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Cierto humor en la Quinta Vergara: ‘Chiqui’ Aguayo

chiquiSolo quiero referirme a dos elementos de reflexión, a propósito de la actuación de la comediante Daniela ‘Chiqui’ Aguayo (foto) en la Quinta Vergara, en el Festival de Viña del Mar 2017. Solo mencionarlos, porque es difícil comentar cuando, en su defensa, se apela al sexismo.

Si se considera que fue vulgar su rutina de humor, se contraataca diciendo que es “un comentario machista”, porque, obvio, ella es mujer. Y también se contraataca diciendo que “en mi casa hablamos así”. O, “¿quién en Chile no habla a los chuchazos?”

Se contraataca diciendo: cuántos humoristas han estado en Viña que han dicho chuchadas, pero nadie les dice nada “porque son hombres”. Entonces, ¿qué más decir? Se cierra toda opción. Se descalifica el comentario.

O sea, una vez anulado el comentario con aquellas declaraciones, el resultado, tácito, es el de que la humorista resultó genial. Y no creo que sea así. ‘Chiqui’ Aguayo ni siquiera es la mejor del programa ‘Minas al poder’, un humorístico del canal Chilevisión, protagonizado por mujeres, más un hombre adulto vestido de mujer y un joven travestido.

Esa defensa, entonces, y esa previsible conclusión, no son verdad. Todo es un truco de ideas. Y así, es muy difícil comentar sobre una rutina que puede considerarse vulgar, en un escenario específico como el Festival de Viña, televisado para hispanohablantes.

Sin embargo, decir que sea hombre o mujer, si se apela a la vulgaridad, al chuchazo, a la facilidad del chiste obvio, hay que señalarlo, aunque no le guste al(la) comediante.

Y decir también que, después de tanto esfuerzo de muchos comediantes y libretistas en los últimos años, por conseguir una narrativa con efectos humorísticos, situaciones escénicas chistosas, discursos graciosos y gracejos, sin apelar a la palabra o el gesto vulgar, es triste que asistamos a este retroceso. Volver a la chabacanería.

¿El humor puede (¿debe?) avanzar hacia modos menos básicos para ganar una carcajada, o una sonrisa?

Referido lo anterior, en segundo lugar, preguntarse también ¿qué tanto ha cambiado el público, el “monstruo”? Porque, al fin y al cabo, rió a mandíbula batiente en algunos pasajes de la rutina de Daniela ‘Chiqui’ Aguayo.

Es decir, había en esa risa una aceptación, una aprobación de lo que estaba diciendo la comediante, una aceptación del lenguaje en que estaba dicho esa clase de humor. Es más: le otorgó las gaviotas de plata y oro.

Aparentemente, este público ya no es un “monstruo”. Es más permisivo. O más comprensivo. O más compasivo. Un gatito nomás.

De las encuestas, los delincuentes y el muro

encuestasEncuestas. Emol, 13 de febrero: “Cadem: 80% cree que Bachelet ha realizado un mal gobierno y Piñera mantiene liderato en presidenciales. De acuerdo al sondeo de esta semana, la Presidenta obtuvo un 19% de respaldo, mientras que el ex Mandatario supera por seis puntos a Alejandro Guillier”.

Glosa: Este es el tipo de propaganda negra con raíces en el nazismo: repetir hasta el cansancio una afirmación, hasta convertirla en verdad, para luego preguntar sobre esa afirmación y obtener la respuesta de la verdad aprendida. Por esta razón es que las encuestas, en general, y sobre todo las ‘políticas’, no sirven más que para introducir ideas preconcebidas, como en el caso tomado de Emol el 17 de febrero (“un mal gobierno”, “un buen candidato” y “un contendor débil”), y hacerle ver a los ‘concientizados’ que las encuestas ‘dicen la verdad’. El juego es tan sutil, como lo descubrieron los nazis, que casi nadie nota la manipulación. Pero el titular de Emol es un buen ejemplo de ello.

