Archivo de la categoría: Mujeres

JC macho machote; arzobispo de Malta

JC RodríguezMacho Machote. Cuando dábamos por cerrada la sucesión de Mauricio Israel como ‘el playboy de Chile’, Julio César Rodríguez (foto) saltó a la palestra con la mano arriba. ¿Hay alguien que pueda ser el sucesor de Mauricio Israel?, se preguntaba todo el mundo, y J. C. Rodríguez se levantó y dijo, como el Chapulín Colorado: “Yo”. Y es verdad. Rodríguez es el mejor continuador de las proezas de Israel. Vuelve locas a todas las mujeres. Es un macho machote. Una amiga de Raquel Argandoña le confidenció que una conocida de una amiga de esa amiga daba fe de que Rodríguez era un amante insuperable. Que tenía lo suyo. Y viene a la mente, entonces, que cuando convivía con Laura Prieto dio una entrevista en la que dijo algo profundo: “Yo hago el amor tantas veces al día cuantas veces tenga ganas”. ¡Oh!, qué hombre admirable. ¡Qué macho! ¡Qué varón! Y, además, contaron que ha tenido 15 pololas. ¡Quince! Una de ellas, Alejandra Valle; confirmó que lo más importante es que Rodríguez es simpático. Más que un “macho recio”, dijo, es un hombre “muy sensible”. Así que, sin dudas, destronó a Mauricio Israel. Aunque la versión menos estrafalaria y más realista la tiene Aristarco: Julio César Rodríguez salió de los extramuros de Concepción, de una pequeña comuna llamada Hualpén. Y de pronto se ve en Santiago, con acceso a jovencitas de Providencia y Vitacura. Y deslumbrado, muerto de contento con su buena suerte, empieza a “comérselas a todas”. Aristarco resumen así: Rodríguez es un cazador. Su última presa es Camila Nash. A raíz de esta caza, le han hecho programas de televisión para mostrar su incomparable masculinidad. Es todo un semental. Siempre dispuesto, hasta cuando está laborando (parece, por la foto) en la cadena radial demócrata cristiana ‘Bio Bio’. Todos están de acuerdo en que ya sabe cómo funcionan las cosas y qué teclas tocar para que suene la melodía. Y está feliz, como cuando llegó a Santiago. Y seguirá cazando. Además, al final sabe que tiene un refugio seguro: Francisca García Huidobro. Ya lo dijeron hace dos años en la portada de la revista ‘Caras’: “Vamos a estar juntos… a los 70”.

Malta. Cuando el papa Francisco nombró a Juan Barros obispo de la ciudad de Osorno, arzobispo charles ciclonien el sur de Chile, hubo marchas de protesta, y durante la primera misa la gente asistió con globos de aire negros y carteles que decían ¡Fuera Barros! La reacción de la gente se debió a que Barros había sido involucrado en el más connotado caso de pederastia y pedofilia de la iglesia católica en Chile, el de “el cura de los ricos” Fernando Karadima. Se indicó que Barros fue testigo y cómplice de los abusos infantiles de Karadima. Hace un año, un feligrés chileno le preguntó al papa, en la Plaza de San Pedro, por el caso del obispo Barros. El papa contestó: “La gente es tonta, se deja llevar por la zurda”. Recientemente el papa estuvo en Chile, y una periodista le preguntó por el obispo Barros. Dijo: “No tengo información”. Los niños afectados por los abusos sexuales de Karadima, que hoy son hombres adultos, traumatizados, señalaron a Barros como una persona cercana a Karadima, y como encubridor de sus actos pervertidos. Ellos consideraron la actitud del papa una burla. Las cámaras de televisión mostraron a un papa sonriente, que le daba un beso en la mejilla al obispo Barros, cuando terminó su viaje a Chile. Y todo quedó así. Sin embargo, parece que un gusto amargo incomodó al papa en el “asunto Barros”, y envió al arzobispo de Malta, Charles Scicluna, a investigar las denuncias contra el obispo de Osorno. El arzobispo Scicluna tuvo que ser operado de urgencia, por un cuadro inflamatorio de la vesícula biliar, y eso interrumpió las entrevistas con las víctimas, pero finalmente terminó su labor: escuchó a los violados por Karadima y a quienes acusan a Barros de encubrirlo; y a muchísimos más, incluso al arzobispo de Santiago, Ricardo Ezzati, señalado, también, de encubrimiento. El arzobispo Scicluna hace poco regresó a Roma. ¿La investigación ordenada por el papa terminará en que es una tontera de los violados y los abusados sexualmente, que se dejaron llevar por “la zurda”? ¿Removerán al obispo encubridor Juan Barros? Yo creo que todo fue una pantomima. Ojalá me equivoque. Y si ocurre, lo reconoceré aquí mismo. Entre tanto, todos quedamos a la espera.

Publicidad; la política; el CDF; el manoseo JC

CDFA riesgo de extemporáneo, las opiniones que siguen hacía varios días quería publicarlas y solo ahora lo logro.

