum de Fuguet y Gómez, según el cual la industria editorial “desechaba” a quienes “poseían el estigma de carecer de realismo mágico”, se demostraba palmariamente falso. Al enfilar baterías contra el realismo mágico, Fuguet y Gómez en realidad estaban cayendo en la antigua falacia del hombre de paja, que consiste en caricaturizar unos argumentos (o una situación) en aras de facilitar un ataque crítico. No combatían a García Márquez; en verdad, combatían una imitación falsa y vulnerable de su literatura (el “hombre y la mujer de paja” representados en Isabel Allende y Luis Sepúlveda) a fin de dar la ilusión de llevárselo por delante. Finalmente, es fácil dar la apariencia de triunfo en una discusión intelectual cuando se escogen adversarios débiles.

Yo tengo una teoría de uso casero, ajena al libro propiamente dicho, que tal vez explique las numerosas distorsiones de óptica en McOndo. Es bien sabido que tanto Fuguet como Gómez asistieron a los talleres que José Donoso dictó entre 1985 y 1991 en la capital chilena. De allí, de esos workshops conflictivos y retadores, nació el germen de las dos antologías con que irrumpieron ruidosamente en la vida literaria de su país. Creo adivinar que Donoso les transmitió a Fuguet y Gómez su desaforado resentimiento contra Gabriel García Márquez y, de manera indirecta, contra el realismo mágico, que él interpretaba como la causa de que nunca se le hubiera reconocido como un gran autor. Ese asunto, que puede rastrearse con facilidad en la Historia personal del boom (1978) y en la espeluznante memoria de su hija adoptiva Pilar –Correr el tupido velo (2010)–, me exime de multiplicar detalles en extremo penosos. Baste recordar que El jardín de al lado (1981) ofrece una mirada satírica –y rebosante de esa “enorme y lícita envidia” que le gustaba pregonar a Donoso– a propósito de la relación entre Núria Monclús (Carmen Balcells), la “bruja de las finanzas, la catalana pesetera y avara”, y su “escritor favorito”, “el insolentemente célebre” Marcelo Chiriboga (Gabriel García Márquez). En este sentido, se podría decir que McOndo es la venganza infantil, postrera, por interpuestas personas, del escritor chileno contra el nobel colombiano. Sobra decir que se trata de una venganza inoficiosa, pues la antología no tuvo el menor efecto en la reputación de un autor que no necesita de ningún tipo de valedores. García Márquez –¿lo dudarán Fuguet y Gómez?– sigue siendo un nombre ineludible en la narrativa de lengua española.

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Por supuesto, todo lo dicho hasta aquí tiene un punto de injusticia. En McOndo participan 17 autores y no parece lícito, o al menos equilibrado, proyectar sobre los cuentos unas opiniones vertidas por los antologistas en el prólogo. Como acá no dispongo de espacio para comentarlos de manera individual, me limitaré a pasar por alto las numerosas inconsistencias del libro (no incluye a ninguna mujer ni a ningún escritor del Caribe; no es propiamente una antología de los escritores que agrupa, sino un volumen de textos pedidos ex profeso; no fue el producto de una investigación a carta cabal sino más bien el junte azaroso de lo que sugerían amigos o conocidos), y lo haré, entre otras razones, porque Fuguet y Gómez reconocen esas debilidades. Mi argumento provisorio para explicar por qué el libro ha envejecido de manera tan vertiginosa es que se trata de una antología de autores interesados sobre todo en la novela, para los cuales el cuento, aunque los hubieran escrito, era una forma secundaria; un, digamos, paso obligatorio antes de encarar lo que de verdad valía la pena. No me extraña que, leídos con 20 años de distancia, sobresalgan los relatos de quienes en el momento de la publicación ya tenían a sus espaldas un pasado como cuentistas: Rodrigo Fresán, Juan Forn, Gustavo Escanlar y sí –todo hay que decirlo–: Alberto Fuguet.

A estas alturas sería necio desconocer que la antología debe su éxito a que tenía un nombre magnífico –fue lo que se dice “un hallazgo afortunado”–. Me temo sin embargo que ese acierto publicitario es en parte la causa de su actual fracaso, el motivo por el cual nadie considera a McOndo un volumen decisivo o cuando menos un importante documento generacional. (Edmundo Paz Soldán, uno de los autores seleccionados, escribió hace un tiempo que era una “malhadada antología”). McOndo reúne a escritores que estaban escribiendo antes de que la editorial Mondadori lanzara el libro, que seguían escribiendo durante su lanzamiento y que siguen haciéndolo hasta la fecha, a menudo –o casi siempre– a contramano de la estética promulgada por Fuguet y Sergio Gómez. Para decirlo en términos publicitarios: perduró la marca, pero caducó la mercancía.