Delincuentes. La Tercera, 15 de febrero: “Caso Penta: Condenan a 5 años de libertad vigilada a ex funcionario del SII. El Octavo Juzgado de Garantía declaró culpable de delitos de corrupción y delitos tributarios a Iván Álvarez, convirtiéndose en el segundo sentenciado por esta causa”.

Glosa: Siempre hay que recordar al expresidente Ricardo Lagos Escobar cuando leamos injusticias o venalidades como esta. Él fue quien despenalizó los delitos económicos. Podría decirse que promovió la corrupción. Ahora resulta que estos delincuentes de cuello blanco y casas en el oriente alto de Santiago, son ‘contraventores’ administrativos. Condenado a ‘libertad vigilada’ es como un premio, unas vacaciones a quienes han delinquido, pero no son flaites como los ‘Carejarro’. Una vez más, se burlan del pueblo.

Muro. Ya estoy harto de oír a ‘periodistas’ y ‘analistas’: “El muro de Trump”. En estricto rigor, ¡no hay ningún muro de Trump! El presidente de Estados Unidos, el señor Donald Trump, puede ser conservador, republicano, podemos odiarlo, caernos mal, pero no es ‘el creador’ del muro para separar a Estados Unidos de México. ¡Fue Bill Clinton, el iniciador! El muro en la frontera entre Estados Unidos y México se comenzó a construir en 1994, para evitar la inmigración ilegal, atendiendo a la Fiscal general Janet Reno y su ‘Operación Guardián’. Desde entonces hay tramos del muro entre Tijuana y San Diego, y en los estados de Arizona, Sonora, Nuevo México y Baja California. Además, el Senado de Estados Unidos aprobó, en mayo del 2006 (83 votos a favor y 16 en contra), una enmienda que prevé la construcción del muro a lo largo de 595 kilómetros, más 800 kilómetros de barreras para impedir el paso de automóviles. Es decir, que el presidente Trump está ‘obligado’ a terminar el muro. Esos ‘periodistas’ y ‘analistas’ jamás se preguntaron por qué, si el tema era tan candente y xenófobo, ¿Hillary Clinton jamás dijo nada durante la campaña? ¡Ni siquiera el señor Bernie Sanders, de ideas socialistas! Porque ellos sabían que no era algo ‘descabellado’, sino una política-país. Si hubiera ganado Hillary Clinton, igual lo hubiera tenido que hacer, aunque no lo hubiera proclamado. Dejen la pereza, ‘periodistas’ y ‘analistas’ ignorantes, y averigüen antes de decir sandeces.

‘El halcón’ de Giovanni Boccaccio

boccaccio_giovanniHace ya tiempo vivía en Florencia un joven llamado Federico Alberighi, hijo de micer Felipe Alberighi, con el que ningún otro doncel de la nobleza toscana podía rivalizar en porte gentil y cortesía. El cual, como suele ocurrir con los jóvenes de su edad y condición, se enamoró de una noble dama llamada Juana, que por esos tiempos era tenida por una de las mujeres más hermosas y amables de Florencia. Todo lo que Federico podía hacer para conquistar el amor de ella, lo hizo; en fiestas, en torneos, en magníficos regalos gastó sus recursos sin moderación; pero Juana, que no era menos honesta que bella, no se dio por enterada de tales agasajos ni prestó por eso mayor atención a quien los hacía. Continuó Federico gastando su fortuna sin conseguir nada, hasta el punto de que pronto las riquezas escasearon y él se volvió pobre, sin otro bien que una pequeña alquería cuyas rentas apenas si le alcanzaban para vivir, y un espléndido halcón que era el único legado de sus fastos pasados; por lo cual, más enamorado que nunca y viendo que ya no podía desempeñar dignamente el papel de ciudadano de Florencia, fuese a Campi, donde se hallaba su alquería.

