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‘Muxes de Juchitán’ de Martín Caparrós

Martín-CaparrósAmaranta tenía siete años cuando terminó de entender las razones de su malestar: estaba cansada de hacer lo que no quería hacer. Amaranta, entonces, se llamaba Jorge y sus padres la vestían de niño, sus compañeros de escuela le jugaban a pistolas, sus hermanos le hacían goles. Amaranta se escapaba cada vez que podía, jugaba a cocinar y a las muñecas, y pensaba que los niños eran una panda de animales. De a poco, Amaranta fue descubriendo que no era uno de ellos, pero todos la seguían llamando Jorge. Su cuerpo tampoco correspondía a sus sensaciones, a sus sentimientos: Amaranta lloraba, algunas veces, o hacía llorar a sus muñecas, y todavía no conocía su nombre.

Son las cinco del alba y el sol apenas quiere, pero las calles del mercado ya están llenas de señoras imponentes: ochenta, cien kilos de carne en cuerpos breves. Las señoras son rotundas como mundos, las piernas zambas, piel cobriza, los ojos grandes negros, sus caras achatadas. Vienen de enaguas anchas y chalecos bordados; detrás van hombrecitos que empujan carretillas repletas de frutas y verduras. Las señoras les gritan órdenes en un idioma que no entiendo: los van arreando hacia sus puestos. Los hombrecitos sudan bajo el peso de los productos y los gritos.

–Güero, cómprame unos huevos de tortuga, un tamalito.

El mercado se arma: con el sol aparecen pirámides de piñas como sandías, mucho mango, plátanos ignotos, tomates, aguacates, hierbas brujas, guayabas y papayas, chiles en montaña, relojes de tres dólares, tortillas, más tortillas, pollos muertos, vivos, huevos, la cabeza de una vaca que ya no la precisa, perros muy flacos, ratas como perros, iguanas retorciéndose, trozos de venado, flores interminables, camisetas con la cara de Guevara, toneladas de cedés piratas, pulpos ensortijados, lisas, bagres, cangrejos moribundos, muy poco pez espada y las nubes de moscas. Músicas varias se mezclan en el aire, y las cotorras.

–¿Qué va a llevar, blanco?

–A usted, señora.

Y la desdentada empieza a gritar el güero me lleva, el güero me lleva, y arrecian las carcajadas. El mercado de Juchitán tiene más de dos mil puestos y en casi todos hay mujeres: tienen que ser capaces de espantar bichos, charlar en zapoteco, ofrecer sus productos, abanicarse y carcajearse al mismo tiempo todo el tiempo. El mercado es el centro de la vida económica de Juchitán y por eso, entre otras cosas, muchos dijeron que aquí regía el matriarcado.

–¿Por qué decimos que hay matriarcado acá? Porque las mujeres predominan, siempre tienen la última palabra. Acá la que manda es la mamá, mi amigo. Y después la señora.

Me dirá después un sesentón, cerveza en la cantina. En la economía tradicional de Juchitán los hombres salen a laborar los campos o a pescar, y las mujeres transforman esos productos y los venden. Las mujeres manejan el dinero, la casa, la organización de las fiestas y la educación de los hijos, pero la política, la cultura y las decisiones básicas son privilegio de los hombres.

–Eso del matriarcado es un invento de los investigadores que vienen unos días y se quedan con la primera imagen. Aquí, dicen, el hombre es un huevón y su mujer lo mantiene.

Dice el padre Francisco Hererro o cura Paco, párroco de la iglesia de San Vicente Ferrer, patrono de Juchitán.

–Pero el hombre se levanta muy temprano porque a las doce del día ya está el sol incandescente y no se puede. Entonces, cuando llegan los antropólogos ven al hombre dormido y dicen ah, es una sociedad matriarcal. No, ésta es una sociedad muy comercial y la mujer es la que vende, todo el día; pero el hombre ha trabajado la noche, la madrugada.

–Pero entonces no se cruzan nunca…

–Sí, para eso no se necesita horario, pues. Yo conozco la vida íntima, secreta, de las familias y te puedo decir que allí tampoco existe el matriarcado.

No existe, pero el papel de las mujeres es mucho más lucido que en el resto de México.

–Aquí somos valoradas por todo lo que hacemos. Aquí es valioso tener hijos, manejar un hogar, ganar nuestro dinero: sentimos el apoyo de la comunidad y eso nos permite vivir con mucha felicidad y con mucha seguridad.

Dirá Marta, mujer juchiteca. Y se les nota, incluso, en su manera de llevar el cuerpo: orgullosas, potentes, el mentón bien alzado, el hombre –si hay hombre– un paso atrás.

Juchitán es un lugar seco, difícil. Cuentan que cuando Dios le ordenó a San Vicente que hiciera un pueblo para los zapotecos, el santo bajó a la tierra y encontró un paraje encantador, con agua, verde, tierra fértil. Pero dijo que no: aquí los hombres van a ser perezosos. Entonces siguió buscando y encontró el sitio donde está Juchitán: éste es el lugar que hará a sus hijos valientes, trabajadores, bravos, dijo San Vicente, y lo fundó.

Ahora Juchitán es una ciudad ni grande ni chica, ni rica ni pobre, ni linda ni fea, en el Istmo de Tehuantepec, al sur de México: el sitio donde el continente se estrecha y deja, entre Pacífico y Atlántico, sólo doscientos kilómetros de tierra. El Istmo siempre ha sido tierra de paso y de comercio: un espacio abierto donde muy variados forasteros se fueron asentando sobre la base de la cultura zapoteca. Y su tradición económica de siglos le permitió mantener una economía tradicional: en Juchitán la mayoría de la población vive de su producción o su comercio, no del sueldo en una fábrica: la penetración de las grandes empresas y del mercado globalizado es mucho menor que en el resto del país.

–Acá no vivimos para trabajar. Acá trabajamos para vivir, no más.

