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Los Larraín; nepotismo; DC; encubridores y Paula

felipe larrainUn Larraín. Increíblemente, el ministro de Hacienda, Felipe Larraín (foto), de quien se espera que sea un hombre frío de números, resultó ser un politiquero de miedo. En el primer gobierno del presidente Sebastián Piñera fue uno de los más pendencieros, hasta el último minuto, y en este segundo mandato fue el primero que empezó la camorra acusando al gobierno de la presidente Michelle Bachelet de haber dejado un déficit de 4.000 millones de dólares. Cacareó con esto hasta más no poder, hasta que el ministro de Hacienda saliente Nicolás Eyzaguirre le cerró la boca. Sin embargo, Larraín había empollado un huevo perverso: viajó a una reunión de amigos ex alumnos de la Universidad de Harvad ¡con dinero de los contribuyentes chilenos! Ni se puso colorado, el cínico ministro de Hacienda. Para excusarse, dijo que la invitación se la habían hecho en calidad de ministro hacía nueve meses. ¿Cómo sabían, hace nueve meses, que iba a ser ministro? ¡Mentiroso! Ministro Felipe Larraín, mentiroso y camorrero. ¡Politiquero!

Otro Larraín. El otro Larraín, el ministro de Justicia, Hernán Larraín (foto), lo primero que hernan larraindijo después de posesionarse fue que los jueces en Chile son todos de izquierda. Con esta declaración ¿qué imparcialidad en el ejercicio de sus funciones se puede esperar? Creo que está impedido. Es un ministro prejuiciado con sus gobernados, y esto le impide pensar claramente. Otro ministro, otro Larraín, sin autoridad para ejercer.

Nepotismo. A los casos de nepotismo, en apenas unos días de gobierno, se le está la monedaqueriendo bajar el perfil con argucias de lenguaje, como están acostumbrados a burlar las responsabilidades judiciales en casos de negociados. El argumento para desvirtuar el nepotismo consiste en decir que nombrar familiares no importa, si la persona tiene las competencias para ejercer el cargo. ¡No! El nepotismo es nepotismo, punto. El nepotismo es la preferencia de los funcionarios públicos de dar empleo a familiares o amigos. Punto. Si tiene las competencias es otro asunto. Primero lo primero, y lo primero hay que ver es si se verifica nepotismo, y si ocurre, hay que eliminar esa condición. Si no hay nepotismo, se verán entonces las competencias del candidato para el puesto. Y como no puede ser nombrado, en tanto se cae en nepotismo, sus competencias realmente importan cinco. (Iba a decir, mecánicamente, que importa un huevo, pero un huevo tiene infinitamente muchas más cualidades benéficas que un caso de nepotismo)

Todavía la DC. Hace varios años, seis o siete, dijimos en este blog que la Democracia democracia_cristianaCristiana (logo) era un partido que jugaba al bluf. Primero fue dentro de la Concertación y después dentro de Nueva Mayoría. Se plantaba con gran dignidad para reclamar por todo. Casi querían darle órdenes a la presidente Michelle Bachelet en su primer gobierno. Y en su bluf, en el que supuestamente tenían una base electoral importante y por eso debían ser tomados en cuenta para todo, casi se convirtieron en opositores, de peores consecuencias que los derechistas partidos Unión Demócrata Independiente y Renovación Nacional. El más enconado fue siempre Ignacio Walker. ¡Y los de la Concertación y Nueva Mayoría cayeron en el bluf! Hace ese tiempo que dijimos que debían salirse de esas alianzas políticas (o debían echarlos, que fue lo que en realidad dijimos) y mostrar sus cartas. Ocasión que tuvieron en las elecciones presidenciales pasadas. Y ahí, quedaron reducidos a lo que son: un grupúsculo de origen fascista, que no es amenaza para nadie más que para ellos mismos. Y amenazan extinguirse.

Encubridores. Parece que los hechos muestran, cada día con mayor nitidez, no solo a errazuriznosotros, sino al mismísimo papa Francisco, la farsa que tenían montada los curas Francisco Javier Errázuriz (foto) y Ricardo Ezzati. Posaban de angelicales ante el papa, y no son más que encubridores de pedofilia, violación y pederastia. Errázuriz viajó a última hora a la reunión programada con el papa, y Ezzati seguirá mintiendo con que jamás se enteró de lo que ocurría en los pasillos de los colegios y seminarios y capillas y centros vacacionales de la curia. En lo personal, les creo a James Hamilton, Fernando Batlle, José Andrés Murillo y Juan Carlos Cruz (víctimas sexuales de la curia) cuando dicen que, hace muchos años, ellos denunciaron ante los curas Errázuriz y Ezzati los abusos del cura Fernando Karadima, y estos curas engavetaron los papeles, ayudados, también se supo, por otro cura, Juan Barros, el perla. Toda una camarilla eclesiástica de encubrimiento de violaciones sexuales a menores de edad, de pedofilia y pederastia. Qué asco de “guías espirituales” tenía la iglesia católica en Chile. (Los llamamos “curas”, porque no tienen la dignidad de obispos que les otorgó el Vaticano)

Paula. Leí que se acababa la revista Paula. No era asiduo suyo, pero siempre es triste que se acabe un medio de comunicación. La pluralidad en la oferta editorial es alimento para el país.

‘Muxes de Juchitán’ de Martín Caparrós

Martín-CaparrósAmaranta tenía siete años cuando terminó de entender las razones de su malestar: estaba cansada de hacer lo que no quería hacer. Amaranta, entonces, se llamaba Jorge y sus padres la vestían de niño, sus compañeros de escuela le jugaban a pistolas, sus hermanos le hacían goles. Amaranta se escapaba cada vez que podía, jugaba a cocinar y a las muñecas, y pensaba que los niños eran una panda de animales. De a poco, Amaranta fue descubriendo que no era uno de ellos, pero todos la seguían llamando Jorge. Su cuerpo tampoco correspondía a sus sensaciones, a sus sentimientos: Amaranta lloraba, algunas veces, o hacía llorar a sus muñecas, y todavía no conocía su nombre.

Son las cinco del alba y el sol apenas quiere, pero las calles del mercado ya están llenas de señoras imponentes: ochenta, cien kilos de carne en cuerpos breves. Las señoras son rotundas como mundos, las piernas zambas, piel cobriza, los ojos grandes negros, sus caras achatadas. Vienen de enaguas anchas y chalecos bordados; detrás van hombrecitos que empujan carretillas repletas de frutas y verduras. Las señoras les gritan órdenes en un idioma que no entiendo: los van arreando hacia sus puestos. Los hombrecitos sudan bajo el peso de los productos y los gritos.

