Archivo de la categoría: Deportes

Loa a la chispeza de Gary Medel para vestirse

gary-medel-matrimonio-1Impecable. El traje a la medida. El forro níveo de la chaqueta se convierte en solapa. Son dos flechas que bajan del cielo sobre el pecho negro. El borde de los bolsillos del ambo, también blanco, tanto como los botones de las mangas. ¡Qué elegancia, por Dios! Complementada, eso sí, con un chaleco negro con botones blancos, sobre una camisa azabache, sin corbata, ni lazo corbatín, o pajarita. El primer botón de la camisa abierto, relajadamente. Los zapatos, también negros, mitad acharolados. Muy refinado, Garyto, como el que más. Tal era el atuendo para su matrimonio civil. ¡Un traje con chispeza! Pero me cuentan que en ‘Maldita moda’, el programa de Chilevisión que vive criticando a Martín Cárcamo y Rafael Araneda porque “no son jugados”, porque “se mantienen en una zona de confort” con sus atuendos, se escandalizaron con la chaqueta vanguardista de nuestro zaguero central. Se escandalizaron porque Gary se la jugó. ¡No saben lo que dicen! O dicen las cosas para posar de que saben, pero en la realidad no tienen sentido estético. ¡Garyto, compadre, nunca es tarde para decir que tu chispeza en el vestir te hace tan grande fuera de la cancha, de lo que ya eres dentro de ella! Y tu esposa, como la musa que es para ti.

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3 mujeres y 2 hombres, Mega y Luis Enrique

mon-laferteLo mejor. Me pregunta Aristarco, extemporáneamente, por lo mejor del Festival de Viña 2017. Le dije que, en general, me había gustado la programación y el cambiante back ground luminoso del escenario, saber que el vestido de la animadora no era tema nacional en los canales de televisión y la buena disposición del ‘monstruo’ con todo el mundo. Ya no es ‘monstruo’, sino gatito nomás. Y, en particular, me gustaron las presentaciones de 3 mujeres y 2 hombres. Las mujeres son: Olivia Newton John, Isabel Pantoja y Mon Laferte (foto). Los hombres son: Juan Pablo López y Fabricio Copano.

Líder. El canal Mega (logo) sigue siendo, en febrero, líder en sintonía nacional con 8,5 puntos megaoficialde rating. Le siguen: Chilevisión con 7,3; Canal 13 con 5,5; Tvn con 5,0 y La Red con 0,9 puntos de rating. En cuando a los matinales, Mega también lidera la franja con 5,9 puntos de rating, frente a Canal 13, en segundo lugar, con 5,6 puntos, Chilevisión con 5,1 puntos, Tvn con 3,7 puntos y La Red con 1,0 punto.

Cambios. El canal Mega también fue pionero en el empleo de un grupo enorme de panelistas en su matinal ‘Mucho gusto’. Lo comentamos acá, sin poder definir qué tan bueno era tener tanta gente, variopinta, durante tanto tiempo en pantalla. Muchas de esas personas sin ton ni son. Haciendo bulto, nomás. Pues bien, se habla de un recorte de personal en el matinal. Salen Karen Bejarano, cero aportes, y también Manú González, de quien se esperaba más. Fuentes de La Red afirman que también será eliminado el abogado Daniel Stingo. La salida de estas personas ocurrirá mañana viernes.

Luis Enrique. Otro que sale es el técnico del Barcelona, Luis Enrique Martínez García (foto), RUEDA DE PRENSA DE LUIS ENRIQUEque conocemos como Luis Enrique simplemente, que fue jugador de mitad de cancha y delantero del Real Sporting de Gijón, Real Madrid y el propio Barcelona. De ingrata recordación por su actitud displicente para con el portero chileno Claudio Bravo, quien sufrió con él un enorme desgaste sicológico y profesional. Se rumora, con mayor insistencia, que su reemplazo será el argentino Jorge Sampaoli.