1) PUBLICIDAD. Un excelente ejemplo dan las autoridades argentinas al prohibir en los medios audiovisuales las frases que se dicen a la alta velocidad y nadie entiende. Esa es una manera equivalente de usar la letra chica en los documentos bancarios, por ejemplo. Chile debería imitar esa buena decisión vecina.

2) D.C. MINORÍA. Muchas veces hemos dicho aquí y desde hace muchos años que la Democracia Cristiana proviene del fascismo español y nada tenía que hacer en la Concertación, primero, y después en la Nueva Mayoría. Los que tengan memoria o quieran consultar el archivo del blog, recordarán también que dijimos que no hubo más acucioso e incisivo opositor a los gobiernos de Michelle Bachelet que los demócratacristianos; un ejemplo: Ignacio Walker. Hablaban siempre como si fueran la mayoría de las coaliciones. Siempre dijimos que eran un bluf, que debían salirse, o, en el peor de los casos, ser echados, corridos, porque no eran más que una minoría catete. La realidad nos dio la razón. Ahora que se lanzaron de manera independiente a la presidencia de Chile, se pudo saber que la Democracia Cristiano no tiene ninguna importancia numérica. Son una mínima minoría, a pesar de todo el apoyo que tuvo de la cadena radial demócratacristiana Radio Bio Bio.

3) BURLA. La clase política es dueña de un cinismo a prueba de balas. Terminada la votación por candidatos al Congreso, los electores les dijeron a varios políticos “ya no más”. Estos políticos perdieron sus curules, afortunadamente. Uno de ellos el marrullero Andrés Zaldívar, defensor abierto y solapado del gremio pesquero. Sin embargo, al día siguiente de que los electores lo mandaron para la casa, el Congreso lo nombró en un cargo cuya función es fijarles los sueldos a los parlamentarios. ¡Qué burla hacen del pueblo, al que dicen representar!

4) CDF-COLO COLO. El Canal del Fútbol, CDF, ¿es de Colo Colo? Lo preguntamos porque la ‘cortina’ televisiva para separar informes e imágenes del CDF la hace Jorge Valdivia, quien actúa como si despertara de una pesadilla. Los demás clubes tienen el derecho de reclamar que se suspenda esa publicidad a un jugador y a un equipo, porque todos los demás tienen el mismo derecho de aparecer ahí. El CDF debería guardar distancia y ser ecuánime con todos los equipos de fútbol. ¿No había un actor para hacer eso? ¿No había un desconocido, con mínimas dotes de actor, que hiciera esa publicidad? ¿Tenía que ser, obligadamente, Jorge Valdivia del Colo Colo?

5) DECADENCIA. De Jorge Valdivia decir, también que, inadvertidamente, se convirtió en vocero de Colo Colo y hombre imprescindible del futbol chileno. En días pasados rabió, no se supo con quién, diciendo que él no estaba acabado. No era un decadente. Que ahora corría los 90 minutos del partido. ¿Y eso es una proeza? ¡Todo futbolista, por malo que pueda considerársele, debe correr los 90 minutos! Es lo mínimo que debe hacer. Para eso le pagan, y en el caso suyo, le pagan de más. Hacerle ver, entonces, que un futbolista a su edad, que pasó por el fútbol extranjero, sin tanta gloria como él se cree, y ahora se esfuerza por correr 90 minutos en cada partido del torneo doméstico, está en el final de su carrera. Así nomás es.

6) MANOSEO OBSESIVO. También lo hemos dicho muchas veces en esta página: todo lo que habla Julio César Rodríguez es en doble sentido, ¡qué aburrimiento! Tiene la morbosidad a flor de piel. Su mente está mal diseñada: está llena de penes y vaginas. Muy notorio durante la alfombra roja del Festival de Viña del Mar 2018. A todas las mujeres que entrevistó las tomó por la cintura, innecesariamente. A todas les miró los pechos, descaradamente. Pueden ver el video. Si la mujer estaba parada a su izquierda, él tomaba el micrófono con la mano derecha, y con su izquierda la abrazaba abusivamente, aprovechando la oportunidad; misma operación si ella estaba en su lado derecho: tomaba el micrófono con la izquierda, y con la mano derecha la abrazaba abusivamente. Están los videos para confirmar lo que aquí se dice. Y cuando no manosea a las invitadas a la gala de Viña, manosea a Francisca García Huidobro en el programa ‘Primer Plano’, o en el del festival. Pareciera que tiene un problema de calentura sexual permanente don Julio César Rodríguez. Propia de la adolescencia. En un programa de televisión se ufanó de que él hacía el amor varias veces al día, cada vez que tenía ganas. Estaba conviviendo con Laura Prieto en ese momento. Y bueno, hace unos años, cuando comenzó en la cadena radial demócratacristian Bio Bio, dijimos que necesitaba un(a) fonoaudiólogo(a), porque hablaba como si tuviera la boca llena de babas, asunto que no atendió y por eso no ha mejorado su dicción. En este momento decimos que necesita un(a) psicólogo(a) para superar esa tara sexual que lo agobia.

