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‘Cordero asado’ de Roald Dahl

Roald Dahl(Roald Dahl escribió ‘Los gremlins’, ‘Charlie y la fábrica de chocolate’, ‘James y el melocotón gigante’, ‘Matilda’, ‘Las brujas’ y ‘Relatos de lo inesperado’. Este cuento lo adaptó Alfred Hitchcock al cine)

La habitación estaba limpia y acogedora, las cortinas corridas, las dos lámparas de mesa encendidas, la suya y la de la silla vacía, frente a ella. Detrás, en el aparador, dos vasos altos de whisky. Cubos de hielo en un recipiente.

Mary Maloney estaba esperando a que su marido volviera del trabajo.

De vez en cuando echaba una mirada al reloj, pero sin preocupación, simplemente para complacerse de que cada minuto que pasaba acercaba el momento de su llegada. Tenía un aire sonriente y optimista. Su cabeza se inclinaba hacia la costura con entera tranquilidad. Su piel -estaba en el sexto mes del embarazo- había adquirido un maravilloso brillo, los labios suaves y los ojos, de mirada serena, parecían más grandes y más oscuros que antes.

Cuando el reloj marcaba las cinco menos diez, empezó a escuchar, y pocos minutos más tarde, puntual como siempre, oyó rodar los neumáticos sobre la grava y cerrarse la puerta del coche, los pasos que se acercaban, la llave dando vueltas en la cerradura.

Dejó a un lado la costura, se levantó y fue a su encuentro para darle un beso en cuanto entrara.

-¡Hola, querido! -dijo ella.

-¡Hola! -contestó él.

Ella le colgó el abrigo en el armario. Luego volvió y preparó las bebidas, una fuerte para él y otra más floja para ella; después se sentó de nuevo con la costura y su marido enfrente con el alto vaso de whisky entre las manos, moviéndolo de tal forma que los cubitos de hielo golpeaban contra las paredes del vaso. Para ella ésta era una hora maravillosa del día. Sabía que su esposo no quería hablar mucho antes de terminar la primera bebida, y a ella, por su parte, le gustaba sentarse silenciosamente, disfrutando de su compañía después de tantas horas de soledad. Le gustaba vivir con este hombre y sentir -como siente un bañista al calor del sol- la influencia que él irradiaba sobre ella cuando estaban juntos y solos. Le gustaba su manera de sentarse descuidadamente en una silla, su manera de abrir la puerta o de andar por la habitación a grandes zancadas. Le gustaba esa intensa mirada de sus ojos al fijarse en ella y la forma graciosa de su boca, especialmente cuando el cansancio no le dejaba hablar, hasta que el primer vaso de whisky le reanimaba un poco.

-¿Cansado, querido?

-Sí -respondió él-, estoy cansado.

Mientras hablaba, hizo una cosa extraña. Levantó el vaso y bebió su contenido de una sola vez aunque el vaso estaba a medio llenar.

Ella no lo vio, pero lo intuyó al oír el ruido que hacían los cubitos de hielo al volver a dejar él su vaso sobre la mesa. Luego se levantó lentamente para servirse otro vaso.

-Yo te lo serviré -dijo ella, levantándose.

-Siéntate -dijo él secamente.

Al volver observó que el vaso estaba medio lleno de un líquido ambarino.

-Querido, ¿quieres que te traiga las zapatillas? -Le observó mientras él bebía el whisky-. Creo que es una vergüenza para un policía que se va haciendo mayor, como tú, que le hagan andar todo el día -dijo ella.

Él no contestó; Mary Maloney inclinó la cabeza de nuevo y continuó con su costura. Cada vez que él se llevaba el vaso a los labios se oía golpear los cubitos contra el cristal.

-Querido, ¿quieres que te traiga un poco de queso? No he hecho cena porque es jueves.

-No -dijo él.

-Si estás demasiado cansado para comer fuera -continuó ella-, no es tarde para que lo digas. Hay carne y otras cosas en la nevera y te lo puedo servir aquí para que no tengas que moverte de la silla.

Sus ojos se volvieron hacia ella; Mary esperó una respuesta, una sonrisa, un signo de asentimiento al menos, pero él no hizo nada de esto.

-Bueno -agregó ella-, te sacaré queso y unas galletas.

-No quiero -dijo él.

Ella se movió impaciente en la silla, mirándole con sus grandes ojos.

-Debes cenar. Yo lo puedo preparar aquí, no me molesta hacerlo. Tengo chuletas de cerdo y cordero, lo que quieras, todo está en la nevera.

-No me apetece -dijo él.

-¡Pero querido! ¡Tienes que comer! Te lo sacaré y te lo comes, si te apetece.

Se levantó y puso la costura en la mesa, junto a la lámpara.

-Siéntate -dijo él-, siéntate sólo un momento. -Desde aquel instante, ella empezó a sentirse atemorizada-. Vamos -dijo él-, siéntate.

Se sentó de nuevo en su silla, mirándole todo el tiempo con sus grandes y asombrados ojos. Él había acabado su segundo vaso y tenía los ojos bajos.

-Tengo algo que decirte.