Me dice una señorona en el mercado. Alrededor, Juchitán es un pueblo de siglos que no ha guardado rastros de su historia, que ha crecido de golpe. En menos de veinte años, Juchitán pasó de pueblo polvoriento campesino a ciudad de trópico caótico, y ahora son cien mil habitantes en un damero de calles asfaltadas, casas bajas, flamboyanes naranjas, buganvillas moradas; hay colores pastel en las paredes, jeeps brutales y carros de caballos. Hay pobreza pero no miseria, y cierto saber vivir de la tierra caliente. Algunos negocios tienen guardias armados con winchester “pajera”; muchos no.

Juchitán es un pueblo bravío: aquí se levantaron pronto contra los españoles, aquí desafiaron a las tropas francesas de Maximiliano y a los soldados mexicanos de Porfirio Díaz. Aquí, en 1981, la Coalición Obrero Campesino Estudiantil del Istmo –la COCEI– ganó unas elecciones municipales y la convirtió en la primera ciudad de México gobernada por la izquierda indigenista y campesina. Juchitán se hizo famosa en esos días.

Amaranta siguió jugando con muñecas, vestidos, comiditas, hasta que descubrió unos juegos que le gustaban más. Tenía ocho o nueve años cuando las escondidas se convirtieron en su momento favorito: a los chicos vecinos les gustaba eclipsarse con ella y allí, detrás de una tapia o una mata, se toqueteaban, se frotaban. Amaranta tenía un poco de miedo pero apostaba a esos placeres nuevos:

–Así crecí hasta los once, doce años, y a los trece ya tomé mi decisión, que por suerte tuvo el apoyo de mi papá y de mi mamá.

Dirá mucho después. Aquel día su madre cumplía años y Amaranta se presentó en la fiesta con pendientes y un vestido floreado, tan de señorita. Algunos fingieron una sorpresa inverosímil. Su mamá la abrazó; su padre, profesor de escuela, le dijo que respetaba su decisión pero que lo único que le pedía era que no terminara borracha en las cantinas:

–Jorge, hijo, por favor piensa en tus hermanos, en la familia. Sólo te pido que respetes nuestros valores. Y el resto, vive como debes.

Amaranta se había convertido, por fin, abiertamente, en un “muxe”. Pero seguía sin saber su nombre.

Muxe es una palabra zapoteca que quiere decir homosexual pero quiere decir mucho más que homosexual. Los muxes de Juchitán disfrutan desde siempre de una aceptación social que viene de la cultura indígena. Y se “visten” –de mujeres– y circulan por las calles como las demás señoras, sin que nadie los señale con el dedo. Pero, sobre todo: según la tradición, los muxes travestidos son chicas de su casa. Si los travestis occidentales suelen transformarse en hipermujeres hipersexuales, los muxes son hiperhogareñas:

–Los muxes de Juchitán nos caracterizamos por ser gente muy trabajadora, muy unidos a la familia, sobre todo a la mamá. Muy con la idea de trabajar para el bienestar de los padres. Nosotros somos los últimos que nos quedamos en la casa con los papás cuando ya están viejitos, porque los hermanos y hermanas se casan, hacen su vida aparte pero nosotros, como no nos casamos, siempre nos quedamos. Por eso a las mamás no les disgusta tener un hijo muxe. Y siempre hemos hecho esos trabajos de coser, bordar, cocinar, limpiar, hacer adornos para fiestas: todos los trabajos de mujer.

Dice Felina, que alguna vez se llamó Ángel. Felina tiene 33 años y una tienda –“Estética y creaciones Felina”– donde corta el pelo y vende ropa. La tienda tiene paredes verdes, maniquíes desnudos, sillones para esperar, una mesita con revistas de cotilleo, la tele con culebrón constante y un ordenador conectado a internet; Felina tiene una falda corta con su larga raja, sus piernas afeitadas más o menos, las uñas carmesí. Su historia es parecida a las demás: un descubrimiento temprano, un período ambiguo y, hacia los doce o trece, la asunción de que su cuerpo estaba equivocado. La tradición juchiteca insiste en que un muxe no se hace –nace– y que no hay forma de ir en contra del destino.

–Los muxes sólo nos juntamos con hombres, no con otra persona igual. En otros lugares ves que la pareja son dos homosexuales. Acá en cambio los muxes buscan hombres para ser su pareja.

–¿Se ven más como mujeres?

–Sí, nos sentimos más mujeres. Pero yo no quiero ocupar el lugar de la mujer ni el del hombre. Yo me siento bien como soy, diferente: en el medio, ni acá ni allá, y asumir la responsabilidad que me corresponde como ser diferente.

Cuando cumplió catorce, Amaranta se llamaba Nayeli –“te quiero” en zapoteca– y consiguió que sus padres la mandaran a estudiar inglés y teatro a Veracruz. Allí leyó su primer libro “de literatura”: se llamaba Cien años de soledad y un personaje la impactó: era, por supuesto, Amaranta Buendía.

–A partir de ahí decidí que ése sería mi nombre, y empecé a pensar cómo construir su identidad, cómo podía ser su vida, mi vida. Tradicionalmente los muxes en Juchitán trabajamos en los quehaceres de la casa. Yo, sin menospreciar todo esto, me pregunté por qué tenía que cumplir esos roles.

Amaranta mueve su mano derecha sin parar y conversa con soltura de torrente, eligiendo palabras:

–Entonces pensé que quería estar en la boca de la gente, del público, y empecé a trabajar en un show travesti que se llamaba New Les Femmes.

Durante un par de años las cuatro “New Les Femmes” recorrieron el país imitando a actrices y cantantes. Amaranta se lo tomó en serio: estudiaba cada gesto, cada movimiento, y era muy buena haciendo a Paloma San Basilio y Rocío Durcal. Era una vida y le gustaba –y podría haberle durado muchos años.

En Juchitán no se ven extranjeros: no hay turismo ni razones para que lo haya. Suele hacer un calor imposible, pero estos días sopla un viento sin mengua: aire corriendo entre los dos océanos. El viento refresca pero pega a los cuerpos los vestidos, levanta arena, provoca más chillidos de los pájaros. Los juchitecas se desasosiegan con el viento.

–¿Qué está buscando por acá?

