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40 ítem del ‘decálogo’ de Umberto Eco para escribir

umberto-ecoUna vez más acudimos a uno de los muchos ‘decálogos’ que críticos y escritores elaboran con el fin de ordenar los consejos sacados de la experiencia, sobre cómo escribir. Ya sabemos que la inspiración no basta. Lo más importante es sentarse y escribir. Hacerlo metódicamente, a diario, disciplinadamente. Y una vez nos enfrentamos al acto de elaborar historias mediante las palabras, debemos considerar algunas normas gramaticales. De todo este proceso surgen las grandes obras, y también los ‘decálogos’. Hoy quiero compartirles el “decálogo” (¡de 40 puntos!) que confeccionó el semiólogo italiano Umberto Eco (foto), autor, además de muchos ensayos, de las novelas ‘El nombre de la rosa’, ‘El péndulo de Foucault’, ‘La isla del día de antes’, ‘Baudolino’, ‘El cementerio de Praga’ y ‘Número cero’. Aquí está:

1) Evita las aliteraciones; solo gustan a los “estúpidos”. 2) No abuses del subjuntivo: utilízalo solo cuando sea necesario. 3) Evita las frases hechas: son como la “sopa recalentada”. 4) Escribe tal y como te expresas. 5) No uses siglas comerciales ni abreviaciones. 6) Acuérdate (siempre) de que el paréntesis (aun cuando parece indispensable) interrumpe el hilo del discurso. 7) No te propases con los puntos suspensivos. 8) Limita el uso de las comillas. Las citas no son “elegantes”. 9) No generalices. 10) Los barbarismos no son de buen gusto.

11) Restringe las citas. Emerson dijo con razón “Odio las citas. Cuéntame solo lo que sabes”. 12) Las comparaciones son equivalentes a las frases hechas. 13) No seas redundante y no repitas dos veces la misma cosa. Redundancia es explicar algo que el lector ya ha entendido. 14) Solo los necios emplean palabrotas. 15) Intenta siempre concretar. 16) La hipérbole es una excelente técnica expresiva. 17) No construyas frases de una sola palabra. 18) Cuidado con las metáforas demasiado atrevidas: son “plumas sobre las escamas de una serpiente”. 19) Pon las comas en el lugar adecuado. 20) Aprende a distinguir entre la función del “punto y coma” y la de los “dos puntos”: no es tarea fácil.

21) Si no encuentras el vocablo idóneo, no recurras a la expresión coloquial: “el parche es peor que el agujero”. 22) No uses metáforas incoherentes, aunque suenen bien. Son “como cisnes degollados”. 23) ¿Son de verdad necesarias las preguntas retóricas? 24) Sé conciso y trata de condensar tus pensamientos empleando el mínimo número de palabras y evitando las frases largas; así evitaras que tu discurso esté contaminado (una de las tragedias de nuestro tiempo dominado por el poder de los medios de comunicación). 25) Los acentos no son ni incorrectos ni inútiles, quien los omite se equivoca. 26) No se apostrofa un artículo indeterminado antes de un sustantivo masculino (el apóstrofo [‘] es una coma que se coloca en la parte superior derecha de una palabra. En castellano apenas se utiliza, solo por influencia del inglés con el genitivo sajón). 27) ¡No enfatices demasiado! ¡Mide los signos de admiración! 28) Ni siquiera los amantes de los barbarismos pluralizan las palabras extranjeras. 29) Escribe correctamente los nombres extranjeros como Baudelaire, Roosevelt, Nietzsche y parecidos. 30) Cita sin perífrasis los autores y los personajes a los que te refieres, tal y como lo hizo el más grande escritor lombardo del siglo XIX, el autor de El 5 de mayo.

