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Bienvenidos; Pizzi; Terrorista; No+AFP; MEO

FutbolBienvenidos. Lamento contradecir a los conductores y panelistas de ‘Bienvenidos’, del Canal 13, que trataron, excepto Hugo Valencia (hay que ser justos, así no sea santo de la devoción), de apabullar a Carla Pardo, la esposa de Claudio Bravo, por lo que dijo, razonadamente, sobre la Selección de Chile: “Yo sé que la mayoría se pelaron el culo, mientras otros se iban de fiestas e incluso no entrenaban de la borrachera que llevaban. A quien le quepa el sombrero que se lo ponga”. ¿Por qué ‘Bienvenidos’ trató de esconder lo que desde hace cerca de 6 años hemos denunciado en este blog: que es un grupo de borrachines los que manipulan la Selección. Y tiene espíritu de mafia. Me parecieron un poco mezquinos los de ‘Bienvenidos’, pidiéndole a Carla Pardo que diera nombres. ¿De modo que la culpa no es del que dio la puñalada, sino del que la recibió? ¡Te apoyamos Carla Pardo, por tu valentía! Tienes derecho a tener rabia. Tienes derecho a denunciar a las lacras de la Selección. ¡Los que tienen que decir los nombres son los de la Selección! En su defecto, se están haciendo cómplices de los borrachitos con alma mafiosa. Muy mediocre, me pareció, la actitud de los de ‘Bienvenidos’, que dijeron que sobre los borrachines “ya se sabía”, “era un secreto a voces”. Entonces ¿por qué no dijeron los nombres, si los sabían? ¿O solo querían encubrir a los borrachitos de mierda que actúan como mafia, y cagarse a Carla Pardo? ¿O es machismo? Les faltó, como al técnico Pizzi, tener pantalones para hablar de la realidad.

Pizzi. Lamento la suerte de este técnico de fútbol, sobre quien dijimos aquí que era mediocre y le faltaban pantalones. Lo reiteramos: Juan Antonio Pizzi fue un técnico mediocre, sin pantalones para lidiar con la mafia de los borrachitos de la Selección. Así como en este momento se busca técnico, también debería buscarse otro equipo para constituir una nueva Selección. Hay en Chile 200 o 300 futbolistas profesionales, y solo escogen, desde hace casi una década, a los mismos 12, que se volvieron viejos y con el mismo vicio: el alcohol. Esta afirmación es generalización, pero ellos saben quiénes son, y como dijo la valiente Carla Pardo, “al que le quepa el sombrero que se lo ponga”. El alcoholismo es un mal del cuerpo y del alma. Y requiere tratamiento médico. Saquen a jubilación (sin esos astronómicos sueldos que hoy tienen, eso sí) a la actual Selección, sin excepciones, y armen otra desde las bases. ¡El mundo no se va a acabar si se corta por lo sano!

Terrorista. Se molestó el pinochetista Sergio Melnick porque se dijo que el presidente de la Bolsa de Comercio de Santiago, Juan Andrés Camus, es un terrorista, con su anuncio, maligno, de que “habrá un colapso del precio de las acciones si no gana Piñera”. ¡Que idiota! La gente del común puede creerle, porque “es el presidente de la bolsa”, pero lo que hizo fue terrorismo. El terrorismo, para decírselo a Menlick, porque su obesidad mórbida le impide pararse (iba a decirlo en términos españoles: “mover ese culo”) y buscar un diccionario o encender un computador para preguntarle a Google, y poder leer que el terrorismo es el uso del terror para coaccionar a un grupo o sociedad. Lo que hizo su patrón, el ladrón, traidor y asesino Augusto Pinochet, en esos años oscuros que vivió Chile. Por esta razón, por decir una imbecilidad mayor, ¡pero malintenciondamente!, como que “los precios de las acciones van a colapsar si no gana Piñera”, el señor Juan Andrés Camus es un terrorista. E idiota.