En una calle del centro hay un local con su cartel: Neuróticos Anónimos. Adentro, reunidos, seis hombres y mujeres se cuentan sus historias; más tarde ese señor me explicará que lo hacen para

dejar de sufrir, “porque el ser humano sufre mucho los celos, la ira, la cólera, la soberbia, la lujuria”. Después ese señor –cuarenta años, modelo Pedro Infante– me contará la historia de uno que vino durante muchos meses para olvidar a un muxe:

–El pobre hombre ya estaba casado, quería formar una familia, pero extrañaba al muxe, lo veía, la esposa se enteraba y le daba coraje. Y si no, igual a él le resultaba muy doloroso no poder dejarlo.

Sabía que tenía que dejarlo pero no podía, lo tenía como embrujado.

De pronto me pareció evidente que ese hombre era él.

–¿Y se curó?

Le pregunté, manteniendo la ficción del otro.

–No, yo no creo que se cure nunca. Es que tienen algo, mi amigo, tienen algo.

Me dijo, con la sonrisa triste. Felina me había contado que una de las “funciones sociales” tradicionales de los muxes era la iniciación sexual de los jóvenes juchitecas. Aquí la virginidad de las novias era un valor fundamental y los jóvenes juchitecas siguen respetando más a las novias que no se acuestan con ellos, y entonces los servicios de un muxe son el mejor recurso disponible.

Las New Les Femmes habían quedado en encontrarse, tras tres meses de vacaciones, en un pueblo de Chiapas donde habían cerrado un buen contrato. Amaranta llegó un día antes de la cita y esperó y esperó. Al otro día empezó a hacer llamadas: así se enteró de que dos de sus amigas habían muerto de sida y la tercera estaba postrada por la enfermedad. Hasta ese momento Amaranta no le había hecho mucho caso al VIH, y ni siquiera se cuidaba.

–¿Cómo era posible que las cosas pudieran cambiar tan drásticamente, tan de pronto? Ellas estaban tan vivas, tenían tanto camino por delante No te voy a decir que me sentía culpable, pero sí con un compromiso moral enorme de hacer algo.

Fue su camino de Damasco. Muerta de miedo, Amaranta se hizo los análisis. Cuando le dijeron que se había salvado, se contactó con un grupo que llevaba dos años trabajando sobre el sida en el Istmo: Gunaxhii Guendanabani –Ama la Vida– era una pequeña organización de mujeres juchitecas que la aceptaron como una más. Entonces Amaranta organizó a sus amigas para hacer campañas de prevención. Los muxes fueron muy importantes para convencer a los más jóvenes de la necesidad del sexo protegido.

–El tema del VIH viene a abrir la caja de Pandora y ahí aparece todo: las elecciones sexuales, la autoestima, el contexto cultural, la inserción social, la salud, la economía, los derechos humanos, la política incluso.

Amaranta se especializó en el tema, consiguió becas, trabajó en Juchitán, en el resto de México y en países centroamericanos, dio cursos, talleres, estudió, organizó charlas, marchas, obras de teatro. Después Amaranta se incorporó a un partido político nuevo, México Posible, que venía de la confluencia de grupos feministas, ecologistas, indigenistas y de derechos humanos. Era una verdadera militante.

En la cantina suena un fandango tehuano y sólo hay hombres. Afuera el calor es criminal; aquí adentro, cervezas. En las paredes hay papagayos pintados que beben coronitas y en un rincón la tele grande como el otro mundo repite un gol horrible. Bajo el techo de palma hay un ventilador que vuela lento.

–Venga, güero, tómese una cerveza.

Una mesa con cinco cuarentones está repleta de botellas vacías y me siento con ellos. Al cabo de un rato les pregunto por los muxes y hay varias carcajadas:

–No, para qué, si acá cada cual tiene su mujercita.

–Sus mujercitas, buey.

Corrige otro. Un tercero los mira con ojitos achinados de cerveza:

–A ver quién de ustedes no se ha chingado nunca un muxe. A ver quién es el maricón que nunca se ha chingado un muxe.

Desafía, y hay sonrisas cómplices.

–¡Por los muxes!

Grita uno, y todos brindan…brindamos.

La invitación estaba impresa en una hoja de papel común: “Los señores Antonio Sánchez Aquino y Gimena Gómez Castillo tienen el honor de invitar a usted y a su apreciable familia al 25 aniversario de la señorita María Rosa Mística que se llevará a cabo en”. La fiesta fue la semana pasada; ayer, cuando me la encontré en la calle vendiendo quesos que prepara con su madre, la señorita María Rosa Mística parecía, dicho sea con todos los respetos, un hombre feo retacón y muy ancho metido adentro de una falda interminable que me dijo que ahorita no podía charlar pero quizás mañana.

–A las doce en el bar Jardín, ¿te parece?

Dijo, pero me dio el número de su celular “por si no llego”. Y ahora la estoy llamando porque ya lleva una hora de retraso; no, sí, ahorita voy. Supuse que se estaba dando aires –un supuesto truco femenino–. Al rato, Mística llega con Pilar –“una vecina”– y me cuenta que vienen del velorio de un primo que se murió de sida anoche:

–Pobre Raúl, le daba tanta pena, no quería decirle a nadie qué tenía, no quería que su madre se enterara. Si acá todos la queríamos Pero creía que la iban a rechazar y decía que era un virus de perro, un dolor de cabeza, escondía los análisis. Y se dejó morir de vergüenza.

Dice Mística, triste, transfigurada: ahora es una reina zapoteca altiva, inmensa. El cura Paco me había dicho que aquí todavía no ha penetrado el modelo griego de belleza: que las mujeres para ser bellas tienen que ser frondosas, carnosas, bebedoras, bailonas. “Moza, moza, la mujer entre más gorda más hermosa”, me dijo que se dice. Así que Mística debe ser una especie de Angelina Jolly: un cuerpo desmedido, tacos, enaguas anchas y un huipil rojo fuego con bordados de oro. El lápiz le ha dibujado labios muy improbables, un corazón en llamas.

–Yo también estoy enferma. Pero no por eso voy a dejarme morir, ¿no? Yo estoy peleando, a puritos vergazos. Ahorita me cuido mucho y cuido a las personas con las que tengo relaciones: la gente no tiene la culpa de que yo me haya enfermado. Yo no soy así, vengativa. Ahorita ando con un muchacho de 16 años; a mí me gustan mucho los niños y, la verdad, pues me siento bien con él pero también me siento mal porque es muy niño para mí.

