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Publicidad; la política; el CDF; el manoseo JC

CDFA riesgo de extemporáneo, las opiniones que siguen hacía varios días quería publicarlas y solo ahora lo logro.

1) PUBLICIDAD. Un excelente ejemplo dan las autoridades argentinas al prohibir en los medios audiovisuales las frases que se dicen a la alta velocidad y nadie entiende. Esa es una manera equivalente de usar la letra chica en los documentos bancarios, por ejemplo. Chile debería imitar esa buena decisión vecina.

2) D.C. MINORÍA. Muchas veces hemos dicho aquí y desde hace muchos años que la Democracia Cristiana proviene del fascismo español y nada tenía que hacer en la Concertación, primero, y después en la Nueva Mayoría. Los que tengan memoria o quieran consultar el archivo del blog, recordarán también que dijimos que no hubo más acucioso e incisivo opositor a los gobiernos de Michelle Bachelet que los demócratacristianos; un ejemplo: Ignacio Walker. Hablaban siempre como si fueran la mayoría de las coaliciones. Siempre dijimos que eran un bluf, que debían salirse, o, en el peor de los casos, ser echados, corridos, porque no eran más que una minoría catete. La realidad nos dio la razón. Ahora que se lanzaron de manera independiente a la presidencia de Chile, se pudo saber que la Democracia Cristiano no tiene ninguna importancia numérica. Son una mínima minoría, a pesar de todo el apoyo que tuvo de la cadena radial demócratacristiana Radio Bio Bio.

3) BURLA. La clase política es dueña de un cinismo a prueba de balas. Terminada la votación por candidatos al Congreso, los electores les dijeron a varios políticos “ya no más”. Estos políticos perdieron sus curules, afortunadamente. Uno de ellos el marrullero Andrés Zaldívar, defensor abierto y solapado del gremio pesquero. Sin embargo, al día siguiente de que los electores lo mandaron para la casa, el Congreso lo nombró en un cargo cuya función es fijarles los sueldos a los parlamentarios. ¡Qué burla hacen del pueblo, al que dicen representar!

4) CDF-COLO COLO. El Canal del Fútbol, CDF, ¿es de Colo Colo? Lo preguntamos porque la ‘cortina’ televisiva para separar informes e imágenes del CDF la hace Jorge Valdivia, quien actúa como si despertara de una pesadilla. Los demás clubes tienen el derecho de reclamar que se suspenda esa publicidad a un jugador y a un equipo, porque todos los demás tienen el mismo derecho de aparecer ahí. El CDF debería guardar distancia y ser ecuánime con todos los equipos de fútbol. ¿No había un actor para hacer eso? ¿No había un desconocido, con mínimas dotes de actor, que hiciera esa publicidad? ¿Tenía que ser, obligadamente, Jorge Valdivia del Colo Colo?

5) DECADENCIA. De Jorge Valdivia decir, también que, inadvertidamente, se convirtió en vocero de Colo Colo y hombre imprescindible del futbol chileno. En días pasados rabió, no se supo con quién, diciendo que él no estaba acabado. No era un decadente. Que ahora corría los 90 minutos del partido. ¿Y eso es una proeza? ¡Todo futbolista, por malo que pueda considerársele, debe correr los 90 minutos! Es lo mínimo que debe hacer. Para eso le pagan, y en el caso suyo, le pagan de más. Hacerle ver, entonces, que un futbolista a su edad, que pasó por el fútbol extranjero, sin tanta gloria como él se cree, y ahora se esfuerza por correr 90 minutos en cada partido del torneo doméstico, está en el final de su carrera. Así nomás es.

6) MANOSEO OBSESIVO. También lo hemos dicho muchas veces en esta página: todo lo que habla Julio César Rodríguez es en doble sentido, ¡qué aburrimiento! Tiene la morbosidad a flor de piel. Su mente está mal diseñada: está llena de penes y vaginas. Muy notorio durante la alfombra roja del Festival de Viña del Mar 2018. A todas las mujeres que entrevistó las tomó por la cintura, innecesariamente. A todas les miró los pechos, descaradamente. Pueden ver el video. Si la mujer estaba parada a su izquierda, él tomaba el micrófono con la mano derecha, y con su izquierda la abrazaba abusivamente, aprovechando la oportunidad; misma operación si ella estaba en su lado derecho: tomaba el micrófono con la izquierda, y con la mano derecha la abrazaba abusivamente. Están los videos para confirmar lo que aquí se dice. Y cuando no manosea a las invitadas a la gala de Viña, manosea a Francisca García Huidobro en el programa ‘Primer Plano’, o en el del festival. Pareciera que tiene un problema de calentura sexual permanente don Julio César Rodríguez. Propia de la adolescencia. En un programa de televisión se ufanó de que él hacía el amor varias veces al día, cada vez que tenía ganas. Estaba conviviendo con Laura Prieto en ese momento. Y bueno, hace unos años, cuando comenzó en la cadena radial demócratacristian Bio Bio, dijimos que necesitaba un(a) fonoaudiólogo(a), porque hablaba como si tuviera la boca llena de babas, asunto que no atendió y por eso no ha mejorado su dicción. En este momento decimos que necesita un(a) psicólogo(a) para superar esa tara sexual que lo agobia.