–Güero, cómprame unos huevos de tortuga, un tamalito.

El mercado se arma: con el sol aparecen pirámides de piñas como sandías, mucho mango, plátanos ignotos, tomates, aguacates, hierbas brujas, guayabas y papayas, chiles en montaña, relojes de tres dólares, tortillas, más tortillas, pollos muertos, vivos, huevos, la cabeza de una vaca que ya no la precisa, perros muy flacos, ratas como perros, iguanas retorciéndose, trozos de venado, flores interminables, camisetas con la cara de Guevara, toneladas de cedés piratas, pulpos ensortijados, lisas, bagres, cangrejos moribundos, muy poco pez espada y las nubes de moscas. Músicas varias se mezclan en el aire, y las cotorras.

–¿Qué va a llevar, blanco?

–A usted, señora.

Y la desdentada empieza a gritar el güero me lleva, el güero me lleva, y arrecian las carcajadas. El mercado de Juchitán tiene más de dos mil puestos y en casi todos hay mujeres: tienen que ser capaces de espantar bichos, charlar en zapoteco, ofrecer sus productos, abanicarse y carcajearse al mismo tiempo todo el tiempo. El mercado es el centro de la vida económica de Juchitán y por eso, entre otras cosas, muchos dijeron que aquí regía el matriarcado.

–¿Por qué decimos que hay matriarcado acá? Porque las mujeres predominan, siempre tienen la última palabra. Acá la que manda es la mamá, mi amigo. Y después la señora.

Me dirá después un sesentón, cerveza en la cantina. En la economía tradicional de Juchitán los hombres salen a laborar los campos o a pescar, y las mujeres transforman esos productos y los venden. Las mujeres manejan el dinero, la casa, la organización de las fiestas y la educación de los hijos, pero la política, la cultura y las decisiones básicas son privilegio de los hombres.

–Eso del matriarcado es un invento de los investigadores que vienen unos días y se quedan con la primera imagen. Aquí, dicen, el hombre es un huevón y su mujer lo mantiene.

Dice el padre Francisco Hererro o cura Paco, párroco de la iglesia de San Vicente Ferrer, patrono de Juchitán.

–Pero el hombre se levanta muy temprano porque a las doce del día ya está el sol incandescente y no se puede. Entonces, cuando llegan los antropólogos ven al hombre dormido y dicen ah, es una sociedad matriarcal. No, ésta es una sociedad muy comercial y la mujer es la que vende, todo el día; pero el hombre ha trabajado la noche, la madrugada.

–Pero entonces no se cruzan nunca…

–Sí, para eso no se necesita horario, pues. Yo conozco la vida íntima, secreta, de las familias y te puedo decir que allí tampoco existe el matriarcado.

No existe, pero el papel de las mujeres es mucho más lucido que en el resto de México.

–Aquí somos valoradas por todo lo que hacemos. Aquí es valioso tener hijos, manejar un hogar, ganar nuestro dinero: sentimos el apoyo de la comunidad y eso nos permite vivir con mucha felicidad y con mucha seguridad.

Dirá Marta, mujer juchiteca. Y se les nota, incluso, en su manera de llevar el cuerpo: orgullosas, potentes, el mentón bien alzado, el hombre –si hay hombre– un paso atrás.

Juchitán es un lugar seco, difícil. Cuentan que cuando Dios le ordenó a San Vicente que hiciera un pueblo para los zapotecos, el santo bajó a la tierra y encontró un paraje encantador, con agua, verde, tierra fértil. Pero dijo que no: aquí los hombres van a ser perezosos. Entonces siguió buscando y encontró el sitio donde está Juchitán: éste es el lugar que hará a sus hijos valientes, trabajadores, bravos, dijo San Vicente, y lo fundó.

Ahora Juchitán es una ciudad ni grande ni chica, ni rica ni pobre, ni linda ni fea, en el Istmo de Tehuantepec, al sur de México: el sitio donde el continente se estrecha y deja, entre Pacífico y Atlántico, sólo doscientos kilómetros de tierra. El Istmo siempre ha sido tierra de paso y de comercio: un espacio abierto donde muy variados forasteros se fueron asentando sobre la base de la cultura zapoteca. Y su tradición económica de siglos le permitió mantener una economía tradicional: en Juchitán la mayoría de la población vive de su producción o su comercio, no del sueldo en una fábrica: la penetración de las grandes empresas y del mercado globalizado es mucho menor que en el resto del país.

–Acá no vivimos para trabajar. Acá trabajamos para vivir, no más.

Me dice una señorona en el mercado. Alrededor, Juchitán es un pueblo de siglos que no ha guardado rastros de su historia, que ha crecido de golpe. En menos de veinte años, Juchitán pasó de pueblo polvoriento campesino a ciudad de trópico caótico, y ahora son cien mil habitantes en un damero de calles asfaltadas, casas bajas, flamboyanes naranjas, buganvillas moradas; hay colores pastel en las paredes, jeeps brutales y carros de caballos. Hay pobreza pero no miseria, y cierto saber vivir de la tierra caliente. Algunos negocios tienen guardias armados con winchester “pajera”; muchos no.

Juchitán es un pueblo bravío: aquí se levantaron pronto contra los españoles, aquí desafiaron a las tropas francesas de Maximiliano y a los soldados mexicanos de Porfirio Díaz. Aquí, en 1981, la Coalición Obrero Campesino Estudiantil del Istmo –la COCEI– ganó unas elecciones municipales y la convirtió en la primera ciudad de México gobernada por la izquierda indigenista y campesina. Juchitán se hizo famosa en esos días.

Amaranta siguió jugando con muñecas, vestidos, comiditas, hasta que descubrió unos juegos que le gustaban más. Tenía ocho o nueve años cuando las escondidas se convirtieron en su momento favorito: a los chicos vecinos les gustaba eclipsarse con ella y allí, detrás de una tapia o una mata, se toqueteaban, se frotaban. Amaranta tenía un poco de miedo pero apostaba a esos placeres nuevos:

–Así crecí hasta los once, doce años, y a los trece ya tomé mi decisión, que por suerte tuvo el apoyo de mi papá y de mi mamá.

