Archivo de la categoría: Periódicos

Robo en pensiones; más delincuentes; Imacec

Robo en pensiones. Una vez más, ¿para qué sirven los fondos de pensiones? En mi José Piñeraconcepto, para nada distinto que engordar un grupito de burgueses de Las Condes, La Dehesa y Los Trampenses que forman parte de sus directorios y ganan una millonada mensual, sin hacer nada. Para pagar esos sueldos a esos burgueses (incluido Pablo Longueira, que aspiraba a un puesto en un directorio) es para lo que sirven los fondos de pensiones. Porque a juzgar por la “rentabilidad en favor de los trabajadores”, que depositan ahí parte de su pequeño sueldo con la ilusión de un día dejar de trabajar y tener un dinerito para vivir, sin lujos, pero dignamente, no es; para esto no sirven los fondos de pensiones. La última información es que en enero del 2016, los fondos de pensiones perdieron “todo lo que ganaron durante el año 2015”. ¿Quién se come ese cuento chino? Pero durante todo el 2015, cada miembro del directorio de cada uno de esos fondos, ganó, pongamos por caso, 8 millones de pesos mensuales, es decir, ¡96 millones de pesos al año! Y esto, sin contar con los “bonos” que ellos mismos se pagan. Entonces, si son 5 directores en un fondo, para poner una cifra baja, los sueldos de estos señorones le costaron ¡480 millones de pesos a los trabajadores que depositaron su ahorro ahí! Esta es una de las razones por las cuales la gente del común no se puede pensionar dignamente. Porque los señorones burgueses sacan dinero y acumulan riqueza para sus negocios o su vida muelle, y la gente trabajadora que se joda. El señor José Piñera (foto) inventó el esquema de estos fondos, para hacer más ricos a los ricos, o, en el peor de los casos, para alimentar unos zánganos que no aportan a la riqueza del país, o para que no estén desempleados, como sí le toca al pueblo.

Más delincuentes. Ahora queda claro por qué Pablo Longueira (foto) se quejaba de que a los pablo-longueira‘políticos delincuentes’ los llamáramos derechamente “delincuentes”. ¡Se estaba poniendo el parche curita antes de la herida! ¡Estaba ensillando las bestias antes de traerlas! ¡Se estaba curando en salud él solito! Porque lo siguiente que se supo es que él, Pablo Longueira, había cometido un delito, es decir, era un delincuente. Y lo cometió de la manera más vil: en calidad de sirviente de Patricio Contesse, el gerente de la empresa del ex yerno del traidor, ladrón y asesino Augusto Pinochet, SQM de Julio Ponce. Está en la causa judicial, que se le sigue por delincuente, que tenía informado al “empresario” Contesse de lo que se cocinaba en el Congreso Nacional sobre el ‘Royalty Minero’ y sobre la ‘Reforma Tributaria’. Sí, ahora se entiende por qué Pablo Longueira estaba “ofendido” porque a quienes cometen delitos, como él, se les diga delincuentes. ¡Delincuente!

Imacec. ¿Hasta cuándo los “empresarios” seguirán manipulando las cifras de desempeño econimacec1ómico de Chile? Cada vez que se aproxima la fecha de entrega del Índice Mensual de Actividad Económica, conocido ampliamente como “Imacec” (ilustración), que entrega el Banco Central, salen los “expertos”, los “analistas”, los “asesores financieros”, con seguridad mandados por los “empresarios” que son sus dueños de conciencia, a decir que ellos “esperan” que el Imacec sea tal cifra. A los ‘empresarios’ los llaman “mercado”. Entonces, esos ‘analistas’ dicen: “El mercado espera que el Imacec sea de…”, y con esto coaccionan al Banco Central, pero sobre todo, a la opinión nacional, de lo que “debería ser”, con la amplísima divulgación a la que tienen acceso en todos los medios (de los que también son dueños, o son dueños sus amigos) Así, cuando el Banco Central revela la cifra Imacec, que corresponde al estudio de lo ocurrido en la actividad económica nacional, aparecen titulares tan ridículos como este último: “Imacec de diciembre es levemente inferior al proyectado por el mercado al crecer 1,5%”. Así, se predispone a la gente, haciéndola creer que “el mercado”, que todo lo sabe, “había dicho” que el Imacec debía ser más alto. Sin decir, eso sí, que ‘el mercado’ son los ‘empresarios’. Como no fue más alto el Imacec, la gente entiende que “el gobierno no está haciendo las cosas bien”. Sabiendo, eso sí, que “el mercado” es el mismo grupito de empresarios acostumbrado a manejar el país desde 1973. Este truco barato debería ser suspendido en los diarios, las emisoras y los noticieros de las televisoras de Chile, por burdo, barato y tendencioso en favor de “los empresarios” para desprestigiar al gobierno, sea este o cualquiera que esté vigente, o al Banco Central.

