Archivo de la categoría: Premios

‘Combatir al pecado’ de Fernando Jiménez

Fernando(Este cuento de Fernando de Jesús Jiménez Delgado ganó el Primer Premio Nacional de Cuento Fantástico ‘Amparo Dávila’, en el 2015, en México. Fernando Jiménez es psicólogo clínico de la Universidad Autónoma de Querétaro, músico, panadero y toca la jarana en ‘Son de abajo’. Lector de José Agustín, Jorge Ibargüengoitia y Woody Allen. Dice que su mayor influencia es la de Bob Esponja. El jurado que lo premió estuvo integrado por Cristina Rivera Garza, Ramón Córdoba, Alberto Chimal, Bernardo Fernández y Daniela Tarazona. JSA)

Supe que sería un día raro cuando un testigo de Jehová me ofreció una mamada. Caminaba por la avenida Fray Tomás cuando lo encontré. Parecía un loco, tenía la bragueta abierta y un moño rojo. Su traje era azul, sucio pero planchado. Los carros parecían avispas, como si la calle fuera un panal golpeado. El tipo estaba recargado en un señalamiento que prometía una catedral a la derecha. Había mucha gente y su soledad cimbraba. Regalaba libros de esos que dicen que las tormentas vienen de la sodomía. Pasé a un costado sin mirarlo, olía a limpiador económico.

-Buenas tardes, señor. ¿Gusta que se la chupe? -di la vuelta extrañado y negué de inmediato.

Detrás de mí, una señora que escuchó me miró horrorizada.

-Muchas gracias, llevo prisa. Que tenga buen día —contesté por diplomacia.

No podía aceptar su mamada pero aplaudí su voluntad por servir a la comunidad. No son tiempos de andar regalando nada a nadie, mucho menos mamadas. Pensé en la vida de ese hombre. No debe ser fácil existir con un dios tan demandante. Yo soy católico en temporada alta, nada más: Navidad, el mundial de futbol, Día de la Virgen, Semana Santa, etcétera. Los testigos de Jehová deben reclutar inocentes, vestirse como idiotas y trabajar en domingo. No es poco. En fin, cada quien sus catedrales. Cualquier cosa es mejor que ser ateo; suena aburridísimo. Los ateos no tienen ostias gratis ni iglesias bonitas donde puedan verles las piernas a sus vecinas. No tienen música sacra ni villancicos, y éstos son mi parte favorita de la Navidad. No podría elegir uno en particular, todos son asombrosos. Rodolfo el reno, El niño del tambor, Los peces en el río, y otros más, me hacen desear haber nacido en un pesebre. Además, crecer sin un bautizo es mera burocracia, es como ir a tu graduación sin emborracharte. Piensen en las bodas, sin toda la parafernalia sería como darse de alta en Hacienda.

Pasé a la tienda a comprar un refresco. El doctor me los prohibió, pero era domingo. Me atendió una vieja extremadamente vieja, parecía que moriría en cuestión de segundos. Usaba un camisón de satín rosa, tan viejo como ella. Del cuello le colgaban más de cinco escapularios y estaba tan maquillada como una drag queen. Le mostré la bebida que me llevaría y lanzó un quejido gutural que no revelaba la cifra. Saqué el dinero cuando pasó la mano por encima del mostrador. Su palma entera temblaba, hacía un esfuerzo titánico por suspenderse frente a mí. Con una moneda de diez pesos lista, dudé. Sentí que esa mano se rompería si depositaba el pago bruscamente. Además, por el temblor, temí errar y tirar el dinero. Sus piernas no aguantarían inclinarse a tomar la moneda. Dejé el refresco, un billete de veinte y salí corriendo. Eso habría hecho Cristo, pensé en ese momento. Eran muchos escapularios, pero no la juzgo, si fuera a morir sería capaz hasta de disfrazarme del Papa y aprenderme el credo.

Seguí mi camino: era domingo y eso se hace los domingos. Llegué a la plaza principal, frente a la iglesia de San Bartolomé. Un tipo hablaba al micrófono. No era un mal espectáculo, había muchas palomas y un globero. Un grupo de niños destruía burbujas con aplausos mientras el vendedor cambiaba monedas por botellas. Me invadió un olor a elote que venía de un puesto cercano; pensé en comprar alguno, pero me conformé con el aroma. Decidí sentarme en una banca blanca, oxidada pero funcional. El metal estaba caliente, el sol cumplía su trabajo. Empezaba a relajarme cuando llegó una tipa y gritó:

-¿Me das un abrazo? -dijo antes de abalanzarse sobre mí sin esperar respuesta-. Funciona mejor si me ayudas a abrazarte.

Decidí callar y esperar a que se fuera. No tardó más de tres segundos.

Son un fastidio esas personas neocristianas que creen que Dios sonríe cada vez que ellas lo hacen. La señora, gorda de caderas y alegría, se retiró callada, ocultando su molestia. Un niño me vendió un mazapán. Lo compré mitad por compasión, mitad por antojo: balance positivo, a mi ver.

Desde la banca, el discurso al micrófono se volvió inteligible: Jesús nos sigue esperando, nos sigue perdonando. Hay gente que cree que es pobre, pero no es pobreza de dinero, es pobreza de espíritu. ¡Jesús puede volverlos ricos! Es una riqueza distinta que vuelve pobre al demonio. El demonio nos habla, nos dice “roba”, “mastúrbate”, “masturba a tu vecino”: perdonen mis palabras, Dios sabe que doy un ejemplo. Vivir en gracia es hablar con Dios, combatir al pecado. El pecado quiere derrotarnos, quiere llenarnos de pornografía, de abortos…

¿De dónde salen estos predicadores? Independientemente de sus creencias, gritar en una plaza siempre será una locura. Era un hombre pequeño, no debía medir más de 1.60. Estaba vestido de blanco y tenía una Biblia azul bajo el brazo. Parecía un niño manoteando; nadie le hacía caso. Hablaba de un tsunami y de Adán y Eva, estaba haciendo el ridículo. La señora de los abrazos hablaba con un grupo, personas igual de tristes que ella. “Disfruta la vida”, decía su playera, como si todo se tratara de un puto abrazo. No me malinterpreten: es la verdad.

…cada clavo le rompió los huesos. Perdió tanta sangre que titubeó, pero siguió estoico, dueño de ese espíritu que tanta falta nos hace. Nosotros permitimos que los homosexuales se besen, como en Sodoma; permitimos que la gente se divorcie como si fuera un juego; dejamos que nuestros hijos vean caricaturas violentas, que escuchen narcocorridos…

“Me encanta Dios”, dijo un poeta. Pero creo que no es para tanto. Si al creador o a su hijo les molestaran esos asuntos, ya hubieran exterminado a todos los transgresores. Es decir, yo odio a los funcionarios públicos y si tuviera poderes les hubiera derretido los genitales, mínimo. Dios no odia a las personas homosexuales: las respeta o no le importan.