No+AFP. Creemos que debe hacerse realidad la consigna de No+AFP. ¡No más administradoras de fondos de pensiones! Ese modelo de estafa legalizada debe terminar. Lo hemos dicho hace años, y lo repetimos: tomar el dinero de la gente y hacer negocios con él, y quedarse con las utilidades, pero no darles ninguna ganancia a los dueños de ese dinero, es una estafa. Es un modelo delincuencial, o delictivo, digno de Rafael Garay o Alberto Chang. ¡No más AFP! La gente debe tener réditos, y abundantes, como resultado de sus ahorros de toda una vida. Pero con las AFP, los dueños del dinero quedan con pensiones miserables de 100 mil pesos, mientras que los señorones administradores ganan millonadas, viven en mansiones y se dan la gran vida, como pudimos saberlo en el caso de la AFP Capital. Ahí quedaron retratados los zánganos que se dan la gran vida, chupándole, sin pudor ni remordimiento, la sangre a la gente pobre. No+AFP.

MEO. Me duele en el alma decirlo, porque me simpatizaba, pero Marco Enríquez-Ominami, MEO, no tiene futuro. Si nos hubiera leído hace 8 años, cuando dijimos que buscara un(a) fonoaudiólogo(a) para pronunciar el hermoso idioma español, y expresara sus ideas con calma y precisión, quizás tuviera alguna ventaja con relación a los demás. ¡Qué nos importa que quiera batir la marca del que hable más rápido! Puede ser que, en realidad, seas un hombre brillante, por encima del promedio, pero si no se sabe expresar, si habla entre los dientes, si siempre sufre de una disfonía (porque no sabe hablar ni respirar), y si siempre habla como ametralladora, pues no pasa nada con él. Tiene, además, la cruz de haberle mendigado al ex yerno del traidor, ladrón y asesino Augusto Pinochet, el señorón Julio Ponce. Tal vez diga que eso no es así, que lo probará ante los tribunales de justicia, pero no es lo que gente percibe. La gente percibe que estás creciendo, políticamente, como la cola de las vacas: para abajo. ¡Lástima!

 

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‘Elogio al plato de arroz con huevo’ de Domínguez

Oscar-Dominguez-GiraldoEs plato de soltero, de separado, de echado de la casa, de vago, de bien y de mal casado, de ocupado, de enemigo personal de la comida de muchos trinchetes, de facilista, de sujeto escaso de equipaje en materia gastronómica. De perezoso, de informal, de cómodo, de no me jodan con comidas fusión. Porque el matrimonio de arroz con huevo es el mejor casado de cereal con proteína, un nutriente perfecto.

Me gusta porque se puede “maridar” con vino, chocolate, café, agua; porque se deja acompañar de arepa o pan, y se le puede vaciar un frasco de salsa de tomate y sabe mejor. Porque se puede comer con cuchara o tenedor, porque la yema del huevo que queda esparcida en el plato se puede recoger con la arepa (ojalá con el pan); mejor todavía, con el dedo.

Porque no tenés que ponerte a lavar harta loza, porque quita el hambre, no engorda, no enflaquece, porque el arroz es del carajo, así sea solo, frío o caliente. Porque la exigente fauna de los dietistas no tiene nada contra el arroz con huevo. Porque se puede comer frito, “arroz a caballo”, o revuelto con el huevo, porque es el plato colombiano más popular.

Porque nadie le ha hecho un poema, porque se puede mezclar: una vez comés arroz con huevo, otra vez huevo con arroz; porque pueden ser dos los huevos.

Porque estéticamente esa mezcla se ve bien sobre el plato, porque está listo en par patadas, porque es barato (hasta Bill Gates lo puede comer), porque uno lo aprende a preparar sin haber ido a la universidad. Es plato de analfabetas culinarios. También el Papa lo puede preparar en la claustrofobia de su celibato.