UdeC, Pizzi, Zaldívar, Codelco, La colombiana

arco-udec-768x405Pizzi. Absurdo que el director técnico de una Selección Nacional de fútbol ande de país en país detrás de sus subalternos. ¿Qué tiene que hablar el señor Juan Antonio Pizzi con Claudio Bravo, Arturo Vidal y Alexis Sánchez, que no pueda hacerlo por teléfono, wasap, Skype, teleconferencia? ¿Viajó a Inglaterra, España y Alemania a tratar asuntos de Estado? Si quería pasear y gastar en euros ¿por qué no lo dijo, abiertamente? Siempre tan blandengue, sin carácter, falto de pantalones.

Zaldívar. Este personaje es la decadencia. Hablo de Andrés Zaldívar, el pequeño monstruo de la Democracia Cristiana que, como su partido, es melifluo y serpenteante. Alguien en no fiar. Para honor de su partido, se niega entregar a la justicia la información de las que pudieran ser las más inútiles y costosas asesorías que jamás hayan sido pagadas en el Senado de la república. ¿Cómo así que las asesorías son secreto de Estado y la justicia no las puede conocer? ¿Qué le pasa a este señor? Otro, junto con Pizzi, con ínfulas de grandes hombres y solo son mediocres con cargo.

Codelco. Cuando le reclaman a Codelco por el pago de bonos de 400, 500 o 600 millones de pesos, responde que “es legal”. Que esos bonos están reglamentados en los estatutos de la empresa. Porque en Codelco no funciona la ética, el principio de honestidad, las buenas prácticas y la economía de los procesos. Todo puede reducirse a su mínima expresión para los trabajadores, menos la fuente de enriquecimiento de los ejecutivos. Porque esos bonos multimillonarios no son para los obreros, sino para los señorones de Las Condes. Pero como están en los reglamentos, son “legales”. ¡Cambien los reglamentos, pues! La congresista Yamna Provoste afirma que el ítem de “misceláneos” de Codelco (o sea, la plata de caja menor, casi), ¡es “igual al presupuesto de funcionamiento de la Contraloría”!

U. de Conce. Ahora resulta que los docentes de letras y periodismo de la Universidad de Concepción (foto) son ¡acosadores sexuales de sus alumnas! Están acusados de hacerlo los profesores de planta Tito Matamala y Andrés Latini. Y también los profesores de tiempo parcial Ángelo Isidro Benvenuto y Adrián Pineda Polanco; además del exalumno, Michael A.H.P. La universidad decidió no darles más horas laborales a Benvenuto y Pineda (prescindió de ellos), mientras espera que Matamala y Latini regresen del goce de licencias médicas. ¿Por qué no acosan a sus hermanas? ¿O a sus mamás?

La colombiana. Quiero destacar la presencia de nuevos rostros, o menos conocidos con anterioridad, en la teleserie de Telemundo que transmite Tvn, ‘La colombiana’. Muy del momento y del tejido social los temas de la xenofobia, la vida de barrio, el efecto en los hijos de la separación de los padres, los derechos de la madre y del padre, la honestidad, los celos enfermizos, la ética médica, entre otros. Y quiero subrayar la magnífica actuación de todos los participantes; para mi gusto, excelente Óscar Hernández, María José Illanes y Juan José Suárez. Pero eso no me exime de nombrar a todo el excelente elenco: Felipe Braun, Elizabeth Minotta, María José Illanes, María Fernanda Martínez, Florencia López, Delfina Guzmán, Óscar Hernández, Diego Ruiz, Daniela Estay, Lucas Mosquera, Jorge Arecheta, César Sepúlveda, Alejandra Fosalba, Emilia Noguera, Santiago Tupper, Eyal Meyer, Carmina Riego, Josefina Fiebelkorn, Juan José Suárez, Shlomit Baytelman, Luz Valdivieso, Sebastián Arrigorriaga, Felipe Morales, Andrea Freund, Gonzalo Vivanco y Álvaro Pacull. Ojalá no haya omitido a ningún actor o actriz. De ellas, decir que son hermosas todas. Y los guionistas fabulosos: Jaime Morales, Sandra Arriagada, Iván Salas-Moya y Jimena Oto.

DC y derecha; los Rincón; el amor; Mark; ‘Monga’

josé antonio primo de riveraDemocracia Cristiana. Vamos a ubicarnos en los orígenes, porque de eso depende el desarrollo posterior. Las raíces se encuentran en la derechista Falange Española, creada a comienzos del siglo XX por José Antonio Primo de Rivera (foto) contra la amenaza de una ‘revolución socialista’. Su hijo Miguel Primo de Rivera fue dictador de España entre 1923 y 1930. En Chile, Eduardo Frei Montalva recoge ese ideario y funda la ‘Falange Nacional’. Simultáneamente, esa falange que tomaba ideas de la doctrina social de la iglesia vaticana, también era digna de admiración de Jaime Guzmán, creador de la ‘Unión Demócrata Independiente’, Udi, quien se aprendió discursos enteros de José Antonio Primo de Rivera y los intercalaba en sus presentaciones. La Democracia Cristiana chilena proviene, pues, de la estirpe fascista y católica del viejo Primo de Rivera, de España.