Dirá mucho después. Aquel día su madre cumplía años y Amaranta se presentó en la fiesta con pendientes y un vestido floreado, tan de señorita. Algunos fingieron una sorpresa inverosímil. Su mamá la abrazó; su padre, profesor de escuela, le dijo que respetaba su decisión pero que lo único que le pedía era que no terminara borracha en las cantinas:

–Jorge, hijo, por favor piensa en tus hermanos, en la familia. Sólo te pido que respetes nuestros valores. Y el resto, vive como debes.

Amaranta se había convertido, por fin, abiertamente, en un “muxe”. Pero seguía sin saber su nombre.

Muxe es una palabra zapoteca que quiere decir homosexual pero quiere decir mucho más que homosexual. Los muxes de Juchitán disfrutan desde siempre de una aceptación social que viene de la cultura indígena. Y se “visten” –de mujeres– y circulan por las calles como las demás señoras, sin que nadie los señale con el dedo. Pero, sobre todo: según la tradición, los muxes travestidos son chicas de su casa. Si los travestis occidentales suelen transformarse en hipermujeres hipersexuales, los muxes son hiperhogareñas:

–Los muxes de Juchitán nos caracterizamos por ser gente muy trabajadora, muy unidos a la familia, sobre todo a la mamá. Muy con la idea de trabajar para el bienestar de los padres. Nosotros somos los últimos que nos quedamos en la casa con los papás cuando ya están viejitos, porque los hermanos y hermanas se casan, hacen su vida aparte pero nosotros, como no nos casamos, siempre nos quedamos. Por eso a las mamás no les disgusta tener un hijo muxe. Y siempre hemos hecho esos trabajos de coser, bordar, cocinar, limpiar, hacer adornos para fiestas: todos los trabajos de mujer.

Dice Felina, que alguna vez se llamó Ángel. Felina tiene 33 años y una tienda –“Estética y creaciones Felina”– donde corta el pelo y vende ropa. La tienda tiene paredes verdes, maniquíes desnudos, sillones para esperar, una mesita con revistas de cotilleo, la tele con culebrón constante y un ordenador conectado a internet; Felina tiene una falda corta con su larga raja, sus piernas afeitadas más o menos, las uñas carmesí. Su historia es parecida a las demás: un descubrimiento temprano, un período ambiguo y, hacia los doce o trece, la asunción de que su cuerpo estaba equivocado. La tradición juchiteca insiste en que un muxe no se hace –nace– y que no hay forma de ir en contra del destino.

–Los muxes sólo nos juntamos con hombres, no con otra persona igual. En otros lugares ves que la pareja son dos homosexuales. Acá en cambio los muxes buscan hombres para ser su pareja.

–¿Se ven más como mujeres?

–Sí, nos sentimos más mujeres. Pero yo no quiero ocupar el lugar de la mujer ni el del hombre. Yo me siento bien como soy, diferente: en el medio, ni acá ni allá, y asumir la responsabilidad que me corresponde como ser diferente.

Cuando cumplió catorce, Amaranta se llamaba Nayeli –“te quiero” en zapoteca– y consiguió que sus padres la mandaran a estudiar inglés y teatro a Veracruz. Allí leyó su primer libro “de literatura”: se llamaba Cien años de soledad y un personaje la impactó: era, por supuesto, Amaranta Buendía.

–A partir de ahí decidí que ése sería mi nombre, y empecé a pensar cómo construir su identidad, cómo podía ser su vida, mi vida. Tradicionalmente los muxes en Juchitán trabajamos en los quehaceres de la casa. Yo, sin menospreciar todo esto, me pregunté por qué tenía que cumplir esos roles.

Amaranta mueve su mano derecha sin parar y conversa con soltura de torrente, eligiendo palabras:

–Entonces pensé que quería estar en la boca de la gente, del público, y empecé a trabajar en un show travesti que se llamaba New Les Femmes.

Durante un par de años las cuatro “New Les Femmes” recorrieron el país imitando a actrices y cantantes. Amaranta se lo tomó en serio: estudiaba cada gesto, cada movimiento, y era muy buena haciendo a Paloma San Basilio y Rocío Durcal. Era una vida y le gustaba –y podría haberle durado muchos años.

En Juchitán no se ven extranjeros: no hay turismo ni razones para que lo haya. Suele hacer un calor imposible, pero estos días sopla un viento sin mengua: aire corriendo entre los dos océanos. El viento refresca pero pega a los cuerpos los vestidos, levanta arena, provoca más chillidos de los pájaros. Los juchitecas se desasosiegan con el viento.

–¿Qué está buscando por acá?

En una calle del centro hay un local con su cartel: Neuróticos Anónimos. Adentro, reunidos, seis hombres y mujeres se cuentan sus historias; más tarde ese señor me explicará que lo hacen para

dejar de sufrir, “porque el ser humano sufre mucho los celos, la ira, la cólera, la soberbia, la lujuria”. Después ese señor –cuarenta años, modelo Pedro Infante– me contará la historia de uno que vino durante muchos meses para olvidar a un muxe:

–El pobre hombre ya estaba casado, quería formar una familia, pero extrañaba al muxe, lo veía, la esposa se enteraba y le daba coraje. Y si no, igual a él le resultaba muy doloroso no poder dejarlo.

Sabía que tenía que dejarlo pero no podía, lo tenía como embrujado.

De pronto me pareció evidente que ese hombre era él.

–¿Y se curó?

Le pregunté, manteniendo la ficción del otro.

–No, yo no creo que se cure nunca. Es que tienen algo, mi amigo, tienen algo.

Me dijo, con la sonrisa triste. Felina me había contado que una de las “funciones sociales” tradicionales de los muxes era la iniciación sexual de los jóvenes juchitecas. Aquí la virginidad de las novias era un valor fundamental y los jóvenes juchitecas siguen respetando más a las novias que no se acuestan con ellos, y entonces los servicios de un muxe son el mejor recurso disponible.

Las New Les Femmes habían quedado en encontrarse, tras tres meses de vacaciones, en un pueblo de Chiapas donde habían cerrado un buen contrato. Amaranta llegó un día antes de la cita y esperó y esperó. Al otro día empezó a hacer llamadas: así se enteró de que dos de sus amigas habían muerto de sida y la tercera estaba postrada por la enfermedad. Hasta ese momento Amaranta no le había hecho mucho caso al VIH, y ni siquiera se cuidaba.

–¿Cómo era posible que las cosas pudieran cambiar tan drásticamente, tan de pronto? Ellas estaban tan vivas, tenían tanto camino por delante No te voy a decir que me sentía culpable, pero sí con un compromiso moral enorme de hacer algo.

