Archivo de la categoría: Editoriales

Las intenciones de ‘Qué pasa’ con Bachelet

querellaHan movido cielo y tierra los señores de ‘Qué pasa’ (grupo Copesa) para desprestigiar el reclamo de la presidente de Chile, Michelle Bachelet, calumniada e injuriada por esa revista, en relación con vincularla al oscuro negocio en el que está comprometido su hijo, el guatón traspirado de los aros picantes, Sebastián Dávalos, y la esposa de éste (nuera de la presidenta) Primero, ‘Qué pasa’ retiró la publicación de la web, y dijo que “hubo desprolijidad” y que el artículo injurioso “no cumplía con los estándares editoriales internos”. La primera pregunta es: entonces, ¿por qué se publicó?

La presidenta entabló una demanda judicial (facsímil), con pedido de 3 años de cárcel y 6 millones de pesos para Juan Pablo Larraín, director de ‘Qué pasa’ (que fue nombrado director de ‘La Tercera’, periódico del mismo grupo Copesa); Francisco Aravena, editor general; María José Tapia y Rodrigo Vergara (que es, también, editor periodístico de Radio Cooperativa)

Saltó de inmediato el gerente del grupo Copesa, Álvaro Caviedes, a decir que la presidenta estaba coartando la “libertad de prensa” y la “libertad de expresión” o la “libertad de opinión”. Pregunto: si un diario publica que la hija del señor Caviedes es una prostituta, o su esposa la amante del vecino, o que él, el señor Caviedes es delincuente y violador, ¿eso es “libertad de prensa”, “libertad de expresión” o “libertad de opinión”? ¿O eso es injuria y calumnia?

Ahora, los señores de ‘Qué pasa’ y de Copesa no saben a quién poner a desacreditar la demanda judicial de la presidenta. Pusieron a políticos amigos y a “doctores” en comunicación, y ayer a la Sociedad Interamericana de Prensa, SIP, la que dijo que había una “intención de amedrentar” por parte de la presidenta, al molestarse judicialmente por la calumnia e injuria de los señores Larraín, Aravena, Tapia y Vergara contra ella.

Es decir, estamos en el mundo al revés. Yo te escupo, pero tú eres el culpable por avisarle a la policía. Porque ni siquiera la presidenta ha actuado, como pudo haberlo hecho alguien que sorprende al lanza en la calle y lo detiene y golpea, sino que ha acudido a la justicia, que es el cauce democrático normal para saldar este tipo de disputas.

Pero al parecer a estos soñores no les gusta la democracia, sino para llenarse los bolsillos de dinero, pero no para respetar la honra, el buen nombre, la intimidad y el valor humano de las personas (así sea Presidente de la República, vendedora callejera o cajero de banco) Porque estos señores vienen de apoyar y medrar de una etapa tan oscura, triste y sucia como la dictadura del traidor, ladrón y asesino Augusto Pinochet.

Lo normal es que la justicia actúe. Si eso que hicieron Vergara, Tapia, Aravena y Larraín no es injuria y calumnia, así lo dirán los tribunales de justicia, y si lo es, que esas personas asuman las consecuencias de su absoluta irresponsabilidad.

Por lo pronto, en otro acto de soberbia, el señor Álvaro Caviedes ha dicho: “No estamos dispuestos a retractarnos por el contenido” de la publicación, tanto en papel impreso como en la web de ‘Qué pasa’. ¿Qué intenciones, pues, movieron a ‘Qué pasa’, entonces, para publicar algo “desprolijo”, que “no cumplía con los estándares editoriales” de la revista, y que afecta, con nombre y apellido, a la Presidente de Chile, Michelle Bachelet? ¿Hay una conspiración?

