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‘La llave’ de Luisa Valenzuela

valenzuelaUna muere mil muertes. Yo, sin ir más lejos, muero casi cotidianamente, pero reconozco que si todavía estoy acá para contar el cuento (o para que el cuento sea contado) se lo debo a aquello por lo cual tantas veces he sido y todavía soy condenada. Confieso que me salvé gracias a esa virtud, como aprendí a llamarla, aunque todos la llamaban feo vicio, y gracias a cierta capacidad deductiva que me permite ver a través de las trampas y hasta transmitir lo visto, lo comprendido.

Ay, todo era tan difícil en aquel entonces. Dicen que sólo Dios pudo salvarme, mejor dicho mis hermanos -mandados por Dios seguramente-, que me liberaron del ogro.

Me lo dijeron desde un principio. Ni un mérito propio supieron reconocerme, más bien todo lo contrario.

Los tiempos han cambiado y si he logrado llegar hasta las postrimerías del siglo XX algo bueno habré hecho, me digo y me repito, aunque cada dos por tres traten de desprestigiarme nuevamente.

Tan buena no serás si ahora te estás presentando en la Argentina, ese arrabal del mundo, me dicen los resentidos (argentinos, ellos).

Aun así, aún aquí, la vida me la gano honradamente aprovechando mis condiciones innatas. Me lo debo repetir a menudo, porque suelen desvalorizarme tanto que acabo perdiéndome confianza, yo, que tan bien supe sacar fuerzas de la flaqueza.

De esto sobre todo hablo en mis seminarios: cómo desatender las voces que vienen desde fuera y la condenan a una. Hay que ser fuerte para lograrlo, pero si lo logré yo que era una muchachita inocente, una niña de su casa, mimada, agraciada, cuidada, cepillada, siempre vestida con largas faldas de puntilla clara, lo pueden lograr muchas. Y más en estos tiempos que producen seres tan aguerridos.

Dicto mis seminarios con importante afluencia de público, casi todo femenino, como siempre casi todo femenino. Pero al menos ahora se podría decir que arrastro multitudes. Me siento necesaria. Y eso que, como dije al principio, una muere mil veces y yo he muerto mil veces mil; con cada nueva versión de mi historia muero un poco más o muero de manera diferente.

Pero hay que reconocer que empecé con suerte, a pesar de aquello que llegó a ser llamado mi defecto por culpa de un tal Perrault -que en paz descanse-, el primero en narrarme.

Ahora me narro sola.

Pero en aquel entonces yo era apenas una dulce muchachita, dulcísima, ni tiempo tuve de dejar atrás el codo de la infancia cuando ya me tenían casada con el hombre grandote y poderoso. Dicen que yo lo elegí a mi señor y él era tan rudo, con su barba de un color tan extraño… Quizás hasta logró enternecerme: nadie parecía quererlo.
Cierto es que él no hacía esfuerzos para que lo quisieran. Quizá por eso mismo me enterneció un poco.

No trato este delicado tema en mis seminarios. Al amor no lo entiendo demasiado por haberlo rozado apenas con la yema de un dedo. En cambio de lo otro entiendo mucho. Se puede decir que soy una verdadera experta, y quizá por eso mismo el amor se me escapa y los hombres me huyen, a lo largo de siglos me huyen porque he hecho de pecado virtud y eso no lo perdonan.

Son ellos quienes nos señalan el pecado. Es cosa de mujeres, dicen (pero tampoco quiero meterme por estos vericuetos, hay sobre el tema tanta especialista, hoy día).

Digamos que sólo intento darles vuelta la taba, como se dice por estas latitudes, o más bien invertir el punto de vista.

Desde siempre, repito, se me ha acusado de un defecto que si bien pareció llevarme en un principio al borde de la muerte acabó salvándome, a la larga. Un “defecto” que aprendí -con gran esfuerzo y bastante dolor y sacrificio- a defender a costa de mi vida.

De esto sí hablo en mis grupos de reflexión y seminarios, y también en los talleres de fin de semana.