Mario Jursich Durán (foto) (Publicado en Revista Arcadía)

Nota: Los autores incluidos en McOndo son: Andrés Caicedo, Edmundo Paz Soldán, Jorge Franco, Giannina Braschi, Pedro Juan Gutiérrez, Mario Mendoza, Leonardo Valencia, Rodrigo Fresán, Martín Rejtman, Jaime Bayly, Naief Yeyha, Juan Forn, Santiago Gamboa, Rodrigo Soto, Ray Loriga, José Ángel Mañas, Antonio Domínguez, Jordi Soler, Gustavo Escanlar, Martín Casariego Córdoba, Marlon Ocampo y, obviamente, Sergo Gómez y Alberto Fuguet.

Encuestas; DJ Méndez; isapres; militares

logotipo_CEP_twitterEncuestas CEP. La encuesta del Centro de Estudios Públicos, CEP, se ha vuelto “palabra de Dios”. Una suma de encuestas amañadas, que tienen como propósito legitimar lo que piensan los empresarios del gobierno y las instituciones. Omiten esas encuestas, eso sí, preguntar qué piensa la gente de la colusión de los empresarios, las coimas de los empresarios, del cohecho que auspician los empresarios para obtener beneficios en el Congreso Nacional o en las instituciones para sus contratos, de la mala calidad de los productos, de seguir haciendo de la educación un negocio de compra y venta internacional, etcétera. La encuesta CEP es una encuesta que arroja los resultados que los empresarios quieren, pero se cuidan de hablar de sí mismos. Y las dirige la joya de Harald Beyer, el mediocre y fracasado y destituido ministro de Educación del gobierno de Sebastián Piñera. Un resentido, a nombre de los empresarios, evaluando a los demás. ¡Vaya objetividad de la encuesta CEP!

DJ Méndez. ¿Viste ‘La divina comida’, en Chilevisión?, me preguntó Aristarco. No, le respondí. ¿No viste a Leopoldo Méndez, o DJ Méndez? No. Entonces la soltó: ¡Es un flaite! ¿Y quiere ser alcalde de Valparaíso? ¿En qué mundo estamos? Le pedí que me explicara. Bueno, es así: reúnen a cuatro famosos de la farándula, y cada uno prepara una cena para el grupo. Eso es entretenido. Los otros van calificando. Al final, gana un delantal y un gorro de chef el que tenga la mejor calificación. Pero entre tanto, en este caso, los gestos ordinarios de Méndez, la vestimenta flaite y los tatuajes (¡hasta en la cara, como los sanguinarios pandilleros ‘Maras’ de El Salvador!), los gestos de ese Méndez. ¡Odia la ensalada chilena, el tomate y la cebolla, y quiere ser alcalde! Hace gestos de arcadas con las frutas, huele todas las comidas, la escarba con el tenedor antes de comer. ¡Qué asco de tipo!, remata Aristarco. ¿Y quiere ser alcalde de Valparaíso?

Isapres. Las Isapres (“Instituciones de Salud Previsional”) se quejan de que “el gobierno no hace nada” para evitar que los judicialicen, por mala o nula prestación del servicio médico. Eso dice el presidente del gremio que agrupa a las isapres, Rafael Caviedes. ¡El gobierno no hace nada!, dice él, y eso lo reproducen los grandes medios de comunicación (que después repiten personas sin análisis como Sergio ‘Checho’ Hirane en Radio Agricultura) Pero cuando se le pregunta por las utilidades del año pasado, que llegaron a $ 37.000 millones, dice que tienen muchos gastos. ¡Cínico! Las utilidades son utilidades, lo que queda después de pagar los costos de producción y las costas judiciales y los sueldos y todo otro gasto administrativo y operacional en que incurra una empresa; al final, quedan las u-ti-li-da-des. Por las utilidades, ¡que fueron 35 % superiores a las del año 2014!, el señor Caviedes considera que las empresas son muy ‘eficientes’, pero por las reclamaciones por nulo o mal servicio le echa la culpa al gobierno. ¡Cínico! Como dice el dicho: “Con cara gano yo, y con sello pierde usted”. Esa es la lógica de esta clase de empresarios.

