Archivo de la categoría: Mujer

AFP mentirosas; Punta Peuco; Beatriz Sánchez

no-afpAFP mentirosas. Por favor, no se dejen engañar por el canto de sirenas de las AFP, que salieron ahora a decir que “mire lo que se perdieron” los que pasaron sus ahorros a los fondos D y E, porque el fondo A ganó, en un solo mes, un millón de pesos. ¡Cantos de sirenas! No les crean. Si ellos mismos promocionan ese fondo A, y el B, como “de largo plazo”. Así que hay una contradicción en sus tontos argumentos. Si en un mes ganaron un millón de pesos, en 15 o 18 años, que es la proyección de las propias AFP, ese millón se va a esfumar. Como ya se ha esfumado para los pensionados que tienen mesadas miserables, con el argumento de que “el mercado” así lo quiso.

De modo que el señor Larraín (¡otro Larraín!) de las AFP no debe mentir, no debe salir con sus cantos de sirena, porque no le creemos.

A ellos, a los dueños de las AFP les interesa que la gente tenga la plata en los fondos A y B, que son los que trabajan intensivamente las acciones y otros papeles volátiles, y de donde ellos sacan sus utilidades (que no traspasan a los ahorradores)

En el 2015 ganaron casi 900 millones de dólares, pero las pensiones promediaron escasamente los 200 mil pesos.

Hoy (no “en esta jornada”, como dicen los periodistas “intelectuales”), hoy, vi la grabación de un energúmeno que se inventó el Canal 13, amenazando a quienes digan que las personas deben cambiar sus ahorros (que son del trabajo de toda la vida) a los fondos de las AFP más seguros o conservadores: los fondos D y E.

Primero dijo ese sujeto que se inventó el Canal 13, que nadie puede hablar de las AFP si no es experto en economía, y segundo, dijo que podía tener consecuencias penales el hecho de exhortar a la gente a cambiarse a los fondos D y E.

¡Para no creer!

Damos por descartada la primera amenaza, porque semejante imbecilidad no resiste ningún comentario. Es tanto como si dijera que nadie puede comprar pan si no es panadero. ¡Qué idiota!

Y sobre el segundo punto, el energúmeno inventado por el Canal 13 dijo esta mañana, hoy, que “en Estados Unidos penalizaban esas conductas”. ¿En Estado Unidos penalizan las recomendaciones de los asesores financieros, o la voluntad de la gente de poner su dinero donde quiere? ¡Mentiroso!

¿A quién quiere engañar ese sujeto que se inventaron en Canal 13?

Quizás se refirió a la penalización que hay por exhortar a “retiros masivos de dinero” de bancos o entidades financieras. Eso se llama “pánico económico”, pero eso es otra cosa.

En Chile nadie está diciendo que la gente retire sus ahorros de las AFP, sino que se cambien de fondo. Pero parece que algo tan sencillo no lo entiende el personaje que se inventó el Canal 13.

Valga reiterar el llamado del movimiento ‘No+AFP’, que apoyamos enteramente: ¡Todos los chilenos deben sacar sus ahorros de los fondos A, B y C y ponerlos en los fondos D y E!

Hay que hacerlo ahora mismo. Pasen la voz.

Por una sencilla razón, a pesar del energúmeno que inventó el Canal 13: son fondos de una más baja rentabilidad, es cierto, pero más seguros en el largo plazo, que los fondos A y B.

¡Fuera ese idiota que se inventó el Canal 13!, que no solamente obliga a que la gente tenga sus ahorros en las AFP (porque no hay alternativa, excepto la que gozan los de las fuerzas armadas, que no se comen el cuento de las AFP y tienen unas excelentes pensiones, que promedian los 700 mil pesos), sino que, además, nos obliga a tener los ahorros en los fondos A, B y C. Y este intento de extrema coerción se llama… ¡fascismo!