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Valdivia; Selección; Encuestas; Piñera 1 y 2

Logo-FederacionChilenaDeFutbolValdivia. Me perdí el momento en que Jorge Valdivia pasó de ser el borrachito del bautizazo, que atacó maleteramente a Claudio Borghi (el tonto que le alcahueteaba sus borracheras en la Selección), a ser “el intelectual del fútbol” en que aparentemente se convirtió. En qué momento se volvió personaje, él, que culpa a los árbitros cuando pierde Colo Colo, y con pedantería habla de la grandeza de Colo Colo cuando gana el equipo. ¿Cuándo pasó de ser un tipo sin estado físico (por el alcohol) a ser analista de la Selección de Chile, y considerar la táctica y estrategia, y la condición humana y profesional de Juan Antonio Pizzi como algo deplorable? No supe cuando pasó de última opción a imprescindible. ¿Será obra de la payola? Me parece tan tonto que elogien un pasesito que haga Jorge Valdivia en un partido, como algo decisivo en el fútbol chileno. ¡Si su trabajo es hacer pases! Como si exaltáramos, hasta la gloria eterna, cada vez que un goleador hace un gol. ¡Su trabajo es ese, meter goles! No me digan que estará en la próxima Selección del mundial de 2022. ¿Será tan fuerte la payola, para que lo incluyan? ¿Tendrá estado físico para llegar allá dentro de cuatro largos años?

Selección. Que dejen ya de quejarse por lo que ocurrió (o lo que no ocurrió) con el mundial 2018 de fútbol: Chile no estará ahí. Ahora es cuando hay que empezar a armar la nueva Selección. Una sin Valdivia, sin Beausejour, sin Gonzalo ‘El asqueroso’ Jara, y sin el resto de borrachitos que conocemos. Habría que partir con uno, solamente, de los actuales: Claudio Bravo. Único tipo serio, con estatura de Selección Nacional. Al resto hay que cambiarlos a todos. Y para conformar la nueva Selección que Chile necesita hay que empezar ya. Quizás baste el tiempo para tenerla a tono, cuando sea el momento, ya que hay en Chile unos 200 futbolistas profesionales, de los cuales sería imposible que no se puedan escoger 12 o 20 que sirvan para representar el país. Olvidarnos ahora mismo de los ‘cracks’ de hoy, que no lo serán (y esto es garantizado) dentro de 4 años. Estamos demorados para hacerlo. Hay que empezar ya.

Encuestas. Por enésima vez, decir aquí que las encuestas políticas son una manera sutil de manipular la mente de las personas, para sembrarles ideas que les sean útiles a quienes hoy detentan el poder. Las encuestas de la pasada campaña daban como ganador al derechista Sebastián Piñera, con más de un 50% de los votos. ¡Mentira! A duras penas llegó al 36,64 %. Las encuestas dijeron que Beatriz Sánchez no existía. Mentira, porque sacó el 20,27 % de los votos (1.300.000) Y dijeron que Carolina Goic iría a segunda vuelta, con Piñera, y sacó el 5,88 % de los votos. Las encuestas son una manera sutil de manipular las mentes de los ciudadanos. Son una ficción. Entidades repudiables como el Centro de Estudios Públicos (Cep), financiado por personas repudiables que tienen conductas delictivas como los Matte (coludidos en el vergonzoso caso del papel higiénico), el Cep reproduce lo que los Matte (y los demás de esa élite mandada a recoger) quieren. No más encuestas. Eso es para tontos. Pero ¿cuándo dejarán los medios de comunicación de prestarles atención? Nunca, porque los medios de comunicación son propiedad de los mismos de esa élite de Matte, mandada a recoger.

Piñera 1. El cinismo se personificó en Sebastián Piñera. El suyo fue un gobierno pésimo, piñeracon un Censo nacional que fue un robo, obras civiles como el puente Cau Cau que fueron un robo, y muchas otras falencias que se haría largo enumerar. Pero de todo lo malo, mencionar que el país creció durante su gobierno, solamente el 4%, en comparación con los últimos 15 años de crecimiento superior. De modo que es puro cinismo cuando dice que él hará crecer a Chile. Es cinismo cuando dice que “vamos a aumentar la gratuidad en la educación”, porque a renglón seguido añade: “siempre y cuando el crecimiento económico nos acompañe”. Nada de lo que diga este señor podrá tomarse en serio. Miente, como El Mercurio. Hay un repudio general por su pasado y por su actual verborrea mentirosa.

Piñera 2. No puede dejarse pasar por alto la acusación del candidato Sebastián Piñera, según la cual en la primera vuelta electoral hubo votos marcados en favor de Alejandro Guillier y Beatriz Sánchez. Yo creo que esto merece una investigación penal. Merece, inclusive, suspender las elecciones hasta que el asunto lo aclaren las autoridades electorales y penales. Aplazar la fecha de las próximas elecciones hasta que se establezca de manera fehaciente si el señor Piñera miente, o no. Si miente, no debería poder seguir en carrera electoral, y, en cambio, ir a la cárcel por difamación y calumnia y menosprecio a las instituciones chilenas (traición) Una acusación tan grave no puede dejarse pasar por alto. Y menos excusarse con que no debió haber dicho eso, y como si nada hubiera ocurrido.