Declara su vecina. Pilar es un muxe pasado por la aculturación moderna: hace unos años se fue a vivir a la ciudad de México y consiguió trabajo en la cocina de un restorán chino.

–Y también trabajo a la noche, cuando salgo y no me siento cansada, si necesito unos pesos voy por Insurgentes, por la Zona Rosa y me busco unos hombres. A mí me gusta eso, me siento muy mujer, más que mujer. A mí lo único que me falta es ésta.

Dice y se aprieta con la mano la entrepierna. Pilar va de pantalones ajustados y una blusa escotada que deja ver el nacimiento de sus tetas de saldo.

–Te sobra, se diría.

Le dice Mística, zumbona.

–Sí, me falta, me sobra. Pensé en operarme pero no puedo, son como cuarenta mil pesos, es mucho dinero.

Cuarenta mil pesos son cuatro mil dólares y Pilar cobra doscientos o trescientos pesos por servicio. Mística transpira y se seca con cuidado de no correrse el maquillaje. A Mística no le gusta la idea de trabajar de prostituta:

–No, le temo mucho. Me da miedo enamorarme perdidamente de alguien, me da miedo la violencia de los hombres. Yo me divierto en las fiestas y en la conga, cuando ando tomada ligo mucho.

Tradicionalmente los muxes juchitecas no se prostituyen: no lo necesitan porque no existe la marginación que les impide otra salida. Pero algunas han empezado a hacerlo.

–Ni tampoco quiero operarme. Yo soy feliz así. Tengo más libertad que una mujer, puedo hacer lo que quiero. Y también tengo mi marido que me quiere y me busca

Dice Mística. Su novio tiene 18 años y es estudiante: ya llevan, dice, orgullosa, más de seis meses juntos.

En septiembre del 2002, Amaranta había encontrado un hombre que por fin consiguió cautivarla: era un técnico en refrigeración que atendía grandes hoteles en Huatulco, un pueblo turístico sobre el Pacífico, a tres horas al norte de aquí.

–Era un chavo muy lindo y me pidió que me quedara con él, que estaba solo, que me necesitaba, y nos instalamos juntos. Era una relación de equidad, pagábamos todo a la par, estábamos haciendo algo juntos.

Amaranta se sentía enamorada y decidió que quería bajar su participación política para apostar a “crear una familia”. Pero una noche de octubre se tomó un autobús hacia Oaxaca para asistir a un acto; el autobús volcó y el brazo izquierdo de Amaranta quedó demasiado roto como para poder reconstruirlo: se lo amputaron a la altura del hombro.

–Yo no sé si creer en el destino o no, pero sí creo en las circunstancias, que las cosas se dan cuando tienen que darse. Era un momento de definición y con el accidente tuve que preguntarme: Amaranta dónde estás parada, adónde va tu vida.

Su novio no estuvo a la altura, y Amaranta se dio cuenta de que lo que más le importaba era su familia, sus compañeros y compañeras, su partido. Entonces trató de no dejarse abatir por ese brazo ausente, retomó su militancia con más ganas y, cuando le ofrecieron una candidatura a diputada federal –el segundo puesto de la lista nacional–, la aceptó sin dudar. Empezó a recorrer el país buscando apoyos, hablando en público, agitando, organizando: su figura se estaba haciendo popular y tenía buenas chances de aprovechar el descrédito de los políticos tradicionales y su propia novedad para convertirse en la primera diputada travestida del país y –muy probablemente– del mundo.

El padre Paco lleva bigotes y no está de acuerdo. El cura quiere ser tolerante y a veces le sale: dice que la homosexualidad no es natural pero que en las sociedades indígenas, como son más maduras, cada quien es aceptado como es. Pero que ahora, en Juchitán, hay gente que deja de aceptar a algunos homosexuales porque se están “occidentalizando”.

–¿Qué significa occidentalizarse en este caso?

–Pues, por ejemplo meterse en la vida política, como se ha metido ahora Amaranta. A mí me preocupa, veo otros intereses que están jugando con ella o con él no, con ella, pues. Porque el homosexual de aquí es el que vive normalmente, no le interesa trascender, ser figura, sino que vive en la mentalidad indígena del mundo. Mientras no rompan el modo de vida local, siguen siendo aceptados
–¿Tú has roto con esa tradición de los muxes?

Le preguntaré otro día a Amaranta.

–La apuesta no es dejar de hacer pasteles o de bordar o de hacer fiestas, para nada; la apuesta es fortalecer desde estos espacios públicos eso que siempre hemos hecho.

Amaranta Gómez Regalado es muy mujer. Más de una vez, charlando con ella, me olvido de que su documento dice Jorge.

Hay estruendo de cuervos y bocinas y no se sabe quién imita a quién. En el medio del Zócalo –la plaza central de Juchitán–, junto al quiosco donde a veces toca la banda o la marimba, una panda de skaters hace sus morisquetas sobre ruedas. Las piruetas les fallan casi siempre. Una mujer montaña con faldas de colores, enaguas y rebozo se cruza en el camino y casi provoca el accidente. Llevan pantalones raperos y gorras de los Gigantes de San Francisco o los Yankees de Nueva York, y uno me dirá que lo que más quiere en la vida es pasar la frontera, pero que ahora con la guerra quién sabe:

–No vaya a ser que te metan en su army y te manden al frente.

Entonces le pregunto por los muxes y le brillan los ojos: no sé si es sorna, orgullo o sólo un buen recuerdo.

–¿Tú has venido por eso?

No puedo decirle que no; tampoco vale la pena explicarle que no es lo que él supone. Se huele el mango, los plátanos maduros, pescado seco, la harina de maíz y las gardenias. Más allá, una sábana pintada y colgada de dos árboles anuncia que “la Secretaría de la Defensa Nacional te invita a ingresar a sus filas en el arma de Infantería. Te ofrecemos alojamiento, alimentación, seguro médico, seguro de vida”; dos soldaditos magros esperan candidatos. Los lustrabotas se aburren y transpiran. Por la calle pasa el coche con altavoz que lee las noticias: “Siete días tuvieron encerradas a parturienta y sus gemelas por no pagar la cuenta” Dos mujeronas van agarradas de la mano y una le tienta a otra con la mano una pequeña parte de la grupa:

–¡Mira lo que te pierdes!