Punta Peuco. Decir solamente que resulta macabro el show que se han inventado los Punta-Peuco2pinochetistas sobre las indulgencias para los presos enfermos de Punta Peuco. Se rasgan las vestiduras y gritan que es parte de los derechos humanos dejar libres a esos presos enfermos. Obviamente nos oponemos a que salgan esos presos. Y decir que no son “viejitos enfermos que están presos”. “Abuelitos”. No. No son viejitos ni abuelitos, sino asesinos, criminales, torturadores que se volvieron viejos. Son asesinos, torturadores y criminales que deben estar tras las rejas. Eso es todo. Lo demás es intentar tergiversar algo tan sagrado, como los derechos humanos. Pero los derechos humanos obran para las personas de bien.

Beatriz Sánchez. Simplemente saludar la presencia de Beatriz Sánchez, una periodista beatriz-870x480que ha hecho honor a la profesión, y ahora se presenta como opción electoral del Frente Amplio en las próximas elecciones presidenciales. Saludamos su presencia porque eso le hace bien a la Democracia. Algunos podrán burlarse diciendo que solo es “un testimonio” o “una aprendiz” o “alguien sin experiencia” que no merece atención. ¡Cínicos! Ni los testimoniales, ni los aprendices de política, ni los sin experiencia, son responsables de las pensiones miserables de las AFP, de la educación y la salud caras, de las desigualdades sociales y económicas. De modo que la presencia de Beatriz Sánchez, como una opción presidencial sensata, es bienvenida.

 

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Cierto humor en la Quinta Vergara: ‘Chiqui’ Aguayo

chiquiSolo quiero referirme a dos elementos de reflexión, a propósito de la actuación de la comediante Daniela ‘Chiqui’ Aguayo (foto) en la Quinta Vergara, en el Festival de Viña del Mar 2017. Solo mencionarlos, porque es difícil comentar cuando, en su defensa, se apela al sexismo.

Si se considera que fue vulgar su rutina de humor, se contraataca diciendo que es “un comentario machista”, porque, obvio, ella es mujer. Y también se contraataca diciendo que “en mi casa hablamos así”. O, “¿quién en Chile no habla a los chuchazos?”

Se contraataca diciendo: cuántos humoristas han estado en Viña que han dicho chuchadas, pero nadie les dice nada “porque son hombres”. Entonces, ¿qué más decir? Se cierra toda opción. Se descalifica el comentario.

O sea, una vez anulado el comentario con aquellas declaraciones, el resultado, tácito, es el de que la humorista resultó genial. Y no creo que sea así. ‘Chiqui’ Aguayo ni siquiera es la mejor del programa ‘Minas al poder’, un humorístico del canal Chilevisión, protagonizado por mujeres, más un hombre adulto vestido de mujer y un joven travestido.

Esa defensa, entonces, y esa previsible conclusión, no son verdad. Todo es un truco de ideas. Y así, es muy difícil comentar sobre una rutina que puede considerarse vulgar, en un escenario específico como el Festival de Viña, televisado para hispanohablantes.

Sin embargo, decir que sea hombre o mujer, si se apela a la vulgaridad, al chuchazo, a la facilidad del chiste obvio, hay que señalarlo, aunque no le guste al(la) comediante.

Y decir también que, después de tanto esfuerzo de muchos comediantes y libretistas en los últimos años, por conseguir una narrativa con efectos humorísticos, situaciones escénicas chistosas, discursos graciosos y gracejos, sin apelar a la palabra o el gesto vulgar, es triste que asistamos a este retroceso. Volver a la chabacanería.

¿El humor puede (¿debe?) avanzar hacia modos menos básicos para ganar una carcajada, o una sonrisa?

Referido lo anterior, en segundo lugar, preguntarse también ¿qué tanto ha cambiado el público, el “monstruo”? Porque, al fin y al cabo, rió a mandíbula batiente en algunos pasajes de la rutina de Daniela ‘Chiqui’ Aguayo.

Es decir, había en esa risa una aceptación, una aprobación de lo que estaba diciendo la comediante, una aceptación del lenguaje en que estaba dicho esa clase de humor. Es más: le otorgó las gaviotas de plata y oro.