Me gusta porque la gente se nos burla en la cara cuando confesamos que nos gusta ese plato, porque sin arroz no hay paraíso. Porque no enferma, antes te alivia de alguna maluquera. Porque cuando estamos enfermos o de mal comer, allí está la solución, porque es un plato que no lo inventó nadie: lo inventamos cada vez que lo preparamos. Porque nunca sabe igual.

Porque no lo deja a uno lleno, ni lo pone directo. Porque sabe igual de sabroso a cualquier hora del día, pero sobre todo en la noche, pues nos vamos a roncar sin hambre y con el buche ligero.

Óscar Domínguez (foto)

40 ítem del ‘decálogo’ de Umberto Eco para escribir

umberto-ecoUna vez más acudimos a uno de los muchos ‘decálogos’ que críticos y escritores elaboran con el fin de ordenar los consejos sacados de la experiencia, sobre cómo escribir. Ya sabemos que la inspiración no basta. Lo más importante es sentarse y escribir. Hacerlo metódicamente, a diario, disciplinadamente. Y una vez nos enfrentamos al acto de elaborar historias mediante las palabras, debemos considerar algunas normas gramaticales. De todo este proceso surgen las grandes obras, y también los ‘decálogos’. Hoy quiero compartirles el “decálogo” (¡de 40 puntos!) que confeccionó el semiólogo italiano Umberto Eco (foto), autor, además de muchos ensayos, de las novelas ‘El nombre de la rosa’, ‘El péndulo de Foucault’, ‘La isla del día de antes’, ‘Baudolino’, ‘El cementerio de Praga’ y ‘Número cero’. Aquí está:

1) Evita las aliteraciones; solo gustan a los “estúpidos”. 2) No abuses del subjuntivo: utilízalo solo cuando sea necesario. 3) Evita las frases hechas: son como la “sopa recalentada”. 4) Escribe tal y como te expresas. 5) No uses siglas comerciales ni abreviaciones. 6) Acuérdate (siempre) de que el paréntesis (aun cuando parece indispensable) interrumpe el hilo del discurso. 7) No te propases con los puntos suspensivos. 8) Limita el uso de las comillas. Las citas no son “elegantes”. 9) No generalices. 10) Los barbarismos no son de buen gusto.

11) Restringe las citas. Emerson dijo con razón “Odio las citas. Cuéntame solo lo que sabes”. 12) Las comparaciones son equivalentes a las frases hechas. 13) No seas redundante y no repitas dos veces la misma cosa. Redundancia es explicar algo que el lector ya ha entendido. 14) Solo los necios emplean palabrotas. 15) Intenta siempre concretar. 16) La hipérbole es una excelente técnica expresiva. 17) No construyas frases de una sola palabra. 18) Cuidado con las metáforas demasiado atrevidas: son “plumas sobre las escamas de una serpiente”. 19) Pon las comas en el lugar adecuado. 20) Aprende a distinguir entre la función del “punto y coma” y la de los “dos puntos”: no es tarea fácil.

21) Si no encuentras el vocablo idóneo, no recurras a la expresión coloquial: “el parche es peor que el agujero”. 22) No uses metáforas incoherentes, aunque suenen bien. Son “como cisnes degollados”. 23) ¿Son de verdad necesarias las preguntas retóricas? 24) Sé conciso y trata de condensar tus pensamientos empleando el mínimo número de palabras y evitando las frases largas; así evitaras que tu discurso esté contaminado (una de las tragedias de nuestro tiempo dominado por el poder de los medios de comunicación). 25) Los acentos no son ni incorrectos ni inútiles, quien los omite se equivoca. 26) No se apostrofa un artículo indeterminado antes de un sustantivo masculino (el apóstrofo [‘] es una coma que se coloca en la parte superior derecha de una palabra. En castellano apenas se utiliza, solo por influencia del inglés con el genitivo sajón). 27) ¡No enfatices demasiado! ¡Mide los signos de admiración! 28) Ni siquiera los amantes de los barbarismos pluralizan las palabras extranjeras. 29) Escribe correctamente los nombres extranjeros como Baudelaire, Roosevelt, Nietzsche y parecidos. 30) Cita sin perífrasis los autores y los personajes a los que te refieres, tal y como lo hizo el más grande escritor lombardo del siglo XIX, el autor de El 5 de mayo.