Antes de triunfar rechazaron a estos 10 escritores

Scott FitzgeraldDentro de esos pequeños inventarios sobre determinadas cosas, encontré este sobre los grandes autores a quienes alguna vez les rechazaron sus obras, hoy consideradas magistrales. La lista incluye a plumas tan conocidas como la de Agatha Christie, Stephen King y la misma J. K. Rowling, a quien su Harry Potter le fue rechazado antes de la acogida mundial que hoy tiene. Estos son:
1) A Scott Fitzgerald (foto) un editor le dijo: “Tendrías un libro decente si prescindieras del personaje de Gatsby”, después de leer el manuscrito de ‘El gran Gatsby’.
2) ‘Las crónicas de Narnia’ y ‘Cartas del diablo a su sobrino’ de C. S. Lewis, fueron textos rechazados muchas veces (no sé si exageran, pero dicen que fueron rechazados 800 veces)
3) Cuando hoy sus libros tienen ventas que superan los 4.000 millones de ejemplares en todo el mundo, de sus 79 libros, Agatha Christie pasó cuatro años suplicándole a cuanto editor había para que le aceptara un manuscrito. Sus ventas se equiparan actualmente a las de las obras de William Shakespeare.
4) El editor de ‘El espía que surgió del frío’, de John le Carré, le envió a un compañero el libro inédito con la siguiente nota: “Te presento a le Carré. No tiene ningún futuro”.
5) La editorial que leyó ‘El diario de Ana Frank’, opinó: “Esta chica no tiene una percepción ni sentimiento especial que eleve este libro por encima del nivel de la curiosidad”.
6) La sátira de George Orwell sobre la corrupción política de su tiempo, ‘Rebelión en la granja’, fue rechazada con este comentario: “Es imposible vender historias de animales en Estados Unidos”.
7) Las obras de Stephen King tuvieron muchos rechazos, pero él no se rendía. Escribía otro libro y lo presentaba de nuevo, y obtenía un nuevo rechazo. Por fin, con ‘Carrie’, tuvo suerte, aunque uno de los editores que también la rechazó, dijo: “No estamos interesados en ciencia ficción que tenga que ver con utopías negativas. No venden”.
8) El autor de ‘El libro de la selva’, Rudyard Kipling, premio Nobel de Literatura en 1907, fue rechazado por el San Francisco Examiner con esta nota: “Lo siento, Sr. Kipling, pero sencillamente no sabe usted usar el inglés”.
9) J. K. Rowling envió el manuscrito de ‘Harry Potter y la piedra filosofal’ a 12 editoriales. Finalmente, la hija de ocho años del presidente de ediciones Bloomsbury, convenció a su padre para que lo editara. El resto es historia.
10) Finalmente, Marcel Proust fue objeto de rechazo. Su obra ‘En busca del tiempo perdido’ mereció el siguiente comentario de una editorial: “Mi querido amigo, puede que esté muerto de cuello para arriba, pero aun así no veo por qué un tío puede necesitar 30 páginas para describir cómo cambia de postura en la cama antes de dormir”.
La enseñanza, vistos los hechos, es que no siempre se trata de falta de talento del autor, sino falta de talento del editor. Si tú obtienes un ‘No’ por respuesta de un editor, persevera.

Patrick Modiano y ‘La hierba de las noches’