-¿Qué es ello, querido? ¿Qué pasa?

Él se había quedado completamente quieto y mantenía la cabeza agachada de tal forma que la luz de la lámpara le daba en la parte alta de la cara, dejándole la barbilla y la boca en la oscuridad.

-Lo que voy a decirte te va a trastornar un poco, me temo -dijo-, pero lo he pensado bien y he decidido que lo mejor que puedo hacer es decírtelo en seguida. Espero que no me lo reproches demasiado.

Y se lo dijo. No tardó mucho, cuatro o cinco minutos como máximo. Ella no se movió en todo el tiempo, observándolo con una especie de terror mientras él se iba separando de ella más y más, a cada palabra.

-Eso es todo -añadió-, ya sé que es un mal momento para decírtelo, pero no hay otro modo de hacerlo. Naturalmente, te daré dinero y procuraré que estés bien cuidada. Pero no hay necesidad de armar un escándalo. No sería bueno para mi carrera.

Su primer impulso fue no creer una palabra de lo que él había dicho. Se le ocurrió que quizá él no había hablado, que era ella quien se lo había imaginado todo. Quizá si continuara su trabajo como si no hubiera oído nada, luego, cuando hubiera pasado algún tiempo, se encontraría con que nada había ocurrido.

-Prepararé la cena -dijo con voz ahogada.

Esta vez él no contestó.

Mary se levantó y cruzó la habitación. No sentía nada, excepto un poco de náuseas y mareo. Actuaba como un autómata. Bajó hasta la bodega, encendió la luz y metió la mano en el congelador, sacando el primer objeto que encontró. Lo sacó y lo miró. Estaba envuelto en papel, así que lo desenvolvió y lo miró de nuevo.

Era una pierna de cordero.

Muy bien, cenarían pierna de cordero. Subió con el cordero entre las manos y al entrar en el cuarto de estar encontró a su marido de pie junto a la ventana, de espaldas a ella.

Se detuvo.

-Por el amor de Dios -dijo él al oírla, sin volverse-, no hagas cena para mí. Voy a salir.

En aquel momento, Mary Maloney se acercó a él por detrás y sin pensarlo dos veces levantó la pierna de cordero congelada y le golpeó en la parte trasera de la cabeza tan fuerte como pudo. Fue como si le hubiera pegado con una barra de acero. Retrocedió un paso, esperando a ver qué pasaba, y lo gracioso fue que él quedó tambaleándose unos segundos antes de caer pesadamente en la alfombra.

La violencia del golpe, el ruido de la mesita al caer por haber sido empujada, la ayudaron a salir de su ensimismamiento.

Salió retrocediendo lentamente, sintiéndose fría y confusa, y se quedó por unos momentos mirando el cuerpo inmóvil de su marido, apretando entre sus dedos el ridículo pedazo de carne que había empleado para matarle.

“Bien -se dijo a sí misma-, ya lo has matado”.

Era extraordinario. Ahora lo veía claro. Empezó a pensar con rapidez. Como esposa de un detective, sabía cuál sería el castigo; de acuerdo. A ella le era indiferente. En realidad sería un descanso. Pero por otra parte ¿y el niño? ¿Qué decía la ley acerca de las asesinas que iban a tener un hijo? ¿Los mataban a los dos, madre e hijo? ¿Esperaban hasta el noveno mes? ¿Qué hacían?

Mary Maloney lo ignoraba y no estaba dispuesta a arriesgarse.

Llevó la carne a la cocina, la puso en el horno, encendió éste y la metió dentro. Luego se lavó las manos y subió a su habitación. Se sentó delante del espejo, arregló su cara, puso un poco de rojo en los labios y polvo en las mejillas. Intentó sonreír, pero le salió una mueca. Lo volvió a intentar.

-Hola, Sam -dijo en voz alta. La voz sonaba rara también-. Quiero patatas, Sam, y también una lata de guisantes.

Eso estaba mejor. La sonrisa y la voz iban mejorando. Lo ensayó varias veces. Luego bajó, cogió el abrigo y salió a la calle por la puerta trasera del jardín.

Todavía no eran las seis y diez y había luz en las tiendas de comestibles.

-Hola, Sam -dijo sonriendo ampliamente al hombre que estaba detrás del mostrador.

-¡Oh, buenas noches, señora Maloney! ¿Cómo está?

-Muy bien, gracias. Quiero patatas, Sam, y una lata de guisantes.

El hombre se volvió de espaldas para alcanzar la lata de guisantes.

-Patrick dijo que estaba cansado y no quería cenar fuera esta noche -le dijo-. Siempre solemos salir los jueves y no tengo verduras en casa.

-¿Quiere carne, señora Maloney?

-No, tengo carne, gracias. Hay en la nevera una pierna de cordero.

-¡Oh!

-No me gusta asarlo cuando está congelado, pero voy a probar esta vez. ¿Usted cree que saldrá bien?

-Personalmente -dijo el tendero-, no creo que haya ninguna diferencia. ¿Quiere estas patatas de Idaho?

-¡Oh, sí, muy bien! Dos de ésas.