31) Al principio del discurso utiliza la “captatio benevolentiae”, para congraciarte con el lector (pero a lo mejor ustedes son tan estúpidos que no entienden lo que estoy diciendo). 32) Cuida con detalle la ortografía. 33) No hace falta decir que las pretericiones (decir lo que no vas a contar) son desesperantes. 34) No pongas punto y aparte muy a menudo; solo cuando sean necesarias. 35) No uses el plural “majestatis”. Causa una impresión pésima. 36) No confundas causa con efecto: podrías equivocarte y cometer un error. 37) No construyas frases en las cuales la conclusión precede a las premisas: si lo haces, las premisas se podrían deducir de las conclusiones. 38) No utilices arcaísmos como “hápax legomena” u otros lexemas inusuales, así como estructuras profundas de rizomas, que superen las habilidades cognitivas del destinatario. 39) No seas prolijo, pero tampoco te quedes corto. 40) Cada frase ha de tener un significado, con independencia del contexto.

País sombrío; bebés usados; mal ejemplo en la tele

monga21) Yerko Puchento dijo: “Piñera se metió a ver a la Monga (en Fantasilandia) y pregunto: ‘¿Cecilia Perez, eres tu?’”, y Cecilia Pérez (foto) denunció a Yerko Puchento ante el Consejo Nacional de Televisión por decir eso. ¡Denunció a un payaso! ¿Una ‘estadista’ liándose a combos con un payaso? ¡Qué payasada! Y si gana, supongamos que así sea, ¿qué gana? ¿Qué no le digan fea, Monga*? Y después de eso, ¿qué? ¿Se sentirá la redentora de Chile? Sería un triunfo triste. A este paso, nos volvemos tontos graves. Un país sombrío.

2) Con preocupación he visto en televisión un anuncio de un banco, en el que usan a un bebé (de pocos meses de nacido), en primer plano, para ofrecer sus productos financieros. El banco es Falabela, y me parece que aquí hay un abuso del bebé, y de la figura de los bebés. Lo digo ‘mirándote a los ojos’. ¿Habrá una legislación al respecto?

3) Qué asquerosa la promoción de Tvn, o TvChile, para sus transmisiones deportivas. Salen Pedro Carcuro, Marcelo Barticiotto y Patricio Yañez, y usan la imagen de Gonzalo ‘El asqueroso’ Jara, cuando hundió su dedo entre las nalgas del delantero uruguayo Edinson Cavani. ¿Tvn, o TvChile, se enorgullece de ese acto asqueroso, y lo pone de emblema del país? ¡Qué decadente!

4) Julio César Rodríguez, bueno para el dinero y los chistesitos flojos, además de hablar como si tuviera la boca llena de babas, usa el idioma como le da la gana. Los de la televisión son, de algún modo, pedagogos para los televidentes. Por eso, si se habla mal, la audiencia va a creer que así es correcto, y el error se multiplica. No le basta el ‘piedrazo’ (¡esa palabra no existe en español!; se dice “Pe-dra-da”), sino que saca pecho para decir que no esperaba darse “puñalazos” con Claudia Schmitd. ¡Puñalazos! ¿En Hualpén se dan puñalazos? (De paso, decir que le creemos a Claudia Schmitd sobre su salida de ‘Primer Plano’, y no al mercachifle del periodismo Julio César Rodríguez). No existe la palabra ‘puñalazo’ en español. No existe. ¡Se dice Pu-ña-la-da!
*(Monga=mujer gorila)

‘La La Land’ y el ‘piedrazo’ de Tironi

la_la_landHomenaje. Fuimos a ver ‘La La Land’ (foto), ‘La ciudad de los sueños’ o ‘La ciudad de las estrellas’ por el antecedente de haberse ganado 7 premios ‘Globo de Oro’ (¡la película más premiada en la historia de este premio!): mejor película, mejor comedia o musical, mejor director, mejor actor y mejor actriz de comedia o musical, mejor guion, mejor banda sonora y mejor canción original.