Los sofismas de Gonzalo Rojas (no el poeta)

gonzalo rojas sánchezCon sus mismas palabras, párrafo por párrafo, me permito usar “el discurso” del señor Gonzalo Rojas (foto, que no el poeta de Lebu, Rojas Pizarro, sino un homónimo, Rojas Sánchez, de menos casta) para decir exactamente lo opuesto de su destemplado intento (es un obsesivo en su temática, es monotemático, cuatro veces más recalcitrante que Hermógenes Pérez de Arce), intento de menoscabar y sabotear los avances hacia un Chile inclusivo, con mayor bienestar social, donde todos tengamos las mismas oportunidades que hoy solo tiene la casta que él defiende: la de los habitantes de los barrios altos del oriente de Santiago.
Al título que él usó, socarrona, bobaliconamente, de “Por fin, ¡el socialismo!”, sugiero su lectura, develando lo velado, con el título “Por fin un gobierno intenta sacar al país del atraso”:
Con apenas seis meses de gestión, el gobierno de la presidenta Michelle Bachelet ha mostrado cuán atrasados están los compromisos del Estado con los gobernados.
Desde el primer minuto, desde el Gobierno y desde el Congreso se ha mostrado el afán por superar este retraso social, causado por la casta nacida del festín de la dictadura.
La marea de conciencia sobre la urgencia de superar el atraso social inunda ya todas las dimensiones de la vida nacional: la enseñanza, la salud, la diversión, las relaciones laborales, el deporte, la judicatura, el orden público, la familia, los tributos.
Afortunadamente, está ocurriendo.
La cadena lógica es obvia: si la educación y la salud es para que ese grupo de empresarios nacidos del festín de la dictadura lucren, si la propiedad es excluyente, si el emprendimiento no puede ser sino de algunos emparentados con esa casta, si la familia es un pretexto para cohonestar delitos y fraudes, si la vida y la personalidad de los ciudadanos son desechables porque así lo determinaron los señores de La Dehesa, Las Condes y Los Trapenses, no es posible que eso siga en pie.
Hay que salir de semejante atraso.
Los áulicos del traidor, ladrón y asesino Augusto Pinochet muestran su peor cara cuando son confrontados con la muralla de privilegios excluyentes, nacidos de ese festín, sin Dios ni ley, que significó para sus bolsillos esa dictadura.
La derecha, sus áulicos, deberían ganarse la plata limpiamente, y no haciéndole trampa al erario del pueblo, a la dignidad de los negocios y hacer gala de la buena cuna que dicen ostentar.
Que trabajen igual que el resto, en vez de creerse los ungidos para mandar.
Afortunadamente quedan todavía más de tres años de gobernar con otra perspectiva, distinta de la casta nacida de la vergonzosa dictadura que vivió Chile. Lo único que puede hacerse es mostrar todos y cada uno de los perjuicios que esa casta les causa a los chilenos.
Los ideales, si existen, de esa clase rancia y retardataria, son pura ficción. Sus palabras engañan, son pura retórica. Sus políticas destruyen, no tienen ideología. Creen que la trampa, la ley amañada, el robo, el delito velado e impune son una ideología.
La derecha intenta sacar a las personas de sus coyunturas, descoyuntarlas después de haberlas exprimido con salarios de hambre y tratarlas como parias.
Cuando logra fortalecer sus vínculos con Dios, con sus familias y con sus tradiciones, esa casta lo hace con el único fin de mantener la ficción de la “libre empresa”, pero el único Dios que tienen es el dinero.
Su familia son los cómplices. La tradición, es la que ellos se inventan. La verdad es su mentira alienante.
En el nombre de la “libertad” desbancan a la justicia, la pisotean, la burlan. No saben hacer los de esa casta del oriente de Santiago, más que construir mayor desigualdad. Cuando los ciudadanos (que ellos denominan “individuos”) han sido reducidos a manos que se estiran para pedir la presencia estatal, los de esta casta anacrónica han alcanzado el mayor de sus objetivos de control.
Ellos, allá arriba, hablando de “libertad”; todos los demás, acá abajo, padeciendo su dominación.
La actividad normal de las personas comunes y corrientes es desfigurada y convertida en la existencia virtual de seres administrados por esa casta de desiguales, que habitan en Las Condes, La Dehesa y Los Trapenses, quienes dictaminan sobre la totalidad de nuestras vidas: no comprarás, no emprenderás, no educarás, no circularás, no opinarás, no donarás, no votarás por la izquierda ni por los independientes, creerás solo las noticias que les damos desde los medios de comunicación que son de nuestra propiedad exclusiva.
Así se está construyendo la gran ficción de “un Chile libre”.
Toda la utopía de la derecha resulta ser efectivamente lo que no puede edificarse en lugar ninguno, si se quiere el mínimo bienestar de las personas, a menos que hablemos de opresión, envilecimiento del ser humano y postración social.
Quizás la pasión por una sociedad más justa, con igualdad de oportunidades, donde la riqueza pueda estar en muchas manos, sea la única condición para poder enfrentar debidamente esa casta de manos sucias y sucias conciencias, y no quede más que agradecer la oportunidad y exclamar: Por fin un gobierno, como el actual, está dispuesto a avanzar un poco más allá de esta sociedad desigual, coartada, abusada por unos pocos que se dicen depositarios de “la libertad”. (Y se les llena la boca diciendo “libertad”)