Unos niños comenzaron a pelear. No vi el motivo. Cuando volteé ya estaban trenzados y la gente comenzaba a rodearlos. “¡Déjalo, cabrón!”, gritó una señora desde atrás: era la misma que me abrazó. Dio unos pasos, tomó a su hijo de la mano y se retiró maldiciendo entre dientes a los testigos y a la vida misma. ¿Lo ven? De eso hablo. Por más que nos guste vivir y los pájaros y las mariposas y la comida rápida, la vida es una perra.

…sólo Jesús puede ayudarnos, sólo él puede sanarnos las heridas de la soberbia y la lujuria. ¿Quién si no él puede abrirnos los ojos? Los problemas económicos son problemas de fe. Hay familias que se mueren de hambre, que no encuentran trabajo, que tienen problemas con sus hijos y dicen que no saben por qué. ¿En verdad no saben? La respuesta es Jesús, siempre la ha sido. Los pecadores se lamentan…

Un grupo de monjas pasó a un costado de mí. Algunas miraron al señor del micrófono molestas. Eran unas siete, caminaban como hormigas, enfiladas sin permitirse mayores distracciones. Las religiosas se detuvieron a comprar un helado en la esquina.

Una de ellas, a todas luces la más gorda, devoraba su barquillo con una técnica claramente felativa. El día transcurría extraño. Decidí levantarme y dar unos pasos. Involuntariamente me acerqué al predicador y encontré todo un show: el hombre le hablaba a tres personas, dos policías y un drogadicto. Supe que era drogadicto porque trataba de inhalar el polvo de la banqueta. Uno de los uniformados lloraba mientras que el adicto parecía no enterarse de nada. El tercero miraba al orador con atención científica, anotando en una pequeña libreta.

…el pecado vive en las computadoras que transmiten sexo y violencia las veinticuatro horas. Nuestros hijos no saben, por supuesto que no. Son pequeños, no saben diferenciar lo bueno de lo malo. Pero nosotros los grandes sí, el pecado vendrá por nosotros y nos arrancará del Cielo. ¿Ustedes creen que a Dios le gusta…

Madonna ha cambiado tres veces de religión. Fue judía, cristiana y musulmana: la triple alianza. No sé si verdaderamente cambiaría de religión, no es como cambiarse los calcetines. No me vean así, no es moralismo ni nada. Uno no puede pasar de no desear a la mujer de su prójimo a cortarle la mano a los ladrones. Un primo se volvió rastafari: no entiendo lo que dice, pero está drogado todo el tiempo. Sostiene que si se legalizara la marihuana todos seríamos libres, quizá sea cierto.

El sol perdió intensidad cuando sonaron las campanas. Miré la iglesia y un padre regordete me hacía señas desde la puerta, gritaba y movía su brazo señalándome un camino que quería que siguiera. No entendí palabra alguna. El bullicio se esfumaba como si alguien le bajara el volumen al día. Sentí cómo los vapores de los antojitos abandonaron mi nariz. De pronto, el tipo del micrófono cambió notoriamente de tono, exaltándose y gritando con horror.

¡Es él! El tiempo de los pecadores está por acabar. El mal les cobrará la factura, no habrá perdón para los ciegos, para los callados, para los corazones tibios. Jesucristo les abrió el corazón, pero le cerraron la puerta. El tiempo terminó. ¡Aquí está, es el Pecado! Ustedes creen que bromeaba. ¡Mírenlo! ¿No lo reconocen? Cristo lo advirtió…

Sentí una fuerza tremenda apretarme el pecho y la cabeza, como si el cielo entero me apachurrara. Estaba desconcertado. Todo se había detenido: las palomas parecían disecadas, las campanas quedaron mudas, el sacerdote era una estatua. El tipo del micrófono seguía hablando. Alcé la vista: la plaza entera estaba quieta. Las personas parecían haberse congelado. Los pájaros no aleteaban, quedaron suspendidos en el aire como focos o alguna clase de escenografía barata. Mi entorno era como un tablero de ajedrez, como una maqueta en tamaño real. Sin darme cuenta caminé hacia el orador, aferrándome a mi cuerpo en un autoabrazo. Toqué al policía que lloraba, pero era como un muñeco, no sentí su respiración.

-¿Tú me escuchas, debilucho? ¡No estorbes! Voy a enfrentarme al Pecado -dijo el predicador mientras sacaba un bate de béisbol detrás de una bocina.

-¿Qué es esto? -respondí como el idiota que soy. Me estaba cagando de miedo.

-Todos los domingos viene el Pecado a combatir con nosotros: los hombres de Dios.

-¿Yo soy un hombre de Dios?

-¡Uy, sí, pendejo! Seguro has hecho mucho por serlo. ¡No!, eres un error en el software de Dios, nada más. Sólo escóndete. Puedo manejarlo.

-Te oías más amable hace rato.

-Yo no escribí nada de eso…, sólo me aprendí el guión. Además, ¿qué te importa? Lárgate o te vas a morir. El Pecado llegará en cualquier momento.

-¿Viene el Pecado? ¿Qué vas a hacer?

-Todos los domingos rezo aquí como idiota -dijo señalando el lugar donde estaba parado-, es para debilitarlo. Yo también quisiera estar de huevón como tú, pero alguien debe enfrentarlo. Por más cabrón que sea el Pecado, nadie soporta dos batazos en la jeta.

-¿Por qué nadie se mueve? ¿Cuánto durará esto? ¿Te puedo ayudar en algo?

-¡Deja de preguntar, cabrón! -me gritó el predicador mientras ondeaba el bate de un lado a otro como si esperara que una bola cayera del mismísimo cielo-. Me estás distrayendo. ¡Hazte a un lado! Ya viene.

-Corrí de inmediato al árbol más cercano, como si los pinches árboles fueran a refugiarme de algo tan… ¿cómo decirlo?, ¿bíblico? Cerré los ojos mientras mi corazón golpeteaba al resto de mis órganos. Me toqué el pecho buscando algún crucifijo, pero sólo me topé con una baratija china que compré quién sabe cuándo. Lamenté no tener los escapularios de la señora de la tienda. Hasta pensé en la mamada del testigo de Jehová, no sé, pudo funcionar.

Una bocina estalló: había iniciado.