Prefiero los talleres. Los conduzco con sencillez y método. A saber: El viernes a última hora, durante el primer encuentro, narro simplemente mi historia. Describo las diversas versiones que se han ido gestando a lo largo de siglos y aclaro por supuesto que la primera es la cierta: me casé muy muy joven, me tendieron lo que algunos podrían considerar la trampa, caí en la trampa si se la ve desde ese punto de vista, me salvé, sí, quizá para salvarlas un poquitito a todas.

Hacia el fin de la noche, según la inspiración, lo agrando más y más al ogro de mi ex marido y le pinto la barba de tonos aterradores. No creo exagerar, de todos modos. Ni siquiera cuando describo su vastísima fortuna.

No fue su fortuna la que me ayudó a llegar hasta acá, me ayudó este mismo talento que tantos me critican. La fortuna de mi marido, que naturalmente heredé, la repartí entre mis familiares más cercanos y entre los pobres. Al castillo lo dejé para museo aunque sabía que nadie lo iba a cuidar y que finalmente se derrumbaría, como en realidad ocurrió. No me importa, yo no quise ensuciarme más las manos. Preferí pasar hambre. Me llevó siglos perfeccionar el entendimiento gracias al cual realizo este trabajo de concientización, como se dice ahora.

El viernes por lo tanto sólo empleo material introductorio, pero las dejo a todas motivadas para los trabajos que las esperan durante el fin de semana.

El sábado por la mañana, después de unos ejercicios de respiración y relajamiento que fui incorporando a mi técnica cuando dictaba cursos en California, paso a leerles la moraleja que hacia fines de 1600 el tal Perrault escribió de mi historia:

“A pesar de todos sus encantos, la curiosidad causa a menudo mucho dolor. Miles de ejemplos se ven todos los días. Que no se enfade el sexo bello, pero es un efímero placer. En cuanto se lo goza ya deja de ser tal y siempre cuesta demasiado caro”.
¡La sagrada curiosidad, un efímero placer!, repito indignada, y mi indignación permanece intacta a lo largo de los siglos. Un efímero placer, esa curiosidad que me salvó para siempre a impulsar en aquel entonces -cuando mi señor se fue de viaje dejándome el enorme manojo de llaves y la rotunda interdicción de usar la más pequeña- a develar el misterio del cuarto cerrado.

¿Y nadie se pregunta qué habría sido de mí, en un castillo donde había una pieza llena de mujeres degolladas y colgadas de ganchos en las paredes, conviviendo con el hombre que había sido el esposo de dichas mujeres y las había matado seguramente de propia mano?

Algunas mujeres de los seminarios todavía no entienden. Qué cuántas piezas tenía en total el castillo, preguntan, y yo les contesto como si no supiera hacia dónde apuntan y ellas me dicen qué puede hacernos una pieza cerrada ante tantas y tantas abiertas y llenas de tesoros y yo las dejo nomás hablar porque sé que la respuesta se la darán ellas mismas antes de concluir el seminario.

Las hay que insisten. Ellas en principio hubieran optado por una vida sin curiosidad, callada, a cambio de tantas comodidades.

¿Comodidades?, pregunto yo, retóricamente, ¿comodidades, frente a la puerta cerrada de una pieza que tiene el piso cubierto de sangre, una pieza llena de mujeres muertas, desangradas, colgadas de ganchos y seguramente un gancho allí, limpito, esperándome a mí?

Todas ellas fueron víctimas de su propia curiosidad, me dicen los manuales y muchas veces también me lo señala la gente que participa en los talleres.

¿Y la primera?, les pregunto tratando de conservar la calma. ¿Curiosidad de qué tendrá la primera, y qué habrá visto?

En mis épocas de joven castellana prisionera -sin saberlo- del ogro, la suerte, mejor llamada mi curiosidad, me ayudó a romper el círculo. De otra forma tengan por seguro que habría ido a integrar el círculo. La sola existencia de ese cuarto secreto hacía invivible la vida en el castillo.

