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‘La La Land’ y el ‘piedrazo’ de Tironi

la_la_landHomenaje. Fuimos a ver ‘La La Land’ (foto), ‘La ciudad de los sueños’ o ‘La ciudad de las estrellas’ por el antecedente de haberse ganado 7 premios ‘Globo de Oro’ (¡la película más premiada en la historia de este premio!): mejor película, mejor comedia o musical, mejor director, mejor actor y mejor actriz de comedia o musical, mejor guion, mejor banda sonora y mejor canción original.

Fuimos a ver ‘La La Land’ por el antecedente de haberse ganado los premios Bafta (Academia de Cine y Televisión británica) a la mejor película, mejor actriz, mejor director, mejor música original y mejor dirección de fotografía.

Fuimos a ver ‘La La Land’ porque tiene 14 nominaciones a los premios Óscar (de la Academia de Artes de Estados Unidos) que se entregarán el 26 de febrero.

Si no hubiéramos sabido nada de premios, hubiéramos dicho que era “un bonito homenaje a los musicales del cine en Hollywood”. Nada más. Pero como sabíamos de su boato, nos pareció “muy inferior a los musicales del cine de Hollywood a los que rinde homenaje”. Inclusive, recordamos que ‘Brillantina’ nos pareció mejor. Y ‘La novicia rebelde’ y ‘Cantando bajo la lluvia’.

‘Piedrazo’. Hace un mes, o algo más, el señor Eugenio Tironi (foto) escribió una columna en Entrevista a Eugenio TironiEl Mercurio que, sin avergonzarse, tituló ‘El piedrazo’. ¿Cómo es posible que una persona que posa de intelectual no sepa el idioma en el que escribe? ¡’Piedrazo’ no existe en el idioma español! No es un ‘chilenismo’, ¡no!, sino un barbarismo. Se dice ‘Pedrada’, pe-dra-da, PE-DRA-DA, para significar la “acción de arrojar con impulso una piedra”, o para decir que se observó un “golpe que se da con la piedra tirada”.

Pe-dra-da, porque ‘piedrazo’ no existe. Y, por favor, tomen nota ‘periodistas’ de radio y televisión, y presentadores de televisión. Y también ‘editores’ y ‘directores’ de radio, televisión y prensa escrita. Superemos la ignorancia, porque tenemos la responsabilidad social de ser ejemplo para la audiencia. Y un buen ejemplo, no uno malo. Entonces, con ese malestar idiomático revolviéndome el estómago, ¡como una pedrada en el ojo!, leí de mala gana el artículo que trataba de cómo arrodillarse ante un poderoso, en este caso Andrónico Luksic. Exalta el señor Tironi, como si fuera el buen pelele, “la conducta de Luksic… (que) escapa totalmente del patrón de lo que se espera de un personaje poderoso, como no hay duda lo es”. Y así, el resto del artículo es frivolidad, como casi todo lo del señor Tironi.

‘La prosa’ de Hiromi Kawakami

kawakami-hiromi-Te llevaré a comer unas galeras riquísimas -me dijo Me­zaki. Yo creía que la galera sólo era un crustáceo oscuro, una mezcla entre gamba e insecto, pero en el restaurante donde me llevó las hacían deliciosas. Las hervían enteras y las servían con cáscara. Luego les quitábamos la cáscara, que nos quemaba los dedos, y nos comíamos el bicho. Te­nían un sabor ligeramente dulce, de modo que ni siquiera hacía falta aliñarlo con salsa de soja.

Así fue pasando la noche. De repente, no podíamos vol­ver a casa. Cuando nos dimos cuenta de la hora que era, además de que ya no pasaban trenes estábamos en un lu­gar por el que apenas circulaban coches. En cuanto cerró el restaurante, el único local que había en los alrededores, no encontramos nada más en todo el trayecto. Era uno de esos caminos en los que hay alguna farola de vez en cuando que sólo sirve para que la noche sea aún más oscura, un cami­no bordeado de árboles y matorrales de los que parece que en cualquier momento puede salir un caballo o una vaca.

No hubo más remedio que echar a andar, uno al lado de la otra, por aquel camino, que por mucho que avanzáramos no se estrechaba ni se ensanchaba.

No sé cuántos años tiene Mezaki. Sea cual sea su edad, pa­rece mayor que yo, aunque también podría tener mi edad. Siempre habla de cosas sin sentido, como de un día que, en cierta ciudad, vio a un artista ambulante que escupía fuego por la boca y que ponía la misma cara que su abuelo cuando se quemaba la lengua; o de un amigo suyo que su­fría una misteriosa enfermedad hasta que un día, de golpe y porrazo, le cambió la cara, se curó, se volvió más honrado y parecía otra persona. Son historias sin pies ni cabeza que Mezaki explica poco a poco, como si fueran interesantes.