patrick modianoNo te dejes engañar. Puede uno tener la sensación de cierto desmaño en la sintaxis de Patrick Modiano (foto), pero en realidad la redacción opera como una serpiente que te envuelve paulatinamente para, en cualquier momento, asfixiarte. O picarte de veneno de muerte. En ‘La hierba de las noches’ (editorial Anagrama, octubre 2014, traducción de María Teresa Gallego Urrutia) la historia se mueve inestable en el tiempo y el espacio. De pronto está uno en una París de antes, de la que no queda nada. Los protagonistas van por calles que han cambiado su entorno, y entran a locales que ya no existen, porque fueron demolidos. Son puertas en el tiempo que sustentan la trama hacia adelante y hacia atrás, bastante coherentemente. De esto es de lo que hablo:
“Al cabo de un rato, el taxista me dijo:
–¿Está seguro de que va a venir esa persona?
Le pedí que me esperase un momento y me bajé del taxi. Al llegar delante de la puerta cochera, me llamó la atención, a la derecha, el teclado para el código del portero automático. En aquellos tiempos no existía. Pulsé con el índice, al azar, cuatro números y la letra D. La puerta siguió cerrada. Me volví a subir al taxi.
–Se le ha olvidado el código, ¿eh? –me dijo el taxista–. ¿Seguimos esperando a la persona esa?
–No.
A veces, en los sueños, sé el código y no necesito empujar la puerta cochera. En cuanto pulso con el índice la letra D la puerta se abre automáticamente y se vuelve a cerrar cuando entro”.
La novela escarba los tiempos de la ocupación nazi, los tiempos de la resistencia, los sentimientos de viejos torturadores y de jóvenes que exploraban por entonces la vida, o confirmaban que nada había más allá de distinto a lo previsible.
“–Si me hubiera metido en un asunto feo, te lo diría…
Esa frase aún sigo oyéndola de noche, en las horas de insomnio. La apunté en la libreta negra. Debía de sospechar algo, pese a todo, un presentimiento incorrecto ya que la puse por escrito así, tal y como lo hice. ¿Por qué no me dijo nada? ¿O por qué me lo dijo sólo con medias palabras, una noche, cuando salíamos de la estación de Lyon? Sobre la marcha, no me fijé demasiado. A lo mejor no quería asustarme, pero, en tal caso, es que no me conocía bien”.
Sin duda que el más reciente Nobel de Literatura lo merecía. El texto que comento tiene una densidad que, sin embargo, no obstaculiza sino que lo hace a uno avanzar. Porque Modiano también apela al recurso del suspenso, propio de la novela policíaca. Invito a leer esta novela.