Le grita a un hombre flaco que las mira. A un costado, bajo un toldo para el sol espantoso, se desarrolla el “Maratón microfónico y de estilistas” organizado por Gunaxhii Guendanabani: una docena de peluqueras muxes y mujeres tijeretean cabezas por la causa mientras una señora lee consejos “para vivir una sexualidad plena, responsable y placentera”. Una chica de quince embarazada, vestidito de frutas, se acerca de la mano de su mamá imponente. Colegialas distribuyen cintas rojas y Amaranta saluda, da aliento, contesta a unas mujeres que se interesan por su candidatura o por su brazo ausente. Lleva un colgante de obsidianas sobre la blusa de batik violeta y la pollera larga muy floreada, la cara firme, la frente despejada y los ojos, sobre todo los ojos. Se la ve tan a gusto, tan llena de energía:

–¿Y cómo te resulta esto de haberte transformado en un personaje público?
–Pues mira, no he tenido tiempo de preguntármelo todavía. Por un lado era lo que yo quería, lo había soñado, imaginado.

–Pero si ganas te va a resultar mucho más difícil conseguir un novio.

Amaranta se retira el pelo de la cara, coqueta, con mohines:

–Sí, se vuelve más complicado, pero el problema es más de fondo: si a los hombres les cuesta mucho trabajo estar con una mujer más inteligente que ellos, ¡pues imagínate lo que les puede costar estar con un muxe mucho más inteligente que ellos! ¡Ay, mamacita, qué difícil va a ser!

Dice, y nos da la carcajada.

Amaranta Gómez Regalado y su partido, México Posible, fueron derrotados. El resultado de las elecciones fue una sorpresa incluso para los analistas, que les auguraban mucho más que los 244.000 votos que consiguieron en todo el país. Según dijeron, el principal problema fue el crecimiento de la abstención electoral y las enormes sumas que gastaron en propaganda los tres partidos principales. Amaranta se deprimió un poco, trató de disimularlo y ahora dice que va a seguir adelante pese a todo.

Martín Caparrós (foto)

 

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Sobre Kast; Bravo; Cavallo; y Efelbein

kastKast. Se les está pasando la mano a los de la Unión Demócrata Independiente, Udi, que quieren convertir en héroe a José Antonio Kast, porque en Iquique un grupo de desadaptados antifascistas lo atacó. Le pegaron por fascista. Pero no es más que un caso aislado. Sin embargo, han querido convertirlo en un hecho de Estado. Ayer en la mañana, el canal de la Udi, Tvn, lo presentó como el mártir San Sebastián. Un abogado, Gonzalo Müller, elaboró una teoría irresponsable: hay un plan desestabilizador del Estado, que se manifestó en un grupo que, de manera preconcebida, impidió la libre expresión y agredió a José Antonio Kast, quien “representa” al ciudadano común de Chile y, en consecuencia, “debe prestársele mayor atención a las universidades”. Qué significa eso, ¿militalizarlas? Una exposición tan alucinada, como el ideario de José Antonio Kast. Que respiren profundo los de la Udi. Lo que ocurrió fue que un grupo de desadaptado antifascistas agredió, fuera de la universidad, a un fascista llamado José Antonio Kast. Eso fue. No representa ni significa nada más. Es ridículo considerar ese bochorno como un acto de desestabilización del Estado, como lo hizo el abogado irresponsable Müller, con cara de trascendental. Y ridículo pedir que el Parlamento se pronuncie, mediante una declaración, condenando el hecho y exaltando la persona de Kast. ¿En serio, usar el Congreso para condenar una agresión personal, condenable eso sí, sin más propósito que el que pueda tener una pelea de borrachos? El Parlamento de Chile no está para esas estupideces. En mucho se parecen la política y la farándula, a veces. Como esta vez.

Bravo. Algunos quieren poner en menos a Claudio Bravo, porque declinó estar en la claudio-bravoSelección de Fútbol. Se marginó porque es consecuente con su idea de que el alcohol carcome al equipo, desde los tiempos del ‘bautizazo’ gerenciado por Jorge Valdivia (que tanto le costó al entonces rey de los asados, Claudio Borghi, un técnico sin don de mando) Admiramos la decisión de Bravo. Tipos con carácter hacen falta en la Selección, en la política, en la administración pública y en muchas otras partes. Fue triste ver a Alexis Sánchez decir que “Claudio tiene las puertas abiertas en la Selección”, como si hubiera cometido una falta y se la estuvieran perdonando. Al contrario, otros han cometido una, dos y tres faltas, y siguen tan tranquilos, con cierto cinismo, dentro de la Selección.

Cavallo. Nunca es tarde para expresar que las circunstancias le jugaron una mala jenny-cavallo-002-1pasada a la humorista Jenny Cavallo en el recientemente pasado Festival de Viña del Mar. Muy cerca del final de su rutina, algo le ocurrió, en la salud, a un espectador en la galería, y se formó un remolino de gente y gritos de auxilio, que muchos interpretaron como abucheos a la humorista. El hecho modificó los ánimos del público, que hasta ese momento eran por completo favorables a la buena presentación de Jenny Cavallo. Al final, ganó solo la Gaviota de Plata, mientras todos los demás humoristas del Festival se llevaron esa y la Gaviota de Oro. Hay que decir, aunque sea tarde, que Jenny Cavallo también mereció y ganó la de Oro, pero las circunstancias le jugaron en contra.

Pasapalabra. De admirar el trabajo de Julián Efelbein en Chilevisión, con el programa elfenbeinde los domingos en la noche llamado ‘Pasapalabra’. Sin un peso de presupuesto, por lo que se ve, y sin despliegue de tecnologías (con apenas una cortina musical y una con voz en off) Julián Efelbein se las arregla para darle vida a ese programa. En situaciones de carencia y dificultad es que se puede medir a las personas por la actitud. Y la mejor manera de medir al animador en este caso, es que hace un trabajo inmejorable. Un programa de concurso, enteramente familiar, casero, agradable. Ojalá le lluevan a Pasapalabra auspiciadores que quieran patrocinar un espacio de sano esparcimiento.