Fue su camino de Damasco. Muerta de miedo, Amaranta se hizo los análisis. Cuando le dijeron que se había salvado, se contactó con un grupo que llevaba dos años trabajando sobre el sida en el Istmo: Gunaxhii Guendanabani –Ama la Vida– era una pequeña organización de mujeres juchitecas que la aceptaron como una más. Entonces Amaranta organizó a sus amigas para hacer campañas de prevención. Los muxes fueron muy importantes para convencer a los más jóvenes de la necesidad del sexo protegido.

–El tema del VIH viene a abrir la caja de Pandora y ahí aparece todo: las elecciones sexuales, la autoestima, el contexto cultural, la inserción social, la salud, la economía, los derechos humanos, la política incluso.

Amaranta se especializó en el tema, consiguió becas, trabajó en Juchitán, en el resto de México y en países centroamericanos, dio cursos, talleres, estudió, organizó charlas, marchas, obras de teatro. Después Amaranta se incorporó a un partido político nuevo, México Posible, que venía de la confluencia de grupos feministas, ecologistas, indigenistas y de derechos humanos. Era una verdadera militante.

En la cantina suena un fandango tehuano y sólo hay hombres. Afuera el calor es criminal; aquí adentro, cervezas. En las paredes hay papagayos pintados que beben coronitas y en un rincón la tele grande como el otro mundo repite un gol horrible. Bajo el techo de palma hay un ventilador que vuela lento.

–Venga, güero, tómese una cerveza.

Una mesa con cinco cuarentones está repleta de botellas vacías y me siento con ellos. Al cabo de un rato les pregunto por los muxes y hay varias carcajadas:

–No, para qué, si acá cada cual tiene su mujercita.

–Sus mujercitas, buey.

Corrige otro. Un tercero los mira con ojitos achinados de cerveza:

–A ver quién de ustedes no se ha chingado nunca un muxe. A ver quién es el maricón que nunca se ha chingado un muxe.

Desafía, y hay sonrisas cómplices.

–¡Por los muxes!

Grita uno, y todos brindan…brindamos.

La invitación estaba impresa en una hoja de papel común: “Los señores Antonio Sánchez Aquino y Gimena Gómez Castillo tienen el honor de invitar a usted y a su apreciable familia al 25 aniversario de la señorita María Rosa Mística que se llevará a cabo en”. La fiesta fue la semana pasada; ayer, cuando me la encontré en la calle vendiendo quesos que prepara con su madre, la señorita María Rosa Mística parecía, dicho sea con todos los respetos, un hombre feo retacón y muy ancho metido adentro de una falda interminable que me dijo que ahorita no podía charlar pero quizás mañana.

–A las doce en el bar Jardín, ¿te parece?

Dijo, pero me dio el número de su celular “por si no llego”. Y ahora la estoy llamando porque ya lleva una hora de retraso; no, sí, ahorita voy. Supuse que se estaba dando aires –un supuesto truco femenino–. Al rato, Mística llega con Pilar –“una vecina”– y me cuenta que vienen del velorio de un primo que se murió de sida anoche:

–Pobre Raúl, le daba tanta pena, no quería decirle a nadie qué tenía, no quería que su madre se enterara. Si acá todos la queríamos Pero creía que la iban a rechazar y decía que era un virus de perro, un dolor de cabeza, escondía los análisis. Y se dejó morir de vergüenza.

Dice Mística, triste, transfigurada: ahora es una reina zapoteca altiva, inmensa. El cura Paco me había dicho que aquí todavía no ha penetrado el modelo griego de belleza: que las mujeres para ser bellas tienen que ser frondosas, carnosas, bebedoras, bailonas. “Moza, moza, la mujer entre más gorda más hermosa”, me dijo que se dice. Así que Mística debe ser una especie de Angelina Jolly: un cuerpo desmedido, tacos, enaguas anchas y un huipil rojo fuego con bordados de oro. El lápiz le ha dibujado labios muy improbables, un corazón en llamas.

–Yo también estoy enferma. Pero no por eso voy a dejarme morir, ¿no? Yo estoy peleando, a puritos vergazos. Ahorita me cuido mucho y cuido a las personas con las que tengo relaciones: la gente no tiene la culpa de que yo me haya enfermado. Yo no soy así, vengativa. Ahorita ando con un muchacho de 16 años; a mí me gustan mucho los niños y, la verdad, pues me siento bien con él pero también me siento mal porque es muy niño para mí.

Declara su vecina. Pilar es un muxe pasado por la aculturación moderna: hace unos años se fue a vivir a la ciudad de México y consiguió trabajo en la cocina de un restorán chino.

–Y también trabajo a la noche, cuando salgo y no me siento cansada, si necesito unos pesos voy por Insurgentes, por la Zona Rosa y me busco unos hombres. A mí me gusta eso, me siento muy mujer, más que mujer. A mí lo único que me falta es ésta.

Dice y se aprieta con la mano la entrepierna. Pilar va de pantalones ajustados y una blusa escotada que deja ver el nacimiento de sus tetas de saldo.

–Te sobra, se diría.

Le dice Mística, zumbona.

–Sí, me falta, me sobra. Pensé en operarme pero no puedo, son como cuarenta mil pesos, es mucho dinero.

Cuarenta mil pesos son cuatro mil dólares y Pilar cobra doscientos o trescientos pesos por servicio. Mística transpira y se seca con cuidado de no correrse el maquillaje. A Mística no le gusta la idea de trabajar de prostituta:

–No, le temo mucho. Me da miedo enamorarme perdidamente de alguien, me da miedo la violencia de los hombres. Yo me divierto en las fiestas y en la conga, cuando ando tomada ligo mucho.

Tradicionalmente los muxes juchitecas no se prostituyen: no lo necesitan porque no existe la marginación que les impide otra salida. Pero algunas han empezado a hacerlo.

–Ni tampoco quiero operarme. Yo soy feliz así. Tengo más libertad que una mujer, puedo hacer lo que quiero. Y también tengo mi marido que me quiere y me busca

Dice Mística. Su novio tiene 18 años y es estudiante: ya llevan, dice, orgullosa, más de seis meses juntos.

En septiembre del 2002, Amaranta había encontrado un hombre que por fin consiguió cautivarla: era un técnico en refrigeración que atendía grandes hoteles en Huatulco, un pueblo turístico sobre el Pacífico, a tres horas al norte de aquí.