El Pecado era terrible, no hay otra palabra que lo describa. Desde que dio el primer paso supe que no vería algo más horroroso. Era una bestia mitad animal mitad transexual. En la mano derecha empuñaba un dildo y en la izquierda un feto que gritaba la palabra sexo de manera mecánica. La mitad humana estaba llena de tatuajes y perforaciones. Usaba una falda de piel negra, además de una camiseta de Cannibal Corpse. El Pecado parecía arrastrarse y dejaba condones a su paso. Tenía cuernos, eran de alambre, se los quitó para limpiarse el sudor. El hombre del micrófono rezaba cada vez más fuerte, hasta que el Pecado le lanzó un Xbox que aterrizó en su boca. La mitad animal era un misterio: su cuerpo parecía de oso pero con menos pelaje, una especie de yeti con alopecia. Donde deberían estar sus genitales había una grabadora que tocaba villancicos al revés. Supe que eran villancicos porque soy un experto en el género. Al hombre del micrófono lo estaba vapuleando la bestia. Empecé a rezar el padrenuestro, pero no surtía efecto. De pronto supe también que el Pecado había desarrollado anticuerpos contra los rezos usuales. Digo “deprontosupe” por-que de-pronto-supe, fue como si alguien insertara la información en mi disco duro. A estas alturas no dudé en que fuera Dios. Digo, un predicador se estaba agarrando a golpes con una bestia infernal: recibir tips del creador no era absurdo. Así me enteré de que el Pecado se alimenta de orgasmos y horas frente a videojuegos violentos. Cada vez que un hombre penetra a otro el Pecado aumenta su masa muscular. También me enteré de que está relleno de marihuana y entrena masturbándose y haciendo pole dance. Come dos horas después de haberse llenado y dedica cinco horas diarias a navegar en YouPorn. Dios o algún ángel, o aquello que me estuviera ayudando, quería que hiciera algo. Cerré los ojos y comencé a rezar con mayor intensidad y convicción, pero no parecía funcionar. Levanté la mirada, la bestia estaba asfixiando al predicador con una revista pornográfica. Tomé el bate que estaba a un par de metros de mí y corrí a darle un golpe en la espalda. La bestia soltó al predicador y lanzó una patada que me proyectó en contra de uno de los carros estacionados junto a la plaza. Quise tomar el cuchillo de una señora que vendía gorditas. Imposible, parecía estar pegado a su mano y pesar una tonelada. Noté que, gracias a mí, el predicador había ganado terreno y golpeaba al Pecado con el bate que solté mientras volaba. El valiente religioso se había arrancado la camisa y usaba el arma con una destreza profesional. El Pecado comenzó a gemir como si copularan dos adolescentes. El predicador retrocedió, volvió a tomar la Biblia y se la pegó al pecho. El Pecado se arrancó la camiseta y dejó asomar una teta tan satánica como perfecta. De ella salían disparadas latas de cerveza que hirieron al predicador. La bestia reía. Se detuvo y giró su seno como un engrane. Volvieron los gemidos adolescentes y del pezón salieron varios libros electrificados que inmovilizaron al predicador. Eran copias del Manifiesto comunista, supe de pronto. El Pecado tomó el bate y le propinó un golpe en la nuca al predicador. El sonido adelantó que el valiente había muerto. El predicador quedó con la cabeza partida, no pude ni mirarlo. Recordé al sacerdote en la puerta de la iglesia, y entonces entendí que había dicho la palabra villancico. Nada había sido al azar, Dios me eligió por mi talento navideño. Cerré los ojos, uní las palmas del modo más virgenístico posible y comencé a cantar El niño del tambor, por mucho, mi canción predilecta. Me subí la playera y simulé un tambor palmeando mi panza desnuda. Cada palabra parecía quemar al Pecado, era como si conjurara los hechizos más dolorosos. Cuando pronuncié los últimos versos, el demonio comenzó a lanzar rayos gay de color arcoíris que apestaban a semen. Uno de los rayos alcanzó mi brazo y lo hizo sangrar, pero sabía que estaba a punto de vencerlo. Una luz surcó el cielo, como cuando va a pasar algo celestial, y aterrizó en el bate que voló hasta mi mano. Lo levanté como demandaba el dramatismo de la escena y mi arma se transformó en una espada de fuego. La empuñé como supuse que sería correcto y grité mientras corría hacia el Pecado, visiblemente debilitado por el villancico. Le corté el cuello sin problemas. Entre la sangre de la bestia habían tangas, dildos y algunos clítoris que se movían como insectos agonizantes. La bestia estaba muerta.

Regresó el sol a la plaza, en un parpadeo la vida volvió a inyectarse en los árboles, en los globos. Las campanas volvieron a escucharse. Miré al sacerdote que me sonreía satisfecho. Los niños corrían de nuevo, perseguían palomas, aplastaban burbujas. No había más huella de la pelea que el cuerpo del predicador con el torso expuesto. El periódico dijo que fue víctima de un infarto. Sólo yo sabía el resto de la historia. Lo enterraron con su Biblia, dicen que nunca la soltaba. Me repuse de las heridas. El rayo gay me dejó algunas secuelas: tengo erecciones cuando escucho a Frank Sinatra, nada grave. A veces sueño que estoy en un video porno, es todo. Me quedé con el bate y un condón de recuerdo. Así es como comencé a predicar.

Fernando Jiménez (foto)

 

‘Bolaño sobrevaluado y devaluado’ de Aguilera G.

mt-aguilera-garramunoAlguien tiene que decirlo. Lo voy a decir yo, que ya tengo la costumbre kamikaze de tirar la piedra y mostrar la cara, y lo tengo que decir aunque me excomulguen en Anagrama, aunque nunca me den los premios Herralde, Rómulo Gallegos, Alfaguara, Planeta -ya saben que el Nobel nunca lo voy a aceptar-, aunque pierda la posibilidad de entrar en los grupos de elogios mutuos y promoción y repartición de premios de Vilas-Mata, Sergio Pitol, Jorge Edwards, Juan Villoro, Jorge Herralde, aunque me odien todos los chilenos del mundo (menos el autor de Malorum)

Alguien tiene que decirlo: Los detectives salvajes, del “genio de la literatura contemporánea Roberto Bolaño”, es una de las novelas más mediocres, aburridoras, monótonas, intrascendentes, libres de personajes o situaciones memorables. Es una novela sin raíces, sin espíritu, sin trama, sin tensión: cien o más personajes hablan en primera persona -todos de manera semejante-, hablan, hablan, cuentan aventuras sosas, olvidables, en ocasiones estúpidas.

Muchos de ellos se echan a llorar sin razón y buscan a una mujer de apellido Tinajero (nunca me enteré bien quién era pues abandoné la novela en la página 300 y juro que no terminaría las 600 del volumen de Anagrama ni bajo pena de decapitación). Bolaño ofrece un mundo sin sentido y sin color: escenas tras escenas sosas se van en una antología de bobadas más dignas de lástima y llanto que un niño atropellado. Las voces son todas monótonas. Un solo personaje rescato: el alemán medio tonto llamado Heimito. Esta, dizque novela, es una avalancha interminable de naderías.

