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De las mentirosas encuestas políticas

encuestasLas encuestas, de las que tanto alarde hacen los noticieros de radio y televisión, y la prensa escrita, tienen encima un enorme signo de interrogación. Las firmas encuestadoras se volvieron, curiosa o dudosamente, ‘líderes de opinión’. En este sentido, conducen a la opinión pública. Salen y dicen que, para estos tiempos preelectorales, tal o cual candidato va encabezando el listado de preferencias ‘de la gente’. Dan puntuaciones, como para que nadie dude. Y, poco a poco, posicionan a ‘su’ candidato. En el caso actual, ‘su’ candidato es Sebastián Piñera.

Previamente, han manipulado el puntaje de sus competidores: primero era, el más ‘peligroso’, Alejandro Guiller. Después pusieron a Beatriz Sánchez a competir en segunda vuelta con Piñera. Después borraron a Carolina Goic y pusieron por encima a Marco Enríquez-Ominami (M-EO). Unos días más tarde surgió José Antonio Kast y también lo pusieron por encima de Carolina Goic. Una semana después Alejandro Guiller sobrepasó a Beatriz Sánchez, Carolina Goic a José Antonio Kast, Kast a M-EO.

Todo, en concordancia con ciertos hechos: la recolección de firmas de los candidatos, el debate por la radio, etcétera.

Jugaron las encuestas, todo el tiempo, con ‘los segundos’, pero posicionaron desde el primer momento a Sebastián Piñera, el de ellos. Las encuestas del Centro de Estudios Públicos (CEP) son del grupo Matte; el mismo de la colusión del papel higiénico. Pero, curiosamente, todo el mundo las califica como ‘las más serias’; obvio, porque ellos mismos han hecho marketing para ser vistos como ‘los más serios’, cuando son igualmente manipuladores y mentirosos.

Con las encuestas Adimark ocurre otro tanto. En realidad, las empresas encuestadoras sirven para sondeos de prueba de productos industriales, y cosas así. En estos casos, son silenciosas, no se propalan, ¿para qué?

Las peligrosamente tendenciosas son las ‘encuestas políticas’. Que siembran ideas en la mente de las personas, en la dirección que los encuestadores, o, más exactamente, sus dueños o manipuladores, quieran. Y ahí está el veneno.

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‘Cordero asado’ de Roald Dahl

Roald Dahl(Roald Dahl escribió ‘Los gremlins’, ‘Charlie y la fábrica de chocolate’, ‘James y el melocotón gigante’, ‘Matilda’, ‘Las brujas’ y ‘Relatos de lo inesperado’. Este cuento lo adaptó Alfred Hitchcock al cine)

La habitación estaba limpia y acogedora, las cortinas corridas, las dos lámparas de mesa encendidas, la suya y la de la silla vacía, frente a ella. Detrás, en el aparador, dos vasos altos de whisky. Cubos de hielo en un recipiente.

Mary Maloney estaba esperando a que su marido volviera del trabajo.

De vez en cuando echaba una mirada al reloj, pero sin preocupación, simplemente para complacerse de que cada minuto que pasaba acercaba el momento de su llegada. Tenía un aire sonriente y optimista. Su cabeza se inclinaba hacia la costura con entera tranquilidad. Su piel -estaba en el sexto mes del embarazo- había adquirido un maravilloso brillo, los labios suaves y los ojos, de mirada serena, parecían más grandes y más oscuros que antes.

Cuando el reloj marcaba las cinco menos diez, empezó a escuchar, y pocos minutos más tarde, puntual como siempre, oyó rodar los neumáticos sobre la grava y cerrarse la puerta del coche, los pasos que se acercaban, la llave dando vueltas en la cerradura.

Dejó a un lado la costura, se levantó y fue a su encuentro para darle un beso en cuanto entrara.

-¡Hola, querido! -dijo ella.

-¡Hola! -contestó él.

Ella le colgó el abrigo en el armario. Luego volvió y preparó las bebidas, una fuerte para él y otra más floja para ella; después se sentó de nuevo con la costura y su marido enfrente con el alto vaso de whisky entre las manos, moviéndolo de tal forma que los cubitos de hielo golpeaban contra las paredes del vaso. Para ella ésta era una hora maravillosa del día. Sabía que su esposo no quería hablar mucho antes de terminar la primera bebida, y a ella, por su parte, le gustaba sentarse silenciosamente, disfrutando de su compañía después de tantas horas de soledad. Le gustaba vivir con este hombre y sentir -como siente un bañista al calor del sol- la influencia que él irradiaba sobre ella cuando estaban juntos y solos. Le gustaba su manera de sentarse descuidadamente en una silla, su manera de abrir la puerta o de andar por la habitación a grandes zancadas. Le gustaba esa intensa mirada de sus ojos al fijarse en ella y la forma graciosa de su boca, especialmente cuando el cansancio no le dejaba hablar, hasta que el primer vaso de whisky le reanimaba un poco.