–Era un chavo muy lindo y me pidió que me quedara con él, que estaba solo, que me necesitaba, y nos instalamos juntos. Era una relación de equidad, pagábamos todo a la par, estábamos haciendo algo juntos.

Amaranta se sentía enamorada y decidió que quería bajar su participación política para apostar a “crear una familia”. Pero una noche de octubre se tomó un autobús hacia Oaxaca para asistir a un acto; el autobús volcó y el brazo izquierdo de Amaranta quedó demasiado roto como para poder reconstruirlo: se lo amputaron a la altura del hombro.

–Yo no sé si creer en el destino o no, pero sí creo en las circunstancias, que las cosas se dan cuando tienen que darse. Era un momento de definición y con el accidente tuve que preguntarme: Amaranta dónde estás parada, adónde va tu vida.

Su novio no estuvo a la altura, y Amaranta se dio cuenta de que lo que más le importaba era su familia, sus compañeros y compañeras, su partido. Entonces trató de no dejarse abatir por ese brazo ausente, retomó su militancia con más ganas y, cuando le ofrecieron una candidatura a diputada federal –el segundo puesto de la lista nacional–, la aceptó sin dudar. Empezó a recorrer el país buscando apoyos, hablando en público, agitando, organizando: su figura se estaba haciendo popular y tenía buenas chances de aprovechar el descrédito de los políticos tradicionales y su propia novedad para convertirse en la primera diputada travestida del país y –muy probablemente– del mundo.

El padre Paco lleva bigotes y no está de acuerdo. El cura quiere ser tolerante y a veces le sale: dice que la homosexualidad no es natural pero que en las sociedades indígenas, como son más maduras, cada quien es aceptado como es. Pero que ahora, en Juchitán, hay gente que deja de aceptar a algunos homosexuales porque se están “occidentalizando”.

–¿Qué significa occidentalizarse en este caso?

–Pues, por ejemplo meterse en la vida política, como se ha metido ahora Amaranta. A mí me preocupa, veo otros intereses que están jugando con ella o con él no, con ella, pues. Porque el homosexual de aquí es el que vive normalmente, no le interesa trascender, ser figura, sino que vive en la mentalidad indígena del mundo. Mientras no rompan el modo de vida local, siguen siendo aceptados
–¿Tú has roto con esa tradición de los muxes?

Le preguntaré otro día a Amaranta.

–La apuesta no es dejar de hacer pasteles o de bordar o de hacer fiestas, para nada; la apuesta es fortalecer desde estos espacios públicos eso que siempre hemos hecho.

Amaranta Gómez Regalado es muy mujer. Más de una vez, charlando con ella, me olvido de que su documento dice Jorge.

Hay estruendo de cuervos y bocinas y no se sabe quién imita a quién. En el medio del Zócalo –la plaza central de Juchitán–, junto al quiosco donde a veces toca la banda o la marimba, una panda de skaters hace sus morisquetas sobre ruedas. Las piruetas les fallan casi siempre. Una mujer montaña con faldas de colores, enaguas y rebozo se cruza en el camino y casi provoca el accidente. Llevan pantalones raperos y gorras de los Gigantes de San Francisco o los Yankees de Nueva York, y uno me dirá que lo que más quiere en la vida es pasar la frontera, pero que ahora con la guerra quién sabe:

–No vaya a ser que te metan en su army y te manden al frente.

Entonces le pregunto por los muxes y le brillan los ojos: no sé si es sorna, orgullo o sólo un buen recuerdo.

–¿Tú has venido por eso?

No puedo decirle que no; tampoco vale la pena explicarle que no es lo que él supone. Se huele el mango, los plátanos maduros, pescado seco, la harina de maíz y las gardenias. Más allá, una sábana pintada y colgada de dos árboles anuncia que “la Secretaría de la Defensa Nacional te invita a ingresar a sus filas en el arma de Infantería. Te ofrecemos alojamiento, alimentación, seguro médico, seguro de vida”; dos soldaditos magros esperan candidatos. Los lustrabotas se aburren y transpiran. Por la calle pasa el coche con altavoz que lee las noticias: “Siete días tuvieron encerradas a parturienta y sus gemelas por no pagar la cuenta” Dos mujeronas van agarradas de la mano y una le tienta a otra con la mano una pequeña parte de la grupa:

–¡Mira lo que te pierdes!

Le grita a un hombre flaco que las mira. A un costado, bajo un toldo para el sol espantoso, se desarrolla el “Maratón microfónico y de estilistas” organizado por Gunaxhii Guendanabani: una docena de peluqueras muxes y mujeres tijeretean cabezas por la causa mientras una señora lee consejos “para vivir una sexualidad plena, responsable y placentera”. Una chica de quince embarazada, vestidito de frutas, se acerca de la mano de su mamá imponente. Colegialas distribuyen cintas rojas y Amaranta saluda, da aliento, contesta a unas mujeres que se interesan por su candidatura o por su brazo ausente. Lleva un colgante de obsidianas sobre la blusa de batik violeta y la pollera larga muy floreada, la cara firme, la frente despejada y los ojos, sobre todo los ojos. Se la ve tan a gusto, tan llena de energía:

–¿Y cómo te resulta esto de haberte transformado en un personaje público?
–Pues mira, no he tenido tiempo de preguntármelo todavía. Por un lado era lo que yo quería, lo había soñado, imaginado.

–Pero si ganas te va a resultar mucho más difícil conseguir un novio.

Amaranta se retira el pelo de la cara, coqueta, con mohines:

–Sí, se vuelve más complicado, pero el problema es más de fondo: si a los hombres les cuesta mucho trabajo estar con una mujer más inteligente que ellos, ¡pues imagínate lo que les puede costar estar con un muxe mucho más inteligente que ellos! ¡Ay, mamacita, qué difícil va a ser!

Dice, y nos da la carcajada.

Amaranta Gómez Regalado y su partido, México Posible, fueron derrotados. El resultado de las elecciones fue una sorpresa incluso para los analistas, que les auguraban mucho más que los 244.000 votos que consiguieron en todo el país. Según dijeron, el principal problema fue el crecimiento de la abstención electoral y las enormes sumas que gastaron en propaganda los tres partidos principales. Amaranta se deprimió un poco, trató de disimularlo y ahora dice que va a seguir adelante pese a todo.

Martín Caparrós (foto)

 

11 de septiembre: aniversario de crimen

fotos_bombardeoEs como si no hubiera pasado el tiempo y una amenaza militarista se cerniera sobre Chile: una carta, a propósito de nada, de unos señores que fueron, y ya no son, comandantes de las distintas fuerzas armadas.