Castro, Auster, Lawrence y Eltit

oscar castroSin la pretensión de crítico por oficio sino simplemente como el lector corriente que soy, comparto algunas reseñas que, insisto, contienen mi percepción de textos que disfruto con variado resultado final. El primer libro que debo destacar con toda fuerza y consciencia es ‘Llampo de sangre’, de Óscar Castro (foto), muerto tempranamente a los 37 años en Santiago. Para algunos se tratará de un autor ‘de antes’, pero con mucho expone una potencia narrativa admirable, que despliega en esta novela relacionada con la vida de mineros. Ímpetu narrativo que hace imposible ubicarla en el ‘costumbrismo’, o en el ‘criollismo’, como lo hacen algunos. Porque sencillamente la novela rebasa esos calificativos. Hay una suerte de suspenso que nos lleva a un final imprevisto, en medio de paisajes resecos, agrestes, embrujados. Personajes bien definidos, autónomos, que evolucionan en una danza narrativa sin excesos ni defectos, con justicia de genio en la modulación de la obra que, me parece, se instala en la actualidad ganándoles con suficiente grandeza a narradores de hoy. Una novela medular en la narrativa chilena. Una novela llena de metáforas –ebullen en cada página, la siguiente tan contundente como la precedente–, que están lejos de ser florituras y, antes bien, siguen plasmadas al servicio de la historia. No hay engolamiento, ni actitud presumida en ese volcán de frases sorprendentes, bien hechas, imaginativas y eficazmente descriptivas. Merece quizás un ensayo que rebase esta reseña. Escritor que se precie de tal debe pasar por el fuego sagrado de este texto de Óscar Castro, quien también hizo poesías, de las buenas, algunas de las cuales fueron musicalizadas, como ‘Oración para que no me olvides’ (http://youtu.be/vj8UYZTJjpE).
Una mujer partió a caballo’, en una edición rústica de Editorial Tiempo Presente Limitada, DH Lawrencecontiene también ‘La media blanca’, dos textos de D.H. Lawrence (foto), autor inglés fallecido a los 45 años en Francia. El primero tiene una contundencia que, nuevamente, la provoca el lenguaje resaltado de símiles y metáforas que se compadecen perfectamente con los temas. En el primer caso es la liberación de la mujer del yugo matrimonial y su extraña aventura en una comunidad indígena, en la que habría de conocer la dimensión cósmica del ara sacrificial. En el segundo, un texto lleno de pasión que trenza los sentimientos de él y los de ella de manera natural, que porfían truncados.
Diario de invierno’ es un libro testimonial, autobiográfico, de Paul Auster (foto), escritor paul austerestadounidense de 67 años. Es una historia sin sobresaltos, normal, de alguien que se abre camino en la vida, y lo recuerda después de manera casi cronológica. Vuelven a estar esos pasajes que tanto gustan a Paul Auster en los que plasma la mano del azar –la sublime coincidencia o el milagro en lo cotidiano–. El interés de lector común está en poder conocer “algo más” de la vida diaria de un escritor renombrado. Sin apocopar la riqueza del texto en su misma simplicidad, me quedé pensando al final si una editorial en Chile publicaría este libro, en caso de que el autor no fuera conocido. Un N.N., como yo. Me atrevo a decir que no, jamás, porque parece que nos estamos acostumbrando a la truculencia, lo sanamente retorcido, las historias imposibles, en cuanto a la ficción. Y las editoriales están optando hoy por argumentos de historia patria o de denuncia, temas de no ficción. Mi percepción no resta importancia a ‘Diario de invierno’, sino que no lo resalta como una lectura impostergable.
Fuerzas especiales’ de la escritora chilena Diamela Eltit (foto), de 65 años, premiada en la categoría Narrativa diamela eltitcon el premio ‘Altazor 2014’. Narra un espacio de tiempo determinado de la protagonista sin nombre, que vive en un barrio de bloques habitacionales hostigados por la presencia de ‘los pacos’ y ‘los tiras’. El habla popular, tejida con el florecimiento de metáforas y reflexiones existenciales, fluye a lo largo de sus 165 páginas, con facilidad. Hay una destreza increíble en el manejo del lenguaje, que resulta notable. La historia, finalmente parece un congelado de la misma escena, en la que algo ocurre pero no se sabe exactamente qué, y eso mismo crea una tensión, carente de causa y posibilidades. En la edición de Seix Barral se dice: “Diamela Eltit da vida a un nuevo entramado discursivo –contemporáneo y contingente– donde los vínculos familiares, las relaciones de poder, el cuerpo, el lugar de la mujer y los mecanismos de asedio adquieren nuevos e iluminadores matices”. Quedé con la sensación de haber leído un largo cuento cuya atmósfera, densa e inmóvil, propone que algo sucede, sin precisarse qué –aunque pueda intuirse–. El final, surgido sin suficientes hilos consecuenciales, me hizo recordar el de una película colombiana titulada ‘La estrategia del caracol’. Todo es solo mi percepción.

Los sofismas de Gonzalo Rojas (no el poeta)