Se genera mucha discusión a esta altura. Porque yo presento las opciones y entre todas escarbamos en las opciones, y curioseamos, y nos entregamos a actividades bellamente femeninas: desgarramos velos y destapamos ollas y hacemos trizas al mal llamado manto de olvido, el muy piadoso según dice la gente.

Antes de terminar el trabajo del sábado retomo el tema de la llave, y así como mi ex esposo me entregó cierto remoto día un gran manojo de grandes llaves, yo les entrego a las participantes un gran manojo de grandes llaves imaginarias y dejo que se las lleven a sus casa y duerman con las llaves y sueñen con las llaves, y que entre las grandes llaves permitidas encuentren la llavecita prohibida, la de oro, y descubran qué habitación prohibida cierra esa llavecita, y descubran sobre todo si con la llave en la mano le dan la espalda a la habitación prohibida o la encaran de frente.

El domingo transcurre generalmente en un clima cargado de espera. Las mujeres del grupo me cuentan sus historias, el momento de la llavecita prohibida se demora, aparecen primero las puertas abiertas con las llaves permitidas, las ajenas. Hasta que alguna por fin se anima y así una por una empiezan a mostrar su llavecita de oro: está siempre manchada de sangre.

Hasta yo a veces me asusto. A menudo afloran muertos inesperados en estas exploraciones, pero lo que nunca falta es el miedo. Como me sucedió a mí hace tantísimo tiempo, como les sucede a todas que se animan a usarla, la llavecita se les cae al suelo y queda manchada, estigmatizada para siempre. Esa mancha de sangre. En mi momento yo, para salvarme, para que el ogro de mi señor marido no supiera de mi desobediencia, traté de lavarla con lejía, con agua hirviendo, con vinagre, con los alcoholes más pesados de la bodega del castillo. Traté de pulirla con arenisca, y nada. Esa mancha es sangre para siempre. Yo traté de limpiar la llavecita de oro que con tantos reparos me había sido encomendada, todas las mujeres que he encontrado hasta ahora en mis talleres han hecho también lo imposible por lavarla, tratando de ocultar su transgresión. ¡No usar esta llave! es orden terminante que yo retransmito el sábado no sin antes haber azuzado a las mujeres. No usar esta llave… aunque ellas saben que sí, que conviene usarla. Pero nunca están dispuestas a pagar el precio. Y tratan a su vez de limpiar su llavecita de oro, o de perderla, niegan el haberla usado o tratan de ocultármela por miedo a las represalias.

Todas siempre igual en todas partes. Menos esta mujer, hoy en Buenos Aires, ésta tan serena con la cabeza envuelta en un pañuelo blanco. Levanta en alto el brazo como un mástil y en su mano la sangre de su llave luce más reluciente que la propia llave. La mujer la muestra con un orgullo no exento de tristeza, y no puedo contener el aplauso y una lágrima.

Acá hay muchas como yo, algunos todavía nos llaman locas aunque está demostrado que los locos son ellos, dice la mujer del pañuelo blanco en la cabeza.

Yo la aplaudo y río, aliviada por fin: la lección parece haber cundido. Mi señor Barbazul debe de estar retorciéndose en su tumba.

Luisa Valenzuela (foto)

 

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Sospechoso este ‘tsunami de fuego’ en Chile