James Douglas, el héroe olvidado

James DouglasNo acababa uno de llegar a la casa, encender el televisor, llenar un bol de maíz pira o palomitas de maíz y acomodarse en el sofá cuando Mike Tyson ya había liquidado al contrincante. Otro tanto ocurría en el propio ring donde los últimos en entrar debían dar media vuelta porque el espectáculo ya se había acabado. No alcanzaban a sentarse siquiera. Cayeron literalmente a sus pies por la potencia descomunal de sus trompadas que parecían patadas de mula Henry Tillman en 2 minutos y medio, Peter McNeeley en 1 minuto y medio, Eddie Richarson en 1 minuto 17 segundos, Lorenzo Canady en 1 minuto y 5 segundos, Sterling Benjamin en 54 segundos, Trent Singleton en 52 segundos, Mark Young en 50 segundos, Clifford Etienne en 49 segundos, Michael Johnson en 39 segundos, Ricardo Spain en 39 segundos, Robert Coay en 37 segundos, Marvis Frazier en 30 segundos… y la lista sigue. Pero en el pináculo de su gloria enfrentó a un desconocido llamado James Douglas, quien recibió todos los mazazos de que un hombre es capaz hasta derrumbarse en el octavo asalto. ¡Pero se paró! Y en el décimo, inadvertidamente, durmió al imbatible. Noqueó al único. Adormeció al anestesista del primer asalto, al incomparable y fenomenal Mike Tyson. Pero la gloria que erigió al hundir la de Tyson, solo aguantó tres rounds en su primera defensa. Evander Holyfield, con un pedazo de oreja menos por un mordisco de Mike Tyson en un combate anterior, lo aniquiló. Tyson se declaró en bancarrota en el 2003 y todo el mundo se preguntó ¿qué hizo los ¡300 millones de dólares! que ganó durante su reinado? Hoy cría las mismas palomas que cuando niño soñaba volar a lo más alto del boxeo. Y de James Douglas nadie se acuerda. Doblegó al mito pero, qué extraño: todos recuerdan la hazaña, pero no al héroe.