-¿Cansado, querido?

-Sí -respondió él-, estoy cansado.

Mientras hablaba, hizo una cosa extraña. Levantó el vaso y bebió su contenido de una sola vez aunque el vaso estaba a medio llenar.

Ella no lo vio, pero lo intuyó al oír el ruido que hacían los cubitos de hielo al volver a dejar él su vaso sobre la mesa. Luego se levantó lentamente para servirse otro vaso.

-Yo te lo serviré -dijo ella, levantándose.

-Siéntate -dijo él secamente.

Al volver observó que el vaso estaba medio lleno de un líquido ambarino.

-Querido, ¿quieres que te traiga las zapatillas? -Le observó mientras él bebía el whisky-. Creo que es una vergüenza para un policía que se va haciendo mayor, como tú, que le hagan andar todo el día -dijo ella.

Él no contestó; Mary Maloney inclinó la cabeza de nuevo y continuó con su costura. Cada vez que él se llevaba el vaso a los labios se oía golpear los cubitos contra el cristal.

-Querido, ¿quieres que te traiga un poco de queso? No he hecho cena porque es jueves.

-No -dijo él.

-Si estás demasiado cansado para comer fuera -continuó ella-, no es tarde para que lo digas. Hay carne y otras cosas en la nevera y te lo puedo servir aquí para que no tengas que moverte de la silla.

Sus ojos se volvieron hacia ella; Mary esperó una respuesta, una sonrisa, un signo de asentimiento al menos, pero él no hizo nada de esto.

-Bueno -agregó ella-, te sacaré queso y unas galletas.

-No quiero -dijo él.

Ella se movió impaciente en la silla, mirándole con sus grandes ojos.

-Debes cenar. Yo lo puedo preparar aquí, no me molesta hacerlo. Tengo chuletas de cerdo y cordero, lo que quieras, todo está en la nevera.

-No me apetece -dijo él.

-¡Pero querido! ¡Tienes que comer! Te lo sacaré y te lo comes, si te apetece.

Se levantó y puso la costura en la mesa, junto a la lámpara.

-Siéntate -dijo él-, siéntate sólo un momento. -Desde aquel instante, ella empezó a sentirse atemorizada-. Vamos -dijo él-, siéntate.

Se sentó de nuevo en su silla, mirándole todo el tiempo con sus grandes y asombrados ojos. Él había acabado su segundo vaso y tenía los ojos bajos.

-Tengo algo que decirte.

-¿Qué es ello, querido? ¿Qué pasa?

Él se había quedado completamente quieto y mantenía la cabeza agachada de tal forma que la luz de la lámpara le daba en la parte alta de la cara, dejándole la barbilla y la boca en la oscuridad.

-Lo que voy a decirte te va a trastornar un poco, me temo -dijo-, pero lo he pensado bien y he decidido que lo mejor que puedo hacer es decírtelo en seguida. Espero que no me lo reproches demasiado.

Y se lo dijo. No tardó mucho, cuatro o cinco minutos como máximo. Ella no se movió en todo el tiempo, observándolo con una especie de terror mientras él se iba separando de ella más y más, a cada palabra.

-Eso es todo -añadió-, ya sé que es un mal momento para decírtelo, pero no hay otro modo de hacerlo. Naturalmente, te daré dinero y procuraré que estés bien cuidada. Pero no hay necesidad de armar un escándalo. No sería bueno para mi carrera.

Su primer impulso fue no creer una palabra de lo que él había dicho. Se le ocurrió que quizá él no había hablado, que era ella quien se lo había imaginado todo. Quizá si continuara su trabajo como si no hubiera oído nada, luego, cuando hubiera pasado algún tiempo, se encontraría con que nada había ocurrido.

-Prepararé la cena -dijo con voz ahogada.

Esta vez él no contestó.

Mary se levantó y cruzó la habitación. No sentía nada, excepto un poco de náuseas y mareo. Actuaba como un autómata. Bajó hasta la bodega, encendió la luz y metió la mano en el congelador, sacando el primer objeto que encontró. Lo sacó y lo miró. Estaba envuelto en papel, así que lo desenvolvió y lo miró de nuevo.

Era una pierna de cordero.

Muy bien, cenarían pierna de cordero. Subió con el cordero entre las manos y al entrar en el cuarto de estar encontró a su marido de pie junto a la ventana, de espaldas a ella.

Se detuvo.

-Por el amor de Dios -dijo él al oírla, sin volverse-, no hagas cena para mí. Voy a salir.

En aquel momento, Mary Maloney se acercó a él por detrás y sin pensarlo dos veces levantó la pierna de cordero congelada y le golpeó en la parte trasera de la cabeza tan fuerte como pudo. Fue como si le hubiera pegado con una barra de acero. Retrocedió un paso, esperando a ver qué pasaba, y lo gracioso fue que él quedó tambaleándose unos segundos antes de caer pesadamente en la alfombra.