Allí, sin pedir nada a nadie, se entretenía cazando pájaros con su halcón, y soportaba su indigencia del mejor modo posible. Sucedió un día, entonces, cuando Federico ya tocaba la pobreza más extrema, que el marido de monna Juana enfermó y viéndose en trance de morir, hizo testamento; riquísimo como era, nombró heredero suyo a su hijo, ya grandecito, dejando constancia, además, que su bienamada esposa se convertiría, a su vez, en heredera, si el muchacho muriese sin dejar descendencia. Ya viuda monna Juana se retiró al campo durante el verano, como era costumbre, a una propiedad muy cercana a la de Federico, por lo cual sucedió que el muchacho trabó amistad con Federico; y no tardó en jugar con los perros y pájaros de éste; y como veía a menudo volar el halcón de Federico, se prendó del ave, y le entraron deseos de poseerla, aunque no se atreviese a pedírsela a su nuevo amigo debido a la estimación que éste le demostraba.
Tanto inquietó al muchacho que terminó por enfermarse, con lo cual su madre quedó muy preocupada, pues no lo tenía más que a él, y se pasaba el día rondando en torno a su cama; sin alcanzar a confortarlo, no cesaba de preguntarle qué era lo que le causaba su mal, y le rogaba que le dijese cuál era el objeto o cosa que deseaba, que ella se lo procuraría de cualquier manera. El muchacho, luego de haber oído repetidas veces esos ofrecimientos, dijo:

“Querida mamá, si usted consigue para mí el halcón de Federico, creo que podré curar en seguida”. La dama en cuanto hubo oído esto, comenzó a reflexionar sobre la actitud que habría de tomar. Sabía que Federico la había amado por mucho tiempo, sin que ella le hiciese la menor concesión; por eso, se decía:
“¿Cómo podré pedirle ese halcón que, si me atengo a lo oído, es el mejor de cuantos volaron jamás, y que, por lo demás, es su único sostén? ¿Y cómo podré yo privar a ese caballero del único motivo de gozo que le queda en el mundo?” Y así quedó muy perpleja, con la convicción de que lo obtendría si llegaba a pedirlo; y como no sabía qué decir ni decidir, nada le contestó al hijo. Finalmente, el amor maternal triunfó de todas sus vacilaciones, y terminó por prometer al muchacho, que no había cesado de insistir en que el halcón habría de ser su único medio de curación que ella misma iría a buscarle el pájaro diciendo: “Hijo mío, tranquilízate y piensa solo en recobrar la salud, pues te prometo que lo primero que haré mañana es ir yo misma a buscar el halcón y a traértelo”. Con lo cual el niño se alegró y mostró inmediatamente señales de restablecimiento.