Fuimos a ver ‘La La Land’ por el antecedente de haberse ganado los premios Bafta (Academia de Cine y Televisión británica) a la mejor película, mejor actriz, mejor director, mejor música original y mejor dirección de fotografía.

Fuimos a ver ‘La La Land’ porque tiene 14 nominaciones a los premios Óscar (de la Academia de Artes de Estados Unidos) que se entregarán el 26 de febrero.

Si no hubiéramos sabido nada de premios, hubiéramos dicho que era “un bonito homenaje a los musicales del cine en Hollywood”. Nada más. Pero como sabíamos de su boato, nos pareció “muy inferior a los musicales del cine de Hollywood a los que rinde homenaje”. Inclusive, recordamos que ‘Brillantina’ nos pareció mejor. Y ‘La novicia rebelde’ y ‘Cantando bajo la lluvia’.

‘Piedrazo’. Hace un mes, o algo más, el señor Eugenio Tironi (foto) escribió una columna en Entrevista a Eugenio TironiEl Mercurio que, sin avergonzarse, tituló ‘El piedrazo’. ¿Cómo es posible que una persona que posa de intelectual no sepa el idioma en el que escribe? ¡’Piedrazo’ no existe en el idioma español! No es un ‘chilenismo’, ¡no!, sino un barbarismo. Se dice ‘Pedrada’, pe-dra-da, PE-DRA-DA, para significar la “acción de arrojar con impulso una piedra”, o para decir que se observó un “golpe que se da con la piedra tirada”.

Pe-dra-da, porque ‘piedrazo’ no existe. Y, por favor, tomen nota ‘periodistas’ de radio y televisión, y presentadores de televisión. Y también ‘editores’ y ‘directores’ de radio, televisión y prensa escrita. Superemos la ignorancia, porque tenemos la responsabilidad social de ser ejemplo para la audiencia. Y un buen ejemplo, no uno malo. Entonces, con ese malestar idiomático revolviéndome el estómago, ¡como una pedrada en el ojo!, leí de mala gana el artículo que trataba de cómo arrodillarse ante un poderoso, en este caso Andrónico Luksic. Exalta el señor Tironi, como si fuera el buen pelele, “la conducta de Luksic… (que) escapa totalmente del patrón de lo que se espera de un personaje poderoso, como no hay duda lo es”. Y así, el resto del artículo es frivolidad, como casi todo lo del señor Tironi.

‘La prosa’ de Hiromi Kawakami

kawakami-hiromi-Te llevaré a comer unas galeras riquísimas -me dijo Me­zaki. Yo creía que la galera sólo era un crustáceo oscuro, una mezcla entre gamba e insecto, pero en el restaurante donde me llevó las hacían deliciosas. Las hervían enteras y las servían con cáscara. Luego les quitábamos la cáscara, que nos quemaba los dedos, y nos comíamos el bicho. Te­nían un sabor ligeramente dulce, de modo que ni siquiera hacía falta aliñarlo con salsa de soja.

Así fue pasando la noche. De repente, no podíamos vol­ver a casa. Cuando nos dimos cuenta de la hora que era, además de que ya no pasaban trenes estábamos en un lu­gar por el que apenas circulaban coches. En cuanto cerró el restaurante, el único local que había en los alrededores, no encontramos nada más en todo el trayecto. Era uno de esos caminos en los que hay alguna farola de vez en cuando que sólo sirve para que la noche sea aún más oscura, un cami­no bordeado de árboles y matorrales de los que parece que en cualquier momento puede salir un caballo o una vaca.