Ya lo dije una vez: o el mundo está imbécil al exaltar a este monumento al ocio improductivo, al promover a este atentado contra la naturaleza y al ofender al dichoso y escaso tiempo dichoso de lectura… o el imbécil soy yo. Que lo juzgue el lector.

Pensar que Bolaño pudo escribir algo valioso -dicen que su novela 2006 o 2666 es… Aquí se suspende la frase y se incluye un comentario del blog “El Sentenciero”… Después se reanuda mi frase… Marco Tulio, hola. No soy lo que pueda llamarse un “fan” de Roberto Bolaño (es que estos términos son los que se usan con él, es parte de una moda y de una forma de hablar), aunque he leído Los detectives y tres libros más de él. De todo ese material, lo único que realmente me ha parecido bueno, es un cuentario que se llama “Llamadas telefónicas”. El resto no es que sea deplorable, pero apenas pasa de curioso, de divertimento. Claro, en ciertos círculos de escritores, hablar mal de Bolaño puede significar el linchamiento público.
…una obra maestra …(¡ojala!)- es algo que no puedo entender.

Estoy anonadado y estupefacto y demolido: Anagrama, que ha publicado tantas obras de valor, ahora exalta a esta almita de Dios (vi a Bolaño en un video: sí, es un inocente, un ingenuo, muy culto, sí, pero con unas ideas resobadas y con unos aires de grandeza que oculta (ocultaba) tras una fachada de timidez y modestia. Es el típico escritor del post-boom: convencido que el mundo comienza con sus propias obras. Para él García Márquez es una especie de maestro orfebre, na má. No dudo que como persona y como amigo Bolaño haya sido maravilloso: como escritor no es de los míos.

Es un frenólito disfrazado de frenáptero. Mis 19 (ya no son 19 sino entre 50 y 119. Nota actualizada el 11 de septiembre de 2010) lectores me entienden. Con ellos me basta. Aunque 800 millones de moscas estén de acuerdo en que comer mierda es algo maravilloso, uno no tiene por qué estar de acuerdo. Han comenzado a llegar mensajes de adhesión a estas opiniones, no dudo que comenzarán a llegar insultos. Los espero con ansiedad para agregarlos a mi Colección de estímulos a la Creación Literaria que atesoro con cariño…

Marco Tulio Aguilera Garramuño (foto)

‘La loca y el relato del crimen’ de Piglia, QEPD

x-defaultAyer murió en Buenos Aires, a los 75 años, el escritor Ricardo Piglia (foto), una de las voces grandes de la literatura contemporánea. Ganador de los premios ‘Rómulo Gallego’, Formentor y el Iberoamericano de Narrativa ‘Manuel Rojas’, Piglia deja una obra digna de consideración. En su memoria, el siguiente cuento:

I

Gordo, difuso, melancólico, el traje de filafil verde nilo flotándole en el cuerpo, Almada salió ensayando un aire de secreta euforia para tratar de borrar su abatimiento. Las calles se aquietaban ya; oscuras y lustrosas bajaban con un suave declive y lo hacían avanzar plácidamente, sosteniendo el ala del sombrero cuando el viento del río le tocaba la cara. En ese momento las coperas entraban en el primer turno. A cualquier hora hay hombres buscando una mujer, andan por la ciudad bajo el sol pálido, cruzan furtivamente hacia los dancings que en el atardecer dejan caer sobre la ciudad una música dulce. Almada se sentía perdido, lleno de miedo y de desprecio. Con el desaliento regresaba el recuerdo de Larry: el cuerpo distante de la mujer, blando sobre la banqueta de cuero, las rodillas abiertas, el pelo rojo contra las lámparas celestes del New Deal. Verla de lejos, a pleno día, la piel gastada, las ojeras, vacilando contra la luz malva que bajaba del cielo: altiva, borracha, indiferente, como si él fuera una planta o un bicho. “Poder humillarla una vez”, pensó.
“Quebrarla en dos para hacerla gemir y entregarse”.

En la esquina, el local del New Deal era una mancha ocre, corroída, más pervertida aún bajo la neblina de las seis de la tarde. Parado enfrente, retacón, ensimismado, Almada encendió un cigarrillo y levantó la cara como buscando en el aire el perfume maligno de Larry. Se sentía fuerte ahora, capaz de todo, capaz de entrar al cabaret y sacarla de un brazo y cachetearla hasta que obedeciera. “Años que quiero levantar vuelo”, pensó de pronto. “Ponerme por mi cuenta en Panamá, Quito, Ecuador.” En un costado, tendida en un zaguán, vio el bulto sucio de una mujer que dormía envuelta en trapos. Almada la empujó con un pie.

-Che, vos -dijo.

La mujer se sentó tanteando el aire y levantó la cara como enceguecida.

-¿Cómo te llamás? -dijo él.

-¿Quién?
-Vos. ¿O no me oís?

-Echevarne Angélica Inés -dijo ella, rígida-. Echevarne Angélica Inés, que me dicen Anahí.
-¿Y qué hacés acá?

-Nada -dijo ella-. ¿Me das plata?

-Ahá, ¿querés plata?

-La mujer se apretaba contra el cuerpo un viejo sobretodo de varón que la envolvía como una túnica.

-Bueno -dijo él-. Si te arrodillás y me besás los pies te doy mil pesos.

-¿Eh?
-¿Ves? Mirá -dijo Almada agitando el billete entre sus deditos mochos-. Te arrodillás y te lo doy.

-Yo soy ella, soy Anahí. La pecadora, la gitana.

-¿Escuchaste? -dijo Almada-. ¿O estás borracha?

-La macarena, ay macarena, llena de tules -cantó la mujer y empezó a arrodillarse contra los trapos que le cubrían la piel hasta hundir su cara entre las piernas de Almada. Él la miró desde lo alto, majestuoso, un brillo húmedo en sus ojitos de gato.

-Ahí tenés. Yo soy Almada -dijo y le alcanzó el billete-. Comprate perfume.

-La pecadora. Reina y madre -dijo ella-. No hubo nunca en todo este país un hombre más hermoso que Juan Bautista Bairoletto, el jinete.

Por el tragaluz del dancing se oía sonar un piano débilmente, indeciso. Almada cerró las manos en los bolsillos y enfiló hacia la música, hacia los cortinados color sangre de la entrada.

-La macarena, ay macarena -cantaba la loca-. Llena de tules y sedas, la macarena, ay, llena de tules -cantó la loca.

Antúnez entró en el pasillo amarillento de la pensión de Viamonte y Reconquista, sosegado, manso ya, agradecido a esa sutil combinación de los hechos de la vida que él llamaba su destino. Hacía una semana que vivía con Larry. Antes se encontraban cada vez que él se demoraba en el New Deal sin elegir o querer admitir que iba por ella; después, en la cama, los dos se usaban con frialdad y eficacia, lentos, perversamente.