Al día siguiente la señora, acompañada sólo por otra mujer, se dirigió, como si pasease, hacia la casita de Federico, a quien hizo llamar a su llegada. En aquel momento el joven, como no era día para salir de caza con el halcón, se encontraba en su jardín haciendo algunos trabajos menudos; y, en cuanto oyó que monna Juana llamaba a su puerta, se asombró de ello, y corrió entusiasmado hacia la entrada, donde estaba la dama; la cual, viéndolo venir, lo saludó de modo muy gracioso y femenino, luego de que él le hubiese dirigido una respetuosa reverencia, y tras las cortesías de rigor, le dijo: “Señor Federico, he venido a resarcirte de los perjuicios que has tenido por mi causa, debido a que me amaste más probablemente, de lo necesario; por lo cual la recompensa que te ofrezco es que nos invites, a esta dama que me acompaña y a mí, a comer contigo”. A lo cual Federico respondió humildemente: “No recuerdo, señora, haber sufrido daño alguno por vuestra culpa; por el contrario, creo que, si en cierta oportunidad hice cosas de mérito, ello lo debo al amor que supisteis despertar en mí; y, por cierto, la gracia que me hacéis al venir me es tan cara que no la cambiaría por todos los bienes que, pobre ahora, he perdido”. Y mientras esto decía, la hizo entrar a su casa, y la condujo hasta el jardín, y como no encontrara a otra persona que la jardinera para hacerle compañía, le dijo: “Noble señora, os dejo con esta mujer, esposa de un trabajador que es de mi confianza, en tanto voy a poner la mesa”. Federico, pese a lo extremo de su pobreza, nunca como aquel día había lamentado haber dilapidado sus riquezas, y no poder agasajar dignamente a la mujer amada. Rabiaba ahora contra sí mismo, maldecía su fortuna y, ya completamente fuera de sí, recorría todos los cuartos en busca de algún dinero u objeto para empeñar, sin hallar nada en ninguna parte. Como ya la hora de comer se acercaba, y su deseo de honrar a la dama querida era grande, sin que se le pasase por las mentes pedir alguna cosa a su jardinero, fijó de pronto sus miradas en el apreciado halcón, que descansaba en su jaula; y como no le quedaba otra alternativa, lo tomó, lo sopesó y, encontrándolo carnoso, dedujo que sería adecuada merienda para una dama como la que allí esperaba. Entonces, sin pensarlo dos veces, le retorció el cuello, lo desplumó y rápidamente lo puso a asar; y puesta la mesa con blanquísimos manteles, que aún conservaba, volvió con alegre expresión al jardín, donde la dama lo esperaba, y la invitó a que pasara al comedor junto con su compañera. A lo cual se levantaron las dos señoras, entraron en la casa y se sentaron en la mesa, y sin saber qué comían y mientras Federico las servía diligentemente, se almorzaron el excelente halcón. Concluido el ágape, y mientras se entretenían en amable charla, a la dama le pareció que había llegado el momento de explicar el verdadero motivo de su venida, y habló así: “Federico, si recuerdas tu vida pretérita y mi honestidad, a la que tal vez consideraste crueldad y dureza, indudablemente te maravillarás al enterarte del propósito que me trae aquí; pero si tuvieras hijos, o los hubieses tenido alguna vez, y supieras hasta donde llega el amor paternal, estoy segura que sabrías excusarme. Y así como tú no los tienes, yo tengo uno, y no puedo eludir las leyes comunes entre las madres; todo lo cual me obliga, aun contra mi voluntad y violentándome mucho, pedirte un don que sé te es íntimamente caro, porque la naturaleza no te ha dejado ningún otro consuelo; y ese don es tu halcón dilecto, del que mi hijo se ha encaprichado de tal manera, que si no se lo llevo la enfermedad que sufre puede agravarse hasta quitarle la vida. Y por esto te ruego, no por tu amistad, que jamás la he merecido, sino por tu noble y cortés carácter, que hace que sobresalgas entre los demás hombres, que me des el halcón, para que yo pueda conservar la vida de mi hijo, y te quede eternamente agradecida”. Federico, al escuchar el pedido y dándose cuenta de que no lo podía satisfacer puesto que acababan de comerse el halcón, se echó a llorar antes de poder articular palabra. La dama creyó primero que este llanto obedecía a la pena que causaría al caballero el desprenderse del halcón, y estuvo tentada de retirar su pedido; pero en seguida se contuvo y esperó, después del llanto, la respuesta de Federico. El cual le habló de esta manera: “Señora, sabe Dios que desde que en vos puse mi amor los hechos de mi fortuna me han sido adversos en todos los órdenes; sin embargo, todas mis penurias pasadas son leves comparadas con las que atravieso ahora, cuando me visitáis en mi humilde casita -sin que nunca me hayáis visitado antes, en mis ricas mansiones- y me pedís un menudo don, que no puedo concederos de ninguna manera, por el motivo que sigue: en cuanto escuché que queríais almorzar en mi casa, y teniendo en cuenta vuestra excelencia y vuestra nobleza, estimé que sería digno y conveniente que os agasajara, de acuerdo con mis posibilidades, de la mejor manera y por encima de lo que uno hace con los huéspedes comunes. Por ello, recordé que poseía el halcón que ahora me solicitáis, y juzgué que era para vos alimento adecuado; y en el almuerzo lo habéis comido, convenientemente asado, y yo supuse haberle dado el mejor de los usos posibles; pero ahora veo que lo deseabais en otra forma, y siento un dolor inexpresable por no tenerlo ya, y creo que nunca la paz volverá a mí”. Y cuando terminó de decir esto, mandó traer las plumas, las garras y el pico del ave, para demostrar que no mentía. La señora, que lo veía y escuchaba todo, le reconvino primero por la ocurrencia de haberle servido en la mesa un ave tan valiosa; pero en lo interior de sí misma le agradeció su generosidad y grandeza de alma, que la pobreza no había conseguido desterrar; después, desparecidas ya las esperanzas de poseer el halcón, y acordándose de la enfermedad de su hijo, resolvió volver a su casa. El hijo, sea porque la noticia de que nunca tendría el halcón agravase su estado, sea porque la propia enfermedad no tuviese cura, no pudo sobrevivir mucho tiempo y, días más tarde, con gran dolor de su madre, dejó este mundo. La señora, luego de mucho tiempo de lágrimas y amargura, recibió de sus hermanos el consejo de volver a casarse, pues era riquísima y todavía joven; y aunque no pareciese ella misma en disposición de hacerlo, pensó en Federico, en su valor y en su última magnificencia, la de haber dado muerte a un halcón tan preciado para honrarla, y terminó por decir a sus hermanos: “Con mucho gusto quedaría viuda, si esto os agradase; pero si estimáis que debo casarme por cierto que no tomaré otro marido que no sea Federico Alberighi”. Ante lo cual los hermanos, burlándose de ella, le respondieron: “¿Qué estás diciendo? ¿Cómo puedes querer a un hombre que nada tiene?” “Lo sé, hermanos míos”, repuso ella, “es así como decís; pero antes bien quiero a un hombre carente de riquezas, que a unas riquezas sin hombre”. Los hermanos, al oírla, y conociendo como conocían a Federico, por más pobre que éste fuese, consintieron en dársela por esposa, junto con todas las riquezas que el primer marido le había dejado; y Federico, que así se convertía por fin en marido de la mujer que amaba, y en poder de una fortuna tan grande como la que las desventuras le habían quitado, vivió con alegría, esposo feliz y administrador más prudente, hasta el fin de sus días.