-¿Nada más? -El tendero inclinó la cabeza, mirándola con simpatía-. ¿Y para después? ¿Qué le va a dar luego?

-Bueno. ¿Qué me sugiere, Sam?

El hombre echó una mirada a la tienda.

-¿Qué le parece una buena porción de pastel de queso? Sé que le gusta a Patrick.

-Magnífico -dijo ella-, le encanta.

Cuando todo estuvo empaquetado y pagado, sonrió agradablemente y dijo:

-Gracias, Sam. Buenas noches.

Ahora, se decía a sí misma al regresar, iba a reunirse con su marido, que la estaría esperando para cenar; y debía cocinar bien y hacer comida sabrosa porque su marido estaría cansado; y si cuando entrara en la casa encontraba algo raro, trágico o terrible, sería un golpe para ella y se volvería histérica de dolor y de miedo. ¿Es que no lo entienden? Ella no esperaba encontrar nada. Simplemente era la señora Maloney que volvía a casa con las verduras un jueves por la tarde para preparar la cena a su marido.

“Eso es -se dijo a sí misma-, hazlo todo bien y con naturalidad. Si se hacen las cosas de esta manera, no habrá necesidad de fingir”.

Por lo tanto, cuando entró en la cocina por la puerta trasera, iba canturreando una cancioncilla y sonriendo.

-¡Patrick! -llamó-, ¿dónde estás, querido? -Puso el paquete sobre la mesa y entró en el cuarto de estar. Cuando le vio en el suelo, con las piernas dobladas y uno de los brazos debajo del cuerpo, fue un verdadero golpe para ella.

Todo su amor y su deseo por él se despertaron en aquel momento. Corrió hacia su cuerpo, se arrodilló a su lado y empezó a llorar amargamente. Fue fácil, no tuvo que fingir.

Unos minutos más tarde, se levantó y fue al teléfono. Sabía el número de la jefatura de Policía, y cuando le contestaron al otro lado del hilo, ella gritó:

-¡Pronto! ¡Vengan en seguida! ¡Patrick ha muerto!

-¿Quién habla?

-La señora Maloney, la señora de Patrick Maloney.

-¿Quiere decir que Patrick Maloney ha muerto?

-Creo que sí -gimió ella-. Está tendido en el suelo y me parece que está muerto.

-Iremos en seguida -dijo el hombre.

El coche vino rápidamente. Mary abrió la puerta a los dos policías. Los reconoció a los dos en seguida -en realidad conocía a casi todos los del distrito- y se echó en los brazos de Jack Nooan, llorando histéricamente. El la llevó con cuidado a una silla y luego fue a reunirse con el otro, que se llamaba O’Malley, el cual estaba arrodillado al lado del cuerpo inmóvil.

-¿Está muerto? -preguntó ella.

-Me temo que sí… ¿qué ha ocurrido?

Brevemente, le contó que había salido a la tienda de comestibles y al volver lo encontró tirado en el suelo. Mientras ella hablaba y lloraba, Nooan descubrió una pequeña herida de sangre cuajada en la cabeza del muerto. Se la mostró a O’Malley y éste, levantándose, fue derecho al teléfono.

Pronto llegaron otros policías. Primero un médico, después dos detectives, a uno de los cuales conocía de nombre. Más tarde, un fotógrafo de la Policía que tomó algunos planos y otro hombre encargado de las huellas dactilares. Se oían cuchicheos por la habitación donde yacía el muerto y los detectives le hicieron muchas preguntas. No obstante, siempre la trataron con amabilidad.

Volvió a contar la historia otra vez, ahora desde el principio. Cuando Patrick llegó ella estaba cosiendo, y él se sintió tan fatigado que no quiso salir a cenar. Dijo que había puesto la carne en el horno -allí estaba, asándose- y se había marchado a la tienda de comestibles a comprar verduras. De vuelta lo había encontrado tendido en el suelo.

-¿A qué tienda ha ido usted? -preguntó uno de los detectives.

Se lo dijo, y entonces el detective se volvió y musitó algo en voz baja al otro detective, que salió inmediatamente a la calle.

“…, parecía normal…, muy contenta…, quería prepararle una buena cena…, guisantes…, pastel de queso…, imposible que ella…”

Transcurrido algún tiempo el fotógrafo y el médico se marcharon y los otros dos hombres entraron y se llevaron el cuerpo en una camilla. Después se fue el hombre de las huellas dactilares. Los dos detectives y los policías se quedaron. Fueron muy amables con ella; Jack Nooan le preguntó si no se iba a marchar a otro sitio, a casa de su hermana, quizá, o con su mujer, que cuidaría de ella y la acostaría.

-No -dijo ella.

No creía en la posibilidad de que pudiera moverse ni un solo metro en aquel momento. ¿Les importaría mucho que se quedara allí hasta que se encontrase mejor? Todavía estaba bajo los efectos de la impresión sufrida.

-Pero ¿no sería mejor que se acostara un poco? -preguntó Jack Nooan.

-No -dijo ella.

Quería estar donde estaba, en esa silla. Un poco más tarde, cuando se sintiera mejor, se levantaría.