Álvaro Saieh ¿con problemas de pago a los bancos?

alvaro saieh1Es increíble el pecado de gula que padecen algunos empresarios. Inventaron la palabra ‘sinergia’ para estar metidos en todos los negocios posibles. ¿O qué tienen en común los bosques de Arauco con las bencinas (gasolinas) de Copec? ¿O las bencinas con la pesca de Copec? Que pertenecen al mismo señor Angelini. ¿Y qué tiene que ver el retail de supermercados con el negocio bancario? Que pertenecen, SMU y CorpBanca, al mismo señor Saieh. ¿O qué tiene que ver la industria de las cencinas y los embutidos con la radio y la prensa escrita? Que de todo esto es socio el señor Kassis.
Es increíble la voracidad de algunas personas. Pecan de gula. Pero uno de ellos parece estar con problemas digestivos. Es el señor Álvaro Saieh (foto). El señor Saieh es dueño de Copesa, a su vez la dueña de los diarios La Tercera, La Cuarta, La Hora, Pulso y Concepción, y de las revistas Paula y Qué pasa, y de las emisoras Duna, Carolina, Beethoven, Zero, Paula, Disney y de otros negocios en medios de comunicación, como Meta, que presta servicios de distribución.
Pero también es dueño del banco CorpBanca, que tiene los permisos para su fusión con el gigante brasileño Itaú, pero este negocio tiene, al parecer, problemas con un accionista minoritario de CorpBanca, quien le cuestiona los beneficios de liquidez que obtendría Saieh con la fusión.
Así es que está en problemas de mal comer y digerir el señor Saieh, de acuerdo con la siguiente revelación de El Mostrador: “Una de las filiales de Copesa, Meta, la distribuidora de sus productos editoriales y de medios como Diario Financiero, Cosas y El Rastro, también enfrenta problemas. A fines de junio registraba deudas de cerca de US$ 8 millones con sus clientes, a los que le distribuía pero no les había pagado el resultado de sus ventas.
“Fuentes revelan que ante ese panorama, Saieh habría recurrido al mercado para solicitar un crédito que tuvo que avalar en forma personal.
“SMU (los supermercados) sigue en problemas, a pesar de los US$ 600 millones que le metió a través de un aumento de capital. Ayer se reveló que volvió a tener problemas para pagar su deuda a los bancos y (el banco) BICE no aceptó reprogramación.
“El miércoles 30 de julio (continúa El Mostrador), la cadena supermercadista (SMU) debía cancelar a un grupo de 10 bancos cerca de US$ 70 millones, pero no pudo cumplir, por lo que pidió una prórroga hasta septiembre. Ese mismo día también debía pagar con otros US$ 2,8 millones al BICE, entidad que no aceptó reprogramarle la deuda”.
Y al parecer, Copesa no vale lo que se dice. Vale menos. Porque el socio de Saieh, el señor Alberto Kassis (foto), con el 16,6% en alberto kassisCopesa, quiere vender, quizás movido por la sana idea de ir centrando su atención en un solo negocio, que lo tiene. Y pide por su parte US$17 millones, pero el mercado solo le ofrece entre 5 y 7 millones de dólares.
Estas dificultades económicas de Copesa habrían provocado la decisión de abortar el proyecto televisivo ‘3Tv’, que dejó un reguero de periodistas y productores y gente de la televisión ‘damnificados’.
A su turno, el señor Kassis es dueño del Consorcio Industrial de Alimentos (Cial), que controla el 40% del mercado de las cecinas con las marcas San Jorge, La Preferida, Zwan, JK y Winter, las de mayor preferencia entre nosotros los consumidores. Aunque también es socio de las oficinas Nueva Las Condes con los Cueto (dueños de Latam) y con Sarquis (dueño de Pesquera Blumar) y del proyecto inmobiliario Alto Macul (con los Zalaquett y los Sarquis). Y socio con los Said (que son dueños de Parque Arauco y Embotelladora Andina) en la producción de aceite de oliva.
Esas indigestiones ¿ocurren por tanta avaricia, por tanta codicia? ¿El que mucho abarca, llega un momento en que poco aprieta? ¿Y será este el presagio del mismo problema que van a tener todos los otros glotones, a quienes en realidad les interesa el dinero, más que la producción? Son glotones financieros, porque el mucho dinero emborracha y hace perder las coordenadas. Pero más temprano que tarde colapsa, o no pervive más allá de la segunda generación. Es la ley del dinero.