No hubo más remedio que echar a andar, uno al lado de la otra, por aquel camino, que por mucho que avanzáramos no se estrechaba ni se ensanchaba.

No sé cuántos años tiene Mezaki. Sea cual sea su edad, pa­rece mayor que yo, aunque también podría tener mi edad. Siempre habla de cosas sin sentido, como de un día que, en cierta ciudad, vio a un artista ambulante que escupía fuego por la boca y que ponía la misma cara que su abuelo cuando se quemaba la lengua; o de un amigo suyo que su­fría una misteriosa enfermedad hasta que un día, de golpe y porrazo, le cambió la cara, se curó, se volvió más honrado y parecía otra persona. Son historias sin pies ni cabeza que Mezaki explica poco a poco, como si fueran interesantes.

Desde que nos conocimos en una reunión, sin saber cómo empezamos a coincidir en los mismos lugares. A ve­ces, intercambiábamos cuatro palabras entre la muchedum­bre, mientras que otras veces no nos decíamos nada, sólo nos mirábamos. Más adelante, Mezaki empezó a contarme aquellas historias sin sentido que tan interesantes le pare­cían, y se me acercaba cada vez que nos encontrábamos. Sin embargo, nunca habíamos estado los dos solos hasta el día que fuimos a comer galeras. No fue una cita planeada de antemano, simplemente coincidimos por enésima vez y, de repente, me invitó.

Cuando Mezaki me llevó al restaurante, creo que era bas­tante tarde. Ya habíamos bebido mucho, quizá no hasta el punto de perder la memoria, pero nos encontrábamos en un estado en que las horas pasaban deprisa y despacio a la vez, hasta que terminamos por perder la noción del tiem­po. Mezaki caminaba delante de mí, meneando las caderas arriba y abajo. Yo lo seguía con paso vacilante y pensaba en las galeras.

El restaurante era un local pequeño donde sólo estaban el dueño y un camarero joven. Mezaki se sentó en la barra, justo enfrente del dueño, que no parecía conocerlo. En cual­quier caso, si se conocían, debía de ser uno de esos restau­rantes donde tratan a todos los clientes por igual.

-Unas galeras, un sake y verduras en salmuera para pi­car -le pidió Mezaki al dueño. Acto seguido, se volvió ha­cia mí y me sonrió arrugando la frente. Mezaki tiene la cos­tumbre de sonreír arrugando la frente-. ¿Tú cómo comes los huevos crudos, Sakura? -me preguntó Mezaki, aprove­chando un descanso entre cáscara y cáscara. Mientras pela­ba las galeras, no decía nada. No es que habitualmente sea muy parlanchín, pero como pelar las galeras era bastante la­borioso, cuando lo hacía hablaba menos que de costumbre.

-¿Los huevos crudos? Nunca me han entusiasmado -le respondí. Enseguida me acordé de que mi tío soltero, que vivía en casa de mis padres, solía hacer un agujerito en la cáscara de los huevos. Cuando me levantaba en mitad de la noche para ir a beber agua, lo encontraba de pie frente al fregadero sorbiendo un huevo crudo. Era un soltero cua­rentón que no encontraba pareja a pesar de que le habían concertado varias citas con mujeres. “Te llevaré a caballi­to, Sakura”, me decía cuando era pequeña. Yo me sentaba en sus anchos hombros y él me paseaba por todo el come­dor. En los umbrales colgaban fotografías de mis abuelos y bisabuelos, y me daba miedo acercarles la cara. Pero no me atrevía a decirle que quería bajar. Mi tío nunca se cansaba de llevarme a caballito.