Centro izquierda. El ex canciller de Ricardo Lagos Escobar, y ex presidente de la walker_ignacioDemocracia Cristiana, 2010-2015, Ignacio Walker (foto), acusó anoche en ‘Tolerancia Cero’ a la Nueva Mayoría de “haberse izquierdizado”. La responsabilizó, por esta vía, de facilitar que el derechista Sebastián Piñera tenga nuevos adherentes, provenientes del desencanto de muchas personas con esa izquierdización de la vieja Concertación. Y, a continuación, se proclamó de “centro-izquierda”, pese a su origen falangista, fascista. Señaló que la Democracia Cristiana debía ser una fuerza capaz de ganarse adeptos del patio de Piñera, de la Udi y Renovación Nacional, “sin ser de derecha”. Y se preguntó si era viable una alianza “con la derecha”, y dijo que no.

Ricardo Rincón. El diputado es hermano de la ex ministra de Michelle Bachelet, Ximena ricardo rincónRincón. Ambos militan en la Democracia Cristiana. Ricardo Rincón (foto) fue procesado por violencia intrafamiliar contra Carolina Hidalgo en el año 2002, lo que él ha negado en distintas ocasiones. La candidata presidencial de la Democracia Cristiana, Carolina Goic, había denunciado ese hecho, cuando se debatió la conformación de listas de candidato de la DC al Congreso. Porque Ricardo Rincón quiere repostularse a la Cámara. La Junta Nacional de la DC “rechazó” la repostulación del señor Rincón. Pero unas horas más tarde, la misma Junta de la DC “aceptó” que se repostulara, obviando el caso de violencia intrafamiliar, y, de paso, y lo más grave, desautorizando a su candidata presidencial. El esposo de esta, Christian Kirk, escribió una sentida carta a la Junta de la DC, recriminando a quienes apoyaron a Ricardo Rincón. Los acusó de tener “las manos manchadas con sangre”, y propuso expulsar a “los fariseos del templo” de la DC.

Carolina Goic. ¿En qué posición dejó la Junta de la DC a su candidata presidencial? La carolina goicdejó en el peor de los escenarios. Desautorizada. Con sobrada razón la candidata Carolina Goic (foto) dijo que iba a pensar mantener, o no, su candidatura. En general, este comportamiento culebrero, tortuoso y melifluo, es el que ha tenido desde siempre la DC. La DC ha gozado de todos los privilegios posibles, primero como miembro de la Concertación y ahora de la Nueva Mayoría. Sin embargo, si se revisan los hechos, no ha habido opositor más eficaz y persistente de la Concertación y la Nueva Mayoría que la DC. Jorge Burgos, Ignacio Walker, Andrés Zaldívar, Jorge Pizarro, etcétera, han sido palos en la rueda de los gobiernos “de izquierda”; y han puesto las trabas desde adentro de la coalición.

Sola. Está bien que la Democracia Cristiana (logo) corra sola en la carrera presidencial. DCNo quiso apoyar al candidato Alejandro Guiller, porque no la representa, obviamente. Prefirió ir con candidata propia, Carolina Goic, pero a mitad de camino la apuñalaron, prácticamente, cuando defienden a Ricardo Rincón. En este blog hemos dicho, hace varios años, que la DC no debió haber estado jamás en la Concertación, ni en la Nueva Mayoría. Porque la DC es “otra cosa”. Está más cerca, por su origen y su ideario, de la derecha, no sabemos si la dura, o la moderada, que de la izquierda. Que corra sola para saber cuántos son, y deje de blufear, está bien. Que corra sola para sincerar sus postulados y el escenario político nacional, está bien.

Carolina Arregui. Brevemente: salió la veterana actriz Carolina Arregui en esta foto con carolina arreguilos perros de Alexis Sánchez, convertido en el novio envidiado de Chile de la también actriz Mayte Rodríguez, hija de Carolina Arregui. Y el pie de foto considera una bendición esta relación amorosa de su hija. A su vez, Mayte Rodríguez escribió en un pie de foto, posterior a saberse su relación con el futbolista Alexis Sánchez, que había llegado la luz y la iluminación a su vida. Todo esto ¿será para sacarle pica a Thiago Correa, el ex novio de Mayte, quien, al parecer, no la trató bien y la engañó con otras mujeres durante su convivencia de 5 años? ¿Será solo para sacar pica?

Mark González. Me parece muy bien que Mark González (foto) diga lo que piensa del mark gonzáleztécnico argentino Pablo Guedes. Que es una mala persona, que jamás se preocupó de averiguar o preguntarle por sus lesiones y su recuperación, la poca empatía de Guedes con sus dirigidos, etcétera. ¿Qué decirlo le traerá problemas? No creo, porque quien lo quiera contratar no será para tratarlo mal, hacerle la desconocida o tenerlo en la banca. Lo que si es claro es que la voz y esa mascadera de chicle a toda hora, son algo bastante desagradable del señor Pablo Guedes. No nos cae bien. Nunca nos ha caído bien.