La derecha de Velasco; Saavedra y Valdivia

andrés velascoLos más recientes acontecimientos confirman varias sospechas y dejan al descubierto otras tantas conjeturas. La denuncia del Servicio de Impuestos Internos (SII) ante la Fiscalía, contra la firma Penta, por emitir boletas ilegales por servicios prestados o no, entre otras personas a las esposas de Carlos Alberto Délano y Eugenio Lavín, los dueños de esa firma, y a varios políticos como Enna von Baer, Iván Moreira y Andrés Velasco (foto), entre otros, ha sacado a flote lo peor de los implicados y de los partidos políticos, en especial, el ultraderechista Unión Demócrata Independiente (Udi).
Para la Udi y su genial presidente Ernesto Silva, no tiene ninguna importancia que ‘los Penta’ se hayan robado miles de millones de pesos del erario (dinero de todos los chilenos), ni que hayan financiado, mediante aparente dolo, a ciertos políticos. No, eso no tiene ninguna importancia para el señor Silva.
Lo que ha puesto histérico al genial presidente de la Udi es que “eso” se haya sabido. “¿Quién filtró la información?”, ha preguntado, una y otra vez. Ha zapateado de la ira, “por qué se filtró” el robo al erario y lo de las boletas “truchas” para financiar a sus amigos de la Udi, Enna von Baer e Iván Moreira, y a un nuevo miembro de esa colectividad (que hasta ahora había actuado de infiltrado clandestino en las filas de la izquierda, ‘Concertación’ y ‘Nueva Mayoría’): el exministro Andrés Velasco.
Ernesto Silva y Andrés Velasco se han preguntado, al unísono y con ojos desorbitados, “¿quién filtró la información?” ¡Quién filtró la información!
Los que tenían dudas de qué lado actúa el exministro Andrés Velasco, ya pueden tener una certeza: era la carta tapada de la derecha para las próximas elecciones, y haber quedado al descubierto en un aparente fraude, es la única razón que explica su histérico comportamiento, tratando de desviar la atención, en un asunto que está siendo investigado por la justicia.
Por cierto que en un programa de Tvn (el canal oficial), ‘El informante’, a finales de septiembre o principios de octubre, Marco Henríquez-Ominami dejó en evidencia, en un cara a cara con Andrés Velasco, el pensamiento retrógrado de Velasco, y su táctica de acusar y descalificar a todo el mundo, pero enseguida victimizarse, haciéndose la virgen.
Dos temas fueron clave en ese debate: la modificación a la Constitución Nacional, y la reforma laboral para, entre otras cosas, eliminar la sustitución de empleados en casos de huelga. A ambos temas Velasco, como la Udi, dijo ‘no’.
Henríquez-Ominami le hizo notar que la Constitución era la del dictador Augusto Pinochet, y la condición de los trabajadores no estaba a altura de los compromisos de Chile con la Ocde, y el país debía dar un paso a la modernidad y mirar hacia el futuro. Pero el señor Velasco fue implacable en la defensa de la Constitución y la sustitución de empleados en huelga.
Y hablando de Tvn, la esposa del exministro Andrés Velasco, Consuelo Saavedra (foto), debió dejar la consuelo saavedrapresentación del espacio informativo de la mañana. Lo hizo por la situación por la que atraviesa su esposo. Aunque el canal emitió un comunicado que aducía una “investigación” que ella estaba haciendo, y eso le tomaría más tiempo del planeado. (Le ha dado mucho peso el señor Velasco en Tvn, se ve)
Misma señora que tuvo el cinismo de sentarse en el noticiero de la noche de Tvn, ’24 horas’ (canal “oficial”), durante los siete días de la semana de los largos cuatro años en que su esposo fue ministro de Hacienda. No se le dio nada. Para ella no hay ética periodística, ni conflicto de intereses. Su comportamiento resulta una vergüenza para el Periodismo.
Mientras ella argumentó en su momento que “el directorio le dio permiso para seguir presentando el noticiero” (como si la ética periodística se la aprobaran a uno los señores de los directorios), su esposo vocifera hoy por saber “quién filtró la información” del pretendido dolo, que, recuérdese, fue denunciado por el SII ante la Fiscalía.
Las malas personas no pueden ser buenos periodistas, como sabiamente lo anotó Ryszard Kapuscinski, y tampoco deben ser ministros, ni senadores, ni candidatos a cualquier cargo, por modesto que parezca y sea representación ciudadana.
En cuanto a los principios éticos y las actitudes ante las circunstancias que adoptan ciertas personas, la jorge valdiviarelación de Jorge Valdivia (foto) y la Selección de Fútbol de Chile deja mucho qué desear.
Es, de entrada, una relación enferma. Y el origen de esta mala relación está en cabeza del señor Claudio Borghi, un anterior director técnico. Más conocido como ‘El rey de los asados’, fue él quien permitió que la personalidad alterada de Valdivia se saliera de control.
Alcohol, indisciplina, insubordinación y malos modales de Jorge Valdivia, borderline parece, todo se lo perdonó Borghi, por lo que el futbolista ya no respeta la Selección, cree que es algo de poner y quitar, como los calcetines. Ha renegado de la Selección en más de una oportunidad, y los áulicos que tiene entre algunos jugadores y periodistas deportivos, lo “reclaman” como un elemento “imprescindible”.
Puede haber sido un buen deportista, pero sus actitudes merecen alejarlo de la Selección. Y hoy, además, no tiene las condiciones físicas, porque sus desórdenes de comportamiento e indisciplina han mermado su humanidad.
También, está por considerar como sumamente inadecuada la manera de él proponer su regreso: si hay que pedir perdón lo pido. ¿Qué es esa displicencia? Pedir perdón no es pedir un sánduche.
Abandonó la Selección, casi dando un portazo, y ahora todos preocupados porque “él quiere regresar”. Es lo mismo que los noviazgos o pololeos o matrimonios enfermizos: te golpeo y te beso, te pateo y te hago el amor, te insulto y te abrazo. Mientras este tipo de personas estén juntas, todo va a ir mal.
El “caso” de Jorge Valdivia se había dado por cerrado, pero sus áulicos (¿recibirán dádivas?) lo volvieron a abrir. Y lo que es peor, le crean una presión adicional e innecesaria a Jorge Sampaoli, un técnico de verdad. Le crean un problema.
No hagamos lo del idiota, que se va de la fiesta porque está muy buena. En este caso, poner el gusano para que dañe la fruta buena.