 

Bienvenidos; Pizzi; Terrorista; No+AFP; MEO

FutbolBienvenidos. Lamento contradecir a los conductores y panelistas de ‘Bienvenidos’, del Canal 13, que trataron, excepto Hugo Valencia (hay que ser justos, así no sea santo de la devoción), de apabullar a Carla Pardo, la esposa de Claudio Bravo, por lo que dijo, razonadamente, sobre la Selección de Chile: “Yo sé que la mayoría se pelaron el culo, mientras otros se iban de fiestas e incluso no entrenaban de la borrachera que llevaban. A quien le quepa el sombrero que se lo ponga”. ¿Por qué ‘Bienvenidos’ trató de esconder lo que desde hace cerca de 6 años hemos denunciado en este blog: que es un grupo de borrachines los que manipulan la Selección. Y tiene espíritu de mafia. Me parecieron un poco mezquinos los de ‘Bienvenidos’, pidiéndole a Carla Pardo que diera nombres. ¿De modo que la culpa no es del que dio la puñalada, sino del que la recibió? ¡Te apoyamos Carla Pardo, por tu valentía! Tienes derecho a tener rabia. Tienes derecho a denunciar a las lacras de la Selección. ¡Los que tienen que decir los nombres son los de la Selección! En su defecto, se están haciendo cómplices de los borrachitos con alma mafiosa. Muy mediocre, me pareció, la actitud de los de ‘Bienvenidos’, que dijeron que sobre los borrachines “ya se sabía”, “era un secreto a voces”. Entonces ¿por qué no dijeron los nombres, si los sabían? ¿O solo querían encubrir a los borrachitos de mierda que actúan como mafia, y cagarse a Carla Pardo? ¿O es machismo? Les faltó, como al técnico Pizzi, tener pantalones para hablar de la realidad.

Pizzi. Lamento la suerte de este técnico de fútbol, sobre quien dijimos aquí que era mediocre y le faltaban pantalones. Lo reiteramos: Juan Antonio Pizzi fue un técnico mediocre, sin pantalones para lidiar con la mafia de los borrachitos de la Selección. Así como en este momento se busca técnico, también debería buscarse otro equipo para constituir una nueva Selección. Hay en Chile 200 o 300 futbolistas profesionales, y solo escogen, desde hace casi una década, a los mismos 12, que se volvieron viejos y con el mismo vicio: el alcohol. Esta afirmación es generalización, pero ellos saben quiénes son, y como dijo la valiente Carla Pardo, “al que le quepa el sombrero que se lo ponga”. El alcoholismo es un mal del cuerpo y del alma. Y requiere tratamiento médico. Saquen a jubilación (sin esos astronómicos sueldos que hoy tienen, eso sí) a la actual Selección, sin excepciones, y armen otra desde las bases. ¡El mundo no se va a acabar si se corta por lo sano!

Terrorista. Se molestó el pinochetista Sergio Melnick porque se dijo que el presidente de la Bolsa de Comercio de Santiago, Juan Andrés Camus, es un terrorista, con su anuncio, maligno, de que “habrá un colapso del precio de las acciones si no gana Piñera”. ¡Que idiota! La gente del común puede creerle, porque “es el presidente de la bolsa”, pero lo que hizo fue terrorismo. El terrorismo, para decírselo a Menlick, porque su obesidad mórbida le impide pararse (iba a decirlo en términos españoles: “mover ese culo”) y buscar un diccionario o encender un computador para preguntarle a Google, y poder leer que el terrorismo es el uso del terror para coaccionar a un grupo o sociedad. Lo que hizo su patrón, el ladrón, traidor y asesino Augusto Pinochet, en esos años oscuros que vivió Chile. Por esta razón, por decir una imbecilidad mayor, ¡pero malintenciondamente!, como que “los precios de las acciones van a colapsar si no gana Piñera”, el señor Juan Andrés Camus es un terrorista. E idiota.

No+AFP. Creemos que debe hacerse realidad la consigna de No+AFP. ¡No más administradoras de fondos de pensiones! Ese modelo de estafa legalizada debe terminar. Lo hemos dicho hace años, y lo repetimos: tomar el dinero de la gente y hacer negocios con él, y quedarse con las utilidades, pero no darles ninguna ganancia a los dueños de ese dinero, es una estafa. Es un modelo delincuencial, o delictivo, digno de Rafael Garay o Alberto Chang. ¡No más AFP! La gente debe tener réditos, y abundantes, como resultado de sus ahorros de toda una vida. Pero con las AFP, los dueños del dinero quedan con pensiones miserables de 100 mil pesos, mientras que los señorones administradores ganan millonadas, viven en mansiones y se dan la gran vida, como pudimos saberlo en el caso de la AFP Capital. Ahí quedaron retratados los zánganos que se dan la gran vida, chupándole, sin pudor ni remordimiento, la sangre a la gente pobre. No+AFP.

MEO. Me duele en el alma decirlo, porque me simpatizaba, pero Marco Enríquez-Ominami, MEO, no tiene futuro. Si nos hubiera leído hace 8 años, cuando dijimos que buscara un(a) fonoaudiólogo(a) para pronunciar el hermoso idioma español, y expresara sus ideas con calma y precisión, quizás tuviera alguna ventaja con relación a los demás. ¡Qué nos importa que quiera batir la marca del que hable más rápido! Puede ser que, en realidad, seas un hombre brillante, por encima del promedio, pero si no se sabe expresar, si habla entre los dientes, si siempre sufre de una disfonía (porque no sabe hablar ni respirar), y si siempre habla como ametralladora, pues no pasa nada con él. Tiene, además, la cruz de haberle mendigado al ex yerno del traidor, ladrón y asesino Augusto Pinochet, el señorón Julio Ponce. Tal vez diga que eso no es así, que lo probará ante los tribunales de justicia, pero no es lo que gente percibe. La gente percibe que estás creciendo, políticamente, como la cola de las vacas: para abajo. ¡Lástima!