‘Santos del mediodía’ de Beatriz Meyer

beatriz-meyerTrinidad percibió primero su olor. La canícula de la mañana se concentraba en el cuerpo polvoriento del extraño que le preguntó de golpe: -¿Cuánto? Lo miró sin adivinar las facciones ocultas bajo las capas de caliche que denunciaban su oficio. Me manda el Güero, oyó la voz y se acordó del contratista que a veces le enviaba albañiles a horas inmisericordes, cuando el sol calentaba de más y ni unos pesos para una chela, ni un soplo de aire en medio del marasmo de coches, gritos, bultos.

Trinidad repasó con un dedo húmedo la línea en fuga de su media. Cincuenta baros, más el cuarto, dijo, y el hombre rebuscó en la mochila que llevaba al hombro. Mientras lo guiaba por aceras heridas, ella pensó sin querer -quizá por ser aquel su primer cliente del día- en su nuca descubierta, el triste artificio del pelo desmentido en la raíz, la blusa sin mangas brillando a destiempo, abandonada por la noche, la falda adherida con devoción a sus nalgas en marcha. Y quién sabe por qué sintió ganas de reír, y después pensó que de seguro era el calor que ya le bajaba a chorros lentos por las axilas y bordeaba de humedades la tela delgada de su vestimenta.

Tuvieron que abrirse paso entre los ambulantes apostados ante la puerta del hotel que los recibió con un bostezo de humedad pegajosa. En la recepción un señor gordo de grandes bigotes leía una revista de vaqueros. Trinidad recibió la llave en silencio y el empleado volvió a la lectura. Subieron por la escalera pringosa. El sonido de sus pasos resonó por todo lo alto del cubo, como sacudiendo la modorra de los escasos visitantes. Al llegar al pasillo se toparon con una mujer entrada en carnes que trapeaba con movimientos lánguidos el piso de mosaicos. Sin variar el ritmo indicó: el siete está listo. La pareja penetró en la habitación olorosa a creolina y detergente barato. Trinidad se dirigió al tocador y observó su rostro enrojecido, el rímel que ya formaba un medio círculo de oscuridad bajo los ojos. Se quitó la blusa, más por aligerar el calor de su cuerpo que por una concesión al cliente. No era su costumbre, no. Sólo lo indispensable: las medias, de por sí rasgadas. La falda, a veces, para no arrugarla. Pero esta mañana ella sentía el sudor escurrir entre sus muslos y ya procedía a bajar el cierre cuando por el espejo notó que su cliente se había quedado a mitad de la habitación. No lograba verle los ojos, tanta era la tierra que le cubría la cara. Adivinó a un hombre joven, por el cuerpo delgado y la timidez de movimientos, que a esas alturas se habían vuelto un vaivén, una especie de arrullo, como si el muchacho estuviera dándose valor para desquitar sus ganas y sus cincuenta pesos en el cuerpo sudoroso y prieto de Trinidad. Estrechaba la mochila contra el pecho. Como escudo, tal vez. La mujer suspiró al percibir de nuevo el olor reconcentrado del albañil. Al menos este no está borracho, se dijo. Luego le dio la espalda, en un acto innecesario de timidez. Con cierta dificultad deslizó la falda por sus piernas. La prenda cayó, como vencida por la contundencia de los muslos morenos. Al volverse de frente al muchacho, Trinidad percibió por primera vez la posibilidad de unos ojos amarillos que la recorrían minuciosamente. Pero tanta cal en el rostro del cliente dificultaba la confirmación. El polvo grisáceo cubría las mejillas, la nariz y los ojos como si alguien se hubiera esmerado en camuflar las facciones del joven para dotarlo del tosco efecto de un recién exhumado. Trinidad giró con gracia sobre sus talones; luego descendió en busca de la falda, sumida en precaria posición de derrota. Sintió el temblor de sus carnes, emocionadas por el repentino movimiento. El muchacho abrió más los ojos. Entonces sí los vio. Ojos de gato, escudriñadores. Tenían un color extraño, tan diferente de los ojos oscuros de sus clientes de siempre. Percibió la mirada como un rayo de luz sobre sus piernas, su cadera, su pubis aun cubierto por el calzón rojo que dejaba al descubierto los meridianos de las nalgas. La mujer se dio vuelta y casi escuchó el siseo atormentado del muchacho que de seguro nunca esperó que el precio incluyera el espectáculo de un trasero tan redondo a esas horas de la mañana.