Contreras, Walker, Brethauer y Gary Medel

eduardo contreras mella1) El embajador de Chile en Uruguay, Eduardo Contreras Mella (foto), dijo que los más recientes ‘bombazos’ eran obra de la derecha, y que la Democracia Cristiana apoyó el alevoso golpe de los militares contra la Democracia en 1973. Son fuertes sus afirmaciones. Pero en nada comprometen la relación de los dos países, Chile y Uruguay, ciertamente, porque no hacen referencia a asuntos bilaterales. En el primer caso, veo un poco de irresponsabilidad suya, porque el caso está en manos de la justicia. No se puede prejuzgar. Una cámara reveló que dos sujetos dejaron un morral en una calle del barrio Yungay, y momentos más tarde Sergio Landskron, un joven perdido en la alucinación de las drogas, manipuló el bulto y le explotó, matándolo. ¿Quiénes son esos dos que se ven en el video? Es lo que está en averiguación judicial. Y sobre la segunda afirmación, según la cual la Democracia Cristiana apoyó el vergonzoso golpe militar de 1973, es cosa de preguntarle a Hermógenes Pérez de Arce, entre otros muchos chilenos vivos de esa época, para confirmarlo. Y Pérez de Arce lo confirmará cuantas veces lo requieran. Por eso, el presidente de ese partido, Ignacio Walker, salió a decir que era improcedente para un embajador decir esas cosas de la política interna chilena, pero no lo desmintió. Porque no puede. Porque en la historia está escrito que la Democracia Cristiana, como lo revelan los documentos de la Central de Inteligencia Americana, Cia, tuvo contactos con esta agencia antes del pérfido acto militarista, y actuó después, solapadamente.
2) Reseñar como positivo el cambio en la conducción del programa del canal por cable Zona Latina, ‘Sin dios carolina brethauerni late’: salió Vasco Moulian y entró Carolina Brethauer (foto). En un comentario anterior habíamos destacado en este blog la presencia de Carolina Brethauer en el programa sobre sexo y sexualidad de Zona Latina, ‘No eres tú, soy yo’. Al salir Carolina de este espacio asumió su conducción Javiera Suárez (quien lo hace bien, y aunque ha mejorado notoriamente el manejo de su voz, puede todavía trabajarla un poco más) ¡Por fortuna cambiaron a Vasco Moulian!, de quien también hicimos aquí un comentario relacionado con su manera chabacana de actuar y conducir el programa (y creer que va a adquirir notoriedad porque usa zapatos tenis con traje de corbata) El programa ‘Sin dios ni late’ dio un giro de 180 grados, bastante saludable, y perfila a Carolina Brethauer como una gran entrevistadora, sin pretensiones, informada, que crea afinidad con los invitados y con el telespectador, y sabe, a diferencia de Vasco, que el protagonista es la persona invitada y no el conductor del programa.
3) Como un joven adulto que ha luchado sin desmayo para salir de la pobreza absoluta y entrar en las grandes gary medelligas del dinero y el deporte, se mostró el futbolista Gary Medel (foto) en la entrevista que le hizo Iván Núñez en el programa ‘Yo, el que no conocías’, de Chilevisión. Contó que muchas veces no tenía plata para tomar la micro desde Conchalí, en la periferia de Santiago, hasta Las Condes, uno de los barrios altos del nororiente de la ciudad, para entrenar en las ligas inferiores de la Universidad Católica. Pero batalló, desde el pequeño club Sabino Aguad, hasta ser hoy una estrella del Inter de Milán. Con propiedad, sin amargura ni pedantería, dijo que “todo me lo he ganado, no me han regalado las cosas”. Reconoció sus errores por no controlar su temperamento explosivo, y lamentó no estar más cerca de sus tres hijos, nacidos de dos relaciones malogradas. Prometió enmendar estas cosas, y se mostró como un verdadero ejemplo a seguir, un muchacho de barriada que pasó de tomar agua solamente a vivir como los millonarios. Bien merecido, Gary Medel.
Y una acotación final: pésimo el sonido de la entrevista. Pusieron un solo micrófono, de regular calidad parece, y lo dejaron lejos del entrevistador y del entrevistado. Lamentable. Y decir que, en general, Chilevisión tiene un volumen de emisión muy bajo, con relación a los demás canales de señal abierta. Podrían mejorar su audio.