Ley reservada del cobre. Ya nadie tiene la más mínima sombra de duda de la urgencia de acabar ¡para siempre! con la llamada “Ley reservada del cobre”. Esa ley propicia un auténtico agujero negro: muchos miles de millones de pesos de los chilenos, desaparecen ahí. Esa ley obliga a “la cuprífera estatal” Codelco, a pasarle una suma exorbitante de dinero anual a los militares, para que hagan con ese dinero lo que se les da la gana, porque nadie vigila el destino de esos recursos, ni la Contraloría General. Es tan abusiva esa ley, que ordena darles a los militares el 10% “de las ventas” de cobre de Codelco. ¡De las ventas! No es 10% de las utilidades, sino de las ventas. Alguien con dos dedos de frente de inteligencia, sabe que las ventas son una manera de obtener recursos, a los que se les debe restar los gastos y las provisiones, y ahí sí, contabilizar utilidades. De modo que no es el 10% de las utilidades, sino el leonino 10% de las ventas, lo que hay que darles a los señores militares. ¿Quién habrá ideado esta macabra manera de chuparle la sangre a Codelco? ¿Quién vigila qué hacen los militares con ese dinero?, porque cuando necesitan comprar armamento, táctico o estratégico, hay que tramitar una ley de recursos ante el Congreso. ¡Mundo de locos!

 

No + AFP; Gurdjieff; García Márquez

no afpNo más AFP. Los países que vieron en Chile la última coca cola del desierto en materia de jubilaciones, cuando impuso en la vergonzosa dictadura el sistema de las administradoras de fondos de pensiones, AFP, deben saber que el sistema colapsó, que quedó en evidencia que es un fraude. Ayer, con cerca de un millón de personas, se cumplió una segunda jornada de protesta; la anterior fue de 650 mil chilenos, que salieron a decir “No + AFP”; la de ahora, de un millón. Crece la audiencia. Ahora, las empresas administradoras, que ganan una fortuna a costa del dinero y trabajo de los trabajadores, quieren engañar a la gente diciéndoles que en 35 años los cambios en las edades de las personas van a hacer imposible un sistema de ‘reparto’. Eso es mentira. Hace 35 años dijeron lo mismo, y el sistema de ‘capitalización personal’, que es el actual, no cumplió con lo prometido y se convirtió en un fraude. Las empresas administradoras siguen construyendo enormes edificios, o alquilándolos, y contratando zánganos que son del mismo círculo de amigos, para sentarse en los directorios o juntas directivas a ganar una millonada, a costa de los trabajadores. Se sabe de una AFP que en el 2015 repartió entre 8 directores cerca de 1.500 millones de pesos, ¡en ‘bonos’!; es decir, además de los sueldos millonarios, se auto-reparten bonos millonarios. Mientras tanto, la gente que pone la plata, fruto de su trabajo de muchos años, al final recibe una pensión miserable, que en el caso de Chile ha llegado a ser de $80.000 mensuales hoy. Por eso, protestas como las de ayer en todo Chile, deben ser una voz de alarma para el resto de países de Latinoamérica que están engañados con el sistema de las AFP, que solamente es un negocio de un grupito de empresarios. ¡’No + AFP’ en Latinoamérica!

Consejos del George Gurdjieff, maestro de danza:

–Si decides trabajar para los otros, hazlo con placer.

–Cuando te pregunten tu opinión sobre algo o alguien, di solo sus cualidades.

–Si ofendes a alguien, pídele perdón.

–No trates de despertar en los otros emociones hacia ti, como piedad, admiración, simpatía, complicidad.

–Trata lo que no te pertenece como si te perteneciera.

–Transforma tu odio en caridad.

–Transforma tu cólera en creatividad.

–No establezcas amistades inútiles.

–No te apropies de nada ni de nadie.

–Has planes de trabajo y cúmplelos.

–Cesa de autodefinirte.

–Desarrolla tu generosidad sin testigos.