Un golpe de aire proveniente de la ventila abierta acarició el cuello de Trinidad. Se desprendió del sostén, qué caray, si hace tanto calor. Sus pezones se erizaron de gusto al sentir el aire. Ahora sí, por muy tímido, el otro iría a lo suyo. Se acercó un poco para enfrentar -cosa rara, ella siempre al grano, sin demoras ni seducciones extras- desde su horizonte de piel y sudor; los ojos amarillos, la estupefacción. Pasaron varios minutos y el muchacho no se movía. No tengo tu tiempo, ¿lo hacemos o no?, preguntó un tanto irritada por la actitud del extraño. De repente pensó que si lo desanimaba el chamaco le pediría de vuelta sus cincuenta pesos y adiós almuerzo y quién sabe hasta qué horas, con ese calor los hombres preferían la cantina hasta bien entrada la tarde. Todavía sin respuesta se encaminó hacia él. ¿Qué pasa, papito, no te gusto?, inquirió con la ternura rancia de tantas mañanas vacías. Al intentar una caricia sobre el hombro del joven este reculó, dos pasos, la mochila como escudo. Trinidad no pudo evitar llevarse al pecho la mano rechazada. Una súbita vergüenza o desconcierto la sembró en su lugar sobre la alfombra. Pensó en Imelda y en el fulano aquel de la otra noche, el que le había dado la golpiza con el tubo de fierro, y tantas veces como le había advertido Trinidad sobre lo peligroso de mezclar las borracheras con el negocio. Pero eran pasadas las once, pronto sería mediodía, no había bebido ni una maldita cerveza y el fulano este, aparte de mugroso y maloliente, no se veía que se le antojara ni un buche de pulque.

-Si quieres me visto y ya, ahí muere -refunfuñó, ahora sí molesta. El cliente movió la cabeza. La luz amarilla de los ojos, desasosegada por un instante, recobró su cualidad ambarina. Tan clara que la mujer dejó de pensar en golpes. También dejó de pensar en la hora, en el calor. Dejó de pensar. Hasta que la luz se extinguió. El hombre ya no la miraba. Había vuelto a colocarse la mochila al hombro y ahora sus ojos se posaban sobre las manos blancuzcas por el yeso y la grava. Para sorpresa de Trinidad, acostumbrada ya a la atmósfera caliente del cuarto, a la inmovilidad de los cuerpos y del aire, el hombre enfiló hacia el baño. La mujer escuchó correr el agua de la regadera y se resignó. El primer cliente del día era importante. Si tenía buena mano le atraería por lo menos otros 4, con suerte 5 o 6. Era viernes, día de raya, así que tal vez podría trabajar hasta tarde en la noche. Aprovechó para recostarse un rato. Durante la jornada tenía pocas oportunidades de descanso. Sobre todo en los días malos, cuando la lluvia o la lejanía del pago semanal ahuyentaban a la clientela. Entonces se pasaba las horas de pie, desplazándose de un lugar a otro, desentumeciendo las piernas por aquello de las várices que todavía no, pero quién sabe y los bonos bajan. Eso y la piel requemada, las arrugas en torno a ojos y boca, que con un poco de maquillaje se disfrazan pero no se puede competir con tanta muchachita recién desembarcada de provincia, trenzas y mirada de susto, quince, dieciséis años y la vieja historia del novio que las trajo a la gran ciudad con promesas de matrimonio para acabar caminando las calles en busca del mejor postor.

Trinidad suspiró, olvidando un momento las caritas morenas, las trenzas reemplazadas por guedejas de colores súbitamente claros, los clientes que preferían la carne fresca, todavía olorosa a retama, a humo de leña, a lodo del camino. De cara al techo repasó las grietas de la pintura. Tantas veces había estado en ese mismo cuarto y ni siquiera recordaba el color de la colcha, la ubicación de la ventana ni la del armario desvencijado donde a veces guardaba el bolso o el abrigo con la ilusión de haber llegado a casa. Qué tonta, se dijo y aguzó el oído. La regadera no corría más. Pero el fulano seguía dentro. ¿Qué se creerá éste? Una ligera somnolencia la invadió. No oyó la puerta del baño al abrirse, ni vio la estela de vapor que siguió al joven en su camino a la cómoda donde colocó la mochila.

Trinidad soñaba. El aire de la ventila abierta le acarició las mejillas y en el sueño tenía los pies desnudos, salpicados de lodo. Miró el cielo, ese que nadie nunca le señaló ni para bien ni para mal porque sólo estaba ahí, como estaban las acamayas en el recodo del río, entre las piedras redondas, como estaban la hierba y las casas de palma, las vacas y los gritos de otros niños.

El ruido lejano de los autos se coló de repente y ella ya estaba en el autobús con rumbo a la ciudad, toda ilusiones, vestido nuevo y caja de cartón por maleta. De ahí en adelante prefirió no mirar los ojos del primer hombre, el primer billete en la mano de alguien que tampoco señaló el cielo grisáceo, el paisaje de cables y árboles resecos, la sombra que se tendió sobre las cosas como ella tendía su cuerpo en las camas de ese hotel de techos cuarteados, como también se tendía Imelda, la pobre, siempre borracha, siempre triste, si hasta le pegaban por eso, por borracha y por triste. Una vez le dieron con un tubo de fierro. Porque se había reído, ella que nunca se reía, sólo cuando se acordaba de su pueblo y de Juan, el hombre que la perdió, decía. Por eso Trinidad volvió a sus pies enfangados, al río y las acamayas entre las piedras. No quería recordar la sonrisa de Imelda con la cabeza rota por un tubo de fierro.