La violencia del golpe, el ruido de la mesita al caer por haber sido empujada, la ayudaron a salir de su ensimismamiento.

Salió retrocediendo lentamente, sintiéndose fría y confusa, y se quedó por unos momentos mirando el cuerpo inmóvil de su marido, apretando entre sus dedos el ridículo pedazo de carne que había empleado para matarle.

“Bien -se dijo a sí misma-, ya lo has matado”.

Era extraordinario. Ahora lo veía claro. Empezó a pensar con rapidez. Como esposa de un detective, sabía cuál sería el castigo; de acuerdo. A ella le era indiferente. En realidad sería un descanso. Pero por otra parte ¿y el niño? ¿Qué decía la ley acerca de las asesinas que iban a tener un hijo? ¿Los mataban a los dos, madre e hijo? ¿Esperaban hasta el noveno mes? ¿Qué hacían?

Mary Maloney lo ignoraba y no estaba dispuesta a arriesgarse.

Llevó la carne a la cocina, la puso en el horno, encendió éste y la metió dentro. Luego se lavó las manos y subió a su habitación. Se sentó delante del espejo, arregló su cara, puso un poco de rojo en los labios y polvo en las mejillas. Intentó sonreír, pero le salió una mueca. Lo volvió a intentar.

-Hola, Sam -dijo en voz alta. La voz sonaba rara también-. Quiero patatas, Sam, y también una lata de guisantes.

Eso estaba mejor. La sonrisa y la voz iban mejorando. Lo ensayó varias veces. Luego bajó, cogió el abrigo y salió a la calle por la puerta trasera del jardín.

Todavía no eran las seis y diez y había luz en las tiendas de comestibles.

-Hola, Sam -dijo sonriendo ampliamente al hombre que estaba detrás del mostrador.

-¡Oh, buenas noches, señora Maloney! ¿Cómo está?

-Muy bien, gracias. Quiero patatas, Sam, y una lata de guisantes.

El hombre se volvió de espaldas para alcanzar la lata de guisantes.

-Patrick dijo que estaba cansado y no quería cenar fuera esta noche -le dijo-. Siempre solemos salir los jueves y no tengo verduras en casa.

-¿Quiere carne, señora Maloney?

-No, tengo carne, gracias. Hay en la nevera una pierna de cordero.

-¡Oh!

-No me gusta asarlo cuando está congelado, pero voy a probar esta vez. ¿Usted cree que saldrá bien?

-Personalmente -dijo el tendero-, no creo que haya ninguna diferencia. ¿Quiere estas patatas de Idaho?

-¡Oh, sí, muy bien! Dos de ésas.

-¿Nada más? -El tendero inclinó la cabeza, mirándola con simpatía-. ¿Y para después? ¿Qué le va a dar luego?

-Bueno. ¿Qué me sugiere, Sam?

El hombre echó una mirada a la tienda.

-¿Qué le parece una buena porción de pastel de queso? Sé que le gusta a Patrick.

-Magnífico -dijo ella-, le encanta.

Cuando todo estuvo empaquetado y pagado, sonrió agradablemente y dijo:

-Gracias, Sam. Buenas noches.

Ahora, se decía a sí misma al regresar, iba a reunirse con su marido, que la estaría esperando para cenar; y debía cocinar bien y hacer comida sabrosa porque su marido estaría cansado; y si cuando entrara en la casa encontraba algo raro, trágico o terrible, sería un golpe para ella y se volvería histérica de dolor y de miedo. ¿Es que no lo entienden? Ella no esperaba encontrar nada. Simplemente era la señora Maloney que volvía a casa con las verduras un jueves por la tarde para preparar la cena a su marido.

“Eso es -se dijo a sí misma-, hazlo todo bien y con naturalidad. Si se hacen las cosas de esta manera, no habrá necesidad de fingir”.

Por lo tanto, cuando entró en la cocina por la puerta trasera, iba canturreando una cancioncilla y sonriendo.

-¡Patrick! -llamó-, ¿dónde estás, querido? -Puso el paquete sobre la mesa y entró en el cuarto de estar. Cuando le vio en el suelo, con las piernas dobladas y uno de los brazos debajo del cuerpo, fue un verdadero golpe para ella.

Todo su amor y su deseo por él se despertaron en aquel momento. Corrió hacia su cuerpo, se arrodilló a su lado y empezó a llorar amargamente. Fue fácil, no tuvo que fingir.

Unos minutos más tarde, se levantó y fue al teléfono. Sabía el número de la jefatura de Policía, y cuando le contestaron al otro lado del hilo, ella gritó:

-¡Pronto! ¡Vengan en seguida! ¡Patrick ha muerto!

-¿Quién habla?

-La señora Maloney, la señora de Patrick Maloney.

-¿Quiere decir que Patrick Maloney ha muerto?

-Creo que sí -gimió ella-. Está tendido en el suelo y me parece que está muerto.