Desde que nos conocimos en una reunión, sin saber cómo empezamos a coincidir en los mismos lugares. A ve­ces, intercambiábamos cuatro palabras entre la muchedum­bre, mientras que otras veces no nos decíamos nada, sólo nos mirábamos. Más adelante, Mezaki empezó a contarme aquellas historias sin sentido que tan interesantes le pare­cían, y se me acercaba cada vez que nos encontrábamos. Sin embargo, nunca habíamos estado los dos solos hasta el día que fuimos a comer galeras. No fue una cita planeada de antemano, simplemente coincidimos por enésima vez y, de repente, me invitó.

Cuando Mezaki me llevó al restaurante, creo que era bas­tante tarde. Ya habíamos bebido mucho, quizá no hasta el punto de perder la memoria, pero nos encontrábamos en un estado en que las horas pasaban deprisa y despacio a la vez, hasta que terminamos por perder la noción del tiem­po. Mezaki caminaba delante de mí, meneando las caderas arriba y abajo. Yo lo seguía con paso vacilante y pensaba en las galeras.

El restaurante era un local pequeño donde sólo estaban el dueño y un camarero joven. Mezaki se sentó en la barra, justo enfrente del dueño, que no parecía conocerlo. En cual­quier caso, si se conocían, debía de ser uno de esos restau­rantes donde tratan a todos los clientes por igual.

-Unas galeras, un sake y verduras en salmuera para pi­car -le pidió Mezaki al dueño. Acto seguido, se volvió ha­cia mí y me sonrió arrugando la frente. Mezaki tiene la cos­tumbre de sonreír arrugando la frente-. ¿Tú cómo comes los huevos crudos, Sakura? -me preguntó Mezaki, aprove­chando un descanso entre cáscara y cáscara. Mientras pela­ba las galeras, no decía nada. No es que habitualmente sea muy parlanchín, pero como pelar las galeras era bastante la­borioso, cuando lo hacía hablaba menos que de costumbre.

-¿Los huevos crudos? Nunca me han entusiasmado -le respondí. Enseguida me acordé de que mi tío soltero, que vivía en casa de mis padres, solía hacer un agujerito en la cáscara de los huevos. Cuando me levantaba en mitad de la noche para ir a beber agua, lo encontraba de pie frente al fregadero sorbiendo un huevo crudo. Era un soltero cua­rentón que no encontraba pareja a pesar de que le habían concertado varias citas con mujeres. “Te llevaré a caballi­to, Sakura”, me decía cuando era pequeña. Yo me sentaba en sus anchos hombros y él me paseaba por todo el come­dor. En los umbrales colgaban fotografías de mis abuelos y bisabuelos, y me daba miedo acercarles la cara. Pero no me atrevía a decirle que quería bajar. Mi tío nunca se cansaba de llevarme a caballito.

Hiromi Kawakami (foto)

 

‘La risa’ de Fiodor Dostoievski

Fiodor_DostoievskiYo tengo la idea de que cuando un hombre ríe, la mayoría de las veces es una cosa que repugna contemplar. La risa manifiesta de ordinario en las personas un no sé qué de vulgar y de envilecedor, aunque el que ríe casi nunca sepa nada de la impresión que está produciendo. Lo ignora, lo mismo que se ignora por lo general la cara que se tiene durmiendo. Hay durmientes que cuyo rostro sigue pareciendo inteligente, y otros, inteligentes por lo demás, que, al dormirse, adquieren un rostro estúpido y hasta ridículo. Ignoro a qué se debe eso: quiero decir solamente que el reidor, como el durmiente, lo más ordinario es que no sepa nada de su rostro. Hay una multitud extraordinaria de hombres que no saben reír en absoluto. En realidad, no se trata de saber: es un don que no se adquiere. O bien, para adquirirlo, es preciso rehacer la propia educación, hacerse mejor y triunfar de sus malos instintos: entonces la risa de un hombre así podría muy probablemente mejorarse. Hay una gente a la que su risa traiciona: uno se da cuenta en seguida de lo que llevan en las entrañas. Incluso una risa indiscutiblemente inteligente es a veces repulsiva. La risa exige ante todo franqueza, pero ¿dónde encontrar franqueza entre los hombres? La risa exige bondad, y la gente ríe la mayoría de las veces malignamente. La risa franca y sin maldad, es la alegría: ¿dónde encontrar la alegría en nuestra época y dónde encontrar a la gente que sepa estar alegre? (…) La alegría de un hombre es su rasgo más revelador, juntamente con los pies y las manos. Hay caracteres que uno no llega a penetrar, pero un día ese hombre estalla en una risa bien franca, y he aquí de golpe todo su carácter desplegado delante de uno. Tan sólo las personas que gozan del desarrollo más elevado y más feliz pueden tener una alegría comunicativa, es decir, irresistible y buena. No quiero hablar del desarrollo intelectual, sino del carácter, del conjunto del hombre. Por eso si quieren ustedes estudiar a un hombre y conocer su alma, no presten atención a la forma que tenga de callarse, de hablar, de llorar, o a la forma en que se conmueva por las más nobles ideas. Miradlo más bien cuando ríe. Si ríe bien, es que es bueno. Y observad con atención todos los matices: hace falta por ejemplo que su risa no os parezca idiota en ningún caso, por alegre e ingenua que sea. En cuanto notéis el menor rasgo de estupidez en su risa, seguramente es que ese hombre es de espíritu limitado, aunque esté hormigueando de ideas. Si su risa no es idiota, pero el hombre, al reír, os ha parecido de pronto ridículo, aunque no sea más que un poquitín, sabed que ese hombre no posee el verdadero respeto de sí mismo o por lo menos no lo posee perfectamente. En fin, si esa risa, por comunicativa que sea, os parece sin embargo vulgar, sabed que ese hombre tiene una naturaleza vulgar, que todo lo que hayáis observado en él de noble y de elevado era o contrahecho y ficticio o tomado a préstamo inconscientemente, y de manera fatal tomará un mal camino más tarde, se ocupará de cosas “provechosas” y rechazará sin piedad sus ideas generosas como errores y tonterías de la juventud.