Donde Guarelo reprende al solapado Bianchi

juan cristobal guareloAparte las malas palabras (las que a veces son necesarias), la disputa entre los comentaristas deportivos Juan Cristóbal Guarelo (foto) y Felipe Bianchi (me dicen que ex pareja de Consuelo Saavedra) deja algunas verdades sentadas. Como Guarelo se lanzó con toda la artillería contra Bianchi, y Bianchi se agachó debajo de la mesa, parecería que éste fue el ganador (si puede haber un ganador). Pero yo creo que fue Guarelo por haber dicho las verdades que Bianchi, oportunistamente, no atinó a desmentir. Oportunistamente, porque, además, fue Bianchi quien comenzó las cosas, cuando censuró a Guarelo porque no asistió a una reunión con el director técnico de la Selección de Fútbol de Chile, Jorge Sampaoli. Dijo Bianchi que Guarelo se dedicaba a “dar lecciones de ética, cuando se junta en reuniones privadas con dirigentes”. Entonces Guarelo se dejó venir con la siguiente perorata, que encuentro sincera:
“Nosotros no estamos para ser parlantes, y yo no fui (a la reunión con Sampaoli) por una decisión personal. Si yo tengo una posición ética, es una posición personal. No critico a nadie de los que fue, porque cada uno sabe por qué fue y para qué fue. Me irrita profundamente que (…) Felipe Bianchi, una vez más, solapadamente, empiece a decir que yo estoy dando clases de moralina. Por algo yo no fui, pero me irrita que Felipe Bianchi (foto) empiece a felipe bianquidecir que yo trabajaba para Blanco y Negro. Perdonen: veamos mis columnas, veamos mis críticas. Yo me reuní con dirigentes del Colo, de Universidad de Chile, a conversar un café off the record, y nunca de lo que se habló ahí salió publicado. Y también me reuní con Harold Mayne-Nicholls, el ídolo de Felipe Bianchi… ¡Deja de romperme las pelotas, Bianchi! Yo no fui empleado de Harold Mayne-Nicholls, no trabajé en el CDF un año, con sueldo millonario, porque Harold Mayne-Nicholls me llevó de la mano. Yo no me hice bielsista porque Harold Mayne-Nicholls me lo pidió. Yo he mantenido mi independencia de todos los presidentes de la ANFP y eso me ha traído grandes problemas. ¡No seai caradura! Yo no me invento posteadores falsos, no me ando vendiendo avisos. Yo por lo menos voy al estadio los fines de semana. Y tú, que eras el más bielsista de todos, ni siquiera fuiste capaz de ir a Sudáfrica, a ver a tu Selección de Bielsa. Yo me pagué con mi propio bolsillo el pasaje para ir a ver a esa selección, pese a que estaba en la quiebra económica porque me habían echado de Canal 7, y no me quedé en Santiago haciendo eventos. Yo no ando haciendo lobby compadre, me dedico al Periodismo, y eso me ha costado caro, para bien o mal. ¡Déjate de joder! Yo no invento posteadores falsos que me celebren mis columnas, como eso ha sido comprobado. No ando tratando de ‘rotos’ a mis colegas, ni de ‘hijos de la nana’. Veamos tus columnas en El Mercurio. ¡No seai caradura! ¡Ya está bueno ya! (…) no te veo nunca en el estadio, no te veo en ningún lugar donde se juegue fútbol. Vai a recitales (musicales) y no vai al estadio. Si a ti te gusta el lobby y hacerte amigo de los jefes, es problemas tuyo, pero el Periodismo es otra cosa. ¡Y déjate de dar clases de moralidad y estar deslizando cosas! Sí, me reuní con Levy y con Ruiz-Tagle, con Jadue y Harold Mayne-Nicholls, a tomar un café, y lo que se conversó ahí nunca fue publicado. (Fue para) discutir cara a cara, como hombres, establecer relaciones y pelearnos como hombres. Lo siento, ¡pero ya me cansaste y ya no te lo aguanto nunca más! ¡Nunca más! ¡Se acabó!”.

El obediente Lionel Messi y su autismo Asperger

lionel messiEl siguiente artículo, escrito por el periodista argentino Ernesto Morales bajo el título anotado, revela aspectos médicos y profesionales de la vida del que es considerado “el mejor jugador del mundo”. Lo encuentro digno de lectura. Quizás a otros, como a mí, explique ciertos hechos y eventos que ocurren más allá de la disposición y cualidades de Lionel Messi. Y, por lo mismo, ya no podamos ver a Messi como hasta ahora, siendo un ser especial. Debo anotar, eso sí, una inconsistencia: el médico austriaco Asperger murió en 1980, y Messi nació en 1987. Cuando lean el artículo entenderán mejor esta observación. Sin embargo, también debo decir que en el conjunto del texto ese dato se puede obviar, y sigue siendo un texto esclarecedor. JSA