Antúnez se despertaba pasado el mediodía y bajaba a la calle, olvidado ya del resplandor agrio de la luz en las persianas entornadas. Hasta que al fin una mañana, sin nada que lo hiciera prever, ella se paró desnuda en medio del cuarto y como si hablara sola le pidió que no se fuera.

Antúnez se largó a reír: “¿Para qué?”, dijo. “¿Quedarme?”, dijo él, un hombre pesado, envejecido. “¿Para qué?”, le había dicho, pero ya estaba decidido, porque en ese momento empezaba a ser consciente de su inexorable decadencia, de los signos de ese fracaso que él había elegido llamar su destino. Entonces se dejó estar en esa pieza, sin nada que hacer salvo asomarse al balconcito de fierro para mirar la bajada de Viamonte y verla venir, lerda, envuelta en la neblina del amanecer. Se acostumbró al modo que tenía ella de entrar trayendo el cansancio de los hombres que le habían pagado copas y arrimarse, como encandilada, para dejar la plata sobre la mesa de luz. Se acostumbró también al pacto, a la secreta y querida decisión de no hablar del dinero, como si los dos supieran que la mujer pagaba de esa forma el modo que tenía él de protegerla de los miedos que de golpe le daban de morirse o de volverse loca.

“Nos queda poco de juego, a ella y a mí”, pensó llegando al recodo del pasillo, y en ese momento, antes de abrir la puerta de la pieza supo que la mujer se le había ido y que todo empezaba a perderse. Lo que no pudo imaginar fue que del otro lado encontraría la desdicha y la lástima, los signos de la muerte en los cajones abiertos y los muebles vacíos, en los frascos, perfumes y polvos de Larry tirados por el suelo; la despedida o el adiós escrito con rouge en el espejo del ropero, como un anuncio que hubiera querido dejarle la mujer antes de irse.

Vino él vino Almada vino a llevarme sabe todo lo nuestro vino al cabaret y es como un bicho una basura oh dios mío andate por favor te lo pido salvate vos Juan vino a buscarme esta tarde es una rata olvidame te lo pido olvidame como si nunca hubiera estado en tu vida yo Larry por lo que más quieras no me busques porque él te va a matar.

Antúnez leyó las letras temblorosas, dibujadas como una red en su cara reflejada en la luna del espejo.

II

A Emilio Renzi le interesaba la lingüística pero se ganaba la vida haciendo bibliográficas en el diario El Mundo.: haber pasado cinco años en la Facultad especializándose en la fonología de Trubetzkoi y terminar escribiendo reseñas de media página sobre el desolado panorama literario nacional era sin duda la causa de su melancolía, de ese aspecto concentrado y un poco metafísico que lo acercaba a los personajes de Roberto Arlt.

El tipo que hacía policiales estaba enfermo la tarde en que la noticia del asesinato de Larry llegó al diario. El viejo Luna decidió mandar a Renzi a cubrir la información porque pensó que obligarlo a mezclarse en esa historia de putas baratas y cafishios le iba a hacer bien. Habían encontrado a la mujer cosida a puñaladas a la vuelta del New Deal; el único testigo del crimen era una pordiosera medio loca que decía llamarse Angélica Echevarne. Cuando la encontraron acunaba el cadáver como si fuera una muñeca y repetía una historia incomprensible. La policía detuvo esa misma mañana a Juan Antúnez, el tipo que vivía con la copera, y el asunto parecía resuelto.
-Tratá de ver si podés inventar algo que sirva -le dijo el viejo Luna-. Andate hasta el Departamento que a las seis dejan entrar al periodismo.

En el Departamento de policía Renzi encontró a un solo periodista, un tal Rinaldi, que hacía crímenes en el diario La prensa. El tipo era alto y tenía la piel esponjosa, como si recién hubiera salido del agua. Los hicieron pasar a una salita pintada de celeste que parecía un cine: cuatro lámparas alumbraban con una luz violenta una especie de escenario de madera. Por allí sacaron a un hombre altivo que se tapaba la cara con las manos esposadas: enseguida el lugar se llenó de fotógrafos que le tomaron instantáneas desde todos los ángulos. El tipo parecía flotar en una niebla y cuando bajó las manos miró a Renzi con ojos suaves.

-Yo no he sido -dijo-. Ha sido el gordo Almada, pero a ése lo protegen de arriba.
Incómodo, Renzi sintió que el hombre le hablaba sólo a él y le exigía ayuda.

-Seguro fue éste -dijo Rinaldi cuando se lo llevaron-. Soy capaz de olfatear un criminal a cien metros: todos tienen la misma cara de gato meado, todos dicen que no fueron y hablan como si estuvieran soñando.

-Me pareció que decía la verdad.

-Siempre parecen decir la verdad. Ahí está la loca. La vieja entró mirando la luz y se movió por la tarima con un leve balanceo, como si caminara atada. En cuanto empezó a oírla.

Renzi encendió su grabador.

-Yo he visto todo he visto como si me viera el cuerpo todo por dentro los ganglios las entrañas el corazón que pertenece que perteneció y va a pertenecer a Juan Bautista Bairoletto el jinete por ese hombre le estoy diciendo váyase de aquí enemigo mala entraña o no ve que quiere sacarme la piel a lonjas y hacer visos encajes ropa de tul trenzando el pelo de la Anahí gitana la macarena, ay macarena una arrastrada sos no tenés alma y el brillo en esa mano un pedernal tomo ácido te juro si te acercás tomo ácido pecadora loca de envidia porque estoy limpia yo de todo mal soy una santa Echevarne Angélica Inés que me dicen Anahí tenía razón Hitler cuando dijo hay que matar a todos los entrerrianos soy bruja y soy gitana y soy la reina que teje un tul hay que tapar el brillo de esa mano un pedernal, el brillo que la hizo morir por qué te sacas el antifaz mascarita que me vio o no me vio y le habló de ese dinero Madre María Madre María en el zaguán Anahí fue gitana y fue reina y fue amiga de Evita Perón y dónde está el purgatorio si no estuviera en Lanús donde llevaron a la virgen con careta en esa máquina con un moño de tul para taparle la cara que la he tenido blanca por la inocencia.

-Parece una parodia de Macbeth -susurró, erudito, Rinaldi-. Se acuerda ¿no? El cuento contado por un loco que nada significa.

-Por un idiota, no por un loco -rectificó Renzi-. Por un idiota. ¿Y quién le dijo que no significa nada?

La mujer seguía hablando de cara a la luz.