 

De las mentirosas encuestas políticas

encuestasLas encuestas, de las que tanto alarde hacen los noticieros de radio y televisión, y la prensa escrita, tienen encima un enorme signo de interrogación. Las firmas encuestadoras se volvieron, curiosa o dudosamente, ‘líderes de opinión’. En este sentido, conducen a la opinión pública. Salen y dicen que, para estos tiempos preelectorales, tal o cual candidato va encabezando el listado de preferencias ‘de la gente’. Dan puntuaciones, como para que nadie dude. Y, poco a poco, posicionan a ‘su’ candidato. En el caso actual, ‘su’ candidato es Sebastián Piñera.

Previamente, han manipulado el puntaje de sus competidores: primero era, el más ‘peligroso’, Alejandro Guiller. Después pusieron a Beatriz Sánchez a competir en segunda vuelta con Piñera. Después borraron a Carolina Goic y pusieron por encima a Marco Enríquez-Ominami (M-EO). Unos días más tarde surgió José Antonio Kast y también lo pusieron por encima de Carolina Goic. Una semana después Alejandro Guiller sobrepasó a Beatriz Sánchez, Carolina Goic a José Antonio Kast, Kast a M-EO.

Todo, en concordancia con ciertos hechos: la recolección de firmas de los candidatos, el debate por la radio, etcétera.

Jugaron las encuestas, todo el tiempo, con ‘los segundos’, pero posicionaron desde el primer momento a Sebastián Piñera, el de ellos. Las encuestas del Centro de Estudios Públicos (CEP) son del grupo Matte; el mismo de la colusión del papel higiénico. Pero, curiosamente, todo el mundo las califica como ‘las más serias’; obvio, porque ellos mismos han hecho marketing para ser vistos como ‘los más serios’, cuando son igualmente manipuladores y mentirosos.

Con las encuestas Adimark ocurre otro tanto. En realidad, las empresas encuestadoras sirven para sondeos de prueba de productos industriales, y cosas así. En estos casos, son silenciosas, no se propalan, ¿para qué?

Las peligrosamente tendenciosas son las ‘encuestas políticas’. Que siembran ideas en la mente de las personas, en la dirección que los encuestadores, o, más exactamente, sus dueños o manipuladores, quieran. Y ahí está el veneno.

‘Cordero asado’ de Roald Dahl

Roald Dahl(Roald Dahl escribió ‘Los gremlins’, ‘Charlie y la fábrica de chocolate’, ‘James y el melocotón gigante’, ‘Matilda’, ‘Las brujas’ y ‘Relatos de lo inesperado’. Este cuento lo adaptó Alfred Hitchcock al cine)

La habitación estaba limpia y acogedora, las cortinas corridas, las dos lámparas de mesa encendidas, la suya y la de la silla vacía, frente a ella. Detrás, en el aparador, dos vasos altos de whisky. Cubos de hielo en un recipiente.

Mary Maloney estaba esperando a que su marido volviera del trabajo.

De vez en cuando echaba una mirada al reloj, pero sin preocupación, simplemente para complacerse de que cada minuto que pasaba acercaba el momento de su llegada. Tenía un aire sonriente y optimista. Su cabeza se inclinaba hacia la costura con entera tranquilidad. Su piel -estaba en el sexto mes del embarazo- había adquirido un maravilloso brillo, los labios suaves y los ojos, de mirada serena, parecían más grandes y más oscuros que antes.

Cuando el reloj marcaba las cinco menos diez, empezó a escuchar, y pocos minutos más tarde, puntual como siempre, oyó rodar los neumáticos sobre la grava y cerrarse la puerta del coche, los pasos que se acercaban, la llave dando vueltas en la cerradura.

Dejó a un lado la costura, se levantó y fue a su encuentro para darle un beso en cuanto entrara.

-¡Hola, querido! -dijo ella.

-¡Hola! -contestó él.

Ella le colgó el abrigo en el armario. Luego volvió y preparó las bebidas, una fuerte para él y otra más floja para ella; después se sentó de nuevo con la costura y su marido enfrente con el alto vaso de whisky entre las manos, moviéndolo de tal forma que los cubitos de hielo golpeaban contra las paredes del vaso. Para ella ésta era una hora maravillosa del día. Sabía que su esposo no quería hablar mucho antes de terminar la primera bebida, y a ella, por su parte, le gustaba sentarse silenciosamente, disfrutando de su compañía después de tantas horas de soledad. Le gustaba vivir con este hombre y sentir -como siente un bañista al calor del sol- la influencia que él irradiaba sobre ella cuando estaban juntos y solos. Le gustaba su manera de sentarse descuidadamente en una silla, su manera de abrir la puerta o de andar por la habitación a grandes zancadas. Le gustaba esa intensa mirada de sus ojos al fijarse en ella y la forma graciosa de su boca, especialmente cuando el cansancio no le dejaba hablar, hasta que el primer vaso de whisky le reanimaba un poco.

-¿Cansado, querido?

-Sí -respondió él-, estoy cansado.

Mientras hablaba, hizo una cosa extraña. Levantó el vaso y bebió su contenido de una sola vez aunque el vaso estaba a medio llenar.

Ella no lo vio, pero lo intuyó al oír el ruido que hacían los cubitos de hielo al volver a dejar él su vaso sobre la mesa. Luego se levantó lentamente para servirse otro vaso.

-Yo te lo serviré -dijo ella, levantándose.

-Siéntate -dijo él secamente.

Al volver observó que el vaso estaba medio lleno de un líquido ambarino.

-Querido, ¿quieres que te traiga las zapatillas? -Le observó mientras él bebía el whisky-. Creo que es una vergüenza para un policía que se va haciendo mayor, como tú, que le hagan andar todo el día -dijo ella.