Giovanni Boccaccio (foto)

 

De los nombramientos espurios: Javiera Blanco

javiera-blancoQué cosa extraña ocurre en el fuero interno de las personas. Caras vemos, corazones no conocemos. El bastión moral que creíamos ver en la presidente Michelle Bachelet, ahora se desmorona. Hablamos de un caso que no dudo en considerar aberrante: el de la señora Javiera Blanco (foto). Activista política a la sombra de doña Michelle Bachelet, logró escalar de un día para otro hasta convertirse en su ministra del Trabajo. Ahí fracasó. Y de ‘castigo’, ¡la presidenta la nombró ministra de Justicia! Ahí fracasó de nuevo. Y de ‘castigo’, ¡la presidente Michelle Bachelet la propuso como nueva integrante del Consejo de Defensa del Estado! ¿Qué onda?, como dicen los muchachos.

Todo este proceso de favorecimientos resulta extraño. Muy extraño. ¿Acaso algún secreto inconfesable de la mandataria, maneja Blanco? Porque no es normal que un pésimo funcionario sea premiado con escalones cada vez más altos. ¿Qué gato encerrado hay? O quizás solo sea que Javiera Blanco está emparentada con la dinastía de los Frei, y se cree con derechos por encima del resto de chilenos, y, obviamente, la presidente Michelle Bachelet inclina su cabeza ante esa evidencia. Por lo demás, a la señora Bachelet le importa cinco quedar mal ante los chilenos, porque su prestigio, a esta altura de su gobierno, está bastante maltrecho, y le da lo mismo.

Aristarco me dice que, en realidad, la jugada de la señora Bachelet se debe al miedo profundo que le tienen a la Democracia Cristiana en la Nueva Mayoría. Si la Democracia Cristiana le ordenó a la señora Bachelet que nombrara a Javiera Blanco en el Consejo de Defensa del Estado, tenía que hacerlo. Mismo miedo que antes le tenían en la Concertación. La Democracia Cristiana ha sabido chantajear, con el cuento de que son ‘el partido más grande’, a la izquierda chilena, cuando su origen es claramente del fascismo español, y tiene más afinidad ideológica con la Unión Demócrata Independiente, Udi, que con el Partido Socialista de la presidente Bachelet. Tal vez sea así, le concedo a Aristarco. No es para nada descabellado.