La dejaron mientras deambulaban por la casa, cumpliendo su misión. De vez en cuando uno de los detectives le hacía una pregunta. También Jack Nooan le hablaba cuando pasaba por su lado. Su marido, le dijo, había muerto de un golpe en la cabeza con un instrumento pesado, casi seguro una barra de hierro. Ahora buscaban el arma. El asesino podía habérsela llevado consigo, pero también cabía la posibilidad de que la hubiera tirado o escondido en alguna parte.

-Es la vieja historia -dijo él-, encontraremos el arma y tendremos al criminal.

Más tarde, uno de los detectives entró y se sentó a su lado.

-¿Hay algo en la casa que pueda haber servido como arma homicida? -le preguntó-. ¿Le importaría echar una mirada a ver si falta algo, un atizador, por ejemplo, o un jarrón de metal?

-No tenemos jarrones de metal -dijo ella.

-¿Y un atizador?

-No tenemos atizador, pero puede haber algo parecido en el garaje.

La búsqueda continuó.

Ella sabía que había otros policías rodeando la casa. Fuera, oía sus pisadas en la grava y a veces veía la luz de una linterna infiltrarse por las cortinas de la ventana. Empezaba a hacerse tarde, eran cerca de las nueve en el reloj de la repisa de la chimenea. Los cuatro hombres que buscaban por las habitaciones empezaron a sentirse fatigados.

-Jack -dijo ella cuando el sargento Nooan pasó a su lado-, ¿me quiere servir una bebida?

-Sí, claro. ¿Quiere whisky?

-Sí, por favor, pero poco. Me hará sentir mejor. Le tendió el vaso.

-¿Por qué no se sirve usted otro? -dijo ella-; debe de estar muy cansado; por favor, hágalo, se ha portado muy bien conmigo.

-Bueno -contestó él-, no nos está permitido, pero puedo tomar un trago para seguir trabajando.

Uno a uno, fueron llegando los otros y bebieron whisky. Estaban un poco incómodos por la presencia de ella y trataban de consolarla con inútiles palabras.

El sargento Nooan, que rondaba por la cocina, salió y dijo:

-Oiga, señora Maloney. ¿Sabe que tiene el horno encendido y la carne dentro?

-¡Dios mío! -gritó ella-. ¡Es verdad!

-¿Quiere que vaya a apagarlo?

-¿Sería tan amable, Jack? Muchas gracias.

Cuando el sargento regresó por segunda vez lo miró con sus grandes y profundos ojos.

-Jack Nooan -dijo.

-¿Sí?

-¿Me harán un pequeño favor, usted y los otros?

-Si está en nuestras manos, señora Maloney…

-Bien -dijo ella-. Aquí están ustedes, todos buenos amigos de Patrick, tratando de encontrar al hombre que lo mató. Deben de estar hambrientos porque hace rato que ha pasado la hora de la cena, y sé que Patrick, que en gloria esté, nunca me perdonaría que estuviesen en su casa y no les ofreciera hospitalidad. ¿Por qué no se comen el cordero que está en el horno? Ya estará completamente asado.

-Ni pensarlo -dijo el sargento Nooan.

-Por favor -pidió ella-, por favor, cómanlo. Yo no voy a tocar nada de lo que había en la casa cuando él estaba aquí, pero ustedes sí pueden hacerlo. Me harían un favor si se lo comieran. Luego, pueden continuar su trabajo.

Los policías dudaron un poco, pero tenían hambre y al final decidieron ir a la cocina y cenar. La mujer se quedó donde estaba, oyéndolos a través de la puerta entreabierta. Hablaban entre sí a pesar de tener la boca llena de comida.

-¿Quieres más, Charlie?

-No, será mejor que no lo acabemos.

-Pero ella quiere que lo acabemos, eso fue lo que dijo. Le hacemos un favor.

-Bueno, dame un poco más.

-Debe de haber sido un instrumento terrible el que han usado para matar al pobre Patrick -decía uno de ellos-, el doctor dijo que tenía el cráneo hecho trizas.

-Por eso debería ser fácil de encontrar.

-Eso es lo que a mí me parece.

-Quienquiera que lo hiciera no iba a llevar una cosa así, tan pesada, más tiempo del necesario. Uno de ellos eructó:

-Mi opinión es que tiene que estar aquí, en la casa.

-Probablemente bajo nuestras propias narices. ¿Qué piensas tú, Jack?

En la otra habitación, Mary Maloney empezó a reírse entre dientes.