No inserto sin intención aquí esta larga parrafada sobre la risa, sacrificándole la coherencia al relato; la considero como una de las más serias conclusiones que yo haya extraído de la vida. (…) No comprendo más que una cosa: que la risa es la prueba más segura de un alma. Mirad a un niño; ciertos niños saben reír a la perfección, y por eso son irresistibles. Un niño que llora me resulta odioso, pero el que ríe y se alegra es un rayo del paraíso, una revelación del porvenir en el que el hombre llegará a ser, por fin, tan puro e ingenuo como un niño.

Fiodor Dostievski (foto)

El ‘nacionalismo’ de Larry Moe y otros adefesios

larry moeLa manera más sencilla de definir la nacionalidad es diciendo que se trata de la condición que permite reconocer a una persona como perteneciente a un estado o nación. Pero no la entiende así el que firma o los que firman como Larry Moe (foto-imagen) en el diario de Agustín Edwards ‘Las Última Noticias’. Esa es una definición amplia, que abarca desde la comida y el vestuario, el saludo y su relación con las instituciones hasta la manera de expresarse. Y es en la forma de expresar ciertos modismos donde Larry Moe ha afincado la nacionalidad. Comete el error de considerar exclusivamente los modismos como la nacionalidad.
Larry Moe cree que en decir ‘weón’ o ‘wón’, está “la nacionalidad chilena”. Así se desprende de su artículo de ayer titulado “El ‘error involuntario’ de Pablo Illanes”, en el que reclama que el guionista de la serie ‘Dueños del paraíso’ no pusiera a los personajes a decir weón a cada rato.
‘Dueños del paraíso’ es una serie cofinanciada y coproducida entre el ‘canal oficial’ chileno Tvn, y el canal mexicano Telemundo, en la actúan los chilenos Jorge Zabaleta, Tiago Correa y Mané Sweet. Y la gran crítica de Larry Moe es que “jamás hicieron amago de expresarse como se suele hacer por estos lados”. Es decir, “¡mándate un huevón, Zabaleta!”, como clamó su tuitero favorito.
Qué pobreza conceptual sobre lo que es la nacionalidad. Restringirla, y de qué manera, denota pequeñez mental. La nacionalidad no está en decir ‘huevón’ o ‘weón’ o wón’. ¡Por favor!
Creo, al contrario de Larry Moe, que si Chile mejorara un poco, nada más que un poco, la dicción de sus actores, y evitara, justamente evitara, la muletilla del huevón, podría vender sus productos televisivos o audiovisuales a países vecinos. Porque Chile hace muy buenas producciones cinematográficas y televisivas. Pero es, justamente, eso que Larry More considera ‘nacionalidad’, como el mal lenguaje, lo que impide que la creación nacional se expanda por Latinoamérica.
Otros adefesios. Los colegas periodistas, que deberían hablar bien y tener un buen léxico, son los que peor se la tercera-logoexpresan. Eso es lo que enseñan a los televidentes, a los oyentes y a los lectores. Enseñan mal. Y quieren hacer pasar ciertas incorrecciones del idioma como “chilenismos”.
Así, encontramos la disonante expresión ‘piedrazo’ en vez de la correcta palabra ‘pedrada’, para denotar que alguien lanzó una piedra, o recibió el golpe de una piedra. Y se confunde ‘implicación’, que significa consecuencia, o relación entre el efecto y la causa, con ‘implicancia’, que significa contradicción entre términos, incompatibilidad moral o legal para tomar una decisión justa.
A alguien se le ocurrió que era lo mismo, quizás porque suenan parecido. O porque los argentinos, que hablan pésimo, cometen este error a diario y los chilenos, que nos sentimos menos que ellos, no hacemos nada mejor que copiar lo malo de los demás.
La Tercera (logo) tituló “Gas Natural dice que no deshuesará CGE”. No, no, señores de La Tercera. No se trata de un ave o de un vacuno, de un pollo o una vaca, para quitar los ‘huesos’ y ‘deshuesar’. En este caso, como en el de los automóviles (va para los colegas periodistas de información judicial o policial), la palabra correcta es ‘desguazar’, que significa desmontar una estructura.
En Radio Bio Bio se dijo que “La PDI procedió al desbaratamiento de la banda”. La palabra ‘desbaratamiento’ se refiere a cuerpos sólidos, pero en la noticia se relaciona con organizaciones humanas, es decir, se debe emplear la palabra ‘desmantelamiento’, que es la expresión correcta.
No quisiera tener que decir que los periodistas chilenos han cometido un crimen gramatical, reiterado día a día, despareciendo la palabra, real y contundente, ‘hoy’, por la babosa expresión de ‘jornada’. Pero lo han hecho.
Y es tanta la ignorancia del idioma en los medios de comunicación que desaparecieron, de contera, la palabra ‘ayer’, para reemplazarla por la tontera (por no decir idiotez) de ‘última jornada’. ¿Quién iniciaría esta cadena de errores?
Para colmo, y quizás apelando a eso de los “chilenismos” (que no son más que una disculpa para legitimar la incorrección en el uso del idioma) en Radio Cooperativa un comentarista deportivo dijo que había sido un ‘golón’. ¿Pueden creerlo? ¡Quiso decir un ‘golazo’!
Pero no sigamos, porque en realidad quería referirme a la nota de quien o de quienes firman como Larry Moe la columna sobre televisión y farándula en el diario de Agustín Edwards ‘Las Última Noticias’, LUN.