La única vez que vi a Lionel Messi (foto) en persona, delante de mí, dos cosas me llamaron poderosamente la atención. Primero: era mucho más frágil de lo que imaginaba. Exceptuando sus piernas, desde luego, todo en él me recordaba a un niño. Si su estatura es 8 centímetros más baja que la mía, su torso es la mitad de estrecho que el de un adulto promedio, como si se tratara de un adolescente cuyo tórax no se terminó de desarrollar. Segundo: Lionel Messi no disfrutaba aquel espectáculo de luces y flashes y autógrafos pedidos y cámaras de televisión con reporteros que, como yo, intentaban obtener una reveladora entrevista suya. Recuerdo haber pensado: este chico, solo quería jugar. Y lo han traído de la mano a esto. Era el año 2012, acababa de ganar su tercer Balón de Oro, y estaba en Miami como parte de esa gira esperpéntica llamada “Messi & Friends”, organizada por la fundación que lleva su nombre, donde se desarrollaban partidos entre dos equipos-frankenstein, armados a como diera lugar con jugadores estelares, para exhibición y recaudaciones benéficas. La lectura del marketing podría ser esta: “El mejor jugador del mundo dedica sus vacaciones a jugar fútbol para recaudar dinero con fines benéficos”. La lectura un poco más profunda sería otra: “Un chico que solo quería jugar al fútbol, debe cumplir también en sus vacaciones con obligaciones, sin descanso, porque la maquinaria de dinero, de publicidad, exige fundaciones como la suya, benéficas, para paliar los impuestos millonarios a sus ingresos”.

De repente debía ganar más dinero para que le quitaran menos de su dinero. Y del dinero de su padre. Y del dinero que le generan Adidas, y Head & Shoulders y Doritos y la retahíla de transnacionales que pagan por su imagen. Y Leo Messi, cuando empezó todo esto, con cinco añitos, solo quería jugar al fútbol. Esa linda y sobrecogedora palabra: jugar.

Cuando Lionel Messi me firmó el tenis que guardo en una vitrina de mi casa, apenas me miró, aquella tarde en los vestuarios del Sun Life Stadium. No miraba a nadie. No podía. Sus pupilas no tenían forma de fijarse en ningún punto concreto: tenía cien flashes encima, ocho cámaras de televisión, y un cordón de guardaespaldas liderado por su tío que no por ser su tío tenía la complexión del sobrino. Es bajo como él, pero es un pequeño Neandertal con brazos de orangután. Tengo el recuerdo grabado en la memoria con espantosa fijación: aquel chico, tres años menor que yo, literalmente no podía dar un paso con libertad. Su cara era una forma de la angustia sobrellevada.

En los vestuarios del stadium de Miami conversaban y se cambiaban esa tarde, con total naturalidad, futbolistas de élite como Radamel Falcao, Didier Drogba, Fabio Cannavaro y Diego Forlán. Ellos podían, aunque fuera a trompicones, tener una vida normal. Se tomaban un par de fotos, hablaban entre ellos, socializaban incluso con nosotros los periodistas. Lionel Messi no. Adidas exigía, como parte de los acuerdos contractuales de esta gira benéfica, seguridad personalizada a toda hora y en todo sitio. Y a toda hora y en todo sitio incluía también las duchas. Messi no podía bañarse y cambiarse en el mismo vestuario que el resto.

Y todo esto había empezado en un barriecito de Rosario, Argentina, veinte años atrás, con un chiquillo que solo quería jugar al fútbol.

Messi no nació normal. Además de la deficiencia hormonal que le obligó a mudarse a Barcelona en su infancia para recibir tratamiento durante años, nació con una forma leve de autismo descubierta por el psiquiatra y pediatra austríaco Hans Asperger.

Cuando en este 2014 Messi dijo que no sabía nada de sus cuentas bancarias y deudas con Hacienda, que todo eso lo llevaba su padre, difícilmente no estuviera diciendo la verdad. No solo porque su genio es para el fútbol, no para la economía y la mercadotecnia, sino porque él solo ponía las piernas. Su síndrome de Asperger da para una concentración extraordinaria en un asunto (en su caso el fútbol), y para nada más. Los cerebros que controlan los hilos de su nombre y su marca y su cotización, empiezan en su padre y terminan, quién sabe, en una red de abogados y firmas donde cada cual saca su apetitosa tajada.

A Messi, su padre le decía: “Tú juega al fútbol. Déjame el resto a mí”. El chico al que ni la escuela, ni otros deportes, ni la televisión ni los viajes le interesaban, el rosarino pequeñito de 10 años, al que solo le interesaba inyectarse los muslos para poder jugar al fútbol, de repente se descubrió debiéndole 35 millones de euros a Hacienda.