Carta que es un desafío a la justicia, porque dice que se han abierto causas penales “muy difíciles de probar”; claro, porque hubo, y hay todavía, un pacto de silencio de quienes auspiciaron el alevoso golpe militar del 11 de septiembre de 1973, y la siguiente generación de uniformados que admiraron esa “proeza” contra la democracia, y son los sujetos que ahora firman la carta a El Mercurio (diario que promovió el golpe, por cierto)

Carta que considera que los delitos de lesa humanidad o contra los derechos humanos deben ser sancionados con penas ‘benignas’. Creen que los más execrables de los delitos por el derecho internacional, son ‘delitos menores’.

Carta que considera a los criminales, los torturadores y asesinos “personas ancianas”, y no lo que son: asesinos y torturadores que envejecieron y están pagando sus delitos de miseria.

Y carta que, por último, insinúa algo que no termina de decir: que hay “actores activos y pasivos” del alevoso golpe militar contra la Democracia, que ellos llaman “la tragedia”. ¿Por qué no dicen, por lo saben, quiénes son los ‘activos’ y los ‘pasivos’? Sería una magnífica colaboración con la Justicia.

¿Acaso es una amenaza esta carta? ¿Siguen con mando sobre la tropa estos señores, o no? ¿Se han organizado para adelantar alguna acción deplorable, miserable y alevosa como el golpe militar de 1973? ¿Qué vocería y protagonismo buscan estos señorones, y para qué, y por qué?

Dice El Mercurio: “Acusan “falta del debido proceso” en la apertura de causas “muy difíciles de probar”, con “penas cada día más altas o condenas muchas veces solo por presunciones”. Según ellos, también existe “ensañamiento para mantener presos a personas ancianas”, y se quejan de que “otros actores activos y pasivos de la tragedia” no asuman responsabilidades”.

El mando militar, en democracia desde 1990, debería rechazar este tipo de pronunciamientos. Rechazarlo con fuerza. Porque mete ruido en la transcurrir de la sociedad en paz, y amenaza la potestad del mando militar actual.

Esta cínica carta sin destino la firmaron los ciudadanos (porque no son militares ni nada) Óscar Izurieta, Juan Manuel Fuente-Alba, Jorge Arancibia, Miguel Vergara, Rodolfo Codina, Edmundo González, Enrique Larrañaga, Fernando Rojas, Patricio Ríos, Osvaldo Sarabia, Ricardo Ortega, Jorge Rojas, Fernando Cordero, Manuel Ugarte, Eduardo Gordon y Gustavo González.

‘La colombiana’; la educación gratuita

La colombiana. Valga destacar las buenas actuaciones en ‘La colombiana’, la serie de Tvn a las 20 horas. Por la misma razón, valga nombrar a todos los actores: Felipe Braun, Elizabeth Minotta (primer rostro), María José Illanes (segundo rostro), Lucas Mosquera, Jorge Arecheta, César Sepúlveda, Óscar Hernández, Diego Ruiz, Daniela Estay, Juan José Suárez, Eyal Meyer, Josefina Fiebelkorn (tercer rostro), Carmina Riego, Emilia Noguera (cuarto rostro), Santiago Tupper, Alejandra Fosalba, Delfina Guzmán, Florencia López, María Fernanda Martínez, Schlomit Baytelman, Felipe Morales, Luz Valdivieso, Catalina Guerra, Luis Alarcón, Andrea Freund, Remigio Remedy, Álvaro Pacull, Gonzalo Vivanco, Sara Becker y Anya Jaederlund. Todos excelentes. Las mujeres guapas. Don Óscar Hernández se ha echado al hombro varios capítulos de la teleserie, con gran suceso. Es una comedia con drama, que no deja de lado varios temas palpitantes, como la xenofobia, el arribismo, la vida de barrio, la urbanización deshumanizada, la pre adolescencia masculina y femenina, la relación de parejas, las diferencias sociales de clase, entre los destacados. Por eso, acentuar, de igual manera, los libretos de Jaime Morales, Sandra Arriagada, Iván Salas-Moya y Jimena Oto. Y tanto como los libretos, cuenta en una buena teleserie, como esta, la dirección, a cargo de Germán Barriga y Francisco Cortés. Ojalá que su reemplazo sea de tan alta calidad, pues de otra manera no la distribuiría Telemundo.

Educación. Los señores de la derechista Unión Demócrata Independiente, Udi, y Renovación Nacional, tienen un argumento falso para oponerse a la gratuidad en la educación. Su peregrina tesis es: “cómo se le va a dar educación gratis a los que más tienen”. Que eso es una barbaridad. Que eso es un desperdicio de dinero. Que eso no puede ser, por Dios santo. Olvidémonos que Enna Von Baen, uno de sus principales figurones derechistas, ha estudiado gratis con plata del Estado. No consideremos, pues, a ninguno de los ricachones que ganan becas. Solo digamos que los ricachones en Chile se cuentan con los dedos de la mano. Son 30 o 40. Bueno, aceptemos que son 100. ¿Qué importa que 100 ricachones parasiten la ocasión, si la educación gratuita va a favorecer a varias ¡decenas de miles! de jóvenes pobres? Hablo de “ricachones que parasiten”, porque no hay nada más colgado que un ricachón. ¡Todo lo quieren gratis! Quieren que las empresas les paguen la bencina, los mercados, los viajes, los almuerzos sociales y el colegio de sus hijos. Quieren que el Estado no les cobren impuestos. Quieren todo gratis. Son parásitos, intrínsecamente. Mentalmente son parásitos. Y entonces sí, esos 100 ricachones buscarán tener educación gratuita, pero ¿se untarán de pueblo, en realidad? La respuesta es ‘No’. Ellos, los ricachones, no conocen Santiago sino hasta la Avenida Apoquindo, por el poniente. Ellos, los ricachones, tienen sus colegios, sus nidos educativos, sus universidades. ¿Qué importa soportar, entonces, a 100 parásitos, si se están beneficiando ¡decenas de miles! de muchachos? Si Sebastián Piñera dice que no va a extender la educación gratuita a más chilenos, ¡estará actuando contra el pueblo! En este caso, no hay que votar por él. Y si lo dice, ¿qué importa?, si no va a ser presidente otra vez.

 

Impuestos; municipios; Ezzati; Edwards

Cuatro breves comentarios sobre las desgracias que tenemos que vivir en el actual sistema de cosas. Todas, referidas al mundo al revés en el que estamos.