-Por qué me dicen traidora sabe por qué le voy a decir porque a mí me amaba el hombre más hermoso en esta tierra Juan Bautista Bairoletto jinete de poncho inflado en el aire es un globo un globo gordo que flota bajo la luz amarilla no te acerqués si te acercás te digo no me toqués con la espada porque en la luz es donde yo he visto todo he visto como si me viera el cuerpo todo por dentro los ganglios las entrañas el corazón que perteneció que pertenece y que va a pertenecer.

-Vuelve a empezar -dijo Rinaldi.

-Tal vez está tratando de hacerse entender.

-¿Quién?
-¿Esa? Pero no ve lo rayada que está -dijo mientras se levantaba de la butaca-. ¿Viene?
-No. Me quedo.

-Oiga viejo. ¿No se dio cuenta que repite siempre lo mismo desde que la encontraron?
-Por eso -dijo Renzi controlando la cinta del grabador-.

Por eso quiero escuchar: porque repite siempre lo mismo.

Tres horas más tarde Emilio Renzi desplegaba sobre el sorprendido escritorio del viejo Luna una transcripción literal del monólogo de la loca, subrayado con lápices de distintos colores y cruzado de marcas y de números.

-Tengo la prueba de que Antúnez no mató a la mujer. Fue otro, un tipo que él nombró, un tal Almada, el gordo Almada.

-¿Qué me contás? -dijo Luna, sarcástico-. Así que Antúnez dice que fue Almada y vos le creés.

-No. Es la loca que lo dice; la loca que hace diez horas repite siempre lo mismo sin decir nada. Pero precisamente porque repite lo mismo se la puede entender. Hay una serie de reglas en lingüística, un código que se usa para analizar el lenguaje psicótico.
-Decime pibe -dijo Luna lentamente-. ¿Me estás cargando?

-Espere, déjeme hablar un minuto. En un delirio el loco repite, o mejor, está obligado a repetir ciertas estructuras verbales que son fijas, como un molde ¿se da cuenta? un molde que va llenando con palabras. Para analizar esa estructura hay 36 categorías verbales que se llaman operadores lógicos. Son como un mapa, usted los pone sobre lo que dicen y se da cuenta que el delirio está ordenado, que repite esas fórmulas. Lo que no entra en ese orden, lo que no se puede clasificar, lo que sobra, el desperdicio, es lo nuevo: es lo que el loco trata de decir a pesar de la compulsión repetitiva. Yo analicé con ese método el delirio de esa mujer. Si usted mira va a ver que ella repite una cantidad de fórmulas, pero hay una serie de frases, de palabras que no se pueden clasificar, que quedan fuera de esa estructura. Yo hice eso y separé esas palabras y ¿qué quedó? -dijo Renzi levantando la cara para mirar al viejo Luna-. ¿Sabe qué queda? Esta frase: El hombre gordo la esperaba en el zaguán y no me vio y le habló de dinero y brilló esa mano que la hizo morir. ¿Se da cuenta? -remató Renzi, triunfal-. El asesino es el gordo Almada.

El viejo Luna lo miró impresionado y se inclinó sobre el papel.

-¿Ve? -insistió Renzi-. Fíjese que ella va diciendo esas palabras, las subrayadas en rojo, las va diciendo entre los agujeros que se puede hacer en medio de lo que está obligada a repetir, la historia de Bairoletto, la virgen y todo el delirio. Si se fija en las diferentes versiones va a ver que las únicas palabras que cambian de lugar son esas con las que ella trata de contar lo que vio.

-Che, pero qué bárbaro. ¿Eso lo aprendiste en la Facultad?

-No me joda.

-No te jodo, en serio te digo. ¿Y ahora qué vas a hacer con todos estos papeles? ¿La tesis?

-¿Cómo qué voy a hacer? Lo vamos a publicar en el diario.

El viejo Luna sonrió como si le doliera algo.

-Tranquilizate pibe. ¿O te pensás que este diario se dedica a la lingüística?

-Hay que publicarlo ¿no se da cuenta? Así lo pueden usar los abogados de Antúnez. ¿No ve que ese tipo es inocente?

-Oíme, el tipo ese está cocinado, no tiene abogados, es un cafishio, la mató porque a la larga siempre terminan así las locas esas. Me parece fenómeno el jueguito de palabras, pero paramos acá. Hacé una nota de cincuenta líneas contando que a la mina la mataron a puñaladas.

-Escuche, señor Luna -lo cortó Renzi-. Ese tipo se va a pasar lo que le queda de vida metido en cana.

-Ya sé. Pero yo hace treinta años que estoy metido en este negocio y sé una cosa: no hay que buscarse problemas con la policía. Si ellos te dicen que lo mató la Virgen María, vos escribís que lo mató la Virgen María.

-Está bien -dijo Renzi juntando los papeles-. En ese caso voy a mandarle los papeles al juez.

-Decíme ¿vos te querés arruinar la vida? ¿Una loca de testigo para salvar a un cafishio? ¿Por qué te querés mezclar?

-En la cara le brillaban un dulce sosiego, una calma que nunca le había visto-. Mirá, tomate el día franco, andá al cine, hacé lo que quieras, pero no armés lío. Si te enredás con la policía te echo del diario.

Renzi se sentó frente a la máquina y puso un papel en blanco. Iba a redactar su renuncia; iba a escribir una carta al juez. Por las ventanas, las luces de la ciudad parecían grietas en la oscuridad. Prendió un cigarrillo y estuvo quieto, pensando en Almada, en Larry, oyendo a la loca que hablaba de Bairoletto. Después bajo la cara y se largó a escribir casi sin pensar, como si alguien le dictara:

Gordo, difuso, melancólico, el traje de filafil verde nilo flotándole en el cuerpo -empezó a escribir Renzi-, Almada salió ensayando un aire de secreta euforia para tratar de borrar su abatimiento.

Caleuche; politico-empresas; Compagnon-Bachelet

CaleucheCaleuche. El ‘Caleuche’ (ilustración) es, según Francisco Coloane, un “buque de arte, como también lo llaman mis paisanos de Chiloé. Es la nave de anclas de oro, escobenes y cadenas de plata, cordajes de aluminio y mástiles que son sus antenas invisibles cargadas de microondas (todo ello desconocido por ‘los limpios’), y que les permite comunicarse por esas vibraciones con otros caleuchanos que deambulan por las corrientes marinas”.

Con este hermoso significado se bautizó un nuevo premio, de artistas para artistas. ¿Se pone de pies, junto al Altazor? Para mi gusto, pasó un poco sin pena ni gloria en los medios de comunicación, o tal vez soy pesimista. Aunque, desde luego, lo importante es el estímulo. Hasta donde fue posible observar, no tiene una estatuilla representativa, sino un conjunto que, obviamente, si se toma una se excluyen otras. Por eso la ilustración del mito. Quiero solamente reseñar a los ganadores:

–Premio a la trayectoria: Jaime Vadell.