Corría sin rumbo por el campo cuando un toque suave en sus rodillas la volvió a la realidad de cincuenta pesos más el cuarto. La luz del mediodía se había instalado en el centro de la habitación, decidida, como prolongación del río de sus sueños. El vapor de la regadera revoloteaba todavía en la gravedad del aire. Algo, tal vez un dedo invisible, volvió a rozar su rodilla. Abrió los ojos, desconcertada. Se incorporó, las manos sobre el pecho, escudo contra lo inesperado, contra la caricia que ascendía, tímida, por entre sus muslos. Ahí estaba ya su cliente. Nadie le señaló nunca el cielo, pensó Trinidad, pero ahora ella podía alzar un poco la cabeza y mirarlo de cerca. La visión de un rostro imberbe y mudo la hizo estremecer. De repente la calle, el cuarto, el mundo se volvían un gran silencio, como si el viento se descalzara para caminar sobre su piel y el único punto real fueran las gotitas de agua vibrando en las pestañas de aquel muchacho, casi un niño, ojos color membrillo que la miraban como pidiéndole quién sabía qué camino o fuente, si una mano o un rincón donde la suerte adquiriera las dimensiones de una ciudad naranja y apacible. La mujer escudriñaba las mejillas doradas, redondas, y era como si desplegara por primera vez unas alas ocultas, como si un cántaro se reventara en sus entrañas y esparciera sus aguas al influjo de esa mirada inmensa, amarilla. Abrió los brazos, flores recién cortadas, y su piel tuvo otra vez olor a humo para el forastero pronto a entrar en la virgen geografía del hechizo. Con el instinto de los años guió al joven en su primera muerte, su primer viaje, su primer regreso. Y lo estrechó gozosa, paciente, sabia. Todavía al final, mientras recuperaban el aliento, se preguntaba cómo un hombre tan hermoso podía haber tardado tanto en probarse con una mujer. Nunca había conocido nada como las líneas de ese cuerpo delgado, la boca de labios carnosos y la nariz de niño bien de aquel muchacho que respiraba tranquilo hundido en el hueco de su cuello.

-¿Cómo te llamas? -preguntó la mujer, enternecida al verlo batallar con la hebilla del cinturón.

-Santos -fue la parca respuesta.

Ya para salir, Trinidad recibió una última mirada de los ojos ambarinos. En la luz de la media tarde reconoció de nueva cuenta su belleza. Tuvo ganas de reír -de gusto, de tristeza-, pero se contuvo. Supo, sin lugar a dudas, que de ahí en adelante ella misma podría señalar las cosas del cielo. La sonrisa de agradecimiento de Santos se hizo amplia antes de pasar a ser otra forma de la luz. Luego desapareció tragado por la oscuridad de la escalera. Silbaba una canción alegre. Trinidad bajó los escalones, el alma y los ánimos apaciguados. A lo lejos escuchó la carrera jovial, la tonada que insistía en mezclarse con un ruido metálico, el tipo de sonido que haría un tubo de fierro dentro de una mochila al pegar de cuando en cuando, de manera inadvertida, contra las paredes anónimas de un hotel de paso.

Beatriz Meyer (foto)

‘La colombiana’; la educación gratuita

La colombiana. Valga destacar las buenas actuaciones en ‘La colombiana’, la serie de Tvn a las 20 horas. Por la misma razón, valga nombrar a todos los actores: Felipe Braun, Elizabeth Minotta (primer rostro), María José Illanes (segundo rostro), Lucas Mosquera, Jorge Arecheta, César Sepúlveda, Óscar Hernández, Diego Ruiz, Daniela Estay, Juan José Suárez, Eyal Meyer, Josefina Fiebelkorn (tercer rostro), Carmina Riego, Emilia Noguera (cuarto rostro), Santiago Tupper, Alejandra Fosalba, Delfina Guzmán, Florencia López, María Fernanda Martínez, Schlomit Baytelman, Felipe Morales, Luz Valdivieso, Catalina Guerra, Luis Alarcón, Andrea Freund, Remigio Remedy, Álvaro Pacull, Gonzalo Vivanco, Sara Becker y Anya Jaederlund. Todos excelentes. Las mujeres guapas. Don Óscar Hernández se ha echado al hombro varios capítulos de la teleserie, con gran suceso. Es una comedia con drama, que no deja de lado varios temas palpitantes, como la xenofobia, el arribismo, la vida de barrio, la urbanización deshumanizada, la pre adolescencia masculina y femenina, la relación de parejas, las diferencias sociales de clase, entre los destacados. Por eso, acentuar, de igual manera, los libretos de Jaime Morales, Sandra Arriagada, Iván Salas-Moya y Jimena Oto. Y tanto como los libretos, cuenta en una buena teleserie, como esta, la dirección, a cargo de Germán Barriga y Francisco Cortés. Ojalá que su reemplazo sea de tan alta calidad, pues de otra manera no la distribuiría Telemundo.