Aparentemente, este público ya no es un “monstruo”. Es más permisivo. O más comprensivo. O más compasivo. Un gatito nomás.

Sospechoso este ‘tsunami de fuego’ en Chile

incendio_noche_portezueloAristarco insiste en que es, como dice Bombo Fica en algunos de sus chistes, ‘sospechoso’ este episodio de los incendios por doquier. Dice que hay manos criminales, y sobre todo una intencionalidad de poner en aprietos a la presidente Michelle Bachelet. Hay un grupo de personas empeñadas en desprestigiar al gobierno. Y varios medios de comunicación les hacen eco. Me cuenta que hay páginas web, con noticias estacionadas desde hace varios meses, afirmando que la economía chilena va a colapsar, afirmando que este ha sido el peor gobierno de la historia de Chile, diciendo que todo está mal. Aristarco cree que estas personas y estas afirmaciones son conspirativas. Buscan infligir daño. Esas personas son las verdaderas responsables de si la situación chilena empeora. Porque lanzan ideas falsas, como lo hacía Joseph Goebbels, y los medios de comunicación cómplices las repiten con tal obsesión que se convierten en verdades. Esta ola de incendios no puede ser espontánea, ¡500 mil hectáreas!, insiste Aristarco. Aquí no se cumple la fórmula de los 30 grados de temperatura, 30 kilómetros por hora de viento y 30 grados de humedad del aire. Aquí hay manos criminales, hay una intencionalidad, hay un concierto para delinquir y un propósito: desprestigiar al gobierno de una mujer. Es una conspiración misógina, cruel y sanguinaria, que no mira sino intereses egoístas. Nada les importa destruir, como lo han hecho, ¡más de 500 mil hectáreas! de bosques y pastizales. “Déjame y digiero todo eso”, fue lo único que se me ocurrió decirle a Aristarco.

Jaime Anguita, Enrique Correa y Julián Elfenbein

viviana haegerJaime Anguita, asesino. Por fin Jaime Anguita confesó: él mató a su esposa Viviana Haeger. El 29 de junio del 2010, Viviana desapareció, y su cadáver fue encontrado, dos meses después, en la buhardilla de su propia residencia en Puerto Varas, donde la policía había buscado sin hallar nada. ¿Quién la puso ahí? Ahora lo sabemos: él, Jaime Anguita, la mató, y él la puso ahí después de que se fue la policía y, también misteriosamente, una persona informó por teléfono a la policía que buscara de nuevo en la casa. Yo creo que lo mismo les pasó a varios de ustedes: siempre creímos, instintivamente, que Jaime Anguita era el asesino. Por su desagradable cara, su desagradable aspecto general, su desagradable voz, su desagradable pose se ‘viudo’ adolorido, su desagradable cinismo desbordante. Pongo en esta nota el rostro de Viviana Haeger, como mi homenaje por su muerte atroz mediante la asfixia, porque no quiero contaminar el blog con la sucia cara de un asqueroso asesino como Jaime Anguita.

Enrique Correa. Cuando alguien actúa mal, lo sigue haciendo hasta su enrique correa sutilruina total. Es lo que pasa con el señor Enrique Correa (foto), que de ministro ¡socialista! de un gobierno de la llamada Concertación, saltó a consultor y asesor del pinochetismo y de lo peor del empresariado corrupto chileno. Sus torcidos negocios y la mentalidad torcida que se precisa para ejecutarlos, lo han llevado a convertirse en el embajador del Averno en Chile, para decir que…, oigan bien: “El financiamiento irregular de la política no es corrupción”. ¿Pueden creerlo? Tan degenerado mentalmente, que ya borró la línea moral de las cosas. Así piensan los asesinos en serie, los estafadores, los malandros más pervertidos de la historia criminal de la Humanidad. ¿Por qué Radio Cooperativa sigue promoviendo su empresa ‘Imaginacción’?