Él no contestó; Mary Maloney inclinó la cabeza de nuevo y continuó con su costura. Cada vez que él se llevaba el vaso a los labios se oía golpear los cubitos contra el cristal.

-Querido, ¿quieres que te traiga un poco de queso? No he hecho cena porque es jueves.

-No -dijo él.

-Si estás demasiado cansado para comer fuera -continuó ella-, no es tarde para que lo digas. Hay carne y otras cosas en la nevera y te lo puedo servir aquí para que no tengas que moverte de la silla.

Sus ojos se volvieron hacia ella; Mary esperó una respuesta, una sonrisa, un signo de asentimiento al menos, pero él no hizo nada de esto.

-Bueno -agregó ella-, te sacaré queso y unas galletas.

-No quiero -dijo él.

Ella se movió impaciente en la silla, mirándole con sus grandes ojos.

-Debes cenar. Yo lo puedo preparar aquí, no me molesta hacerlo. Tengo chuletas de cerdo y cordero, lo que quieras, todo está en la nevera.

-No me apetece -dijo él.

-¡Pero querido! ¡Tienes que comer! Te lo sacaré y te lo comes, si te apetece.

Se levantó y puso la costura en la mesa, junto a la lámpara.

-Siéntate -dijo él-, siéntate sólo un momento. -Desde aquel instante, ella empezó a sentirse atemorizada-. Vamos -dijo él-, siéntate.

Se sentó de nuevo en su silla, mirándole todo el tiempo con sus grandes y asombrados ojos. Él había acabado su segundo vaso y tenía los ojos bajos.

-Tengo algo que decirte.

-¿Qué es ello, querido? ¿Qué pasa?

Él se había quedado completamente quieto y mantenía la cabeza agachada de tal forma que la luz de la lámpara le daba en la parte alta de la cara, dejándole la barbilla y la boca en la oscuridad.

-Lo que voy a decirte te va a trastornar un poco, me temo -dijo-, pero lo he pensado bien y he decidido que lo mejor que puedo hacer es decírtelo en seguida. Espero que no me lo reproches demasiado.

Y se lo dijo. No tardó mucho, cuatro o cinco minutos como máximo. Ella no se movió en todo el tiempo, observándolo con una especie de terror mientras él se iba separando de ella más y más, a cada palabra.

-Eso es todo -añadió-, ya sé que es un mal momento para decírtelo, pero no hay otro modo de hacerlo. Naturalmente, te daré dinero y procuraré que estés bien cuidada. Pero no hay necesidad de armar un escándalo. No sería bueno para mi carrera.

Su primer impulso fue no creer una palabra de lo que él había dicho. Se le ocurrió que quizá él no había hablado, que era ella quien se lo había imaginado todo. Quizá si continuara su trabajo como si no hubiera oído nada, luego, cuando hubiera pasado algún tiempo, se encontraría con que nada había ocurrido.

-Prepararé la cena -dijo con voz ahogada.

Esta vez él no contestó.

Mary se levantó y cruzó la habitación. No sentía nada, excepto un poco de náuseas y mareo. Actuaba como un autómata. Bajó hasta la bodega, encendió la luz y metió la mano en el congelador, sacando el primer objeto que encontró. Lo sacó y lo miró. Estaba envuelto en papel, así que lo desenvolvió y lo miró de nuevo.

Era una pierna de cordero.

Muy bien, cenarían pierna de cordero. Subió con el cordero entre las manos y al entrar en el cuarto de estar encontró a su marido de pie junto a la ventana, de espaldas a ella.

Se detuvo.

-Por el amor de Dios -dijo él al oírla, sin volverse-, no hagas cena para mí. Voy a salir.

En aquel momento, Mary Maloney se acercó a él por detrás y sin pensarlo dos veces levantó la pierna de cordero congelada y le golpeó en la parte trasera de la cabeza tan fuerte como pudo. Fue como si le hubiera pegado con una barra de acero. Retrocedió un paso, esperando a ver qué pasaba, y lo gracioso fue que él quedó tambaleándose unos segundos antes de caer pesadamente en la alfombra.

La violencia del golpe, el ruido de la mesita al caer por haber sido empujada, la ayudaron a salir de su ensimismamiento.

Salió retrocediendo lentamente, sintiéndose fría y confusa, y se quedó por unos momentos mirando el cuerpo inmóvil de su marido, apretando entre sus dedos el ridículo pedazo de carne que había empleado para matarle.

“Bien -se dijo a sí misma-, ya lo has matado”.

Era extraordinario. Ahora lo veía claro. Empezó a pensar con rapidez. Como esposa de un detective, sabía cuál sería el castigo; de acuerdo. A ella le era indiferente. En realidad sería un descanso. Pero por otra parte ¿y el niño? ¿Qué decía la ley acerca de las asesinas que iban a tener un hijo? ¿Los mataban a los dos, madre e hijo? ¿Esperaban hasta el noveno mes? ¿Qué hacían?

Mary Maloney lo ignoraba y no estaba dispuesta a arriesgarse.

Llevó la carne a la cocina, la puso en el horno, encendió éste y la metió dentro. Luego se lavó las manos y subió a su habitación. Se sentó delante del espejo, arregló su cara, puso un poco de rojo en los labios y polvo en las mejillas. Intentó sonreír, pero le salió una mueca. Lo volvió a intentar.

-Hola, Sam -dijo en voz alta. La voz sonaba rara también-. Quiero patatas, Sam, y también una lata de guisantes.

Eso estaba mejor. La sonrisa y la voz iban mejorando. Lo ensayó varias veces. Luego bajó, cogió el abrigo y salió a la calle por la puerta trasera del jardín.