SII. La primera tiene que ver con el extraño, sospechoso modo de actuar del Servicio de SIIImpuestos Internos (SII). Un organismo autónomo que va al garete. Investiga delitos tributarios cuando se le da la gana, y no lo hace cuando no se le da la gana. Se querella contra Juan Pueblo de Curicó por una falta de 13 millones de pesos, pero deja de querellarse contra los señorones (y señoronas) que falsifican boletas por 300 millones de pesos. Un servicio de impuestos que aplaza las investigaciones hasta que prescriben, para favorecer a personas cercanas al poder, como el señor Carlos Ominami. Perdona a los poderosos, y se ensaña contra los desposeídos o quienes tienen menos fortuna.

Municipios. Parece increíble que un boliche de Talca pague más impuestos que una municipiosmultitienda de Cencosud. Pero es verdad. Hay que creerlo. Porque en este mundo al revés que nos quieren hacer pasar por ‘el mundo feliz’, ocurren desfachateces como esta. Resulta que los parlamentarios, que legislan en favor de los poderosos, dispusieron en una ley que las grandes firmas comerciales solo paguen un impuesto: donde está la casa matriz. De este modo, el boliche de Talca paga 60.000 (sesenta mil) pesos de impuesto al municipio, por poner un caso, y Cencosud solo 3.000 (tres mil) pesos. Es obvio que las grandes firmas tienen que pagar impuesto en cada municipio donde se instala. Es obvio. Y pagar el impuesto proporcional a su tamaño. Porque los municipios están urgidos de recursos, por eso también tienen que pagar los centros deportivos, las iglesias, los centros educativos… Es decir, todos los establecimientos que generen lucro.

Asesinos. No contento con encubrir a los pederastas, ahora sale el cura Ricardo Ezzati a obispo-ezzatidefender a los asesinos, a los torturadores y responsables de muchas muertes de gente inocente, que están recluidos en Punta Peuco. Alega el defensor de pederastas que “hay que dejar libres a los ancianitos”. No, no son ancianitos, son asesinos y torturadores, gente mala, que envejeció. No son viejitos, no, son asesinos y torturadores que envejecieron, que es distinto. Y no satisfecho con encubrir los delitos sexuales de sus subordinados, como los delitos del pederasta Fernando Karadima, el cura Ezzati no encontró una mejor causa, que la más alejada de las enseñadas por Jesucristo.

Murió. El señor Agustín Edwards murió. Lo hizo tarde, a los 89 años. Y lo hizo edwardsimpunemente. Como su socio, el traidor, ladrón y asesino Augusto Pinochet, murió longevo e impunemente. Ninguno pagó sus crímenes. Murieron, como quiere el cura Ezatti para los criminales de Punta Peuco, en sus casas, gozando de los cuidados que ellos no otorgaron a sus víctimas. Cuando se afirma que el señor Agustín Edwards fue una mala persona, es porque los archivos de la central de inteligencia de los Estados Unidos, CIA, así lo certifican. Fue instigador del alevoso golpe militar contra la democracia, que dejó un reguero de muertos y otro tanto de gente afectada psicológicamente. Actuó contra la democracia, contra un presidente elegido democráticamente. Gústenos o no nos guste ese presidente, como no nos gustó que un día ganara Sebastián Piñera, ese presidente había sido elegido por la gente, en unas elecciones impolutas. Murió, impunemente, Agustín Edwards.

 

AFP mentirosas; Punta Peuco; Beatriz Sánchez

no-afpAFP mentirosas. Por favor, no se dejen engañar por el canto de sirenas de las AFP, que salieron ahora a decir que “mire lo que se perdieron” los que pasaron sus ahorros a los fondos D y E, porque el fondo A ganó, en un solo mes, un millón de pesos. ¡Cantos de sirenas! No les crean. Si ellos mismos promocionan ese fondo A, y el B, como “de largo plazo”. Así que hay una contradicción en sus tontos argumentos. Si en un mes ganaron un millón de pesos, en 15 o 18 años, que es la proyección de las propias AFP, ese millón se va a esfumar. Como ya se ha esfumado para los pensionados que tienen mesadas miserables, con el argumento de que “el mercado” así lo quiso.

De modo que el señor Larraín (¡otro Larraín!) de las AFP no debe mentir, no debe salir con sus cantos de sirena, porque no le creemos.

A ellos, a los dueños de las AFP les interesa que la gente tenga la plata en los fondos A y B, que son los que trabajan intensivamente las acciones y otros papeles volátiles, y de donde ellos sacan sus utilidades (que no traspasan a los ahorradores)

En el 2015 ganaron casi 900 millones de dólares, pero las pensiones promediaron escasamente los 200 mil pesos.

Hoy (no “en esta jornada”, como dicen los periodistas “intelectuales”), hoy, vi la grabación de un energúmeno que se inventó el Canal 13, amenazando a quienes digan que las personas deben cambiar sus ahorros (que son del trabajo de toda la vida) a los fondos de las AFP más seguros o conservadores: los fondos D y E.

Primero dijo ese sujeto que se inventó el Canal 13, que nadie puede hablar de las AFP si no es experto en economía, y segundo, dijo que podía tener consecuencias penales el hecho de exhortar a la gente a cambiarse a los fondos D y E.

¡Para no creer!

Damos por descartada la primera amenaza, porque semejante imbecilidad no resiste ningún comentario. Es tanto como si dijera que nadie puede comprar pan si no es panadero. ¡Qué idiota!

Y sobre el segundo punto, el energúmeno inventado por el Canal 13 dijo esta mañana, hoy, que “en Estados Unidos penalizaban esas conductas”. ¿En Estado Unidos penalizan las recomendaciones de los asesores financieros, o la voluntad de la gente de poner su dinero donde quiere? ¡Mentiroso!

¿A quién quiere engañar ese sujeto que se inventaron en Canal 13?

Quizás se refirió a la penalización que hay por exhortar a “retiros masivos de dinero” de bancos o entidades financieras. Eso se llama “pánico económico”, pero eso es otra cosa.

En Chile nadie está diciendo que la gente retire sus ahorros de las AFP, sino que se cambien de fondo. Pero parece que algo tan sencillo no lo entiende el personaje que se inventó el Canal 13.

Valga reiterar el llamado del movimiento ‘No+AFP’, que apoyamos enteramente: ¡Todos los chilenos deben sacar sus ahorros de los fondos A, B y C y ponerlos en los fondos D y E!

Hay que hacerlo ahora mismo. Pasen la voz.