-Iremos en seguida -dijo el hombre.

El coche vino rápidamente. Mary abrió la puerta a los dos policías. Los reconoció a los dos en seguida -en realidad conocía a casi todos los del distrito- y se echó en los brazos de Jack Nooan, llorando histéricamente. El la llevó con cuidado a una silla y luego fue a reunirse con el otro, que se llamaba O’Malley, el cual estaba arrodillado al lado del cuerpo inmóvil.

-¿Está muerto? -preguntó ella.

-Me temo que sí… ¿qué ha ocurrido?

Brevemente, le contó que había salido a la tienda de comestibles y al volver lo encontró tirado en el suelo. Mientras ella hablaba y lloraba, Nooan descubrió una pequeña herida de sangre cuajada en la cabeza del muerto. Se la mostró a O’Malley y éste, levantándose, fue derecho al teléfono.

Pronto llegaron otros policías. Primero un médico, después dos detectives, a uno de los cuales conocía de nombre. Más tarde, un fotógrafo de la Policía que tomó algunos planos y otro hombre encargado de las huellas dactilares. Se oían cuchicheos por la habitación donde yacía el muerto y los detectives le hicieron muchas preguntas. No obstante, siempre la trataron con amabilidad.

Volvió a contar la historia otra vez, ahora desde el principio. Cuando Patrick llegó ella estaba cosiendo, y él se sintió tan fatigado que no quiso salir a cenar. Dijo que había puesto la carne en el horno -allí estaba, asándose- y se había marchado a la tienda de comestibles a comprar verduras. De vuelta lo había encontrado tendido en el suelo.

-¿A qué tienda ha ido usted? -preguntó uno de los detectives.

Se lo dijo, y entonces el detective se volvió y musitó algo en voz baja al otro detective, que salió inmediatamente a la calle.

“…, parecía normal…, muy contenta…, quería prepararle una buena cena…, guisantes…, pastel de queso…, imposible que ella…”

Transcurrido algún tiempo el fotógrafo y el médico se marcharon y los otros dos hombres entraron y se llevaron el cuerpo en una camilla. Después se fue el hombre de las huellas dactilares. Los dos detectives y los policías se quedaron. Fueron muy amables con ella; Jack Nooan le preguntó si no se iba a marchar a otro sitio, a casa de su hermana, quizá, o con su mujer, que cuidaría de ella y la acostaría.

-No -dijo ella.

No creía en la posibilidad de que pudiera moverse ni un solo metro en aquel momento. ¿Les importaría mucho que se quedara allí hasta que se encontrase mejor? Todavía estaba bajo los efectos de la impresión sufrida.

-Pero ¿no sería mejor que se acostara un poco? -preguntó Jack Nooan.

-No -dijo ella.

Quería estar donde estaba, en esa silla. Un poco más tarde, cuando se sintiera mejor, se levantaría.

La dejaron mientras deambulaban por la casa, cumpliendo su misión. De vez en cuando uno de los detectives le hacía una pregunta. También Jack Nooan le hablaba cuando pasaba por su lado. Su marido, le dijo, había muerto de un golpe en la cabeza con un instrumento pesado, casi seguro una barra de hierro. Ahora buscaban el arma. El asesino podía habérsela llevado consigo, pero también cabía la posibilidad de que la hubiera tirado o escondido en alguna parte.

-Es la vieja historia -dijo él-, encontraremos el arma y tendremos al criminal.

Más tarde, uno de los detectives entró y se sentó a su lado.

-¿Hay algo en la casa que pueda haber servido como arma homicida? -le preguntó-. ¿Le importaría echar una mirada a ver si falta algo, un atizador, por ejemplo, o un jarrón de metal?

-No tenemos jarrones de metal -dijo ella.

-¿Y un atizador?

-No tenemos atizador, pero puede haber algo parecido en el garaje.

La búsqueda continuó.

Ella sabía que había otros policías rodeando la casa. Fuera, oía sus pisadas en la grava y a veces veía la luz de una linterna infiltrarse por las cortinas de la ventana. Empezaba a hacerse tarde, eran cerca de las nueve en el reloj de la repisa de la chimenea. Los cuatro hombres que buscaban por las habitaciones empezaron a sentirse fatigados.

-Jack -dijo ella cuando el sargento Nooan pasó a su lado-, ¿me quiere servir una bebida?

-Sí, claro. ¿Quiere whisky?

-Sí, por favor, pero poco. Me hará sentir mejor. Le tendió el vaso.

-¿Por qué no se sirve usted otro? -dijo ella-; debe de estar muy cansado; por favor, hágalo, se ha portado muy bien conmigo.

-Bueno -contestó él-, no nos está permitido, pero puedo tomar un trago para seguir trabajando.

Uno a uno, fueron llegando los otros y bebieron whisky. Estaban un poco incómodos por la presencia de ella y trataban de consolarla con inútiles palabras.