Elfenbein. Salió Julián Elfenbein (foto) del matinal ‘Buenos días a todos’ del julián elfenbeinautodenominado ‘canal de todos’, Tvn. Aquí dijimos que ese tipo de trabajos no era adecuado para Elfenbein. Él sirve para animar un programa de concurso, pero no para estar varias horas en pantalla, en un programa que es ‘entretenimiento y conversación’. Y lo peor de todo fue que llegó a hacerlo ‘en reemplazo’ de Felipe Camiroaga, que en paz descanse. Y en su pequeña cabeza, él creyó que, efectivamente, era el reemplazo de Camiroaga. ¡Qué iluso! Cero aporte el señor Elfenbein. Ganó harto dinero, eso sí, pero eso es todo. El matinal ‘Buenos días a todos’ necesita cirugía mayor, no maquillajes. Mucho daño le causó su director Mauricio Correa, quien debió haber renunciado al otro día de la muerte de Felipe Camiroaga, y no lo hizo, regodeándose en su prepotencia y mediocridad. Creo que fue el artífice del entierro –de segunda clase– que está teniendo ese matinal.

Las mujeres que ignoramos

Rosalind FranklinEn la BBC leo un artículo de Jawad Iqbal titulado ‘Las grandes científicas olvidadas de la ciencia’. No es otra cosa que la historia de la infamia.
A las mujeres científicas las cubre un manto de olvido que las hace invisibles. Muchos de los desarrollos científicos que adjudicamos a hombres fueron hechos por mujeres que no se nombran. Y más escabroso –y oprobioso– es que muchos de los desarrollos científicos con los que hombres ganaron el premio Nobel fueron hechos por mujeres.
Uno de los escasos nombres de mujer conocidos es el de Marie Curie, premio Nobel de Física en 1903 y de Química en 1911, año en que su petición de ingreso a la Academia Francesa de las Ciencias fue rechazada. Pionera en investigación sobre radiactividad. (Su hija, Irène Joliot-Curie, también ganó un Nobel en Química en 1935, por avances que condujeron después al descubrimiento del neutrón)
Henrietta Leavitt desarrolló la relación ‘período-luminosidad’ de las estrellas, mediante su patrón de brillo, por lo que hoy se puede calcular la distancia que tienen las estrellas de la Tierra. Esto lo logró en el Observatorio Harvard.
La china-estadounidense Chien-Shiung Wu fue llamada por dos físicos teóricos, Tsung-Dao Lee y Chen Ning Yang, para refutar la ‘ley de paridad’, lo cual hizo experimentalmente. Este trabajo de Chien-Shiung Wu dio paso a los desarrollos sobre interacciones débiles entre partículas elementales sin paridad simétrica. Por esto, Tsung-Dao Lee y Chen Ning Yang obtuvieron el premio Nobel en 1957, sin mencionar a Chien-Shiung Wu.
Jawad Iqbal también refiere a la austriaca Lise Meitner, cuyo trabajo permitió la división en dos del núcleo del átomo. Ni más ni menos que la base de la bomba atómica. Como sus trabajos los hacía en el laboratorio del químico Otto Hahn, es a él a quien se le reconoce el hallazgo y se le otorgó el Nobel de Química en 1944, por ‘la división del átomo’.
Un caso más el de Rosalind Franklin (foto), cuya investigación sobre la cristalografía de los rayos X permitió desarrollar la imagen de la molécula de ADN, pero los resultados fueron presentados por James Watson, Francis Crick y Maurice Wilkins, quienes ganaron el Nobel de Fisiología y Medicina, sin incluirla a ella.
Por último, Ida Tacke figura en los libros como la descubridora del elemento ‘renio’, pero no como la descubridora del ‘masarium’, que hoy se conoce como ‘tecnecio’. Este elemento de la tabla periódica se le atribuye a Carlo Perrier y Emilio Segre, y no a ella. También fue la primera persona en plantear la ‘fusión nuclear’, consistente en que varios núcleos atómicos –de carga similar– se unen y forman un núcleo más pesado, proceso en el que absorben o liberan cantidades enormes de energía.
A pesar de mi ancestral machismo, que digo no tener pero sin duda me habita, valga esta breve reseña como un homenaje a nuestras compañeras de camino, humanizadas aquí por las científicas que han sido villanamente eclipsadas por los hombres.