incendio_noche_portezueloAristarco insiste en que es, como dice Bombo Fica en algunos de sus chistes, ‘sospechoso’ este episodio de los incendios por doquier. Dice que hay manos criminales, y sobre todo una intencionalidad de poner en aprietos a la presidente Michelle Bachelet. Hay un grupo de personas empeñadas en desprestigiar al gobierno. Y varios medios de comunicación les hacen eco. Me cuenta que hay páginas web, con noticias estacionadas desde hace varios meses, afirmando que la economía chilena va a colapsar, afirmando que este ha sido el peor gobierno de la historia de Chile, diciendo que todo está mal. Aristarco cree que estas personas y estas afirmaciones son conspirativas. Buscan infligir daño. Esas personas son las verdaderas responsables de si la situación chilena empeora. Porque lanzan ideas falsas, como lo hacía Joseph Goebbels, y los medios de comunicación cómplices las repiten con tal obsesión que se convierten en verdades. Esta ola de incendios no puede ser espontánea, ¡500 mil hectáreas!, insiste Aristarco. Aquí no se cumple la fórmula de los 30 grados de temperatura, 30 kilómetros por hora de viento y 30 grados de humedad del aire. Aquí hay manos criminales, hay una intencionalidad, hay un concierto para delinquir y un propósito: desprestigiar al gobierno de una mujer. Es una conspiración misógina, cruel y sanguinaria, que no mira sino intereses egoístas. Nada les importa destruir, como lo han hecho, ¡más de 500 mil hectáreas! de bosques y pastizales. “Déjame y digiero todo eso”, fue lo único que se me ocurrió decirle a Aristarco.

III Concurso de Fotografía de APTUR

El presidente de la Asociación de Periodistas de Turismo de Chile, Antonio Faundes Merino, recuerda sobre el III Concurso de Fotografía de APTUR Chile que el plazo para el envío de los trabajos vence este 15 de septiembre. Pueden hacerlo al mail concursoaptur@gmail.com . Comunicación whatsapp: 56999172894

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Radios: Cooperativa y Agricultura

Logo-Radio-AgriculturaHirane y Agricultura. Cada cual tiene derecho a ser de ‘izquierda’ o de ‘derecha’, porque de eso es de lo que se trata la democracia: la convivencia de la diferencia. Algo que los partidarios de la vergonzosa dictadura del traidor, ladrón y asesino Augusto Pinochet no quieren entender, o tal vez sí lo entiendan, pero creen que solo ellos tienen derechos, como en otra época, y los demás no; o que todos tienen obligaciones para con esa convivencia, pero ellos no. Casi siempre los de ‘derecha’, por razones de comprensión de las cosas, suelen ser un poco lentos, como atinadamente los caracterizó el ministro Nicolás Eyzaguirre. Un ejemplo típico de alguien lento de derecha es Sergio Hirane. Todavía hoy sigue con ese lenguaje dismórfico de los irresponsables de la Unión Demócrata Independiente, Udi, que él tanto admira y creo que milita con ellos, de usar hasta el exceso términos como ‘retroexcavadora’, ‘país en crisis’, ‘el fin de la inversión extranjera’. No, don Sergio: Chile no está en crisis, ni los extranjeros como México y Estados Unidos han dejado de invertir en Chile, ni existen las retroexcavadoras. Si los empresarios están conformes con las reformas, ¿cómo un ignorante como el señor Hirane tiene la potestad de usar los micrófonos de Radio Agricultura (logo) para seguir envenenando irresponsablemente el corazón de los chilenos? Don Sergio tiene un mismo discursito, pobre conceptualmente, para comentar sobre todos los temas. Y esas tres expresiones que anoté arriba, son sus preferidas. ¡Qué irresponsable es Radio Agricultura!

logoCooperativaPaulas y Cooperativa. Hay dos Paulas en Radio Cooperativa (logo): Paula Molina, que conduce el programa ‘La historia es nuestra’, y Paula Bravo que conduce el programa ‘Lo que queda del día’. Tan distintas: Paula Molina quiere ser encantadora y usa un tono sumamente desagradable, chillón. Y no puede ocultar su prepotencia: se fue Iván Valenzuela con su pedantería y quedó Paula Molina. Recomendable que no pose de modesta, porque no le queda. Recomendarle, también, que lea a la Real Academia Española que no solo suspendió, sino ¡prohibió!, para el buen uso del idioma, la tonta expresión de “ellos y ellas”, “niños y niñas”, “los saludo y las saludo”, “bienvenidos y bienvenidas”. Porque no se trata de expresiones de género. Basta con “ellos”, “niños”, “los saludo” y “bienvenidos”, que son expresiones de lo universal. Por último, que no sabotee a los panelistas, ni a los personajes invitados, queriendo saber más que todos ellos. Hace preguntas kilométricas a los invitados, dando rodeos innecesarios únicamente para mostrar que sabe mucho (y no es verdad, ignora mucho), y tiene una manía de atravesársele a los panelistas (Daniel Villalobos y Andrés Kalawski, que son excelentes) con el único fin de mostrar que ella sabe mucho, que es la más astuta, que tiene un enfoque inteligentísimo de todos los temas, o que, derechamente, ¡ella sabe más! Porque no es ‘conversar’ lo que hace. En cambio, sin pretensiones, haciendo preguntas sencillas pero informadas, atinadas, sin aspavientos, con una voz agradable al oído (hablo de radio y la voz es súper importante) y en actitud sonriente y de querer informar bien, Paula Bravo es la antípoda.