El sargento Nooan, que rondaba por la cocina, salió y dijo:

-Oiga, señora Maloney. ¿Sabe que tiene el horno encendido y la carne dentro?

-¡Dios mío! -gritó ella-. ¡Es verdad!

-¿Quiere que vaya a apagarlo?

-¿Sería tan amable, Jack? Muchas gracias.

Cuando el sargento regresó por segunda vez lo miró con sus grandes y profundos ojos.

-Jack Nooan -dijo.

-¿Sí?

-¿Me harán un pequeño favor, usted y los otros?

-Si está en nuestras manos, señora Maloney…

-Bien -dijo ella-. Aquí están ustedes, todos buenos amigos de Patrick, tratando de encontrar al hombre que lo mató. Deben de estar hambrientos porque hace rato que ha pasado la hora de la cena, y sé que Patrick, que en gloria esté, nunca me perdonaría que estuviesen en su casa y no les ofreciera hospitalidad. ¿Por qué no se comen el cordero que está en el horno? Ya estará completamente asado.

-Ni pensarlo -dijo el sargento Nooan.

-Por favor -pidió ella-, por favor, cómanlo. Yo no voy a tocar nada de lo que había en la casa cuando él estaba aquí, pero ustedes sí pueden hacerlo. Me harían un favor si se lo comieran. Luego, pueden continuar su trabajo.

Los policías dudaron un poco, pero tenían hambre y al final decidieron ir a la cocina y cenar. La mujer se quedó donde estaba, oyéndolos a través de la puerta entreabierta. Hablaban entre sí a pesar de tener la boca llena de comida.

-¿Quieres más, Charlie?

-No, será mejor que no lo acabemos.

-Pero ella quiere que lo acabemos, eso fue lo que dijo. Le hacemos un favor.

-Bueno, dame un poco más.

-Debe de haber sido un instrumento terrible el que han usado para matar al pobre Patrick -decía uno de ellos-, el doctor dijo que tenía el cráneo hecho trizas.

-Por eso debería ser fácil de encontrar.

-Eso es lo que a mí me parece.

-Quienquiera que lo hiciera no iba a llevar una cosa así, tan pesada, más tiempo del necesario. Uno de ellos eructó:

-Mi opinión es que tiene que estar aquí, en la casa.

-Probablemente bajo nuestras propias narices. ¿Qué piensas tú, Jack?

En la otra habitación, Mary Maloney empezó a reírse entre dientes.

Roal Dhal (foto)

Solo como testimonio el caso de Javiera Blanco

En el caso de Javiera Blanco, la peor funcionaria de todos los gobiernos desde el retorno de la democracia en Chile, pero extrañamente premiada con un cargo de magistrada del Consejo de Defensa del Estado, la presidenta Michelle Bachelet sigue marrando. Envió a cuatro (¡!) ministros al Congreso para sabotear un informe en el que se adjudica la responsabilidad que tiene la entonces mediocre ministra de Justicia, Javiera Blanco, en el caso de los niños muertos en el Sename. Y dijo, después, la presidenta Bachelet, justificando su extraño comportamiento: no se puede hacer del tema de los niños del Sename una caricatura, ni descargar toda la culpa en Javiera Blanco. “¡No politicemos el tema!” Eso dijo. ¿Y qué fue lo que hizo con su declaración? ¿Qué hizo con los cuatro (¡!) ministros haciendo lobby para sabotear al Congreso? ¿Qué hizo restándole importancia a las muertes de niños en el Sename? ¿Qué hizo defendiendo a muerte, y extrañamente, a Javiera Blanco? Lo que hizo fue… ¡politizar el tema! Y con política barata, desechable. Digna del idiota Ernesto Silva. Hizo exactamente lo mismo de lo que quiso acusar a la derecha. Borró la diferencia de “la izquierda” y “la derecha”. ¡La mediocridad de la señora Javiera Blanco no puede ser asunto de Estado, señora presidenta! Qué extraño comportamiento el suyo, doña Michelle Bachelet. ¿Quién es Javiera Blanco para que la señora Bachelet se juegue su prestigio? ¿Quién es Javiera Blanco para que el gobierno haga el loco ‘torciéndole’ el voto a varios congresistas? Tienen que responder esto. ¿Qué sabe Javiera Blanco de Michelle Bachelet, para que ésta la trate con algodones? La vida se encargará de decantar este caso. Creo que hay dos temas: el de 1) la mediocre funcionaria que premió con un puesto en el Consejo de Defensa del Estado, y el de 2) encubrimiento del comportamiento inadecuado, antiético y falaz de su hijo Sebastián Dávalos, cuando siendo alto funcionario de gobierno resultó metido en un negociado; estos dos temas, digo señora presidenta, serán de eterna recordación de su segundo gobierno. Pésimo gobierno. Y no lo digo ahora, cuando está con el sol a las espaldas, sino que lo dije, aquí mismo, cuando la señora Bachelet se lanzó de candidata. Dijimos: será un pésimo gobierno, primero porque segundas partes no son buenas, y segundo porque no tiene nada qué ofrecer a ciencia cierta. Cada cual juzgue lo que ve.