Expresiones impropias del Periodismo en Chile

idiomaEste es uno de esos artículos que todos se abstienen de escribir porque se refiere al periodismo chileno que nadie quisiera tocar ni con el pétalo de una rosa. Porque hay un prurito de negarse a ver sus propias falencias, o un afán de posar de perfectos. Aunque sé que hay problemas sistémicos en el Periodismo, como el hecho de que los mismos periodistas trabajan en dos y tres medios de comunicación al mismo tiempo, negando de esta manera la diversidad, la posibilidad de competencia y la noticia propia, con lo que se aplana la profesión, causándole daño. Pero de esto nos podemos ocupar en otro momento, en realidad. Por ahora, quiero hablar de ciertas expresiones que por repetidas no indican que sean adecuadas.
Se supone que un periodista de prensa es alguien que sabe escribir bien, uno de radio alguien que sabe hablar bien, y lo mismo uno de televisión. Pero cada vez más ocurre que los primeros no escriben bien, y los segundos no hablan bien, y no solo en la construcción gramatical sino además en la pronunciación.
Para empezar, no entiendo por qué el periodismo chileno eliminó del vocabulario la palabra “hoy”, que es imperativa, gráfica, y la sustituyó por la imprecisa y meliflua “jornada”. ‘Hoy’ es un adverbio que indica el presente (condición primaria del Periodismo) en el que la persona habla o escribe. Así es como se define.
Mientras que ‘jornada’ se define como: “espacio de tiempo de 24 horas”, “duración del trabajo de obreros y empleados”, y “camino que se recorre en un día”. Ninguna, como se ve, es sinónima de “hoy”. La primera definición (“espacio de tiempo de 24 horas”), que pudiera parecer semejante, se remite al ‘día’ completo, no al momento de la acción.
Así que, ¿qué tiene qué ver “jornada” con “hoy”, para que tontamente la tomemos como sinónima? No tienen nada que ver las dos expresiones. Es más, una frase puede referirse a ambas expresiones, sin ser sinónimas (porque no lo son): “Hoy, en la jornada escolar prevista todos los años, los estudiantes dieron su prueba de aptitudes”.
Y para mayor insensatez, algunos genios del periodismo dieron en ser más audaces, y como eliminaron “hoy” se dijeron que sería bueno eliminar “ayer”. Y lo hicieron, transformándolo en… “la jornada anterior”. Claro, si “hoy” es “jornada”, pues “ayer” debe ser “jornada anterior”.
Y ahí, cabe preguntar: ¿”Anterior” a qué? Hoy es hoy, y ayer es ayer.
Por favor, no intenten ser más inteligentes de lo que no son.
Pero como siempre la situación es susceptible de empeorar, otros, o los mismos ‘transformadores’ del lenguaje en los medios de comunicación, eliminaron la preposición “en”, y la convirtieron en “al interior”.
La preposición es solvente, se vale por sí misma, no necesita esa clase de ‘sinónimos’. O esa clase de torpezas. Significa: “El lugar donde está algo”.