 

Nueva arremetida retrógrada contra Yerko

yerko-810x540Excelente la primera rutina de Yerko Puchento en su inicio de temporada 2018. Quizás no hubiera sido necesario pintarse la cara de negro y ponerse una peluca encrespada para hablar de la migración de haitianos hacia Chile. El atuendo característico de Yerko Puchento hubiese bastado. Eso sería lo único a comentar. Sin embargo, al día siguiente, como si se hubieran puesto de acuerdo, salieron El Mercurio y La Tercera a descalificar a nuestro admirado humorista. Lo consideraron ‘irrespetuoso’ por una broma que hizo a la actriz transgénero Daniela Vega. La talla no me pareció tan terrible como la quisieron hacer ver. Y como si hubiese intocables. En sus páginas web, esos diarios dejaron ‘colgada’ la ‘noticia’ de crítica durante varios días, sin explicación alguna. También escuché a Sergio ‘Checho’ Hirane, como una comadre histérica, despotricar por la retrógrada Radio Agricultura contra Yerko Puchento. Él, que dice ser ‘humorista’, pelaba como vieja copuchenta la rutina de su colega. ‘Checho’ Hirane, el admirador del traidor, ladrón y asesino Augusto Pinochet, que se viste de militar los días patrios, este seudo analista político que estila veneno, seudo periodista que inventa crisis y desastres donde no los hay, seudo humorista que tuvo un late en un canal de cable que no duró más de 3 programas, babeaba contra Yerko Puchento, pidiendo su cabeza. Dijo que cómo permitía Andrónico Luksic, el dueño del Canal 13, que Yerko Puchento hiciera bromas ‘tan pesadas’. Tal vez no ha notado el seudo humorista ‘Checho’ Hirane que Luksic es más liberal que él, más moderno que él, menos cartucho que él. Con las babas chorreando, que se oye que las chupa para que no caigan sobre la mesa del locutorio, y que hace un ruido como si aspirara hasta las muelas, tan desagradables manías para los oyentes, clamaba, en actitud por completo histérica, que debían sancionar y sacar del aire a Yerko Puchento. O sea, tres medios con nostalgia de dictadura, El Mercurio, La Tercera y Radio Agricultura (la emisora por la que habla irresponsablemente ‘Checho’ Hirane), en picada contra Yerko Puchento. Quieren que Yerko sea una especie de monja o cura de buenos modales, desfigurándolo. No es así Yerko Puchento. Él es cínico, es cruel, es ácido, es de humor negro. Pero, sobre todo, Yerko Puchento es de crítica social. Y esto es lo que los conservadores, los retrógrados como ‘Checho’ Hirane, no soportan. Amparándose en una crítica de forma, lo que quieren es callar su voz de protesta. Ellos se quedaron en el pasado, en más de un sentido. Quieren que todos seamos unos amargados como ellos. Que el país viva amordazado. Y les arde en aquella parte, que un humorista de verdad tenga la más alta sintonía, sea el más admirado y más inteligente que ellos. Dejen de rebuznar.

JC macho machote; arzobispo de Malta

JC RodríguezMacho Machote. Cuando dábamos por cerrada la sucesión de Mauricio Israel como ‘el playboy de Chile’, Julio César Rodríguez (foto) saltó a la palestra con la mano arriba. ¿Hay alguien que pueda ser el sucesor de Mauricio Israel?, se preguntaba todo el mundo, y J. C. Rodríguez se levantó y dijo, como el Chapulín Colorado: “Yo”. Y es verdad. Rodríguez es el mejor continuador de las proezas de Israel. Vuelve locas a todas las mujeres. Es un macho machote. Una amiga de Raquel Argandoña le confidenció que una conocida de una amiga de esa amiga daba fe de que Rodríguez era un amante insuperable. Que tenía lo suyo. Y viene a la mente, entonces, que cuando convivía con Laura Prieto dio una entrevista en la que dijo algo profundo: “Yo hago el amor tantas veces al día cuantas veces tenga ganas”. ¡Oh!, qué hombre admirable. ¡Qué macho! ¡Qué varón! Y, además, contaron que ha tenido 15 pololas. ¡Quince! Una de ellas, Alejandra Valle; confirmó que lo más importante es que Rodríguez es simpático. Más que un “macho recio”, dijo, es un hombre “muy sensible”. Así que, sin dudas, destronó a Mauricio Israel. Aunque la versión menos estrafalaria y más realista la tiene Aristarco: Julio César Rodríguez salió de los extramuros de Concepción, de una pequeña comuna llamada Hualpén. Y de pronto se ve en Santiago, con acceso a jovencitas de Providencia y Vitacura. Y deslumbrado, muerto de contento con su buena suerte, empieza a “comérselas a todas”. Aristarco resumen así: Rodríguez es un cazador. Su última presa es Camila Nash. A raíz de esta caza, le han hecho programas de televisión para mostrar su incomparable masculinidad. Es todo un semental. Siempre dispuesto, hasta cuando está laborando (parece, por la foto) en la cadena radial demócrata cristiana ‘Bio Bio’. Todos están de acuerdo en que ya sabe cómo funcionan las cosas y qué teclas tocar para que suene la melodía. Y está feliz, como cuando llegó a Santiago. Y seguirá cazando. Además, al final sabe que tiene un refugio seguro: Francisca García Huidobro. Ya lo dijeron hace dos años en la portada de la revista ‘Caras’: “Vamos a estar juntos… a los 70”.