Por una sencilla razón, a pesar del energúmeno que inventó el Canal 13: son fondos de una más baja rentabilidad, es cierto, pero más seguros en el largo plazo, que los fondos A y B.

¡Fuera ese idiota que se inventó el Canal 13!, que no solamente obliga a que la gente tenga sus ahorros en las AFP (porque no hay alternativa, excepto la que gozan los de las fuerzas armadas, que no se comen el cuento de las AFP y tienen unas excelentes pensiones, que promedian los 700 mil pesos), sino que, además, nos obliga a tener los ahorros en los fondos A, B y C. Y este intento de extrema coerción se llama… ¡fascismo!

Punta Peuco. Decir solamente que resulta macabro el show que se han inventado los Punta-Peuco2pinochetistas sobre las indulgencias para los presos enfermos de Punta Peuco. Se rasgan las vestiduras y gritan que es parte de los derechos humanos dejar libres a esos presos enfermos. Obviamente nos oponemos a que salgan esos presos. Y decir que no son “viejitos enfermos que están presos”. “Abuelitos”. No. No son viejitos ni abuelitos, sino asesinos, criminales, torturadores que se volvieron viejos. Son asesinos, torturadores y criminales que deben estar tras las rejas. Eso es todo. Lo demás es intentar tergiversar algo tan sagrado, como los derechos humanos. Pero los derechos humanos obran para las personas de bien.

Beatriz Sánchez. Simplemente saludar la presencia de Beatriz Sánchez, una periodista beatriz-870x480que ha hecho honor a la profesión, y ahora se presenta como opción electoral del Frente Amplio en las próximas elecciones presidenciales. Saludamos su presencia porque eso le hace bien a la Democracia. Algunos podrán burlarse diciendo que solo es “un testimonio” o “una aprendiz” o “alguien sin experiencia” que no merece atención. ¡Cínicos! Ni los testimoniales, ni los aprendices de política, ni los sin experiencia, son responsables de las pensiones miserables de las AFP, de la educación y la salud caras, de las desigualdades sociales y económicas. De modo que la presencia de Beatriz Sánchez, como una opción presidencial sensata, es bienvenida.

 

Pinochetistas de lesa humanidad, ‘Checho’ y ‘Luli’

dictaduraEstado terrorista. Los ‘intelectuales’ del pinochetismo lanzan, sin ruborizarse, el siguiente argumento: a propósito de los acuerdos de paz que tiene adelantados el gobierno de Colombia y el grupo Farc, en los que hay un trato conforme al derecho internacional humanitario para conductas de lesa humanidad de los guerrilleros; estos ‘intelectuales’ pinochetistas piden a la izquierda chilena ‘que sean coherentes’, y apoyen un trato humanitario para delitos de lesa humanidad de la vergonzosa dictadura del traidor, ladrón y asesino Augusto Pinochet, que ellos defienden a brazo partido. Aparentan no entender, que no son comparables unos guerrilleros que se declaran en rebeldía contra el Estado colombiano, y un Estado como el chileno en esa época, que cometió terrorismo. Es como comparar el caso de una persona que acecha, por horas o días enteros, a otra persona, y la mata, con el caso de una riña en que una persona mata a otra al calor de los hechos. Sí, señores pinochetistas, en ambos casos hay ‘un homicidio’, pero no es el mismo homicidio. Y ustedes lo saben.

Deuda externa. Escuché a Sergio Hirane, ‘Checho’, en Radio Agricultura, quejarse de que Chile era el caso típico de “esta clase de gobiernos” (refiriéndose al de la presidenta Michelle Bachelet) de incluir ‘deuda externa’ en su presupuesto. Se preguntaba, horrorizado (¡pobrecito ignorante!), cómo era posible que ‘esta clase de gobiernos’ endeudara al país. Decirle al señor ‘Checho’ Hirane que ¡todos los países del mundo tienen deuda externa! Todos. Voy a ponerle algunos ejemplos de deuda externa, reportada a diciembre del 2014 por los siguientes países: Estados Unidos US$ 17.260.000 millones, Reino Unido US$ 9.219.000 millones, Alemania US$ 5.597.000 millones, Japón US$ 5.180.000 millones, China US$ 949.600 millones y Rusia US$ 599.000 millones. En el caso de Chile, la deuda externa siempre ha estado ahí, más abultada o menos abultada. Por ejemplo, al finalizar el gobierno de Sebastián Piñera (que es ídolo para el señor ‘Checho’ Hirane), la deuda externa de Chile fue de US$ 145.700 millones. ¿Cuál es el problema del ignorante señor ‘Checho’ Hirane con que en el presupuesto del 2017 se haya incluido el pago de una deuda externa? Y a este ignorante, que vocifera irresponsablemente por Radio Agricultura, le hace coro el solapado señor Sergio Melnick, quien, estoy seguro, sabe que es una barrabasada lo que dice Hirane, pero lo deja, porque perversamente está empeñado en ‘hacer oposición’, así sea con mentiras y argucias. Sugerencia para el señor Melnick: tiene una peligrosa deuda, no externa sino interna, con su salud, por obesidad. Debería quererse un poco.

Luli, rara. Encontré a Aristarco con la foto de Nicole Moreno, conocida como ‘Luli’, y comenté que ‘ahora se ve bien’. Saltó como un resorte. No, no es eso, me dijo. ¿Qué pasa, entonces?, le pregunté. Me dijo que solo miraba el rostro de una mujer que le parecía ‘rara’. Muy rara. Le pregunté a qué se refería, y solo dijo algunas palabras, como para que yo arme el rompecabezas y de con la solución. Dijo que la observaba hacía mucho, porque al principio le pareció agraciada, con su sonsonete tonto de voz, pero con el tiempo se ha vuelto… ‘rara’. Me relató entonces que había tenido contactos con extraterrestres, había tenido un supuesto secuestro, no dejaba que las cámaras la enfocaran de cerca porque tenía la cara llena de erupciones y acné, que ponerse un bikini o una ropa interior no es ser modelo como ella dice ser, esa es una profesión que se debe respetar; que resultó comprando docenas de departamentos ¡con el sueldo de un reality!, raro, que anda con tipos raros en discotecas a altas horas, que no pudo rendir y la echaron del Canal 13, y por lo último, que tuvo una rara crisis de pánico en un avión, en el que se pavoneó para llamar la atención y nadie le prestó atención. ‘Es muy rara esta mujer’, dijo Aristarco. Muy rara, ¿no te parece?