Compartimos en un todo la reflexión del columnista Carlos Peña sobre este aberrante caso de amiguismo entre la presidente Michelle Bachelet y la mediocre funcionaria Javiera Blanco:

“La pregunta entonces que cabe plantear es si acaso la designación de un miembro del equipo político de la Presidenta (que comenzó como vocera de su candidatura, ejerció de ministra del Trabajo y concluyó como ministra de Justicia), entre cuyas abundantes virtudes no se cuentan las propias del jurista, una persona que es de su entera confianza y que posee total convergencia con su propio punto de vista, es la designación más razonable atendida la índole y las funciones públicas del Consejo, o si, en cambio, parece objetivamente una designación partisana, motivada más bien por consideraciones privadas como, por ejemplo, la de retribuir servicios gubernamentales y adhesión política.

“Y la conclusión es obvia para quien no se arroje tierra a los ojos. El simple examen de las circunstancias objetivas lleva a ella: la designación de Javiera Blanco en el Consejo de Defensa del Estado constituye una designación partisana, aparece como una retribución a una lealtad política más que una selección por méritos de esos que la índole del Consejo de Defensa del Estado exige.

“Quien ejerce el cargo de Presidente de la República a veces debe elegir entre dos intereses: los que emanan de la índole de las instituciones y los de quienes le sirvieron de apoyo para alcanzar el poder.

“La Presidenta Bachelet escogió, esta vez, uno de los segundos.

“Al hacerlo, actuó mal”.

Sospechoso este ‘tsunami de fuego’ en Chile

incendio_noche_portezueloAristarco insiste en que es, como dice Bombo Fica en algunos de sus chistes, ‘sospechoso’ este episodio de los incendios por doquier. Dice que hay manos criminales, y sobre todo una intencionalidad de poner en aprietos a la presidente Michelle Bachelet. Hay un grupo de personas empeñadas en desprestigiar al gobierno. Y varios medios de comunicación les hacen eco. Me cuenta que hay páginas web, con noticias estacionadas desde hace varios meses, afirmando que la economía chilena va a colapsar, afirmando que este ha sido el peor gobierno de la historia de Chile, diciendo que todo está mal. Aristarco cree que estas personas y estas afirmaciones son conspirativas. Buscan infligir daño. Esas personas son las verdaderas responsables de si la situación chilena empeora. Porque lanzan ideas falsas, como lo hacía Joseph Goebbels, y los medios de comunicación cómplices las repiten con tal obsesión que se convierten en verdades. Esta ola de incendios no puede ser espontánea, ¡500 mil hectáreas!, insiste Aristarco. Aquí no se cumple la fórmula de los 30 grados de temperatura, 30 kilómetros por hora de viento y 30 grados de humedad del aire. Aquí hay manos criminales, hay una intencionalidad, hay un concierto para delinquir y un propósito: desprestigiar al gobierno de una mujer. Es una conspiración misógina, cruel y sanguinaria, que no mira sino intereses egoístas. Nada les importa destruir, como lo han hecho, ¡más de 500 mil hectáreas! de bosques y pastizales. “Déjame y digiero todo eso”, fue lo único que se me ocurrió decirle a Aristarco.

El cuento y el oficio de escribir

untitledHay una enormidad de conceptos sobre el oficio de escribir. Van los siguientes de escritores que han sabido destacarse en el exigente género del cuento. Son archiconocidas las palabras de Julio Cortázar del cuento como un round que se gana por nocaut, mientras la novela por puntos. También graficó el cuento como una esfera, y anotó que “el sentimiento de la esfera debe preexistir de alguna manera al acto de escribir el cuento, como si el narrador, sometido por la forma que asume, se moviera implícitamente en ella y la llevara a su extrema tensión, lo que hace precisamente la perfección de la forma esférica”.

Juan Rulfo, ese genio mexicano de ‘El llano en llamas’ y ‘Pedro Páramo’, en sus muy escasas declaraciones dijo del oficio de escritor: “Somos mentirosos; todo escritor que crea es un mentiroso, la literatura es mentira; pero de esa mentira sale una recreación de la realidad; recrear la realidad es, pues, uno de los principios fundamentales de la creación. (…) Para mí el cuento es un género realmente más importante que la novela porque hay que concentrarse en unas cuantas páginas para decir muchas cosas, hay que sintetizar, hay que frenarse; en eso el cuentista se parece un poco al poeta, al buen poeta”.