‘La cosecha’ de Amy Hempel

amy hempelEl año en que empecé a decir “vaso”, así, con “v” chica, un hombre al que apenas conocía estuvo a punto de matarme accidentalmente.
Al hombre no le pasó nada cuando el otro carro chocó con el nuestro. El hombre, a quien conocía desde hacía una semana, me sostenía en la calle de tal manera que me impedía ver mis piernas. Recuerdo que sabía que no debería ver, y sabía que, si hubiera podido, habría visto.
Mi sangre había bañado la ropa de ese hombre por delante. Dijo: “Vas a estar bien, pero mi suéter se echó a perder”. Grité, por miedo al dolor. Pero no sentía ningún dolor. En el hospital, después de que me inyectaron, sé que había dolor en la sala –solo que no sabía de quién era el dolor.
Lo que le pasó a una de mis piernas requirió de 400 puntadas, las cuales, cuando lo platicaba, se volvieron 500, porque las cosas siempre pueden empeorar. Los cinco días que no sabían si podrían salvar mi pierna o no, los alargué a diez. El abogado era el que usaba esas palabras. Pero sólo voy a hablar de eso unos párrafos después.
Teníamos una conversación sobre la apariencia: qué importante es. Decisiva, es lo que dije. Creo que la apariencia es decisiva. Pero este tipo era abogado. Estaba sentado en una silla de vinil color turquesa, que habían acercado a mi cama. Lo que él quería decir con ‘apariencia’ era cuánto valía en un tribunal lo que había perdido yo de mi apariencia. Podría jurar que al abogado le gustaba decir ‘tribunal’. Me dijo que había presentado su examen profesional tres veces antes de pasar.
Dijo que sus amigos le habían dado unas tarjetas de presentación muy bonitas, impresas en relieve, pero que donde esas tarjetas debían decir “Licenciado en Derecho”, decían “Licenciado hecho y derecho”. Ya me había conseguido él un pago por pérdida de ingresos, pues yo jamás podría trabajar como azafata de ninguna línea aérea. Que nunca hubiera considerado volverme azafata era irrelevante, dijo, desde el punto de vista de la ley.
–Hay algo más –dijo–. Tenemos que hablar ahora sobre aptitud para el matrimonio.
Estuve a punto de decir “¿que qué?”, aunque sabía muy bien a qué se estaba refiriendo. Tenía yo 18 años. Dije: “¿No deberíamos hablar primero de aptitud para el noviazgo?” El hombre que duró una semana ya había desaparecido: el accidente lo llevó de regreso con su mujer.
–¿Piensas que la apariencia es importante? –le pregunté antes de que desapareciera.
–Al principio, no –dijo.
En mi barrio hay un tipo que era maestro de química hasta que una explosión le borró la cara y sólo le dejó los restos. Lo que queda de él siempre se viste propiamente, con trajes oscuros y zapatos boleados. Lleva un portafolio al campus de la escuela. Qué a gusto, decían sus familiares y sus amigos, hasta que su esposa se fue de la casa con todo e hijos. En la terraza donde tomábamos el sol, una mujer me enseñó una foto. Dijo: “Así es como se veía mi hijo”.
Todas mis tardes las pasaba en Diálisis. No les importaba cuándo se desocupaba una cama. Tenían televisión a color y con pantalla grande, mejor que la de Rehabilitación. Los miércoles en la noche veíamos un programa en el que unas mujeres con ropa cara aparecían en escenarios lujosos y juraban arruinarse entre sí. A mi lado había un hombre que sólo hablaba con números telefónicos. Si uno le preguntaba cómo se sentía, contestaba: “9-24-31-10”. O decía: “7-57-13-66”.
Suponíamos lo que esos números podían significar, pero en realidad a nadie le interesaba. A veces estaba al otro lado de mí un niño de 12 años. Sus pestañas eran gruesas y negras debido a los medicamentos que tomaba para la presión. Era el siguiente en la lista de trasplantes, tan pronto como (la palabra que se usaba era ‘cosechar’) se cosechara un riñón. La madre del niño pedía en sus oraciones que abundaran los borrachos manejando.