Educación. Los señores de la derechista Unión Demócrata Independiente, Udi, y Renovación Nacional, tienen un argumento falso para oponerse a la gratuidad en la educación. Su peregrina tesis es: “cómo se le va a dar educación gratis a los que más tienen”. Que eso es una barbaridad. Que eso es un desperdicio de dinero. Que eso no puede ser, por Dios santo. Olvidémonos que Enna Von Baen, uno de sus principales figurones derechistas, ha estudiado gratis con plata del Estado. No consideremos, pues, a ninguno de los ricachones que ganan becas. Solo digamos que los ricachones en Chile se cuentan con los dedos de la mano. Son 30 o 40. Bueno, aceptemos que son 100. ¿Qué importa que 100 ricachones parasiten la ocasión, si la educación gratuita va a favorecer a varias ¡decenas de miles! de jóvenes pobres? Hablo de “ricachones que parasiten”, porque no hay nada más colgado que un ricachón. ¡Todo lo quieren gratis! Quieren que las empresas les paguen la bencina, los mercados, los viajes, los almuerzos sociales y el colegio de sus hijos. Quieren que el Estado no les cobren impuestos. Quieren todo gratis. Son parásitos, intrínsecamente. Mentalmente son parásitos. Y entonces sí, esos 100 ricachones buscarán tener educación gratuita, pero ¿se untarán de pueblo, en realidad? La respuesta es ‘No’. Ellos, los ricachones, no conocen Santiago sino hasta la Avenida Apoquindo, por el poniente. Ellos, los ricachones, tienen sus colegios, sus nidos educativos, sus universidades. ¿Qué importa soportar, entonces, a 100 parásitos, si se están beneficiando ¡decenas de miles! de muchachos? Si Sebastián Piñera dice que no va a extender la educación gratuita a más chilenos, ¡estará actuando contra el pueblo! En este caso, no hay que votar por él. Y si lo dice, ¿qué importa?, si no va a ser presidente otra vez.

 

Solo como testimonio el caso de Javiera Blanco

En el caso de Javiera Blanco, la peor funcionaria de todos los gobiernos desde el retorno de la democracia en Chile, pero extrañamente premiada con un cargo de magistrada del Consejo de Defensa del Estado, la presidenta Michelle Bachelet sigue marrando. Envió a cuatro (¡!) ministros al Congreso para sabotear un informe en el que se adjudica la responsabilidad que tiene la entonces mediocre ministra de Justicia, Javiera Blanco, en el caso de los niños muertos en el Sename. Y dijo, después, la presidenta Bachelet, justificando su extraño comportamiento: no se puede hacer del tema de los niños del Sename una caricatura, ni descargar toda la culpa en Javiera Blanco. “¡No politicemos el tema!” Eso dijo. ¿Y qué fue lo que hizo con su declaración? ¿Qué hizo con los cuatro (¡!) ministros haciendo lobby para sabotear al Congreso? ¿Qué hizo restándole importancia a las muertes de niños en el Sename? ¿Qué hizo defendiendo a muerte, y extrañamente, a Javiera Blanco? Lo que hizo fue… ¡politizar el tema! Y con política barata, desechable. Digna del idiota Ernesto Silva. Hizo exactamente lo mismo de lo que quiso acusar a la derecha. Borró la diferencia de “la izquierda” y “la derecha”. ¡La mediocridad de la señora Javiera Blanco no puede ser asunto de Estado, señora presidenta! Qué extraño comportamiento el suyo, doña Michelle Bachelet. ¿Quién es Javiera Blanco para que la señora Bachelet se juegue su prestigio? ¿Quién es Javiera Blanco para que el gobierno haga el loco ‘torciéndole’ el voto a varios congresistas? Tienen que responder esto. ¿Qué sabe Javiera Blanco de Michelle Bachelet, para que ésta la trate con algodones? La vida se encargará de decantar este caso. Creo que hay dos temas: el de 1) la mediocre funcionaria que premió con un puesto en el Consejo de Defensa del Estado, y el de 2) encubrimiento del comportamiento inadecuado, antiético y falaz de su hijo Sebastián Dávalos, cuando siendo alto funcionario de gobierno resultó metido en un negociado; estos dos temas, digo señora presidenta, serán de eterna recordación de su segundo gobierno. Pésimo gobierno. Y no lo digo ahora, cuando está con el sol a las espaldas, sino que lo dije, aquí mismo, cuando la señora Bachelet se lanzó de candidata. Dijimos: será un pésimo gobierno, primero porque segundas partes no son buenas, y segundo porque no tiene nada qué ofrecer a ciencia cierta. Cada cual juzgue lo que ve.