No hay necesidad de introducir al enorme Jorge Luis Borges. Baste reproducir su percepción del oficio: “Empieza por una suerte de revelación. Pero uso esa palabra de un modo modesto, no ambicioso. Es decir, de pronto sé que va a ocurrir algo y eso que va a ocurrir puede ser, en el caso de un cuento, el principio y el fin. (…) Es necesario que el escritor que escribe una fábula ‘por fantástica que sea’ crea, por el momento, en la realidad de la fábula”.

Por último, el premio Nobel de Literatura en 1982, Gabriel García Márquez, tiene sobre el oficio de escribir una bien clara concepción: “Si uno quiere ser escritor tiene que estar dispuesto a serlo veinticuatro horas al día, los trescientos sesenta y cinco días del año. ¿Quién fue el que dijo aquello de que si me llega la inspiración me encontrará escribiendo? Ese sabía lo que decía. Los diletantes pueden darse el lujo de mariposear, de pasarse la vida saltando de una cosa a otra sin ahondar en ninguna, pero nosotros no. El nuestro es un oficio de galeotes, no de diletantes”.

Consejos que Charles Bukowski no escribió

charles-bukowski1Encontré estos 5 consejos para escritores que Charles Bukowski (foto) nunca escribió, graciosos e ilustrativos, que hablan del autor y en los que subyace el espíritu de fortaleza que debe animar a quien escribe:

1- Toma papel y lápiz -debe ser lápiz pues el bolígrafo es una creación abominable de la industria capitalista: estandarte de oficinistas y burócratas. El lápiz, en cambio, es el crucifijo del artista-. Escribe un par de garabatos sin sentido. Muerde el lápiz, degusta la madera empapada en sudor. Da buena cuenta del lápiz. Borra los garabatos y ráscate la cabeza con la mano izquierda mientras, con la derecha, te acaricias el mentón. Destruye la hoja y tírala al cubo de la basura.

2- Levántate y busca una cerveza. Bebe como si no hubiera un mañana. Repite la acción hasta que la mesa de trabajo sea un bosque de botellas vacías. Prueba mezclando con algo de whiskey, sin hielo. No mezcles con refrescos ni comas mucho. Olvídate de tu madre y de tu padre; de tus amigos y de las películas; de las canciones y de las mujeres. Olvida tu teléfono, eres un monje medieval, un ermitaño, un náufrago aferrado a la única balsa capaz de salvarlo todo: la botella.

3- Ya en estado de embriaguez, folla con la página en blanco. Abre sus delicadas piernas y penetra su virginal blancura. Córrete sin miramientos, sin contemplaciones. Nada de cursilerías. Nada de cariñitos. Expulsa todo y a dormir. Nada de abrazos: ya has follado y debes retirarte, mañana será otro día, la vida es así, muñeca.

4- La resaca y la euforia que vienen después de follar una página en blanco son difíciles de lidiar. El deseo de publicar, similar a las ganas de vomitar, se apodera de ti. Los temores y los nubarrones iniciales se difuminan: eres un jodido escritor y nada podrá detener tu marcha triunfal. Muchos logran vomitar en alguna editorial de mala muerte. Debes evitar a toda costa vomitar. Debes beber y beber. Embriagarte hasta perder la razón. Follar algunas páginas en blanco cada noche sin pensar mucho en las consecuencias, sin pensar en lo que vendrá después. Cuando estás encima de la página, montándola con los ojos en blanco y el rostro desencajado, no debes pensar.

5- A los tres días, con un harén de páginas manchadas en un cajón, te pones a editar. Es masturbación en estado puro. Masturbación madura, sin fantasías adolescentes. Lees lo tuyo y lo mejoras. Un tachón aquí, una anotación allá. Quizás destruyas unas cuantas. No importa, es otro tipo de orgasmo: el placer de la corrección.