Yo pedía que los hombres no me rechazaran. ¿No somos todos, pensaba yo, la cosecha de alguien? Se terminaba mi sesión, y una enfermera me llevaba en silla de ruedas a mi cuarto. Decía la enfermera: “Yo no sé por qué ven esa basura. Mejor deberían preguntarme cómo me fue este día”.
Antes de dormirme, pasaba quince minutos apretando mancuernas de hule. Uno de los medicamentos hacía que mis dedos se entiesaran. El doctor decía que seguiría dándomelo hasta que ya no pudiera abotonarme la blusa: una figura retórica, pues yo no usaba más que batas de algodón. El abogado dijo: “Obras de caridad”. Se abrió la camisa y me enseñó el lugar de su pecho donde un acupunturista le había puesto jarabe de cola y le había clavado cuatro agujas; también le había dicho que lo único que podía curar eran las obras de caridad. Dije: “¿Curar qué?” El abogado dijo: “No importa”.
Tan pronto como supe que me iba a recuperar, tuve la certeza de que estaba muerta y no lo sabía. Me movía a través de los días como una cabeza cortada que termina una frase. Ya no veía la hora de salir de ese remedo de vida. El accidente fue al ponerse el sol; por eso la mayoría de las veces me sentía así a esa hora. El hombre que había conocido una semana antes me llevaba a cenar cuando ocurrió. El restaurante quedaba en la playa, una playa en una bahía a través de la cual se veían las luces de la ciudad. Desde ese lugar podía verse todo sin tener que escuchar ningún ruido.
Mucho tiempo después, volví sola a esa playa. Me llevé el coche. Era el primer día bueno para ir a la playa; me había puesto unos ‘shorts’. A la orilla del mar, me desenredé la venda elástica y me acerqué al agua. Un niño con el traje de baño mojado me miró la pierna. Me preguntó si me lo había hecho un tiburón; se veían algunos grandes y blancos en esa parte de la costa. Le dije que sí, que un tiburón me lo había hecho.
–¿Y te vas a meter otra vez? –preguntó el niño.
–Me voy a meter otra vez –le dije.
Dejo muchas cosas fuera cuando digo la verdad. Lo mismo cuando escribo un cuento. Voy a empezar a decirles ahora lo que dejé fuera de “La cosecha”, y tal vez comience a preguntarme por qué lo omití. No había otro coche. Sólo había un coche, el que me atropelló cuando iba en la parte trasera de la motocicleta del hombre. Pero la palabra ‘motocicleta’ es más bien fea.
El hombre que manejaba el coche era reportero de un periódico. Trabajaba en un periódico local. Era joven, acababa de titularse, y se dirigía a una reunión de trabajo para cubrir un amago de huelga. Si digo que yo estudiaba entonces periodismo quizás no sea muy fácil de aceptar en “La cosecha”.
Durante los años siguientes, me mantuve al tanto de la carrera del reportero. Fue él quien dio la noticia del Templo del Pueblo que provocó la huida de Jim Jones a Guyana. Entonces cubrió lo de Jonestown. En la redacción del ‘San Francisco Chronicle’, mientras el número de víctimas subía a 900, iban poniendo las cantidades como si fueran donaciones en una velada de beneficencia. Cuando ya habían pasado de 100, colocaron un cartel en la pared que decía:
“JUAN CORONA, MUÉRETE DE ENVIDIA”
En la sala de urgencias, lo que le pasó a una de mis piernas no necesitó 400 puntadas, sino sólo más de trescientas. Ya estaba yo exagerando incluso antes de empezar a exagerar, porque es cierto: las cosas siempre pueden empeorar.
Mi abogado no era un licenciado hecho y derecho. Era socio de uno de los bufetes más antiguos de la ciudad. Nunca se habría desabotonado la camisa para enseñarme el lugar donde le habían puesto acupuntura, lo cual es algo a lo que nunca habría recurrido. “Aptitud para el matrimonio” era el título original de “La cosecha”.