Todavía no eran las seis y diez y había luz en las tiendas de comestibles.

-Hola, Sam -dijo sonriendo ampliamente al hombre que estaba detrás del mostrador.

-¡Oh, buenas noches, señora Maloney! ¿Cómo está?

-Muy bien, gracias. Quiero patatas, Sam, y una lata de guisantes.

El hombre se volvió de espaldas para alcanzar la lata de guisantes.

-Patrick dijo que estaba cansado y no quería cenar fuera esta noche -le dijo-. Siempre solemos salir los jueves y no tengo verduras en casa.

-¿Quiere carne, señora Maloney?

-No, tengo carne, gracias. Hay en la nevera una pierna de cordero.

-¡Oh!

-No me gusta asarlo cuando está congelado, pero voy a probar esta vez. ¿Usted cree que saldrá bien?

-Personalmente -dijo el tendero-, no creo que haya ninguna diferencia. ¿Quiere estas patatas de Idaho?

-¡Oh, sí, muy bien! Dos de ésas.

-¿Nada más? -El tendero inclinó la cabeza, mirándola con simpatía-. ¿Y para después? ¿Qué le va a dar luego?

-Bueno. ¿Qué me sugiere, Sam?

El hombre echó una mirada a la tienda.

-¿Qué le parece una buena porción de pastel de queso? Sé que le gusta a Patrick.

-Magnífico -dijo ella-, le encanta.

Cuando todo estuvo empaquetado y pagado, sonrió agradablemente y dijo:

-Gracias, Sam. Buenas noches.

Ahora, se decía a sí misma al regresar, iba a reunirse con su marido, que la estaría esperando para cenar; y debía cocinar bien y hacer comida sabrosa porque su marido estaría cansado; y si cuando entrara en la casa encontraba algo raro, trágico o terrible, sería un golpe para ella y se volvería histérica de dolor y de miedo. ¿Es que no lo entienden? Ella no esperaba encontrar nada. Simplemente era la señora Maloney que volvía a casa con las verduras un jueves por la tarde para preparar la cena a su marido.

“Eso es -se dijo a sí misma-, hazlo todo bien y con naturalidad. Si se hacen las cosas de esta manera, no habrá necesidad de fingir”.

Por lo tanto, cuando entró en la cocina por la puerta trasera, iba canturreando una cancioncilla y sonriendo.

-¡Patrick! -llamó-, ¿dónde estás, querido? -Puso el paquete sobre la mesa y entró en el cuarto de estar. Cuando le vio en el suelo, con las piernas dobladas y uno de los brazos debajo del cuerpo, fue un verdadero golpe para ella.

Todo su amor y su deseo por él se despertaron en aquel momento. Corrió hacia su cuerpo, se arrodilló a su lado y empezó a llorar amargamente. Fue fácil, no tuvo que fingir.

Unos minutos más tarde, se levantó y fue al teléfono. Sabía el número de la jefatura de Policía, y cuando le contestaron al otro lado del hilo, ella gritó:

-¡Pronto! ¡Vengan en seguida! ¡Patrick ha muerto!

-¿Quién habla?

-La señora Maloney, la señora de Patrick Maloney.

-¿Quiere decir que Patrick Maloney ha muerto?

-Creo que sí -gimió ella-. Está tendido en el suelo y me parece que está muerto.

-Iremos en seguida -dijo el hombre.

El coche vino rápidamente. Mary abrió la puerta a los dos policías. Los reconoció a los dos en seguida -en realidad conocía a casi todos los del distrito- y se echó en los brazos de Jack Nooan, llorando histéricamente. El la llevó con cuidado a una silla y luego fue a reunirse con el otro, que se llamaba O’Malley, el cual estaba arrodillado al lado del cuerpo inmóvil.

-¿Está muerto? -preguntó ella.

-Me temo que sí… ¿qué ha ocurrido?

Brevemente, le contó que había salido a la tienda de comestibles y al volver lo encontró tirado en el suelo. Mientras ella hablaba y lloraba, Nooan descubrió una pequeña herida de sangre cuajada en la cabeza del muerto. Se la mostró a O’Malley y éste, levantándose, fue derecho al teléfono.

Pronto llegaron otros policías. Primero un médico, después dos detectives, a uno de los cuales conocía de nombre. Más tarde, un fotógrafo de la Policía que tomó algunos planos y otro hombre encargado de las huellas dactilares. Se oían cuchicheos por la habitación donde yacía el muerto y los detectives le hicieron muchas preguntas. No obstante, siempre la trataron con amabilidad.

Volvió a contar la historia otra vez, ahora desde el principio. Cuando Patrick llegó ella estaba cosiendo, y él se sintió tan fatigado que no quiso salir a cenar. Dijo que había puesto la carne en el horno -allí estaba, asándose- y se había marchado a la tienda de comestibles a comprar verduras. De vuelta lo había encontrado tendido en el suelo.

-¿A qué tienda ha ido usted? -preguntó uno de los detectives.

Se lo dijo, y entonces el detective se volvió y musitó algo en voz baja al otro detective, que salió inmediatamente a la calle.

“…, parecía normal…, muy contenta…, quería prepararle una buena cena…, guisantes…, pastel de queso…, imposible que ella…”

Transcurrido algún tiempo el fotógrafo y el médico se marcharon y los otros dos hombres entraron y se llevaron el cuerpo en una camilla. Después se fue el hombre de las huellas dactilares. Los dos detectives y los policías se quedaron. Fueron muy amables con ella; Jack Nooan le preguntó si no se iba a marchar a otro sitio, a casa de su hermana, quizá, o con su mujer, que cuidaría de ella y la acostaría.