–Premio actor revelación: Michael Silva.

–Mejor actriz protagónica de telenovelas: Amparo Noguera

–Mejor actor protagónico de telenovelas: Cristián Carvajal

–Mejor actriz de reparto de telenovelas: Gaby Hernández

–Mejor actor de reparto de telenovelas: Otilio Castro

–Mejor actriz protagónica de series: Tamara Acosta

–Mejor actor protagónico de series: Daniel Muñoz

–Mejor actriz de reparto de series: Paulina Urrutia

–Mejor actor de reparto de series: Daniel Alcaíno

–Mejor actriz protagónica de Largometraje-Ficción cine: Amparo Noguera

–Mejor actor protagónico Largometraje-Ficción cine: Luis Gnecco

–Mejor actriz de reparto Largometraje-Ficción cine: Antonia Zegers

–Mejor actor de reparto Largometraje-Ficción cine: Roberto Farías

Aportes a políticos. En el proceso de la Fiscalía de casos de Alta Complejidad Centro Norte, Pablo Longueirase vino a saber la cuantía en la que algunas empresas compran a los políticos. A las empresas no les importa si el político (corrupto, porque se deja comprar) es de ‘izquierda’ o es de ‘derecha’, si es gordo o flaco, si alto o chico. Lo cierto es que los compra para que voten a su favor, como se tiene la sospecha fundada de que así lo hicieron sinvergüenzas como Jaime Orpis, Pablo Longueira (foto), Andrés Zaldívar, etcétera.

–Enersis (de propiedad de la italiana Enel), por ejemplo, hizo 16 aportes por $ 764.625.000.

–Endesa (filial de Enersis), hizo 16 aportes por $ 509.750.000.

–Latam (principal empresa de transporte aéreo de Latinoamérica, ligada a la ‘familia Cueto’), hizo aportes por $ 197.000.000

–Copec (empresa perteneciente al holding ‘Antar Chile’, que es del Grupo Angelini), hizo un aporte por $ 23.400.000.

Esto de los ‘aportes’ de las empresas a las campañas políticas, es lo que se discute en el Congreso. Ojalá salga una ley que le dé orden y probidad, tanto a la política como a la empresa privada.

Bachelet-Compagnon. Cuando vi que la presidenta Michelle Bachelet (foto) aparecía en la Michelle-Bachelettelevisión, esperé que dijera algo contundente, porque acababan de formalizar a su nuera Natalia Compagnon, la esposa del guatón traspirado de los aros picantes, Sebastián Dávalos, su hijo. A Compagnon la sindican de declaraciones de impuestos maliciosamente falsas y procedimientos dolosos (es decir, un conducta de delincuente: persona que comete delito), y le aplicaron arraigo nacional, firma mensual y alejamiento e incomunicación con sus socios (que también fueron ‘formalizados’)

Esperaba con expectativa, pero escuché fue a una mamá que casi rompe en llanto. Dijo la presidenta: “Desde el corazón quiero decir que han sido tiempos difíciles para mí y para  familia, muy dolorosos y que sin duda eso me ha afectado profundamente. Es un sentimiento humano normal. Pero eso no me ha nublado ni por un minuto de lo que son mis responsabilidades como Presidenta de la República y como Jefa de Estado. Quiero hablar de la audiencia de las formalizaciones de hoy. He querido hablar porque este es un caso que ha concentrado la atención de la gente, que espera sin duda que la justicia actúe con  imparcialidad en este y en otros casos. Los chilenos demandan, merecen igualdad de oportunidades y derechos, y eso también incluye igualdad ante la ley. Y yo voy a seguir trabajando por lo que me comprometido con la gente, por hacer de este país un país más equitativo, más justo y más digno para todos, y de eso los chilenos pueden tener confianza”.

Y se fue. No supe qué pensar.

‘San’ Guido Girardi y Sampaoli (¡fuera!)

guido girardiGirardi. El congresista del Partido Por la Democracia (Ppd), Guido Girardi (foto), ahora posa de digno. Ahora amenaza con demandar al presidente de la Federación de Farmacias Independientes, Héctor Rojas, porque éste dijo que Girardi estaba al servicio de las grandes empresas farmacéuticas y, probablemente, hubiera cometido cohecho (sobornar o dejarse sobornar) Lo primero que tiene que hacer el señor Girardi es despojarse de la inmunidad de congresista, porque quiere ‘pelear’ desde una posición de poder. Todos recordamos la payasada de Girardi de hospitalizarse hace 6 años, tras anunciar irresponsablemente que un millón de chilenos iban a morir, si no se aplicaban la vacuna Equis (¿la del cohecho?) contra la influenza, del laboratorio Ye. ¿Lo recuerdan, acostado en una cama de hospital y toda la payasada? Estaba presionando la compra de vacunas de determinado laboratorio. Hasta el ministro de Salud de esa época, Jaime Mañalich, se molestó con la pantomima, y culpó a Girardi de presionar al gobierno para la compra de Tamiflú, de un determinado laboratorio, por la nada despreciable suma de $3 mil millones. Entonces, que se despoje de su investidura para demandar al presidente de la Federación de Farmacias Independientes, Héctor Rojas. Ahí lo queremos ver.

Sampaoli. Repetir que Jorge Sampaoli (foto) debe irse de la Selección Jorge SampaoliNacional de Fútbol. Es un tipo que actúa inmoralmente. Que lo hayan descubierto es lo que lo tiene molesto. Digo deshonesto, porque es deshonesto firmar un contrato de premios después de haber ganado la Copa América. Lo hizo con Sergio Jadue, que ya sabemos qué clase de persona es: un delincuente. Y es deshonesto que cobre millones de dólares en el exterior, para no pagarle un peso de impuestos a Chile, el país que lo acogió, siguiendo los pasos deshonestos del señor Lawrence Golborne. ¡Fuera Sampaoli! Por lo demás, la Selección de Fútbol es un grupito de amigotes que encontraron la vaca lechera y no quieren soltarle las tetas. El técnico es una especie de figurín, porque el grupito es el que decide si juega, quiénes juegan, quiénes quedan en la banca, cómo se reparten la plata de los premios e incentivos, etcétera. Propongo que pongan a Marcelo Barticciotto de técnico, para que les cante la tabla a los del grupito, como lo hizo en Colo Colo. Por cierto que la mitad de los actuales jugadores de la Selección son prescindibles. En Chile hay 300 futbolistas de dónde escoger.