31) Al principio del discurso utiliza la “captatio benevolentiae”, para congraciarte con el lector (pero a lo mejor ustedes son tan estúpidos que no entienden lo que estoy diciendo). 32) Cuida con detalle la ortografía. 33) No hace falta decir que las pretericiones (decir lo que no vas a contar) son desesperantes. 34) No pongas punto y aparte muy a menudo; solo cuando sean necesarias. 35) No uses el plural “majestatis”. Causa una impresión pésima. 36) No confundas causa con efecto: podrías equivocarte y cometer un error. 37) No construyas frases en las cuales la conclusión precede a las premisas: si lo haces, las premisas se podrían deducir de las conclusiones. 38) No utilices arcaísmos como “hápax legomena” u otros lexemas inusuales, así como estructuras profundas de rizomas, que superen las habilidades cognitivas del destinatario. 39) No seas prolijo, pero tampoco te quedes corto. 40) Cada frase ha de tener un significado, con independencia del contexto.

País sombrío; bebés usados; mal ejemplo en la tele

monga21) Yerko Puchento dijo: “Piñera se metió a ver a la Monga (en Fantasilandia) y pregunto: ‘¿Cecilia Perez, eres tu?’”, y Cecilia Pérez (foto) denunció a Yerko Puchento ante el Consejo Nacional de Televisión por decir eso. ¡Denunció a un payaso! ¿Una ‘estadista’ liándose a combos con un payaso? ¡Qué payasada! Y si gana, supongamos que así sea, ¿qué gana? ¿Qué no le digan fea, Monga*? Y después de eso, ¿qué? ¿Se sentirá la redentora de Chile? Sería un triunfo triste. A este paso, nos volvemos tontos graves. Un país sombrío.

2) Con preocupación he visto en televisión un anuncio de un banco, en el que usan a un bebé (de pocos meses de nacido), en primer plano, para ofrecer sus productos financieros. El banco es Falabela, y me parece que aquí hay un abuso del bebé, y de la figura de los bebés. Lo digo ‘mirándote a los ojos’. ¿Habrá una legislación al respecto?

3) Qué asquerosa la promoción de Tvn, o TvChile, para sus transmisiones deportivas. Salen Pedro Carcuro, Marcelo Barticiotto y Patricio Yañez, y usan la imagen de Gonzalo ‘El asqueroso’ Jara, cuando hundió su dedo entre las nalgas del delantero uruguayo Edinson Cavani. ¿Tvn, o TvChile, se enorgullece de ese acto asqueroso, y lo pone de emblema del país? ¡Qué decadente!

4) Julio César Rodríguez, bueno para el dinero y los chistesitos flojos, además de hablar como si tuviera la boca llena de babas, usa el idioma como le da la gana. Los de la televisión son, de algún modo, pedagogos para los televidentes. Por eso, si se habla mal, la audiencia va a creer que así es correcto, y el error se multiplica. No le basta el ‘piedrazo’ (¡esa palabra no existe en español!; se dice “Pe-dra-da”), sino que saca pecho para decir que no esperaba darse “puñalazos” con Claudia Schmitd. ¡Puñalazos! ¿En Hualpén se dan puñalazos? (De paso, decir que le creemos a Claudia Schmitd sobre su salida de ‘Primer Plano’, y no al mercachifle del periodismo Julio César Rodríguez). No existe la palabra ‘puñalazo’ en español. No existe. ¡Se dice Pu-ña-la-da!
*(Monga=mujer gorila)

‘La La Land’ y el ‘piedrazo’ de Tironi

la_la_landHomenaje. Fuimos a ver ‘La La Land’ (foto), ‘La ciudad de los sueños’ o ‘La ciudad de las estrellas’ por el antecedente de haberse ganado 7 premios ‘Globo de Oro’ (¡la película más premiada en la historia de este premio!): mejor película, mejor comedia o musical, mejor director, mejor actor y mejor actriz de comedia o musical, mejor guion, mejor banda sonora y mejor canción original.

Fuimos a ver ‘La La Land’ por el antecedente de haberse ganado los premios Bafta (Academia de Cine y Televisión británica) a la mejor película, mejor actriz, mejor director, mejor música original y mejor dirección de fotografía.

Fuimos a ver ‘La La Land’ porque tiene 14 nominaciones a los premios Óscar (de la Academia de Artes de Estados Unidos) que se entregarán el 26 de febrero.

Si no hubiéramos sabido nada de premios, hubiéramos dicho que era “un bonito homenaje a los musicales del cine en Hollywood”. Nada más. Pero como sabíamos de su boato, nos pareció “muy inferior a los musicales del cine de Hollywood a los que rinde homenaje”. Inclusive, recordamos que ‘Brillantina’ nos pareció mejor. Y ‘La novicia rebelde’ y ‘Cantando bajo la lluvia’.