-No -dijo ella.

No creía en la posibilidad de que pudiera moverse ni un solo metro en aquel momento. ¿Les importaría mucho que se quedara allí hasta que se encontrase mejor? Todavía estaba bajo los efectos de la impresión sufrida.

-Pero ¿no sería mejor que se acostara un poco? -preguntó Jack Nooan.

-No -dijo ella.

Quería estar donde estaba, en esa silla. Un poco más tarde, cuando se sintiera mejor, se levantaría.

La dejaron mientras deambulaban por la casa, cumpliendo su misión. De vez en cuando uno de los detectives le hacía una pregunta. También Jack Nooan le hablaba cuando pasaba por su lado. Su marido, le dijo, había muerto de un golpe en la cabeza con un instrumento pesado, casi seguro una barra de hierro. Ahora buscaban el arma. El asesino podía habérsela llevado consigo, pero también cabía la posibilidad de que la hubiera tirado o escondido en alguna parte.

-Es la vieja historia -dijo él-, encontraremos el arma y tendremos al criminal.

Más tarde, uno de los detectives entró y se sentó a su lado.

-¿Hay algo en la casa que pueda haber servido como arma homicida? -le preguntó-. ¿Le importaría echar una mirada a ver si falta algo, un atizador, por ejemplo, o un jarrón de metal?

-No tenemos jarrones de metal -dijo ella.

-¿Y un atizador?

-No tenemos atizador, pero puede haber algo parecido en el garaje.

La búsqueda continuó.

Ella sabía que había otros policías rodeando la casa. Fuera, oía sus pisadas en la grava y a veces veía la luz de una linterna infiltrarse por las cortinas de la ventana. Empezaba a hacerse tarde, eran cerca de las nueve en el reloj de la repisa de la chimenea. Los cuatro hombres que buscaban por las habitaciones empezaron a sentirse fatigados.

-Jack -dijo ella cuando el sargento Nooan pasó a su lado-, ¿me quiere servir una bebida?

-Sí, claro. ¿Quiere whisky?

-Sí, por favor, pero poco. Me hará sentir mejor. Le tendió el vaso.

-¿Por qué no se sirve usted otro? -dijo ella-; debe de estar muy cansado; por favor, hágalo, se ha portado muy bien conmigo.

-Bueno -contestó él-, no nos está permitido, pero puedo tomar un trago para seguir trabajando.

Uno a uno, fueron llegando los otros y bebieron whisky. Estaban un poco incómodos por la presencia de ella y trataban de consolarla con inútiles palabras.

El sargento Nooan, que rondaba por la cocina, salió y dijo:

-Oiga, señora Maloney. ¿Sabe que tiene el horno encendido y la carne dentro?

-¡Dios mío! -gritó ella-. ¡Es verdad!

-¿Quiere que vaya a apagarlo?

-¿Sería tan amable, Jack? Muchas gracias.

Cuando el sargento regresó por segunda vez lo miró con sus grandes y profundos ojos.

-Jack Nooan -dijo.

-¿Sí?

-¿Me harán un pequeño favor, usted y los otros?

-Si está en nuestras manos, señora Maloney…

-Bien -dijo ella-. Aquí están ustedes, todos buenos amigos de Patrick, tratando de encontrar al hombre que lo mató. Deben de estar hambrientos porque hace rato que ha pasado la hora de la cena, y sé que Patrick, que en gloria esté, nunca me perdonaría que estuviesen en su casa y no les ofreciera hospitalidad. ¿Por qué no se comen el cordero que está en el horno? Ya estará completamente asado.

-Ni pensarlo -dijo el sargento Nooan.

-Por favor -pidió ella-, por favor, cómanlo. Yo no voy a tocar nada de lo que había en la casa cuando él estaba aquí, pero ustedes sí pueden hacerlo. Me harían un favor si se lo comieran. Luego, pueden continuar su trabajo.

Los policías dudaron un poco, pero tenían hambre y al final decidieron ir a la cocina y cenar. La mujer se quedó donde estaba, oyéndolos a través de la puerta entreabierta. Hablaban entre sí a pesar de tener la boca llena de comida.

-¿Quieres más, Charlie?

-No, será mejor que no lo acabemos.

-Pero ella quiere que lo acabemos, eso fue lo que dijo. Le hacemos un favor.

-Bueno, dame un poco más.

-Debe de haber sido un instrumento terrible el que han usado para matar al pobre Patrick -decía uno de ellos-, el doctor dijo que tenía el cráneo hecho trizas.

-Por eso debería ser fácil de encontrar.

-Eso es lo que a mí me parece.

-Quienquiera que lo hiciera no iba a llevar una cosa así, tan pesada, más tiempo del necesario. Uno de ellos eructó:

-Mi opinión es que tiene que estar aquí, en la casa.

-Probablemente bajo nuestras propias narices. ¿Qué piensas tú, Jack?

En la otra habitación, Mary Maloney empezó a reírse entre dientes.