Entonces, “dos trabajadores mueren en ruta al interior de Copiapó (El Mercurio, octubre 25 del 2014), o “fuentes al interior de la producción liderada por María Eugenia Rencoret” (La Tercera, octubre 27 del 2014), o, sobre el mismo hecho pero en otro medio (como la tontera ya es generalizada), “así lo confirmaron a Emol fuentes en el interior de la casa televisiva” (Emol, octubre 27 del 2014)
¿Por qué no usar correctamente la preposición “en”? O dejar de usarla cuando no sea necesario, como en los casos anotados. Veamos:
–Dos trabajadores mueren en Copiapó
–Fuentes de la producción liderada por María Eugenia Rencoret
–Así lo confirmaron a Emol fuentes de la casa televisiva
En estos dos últimos casos, no hay necesidad de introducir una torpeza a una frase que puede ser más corta y mejor dicha.
En cuarto lugar, hay que decir algo de la palabra “poner”, que la sustituyeron por “colocar”. Alguien dijo que solo “ponían” las gallinas, mientras los humanos “colocamos”. Miguel de Cervantes los perdone desde su santa gloria.
Tan absurda es la pretendida sinonimia, que terminamos “colocándonos colorados”, o diciendo que tal persona “se colocó triste”. ¡No, por favor! No más estupidez. Simple y llanamente: “Nos pusimos colorados”, y “se puso triste”.
Sobre esto de “colocar” y “poner”, voy a buscar un artículo que leí hace un tiempo donde salta a la vista lo ridículo de “colocarse furioso”, en vez de “ponerse furioso”, y otras expresiones igual de graciosas como ridículas. En cualquier momento lo publicaré aquí.
Y a la barbaridad lingüística de “piedrazo” no quisiera ni referirme otra vez, pero es necesario. Esa expresión ¡es la de los niños que no han aprendido a hablar!
No es un chilenismo, como alguien me argumentó. No, no es chilenismo. Es-mal-ha-bla-do. Los chilenismos ya sabemos cuáles son: “guagua”, “pololo” y otros por el estilo. Esto del “piedrazo” de que hablamos es, simplemente, un mal uso del idioma.
No se dice “piedrazo”, se dice “pedrada”, porque es una forma irregular, tanto como “portazo” en lugar de “puertazo”, o “cachetada” en vez de “cachetazo”.
Por momentos se pregunta uno, ¿dónde están los directores y los editores de prensa, que no corrigen a los periodistas? ¿O acaso son igual de ignorantes a sus subalternos? O quizás lo que ocurra es que sus intereses están por fuera del Periodismo.
Ya. Por hoy, esto nomás.

Sergio Stepansky y admonición de León de Greiff

león de greiffLeón de Greiff (foto) no es un seudónimo, es el nombre real de este enorme poeta que desbordó el parroquialismo de Medellín y Bogotá de mitad del siglo XX, y el verso clásico del día, por una visión metafísica, filosófica y melodiosa de la poesía. Se valió de giros modernos y en desuso para construir sonoridades y jugueteos e instalar una nueva estética. Su vida estuvo ligada a las matemáticas, las estadísticas y la administración de bienes, al tiempo que daba un golpe de timón a la poesía de entonces. Cuentan que poco antes de morir en 1976 tuvo sus primeras regalías por los libros publicados: $56.000 JSA