De las grandes pequeñas cosas de la tele

tele2Me enteré que Aristarco está viendo más televisión y lo hace a su manera. La interpela. Busca parecidos. Escucha con atención y cree que buena parte de lo que allí ocurre es ficción. A Mauricio Bustamante lo encuentra idéntico a Pedro Picapiedra, y a Soledad Onetto a la cara de una serpiente. Si ve a Raquel Argandoña en cualquier sitio, confirma la decadencia de la tele, de los periodistas que la buscan y de la vida social chilena. No se pierde los viajes de Francisco Saavedra en ‘Lugares que hablan’, y encuentra detestables a Oriana Marzoli y Aylén Milla, en ‘Volverías con tu ex’; cree que están de psiquiatra, porque no de otra manera se explica el bullying, obsesivo y desquiciado, contra Gala (Galadriel Caldirola) A Marco Ferri, en tanto, lo halla hipócrita, falto de testosterona y barbilindo. Dice que ojalá ganen Joaquín Méndez y Camila Recabarren. Y encuentra decepcionante que más políticos suenen como beneficiarios de la empresa del exyerno del abominable y sanguinario dictadorzuelo Augusto Pinochet, SQM del señorón Julio Ponce. Ahí están, en la duda, Sergio Bitar, Samuel Donoso, Guido Girardi (tan raro) y Carolina Tohá. ¿Yo? No, nunca, ni directa o indirectamente he pedido ni recibido dinero de SQM para mi campaña política o para mi partido; eso es lo que dicen todos. Como lo decía, una y otra vez, cínicamente, el ultraderechista pinochetista Jovino Novoa, quien jamás abrió la boca para contestar las preguntas del fiscal (por recomendación de su abogado), pero al final admitió que era un delincuente (aunque el saliente fiscal Sabas Chahuán lo haya absuelto, diciendo que ‘había colaborado con la justicia’) ¿Se sabe cuál es el rating de Rafael Araneda en el matinal de Chilevisión? No, no lo sé, le digo a Aristarco, y él me dice: apostaría a que no ha aportado un solo punto de rating. ¡No pasa nada con Rafael Araneda! Él, solo sirve para programa empaquetados, libreteados, predichos, como el Festival de Viña del Mar, o los de concurso. Y ahora resulta que todos los matinales le copiaron al de Mega, eso de poner a 14 o 18 personas a animarlo. Todos sentados ante una mesa larga. Eso mismo hizo Tvn, Chilevisión y Canal 13. En ‘Bienvenidos’, pusieron a los mismos 13 animadores, pero sentados en un sofá largo. Por último, Aristarco se volvió a quejar de los periodistas idiotas que eliminaron las palabras ‘hoy’ y ‘ayer’, que son determinantes, categóricas, y las convirtieron en un chorro de babas con eso de ‘esta jornada’ y ‘la última jornada’. ¿Eso, qué es? Que vuelvan a la educación básica, dice, molesto. Tan molesto, como con el tal ‘al interior de’. ¿Al interior de? Basta con decir ‘en’, y se dice lo mismo. Está en el banco, o está en el auto, y no ‘al interior del banco’ o ‘al interior del auto’. ¿Dónde están los editores para que corrijan eso? ¿Dónde están los directores para que corrijan eso? ¡Periodistas atorrantes! ¡Cómo maltratan el idioma!

Sampaoli, Fulvio Rossi y Benjamín Vicuña

Jorge SampaoliJorge Sampaoli. Parece que Jorge Sampaoli (foto) resultó buen alumno de Sergio Jadue. Lo digo a la luz de los hechos, porque ahora se sabe que Sampaoli había firmado un contrato a espaldas del directorio de la Asociación Nacional del Fútbol Profesional, Anfp, en el que, a posteriori a la Copa América, se aumentaba de manera arbitraria el monto de su remuneración o premio. Y también tenía firmado otro acuerdo, a espaldas de todo el mundo, para que ciertos dineros fueran depositados en cuentas en el extranjero, según se informó ayer. Con estos antecedentes, nada se puede decir de su futuro personal ni como técnico de la Selección Nacional.

Fulvio Rossi. Siguiendo las enseñanzas de Jorge Correa, el dueño de Fulvio Rossi‘Imaginacción’ que promueve Radio Cooperativa, quien afirmó que “la financiación irregular de la política no es corrupción”, su aparente discípulo el senador Fulvio Rossi (foto) intenta emularlo al declarar que “no se puede sostener que porque una empresa financie a un candidato lo está coaptando”. Esta relajación de las buenas costumbres, los buenos modales, las buenas acciones, los buenos pensamientos, en la persona de un ‘socialista’, da tristeza. No vamos hacia una sociedad de mayores estándares de probidad, moral y bienestar social, sino hacia un hoyo de podredumbre donde todos están untados de irregularidades. La mente del corrupto hace un intento más por pervertir las mentes de las demás personas, para que acepten sus delitos. De esa manera no tienen que esconder nada, porque todo es permitido.