La herida que sufrí en la pierna fue considerada cosmética, aunque todavía ahora, 15 años después, no puedo arrodillarme. En un arreglo fuera de los tribunales la noche anterior al juicio, me concedieron casi 100 mil dólares. El seguro automovilístico del reportero subió 12.43 dólares por mes. Me habían sugerido que me frotara la pierna con hielo, para resaltar las cicatrices, antes de subirme la falda ante la corte, tres años después. Pero no había hielo en la oficina del juez, así que no tuve oportunidad de pasar o reprobar esa prueba moral.
El hombre de una semana, que era el dueño de la motocicleta, no estaba casado. Pero si se suponía que tenía esposa, ¿no me hacía eso un poco culpable? ¿No me lo merecía? Después del accidente, el hombre se casó. La muchacha con la que se casó era modelo de pasarela. (“¿Tú crees que la apariencia es importante?”, le pregunté al hombre antes de que se fuera. “Al principio, no”, dijo)
Además de ser una belleza, la muchacha valía millones de dólares. Pero ¿habrían aceptado esto en “La cosecha”, que la modelo también iba a heredar mucho dinero? Es cierto que nos dirigíamos a cenar cuando sucedió. Pero el lugar desde el cual se puede ver todo sin tener que escuchar los ruidos de la ciudad no estaba en una playa de una bahía: estaba en la cima del Monte Tamalpais. Llevábamos nuestra cena y ascendíamos por la sinuosa carretera. Y en esta versión hay lugar para la ironía: no les sorprenda saber que durante los siguientes meses, desde mi cama del hospital, tenía una espectacular vista precisamente de esa montaña. Habría incluido lo siguiente en el cuento si alguien lo hubiera creído. Pero ¿quién iba a creerlo? Yo estaba ahí y no lo creía.
El día de mi tercera operación, se amotinaron los presos del Centro de Readaptación de Máxima Seguridad, que estaba junto al lugar donde tenían a los sentenciados a muerte, en la cárcel de San Quintín. George Jackson, “Soledad Brother”, un negro de 29 años, sacó una pistola calibre .38 que había conseguido de contrabando, gritó “¡Ya estuvo bueno!” y disparó. Mataron a Jackson; también a tres guardias y a dos custodios de piso, internos que llevaban la comida a otros presos. A otros tres guardias los apuñalaron en el cuello. Como la cárcel está a cinco minutos del Hospital General del condado de Marin, ahí condujeron a los guardias heridos. Los que los llevaron fueron tres tipos de policías, incluyendo a los de la Patrulla de Caminos de California y a los asistentes del sheriff del condado de Marin, armados hasta los dientes.
La policía se apostó en la azotea del hospital, con fusiles; también había policías en los pasillos, haciéndoles señas a los pacientes y a los visitantes de que regresaran a los cuartos. Cuando me sacaron en camilla de Recuperación, ese mismo día, pero más tarde, vendada de la cintura al tobillo, tres oficiales y un sheriff armado me registraron. En las noticias de la noche había imágenes del motín. Aparecía el cirujano que me había operado hablando con los reporteros, y decía, señalando su garganta, cómo había salvado a uno de los guardias cosiéndole la parte que le habían cortado de oreja a oreja.
Vi esto en la televisión, y como era mi doctor, y como los pacientes de los hospitales están demasiado centrados en sí mismos, y como estaba sedada, creí que el cirujano estaba hablando de mí. Creí que estaba diciendo “Pues está muerta. Es un anuncio para ella, que está en su cama”. La psiquiatra que vi por recomendación del cirujano me dijo que eso pasaba mucho. Me dijo que las víctimas de accidentes que todavía no superan el trauma creen con frecuencia que están muertas y no lo saben.
Los tiburones grandes y blancos de la costa cercana a mi casa atacan de una a siete personas al año. Su principal víctima es el buzo que pesca abulón. Como la carne de abulón ha llegado a costar 35 dólares la libra y sigue subiendo, el Departamento de Pesca y Caza no cree que los ataques de tiburón vayan a disminuir.
Amy Hempel (foto) (Traducción del inglés de Luis Zapata)