‘Me gustó escribir sin darme cuenta’, R. Spiletta

Reinaldo SpitalettaSe ha dicho, no sin cierta dosis de nostalgia, que la infancia es la patria de los poetas, de los lustrabotas y de los trapecistas. Aunque, en rigor y en general, lo es del hombre. Mi deseo de escribir pudo ser un asunto inconsciente, como resultado de la educación sentimental, en particular de la casa, que, de acuerdo con los latinos, es la única patria del ser humano. Digo la casa (el lar, el hogar, en fin) porque mis más remotos recuerdos tienen que ver con una señora que contaba historias. Cuentos en el cuarto, la cocina, el comedor, de día y de noche, porque, a lo mejor, en su soledad, no tenía con quién hablar y solo le quedaba recitar poesías larguísimas, relatar episodios de arrieros, aparecidos, jinetes sin cabeza, narraciones europeas adaptadas a su modo a un lenguaje antioqueño y contar sus sueños. Cuando no contaba, entonces cantaba. Eran canciones infantiles, unas; de escuela, otras; algún tango de Gardel, bambucos, fragmentos de arias, pasillos ecuatorianos y otra gama de canciones, muchas de las cuales jamás volví a escuchar. De noche, me refería historias, quizá con el ánimo de dormirme, pero entre más contaba, más quería yo que continuara. Y entonces se cansaba y decidía irse a acostar. Me dejaba con ganas de más. Por la mañana, antes del desayuno, nos reunía a mí y los demás hermanos a contarnos sueños. Creo que muchos de ellos los inventaba sobre lo marcha. Pero le quedaban bien. Nos ponía en suspenso y nos hacía olvidar las ganas de desayuno. Me parece que era una táctica para alimentarnos con palabras, porque en muchas ocasiones era precaria la mesa. Después, a esa señora rubia y robusta, la reemplazó la profesora de primero de primaria, doña Rosa, que nos narraba cuentos de Perrault y de los Hermanos Grimm (según supe después), además del Tío Conejo, el Hojarasquín del monte y de piratas y filibusteros. Además, de todos los fabulistas que en el mundo habían sido. Era una mujer de dulce voz, que también cantaba muy bien. Un día, cuando ya en la escuela sabíamos de masturbaciones y jugábamos a los gladiadores y a la guerra en los recreos, hubo un profesor que nos habló del Manifiesto Comunista y la Doctrina Social Católica, una mezcla imposible, pero que nos hizo buscar nuevas historias. En quinto de primaria, don Álvaro Sánchez, nos hacía aprender poemas de memoria y nos leía escritos de Azorín. No recuerdo haber escrito una sola línea entonces. El caso es que, cuando ya la adolescencia era una promesa, por lo del vello púbico y otras transformaciones corporales, un muchacho del barrio me prestó Las mil y una noches, en dos tomos gordos. No sé si era la traducción de Blasco Ibáñez. Me los devoré en poco tiempo, y descubrí que muchas historias que nos contaba la señora rubia, que, claro, era mi mamá, habían sido extraídas de esos relatos. Y ahí supe que en casa habíamos tenido, sin enterarnos, una suerte de Scheerezada paisa. Mi padre, que era un lector de interés, una vez apareció con un regalo: el Ivanhoe, de Walter Scott, con ilustraciones. Y entonces me interesé por torneos y cruzados. Además, él llevaba a casa libros de Vargas Vila. Y nos advertía: “Estos libros están prohibidos. Ustedes no pueden leerlos”, pero los dejaba en un escaparate sin llave, como una provocación. Ahí supe de Flor de Fango, de Ibis, Césares de la decadencia y Aura o las Violetas. En algún curso de la secundaria, adapté la historia del Mío Cid, y en otro escribí una historia de brujas y la Inquisición. Y mientras leía el Quijote (que mamá nos hacía apagar la luz para que nos durmiéramos: “Dejá de leer que te volverás loco”, decía), también leía historias de Poe, el Barón de Munchausen, un gran mentiroso, y a Calderón de la Barca, pero me gustaba más leer poesía, así que pasaron sin saberse cómo ni por qué, García Lorca, Santos Chocano, Martí, Julio Flórez, Rubén Darío, selecciones de Poesía Voluptuosa (así se llamaba un libro) y luego el teatro completo de Chejov. Y entonces comencé a llenar cuadernos de tareas con poemas de amor y de soledad. Y fue entonces, quizá a los dieciocho años, cuando comencé a leer a Marx, Engels, Bakunin y toda una variedad de literatura política, y escribía unos aterradores panfletos. No tenía idea qué era ser escritor ni me había propuesto serlo. Tanto que mis intereses estaban más por el lado de la