‘Piedrazo’. Hace un mes, o algo más, el señor Eugenio Tironi (foto) escribió una columna en Entrevista a Eugenio TironiEl Mercurio que, sin avergonzarse, tituló ‘El piedrazo’. ¿Cómo es posible que una persona que posa de intelectual no sepa el idioma en el que escribe? ¡’Piedrazo’ no existe en el idioma español! No es un ‘chilenismo’, ¡no!, sino un barbarismo. Se dice ‘Pedrada’, pe-dra-da, PE-DRA-DA, para significar la “acción de arrojar con impulso una piedra”, o para decir que se observó un “golpe que se da con la piedra tirada”.

Pe-dra-da, porque ‘piedrazo’ no existe. Y, por favor, tomen nota ‘periodistas’ de radio y televisión, y presentadores de televisión. Y también ‘editores’ y ‘directores’ de radio, televisión y prensa escrita. Superemos la ignorancia, porque tenemos la responsabilidad social de ser ejemplo para la audiencia. Y un buen ejemplo, no uno malo. Entonces, con ese malestar idiomático revolviéndome el estómago, ¡como una pedrada en el ojo!, leí de mala gana el artículo que trataba de cómo arrodillarse ante un poderoso, en este caso Andrónico Luksic. Exalta el señor Tironi, como si fuera el buen pelele, “la conducta de Luksic… (que) escapa totalmente del patrón de lo que se espera de un personaje poderoso, como no hay duda lo es”. Y así, el resto del artículo es frivolidad, como casi todo lo del señor Tironi.

‘La prosa’ de Hiromi Kawakami

kawakami-hiromi-Te llevaré a comer unas galeras riquísimas -me dijo Me­zaki. Yo creía que la galera sólo era un crustáceo oscuro, una mezcla entre gamba e insecto, pero en el restaurante donde me llevó las hacían deliciosas. Las hervían enteras y las servían con cáscara. Luego les quitábamos la cáscara, que nos quemaba los dedos, y nos comíamos el bicho. Te­nían un sabor ligeramente dulce, de modo que ni siquiera hacía falta aliñarlo con salsa de soja.

Así fue pasando la noche. De repente, no podíamos vol­ver a casa. Cuando nos dimos cuenta de la hora que era, además de que ya no pasaban trenes estábamos en un lu­gar por el que apenas circulaban coches. En cuanto cerró el restaurante, el único local que había en los alrededores, no encontramos nada más en todo el trayecto. Era uno de esos caminos en los que hay alguna farola de vez en cuando que sólo sirve para que la noche sea aún más oscura, un cami­no bordeado de árboles y matorrales de los que parece que en cualquier momento puede salir un caballo o una vaca.

No hubo más remedio que echar a andar, uno al lado de la otra, por aquel camino, que por mucho que avanzáramos no se estrechaba ni se ensanchaba.

No sé cuántos años tiene Mezaki. Sea cual sea su edad, pa­rece mayor que yo, aunque también podría tener mi edad. Siempre habla de cosas sin sentido, como de un día que, en cierta ciudad, vio a un artista ambulante que escupía fuego por la boca y que ponía la misma cara que su abuelo cuando se quemaba la lengua; o de un amigo suyo que su­fría una misteriosa enfermedad hasta que un día, de golpe y porrazo, le cambió la cara, se curó, se volvió más honrado y parecía otra persona. Son historias sin pies ni cabeza que Mezaki explica poco a poco, como si fueran interesantes.

Desde que nos conocimos en una reunión, sin saber cómo empezamos a coincidir en los mismos lugares. A ve­ces, intercambiábamos cuatro palabras entre la muchedum­bre, mientras que otras veces no nos decíamos nada, sólo nos mirábamos. Más adelante, Mezaki empezó a contarme aquellas historias sin sentido que tan interesantes le pare­cían, y se me acercaba cada vez que nos encontrábamos. Sin embargo, nunca habíamos estado los dos solos hasta el día que fuimos a comer galeras. No fue una cita planeada de antemano, simplemente coincidimos por enésima vez y, de repente, me invitó.