Gabriel García Márquez: “Se le metía debajo, y se apoderaba de todo él para toda ella, encerrada dentro de sí misma, tanteando con los ojos cerrados en su absoluta oscuridad interior, avanzando por aquí, retrocediendo, corrigiendo su rumbo invisible, intentando otra vía más intensa, otra forma de andar sin naufragar en la marisma de mucílago que fluía de su vientre, preguntándose y contestándose a sí misma con un zumbido de moscardón ese algo en las tinieblas que solo ella conocía y ansiaba solo para ella hasta que sucumbía sin esperar a nadie, se desbarrancaba sola en su abismo con una explosión jubilosa de victoria total que hacía temblar el mundo”. (El amor en los tiempos del cólera)

 

Para qué sirven las AFP; Pinochet; y Ernesto Silva

afp-ladrones-2Qué son. Las administradoras de fondos de pensiones, AFP (logo), son empresas privadas cuyo único objetivo es el lucro de sus propietarios. Ahí no hay una consideración social, excepto la de captar los ahorros de los trabajadores. Una vez con el dinero en sus manos, se dedican a hacer negocios con esa plata, para obtener unas utilidades que los ahorradores jamás verán. ¡Los empresarios no ponen un solo peso! Y el dinero ganado en las AFP se va en alquilar o construir edificios para sus oficinas, pagar millonarios sueldos y bonificaciones a los ‘directores’, y tomar las utilidades. Los ahorradores no representan nada en este negocio; solo sirven para que los dueños y ‘directores’ de las AFP se hagan ricos, o más ricos de lo que ya son. Es un sistema fraudulento para con el ahorrador.

No más. El señor Andras Uthoff (foto) fue miembro de la Comisión Bravo, a la que el Andras Uthoffgobierno le encargó revisar el sistema previsional y pensional de Chile. Uthoff denunció que el gobierno no le dio a la Comisión el presupuesto suficiente para actuar, y, además, el director de la Comisión, David Bravo, sesgó el resultado del análisis que se produjo en ella. David Bravo hizo creer que, con un simple retoque a las actuales AFP fraudulentas, todo se solucionará. Pero no es así. Para Uthoff, “el sistema actual fracasó. Seguir con más de lo mismo es una apuesta muy arriesgada”. E insistió en que “si no haces una reforma estructural, las propuestas pierden sentido”.

Anécdota. Se cuenta que cuando el señor José Piñera (foto) expuso la ‘redención’ que tenía josé piñeraen carpeta para los trabajadores de Chile, de poner sus ahorros en manos de la empresa privada, a través de administradoras de fondos de pensiones, AFP, el dictador Augusto Pinochet preguntó una y otra vez: “¿Quién administrará la plata?” ¡No confiaba en la empresa privada! Algo le olía mal. “Eso me produce alergia, porque también sé que hay varios señores que se están haciendo millonarios en este país”, fue el argumento del traidor, ladrón y asesino Augusto Pinochet, ante el adefesio que vendió, como pomada sanadora, el señor José Piñera.

Mentiroso. Vi en días pasados al expresidente de la Unión Demócrata Independiente, Udi, ernesto silvaErnesto Silva (foto), con su cara de idiota (*) en la televisión, mentir sin el menor empacho, al decir que la crisis económica de Grecia se debía a que habían eliminado el sistema de las AFP. ¿Que qué? Pero, por supuesto, hay gente, más idiota que Silva, que cree esas sandeces.

(*) adj. y com. Tonto, poco inteligente. Que padece idiotez.

Imagen de Michelle Bachelet

Bachelet-01Reitero que las encuestas de opinión sobre ‘la imagen’ de la presidenta Michelle Bachelet (foto), y sobre muchas otras cosas más, no dicen la verdad. O la dicen a medias. Porque esos resultados son el fruto de una andanada de mala prensa. Prensa en poder de los opositores a Michelle Bachelet. Un grupito de empresarios. Algo así como que le lavan el cerebro a la gente, diciéndole, todos los días, en un bombardeo inmisericorde durante todo el día, por prensa, radio y televisión, que las cosas están mal. Entrevistan a políticos (casta que no debería existir, y debe ser reemplazada por la de los buenos administradores) diciendo sandeces sobre la economía (como el expresidente Sebastián Piñera, por ejemplo), como si la economía chilena, en un mundo globalizado hace muchos años (expresión del neoliberalismo que estos mismos políticos, y el expresidente, auparon con el apoyo que le dieron al dictador Augusto Pinochet, que fue quien desplegó el modelo económico que hoy está en crisis), como si la economía chilena fuera impoluta y no el resultado de su interacción con el resto del mundo. Salen, en todos los medios de comunicación masiva, los ‘analistas’ económicos, que son empleados de la media docena de ricachones chilenos, a ‘proyectar’ la economía, y lanzan una sarta de cifras acomodadas para luego decir que el indicador del Instituto Nacional de Estadísticas, INE, estuvo por encima o por debajo de ‘las expectativas’. Las expectativas son las cifras sacadas del sombrero de las conveniencias de esos ricachones, con las que han lavado el cerebro a la gente a través de todos los medios de comunicación. Y así, en el resto de temas.