Benjamín Vicuña. En un culebrón digno de un guionista venezolano o Benjamín Vicuñamexicano se convirtió la separación de Benjamín Vicuña (foto) y Carolina Ardohain, ‘Pampita’. Matrimonio que, al parecer, comenzó a partir de una infidelidad de ‘Pampita’ a su esposo Martín Barrantes. En septiembre del 2008, la prensa argentina informaba que: “La Justicia falló a favor de su ex marido, Martín Barrantes, quien la acusó de adulterio al considerar que el comienzo de su relación con el chileno Benjamín Vicuña, que algunos aventuran que se remonta a fines del año 2004, coincidió con su matrimonio”. Ahora es ‘Pampita’ la que acusa de adulterio a Benjamín Vicuña con la actriz argentina María Eugenia Suárez, ‘China’. ¿Se están midiendo con la misma vara? Lo cierto es que ‘Pampita’ dijo que no estaba separada, pero Benjamín Vicuña dijo que sí. La prensa dijo que seguían juntos, pero ‘Pampita’ escribió en tuiter: “Juntos? Reconciliación? Besos? Vida de novios? Todas mentiras!” Hace apenas un par de días ‘Pampita’ publicó fotos al parecer del circuito cerrado de televisión de su casa, en poses amorosas con Benjamín Vicuña, pero éste confirmó que “hace meses” están separados. Por último, se dijo que ‘Pampita’ afirmó que sorprendió a Vicuña y ‘China’ Suárez juntos, pero nadie pudo confirmar eso. Lo que mal empieza, mal termina. Qué triste todo este episodio.

Jaime Anguita, Enrique Correa y Julián Elfenbein

viviana haegerJaime Anguita, asesino. Por fin Jaime Anguita confesó: él mató a su esposa Viviana Haeger. El 29 de junio del 2010, Viviana desapareció, y su cadáver fue encontrado, dos meses después, en la buhardilla de su propia residencia en Puerto Varas, donde la policía había buscado sin hallar nada. ¿Quién la puso ahí? Ahora lo sabemos: él, Jaime Anguita, la mató, y él la puso ahí después de que se fue la policía y, también misteriosamente, una persona informó por teléfono a la policía que buscara de nuevo en la casa. Yo creo que lo mismo les pasó a varios de ustedes: siempre creímos, instintivamente, que Jaime Anguita era el asesino. Por su desagradable cara, su desagradable aspecto general, su desagradable voz, su desagradable pose se ‘viudo’ adolorido, su desagradable cinismo desbordante. Pongo en esta nota el rostro de Viviana Haeger, como mi homenaje por su muerte atroz mediante la asfixia, porque no quiero contaminar el blog con la sucia cara de un asqueroso asesino como Jaime Anguita.

Enrique Correa. Cuando alguien actúa mal, lo sigue haciendo hasta su enrique correa sutilruina total. Es lo que pasa con el señor Enrique Correa (foto), que de ministro ¡socialista! de un gobierno de la llamada Concertación, saltó a consultor y asesor del pinochetismo y de lo peor del empresariado corrupto chileno. Sus torcidos negocios y la mentalidad torcida que se precisa para ejecutarlos, lo han llevado a convertirse en el embajador del Averno en Chile, para decir que…, oigan bien: “El financiamiento irregular de la política no es corrupción”. ¿Pueden creerlo? Tan degenerado mentalmente, que ya borró la línea moral de las cosas. Así piensan los asesinos en serie, los estafadores, los malandros más pervertidos de la historia criminal de la Humanidad. ¿Por qué Radio Cooperativa sigue promoviendo su empresa ‘Imaginacción’?

Elfenbein. Salió Julián Elfenbein (foto) del matinal ‘Buenos días a todos’ del julián elfenbeinautodenominado ‘canal de todos’, Tvn. Aquí dijimos que ese tipo de trabajos no era adecuado para Elfenbein. Él sirve para animar un programa de concurso, pero no para estar varias horas en pantalla, en un programa que es ‘entretenimiento y conversación’. Y lo peor de todo fue que llegó a hacerlo ‘en reemplazo’ de Felipe Camiroaga, que en paz descanse. Y en su pequeña cabeza, él creyó que, efectivamente, era el reemplazo de Camiroaga. ¡Qué iluso! Cero aporte el señor Elfenbein. Ganó harto dinero, eso sí, pero eso es todo. El matinal ‘Buenos días a todos’ necesita cirugía mayor, no maquillajes. Mucho daño le causó su director Mauricio Correa, quien debió haber renunciado al otro día de la muerte de Felipe Camiroaga, y no lo hizo, regodeándose en su prepotencia y mediocridad. Creo que fue el artífice del entierro –de segunda clase– que está teniendo ese matinal.