Relato de Sergio Stepansky     Juego mi vida, cambio mi vida, / de todos modos / la llevo perdida… / Y la juego o la cambio por el más infantil espejismo, / la dono en usufructo, o la regalo… / La juego contra uno o contra todos, / la juego contra el cero o contra el infinito, / la juego en una alcoba, en el ágora, en un garito, / en una encrucijada, en una barricada, en un motín; / la juego definitivamente, desde el principio hasta el fin, / a todo lo ancho y a todo lo hondo / –en la periferia, en el medio, / y en el sub-fondo…– / Juego mi vida, cambio mi vida, / la llevo perdida / sin remedio. / Y la juego, o la cambio por el más infantil espejismo, / la dono en usufructo, o la regalo…: / o la trueco por una sonrisa y cuatro besos: / todo, todo me da lo mismo: / lo eximio y lo ruin, lo trivial, lo perfecto, lo malo… / Todo, todo me da lo mismo: / todo me cabe en el diminuto, hórrido abismo / donde se anudan serpentinos mis sesos. / Cambio mi vida por lámparas viejas / o por los dados con los que se jugó la túnica inconsútil: / –por lo más anodino, por lo más obvio, por lo más fútil: / por los colgajos que se guinda en las orejas / la simiesca mulata, / la terracota rubia; / la pálida morena, la amarilla oriental, o la hiperbórea rubia: / cambio mi vida por una anilla de hojalata / o por la espada de Sigmundo, / o por el mundo / que tenía en los dedos Carlomagno: –para echar a rodar la bola… / Cambio mi vida por la cándida aureola / del idiota o del santo; / la cambio por el collar / que le pintaron al gordo Capeto; / o por la ducha rígida que llovió en la nuca / a Carlos de Inglaterra; / la cambio por un romance, la cambio por un soneto; / por once gatos de Angora, / por una copla, por una saeta, / por un cantar; / por una baraja incompleta; / por una faca, por una pipa, por una sambuca… / o por esa muñeca que llora / como cualquier poeta. / Cambio mi vida –al fiado– por una fábrica de crepúsculos / (con arreboles); / por un gorila de Borneo; / por dos panteras de Sumatra; / por las perlas que se bebió la cetrina Cleopatra– / o por su naricilla que está en algún Museo; / cambio mi vida por lámparas viejas, / o por la escala de Jacob, o por su plato de lentejas… / ¡o por dos huequecillos minúsculos / –en las sienes– por donde se me fugue, en grises podres, / la hartura, todo el fastidio, todo el horror que almaceno en mis odres…! / Juego mi vida, cambio mi vida. / De todos modos / la llevo perdida…

Admonición a los impertinentes     Yo deseo estar solo. Non curo de compaña. / Quiero catar silencio. Non me peta mormurio / ninguno a la mi vera. Si la voz soterraña / de la canción adviene, que advenga con sordina: / si es la canción ruidosa, con mi mudez la injurio; / si trae mucha música, que en el Hades se taña / o en cualquiera región al negro Hades vecina… / Ruido: ¡Callad! Pregón de aciago augurio! / Yo deseo estar solo. Non curo de compaña. / Quiero catar silencio, mi sola golosina. / Como yo soy el Solitario, / como yo soy el Taciturno, / dejádme solo. / Como yo soy el Hosco, el Arbitrario, / como soy el Lucífugo, el Nocturno, / dejádme solo. / Mi sandalia (o mi abarca o mi coturno) / no los piséis, tumulto tumultuario, / dejádme solo. / Judeo, quéchua, orangutánida, ario, / –como soy de la estirpe de Saturno­ / dejádme solo. / Decanto en mi rincón mínimo canto, / silencioso; alquimista soy señero, / juglar oculto, absconto fabulante. / Dejádme solo. / Buen catador (soto mísero manto) / Buen tañedor (sin Amati o Guarniero) / Alto cantor (aunque bajo cantante) / Dejádme solo. / Dejádme solo. Non quiero compaña. / Dejádme esquivo. Non gusto coreo. / Non paventad: non presumo de Orfeo / desasnador de cerril alimaña. / Dejádme solo soplando mi caña / silvestre. Non pétame pueril ronroneo. / Non son adamado. Non son sigisbeo. / Son áspero, másculo. Son rudo, sin plaña. / Sin queja. Más mudo que Beethoven sordo. / Sin laude. Más zurdo que Cervantes manco. / Sin “pathos”. Más seco que no Falstaff gordo. / Solitario. Adusto. Voy único a bordo. / Espíritu en negro. Corazón en blanco. / Y esquivo dejádme. Soy notas-arranco / de mi clavecino. Soy fábulas-bordo / sobre el cañamazo de mi pentacordo. / Soy facecias-urdo. Por dentro me estanco. / Dejádme señero: jamás me desbordo. / Como yo soy el Solitario, / como yo soy el Taciturno, / como yo soy el Hosco, el Arbitrario, / como soy el Lucífugo, el Nocturno, / dejádme solo. / Como soy Leo Atrabiliario, / como soy Sergio el Estepario, / como soy Proclo Extravagario, / como ya tengo el Cuervo y el Vulturno / de los acerbos choznos de Saturno, / dejádme solo. / Dejádme solo. Non quiero compaña. / Dejádme esquivo. Non gusto coreo. / Non paventad. Non presumo de Orfeo / desasnador de cerril alimaña. / No viene a mí, ni voy a la montaña. / Ni vasallo ni César, Juez ni Reo: / Sergio Estepario, Estrafalario Leo. / Con mi tonel. De mi cruz cirineo. / Rey de Burlas, soberbio: cetro o caña / pares le son a mi elación huraña. / Dejádme solo.