Y cuando se observan los montos de firmas extranjeras que invierten en Chile, y el interés de un montón más que quiere llegar al país, no puede uno menos que constatar lo ridículos que son, el expresidente Sebastián Piñera y los ‘analistas’, agoreros de malos tiempos e inestabilidades inexistentes, que le hacen mucho daño al país por estar politiqueando.

Si te dicen todo el día que el vecino es una mala persona, aunque nunca lo hayas tratado y no sepas que es casi un ángel, empezarás a verle ‘cosas raras’, y te convencerás de que, seguramente, es ‘un mal tipo’. Y cuando alguien te pregunte por el vecino, dirás que ‘te parece’ que es una mala persona, aunque nunca lo hayas tratado personalmente.

Exactamente lo mismo ocurre con las encuestas. Los medios de comunicación acribillan a la gente todos los días, y todo el día, con información acomodada en favor del grupito que maneja el país, y después va ‘la empresa’ de opinión a preguntar las cosas que pregunta, con el consabido resultado. Y esa empresa ‘de opinión’, para rematar el ciclo, se erige como ‘administradora de los valores éticos y morales’ de la sociedad.

Por eso, si me dicen que la presidenta Michelle Bachelet tiene de aprobación el dos por ciento (2 %), me da la misma risa a si dijeran que tiene el ochenta (80 %). Porque el 80 % también es el resultado de la imagen que el grupito de los dueños de los medios masivos de comunicación, y del país, quieren proyectar, hacia adentro o hacia afuera, por las razones que los demás desconocemos.

Uber, penalización tributaria y reforma laboral

uber2Taxistas y Uber. Andan furiosos los taxistas, impidiendo que otros chilenos tengan empleo mediante la aplicación Uber de transporte privado. Los taxis son un medio privado que presta un servicio público, exactamente igual que Uber. La diferencia, dicen, está en el pago de impuestos. Dicen que Uber no los paga. En su furia acudieron a la justicia para “sacar de las calles” a Uber, y la Corte de Apelaciones de Santiago declaró inadmisible el recurso de protección presentado por gremios de taxistas con el propósito de que aplicaciones de servicios de transporte de pasajeros, como Uber o Cabify, dejen de funcionar. El caso, ni judicial ni legalmente está cerrado. Si Uber no paga impuestos, que los pague y el servicio se mantenga. Lo cierto es que son otros tiempos, y todos debemos ponernos a tono. Por eso, comparto la declaración del exministro de Transporte, Pedro Pablo Errázuriz, cuando dijo: “Prohibir Uber es como prohibir Internet para proteger el Fax”.

Reforma laboral. Nunca se preocupan de las pyme, pero ahora, con la reforma laboral, los huelgaopositores ponen el grito en el cielo: la reforma es un atentado contra las pyme. ¡Mentira! Me gusta que la reforma prohíba los tales ‘reemplazos’, los esquiroles. Porque una huelga es para hacerle sentir las costillas a la empresa. No para salir de vacaciones. Desde luego que la huelga debe ser un último recurso. Uno al que haya que apelar cuando se hayan agotado todas las instancias de conciliación. Y ahí sí, ¡a la huelga! Y si eso significa paralizar la producción, pues que se pare. De eso se trata, de una medida de presión contundente. No esa babosada que hay ahora, que unos ilusos, tratando de mejorar las condiciones laborales de todos, se lanzan a la huelga, y la empresa puede contratar gente de afuera, ¡esquiroles!, ¡rompehuelgas!, y burlarse de quienes están protestando. Si la reforma laboral termina incluyendo la ‘huelga sin reemplazo’, será una buena reforma.