‘The switch’ y ‘Espías del amor’ en tv chilena

Fernanda Brown-Roberto CortésThe Switch. Hay en este momento en la televisión chilena dos programas livianos, entretenidos, que llevan subyacente un mensaje importante. Uno de ellos es ‘The switch’ (‘El arte del transformismo’), en el canal Mega. Se trata de encontrar al transformista integral: el hombre que no solo se vista de mujer, y lo parezca, sino que además cuente con otras virtudes, como poder actuar un drama o una comedia, y saber cantar.

Al principio era más o menos un griterío de ‘locas’, que con el paso del tiempo y la insistencia de los profesores están entrando en razón, de que no se trata de ‘ponerse unas faldas’ sino de considerar el transformismo como un arte. Y una profesión.

La procedencia de los concursantes es diversa. Uno de ellos era obrero de la construcción, otro esposo y padre, otro actor de teatro, etcétera. En varios casos, realmente han logrado un nivel de aceptación importante como ‘mujeres’. Porque todos quieren ser lo más fielmente ‘una mujer’. Jamás lo serán, obviamente, como admite uno de ellos, Roberto Cortés (foto), que caracteriza a ‘Fernanda Brown’ de su creación.

Cuenta Roberto Cortés que no fue que un día amaneció pensando en ser gay. Porque antes que transformistas son gay, homosexuales. Eso no ocurrió así, sino que desde niño sintió que ‘era distinto’ a sus compañeritos de colegio. En lugar de patear un balón de fútbol prefería hablar con otro amiguito, o soñar con muñecas jugando al papá y la mamá.

Lo mismo narra Marcelo Ramírez, ‘Luna di Mauri’, que inclusive estuvo casado y tuvo una hija. Pero no se casó convencido, sino por no defraudar a su familia y al vecindario. Al final, había una olla a presión en su pecho, y a la primera que le habló de sus inclinaciones reales fue a su esposa. Un trauma, pero ella terminó por comprender, y hoy mantienen una relación sana de amistad.

El mensaje que subyace en el programa de Mega es poner de presente un mundo oculto, compuesto por hombres que tienen alma se mujeres. Ya sabemos de casos de acoso a los homosexuales, inclusive de asesinatos perpetrados por homofóbicos desorbitados. Pero en tanto la condición sexual de los participantes, homosexuales que no escogieron serlo sino que llegaron al mundo siéndolo, y fueron los primeros en sorprenderse de poseer una sensibilidad distinta a la de los de su género, el programa la respeta y, de hecho, la promueve desde el punto de vista artístico.

Espías del amor. El otro programa dedicado a un mundo en apariencia espías del amorraro, es el de ‘Espías del amor’ (logo), del canal Chilevisión, una franquicia que cuenta historias de personas que han trabado amistad, y luego se han enamorado, a través de internet. En la totalidad de los casos, esas personas que dicen sentir emociones de amor por quien está al otro lado de la línea, sentados ambos frente a un computador, no se conocen. Y en la mayoría de los casos no se han hablado sino por teléfono, ni ante la propia cámara del computador. Lo que el programa hace es develar quién está al otro lado.

Son contados los casos en que las personas dicen la verdad. Una de ellas apela a fotos falsas, y si se hablan por teléfono celular, por ejemplo, aplican distorsionadores de voz. En el engaño para ‘enganchar’ al otro, se llega inclusive al cambio de sexo. Curiosamente, son mujeres que simulan ser hombres; lo hacen con dos propósitos, hasta ahora vistos. Uno, porque hay, ciertamente, una inclinación sexual latente, y otro, para sonsacar dinero. Hay también casos de personas que usan información real, hombre y mujer, que llegan a conocerse gracias al programa, y terminan gustándose.

El mensaje que subyace es el de los nuevos tiempos, un mundo con una capacidad de interrelaciones virtuales, rápidas y azarosas, por millones. Desde la comodidad del living o la alcoba, una persona se comunica con otra que está en otra ciudad o en otro país, y llegan a trabar amistad y enamoramiento.

Cuando es real, ¡bendito sea internet! Pero cuando es una estafa, una mofa, una suplantación maliciosa, ¡internet es una amenaza!

El éxito de los dos programas es que ponen al descubierto la realidad que subyace en la cotidianidad de nuestras ciudades y nuestros países. Personas que hacen cosas, alejadas del ojo censurador de un pariente o amigo que les llame la atención. En el caso del transformismo, el asunto es más profundo, más humano, porque se trata de la esencia de las personas y de la profesionalización de un oficio. En el de internet amoroso, es un juego que puede terminar con una lluvia de pétalos de flores, lanzados por un gozoso Cupido, o con una cara larga o de pocos amigos, producto de un engaño que puede llegar a ser mayor.