gonzalo rojas sánchezCon sus mismas palabras, párrafo por párrafo, me permito usar “el discurso” del señor Gonzalo Rojas (foto, que no el poeta de Lebu, Rojas Pizarro, sino un homónimo, Rojas Sánchez, de menos casta) para decir exactamente lo opuesto de su destemplado intento (es un obsesivo en su temática, es monotemático, cuatro veces más recalcitrante que Hermógenes Pérez de Arce), intento de menoscabar y sabotear los avances hacia un Chile inclusivo, con mayor bienestar social, donde todos tengamos las mismas oportunidades que hoy solo tiene la casta que él defiende: la de los habitantes de los barrios altos del oriente de Santiago.
Al título que él usó, socarrona, bobaliconamente, de “Por fin, ¡el socialismo!”, sugiero su lectura, develando lo velado, con el título “Por fin un gobierno intenta sacar al país del atraso”:
Con apenas seis meses de gestión, el gobierno de la presidenta Michelle Bachelet ha mostrado cuán atrasados están los compromisos del Estado con los gobernados.
Desde el primer minuto, desde el Gobierno y desde el Congreso se ha mostrado el afán por superar este retraso social, causado por la casta nacida del festín de la dictadura.
La marea de conciencia sobre la urgencia de superar el atraso social inunda ya todas las dimensiones de la vida nacional: la enseñanza, la salud, la diversión, las relaciones laborales, el deporte, la judicatura, el orden público, la familia, los tributos.
Afortunadamente, está ocurriendo.
La cadena lógica es obvia: si la educación y la salud es para que ese grupo de empresarios nacidos del festín de la dictadura lucren, si la propiedad es excluyente, si el emprendimiento no puede ser sino de algunos emparentados con esa casta, si la familia es un pretexto para cohonestar delitos y fraudes, si la vida y la personalidad de los ciudadanos son desechables porque así lo determinaron los señores de La Dehesa, Las Condes y Los Trapenses, no es posible que eso siga en pie.
Hay que salir de semejante atraso.
Los áulicos del traidor, ladrón y asesino Augusto Pinochet muestran su peor cara cuando son confrontados con la muralla de privilegios excluyentes, nacidos de ese festín, sin Dios ni ley, que significó para sus bolsillos esa dictadura.
La derecha, sus áulicos, deberían ganarse la plata limpiamente, y no haciéndole trampa al erario del pueblo, a la dignidad de los negocios y hacer gala de la buena cuna que dicen ostentar.
Que trabajen igual que el resto, en vez de creerse los ungidos para mandar.
Afortunadamente quedan todavía más de tres años de gobernar con otra perspectiva, distinta de la casta nacida de la vergonzosa dictadura que vivió Chile. Lo único que puede hacerse es mostrar todos y cada uno de los perjuicios que esa casta les causa a los chilenos.
Los ideales, si existen, de esa clase rancia y retardataria, son pura ficción. Sus palabras engañan, son pura retórica. Sus políticas destruyen, no tienen ideología. Creen que la trampa, la ley amañada, el robo, el delito velado e impune son una ideología.
La derecha intenta sacar a las personas de sus coyunturas, descoyuntarlas después de haberlas exprimido con salarios de hambre y tratarlas como parias.
Cuando logra fortalecer sus vínculos con Dios, con sus familias y con sus tradiciones, esa casta lo hace con el único fin de mantener la ficción de la “libre empresa”, pero el único Dios que tienen es el dinero.
Su familia son los cómplices. La tradición, es la que ellos se inventan. La verdad es su mentira alienante.
En el nombre de la “libertad” desbancan a la justicia, la pisotean, la burlan. No saben hacer los de esa casta del oriente de Santiago, más que construir mayor desigualdad. Cuando los ciudadanos (que ellos denominan “individuos”) han sido reducidos a manos que se estiran para pedir la presencia estatal, los de esta casta anacrónica han alcanzado el mayor de sus objetivos de control.
Ellos, allá arriba, hablando de “libertad”; todos los demás, acá abajo, padeciendo su dominación.
La actividad normal de las personas comunes y corrientes es desfigurada y convertida en la existencia virtual de seres administrados por esa casta de desiguales, que habitan en Las Condes, La Dehesa y Los Trapenses, quienes dictaminan sobre la totalidad de nuestras vidas: no comprarás, no emprenderás, no educarás, no circularás, no opinarás, no donarás, no votarás por la izquierda ni por los independientes, creerás solo las noticias que les damos desde los medios de comunicación que son de nuestra propiedad exclusiva.
Así se está construyendo la gran ficción de “un Chile libre”.
Toda la utopía de la derecha resulta ser efectivamente lo que no puede edificarse en lugar ninguno, si se quiere el mínimo bienestar de las personas, a menos que hablemos de opresión, envilecimiento del ser humano y postración social.
Quizás la pasión por una sociedad más justa, con igualdad de oportunidades, donde la riqueza pueda estar en muchas manos, sea la única condición para poder enfrentar debidamente esa casta de manos sucias y sucias conciencias, y no quede más que agradecer la oportunidad y exclamar: Por fin un gobierno, como el actual, está dispuesto a avanzar un poco más allá de esta sociedad desigual, coartada, abusada por unos pocos que se dicen depositarios de “la libertad”. (Y se les llena la boca diciendo “libertad”)

Por fin Tvn emitirá ‘El diario de Agustín’

diario-agustin-Tvn pondrá fin este sábado (hoy) a una polémica que se inició hace más de un año y medio: transmitirá el documental ‘El diario de Agustín’, mismo que a fines de 2012 se negó a poner en pantalla.