‘Jesucristo en Fornos’ de Julio Burell y Cuéllar

Julio_Burell y CuéllarBajaba hasta la calle, como catarata de la orgía, el estruendo de aquella dorada locura que allá en lo alto, en el confortable rincón del restaurant a la moda, se anegaba en champagne y se ahitaba de besos, de trufas y de ostras.

–¡Que la Peri dé cuatro pataítas sobre la mesa!… Que Lucy baile con Gorito Sardona el pas a quatre –gritaban como energúmenos los jóvenes alegres.

Y mientras Polito estampaba con sus labios borrachos un cómico beso sobre la frente de Matilde, y mientras Malibrán pasaba su brazo por el talle de Susana, la voz del viejo Cisneros dejóse oír formidable y terrible.

–Hijos míos –exclamó, adoptando actitudes tribunicias–, sois unos sinvergüenzas, no valéis para nada; viejo y todo, estoy seguro de que estas nobles damas me encuentran más guapo y más fuerte que a vosotros…

Un aplauso formidable, un ¡hurra! entusiasta respondió a las palabras del sátiro… Y Cisneros continuó:

–Si no fuerais gente que pierde la cabeza con cuatro copas de champagne; si supierais respetar a las señoras y honrar con una compostura decorosa mis canas venerables, os invitaría.

–¡Viva Cisneros!

–¡Viva el amigo de la juventud y de los placeres honestos! –gritó el distinguido concurso. Y el reverdecido sileno acabó la frase diciendo:

–Os invitaría a vaciar una copa de manzanilla en casa de la Peri y a ganaros honradamente unos cuantos luises a un bacarrat tournant.

La última palabra determinó un verdadero delirio. El pobre Cisneros era abrazado, estrujado, besado… Malibrán, dejando el talle de Matilde, corrió al piano y tocó el himno de Boulanger.

La Peri, tomando el brazo de Cisneros, hizo ademán de adelantarse a la puerta y con una graciosa reverencia dijo en tono de gran duquesa:

–Señoras y señores: espero a ustedes con mi real esposo en nuestros augustos salones.

Chocaban las copas, chocaban los cuerpos, el piano arrojaba un vértigo de salvajes ruidos… De pronto, la Peri se separó de Cisneros y lanzó un grito horrible.

–¡Federico!… ¡Federico!

Nadie había visto entrar a aquel hombre; la puerta no se había entreabierto siquiera…

El asombro fue general. Cesaron en su vértigo los cuerpos, calló el endiablado piano… Circuló por el aire de bacanal una corriente de miedo… Sólo la Peri se atrevió a acercarse al recién llegado:

–¡Federico, Federico mío! Háblame, sácame de esta pesadilla… Yo amortajé tu pobre cuerpo, yo besé tu cara, cien y cien veces, para darte calor; yo insulté a la muerte cuando te metieron en la caja; yo cubrí tu sepulcro de flores… No eras nada mío, y eras la única luz de mi alma; te llamaba la gente “perdido” y sólo yo, la Peri, la pública, sabía que el corazón no te cabía en el pecho, y que eras bueno y leal y noble… La noche de tu suicidio creí volverme loca… No te mataste tú, te mató el mundo, el mundo que aquí se emborracha con la Peri diciéndole que baile, y después hace mil reverencias a Currita llamándola virtuosa; el mundo que hallaba infame tu cariño y el mío te llamaba tonto porque no explotabas a Augusta.