SII. La legislación debería quitar la exclusividad de los procesos penales con resultado de impuestoscárcel, de la que hoy goza el Servicio de Impuestos Internos, SII, para casos tributarios. A los ojos de toda la nación los señorones roban, cometen cohecho, emiten boletas falsas (¡documentos fiscales falsos!) y al final no pasa nada. Impuestos Internos les da la absolución. Eso debe terminar. El Ministerio Público debe tener jurisdicción sobre todos, sin excepción, los casos penales, aún aquellos que toquen asuntos tributarios. Porque Impuestos Internos, cuando no le pone el freno a las investigaciones para invisibilizarlas, opta por ‘acuerdos’ que consisten en multas, es decir, que el delincuente sorprendido dice “Ay, era de mentiritas que yo declaré eso”, y paga la multa, ¡y no pasa nada! Como el caso del delincuente confeso Jovino Novoa. Pero cuidado don Pepito Pérez, el del almacén de la esquina, deja de emite una boleta por un kilo de pan, y aparecen con cara de personas importantes los tipos de Impuestos Internos a multarlo, tomarlo preso y cerrarle el negocio. ¡Qué sinvergüencería la de Impuestos Internos!

Fin de señales; Ignacio y Rafael; y el Congreso

Francesco GazzellaEl fin. Los cambios nos afectan. Como si algo nos quitaran y algo nos impusieran. Nos incomodan. Es lo que ocurre con la desaparición de tres señales de televisión con programas memorables. Desaparecen las señales Vía X, Zona Latina y Artv. Tres ventanas a otra mirada de las cosas, y al arte, o a lo más parecido al arte, ese elemento extraño en los canales convencionales. Mi gusto estaba por ‘Estado nacional’ con Francesco Gazzella (foto, quien reemplazó de manera excelente a Ignacio Franzani y a Humberto Sichel) Estaba por ‘Séptimo vicio’, con Gonzalo Frías, el mismo del hermoso libro de memoria ‘Tracking’. Y estaba por ‘Sonidos del siglo XX’, ‘Cine club’ y ‘Documentario’. Los voy a echar de menos. Esas señales son de VTR. ¿Qué irá a poner en ellas? ¿Con qué irá a salir?

Ignacio. Hay versiones sobre la salida intempestiva de Ignacio Gutiérrez (foto) del canal Ignacio_GutierrezChilevisión. Una es que se molestó porque será Rafael Araneda quien conduzca el matinal que él está haciendo, hasta el punto de renunciar. Otra versión es que hubo algo muy grave en la vida personal de Ignacio Gutiérrez que el canal se molestó al punto de pedirle la renuncia. Y otra versión dice que un ‘focus group’ habría indicado una forma amanerada de conducción del matinal que no gustaba, lo cual enfadó tanto a Ignacio Gutiérrez que lo hizo renunciar de inmediato. Creo que ninguno de los tres casos ameritaba su salida del canal, voluntaria o a petición. Pero además, creo que la sintonía del matinal no va a subir con Rafael Araneda. Lo digo firmado. Ya hay un antecedente de que Araneda no produce sintonía: estuvo en una emisora y no pasó nada con él. Él es bueno para animar espectáculos, como el Festival de Viña del Mar o un programa de concurso, como ‘Rojo’. Pero nada más. Por favor, me cobran la palabra si Rafael Araneda eleva en un punto, uno solamente, la actual sintonía del matinal de Chilevisión, y hablamos dentro de seis meses.

Comisión. Un parlamentario pidió crear una ‘comisión investigadora’ para el caso de la congresoestafa mediante el sistema Ponzi, o ‘pirámide’, perpetrado por AC Inversions. ¿Acaso el Congreso es ahora un apéndice del sistema judicial? Hay una ‘comisión’ para el ‘Caso Caval’, otra ‘comisión’ para la colusión de las papeleras, una más para la colusión de las farmacias, etcétera. Ninguna ha servido de nada, por una razón muy sencilla: porque el Congreso (foto) o Parlamento es para legislar, no para intentar suplantar al sistema judicial, ni para ponerle palos a las ruedas de la carreta del gobierno. ¿Qué les pasa a los congresistas? ¿Acaso quieren de esa manera superar su actitud venal ante las corporaciones y grandes empresas? ¿Así quieren limpiar la imagen que tienen de ser unos peleles con los poderosos, y unos corruptos en general que oprimen a los pobres? Ocúpense, señores congresistas, de hacer las leyes que el pueblo necesita para su bienestar. Y punto.