Mariscal: de Araya, Valdés y Guzmán

rayenOtra cosa’. Agradecer a los Mosciatti de Radio Bio Bio por permitirnos oír de nuevo la emisora en las tardes. Insufrible don Julio César Rodríguez con su voz pastosa, babosa, aguardientosa, y su permanente doble sentido sexualizado y morboso en todo lo que dice, al mejor estilo del decadente ‘Ché Copete’. Ahora, podemos oír una voz humana normal, nítida, clara, que modula bien, que pronuncia todas las sílabas y no dice sandeces. Me refiero a que es ‘Otra cosa’ las tarde de Radio Bio Bio con Rayén Araya (foto). Qué bueno sería que dejaran a una periodista de verdad en este horario. Rayén Araya, a quien no conozco, me resulta bien informada, que habla lo justo, hace las preguntas adecuadas, no titubea, va al grano, informa y entretiene. Todo lo opuesto de don Julio César, a quien tampoco conozco. Hablo como periodista que he hecho y dirigido radio. Por lo demás, el nombre del espacio lo dice todo: ‘Es otra cosa’, realmente.
Dávalos Bachelet. Se siguen conociendo hechos que rodearon la compra de terrenos en Machalí por parte de la wilfredo valdésesposa de Sebastián Dávalos Bachelet (hijo de la presidenta Michelle Bachelet), doña Natalia Compagnon. Negocio de compra-venta que le reportó a la nuera de la presidenta ganancias por $2.500 millones en tiempo record, por los que, al parecer, no pagará impuestos (porque la legislación no contempla imponer estas ‘ganancias ocasionales’) El 10 de octubre del 2013, Mauricio Valero, socio de Natalia Compagnon, escribió una carta a Jorge Farah, agente del Banco Santander, en la que informa que visitó los terrenos junto con Wilfredo Valdés (foto), actual seremi de Vivienda de esa zona, al parecer para la tasación. Ya sabemos que el Banco Santander y el Itaú rechazaron la solicitud de la señora Compagnon. Ahora el señor Wilfredo Valdés, obviamente, dice que eso no ocurrió así. Pero esta clase de hechos apuntan al uso de información privilegiada. Además, está la seguridad que pudo darle Sebastían Dávalos al Banco de Chile (con la elección presidencial de su mamá, doña Michelle Bachelet, que se daba por descontada) Seguridad ofrecida dos días antes de las elecciones, cuando Dávalos Bachelet se reunió con el señor Andrónico Luksic, dueño del Banco de Chile.
Patricio Guzmán. Reconocer como es debido el triunfo de Patricio Guzmán (foto) en Berlinale, aunque lo hago patricio guzmántardíamente. Había hecho una reseña de su concepción sobre lo que es Chile hoy, y después se supo del Oso de Plata que obtuvo al mejor guión por su documental ‘El botón de nácar’. “La vida de un documentalista es la vida de una pelea”, dijo Guzmán. “Se paga mal, se distribuye mal… El cine documental es un cuarteto de cuerda. No es una ópera”, afirmó. El documental premiado transcurre en la Patagonia y hace parte de una trilogía que comenzó con ‘Nostalgia de la luz’ en Atacama, y culminará con un documental en los Andes. “Me gusta mucho guionizar el documental, buscar metáforas y asociaciones libres”, pero después, deja el guión en la casa y sale a filmar. En ‘El botón de nácar’ Guzmán toma el simbolismo del agua (que es la mayor frontera del país) como testigo de algunos de sus capítulos más oscuros.

¿Por qué Chile se quedó sin el Premio Altazor?

altazor2Cualquier adversidad en el arte, por pequeña que sea, es lamentable. Puede ser fatal. Y creo que asistimos hoy a una de esas adversidades que, por esencia, son inesperadas y fatales. Me refiero al Premio Altazor (imagen) Era un premio que otorgaban los cantantes, compositores musicales, escritores, cineastas a cineastas, escritores, compositores musicales y cantantes. De artistas para artistas. Su primera versión fue el 30 de marzo del año 2000. Y ayer se nos dijo que “no va más”. Que se acaba. O, para ser optimistas, como quiero serlo hoy, que “entró en receso”. No sabemos cuánto tiempo sea el receso. Pero seguimos a la expectativa porque no concebimos un país con tanto talento como Chile y sin un Premio Altazor. Algo que quería ser “institucional” como el ‘Martín Fierro’ de Argentina. Pero no lo logró, claramente. Hay varios aspectos que considero en la situación actual del Premio Altazor. 1) Las razones que dio Alejandro Guarello, el presidente de la Sociedad del Derecho de Autor (SCD) y vocero del comité organizador del premio: “Esto tiene un costo tremendo”. Aunque no especificó qué tipo de costo, uno asume que económico. Porque puede tratarse de costo en tiempo y esfuerzo humano para realizarlo. Dijo Alejandro Guarello que le propusieron al Consejo Nacional de la Cultura y las Artes que lo “asumiera” (quiero pensar que eso significa “financiarlo”), y éste agradeció la oferta pero dijo que “no”. 2) Si el premio consistía en una estatuilla y un diploma, sin dinero entre medio, no pareciera tan abrumadoramente difícil de sostener. Creo. 3) Si el premio fuera tomado con la seriedad (en chileno sería “creerse el cuento”) que merece, como lo hacen los actores con el Óscar, o los cantantes con el Grammy, podría televisarse, y esta sería una fuente importante de ingresos. No es posible, porque los actores creen que si se visten bien dejan de ser buenos actores, o no lo hacen porque los demás se pueden burlar. No es posible, porque no hay una puesta en escena, no hay un escenario adecuado, y los asistentes van desaliñados. No les importa el premio. Creen que si se visten bien el premio deja de ser importante, y se vuelve “light”. No es posible, porque cuando algunos premiados suben a recibir el galardón, les da por echar un discurso “social” y mandan para la punta del cerro a todo el mundo, a veces con lenguaje procaz. Y creo que ese no es el escenario adecuado para esas inquietudes. Cada cosa en su lugar. Por todas estas razones, el Altazor no se puede televisar y se niega la posibilidad de obtener recuerdos con su transmisión. 4) Creo que son muchas las categorías del premio. Tanto, como si se dijera: “Hay para todos”. Entonces, no pareciera un premio de difícil acceso. Meritorio. Veamos: en Música hay 14 categorías (algunas que parecen repetirse, verbigracia: mejor álbum Urbano y mejor canción Urbana, mejor álbum Pop y mejor canción Pop, etcétera) En Cine hay 10 categorías, en Teatro 7, en Artes Plásticas 3 y en Literatura 4. Es decir, ¡38 categorías! Son, creo, demasiadas. Si no ando mal el Óscar tiene menos de 30. De modo que unas veinte significativas podrían darle base al premio.
Confío en que se trata solamente de un receso. Que dentro de uno o dos años volverá en Chile el Premio Altazor de las Artes. Confío en que una institución, pública o privada o en bilateral, asumirá el reto de levantarlo con la grandeza que se merece. Y confío en que se lo tomen en serio los interesados, porque en ellos está que adquiera la prestancia que las Artes necesitan en Chile.