El trabajo dirigido por Ignacio Agüero, que indaga sobre la manipulación de información por parte del diario ‘El Mercurio’, de propiedad de Agustín Edwards Eastman, para colaborar con el golpe militar de 1973 y posteriormente para invisibilizar las violaciones a los Derechos Humanos cometidas por la dictadura, se emitirá en realidad la madrugada de este domingo, a las 00:30 horas, en el debut de una nueva temporada del programa “Zona de Realizadores”, que contará con 11 obras de producción nacional.

“‘El Diario de Agustín’, de Ignacio Agüero, que es el capítulo de estreno de esta temporada de ‘Zona de Realizadores’, registra la investigación de un grupo de seis estudiantes de periodismo de la Universidad de Chile, quienes realizaron su tesis de titulación indagando en la conducta de ‘El Mercurio’ durante los años de la Unidad Popular y el régimen de Augusto Pinochet”, dice un comunicado del canal.

La decisión se produce a poco andar de la nueva administración del canal con el socialista Ricardo Solari a la cabeza del directorio, y la periodista Carmen Gloria López como directora ejecutiva.

La polémica se inició en diciembre de 2012 cuando Fernando Villagrán, uno de los realizadores del documental, denunció que Tvn se negaba a emitirlo porque el directorio le tenía miedo a Agustín Edwards. (Leer más)

Franco y Fresán y los temas de las novelas

jorge francoCon el tiempo, no solo ha cambiado la manera de narrar historias, sino el contenido de esas historias. Lo más osado fue en un tiempo la vieja ‘ciencia ficción’ que conocimos, la de Isaac Asimov o Ray Bradbury, pero de ella hemos pasado al vampirismo, a las sociedades juveniles de brujos, a los mundos encantados de los anillos y, por extensión, a cualquier cosa que se nos ocurra. Y no hago la enumeración de otra manera que no sea enunciativa. Porque, en verdad, el tema de las novelas pareciera ser lo de menos.

Entonces, ¿qué caracteriza a la novela, a la literatura? Yo creo que el lenguaje. Y en el lenguaje el cambio también ha sido notorio. Creo que el lenguaje es, en definitiva, la literatura. Me refiero a que los best sellers (superventas) se diferencian de la literatura en el lenguaje: tienen un lenguaje de fácil lectura, casi elemental, pero no son una trasposición poética de la realidad, como lo es la literatura, ni el lenguaje revela estados psicológicos de los personajes, disociación de tiempos, etcétera.

Convenido esto, al menos para mí, el tema puede variar y volverse casi abstracto. Voy a copiar dos reseñas de dos libros que acaban de salir a las librerías españolas, para ver los temas de que tratan esas novelas. Uno es ‘El mundo de afuera’, del colombiano Jorge Franco (foto, recordado por su ‘Rosario tijeras’), libro con el que acaba de ganar el premio Alfaguara de novela 2014. La reseña de su contenido es esta:

El mundo de afuera transcurre en Medellín. Allí, el tiempo viene envuelto en una neblina, y las voces parecen silbidos que se pierden entre las ramas. Una especie de castillo se atisba en las frondosas afueras y de una puerta sale corriendo una niña rubia. Unos ojos miran cautivados esa presencia insólita y la niña se pierde en el bosque.