Roal Dhal (foto)

‘La colombiana’; la educación gratuita

La colombiana. Valga destacar las buenas actuaciones en ‘La colombiana’, la serie de Tvn a las 20 horas. Por la misma razón, valga nombrar a todos los actores: Felipe Braun, Elizabeth Minotta (primer rostro), María José Illanes (segundo rostro), Lucas Mosquera, Jorge Arecheta, César Sepúlveda, Óscar Hernández, Diego Ruiz, Daniela Estay, Juan José Suárez, Eyal Meyer, Josefina Fiebelkorn (tercer rostro), Carmina Riego, Emilia Noguera (cuarto rostro), Santiago Tupper, Alejandra Fosalba, Delfina Guzmán, Florencia López, María Fernanda Martínez, Schlomit Baytelman, Felipe Morales, Luz Valdivieso, Catalina Guerra, Luis Alarcón, Andrea Freund, Remigio Remedy, Álvaro Pacull, Gonzalo Vivanco, Sara Becker y Anya Jaederlund. Todos excelentes. Las mujeres guapas. Don Óscar Hernández se ha echado al hombro varios capítulos de la teleserie, con gran suceso. Es una comedia con drama, que no deja de lado varios temas palpitantes, como la xenofobia, el arribismo, la vida de barrio, la urbanización deshumanizada, la pre adolescencia masculina y femenina, la relación de parejas, las diferencias sociales de clase, entre los destacados. Por eso, acentuar, de igual manera, los libretos de Jaime Morales, Sandra Arriagada, Iván Salas-Moya y Jimena Oto. Y tanto como los libretos, cuenta en una buena teleserie, como esta, la dirección, a cargo de Germán Barriga y Francisco Cortés. Ojalá que su reemplazo sea de tan alta calidad, pues de otra manera no la distribuiría Telemundo.

Educación. Los señores de la derechista Unión Demócrata Independiente, Udi, y Renovación Nacional, tienen un argumento falso para oponerse a la gratuidad en la educación. Su peregrina tesis es: “cómo se le va a dar educación gratis a los que más tienen”. Que eso es una barbaridad. Que eso es un desperdicio de dinero. Que eso no puede ser, por Dios santo. Olvidémonos que Enna Von Baen, uno de sus principales figurones derechistas, ha estudiado gratis con plata del Estado. No consideremos, pues, a ninguno de los ricachones que ganan becas. Solo digamos que los ricachones en Chile se cuentan con los dedos de la mano. Son 30 o 40. Bueno, aceptemos que son 100. ¿Qué importa que 100 ricachones parasiten la ocasión, si la educación gratuita va a favorecer a varias ¡decenas de miles! de jóvenes pobres? Hablo de “ricachones que parasiten”, porque no hay nada más colgado que un ricachón. ¡Todo lo quieren gratis! Quieren que las empresas les paguen la bencina, los mercados, los viajes, los almuerzos sociales y el colegio de sus hijos. Quieren que el Estado no les cobren impuestos. Quieren todo gratis. Son parásitos, intrínsecamente. Mentalmente son parásitos. Y entonces sí, esos 100 ricachones buscarán tener educación gratuita, pero ¿se untarán de pueblo, en realidad? La respuesta es ‘No’. Ellos, los ricachones, no conocen Santiago sino hasta la Avenida Apoquindo, por el poniente. Ellos, los ricachones, tienen sus colegios, sus nidos educativos, sus universidades. ¿Qué importa soportar, entonces, a 100 parásitos, si se están beneficiando ¡decenas de miles! de muchachos? Si Sebastián Piñera dice que no va a extender la educación gratuita a más chilenos, ¡estará actuando contra el pueblo! En este caso, no hay que votar por él. Y si lo dice, ¿qué importa?, si no va a ser presidente otra vez.

 

Cierto humor en la Quinta Vergara: ‘Chiqui’ Aguayo

chiquiSolo quiero referirme a dos elementos de reflexión, a propósito de la actuación de la comediante Daniela ‘Chiqui’ Aguayo (foto) en la Quinta Vergara, en el Festival de Viña del Mar 2017. Solo mencionarlos, porque es difícil comentar cuando, en su defensa, se apela al sexismo.

Si se considera que fue vulgar su rutina de humor, se contraataca diciendo que es “un comentario machista”, porque, obvio, ella es mujer. Y también se contraataca diciendo que “en mi casa hablamos así”. O, “¿quién en Chile no habla a los chuchazos?”

Se contraataca diciendo: cuántos humoristas han estado en Viña que han dicho chuchadas, pero nadie les dice nada “porque son hombres”. Entonces, ¿qué más decir? Se cierra toda opción. Se descalifica el comentario.

O sea, una vez anulado el comentario con aquellas declaraciones, el resultado, tácito, es el de que la humorista resultó genial. Y no creo que sea así. ‘Chiqui’ Aguayo ni siquiera es la mejor del programa ‘Minas al poder’, un humorístico del canal Chilevisión, protagonizado por mujeres, más un hombre adulto vestido de mujer y un joven travestido.

Esa defensa, entonces, y esa previsible conclusión, no son verdad. Todo es un truco de ideas. Y así, es muy difícil comentar sobre una rutina que puede considerarse vulgar, en un escenario específico como el Festival de Viña, televisado para hispanohablantes.

Sin embargo, decir que sea hombre o mujer, si se apela a la vulgaridad, al chuchazo, a la facilidad del chiste obvio, hay que señalarlo, aunque no le guste al(la) comediante.

Y decir también que, después de tanto esfuerzo de muchos comediantes y libretistas en los últimos años, por conseguir una narrativa con efectos humorísticos, situaciones escénicas chistosas, discursos graciosos y gracejos, sin apelar a la palabra o el gesto vulgar, es triste que asistamos a este retroceso. Volver a la chabacanería.