Balada de los búhos estáticos     I     La luna estaba lela / y los búhos decían la trova paralela! / La luna estaba lela, / lela, / en el lelo jardín del aquelarre. / Y los búhos decían su trova, / y arre, arre, / decían a su escoba / las brujas del aquelarre… / En el jardín los árboles eran rectos, retóricos, / las avenidas rectas, los estanques retóricos… / retóricos, / y en fila los búhos, rectos, retóricos, retóricos… / Y allí nada se veía irregular: / los bancales de forma regular / –cuadrados, cuadrados– / las regulares platabandas, / los árboles endomingados / geométricamente, conos dados… / todo perfecto, exacto, regular. / Y eran las sombras semejantes, / y los perfumes semejantes, / y los aromas semejantes, / y, en medio de todo, los búhos / decían idénticos dúos / semejantes, / los idénticos búhos! / Oh jardín de mis sueños neuróticos / donde ensueñan cerebros caóticos / ensoñares macabros, exóticos! / Y los búhos tejían la trova paralela, / y la luna estaba lela, / y en la avenida paralela / las brujas del aquelarre / torvas decían: ¡arre! ¡arre! / escoba, ¡escoba del aquelarre!

II     La luna estaba lela / y los búhos decían la trova paralela. / –El padre de los búhos era un búho sofista / que interrogó a los otros al modo modernista: / los búhos contestaron, contestaron la lista…– / Y eran seis bellos búhos plantados en la rala / copa de un chopo calvo. Y el pintor agita el ala / y al instante se inicia la trova paralela, / trova unánime y sorda, extraña cantinela / que coloquian los búhos ordenados en fila. / El búho más lejano su voz de flauta hila… / El que sigue canta como un piano de cola, / un otro es la trompeta, y entre la batahola / se acentúa el violín y todo el coro ulula / la macabra canción que el conjunto regula. / La luna sigue lela, / lela, / y sigue la trova paralela…

III     Ya se ha ido la luna. / Ya los búhos cesaron la trova inoportuna: / el jardín ha nacido con el alba radiosa; / el estanque palpita –nada, nada reposa. / Los niños triscan, triscan por el jardín florido, / y las aves ensayan su arrullo desde el nido! / Los estáticos búhos huyeron de la extraña / lumbre del sol que todo lo falsifica y daña. / Los estáticos búhos huyeron, y en su hueco, –oculto entre las ramas del chopo calvo y seco– / aguardan el exilio del sol que adula y finge, / que ilusiona y que irisa, y aguardan que la esfinge / –la muda y desolada y la fría–, la luna, / se venga con la noche, se venga lela, lela, / para decir de nuevo la trova paralela! / A mis hermanos los búhos / como una santa palabra, / como un confuso diseño, / esta balada macabra. / ENVÍO (1914)

 

Diez consejos realistas de Stephen Vizinczey

stephen vizinczey1No beberás, ni fumarás, ni te drogarás      Para ser escritor necesitas todo el cerebro que tienes

2No tendrás costumbres caras      Un escritor nace del talento y del tiempo… Tiempo para observar, estudiar y pensar y no puede permitirse el lujo de desperdiciar una sola hora ganando dinero para cosas que no son esenciales. A menos que tenga la suerte de haber nacido rico, es mejor que se prepare para vivir sin demasiados bienes terrenales. Es cierto que Balzac obtenía una inspiración especial de la compra de objetos y la acumulación de enormes deudas, pero la mayoría de personas con hábitos caros son propensas a fracasar como escritores.

A la edad de veinticuatro años, tras la derrota de la revolución húngara, me encontré en Canadá con unas cincuenta palabras del inglés. Cuando me di cuenta de que era un escritor sin una lengua, subí en ascensor al último piso de un alto edificio de Dorchester Street en Montreal, con la intención de arrojarme al vacío. Al mirar hacia abajo desde la azotea, con terror ante la idea de morirme, pero todavía más de romperme la columna vertebral y pasar el resto de mi vida en una silla de ruedas, decidí tratar de convertirme en un escritor inglés. Al final, aprender a escribir en otra lengua fue menos difícil que escribir algo bueno y viví durante seis años al borde de la miseria antes de estar listo para escribir, en brazos de la mujer madura. No podría haberlo hecho si me hubiesen interesado los trajes o los coches… En realidad, si no hubiera visto otra alternativa que la azotea de aquel rascacielos.

Algunos escritores inmigrantes que conocía trabajaban como camareros o vendedores para ahorrar dinero y crearse una “base financiera” antes de intentar ganarse la vida escribiendo; uno de ellos posee ahora toda una cadena de restaurantes y es más rico de lo que yo pueda llegar a ser en mi vida, pero ni él ni los otros volvieron a escribir. Es preciso decidir qué es más importante para uno: vivir bien o escribir bien. No hay que atormentarse con ambiciones contradictorias.