Cuando Mezaki me llevó al restaurante, creo que era bas­tante tarde. Ya habíamos bebido mucho, quizá no hasta el punto de perder la memoria, pero nos encontrábamos en un estado en que las horas pasaban deprisa y despacio a la vez, hasta que terminamos por perder la noción del tiem­po. Mezaki caminaba delante de mí, meneando las caderas arriba y abajo. Yo lo seguía con paso vacilante y pensaba en las galeras.

El restaurante era un local pequeño donde sólo estaban el dueño y un camarero joven. Mezaki se sentó en la barra, justo enfrente del dueño, que no parecía conocerlo. En cual­quier caso, si se conocían, debía de ser uno de esos restau­rantes donde tratan a todos los clientes por igual.

-Unas galeras, un sake y verduras en salmuera para pi­car -le pidió Mezaki al dueño. Acto seguido, se volvió ha­cia mí y me sonrió arrugando la frente. Mezaki tiene la cos­tumbre de sonreír arrugando la frente-. ¿Tú cómo comes los huevos crudos, Sakura? -me preguntó Mezaki, aprove­chando un descanso entre cáscara y cáscara. Mientras pela­ba las galeras, no decía nada. No es que habitualmente sea muy parlanchín, pero como pelar las galeras era bastante la­borioso, cuando lo hacía hablaba menos que de costumbre.

-¿Los huevos crudos? Nunca me han entusiasmado -le respondí. Enseguida me acordé de que mi tío soltero, que vivía en casa de mis padres, solía hacer un agujerito en la cáscara de los huevos. Cuando me levantaba en mitad de la noche para ir a beber agua, lo encontraba de pie frente al fregadero sorbiendo un huevo crudo. Era un soltero cua­rentón que no encontraba pareja a pesar de que le habían concertado varias citas con mujeres. “Te llevaré a caballi­to, Sakura”, me decía cuando era pequeña. Yo me sentaba en sus anchos hombros y él me paseaba por todo el come­dor. En los umbrales colgaban fotografías de mis abuelos y bisabuelos, y me daba miedo acercarles la cara. Pero no me atrevía a decirle que quería bajar. Mi tío nunca se cansaba de llevarme a caballito.

Hiromi Kawakami (foto)

 

‘La risa’ de Fiodor Dostoievski

Fiodor_DostoievskiYo tengo la idea de que cuando un hombre ríe, la mayoría de las veces es una cosa que repugna contemplar. La risa manifiesta de ordinario en las personas un no sé qué de vulgar y de envilecedor, aunque el que ríe casi nunca sepa nada de la impresión que está produciendo. Lo ignora, lo mismo que se ignora por lo general la cara que se tiene durmiendo. Hay durmientes que cuyo rostro sigue pareciendo inteligente, y otros, inteligentes por lo demás, que, al dormirse, adquieren un rostro estúpido y hasta ridículo. Ignoro a qué se debe eso: quiero decir solamente que el reidor, como el durmiente, lo más ordinario es que no sepa nada de su rostro. Hay una multitud extraordinaria de hombres que no saben reír en absoluto. En realidad, no se trata de saber: es un don que no se adquiere. O bien, para adquirirlo, es preciso rehacer la propia educación, hacerse mejor y triunfar de sus malos instintos: entonces la risa de un hombre así podría muy probablemente mejorarse. Hay una gente a la que su risa traiciona: uno se da cuenta en seguida de lo que llevan en las entrañas. Incluso una risa indiscutiblemente inteligente es a veces repulsiva. La risa exige ante todo franqueza, pero ¿dónde encontrar franqueza entre los hombres? La risa exige bondad, y la gente ríe la mayoría de las veces malignamente. La risa franca y sin maldad, es la alegría: ¿dónde encontrar la alegría en nuestra época y dónde encontrar a la gente que sepa estar alegre? (…) La alegría de un hombre es su rasgo más revelador, juntamente con los pies y las manos. Hay caracteres que uno no llega a penetrar, pero un día ese hombre estalla en una risa bien franca, y he aquí de golpe todo su carácter desplegado delante de uno. Tan sólo las personas que gozan del desarrollo más elevado y más feliz pueden tener una alegría comunicativa, es decir, irresistible y buena. No quiero hablar del desarrollo intelectual, sino del carácter, del conjunto del hombre. Por eso si quieren ustedes estudiar a un hombre y conocer su alma, no presten atención a la forma que tenga de callarse, de hablar, de llorar, o a la forma en que se conmueva por las más nobles ideas. Miradlo más bien cuando ríe. Si ríe bien, es que es bueno. Y observad con atención todos los matices: hace falta por ejemplo que su risa no os parezca idiota en ningún caso, por alegre e ingenua que sea. En cuanto notéis el menor rasgo de estupidez en su risa, seguramente es que ese hombre es de espíritu limitado, aunque esté hormigueando de ideas. Si su risa no es idiota, pero el hombre, al reír, os ha parecido de pronto ridículo, aunque no sea más que un poquitín, sabed que ese hombre no posee el verdadero respeto de sí mismo o por lo menos no lo posee perfectamente. En fin, si esa risa, por comunicativa que sea, os parece sin embargo vulgar, sabed que ese hombre tiene una naturaleza vulgar, que todo lo que hayáis observado en él de noble y de elevado era o contrahecho y ficticio o tomado a préstamo inconscientemente, y de manera fatal tomará un mal camino más tarde, se ocupará de cosas “provechosas” y rechazará sin piedad sus ideas generosas como errores y tonterías de la juventud.