Cuando Lionel ganó su primer Balón de Oro, en 2009, el escritor uruguayo Eduardo Galeano dijo que a Messi deslumbraba verlo porque no había dejado de jugar como un chiquilín de barrio. Era verdad. Así jugaba Lionel. Y así no juega ya. Por el camino, en esa línea que debía ser recta entre un deportista fascinantemente talentoso y el deporte que solo quiere practicar, han entrado a jugar otras demasiadas variables que en nada son poéticas ni ingenuas como la palabra jugar.

De repente Messi se vió con un peso sobre sus hombros: ser el sustituto de Maradona. Él no lo pidió. El solo pidió jugar al fútbol. Pero su país y nosotros, los hinchas, le otorgamos esa empresa como quien envuelve el mapa del tesoro en la piel de un animal, y lo pone en manos de un héroe que debe partir.

De repente se vio, además, como una industria de hacer euros. Lo mismo Lionel-andres-messi-dolce-gabbanaposando en calzoncillos, que vistiendo los carnavalescos trajes de Dolce & Gabbanna (foto), que lavándose la cabeza con champú que de seguro ni usa. Pero eso le decían sus asesores, sus familiares, sus abogados, que debía hacer. Un rasgo distintivo de los síndromes de Asperger es su noble capacidad para obedecer. Messi terminó siendo como todos quisieron que fuera.

Y después vinieron los Balones de Oro. No importaba que él solo balbuceara una y otra vez que solo quería jugar al fútbol. Nada de eso. Tenía que ser la estrella del circo. Tenía que exhibirse como el principal gladiador del coliseo romano. Uno tras otro los Balones de Oro que la FIFA le arrebató a una revista francesa, madre de la iniciativa. Toma. Ahí los tienes. Eres el mejor del mundo. No nos basta con tu juego hermoso, divertido, de fantasía. No es suficiente con que hagas más bello este deporte todavía. Tienes que ser nuestra cabeza de turco. Nuestro fantoche. Algo que vender, porque te van a comprar: eres demasiado bueno.

¿Porque él los quería? No, casi de seguro: porque nosotros los queríamos. Nosotros, los consumidores adictos al fútbol. Los que exigimos cada vez más torneos, aunque los futbolistas tengan cada vez menos piernas. Y nosotros pagamos por eso. Pagamos por camisetas, por membresías de clubes, entradas a stadiums, juegos de Playstation, posters. Nosotros pagamos, la industria pone luces, cámaras y acción; los futbolistas, llámense Messi, o Cristiano, que pongan sus muslos y sonrían.

Y uno termina preguntándose si aquel chico se acordará, entre tanta vorágine y tanta podredumbre, de que él solo quería jugar al fútbol. Como otros queríamos ganarnos la vida escribiendo, otros bailando, y otros pintando cuadros. Divertirnos, solo eso.

El primer gran enemigo de la FIFA, casualidad macabra, es el hombre cuya Historia ha atormentado al rosarino Messi, sin ninguno de los dos quererlo. Es un atorrante incontenible, un comunista vomitivo y futbolista sin comparación posible, llamado Diego Armando Maradona.

Maradona se ganó la animosidad de la FIFA por hacer algo impensable, digamos: denunciar a los cuatro vientos que esa banda de rufianes que había organizado al fútbol alrededor de cuatro letras, se comportaba como una mafia sonriente con todo el poder del mundo, sin oposición o control posible.

Muchos se preguntan, de no haber sido Maradona el enemigo declarado de la FIFA si su carrera habría sido truncada de forma tan escandalosa por aquel positivo a la endorfina, en 1994. No era el primero, no sería el último en dar alterado en un test de doping. Con Maradona, el bocón, el bastardo, no hubo atenuante posible. La FIFA sonreía.

Hoy, rebelarse contra la FIFA es prácticamente imposible si quieres patear balones de manera profesional. El organismo tiene impunidad para, por ejemplo, no pagar impuestos y derogar leyes vigentes en los países donde celebra sus torneos si estas afectan sus intereses económicos. Y está dirigida por un señor mayor llamado Joseph Blatter desde hace 16 años. Blatter es solo 10 años más joven que Fidel Castro, y para mí, oriundo de un país donde las entronizaciones del poder han sido cosa de más de medio siglo, me aterra cualquier mandato demasiado extenso. Más, si el organismo dirigido se autodefine como sin fines de lucro y tiene fondos de reserva en bancos suizos (la casa natal de Blatter) por mil millones de dólares.