Hiromi Kawakami (foto)

 

‘La risa’ de Fiodor Dostoievski

Fiodor_DostoievskiYo tengo la idea de que cuando un hombre ríe, la mayoría de las veces es una cosa que repugna contemplar. La risa manifiesta de ordinario en las personas un no sé qué de vulgar y de envilecedor, aunque el que ríe casi nunca sepa nada de la impresión que está produciendo. Lo ignora, lo mismo que se ignora por lo general la cara que se tiene durmiendo. Hay durmientes que cuyo rostro sigue pareciendo inteligente, y otros, inteligentes por lo demás, que, al dormirse, adquieren un rostro estúpido y hasta ridículo. Ignoro a qué se debe eso: quiero decir solamente que el reidor, como el durmiente, lo más ordinario es que no sepa nada de su rostro. Hay una multitud extraordinaria de hombres que no saben reír en absoluto. En realidad, no se trata de saber: es un don que no se adquiere. O bien, para adquirirlo, es preciso rehacer la propia educación, hacerse mejor y triunfar de sus malos instintos: entonces la risa de un hombre así podría muy probablemente mejorarse. Hay una gente a la que su risa traiciona: uno se da cuenta en seguida de lo que llevan en las entrañas. Incluso una risa indiscutiblemente inteligente es a veces repulsiva. La risa exige ante todo franqueza, pero ¿dónde encontrar franqueza entre los hombres? La risa exige bondad, y la gente ríe la mayoría de las veces malignamente. La risa franca y sin maldad, es la alegría: ¿dónde encontrar la alegría en nuestra época y dónde encontrar a la gente que sepa estar alegre? (…) La alegría de un hombre es su rasgo más revelador, juntamente con los pies y las manos. Hay caracteres que uno no llega a penetrar, pero un día ese hombre estalla en una risa bien franca, y he aquí de golpe todo su carácter desplegado delante de uno. Tan sólo las personas que gozan del desarrollo más elevado y más feliz pueden tener una alegría comunicativa, es decir, irresistible y buena. No quiero hablar del desarrollo intelectual, sino del carácter, del conjunto del hombre. Por eso si quieren ustedes estudiar a un hombre y conocer su alma, no presten atención a la forma que tenga de callarse, de hablar, de llorar, o a la forma en que se conmueva por las más nobles ideas. Miradlo más bien cuando ríe. Si ríe bien, es que es bueno. Y observad con atención todos los matices: hace falta por ejemplo que su risa no os parezca idiota en ningún caso, por alegre e ingenua que sea. En cuanto notéis el menor rasgo de estupidez en su risa, seguramente es que ese hombre es de espíritu limitado, aunque esté hormigueando de ideas. Si su risa no es idiota, pero el hombre, al reír, os ha parecido de pronto ridículo, aunque no sea más que un poquitín, sabed que ese hombre no posee el verdadero respeto de sí mismo o por lo menos no lo posee perfectamente. En fin, si esa risa, por comunicativa que sea, os parece sin embargo vulgar, sabed que ese hombre tiene una naturaleza vulgar, que todo lo que hayáis observado en él de noble y de elevado era o contrahecho y ficticio o tomado a préstamo inconscientemente, y de manera fatal tomará un mal camino más tarde, se ocupará de cosas “provechosas” y rechazará sin piedad sus ideas generosas como errores y tonterías de la juventud.

No inserto sin intención aquí esta larga parrafada sobre la risa, sacrificándole la coherencia al relato; la considero como una de las más serias conclusiones que yo haya extraído de la vida. (…) No comprendo más que una cosa: que la risa es la prueba más segura de un alma. Mirad a un niño; ciertos niños saben reír a la perfección, y por eso son irresistibles. Un niño que llora me resulta odioso, pero el que ríe y se alegra es un rayo del paraíso, una revelación del porvenir en el que el hombre llegará a ser, por fin, tan puro e ingenuo como un niño.

Fiodor Dostievski (foto)