Malta. Cuando el papa Francisco nombró a Juan Barros obispo de la ciudad de Osorno, arzobispo charles ciclonien el sur de Chile, hubo marchas de protesta, y durante la primera misa la gente asistió con globos de aire negros y carteles que decían ¡Fuera Barros! La reacción de la gente se debió a que Barros había sido involucrado en el más connotado caso de pederastia y pedofilia de la iglesia católica en Chile, el de “el cura de los ricos” Fernando Karadima. Se indicó que Barros fue testigo y cómplice de los abusos infantiles de Karadima. Hace un año, un feligrés chileno le preguntó al papa, en la Plaza de San Pedro, por el caso del obispo Barros. El papa contestó: “La gente es tonta, se deja llevar por la zurda”. Recientemente el papa estuvo en Chile, y una periodista le preguntó por el obispo Barros. Dijo: “No tengo información”. Los niños afectados por los abusos sexuales de Karadima, que hoy son hombres adultos, traumatizados, señalaron a Barros como una persona cercana a Karadima, y como encubridor de sus actos pervertidos. Ellos consideraron la actitud del papa una burla. Las cámaras de televisión mostraron a un papa sonriente, que le daba un beso en la mejilla al obispo Barros, cuando terminó su viaje a Chile. Y todo quedó así. Sin embargo, parece que un gusto amargo incomodó al papa en el “asunto Barros”, y envió al arzobispo de Malta, Charles Scicluna, a investigar las denuncias contra el obispo de Osorno. El arzobispo Scicluna tuvo que ser operado de urgencia, por un cuadro inflamatorio de la vesícula biliar, y eso interrumpió las entrevistas con las víctimas, pero finalmente terminó su labor: escuchó a los violados por Karadima y a quienes acusan a Barros de encubrirlo; y a muchísimos más, incluso al arzobispo de Santiago, Ricardo Ezzati, señalado, también, de encubrimiento. El arzobispo Scicluna hace poco regresó a Roma. ¿La investigación ordenada por el papa terminará en que es una tontera de los violados y los abusados sexualmente, que se dejaron llevar por “la zurda”? ¿Removerán al obispo encubridor Juan Barros? Yo creo que todo fue una pantomima. Ojalá me equivoque. Y si ocurre, lo reconoceré aquí mismo. Entre tanto, todos quedamos a la espera.

Publicidad; la política; el CDF; el manoseo JC

CDFA riesgo de extemporáneo, las opiniones que siguen hacía varios días quería publicarlas y solo ahora lo logro.

1) PUBLICIDAD. Un excelente ejemplo dan las autoridades argentinas al prohibir en los medios audiovisuales las frases que se dicen a la alta velocidad y nadie entiende. Esa es una manera equivalente de usar la letra chica en los documentos bancarios, por ejemplo. Chile debería imitar esa buena decisión vecina.

2) D.C. MINORÍA. Muchas veces hemos dicho aquí y desde hace muchos años que la Democracia Cristiana proviene del fascismo español y nada tenía que hacer en la Concertación, primero, y después en la Nueva Mayoría. Los que tengan memoria o quieran consultar el archivo del blog, recordarán también que dijimos que no hubo más acucioso e incisivo opositor a los gobiernos de Michelle Bachelet que los demócratacristianos; un ejemplo: Ignacio Walker. Hablaban siempre como si fueran la mayoría de las coaliciones. Siempre dijimos que eran un bluf, que debían salirse, o, en el peor de los casos, ser echados, corridos, porque no eran más que una minoría catete. La realidad nos dio la razón. Ahora que se lanzaron de manera independiente a la presidencia de Chile, se pudo saber que la Democracia Cristiano no tiene ninguna importancia numérica. Son una mínima minoría, a pesar de todo el apoyo que tuvo de la cadena radial demócratacristiana Radio Bio Bio.

3) BURLA. La clase política es dueña de un cinismo a prueba de balas. Terminada la votación por candidatos al Congreso, los electores les dijeron a varios políticos “ya no más”. Estos políticos perdieron sus curules, afortunadamente. Uno de ellos el marrullero Andrés Zaldívar, defensor abierto y solapado del gremio pesquero. Sin embargo, al día siguiente de que los electores lo mandaron para la casa, el Congreso lo nombró en un cargo cuya función es fijarles los sueldos a los parlamentarios. ¡Qué burla hacen del pueblo, al que dicen representar!

4) CDF-COLO COLO. El Canal del Fútbol, CDF, ¿es de Colo Colo? Lo preguntamos porque la ‘cortina’ televisiva para separar informes e imágenes del CDF la hace Jorge Valdivia, quien actúa como si despertara de una pesadilla. Los demás clubes tienen el derecho de reclamar que se suspenda esa publicidad a un jugador y a un equipo, porque todos los demás tienen el mismo derecho de aparecer ahí. El CDF debería guardar distancia y ser ecuánime con todos los equipos de fútbol. ¿No había un actor para hacer eso? ¿No había un desconocido, con mínimas dotes de actor, que hiciera esa publicidad? ¿Tenía que ser, obligadamente, Jorge Valdivia del Colo Colo?

5) DECADENCIA. De Jorge Valdivia decir, también que, inadvertidamente, se convirtió en vocero de Colo Colo y hombre imprescindible del futbol chileno. En días pasados rabió, no se supo con quién, diciendo que él no estaba acabado. No era un decadente. Que ahora corría los 90 minutos del partido. ¿Y eso es una proeza? ¡Todo futbolista, por malo que pueda considerársele, debe correr los 90 minutos! Es lo mínimo que debe hacer. Para eso le pagan, y en el caso suyo, le pagan de más. Hacerle ver, entonces, que un futbolista a su edad, que pasó por el fútbol extranjero, sin tanta gloria como él se cree, y ahora se esfuerza por correr 90 minutos en cada partido del torneo doméstico, está en el final de su carrera. Así nomás es.

6) MANOSEO OBSESIVO. También lo hemos dicho muchas veces en esta página: todo lo que habla Julio César Rodríguez es en doble sentido, ¡qué aburrimiento! Tiene la morbosidad a flor de piel. Su mente está mal diseñada: está llena de penes y vaginas. Muy notorio durante la alfombra roja del Festival de Viña del Mar 2018. A todas las mujeres que entrevistó las tomó por la cintura, innecesariamente. A todas les miró los pechos, descaradamente. Pueden ver el video. Si la mujer estaba parada a su izquierda, él tomaba el micrófono con la mano derecha, y con su izquierda la abrazaba abusivamente, aprovechando la oportunidad; misma operación si ella estaba en su lado derecho: tomaba el micrófono con la izquierda, y con la mano derecha la abrazaba abusivamente. Están los videos para confirmar lo que aquí se dice. Y cuando no manosea a las invitadas a la gala de Viña, manosea a Francisca García Huidobro en el programa ‘Primer Plano’, o en el del festival. Pareciera que tiene un problema de calentura sexual permanente don Julio César Rodríguez. Propia de la adolescencia. En un programa de televisión se ufanó de que él hacía el amor varias veces al día, cada vez que tenía ganas. Estaba conviviendo con Laura Prieto en ese momento. Y bueno, hace unos años, cuando comenzó en la cadena radial demócratacristian Bio Bio, dijimos que necesitaba un(a) fonoaudiólogo(a), porque hablaba como si tuviera la boca llena de babas, asunto que no atendió y por eso no ha mejorado su dicción. En este momento decimos que necesita un(a) psicólogo(a) para superar esa tara sexual que lo agobia.