El desconocido tendió la mano a la mujerzuela…

–¡Te equivocas! –le dijo–, no soy Viera, no soy tu Federico; mira esta mano atarazada, mira este costado sangriento; deslumbra tus ojos el místico nimbo que sobre mi frente resplandece. Soy la voz de todos los dolores, el eco de todos los torrentes, la sombra protectora de todo lo que cae, la última esperanza de todo lo que va muriendo… Soy también el amor que redime, soy la humildad que persona, la mansedumbre que no se cansa, la llama que conforta y no quema… Soy el que nunca muere, el que nunca pasa, el que se alegró en Galilea y sudó sangre en Jerusalén… El que perdonó a la adúltera, el que curó al leproso, el que confundió al fariseo, el que templó su sed en el cántaro de la Samaritana.

Julio Burell y Cuéllar (foto)

 

Reality tramposo; dueños de la libertad de prensa

volverias con tu exReality tramposo. Así calificó Aristarco, ahora que ve tanta televisión, el reality del canal Mega ‘¿Volverías con tu ex?’ La primera trampa, dice, fue reincorporar a Oriana Marzoli, que él apoda ‘Renacuajo’, aduciendo que “la gente la pedía”. ¿En serio, la pedía? Una persona irrespetuosa, camorrera, que vive azuzando a los demás, y cuando los saca de quicio se hace la que no rompe un plato, ¿la pedía la gente? ¿Una persona hipócrita y cínica, la pedía la gente? ¿La gente pedía a Renacuajo, de verdad? Eso no lo cree sino el grupo de productores del programa. Y la segunda trampa, esta vez más protuberante, que “la gente votó para que Aylén Milla se quedara”, después de ser eliminada. ¿En serio? ¿La gente pide a una mujer que se comporta erráticamente, que ofende, que vive criticando (a espaldas) a todo el mundo? ¿A una persona que hace maldades y luego posa de inocente? ¿Alguien que ha depredado de la persona de Gala Caldirola para ‘quedarse’ con Marco Ferri? Qué fea esa mujer, dice Aristarco. Me pregunta si la he visto cuando ríe. Le digo que no. ¡Parece una calavera! Mírala, y después me dices. Se lo prometo. “Así que ese reality está más arreglado que los bigotes de Salvador Dali”. ¿Quieren que lo gane Marco Ferri y Calavera? ¡No! Y ya está furioso Aristarco, y entiendo que es momento de retirarme. Así lo hago. Prometo volver pronto, y él se queda rumiando los programas de televisión.

Libertad de prensa. En el caso de la demanda de Michelle Bachelet Jeria contra para Juan Pablo Larraín, original-logo copesadirector de ‘Qué pasa’ (que fue nombrado director de ‘La Tercera’, periódico del mismo grupo Copesa); Francisco Aravena, editor general de ‘Qué pasa’; María José Tapia y Rodrigo Vergara (que es, también, editor periodístico de Radio Cooperativa, de la democracia cristiana), por calumnia e injuria en una publicación que la acusa de ser parte del oscuro negocio de su hijo, el guatón traspirado Sebastián Dávalos y su esposa Natalia Compagnon. Publicación sobre la que la revista ‘Qué pasa’ se disculpó y retiró de la web (pero no del papel impreso) Sin embargo, cuando Michelle Bachelet Jeria (no le voy a decir Presidente de Chile, porque ella así lo quiso en este caso) se querelló, salieron los señores de la revista ‘Qué pasa’ y “doctores” en comunicaciones, y el perico de los palotes, ¡hasta el expresidente Sebastián Piñera!, a decir que se estaba coartando “la libertad de prensa”, la “libertad de expresión” y la “libertad de opinión”. Como dijo el alcalde de Recoleta, Daniel Jadue, que la libertad de expresión comienza cuando los señores Álvaro Saieh y Agustín Edwards, ¡dos personas!, son los dueños de todos los grandes medios de comunicación del país. Alguien más dijo que la publicación de ‘Qué pasa’, del señor Álvaro Saieh, era en venganza por la cuantiosa multa que la Superintendencia de Bancos e Instituciones Financieras (Sbif) aplicó a CorpBanca, ¡que también es propiedad del señor Saieh! ¡Viva la libertad de prensa!