Roal Dhal (foto)

Solo como testimonio el caso de Javiera Blanco

En el caso de Javiera Blanco, la peor funcionaria de todos los gobiernos desde el retorno de la democracia en Chile, pero extrañamente premiada con un cargo de magistrada del Consejo de Defensa del Estado, la presidenta Michelle Bachelet sigue marrando. Envió a cuatro (¡!) ministros al Congreso para sabotear un informe en el que se adjudica la responsabilidad que tiene la entonces mediocre ministra de Justicia, Javiera Blanco, en el caso de los niños muertos en el Sename. Y dijo, después, la presidenta Bachelet, justificando su extraño comportamiento: no se puede hacer del tema de los niños del Sename una caricatura, ni descargar toda la culpa en Javiera Blanco. “¡No politicemos el tema!” Eso dijo. ¿Y qué fue lo que hizo con su declaración? ¿Qué hizo con los cuatro (¡!) ministros haciendo lobby para sabotear al Congreso? ¿Qué hizo restándole importancia a las muertes de niños en el Sename? ¿Qué hizo defendiendo a muerte, y extrañamente, a Javiera Blanco? Lo que hizo fue… ¡politizar el tema! Y con política barata, desechable. Digna del idiota Ernesto Silva. Hizo exactamente lo mismo de lo que quiso acusar a la derecha. Borró la diferencia de “la izquierda” y “la derecha”. ¡La mediocridad de la señora Javiera Blanco no puede ser asunto de Estado, señora presidenta! Qué extraño comportamiento el suyo, doña Michelle Bachelet. ¿Quién es Javiera Blanco para que la señora Bachelet se juegue su prestigio? ¿Quién es Javiera Blanco para que el gobierno haga el loco ‘torciéndole’ el voto a varios congresistas? Tienen que responder esto. ¿Qué sabe Javiera Blanco de Michelle Bachelet, para que ésta la trate con algodones? La vida se encargará de decantar este caso. Creo que hay dos temas: el de 1) la mediocre funcionaria que premió con un puesto en el Consejo de Defensa del Estado, y el de 2) encubrimiento del comportamiento inadecuado, antiético y falaz de su hijo Sebastián Dávalos, cuando siendo alto funcionario de gobierno resultó metido en un negociado; estos dos temas, digo señora presidenta, serán de eterna recordación de su segundo gobierno. Pésimo gobierno. Y no lo digo ahora, cuando está con el sol a las espaldas, sino que lo dije, aquí mismo, cuando la señora Bachelet se lanzó de candidata. Dijimos: será un pésimo gobierno, primero porque segundas partes no son buenas, y segundo porque no tiene nada qué ofrecer a ciencia cierta. Cada cual juzgue lo que ve.

De las grandes pequeñas cosas de la tele

tele2Me enteré que Aristarco está viendo más televisión y lo hace a su manera. La interpela. Busca parecidos. Escucha con atención y cree que buena parte de lo que allí ocurre es ficción. A Mauricio Bustamante lo encuentra idéntico a Pedro Picapiedra, y a Soledad Onetto a la cara de una serpiente. Si ve a Raquel Argandoña en cualquier sitio, confirma la decadencia de la tele, de los periodistas que la buscan y de la vida social chilena. No se pierde los viajes de Francisco Saavedra en ‘Lugares que hablan’, y encuentra detestables a Oriana Marzoli y Aylén Milla, en ‘Volverías con tu ex’; cree que están de psiquiatra, porque no de otra manera se explica el bullying, obsesivo y desquiciado, contra Gala (Galadriel Caldirola) A Marco Ferri, en tanto, lo halla hipócrita, falto de testosterona y barbilindo. Dice que ojalá ganen Joaquín Méndez y Camila Recabarren. Y encuentra decepcionante que más políticos suenen como beneficiarios de la empresa del exyerno del abominable y sanguinario dictadorzuelo Augusto Pinochet, SQM del señorón Julio Ponce. Ahí están, en la duda, Sergio Bitar, Samuel Donoso, Guido Girardi (tan raro) y Carolina Tohá. ¿Yo? No, nunca, ni directa o indirectamente he pedido ni recibido dinero de SQM para mi campaña política o para mi partido; eso es lo que dicen todos. Como lo decía, una y otra vez, cínicamente, el ultraderechista pinochetista Jovino Novoa, quien jamás abrió la boca para contestar las preguntas del fiscal (por recomendación de su abogado), pero al final admitió que era un delincuente (aunque el saliente fiscal Sabas Chahuán lo haya absuelto, diciendo que ‘había colaborado con la justicia’) ¿Se sabe cuál es el rating de Rafael Araneda en el matinal de Chilevisión? No, no lo sé, le digo a Aristarco, y él me dice: apostaría a que no ha aportado un solo punto de rating. ¡No pasa nada con Rafael Araneda! Él, solo sirve para programa empaquetados, libreteados, predichos, como el Festival de Viña del Mar, o los de concurso. Y ahora resulta que todos los matinales le copiaron al de Mega, eso de poner a 14 o 18 personas a animarlo. Todos sentados ante una mesa larga. Eso mismo hizo Tvn, Chilevisión y Canal 13. En ‘Bienvenidos’, pusieron a los mismos 13 animadores, pero sentados en un sofá largo. Por último, Aristarco se volvió a quejar de los periodistas idiotas que eliminaron las palabras ‘hoy’ y ‘ayer’, que son determinantes, categóricas, y las convirtieron en un chorro de babas con eso de ‘esta jornada’ y ‘la última jornada’. ¿Eso, qué es? Que vuelvan a la educación básica, dice, molesto. Tan molesto, como con el tal ‘al interior de’. ¿Al interior de? Basta con decir ‘en’, y se dice lo mismo. Está en el banco, o está en el auto, y no ‘al interior del banco’ o ‘al interior del auto’. ¿Dónde están los editores para que corrijan eso? ¿Dónde están los directores para que corrijan eso? ¡Periodistas atorrantes! ¡Cómo maltratan el idioma!