No inserto sin intención aquí esta larga parrafada sobre la risa, sacrificándole la coherencia al relato; la considero como una de las más serias conclusiones que yo haya extraído de la vida. (…) No comprendo más que una cosa: que la risa es la prueba más segura de un alma. Mirad a un niño; ciertos niños saben reír a la perfección, y por eso son irresistibles. Un niño que llora me resulta odioso, pero el que ríe y se alegra es un rayo del paraíso, una revelación del porvenir en el que el hombre llegará a ser, por fin, tan puro e ingenuo como un niño.

Fiodor Dostievski (foto)

El ‘nacionalismo’ de Larry Moe y otros adefesios

larry moeLa manera más sencilla de definir la nacionalidad es diciendo que se trata de la condición que permite reconocer a una persona como perteneciente a un estado o nación. Pero no la entiende así el que firma o los que firman como Larry Moe (foto-imagen) en el diario de Agustín Edwards ‘Las Última Noticias’. Esa es una definición amplia, que abarca desde la comida y el vestuario, el saludo y su relación con las instituciones hasta la manera de expresarse. Y es en la forma de expresar ciertos modismos donde Larry Moe ha afincado la nacionalidad. Comete el error de considerar exclusivamente los modismos como la nacionalidad.
Larry Moe cree que en decir ‘weón’ o ‘wón’, está “la nacionalidad chilena”. Así se desprende de su artículo de ayer titulado “El ‘error involuntario’ de Pablo Illanes”, en el que reclama que el guionista de la serie ‘Dueños del paraíso’ no pusiera a los personajes a decir weón a cada rato.
‘Dueños del paraíso’ es una serie cofinanciada y coproducida entre el ‘canal oficial’ chileno Tvn, y el canal mexicano Telemundo, en la actúan los chilenos Jorge Zabaleta, Tiago Correa y Mané Sweet. Y la gran crítica de Larry Moe es que “jamás hicieron amago de expresarse como se suele hacer por estos lados”. Es decir, “¡mándate un huevón, Zabaleta!”, como clamó su tuitero favorito.
Qué pobreza conceptual sobre lo que es la nacionalidad. Restringirla, y de qué manera, denota pequeñez mental. La nacionalidad no está en decir ‘huevón’ o ‘weón’ o wón’. ¡Por favor!
Creo, al contrario de Larry Moe, que si Chile mejorara un poco, nada más que un poco, la dicción de sus actores, y evitara, justamente evitara, la muletilla del huevón, podría vender sus productos televisivos o audiovisuales a países vecinos. Porque Chile hace muy buenas producciones cinematográficas y televisivas. Pero es, justamente, eso que Larry More considera ‘nacionalidad’, como el mal lenguaje, lo que impide que la creación nacional se expanda por Latinoamérica.
Otros adefesios. Los colegas periodistas, que deberían hablar bien y tener un buen léxico, son los que peor se la tercera-logoexpresan. Eso es lo que enseñan a los televidentes, a los oyentes y a los lectores. Enseñan mal. Y quieren hacer pasar ciertas incorrecciones del idioma como “chilenismos”.
Así, encontramos la disonante expresión ‘piedrazo’ en vez de la correcta palabra ‘pedrada’, para denotar que alguien lanzó una piedra, o recibió el golpe de una piedra. Y se confunde ‘implicación’, que significa consecuencia, o relación entre el efecto y la causa, con ‘implicancia’, que significa contradicción entre términos, incompatibilidad moral o legal para tomar una decisión justa.
A alguien se le ocurrió que era lo mismo, quizás porque suenan parecido. O porque los argentinos, que hablan pésimo, cometen este error a diario y los chilenos, que nos sentimos menos que ellos, no hacemos nada mejor que copiar lo malo de los demás.
La Tercera (logo) tituló “Gas Natural dice que no deshuesará CGE”. No, no, señores de La Tercera. No se trata de un ave o de un vacuno, de un pollo o una vaca, para quitar los ‘huesos’ y ‘deshuesar’. En este caso, como en el de los automóviles (va para los colegas periodistas de información judicial o policial), la palabra correcta es ‘desguazar’, que significa desmontar una estructura.
En Radio Bio Bio se dijo que “La PDI procedió al desbaratamiento de la banda”. La palabra ‘desbaratamiento’ se refiere a cuerpos sólidos, pero en la noticia se relaciona con organizaciones humanas, es decir, se debe emplear la palabra ‘desmantelamiento’, que es la expresión correcta.
No quisiera tener que decir que los periodistas chilenos han cometido un crimen gramatical, reiterado día a día, despareciendo la palabra, real y contundente, ‘hoy’, por la babosa expresión de ‘jornada’. Pero lo han hecho.
Y es tanta la ignorancia del idioma en los medios de comunicación que desaparecieron, de contera, la palabra ‘ayer’, para reemplazarla por la tontera (por no decir idiotez) de ‘última jornada’. ¿Quién iniciaría esta cadena de errores?
Para colmo, y quizás apelando a eso de los “chilenismos” (que no son más que una disculpa para legitimar la incorrección en el uso del idioma) en Radio Cooperativa un comentarista deportivo dijo que había sido un ‘golón’. ¿Pueden creerlo? ¡Quiso decir un ‘golazo’!
Pero no sigamos, porque en realidad quería referirme a la nota de quien o de quienes firman como Larry Moe la columna sobre televisión y farándula en el diario de Agustín Edwards ‘Las Última Noticias’, LUN.