¿El humor puede (¿debe?) avanzar hacia modos menos básicos para ganar una carcajada, o una sonrisa?

Referido lo anterior, en segundo lugar, preguntarse también ¿qué tanto ha cambiado el público, el “monstruo”? Porque, al fin y al cabo, rió a mandíbula batiente en algunos pasajes de la rutina de Daniela ‘Chiqui’ Aguayo.

Es decir, había en esa risa una aceptación, una aprobación de lo que estaba diciendo la comediante, una aceptación del lenguaje en que estaba dicho esa clase de humor. Es más: le otorgó las gaviotas de plata y oro.

Aparentemente, este público ya no es un “monstruo”. Es más permisivo. O más comprensivo. O más compasivo. Un gatito nomás.

‘Un diablo con ángel’ de Tvn

diablo-con-angel2El éxito de la serie ‘Un diablo con ángel’, del canal Tvn, se debe en primer lugar al género: comedia. Una historia llena de humor que se agradece después del trajín del día. En segundo lugar, a la presencia de varias mujeres hermosas, que actúan lo más de bien. Y en tercer lugar a los protagonistas: el diablo y el ángel.

El diablo, apelativo que acomoda más en sentido figurado que por actos malvados realmente, pues es solo un tipo ególatra, narciso, está interpretado por el actor Benjamín Vicuña, que ya había hecho comedia en ‘Huaiquimán y Tolosa’, un par de detectives con chascarros, trasmitida por el canal 13 en el 2006 y 2008.

El ángel, está interpretado por Daniel Muñoz, y trata de enmendar los actos egoístas de su pupilo, quien por momentos tiene arranques de ‘honestidad’, pero siempre que la honestidad le reporte alguna ganancia. Esta dupla de actores es garantía de un producto televisivo bien interpretado. Daniel Muñoz tiene, esta vez, además, la virtud de ‘encarnar’ varios ángeles, inclusive el ángel-jefe.

Benjamín Vicuña es ‘Gaspar Muñoz’, apellido que es como un guiño a su alter ego, el ángel que es Daniel Muñoz, que se llama ‘Benito’. Daniel Muñoz también hace de ‘Ángel Bonilla’ y ‘Ángelo Orellana’, otros ángeles.

El grupo de guapas mujeres lo encabeza la coprotagonista, Eliza Zulueta, quien interpreta a la secretaria de Gaspar, ‘Blanca Morales’, apellido que le viene bien por la pulcritud de su comportamiento. Una secretaria súper eficiente, pero desaliñada y tontona, que recuerda, sin que le reste méritos, a la de ‘Betty, la fea’. Excelente actuación de Eliza Zulueta. Es guapa, pero por el momento no eclosiona su belleza en la serie.

Siendo Gaspar un Casanova, otras mujeres giran a su alrededor: ‘Bernardita Undurraga’, interpretada por Begoña Basauri; ‘Bárbara Cortés’, interpretada por Josefina Fiebelkorn; y ‘Franca Jiménez’, que interpreta Mayte Rodríguez. Las peripecias, deshonestidades, chispazos de conciencia y propósitos de enmienda de Gaspar Muñoz ante tal ramillete de bellezas, pone el toque de tensión a la comedia.

Quiero nombrar al resto del elenco: ‘Sara López’ es Pepi Velasco, ‘Osvaldo Morales’ es Gonzalo Robles, ‘Feña Salazar’ es Cata Martin, ‘Maritza Reyes’ es Carolina Paulsen, ‘José Pablo Donoso’ es Julio Yung, ‘Ximena Muñoz’ es Francisca Gavilán, ‘Patricio Aguilera’ es Roberto Farías y ‘Rocío Aguilera’ es Catalina Castelblanco. Destacar la presencia del niño Andrés Comments que hace de ‘Simón Ávila’.

Y son antagonistas de Gaspar Muñoz en pos del amor de las mujeres, ‘Damián Zegers’ que es Tiago Correa, y ‘Rafael Balmaceda’ que es César Sepúlveda.

Qué alivio encontrar una comedia en medio de tanto culebrón impostado, nacional o extranjero. Una comedia bien hecha y con buenos actores, todos. Necesitamos muchas más comedias.

 

Osorio, Valdebenito, Meruane y Moreno

Gabriel OsorioOsorio. Histórico el triunfo de la película del director Gabriel Osorio (foto), ‘Historia de un oso’, en los premios Óscar de Hollywood como mejor Cortometraje Animado. “Estamos felices. Queremos darle las gracias a la Academia, a nuestras familias y a todos en Chile, quienes confiaron en nuestro trabajo”, dijo Osorio, y añadió: “Quiero dedicar el premio a mi abuelo, quien inspiró esta historia. Y a todas las personas que sufrieron en el exilio. Que esto nunca más vuelva a ocurrir”. La película estuvo producida por Patricio Escala, quien remató en el teatro Dolby con un “Gracias a todos. ¡Viva Chile!”.