Y esa es la organización que decide las vidas de chicos como Lionel, como James, como Suárez, como Cristiano. Jóvenes de entre 20 y 28 años que comenzaron viendo el fútbol no como un empleo, no como una forma de hacer dinero, no como mira un lobo de Wall Street los indicadores del Dow Jones: apenas niños que querían divertirse jugando al fútbol.

Las lágrimas de Cristiano Ronaldo al recoger su segundo Balón de Oro, no tienen falla: eran lágrimas de presión. Lágrimas de tensión acumulada. De miedos impuestos por una industria donde todos, sus seguidores y detractores, le exigimos cada vez más, cada vez mejor, cada vez más espectacular. El colmo de lo grotesco: Cristiano Ronaldo debió jugar la final de la Champions League con una orden comercial en su cabeza: “Si marcas un gol, te quitas la camisa, vas hacia el corner, y gritas y sacas músculos, lo más fuertemente que puedas”. ¡Filmaban una película sobre él! ¡Había que lanzar más carne al hambre del espectáculo!

Cristiano, como Messi, solo quería en un principio jugar al fútbol. Hoy, ambos, son los gladiadores que ganan millones despedazándose en medio del coliseo, mientras nosotros decidimos, en las gradas, si con un pulgar arriba o un pulgar abajo, se les perdonan o si se les salvan sus vidas. Nosotros los hemos puesto a pelear entre sí. Probablemente sin nosotros, sin la industria que nos satisface el morbo de la rivalidad malsana, ellos serían amigos o poco menos.

Admitámoslo: esto es grotesco. Esto es una mierda.

Alguien depositó en las neuronas de Lionel Messi una responsabilidad: tienes que ser el mejor de todos los tiempos. No basta con que juegues maravilloso. Tienes que ganar el Mundial, de lo contrario, no serás el mejor de todos los tiempos. Así llegó este chico a Brasil. No como quien viene a una fiesta, lo que debería ser. No como se va a competir con dedicación, pero con disfrute. No. A él se le exigía golear, correr, y ganar.

Se lo exigía Adidas. Se lo exigía el contrato de mejor pagado del mundo que firmó con Barcelona. Se lo exigía su mercantil padre. Se lo exigía la separatista Catalunya. Se lo exigía una Argentina donde ni siquiera tuvieron a bien ponerle inyecciones de crecimiento cuando chico. Se lo exigía una legión de detractores que, crueles como somos los hinchas futboleros, emplea adjetivos mordaces y destructivos, adjetivos que vendrían bien a asesinos seriales o dictadores de pueblos, no a jóvenes que corren detrás de un balón. Se lo exigía yo. Sí: también se lo exigía yo mientras veía hoy el partido con mi hijo de seis meses sobre mis piernas.

Messi ha fallado. Messi miraba al cielo en el momento de mandar ese tiro libre a las nubes. El mismo que otras veces se clavó en la red, hoy fue a parar al cielo de Río a donde doscientos mil argentinos ponían sus rezos para que el equipo no se fuera así, sin más. Y Messi era el culpable. Era culpable de no estar ya a su mejor y más rutilante nivel, y, oh pecado, era culpable de no ser ya el mejor de la Historia.

De repente lo recordé caminando delante de mí, dos años atrás, firmándome aquel zapato con las pupilas dilatadas por tanto bullicio y luces alrededor de él. Recordé su cara de angustia, de quien quiere desaparecer y tumbarse en el sofá a ser un tipo simplemente normal: la misma cara con la que recogió, en el sopor de la máxima humillación, el último premio que todavía hoy le tenía la FIFA listo, contra toda lógica y toda comprensión.

Yo vi a Messi esta tarde y de repente sentí lástima por él, y por la tragedia silenciosa que es toda esta profesionalización, esta industria de circo, descarnada, indolente, donde tantos futbolistas se han suicidado y a otros tantos les ha explotado en la cancha el corazón; esta industria donde se coronan a héroes y se desguazan a derrotados; esta cultura despiadada donde miles de periodistas como yo escribirán hoy sus crónicas de la derrota y con un dedo señalarán, señalaremos, todos a Lionel Andrés, un muchachito de un metro sesenta y nueve centímetros, medio autista y medio genio, que no pidió ser el mejor de nada, que no soñaba con Balones de Oro ni cláusulas de 250 millones en Barcelona, y al que solo, en realidad, le interesaba poder divertirse un poco jugando al fútbol.