“En 1971, el padre de esa niña, don Diego, ha sido secuestrado. El Mono es el cabecilla de los maleantes, cuya intención es pedir un rescate millonario a la familia. El Mono tiene otras razones que las económicas para secuestrar a don Diego: la obsesión amorosa por la hija de este, Isolda, una princesa rubia a quien el padre, amante de la ópera de Wagner, mantiene encerrada en el “castillo” para preservar su pureza y evitar el contagio con el mundo sucio que les rodea. Don Diego es germanófilo y se ha casado con Dita, una mujer alemana que dejó el Berlín nazi para vivir en la copia del castillo de La Rochefoucauld que su marido ha levantado en Medellín. Desde muy pequeña, Isolda ha tomado la costumbre de escapar al bosque, donde antes jugaba con conejos fantásticos que le tejían peinados, mientras el Mono la admiraba encaramado en los árboles.

“Una breve y hasta cierto punto sencilla novela sobre el amor y la muerte, poética y detallista, con un sobresaliente manejo de la tensión, y que, incorporando técnicas cinematográficas como el flashback y la narración paralela, también bebe de fuentes como el cuento folclórico o la crónica de sucesos”.

No es, como se ve, la clásica historia de la traición, el amor imposible, la pugna de familias o de fuerzas, en una ciudad equis, en pos de un propósito equis. No. Aquí hay mucho de cuento folclórico y de crónica periodística, lo cual, por cierto, me encanta, por razones de oficio y porque la literatura también debe servirse del folclor para dejar su registro histórico. Hay que leerla. En mi caso, quiero verificar mi teoría del lenguaje.

La otra novela es la del argentino Rodrigo Fresán (foto), archiconocido como rodrigo fresancrítico agudo, avezado, de muchos quilates, y descubridor de talentos, como el del chileno Marcelo Lillo, quien, por cierto, tiene en librería su más reciente novela, ‘Niebla City’. La novela de Fresán se titula ‘La parte inventada’, y la reseña la hace Patricio Pron, quien recientemente fue jurado del concurso de cuento de la revista Paula. Dice Patricio Pron:

La parte inventada es una novela excelsa en la que se alternan una joven loca; la hermana de El Escritor, que afirma haber bebido la lecha de una vaca verde y haber sido embarazada por su novio en coma; un joven que realiza un documental sobre la desaparición de El Escritor y desearía ser escritor él también para seducir a La Chica; un amigo de El Chico que escribió una obra genial y muere al escuchar un chiste de surrealistas; un viejo amigo de El Escritor que, entre el arte y la vida, escoge la vida y a su hijo; el propio Escritor, que exhibe una libreta de apuntes que es como su propia vida: una sucesión de falsos comienzos y de argumentos inacabados. Nada ligero, nada ingrávido para aquellos lectores a los que la literatura interesa al tiempo que desalienta: una ambición decimonónica puesta al servicio de la escritura de una nivela rabiosamente contemporánea.

La parte inventada ofrece al lector de Rodrigo Fresán lo que este espera y un poco más: la acumulación de noticias dispersas; la digresión deliberada que determina que la narración avance mediante la sucesión de escollos; la superposición de elementos de la cultura pop y la alta literatura; el humor melancólico; la prolepsis; el ensayismo literario como recurso narrativo (y nadie piensa la literatura estos días como Fresán), etcétera. A todos estos elementos, su nueva novela suma algo poco habitual en la obra del escritor argentino radicado en Barcelona: una rabia y una resolución que faltaban en sus libros anteriores.

“En La parte inventada (566 páginas) no hay nada innecesario; su extensión es la que su autor requiere para hacer algo muy difícil en estos tiempos: demostrar que la literatura es aquello que convierte nuestra vida en algo más que una agotadora preparación para la muerte, en la única parte de ella que tiene “alguna estructura, alguna belleza” para algunos de nosotros”.

Y con esta reseña creo que queda claro lo del tema en la novela: puede ser solamente un artefacto que estructure, a la manera del autor, algunas ideas que lo inquietan, recurriendo para ello a un lenguaje adecuado. Y Patricio Pron nos ayuda con otra cualidad de la literatura: eso que convierte nuestra vida en algo más que una agotadora preparación para la muerte.