Valdebenito. Con Natalia Valdebenito (foto) el humor en el Festival de Viña del Mar quedó Natalia-Valdebenitoen otro nivel. Primero porque se trató de una historia bien contado, de la vida de una mujer; y segundo, porque se trató de una mujer, justamente. Una mujer, no la que contó la historia, Natalia Valdebenito, sino porque puso al descubierto la intimidad emocional y argumentativa de la mujer, sin feminismos fáciles. Quedo a otro nivel, porque mostró de una manera fresca y natural una (aunque la palabreja no me gusta mucho) ‘rutina’ bien hilvanada. Creo que con Natalia Valdebenito quedó claro que los “cuenta-chistes” quedaron para otros escenarios, y quedaron como un género menor, o subgénero, en el mundo del humorismo.

Meruane. El segundo fracaso que sufre Ricardo Meruane (foto) en la Quinta Vergara, ricardo meruanedurante el Festival de Viña del Mar, nos habla de un estilo de humor pasado de moda. Ya no sirve ser un “cuenta-chistes”, sobre todo, en su caso, después de actuaciones como las de Rodrigo González, Edo Caroe y Natalia Valdebenito. ¿Cómo sale al escenario un Meruane anacrónico, con chistes viejos, mal contados, sin brillo? ¿Cómo no tiene pudor, y abandona el escenario cuando lo pifian por más de diez minutos? Pero lo más increíble es oír a algunos animadores de matinal, culpando a Rafael Araneda y Carolina de Morás, los animadores, porque le ofrecieron una segunda oportunidad a Meruane, después de una primera lluvia de pifias. Meruane pidió volver al escenario, y fracaso nuevamente. Pero cuando después lo entrevistaron, no tuvo una palabra de autocrítica. ¡Cero autocrítica! ¡Culpó al público, dizque porque no entendió su humor! Qué tan cínico y cara de palo el señor Ricardo Meruane. ¡Y anunció que se volvería a presentar, si lo dejan! Meruane fue por el dinero, sin tener vergüenza ni honradez consigo mismo, porque al fin y al cabo su carrera como ‘humorista’ ya terminó.

Moreno. Estaba Aristarco molesto con el triunfo de Nicole Moreno (foto), conocida nicole morenoinicialmente como ‘Luli’, como la reina del Festival de Viña 2016. Me preguntó si sabía quién era el personaje que estaba detrás de ella, moviendo hilos de alto nivel en el Canal 13 y entre periodistas, e impulsándola a alturas inconcebibles. Recordó Aristarco que esta mujer ha estado metida en enredos de secuestro, abducción de extraterrestres, ha sido compradora compulsiva de departamentos (con un pequeño sueldo de un reality) y ha estado enredada con tipos raros de la noche santiaguina. ¿De cuándo acá, Chile se merece un personaje de tan poca monta?, me preguntó. Levanté los hombros, y contesté que seguramente eso es lo que nos merecemos.

Massú, Sampaoli (¡chao!), Campo Minado y Ópera

Nicolás MassúO sea… ¿Nicolás Massú? Un sabor desagradable dejó la noticia de la BBC y Buzzfeed News, según la cual le habrían ofrecido 100 mil dólares al tenista austriaco Daniel Koellerer para perder ante el chileno Nicolás Massú (foto). ¿O sea que Massú, o alguien de su entorno, habría intentado sobornar a Daniel Koellerer? Quiero pensar, en cambio, que se trató de un veterano apostador que quiso torcer los resultados. Lo denunciado ocurrió en el 2009, año en que Massú le ganó a Koellerer 6-3, 6-4, 1-6, 2-6 y 6-3. Este sería el último triunfo de Nicolás Massú en un Roland Garros.

Chao Sampaoli. Los hechos son tozudos: una persona que hace contratos bajo la mesa Jorge Sampaoliy sobreseguro (el de los premios por ganar la Copa América, ¡que ya había ganado!) y, además, evade los impuestos en el país que le abrió las puertas (porque acordó pagos en el exterior, en un paraíso fiscal, al mejor estilo de Lawrence Golborne), todo lo cual en camaradería con el delincuente Sergio Jadue (quien admitió ser eso, un delincuente, ante la justicia estadounidense); una persona así, como Jorge Sampaoli (foto), no merece ser el director técnico de una Selección Nacional de Fútbol. Desde cuando Arturo Vidal casi mata a su esposa y su hijo, por conducir borracho su poderoso Camaro, ¡en plena Copa América!, opinamos aquí que Sampaoli no tenía calzones para dirigir ese grupo sui generis, y no era la persona que se necesitaba para tomar decisiones, por ejemplo, expulsar a Vidal (y lo digo con dolor, porque me agrada; pero hay cosas que no son de corazón, sino de corrección) Ahora entiendo: Sampaoli no tenía autoridad moral para levantar la voz. Ni la tendrá. ¡Qué bueno que ya no está en la Selección! Una vez más, propongo a Marcelo Barticciotto como director técnico de la Selección Chile.