El papa Francisco

Debo confesar que la visita del papa Francisco me dejo un gusto amargo. Porque en realidad no hubo nada constructivo que recordar. No se me viene a la mente una sola frase interesante que haya dicho, digna de repetir. Díganme una, por favor. Admito que, quizás, mi visión esté sesgada. No sé si para la ‘zurda’, como el papa les dijo de los habitantes de Osorno (“tontos”, que se dejan influenciar “por zurdos”) cuando un turista le reclamó, informalmente, en la Plaza de San Pedro del Vaticano, a propósito del recientemente nombrado obispo Juan Barros. Porque, justamente, la presencia de este señor, Juan Barros, fue lo que empañó la visita del papa. Una presencia provocadora, en todas partes. Y Barros es alguien que está mencionado en investigaciones civiles y eclesiásticas, como “encubridor del abusador sexual de niños Fernando Karadima”. Barros fue quien, en aquellos tiempos, desapareció, como cercano al delincuente Karadima, cualquier queja o reclamo contra este degenerado. Es lo que afirman José Andrés Murillo, James Hamilton y Juan Carlos Cruz. La causa contra el abusador de niños Fernando Karadima, también la conoció y desvió, y se la jugó por ocultarla, el actual arzobispo Ricardo Ezati. Esa causa llegó al Vaticano, y el papa Francisco se negó a responder una solicitud de la Corte Suprema de Justicia de Chile. De modo que el papa estaba al tanto, y no cabía que dijera ahora que “muéstrenme una prueba”, o “esas son calumnias contra el obispo Juan Barros”. Con todo respeto, pero le creo más a Cruz, Hamilton y Murillo, que a Jorge Bergoglio, el papa Francisco. Y lo más ofensivo, me pareció, el beso que le dio el papa en la mejilla derecha a Juan Barros, antes de partir a Perú. Un mal sabor me dejó la visita del papa. Un sabor amargo.

Viña; Manoseo en ‘Primer Plano’; Dávalos

viña-2018-750x540Viña. Anunciaron que los canales de televisión Tvn, Mega y 13 no harán programas desde Viña del Mar, antes, durante y después del Festival Internacional de la Canción 2018. Excelente decisión. No solamente por lo que pueda significar en términos de ahorro presupuestal de los canales, sino de no sobresaturar a la audiencia. Los espacios durante el Festival de Viña, digámoslo, son tonteras nada más. Rellenos. Solamente Chilevisión, canal dueño provisional del festival, tendrá este año espacios en directo desde la costa.

Manoseo. Qué desagradable intentar ver ‘Primer Plano’, el programa de Chilevisión primer_planosobre farándula, que su coanimadora Francisca García-Huidobro insiste en resaltar como ‘el único estelar’ de la televisión chilena, por ese manoseo de ella con su coanimador Julio César Rodríguez, y manoseo de este con ella. ¿Por qué salen pegados manoseándose, si el tiro de cámara es abierto, en el que ocupan una sexta parte de la pantalla? Tonka Tomicic y Polo Ramírez no se manosean para hacer el programa, Cristián Sánchez y María Luisa Godoy no se manosean para hacer el programa, Luis Jara y Katherine Salosny no se manosean para hacer el programa, Martín Cárcamo y Diana Bolocco no se manosean y Rafael Araneda y Carolina de Morás no se manosean. ¿Por qué Francisca García-Huidobro y Julio César Rodríguez tienen que hacerlo? ¿Porque estuvieron casados? Eso no nos importa, no es asunto de los televidentes. No se ven amorosos, sino morbosos. Vulgares. Y ese manoseo no es un juego televisivo, porque eso, como vimos con las otras parejas, no es necesario. Más bien, un irrespeto al novia o la novia de cada uno de ellos. Y al televidente.

Dávalos. Miro a la presidente Michelle Bachelet y me pregunto cómo pudo criar un Dávalosmentecato como Sebastián Dávalos. De este guatón transpirado ya hemos dicho que está lleno de narcisismo, de arrogancia y prepotencia. Siendo ya un cuarentón, se siente el niño mimado de mamá. Y actúa como tal. Pero como es adulto, pailón y guatón, se ve como un idiota, un zoquete, un imbécil. Calificativos que le vienen después de la arenga que lanzó por haber sido sobreseído en una de las causas que se le siguen, a causa del negociado que perpetró con su esposa en la compra de un eriazo en ganga, para venderlo a los pocos días, por una millonada, con al parecer la promesa de que se harían las gestiones ante las autoridades para cambiar el uso del suelo, valorizándolo de ese modo. Si esto no es delictivo, es, por lo menos, falto de ética. Y si además actuó cuando todavía era (¡lamentablemente!) funcionario público (en La Moneda, al lado de la mamita), es doblemente execrable. Pero lo lamentable en esta ocasión (¡otra vez!) es que salió del juzgado a lanzar una proclama, como si fuera un héroe de guerra. ¡No!, guatón transpirado, no eres un héroe, sino un sujeto que actúa de mala fe, a expensas de la mamita, la señora presidente de Chile. El guatón transpirado trató a la Fiscalía de “la muy corrupta”, y de otras cosas más, y la amenazó con demandas judiciales. La Fiscalía debe recoger este guante, porque no es “libertad de expresión”, como adujo después (cuando se dio cuenta de que la había embarrado) injuriar con publicidad. Qué majadero crió la señora presidente, ¡por Dios!