Binominal; Isabel Allende; Cobresal

bachelet fin del binominalBinominal. Tardaremos algunos años en conocer la repercusión real del fin al sistema binominal. Sistema establecido en la vergonzosa dictadura que vivió Chile bajo la férula del traidor, ladrón y asesino Augusto Pinochet y sus secuaces, muchos de los cuales son hoy “empresarios” y “políticos” o “congresistas”. El sistema amarraba a la Democracia a incluir siempre a los representantes de la dictadura en el Congreso Nacional. ¡Qué vergüenza! Era, como la mente del dictador y sus secuaces, una democracia enferma, postrada, limitada, minusválida, a favor de ellos. Ya todo esto se acabó con la ley promulgada por la presidenta Michelle Bachelet (foto) que pone fin al sistema binominal. Lo que siembra dudas es que junto con ese anuncio también se dijo que los senadores aumenten de 38 a 50 (es decir, un 31.57%) y los diputados de 120 a 155 (es decir, un 29.16%) O sea, el Senado aumentará en un tercio y la Cámara en más de una cuarta parte. Dijo el ministro Rodrigo Peñailillo esta mañana, o mejor, juró en el canal Mega, que no habrá aumento del gasto con estos aumentos de congresistas, por dos razones: 1) el presupuesto de los senadores “vitalicios” (¡qué vergüenza!) y “designados” (¡qué vergüenza!) está ahí disponible todavía, y 2) el aumento en el número de senadores y diputados será gradual. No conocemos la letra de la ley porque el mal periodismo no informa en detalle las cosas importantes que necesitan saber los chilenos. Veremos.
Escalona ‘No’. El partido Socialista le dijo “No” a Camilo Escalona, señalado por algunos como el mejor congresiata isabel allendecomodín que tenían los empresarios para sus arreglines en el Congreso. Con su aire taimado, puso más de un palo en la rueda del primer gobierno de Michelle Bachelet, su copartidaria. La gente socialista votó para escoger un nuevo presidente de la colectividad y escogió a Isabel Allende (foto). Será la primera mujer en dirigir al partido (socialista y machista) Lo importante es que se están removiendo costras de tiempos pretéritos, que el país debe limpiar para seguir adelante. Con Escalona habría que remover a Jorge Pizarro, Andrés Zaldívar, Ignacio Walker y tanta otra rémora que frena la Democracia.
Cobresal. Muy contento con el triunfo de Cobresal (logo) en el Torneo de Clausura 2014-2015 del fútbol logo cobresalchileno. ¡Cobresal Campeón! Lo que más me gusta es que de estar a punto del descenso, remontó y se impuso. Y el partido definitivo frente a Barnechea lo empezó perdiendo 2-0 y remontó hasta dejarlo 3-2 a su favor. Ese es el espíritu de lucha que necesitamos en todas las cosas. ¡Viva Cobresal Campeón! Tuvieron que hacer el final de la campaña futbolera, en condiciones de improvisación de sede, debido a la tragedia ocasionada por las avalanchas. Y todavía me encanta más, porque se sobrepuso a Colo Colo, equipo que se muestra como de grandeza y de figuras como el guatón Humberto Suazo y al borrachito Jean Beausejour (mapuche, dice él, que sufría de taquicardia y sudoración excesiva porque jugaba con la caña viva), que no aportan nada. Dos fraudes. Son fruto al parecer de la payola que reparten entre periodistas depostivos arrodillados. Y además, costosos, en términos de dinero. Le quitan el salario a Esteban Paredes, por ejemplo, y a otros más. Pero de lo que hablo ahora es de Cobresal. ¡Viva Cobresal Campeón!