Expresiones impropias del Periodismo en Chile

idiomaEste es uno de esos artículos que todos se abstienen de escribir porque se refiere al periodismo chileno que nadie quisiera tocar ni con el pétalo de una rosa. Porque hay un prurito de negarse a ver sus propias falencias, o un afán de posar de perfectos. Aunque sé que hay problemas sistémicos en el Periodismo, como el hecho de que los mismos periodistas trabajan en dos y tres medios de comunicación al mismo tiempo, negando de esta manera la diversidad, la posibilidad de competencia y la noticia propia, con lo que se aplana la profesión, causándole daño. Pero de esto nos podemos ocupar en otro momento, en realidad. Por ahora, quiero hablar de ciertas expresiones que por repetidas no indican que sean adecuadas.
Se supone que un periodista de prensa es alguien que sabe escribir bien, uno de radio alguien que sabe hablar bien, y lo mismo uno de televisión. Pero cada vez más ocurre que los primeros no escriben bien, y los segundos no hablan bien, y no solo en la construcción gramatical sino además en la pronunciación.
Para empezar, no entiendo por qué el periodismo chileno eliminó del vocabulario la palabra “hoy”, que es imperativa, gráfica, y la sustituyó por la imprecisa y meliflua “jornada”. ‘Hoy’ es un adverbio que indica el presente (condición primaria del Periodismo) en el que la persona habla o escribe. Así es como se define.
Mientras que ‘jornada’ se define como: “espacio de tiempo de 24 horas”, “duración del trabajo de obreros y empleados”, y “camino que se recorre en un día”. Ninguna, como se ve, es sinónima de “hoy”. La primera definición (“espacio de tiempo de 24 horas”), que pudiera parecer semejante, se remite al ‘día’ completo, no al momento de la acción.
Así que, ¿qué tiene qué ver “jornada” con “hoy”, para que tontamente la tomemos como sinónima? No tienen nada que ver las dos expresiones. Es más, una frase puede referirse a ambas expresiones, sin ser sinónimas (porque no lo son): “Hoy, en la jornada escolar prevista todos los años, los estudiantes dieron su prueba de aptitudes”.
Y para mayor insensatez, algunos genios del periodismo dieron en ser más audaces, y como eliminaron “hoy” se dijeron que sería bueno eliminar “ayer”. Y lo hicieron, transformándolo en… “la jornada anterior”. Claro, si “hoy” es “jornada”, pues “ayer” debe ser “jornada anterior”.
Y ahí, cabe preguntar: ¿”Anterior” a qué? Hoy es hoy, y ayer es ayer.
Por favor, no intenten ser más inteligentes de lo que no son.
Pero como siempre la situación es susceptible de empeorar, otros, o los mismos ‘transformadores’ del lenguaje en los medios de comunicación, eliminaron la preposición “en”, y la convirtieron en “al interior”.