3Soñarás y escribirás; soñarás y volverás a escribir      No dejes a nadie decirte que estás perdiendo el tiempo cuando tienes la mirada perdida en el vacío. No existe otra forma de concebir un mundo imaginario. Nunca me siento ante una página en blanco para inventar algo. Sueño despierto con mis personajes, sus vidas y sus luchas, y cuando una escena se ha desarrollado en mi imaginación y creo saber qué han sentido, dicho y hecho con mis personajes, tomo pluma y papel e intento relatar lo que he presenciado. Una vez escrito mi relato, a mano y a máquina, lo leo y encuentro que la mayor parte de lo escrito es a–confuso o b–inexacto o c–tedioso o d–sencillamente no puedo ser verídico. Así, utilizo el borrador mecanografiado como una especie de informe crítico de lo que he imaginado y vuelvo a soñar mejor toda la escena. Fue este modo de trabajar lo que me hizo comprender, cuando aprendía inglés, que mi principal problema no era la lengua, sino, como siempre, el ordenar las cosas en mi cabeza.

4No serás vanidoso      La mayor parte de los libros malos lo son porque sus autores están ocupados en tratar de justificarse a sí mismos. Si un autor vanidoso es alcohólico, el personaje de su libro descrito con mayor simpatía será un alcohólico. Este tipo de asunto es muy aburrido para los extraños. Si crees ser sabio, racional, bueno, una bendición para el sexo opuesto, una víctima de las circunstancias… es porque no te conoces a ti mismo lo suficiente para escribir. Dejé de tomarme en serio a la edad de veintisiete años, y desde entonces me he considerado sencillamente materia prima. Me utilizo del mismo modo que se utiliza a sí mismo un actor: todos mis personajes –hombres y mujeres, buenos y malos– están hechos de mí mismo, más la observación.

5No serás modesto      La modestia es una excusa para la chapucería, la pereza, la complacencia; las ambiciones pequeñas suscitan esfuerzos pequeños. Nunca he conocido a un buen escritor que no intentara ser grande.

6Pensarás sin cesar en los que son verdaderamente grandes      “Las obras del genio están regadas con sus lágrimas”, escribió Balzac en Ilusiones Perdidas. Rechazo, mofa, pobreza, fracaso, una lucha constante contra las propias limitaciones… tales son los principales sucesos de las vidas de la mayoría de los grandes artistas, y si aspiras a conseguir su destino debes fortalecerte aprendiendo de ellos.

7No dejarás pasar un día sin releer algo grande      No se debe cometer el error de leerlo todo para estar “bien informado”. Estar “bien informado” sirve para brillar en las fiestas, pero resulta absolutamente inútil para un escritor. Leer sobre un libro para poder charlar de él no es lo mismo que comprenderlo. Es mucho más útil leer una y otra vez unas cuantas novelas hasta comprender por qué son buenas y cómo las han construido los escritores. Hay que leer una novela unas cinco veces para comprender su estructura, qué la hace dramática y qué le presta ritmo e impulso…

8No adorarás Londres–Nueva York–París      Si posees una buena colección de obras de grandes escritores y no dejas de releerlos, tienes acceso a más secretos de la literatura que todos los farsantes de la cultura que marcan el tono en las grandes ciudades. No hay que perder el tiempo preocupándose por lo que está de moda, el tema idóneo, el estilo idóneo o qué clase de cosas ganan los premios. Cualquier persona que ha tenido éxito en la literatura lo ha conseguido en sus propios términos.

9Escribirás para tu propio placer      Hace un par de años leí en los periódicos americanos las críticas más duras a una obra de Shakespeare (“Medida por medida”)… críticas a la obra en sí, no a la representación. Si Shakespeare no puede complacer a todo el mundo, ¿por qué intentarlo siquiera nosotros? Esto significa que no vale la pena que te esfuerces por interesarte por algo que te resulta aburrido. (….) Ahora escribo sólo sobre aquello que me interesa. No busco temas: cualquier cosa en la que no puedo parar de pensar es mi tema. (…) Si te ves a ti mismo, a tu “yo” verdadero, tienes la posibilidad de escribir un libro que agrade a millones. Porque, quien quiera que seas, hay en el mundo millones de personas más o menos parecidas a ti. Nadie quiere leer a un novelista que no piensa realmente lo que escribe.

10Serás difícil de complacer      La mayoría de los libros nuevos que leo se me antojan a medio terminar. Parece que el escritor se contentó con hacer su trabajo más o menos bien y luego pasó a algo nuevo. Para mí, escribir empieza a ser emocionante de verdad cuando vuelvo a un capítulo un par de meses después de haberlo escrito. En esa fase lo miro más como lector que como autor y, por muchas veces que hubiera reescrito el capítulo, todavía encuentro frases vagas, adjetivos inexactos o superfluos.