Campo Minado. Este programa del canal ‘Vía X’ es una buena propuesta que hace humor Paloma Salasbasándose en la actualidad noticiosa. Lo conduce Paloma Salas (foto, comediante de stand-up comedy), y son panelistas Claudia Aldana (periodista y licenciada en Ciencias Política), Daniela Aguayo (comediante de ‘El club de la comedia’, del canal Chilevisión) y Emilia Pacheco (periodista de origen español) Los viernes, víspera del relajo del ‘finde’, se ‘vulcanizan’ (al parecer, con pisco sour) El programa es entretenido, con altibajos. Paloma debería ser más rotunda, y Daniela más participativa. El pino lo ponen Claudia y Emilia, la primera con razonada chacota, y la segunda con información en serio. Puede ser mejor.

Juan Carlos Sahli.jpgEl ‘Ópera’. Valga reseñar que después de 10 años se cierra el restaurante Ópera, por decisión (sin llantos y números en mano) de su propietario Juan Carlos Sahli (foto). Hace unos años cerró ‘El Madroñal’, uno de los comedores más finos de Santiago, y ahora lo hará el Ópera (en la esquina de Merced con José Miguel de la Barra), a partir del 6 de febrero próximo, informó la Revista ‘Lobby’. Ojalá sea temporal, solamente.

 

Donde Guarelo reprende al solapado Bianchi

juan cristobal guareloAparte las malas palabras (las que a veces son necesarias), la disputa entre los comentaristas deportivos Juan Cristóbal Guarelo (foto) y Felipe Bianchi (me dicen que ex pareja de Consuelo Saavedra) deja algunas verdades sentadas. Como Guarelo se lanzó con toda la artillería contra Bianchi, y Bianchi se agachó debajo de la mesa, parecería que éste fue el ganador (si puede haber un ganador). Pero yo creo que fue Guarelo por haber dicho las verdades que Bianchi, oportunistamente, no atinó a desmentir. Oportunistamente, porque, además, fue Bianchi quien comenzó las cosas, cuando censuró a Guarelo porque no asistió a una reunión con el director técnico de la Selección de Fútbol de Chile, Jorge Sampaoli. Dijo Bianchi que Guarelo se dedicaba a “dar lecciones de ética, cuando se junta en reuniones privadas con dirigentes”. Entonces Guarelo se dejó venir con la siguiente perorata, que encuentro sincera:
“Nosotros no estamos para ser parlantes, y yo no fui (a la reunión con Sampaoli) por una decisión personal. Si yo tengo una posición ética, es una posición personal. No critico a nadie de los que fue, porque cada uno sabe por qué fue y para qué fue. Me irrita profundamente que (…) Felipe Bianchi, una vez más, solapadamente, empiece a decir que yo estoy dando clases de moralina. Por algo yo no fui, pero me irrita que Felipe Bianchi (foto) empiece a felipe bianquidecir que yo trabajaba para Blanco y Negro. Perdonen: veamos mis columnas, veamos mis críticas. Yo me reuní con dirigentes del Colo, de Universidad de Chile, a conversar un café off the record, y nunca de lo que se habló ahí salió publicado. Y también me reuní con Harold Mayne-Nicholls, el ídolo de Felipe Bianchi… ¡Deja de romperme las pelotas, Bianchi! Yo no fui empleado de Harold Mayne-Nicholls, no trabajé en el CDF un año, con sueldo millonario, porque Harold Mayne-Nicholls me llevó de la mano. Yo no me hice bielsista porque Harold Mayne-Nicholls me lo pidió. Yo he mantenido mi independencia de todos los presidentes de la ANFP y eso me ha traído grandes problemas. ¡No seai caradura! Yo no me invento posteadores falsos, no me ando vendiendo avisos. Yo por lo menos voy al estadio los fines de semana. Y tú, que eras el más bielsista de todos, ni siquiera fuiste capaz de ir a Sudáfrica, a ver a tu Selección de Bielsa. Yo me pagué con mi propio bolsillo el pasaje para ir a ver a esa selección, pese a que estaba en la quiebra económica porque me habían echado de Canal 7, y no me quedé en Santiago haciendo eventos. Yo no ando haciendo lobby compadre, me dedico al Periodismo, y eso me ha costado caro, para bien o mal. ¡Déjate de joder! Yo no invento posteadores falsos que me celebren mis columnas, como eso ha sido comprobado. No ando tratando de ‘rotos’ a mis colegas, ni de ‘hijos de la nana’. Veamos tus columnas en El Mercurio. ¡No seai caradura! ¡Ya está bueno ya! (…) no te veo nunca en el estadio, no te veo en ningún lugar donde se juegue fútbol. Vai a recitales (musicales) y no vai al estadio. Si a ti te gusta el lobby y hacerte amigo de los jefes, es problemas tuyo, pero el Periodismo es otra cosa. ¡Y déjate de dar clases de moralidad y estar deslizando cosas! Sí, me reuní con Levy y con Ruiz-Tagle, con Jadue y Harold Mayne-Nicholls, a tomar un café, y lo que se conversó ahí nunca fue publicado. (Fue para) discutir cara a cara, como hombres, establecer relaciones y pelearnos como hombres. Lo siento, ¡pero ya me cansaste y ya no te lo aguanto nunca más! ¡Nunca más! ¡Se acabó!”.