La preposición es solvente, se vale por sí misma, no necesita esa clase de ‘sinónimos’. O esa clase de torpezas. Significa: “El lugar donde está algo”.
Entonces, “dos trabajadores mueren en ruta al interior de Copiapó (El Mercurio, octubre 25 del 2014), o “fuentes al interior de la producción liderada por María Eugenia Rencoret” (La Tercera, octubre 27 del 2014), o, sobre el mismo hecho pero en otro medio (como la tontera ya es generalizada), “así lo confirmaron a Emol fuentes en el interior de la casa televisiva” (Emol, octubre 27 del 2014)
¿Por qué no usar correctamente la preposición “en”? O dejar de usarla cuando no sea necesario, como en los casos anotados. Veamos:
–Dos trabajadores mueren en Copiapó
–Fuentes de la producción liderada por María Eugenia Rencoret
–Así lo confirmaron a Emol fuentes de la casa televisiva
En estos dos últimos casos, no hay necesidad de introducir una torpeza a una frase que puede ser más corta y mejor dicha.
En cuarto lugar, hay que decir algo de la palabra “poner”, que la sustituyeron por “colocar”. Alguien dijo que solo “ponían” las gallinas, mientras los humanos “colocamos”. Miguel de Cervantes los perdone desde su santa gloria.
Tan absurda es la pretendida sinonimia, que terminamos “colocándonos colorados”, o diciendo que tal persona “se colocó triste”. ¡No, por favor! No más estupidez. Simple y llanamente: “Nos pusimos colorados”, y “se puso triste”.
Sobre esto de “colocar” y “poner”, voy a buscar un artículo que leí hace un tiempo donde salta a la vista lo ridículo de “colocarse furioso”, en vez de “ponerse furioso”, y otras expresiones igual de graciosas como ridículas. En cualquier momento lo publicaré aquí.
Y a la barbaridad lingüística de “piedrazo” no quisiera ni referirme otra vez, pero es necesario. Esa expresión ¡es la de los niños que no han aprendido a hablar!
No es un chilenismo, como alguien me argumentó. No, no es chilenismo. Es-mal-ha-bla-do. Los chilenismos ya sabemos cuáles son: “guagua”, “pololo” y otros por el estilo. Esto del “piedrazo” de que hablamos es, simplemente, un mal uso del idioma.
No se dice “piedrazo”, se dice “pedrada”, porque es una forma irregular, tanto como “portazo” en lugar de “puertazo”, o “cachetada” en vez de “cachetazo”.
Por momentos se pregunta uno, ¿dónde están los directores y los editores de prensa, que no corrigen a los periodistas? ¿O acaso son igual de ignorantes a sus subalternos? O quizás lo que ocurra es que sus intereses están por fuera del Periodismo.
Ya. Por hoy, esto nomás.