música. Siendo un adolescente mayor, entré a estudiar al Conservatorio de la U. de A. El cuento es que descubrí, cuando ya estaba estudiando ingeniería, que lo que me gustaba como carrera era el periodismo Quería escribir sobre la vida de los obreros, las huelgas, la cotidianidad de una ciudad en la que había mucha agitación estudiantil. Y tomé la decisión de pasarme a Periodismo. Quería escribir acerca de la denominada realidad de un modo literario. Leí entonces a los norteamericanos, escribía reportajes de mi cuenta, que nunca nadie publicó. Iba a los sindicatos a ayudarles a los trabajadores en la redacción de boletines, octavillas, manifiestos. Mis primeros cuentos tenían que ver con vidas de obreros. Ninguno de ellos (de los presuntos cuentos) sobrevivió, menos mal. Por esos días, ya había decidido que sería reportero de prensa escrita y comencé a devorar novelas, grandes reportajes, a estudiar las obras de John Reed y Hemingway. Después, autores del llamado Nuevo Periodismo, entre ellos Capote, Mailer y Talese. Tomaba nota de todo: de los libros, de las calles, de la vida urbana. Al poco tiempo de haber entrado al periódico El…, pedí una sección en el suplemento literario para escribir semanalmente notas sobre ciudad, y ahí escribí crónicas, relatos, cuentos, ensayos, temas que después utilicé en otros escritos. Escribir en un periódico implica pensar en los lectores, de una manera que no choque al muy culto y no cause pavor en el que no es letrado. Por aquellos días, pensaba en una dimensión estética del periodismo. El periodismo, como lo advirtió quizá Manuel Mejía Vallejo, es el servicio militar de la literatura, y como otros recomiendan, debe abandonarse a tiempo. Esto es un decir, porque, así uno esté escribiendo ficciones, no puede dejar de lado el virus de la reportería. El oficio que con una hipérbole, Albert Camus llamó como el más hermoso del mundo, es una escuela para la literatura, para las ficciones. De aquel he aprendido la disciplina para escribir otros asuntos, tal vez más íntimos, tal vez menos masivos, y que se constituyen en la creación de un territorio, un estilo, una manera de ser en la palabra escrita. Hoy, a la par que puedo estar escribiendo una novela, tomo notas para otras composiciones, alimento un blog con pequeñas historias, o con ensayos sobre literatura, ciudad o crítica de libros. Y como he sido un lector desordenado, es decir, puedo leer fragmentos de una novela y más tarde un ensayo, y por la noche otro tipo de textos, que varían entre historia, literatura y periodismo, también en ocasiones escribo de esa manera. Avanzo en una creación de ficción, y luego hago apuntes para la escritura de un texto investigativo. Y en este punto, quiero tocar la experiencia como profesor universitario. Me ha servido para continuar con el campo de las investigaciones sociales, en particular periodísticas. Me he acercado a través de ellas al mundo sombrío y doloroso de los desplazados por la violencia, al de los movimientos estudiantiles de los setenta, a la historia de la prostitución cuando mi ciudad era llamada la sucursal de Sodoma y Gomorra. Creo que un escritor no debe temerle a ninguna de las formas, de las estructuras, de los géneros. A veces, unas y otros se complementan. Bueno, también se rechazan. Creo que a todos nos ha pasado, de otra parte, que tenemos escritores de cabecera, según la edad, los intereses, las disciplinas de cada uno. Así, por ejemplo, hubo tiempos en que uno devoraba todo Kafka, todo Poe, todo Faulkner, todo García Márquez, pero a su vez hubo otros momentos de leer autores del Boom latinoamericano, o grandes periodistas, o los llamados clásicos, que es un concepto con muchas interpretaciones. Digo que dentro de la formación de cada escritor, por lo menos en mi caso, el cine, la radio en ya lejanos días, la música, los viajes, el fútbol, caminar por una ciudad o pueblo, son claves para la creación, la especulación y una práctica que cada vez es menor: la conversación. Me parece que me gustó escribir sin darme cuenta. Y todo, tal vez, porque en casa, hace muchos años, hubo una señora que nos contaba cuentos y sueños, y nos cantaba canciones, y todo para que el mundo fuera más ancho y con menos desasosiegos. Es posible que ella no supiera que, con esas costumbres, nos estuviera dando un látigo o una varita mágica. Qué vaina. Reinaldo Spiletta (foto)