Las intenciones de ‘Qué pasa’ con Bachelet

querellaHan movido cielo y tierra los señores de ‘Qué pasa’ (grupo Copesa) para desprestigiar el reclamo de la presidente de Chile, Michelle Bachelet, calumniada e injuriada por esa revista, en relación con vincularla al oscuro negocio en el que está comprometido su hijo, el guatón traspirado de los aros picantes, Sebastián Dávalos, y la esposa de éste (nuera de la presidenta) Primero, ‘Qué pasa’ retiró la publicación de la web, y dijo que “hubo desprolijidad” y que el artículo injurioso “no cumplía con los estándares editoriales internos”. La primera pregunta es: entonces, ¿por qué se publicó?

La presidenta entabló una demanda judicial (facsímil), con pedido de 3 años de cárcel y 6 millones de pesos para Juan Pablo Larraín, director de ‘Qué pasa’ (que fue nombrado director de ‘La Tercera’, periódico del mismo grupo Copesa); Francisco Aravena, editor general; María José Tapia y Rodrigo Vergara (que es, también, editor periodístico de Radio Cooperativa)

Saltó de inmediato el gerente del grupo Copesa, Álvaro Caviedes, a decir que la presidenta estaba coartando la “libertad de prensa” y la “libertad de expresión” o la “libertad de opinión”. Pregunto: si un diario publica que la hija del señor Caviedes es una prostituta, o su esposa la amante del vecino, o que él, el señor Caviedes es delincuente y violador, ¿eso es “libertad de prensa”, “libertad de expresión” o “libertad de opinión”? ¿O eso es injuria y calumnia?

Ahora, los señores de ‘Qué pasa’ y de Copesa no saben a quién poner a desacreditar la demanda judicial de la presidenta. Pusieron a políticos amigos y a “doctores” en comunicación, y ayer a la Sociedad Interamericana de Prensa, SIP, la que dijo que había una “intención de amedrentar” por parte de la presidenta, al molestarse judicialmente por la calumnia e injuria de los señores Larraín, Aravena, Tapia y Vergara contra ella.

Es decir, estamos en el mundo al revés. Yo te escupo, pero tú eres el culpable por avisarle a la policía. Porque ni siquiera la presidenta ha actuado, como pudo haberlo hecho alguien que sorprende al lanza en la calle y lo detiene y golpea, sino que ha acudido a la justicia, que es el cauce democrático normal para saldar este tipo de disputas.

Pero al parecer a estos soñores no les gusta la democracia, sino para llenarse los bolsillos de dinero, pero no para respetar la honra, el buen nombre, la intimidad y el valor humano de las personas (así sea Presidente de la República, vendedora callejera o cajero de banco) Porque estos señores vienen de apoyar y medrar de una etapa tan oscura, triste y sucia como la dictadura del traidor, ladrón y asesino Augusto Pinochet.

Lo normal es que la justicia actúe. Si eso que hicieron Vergara, Tapia, Aravena y Larraín no es injuria y calumnia, así lo dirán los tribunales de justicia, y si lo es, que esas personas asuman las consecuencias de su absoluta irresponsabilidad.

Por lo pronto, en otro acto de soberbia, el señor Álvaro Caviedes ha dicho: “No estamos dispuestos a retractarnos por el contenido” de la publicación, tanto en papel impreso como en la web de ‘Qué pasa’. ¿Qué intenciones, pues, movieron a ‘Qué pasa’, entonces, para publicar algo “desprolijo”, que “no cumplía con los estándares editoriales” de la revista, y que afecta, con nombre y apellido, a la Presidente de Chile, Michelle Bachelet? ¿Hay una conspiración?