**Qué cambia con los cambios en El Mercurio

Cristián Edwards2Trae el diario online El Mostrador una información pormenorizada sobre los cambios que están ocurriendo en la planta de personal del diario El Mercurio. Cambios que tocan a los ejecutivos, no a los trabajadores; por lo tanto, son cambios estratégicos y no de ahorro de ‘costos’, como suele ocurrir en estas grandes empresas. Lo que no dice la información es si eso será bueno, o no. Uno supone que sí, porque el cambio implica deshacerse de ‘personajes’ que han dado el carácter actual al periódico, conocido por apoyar el golpe militar de Augusto Pinochet en 1973, y por mentir: el decir popular es que “El Mercurio miente”.

El cambio (y uso la palabra con un enorme signo de interrogación encima) se debe a que el hijo del dueño decidió tomar las riendas de la empresa. Cristián Edwards del Río (foto) es el eje de las modificaciones que está sufriendo El Mercurio. No es un aparecido en las lides editoriales y periodísticas, como quiera que antes de llegar a Santiago ocupaba el cargo de presidente de la División de Servicios Noticiosos de, nada menos, el New York Time. Ahora en Santiago, es el vicepresidente de El Mercurio SAP.

El arribo del señor Cristián Edwards no tuvo que ver con que su padre Agustín lo llamara por teléfono y le ordenara venir a hacerse cargo del negocio familiar. No. Dice El Mostrador que Cristián “negoció su contrato a través de un abogado norteamericano y exigió garantías por escrito. Entre ellas, cláusulas, multas y ‘total independencia del padre’”. Este comienzo, habla a favor del cambio.

Uno de los datos fuertes de la noticia es que Jonny Kulka, el gerente general de marras, renunció a partir del 1 de junio pasado. Pero por los caprichos de don Agustín seguirá ganando su sueldo, de por vida, a condición de no emplearse como ejecutivo en otra empresa. Qué exotismo. “Esta fórmula vitalicia no se da ni siquiera en las grandes multinacionales, pero Agustín Edwards es dueño de un estilo poco común”, dice El Mostrador. Y, entonces, ¿habrá cambio en El Mercurio, realmente? Cuando el torbellino se asiente lo sabremos.

En su condición de vicepresidente, Cristián Edwards estaba por sobre Jonny Kulka y del resto de los gerentes. “Desde su arribo, han renunciado ocho altos ejecutivos sin incluir a Kulka. Cuatro históricos, con más de dos décadas en la compañía, como Julio Manusevic, gerente general de diarios regionales; Patricio Moreno, gerente comercial; Juan Enrique Canales, gerente de nuevos negocios (productos asociados al diario); Rodolfo Álvarez, gerente de operaciones que manejaba las áreas digital y prensa. También renunciaron Mauricio Pinto a la gerencia de personas, en la que permaneció un año y medio, Roberto Massis, a la de ventas, y Jorge Lesser, asesor de nuevos negocios (y de inversiones familiares de Agustín Edwards) de El Mercurio”.

Esta área de Lesser, ahora la ocupan Alvaro Sostín, contratado por Cristián Edwards, quien asumió la gerencia de innovación y desarrollo de nuevos negocios (pero renunció); en tanto los negocios personales de la familia quedaron a cargo de Juan Ignacio Eyzaguirre. “Producto de estos movimientos, de Cristián Edwards ahora depende todo lo que no es editorial: el área comercial, de circulación, marketing, recursos humanos, diarios regionales y operaciones”, dice El Mostrador, y añade: “Una persona cercana al grupo Edwards señala que estos movimientos no son casualidad. “Hace más de dos años que se acordó que Cristián asumiría el control. Tiene el beneplácito de sus dos hermanos que trabajan en el grupo, y esto es parte de un plan. Ahora que Cristián terminó de mover sus piezas, deja la administración y negocios de El Mercurio con gente de su confianza”. Su próximo objetivo es la parte editorial”.

Y en la parte editorial, que es donde el diario se destacó, antes, durante y después del golpe militar y la dictadura de Augusto Pinochet (y cuando comenzó a ser “El Mercurio miente”), donde Cristián Edwards tendría que jugarse a fondo, pues eso pertenece “al reino de Cristián Zegers“, el hombre de confianza de Edwards padre. Según advierte El Mostrador, “a nadie le cabe duda que con la consolidación del poder de Cristián Edwards del Río, Zegers tendría sus días contados. Con todo, su salida sería sin drama ni polémica, y lo más probable es que no ocurra sino hasta después de las elecciones presidenciales de noviembre próximo”.

Una ojeada a la prensa

Hay días en que uno siente que la prensa viene más cargada, hay más vértigo en las informaciones, la desgracia de alguna manera se suma. Para empezar, el padre de Macarena Casassus, el fotógrafo de la municipalidad de Providencia, Patricio Casassus, señaló que el futbolista del Audax, Johnny Herrera, iba a 160 kilómetros por hora, y sin luces, cuando a las 5:47 de la mañana del domingo pasado, la atropelló en la intersección de Ossa con Echeñique, en pleno Santiago, y la mató. A 160 en las calles de la ciudad, y sin luces, es como la misma muerte. La Asociación Nacional de Televisión confirmó que Mega será el canal encargado de los detalles para la realización del último debate cara a cara de los candidatos presidenciales Sebastián Piñera y Eduardo Frei, el 11 de enero a las 22:00 horas, antes de la segunda vuelta electoral. ¿Por qué los colegas periodistas insisten en llamar la segunda vuelta electoral con el pomposo nombre de “balotach”, o “balotaje”?, cuando no es balotaje. No, no lo es. El balotaje se produce cuando, sin haber alcanzado una neta mayoría entre dos competidores, se lanza, de inmediato, una segunda votación para el desempate. Pero es inmediatamente después de la primera elección, no un mes después como ocurre en Chile. Este lapso, hace que no sea “balotach”, sino “segunda vuelta” electoral. Ojalá lo digan correctamente, “segunda vuelta electoral”, ¿o será de cuicos que dicen “balotach”? El Éufratis y el Tigris. ¿Recuerdan los ríos Tigris y Éufrates? ¿Por qué los recuerdan? Bien. Pues se estima que el Tirgis estará seco en el 2040, debido a las 22 represas que está construyendo Turquía. Se acabó el emblemático río. A partir del hecho de que el más grande dramaturgo del período isabelino, y quizás de la historia hasta el momento, William Shakespeare, abanadonara Stratford, su lugar natal, en 1585 y de él no se volviera a saber nada hasta 1592, cuando apareció en Londres, donde inició su carrera de escritor dramático, se acaba de revelar que en ese período estuvo en Italia. Más exactamente en el seminario romano Venerable English College, según lo afirma el padre Andrew Heaton. Su afirmación la basa en el libro de firmas, donde aparece Arthurus Stradfordus Wigomniensis, Gulielmus Clerkue Strafordiensis y Shfordus Cesteriensis. Según el padre Heaton, éste último sería “Sh(akespeare de Atrat)Ford (en la diócesis de) Chester”. No lo sé, exactamente.