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De los nombramientos espurios: Javiera Blanco

javiera-blancoQué cosa extraña ocurre en el fuero interno de las personas. Caras vemos, corazones no conocemos. El bastión moral que creíamos ver en la presidente Michelle Bachelet, ahora se desmorona. Hablamos de un caso que no dudo en considerar aberrante: el de la señora Javiera Blanco (foto). Activista política a la sombra de doña Michelle Bachelet, logró escalar de un día para otro hasta convertirse en su ministra del Trabajo. Ahí fracasó. Y de ‘castigo’, ¡la presidenta la nombró ministra de Justicia! Ahí fracasó de nuevo. Y de ‘castigo’, ¡la presidente Michelle Bachelet la propuso como nueva integrante del Consejo de Defensa del Estado! ¿Qué onda?, como dicen los muchachos.

Todo este proceso de favorecimientos resulta extraño. Muy extraño. ¿Acaso algún secreto inconfesable de la mandataria, maneja Blanco? Porque no es normal que un pésimo funcionario sea premiado con escalones cada vez más altos. ¿Qué gato encerrado hay? O quizás solo sea que Javiera Blanco está emparentada con la dinastía de los Frei, y se cree con derechos por encima del resto de chilenos, y, obviamente, la presidente Michelle Bachelet inclina su cabeza ante esa evidencia. Por lo demás, a la señora Bachelet le importa cinco quedar mal ante los chilenos, porque su prestigio, a esta altura de su gobierno, está bastante maltrecho, y le da lo mismo.

Aristarco me dice que, en realidad, la jugada de la señora Bachelet se debe al miedo profundo que le tienen a la Democracia Cristiana en la Nueva Mayoría. Si la Democracia Cristiana le ordenó a la señora Bachelet que nombrara a Javiera Blanco en el Consejo de Defensa del Estado, tenía que hacerlo. Mismo miedo que antes le tenían en la Concertación. La Democracia Cristiana ha sabido chantajear, con el cuento de que son ‘el partido más grande’, a la izquierda chilena, cuando su origen es claramente del fascismo español, y tiene más afinidad ideológica con la Unión Demócrata Independiente, Udi, que con el Partido Socialista de la presidente Bachelet. Tal vez sea así, le concedo a Aristarco. No es para nada descabellado.

Compartimos en un todo la reflexión del columnista Carlos Peña sobre este aberrante caso de amiguismo entre la presidente Michelle Bachelet y la mediocre funcionaria Javiera Blanco:

“La pregunta entonces que cabe plantear es si acaso la designación de un miembro del equipo político de la Presidenta (que comenzó como vocera de su candidatura, ejerció de ministra del Trabajo y concluyó como ministra de Justicia), entre cuyas abundantes virtudes no se cuentan las propias del jurista, una persona que es de su entera confianza y que posee total convergencia con su propio punto de vista, es la designación más razonable atendida la índole y las funciones públicas del Consejo, o si, en cambio, parece objetivamente una designación partisana, motivada más bien por consideraciones privadas como, por ejemplo, la de retribuir servicios gubernamentales y adhesión política.

“Y la conclusión es obvia para quien no se arroje tierra a los ojos. El simple examen de las circunstancias objetivas lleva a ella: la designación de Javiera Blanco en el Consejo de Defensa del Estado constituye una designación partisana, aparece como una retribución a una lealtad política más que una selección por méritos de esos que la índole del Consejo de Defensa del Estado exige.

“Quien ejerce el cargo de Presidente de la República a veces debe elegir entre dos intereses: los que emanan de la índole de las instituciones y los de quienes le sirvieron de apoyo para alcanzar el poder.

“La Presidenta Bachelet escogió, esta vez, uno de los segundos.

“Al hacerlo, actuó mal”.

Smog de Santiago; buenas voces ‘Voice’

santiago aire contaminadoSMOG. Los vientos del mar no serán jamás de Santiago, aunque pudieran serlo. Esos vientos que disipan el polvo del aire, la mala energía, el smog. Jamás las brisas del Pacífico recorrerán las grandes alamedas de Santiago. Jamás. Porque Santiago nació sin pies en el fondo de una olla. Ahí, abajo, el aire se caldea y pudre. Uno terminan respirando partículas de muerte.
Hace muchos años se habló de dinamitar las montañas en dirección al mar. Abrirle un boquete a la cordillera, como quien abre una ventana. Santiago tendría en sus aposentos la brisa vivificante que tanto necesita. Hace muchos años se habló de ello, pero no se ha hecho nada.
Y como el aire estará, entonces, siempre enrarecido, se toma cada cierto tiempo, cuando la situación está a punto de ser catastrófica, una decisión administrativa: suspender el tránsito de vehículos por las calles de Santiago, de acuerdo con el número con el termina la placa-patente. Un día no pueden circular los catalíticos cuyas patentes terminen en 1 y 2, y los no-catalíticos cuyas placas terminen en 0, 1, 2, 3 y 4. Por poner un ejemplo. Y así, se van rotando los días con los números finales de las placas-patente.
Cuando el aire está un poco limpio, o menos contaminado, se elimina la restricción. Las calles vuelven a llenarse de decenas de miles de vehículos contaminantes. Esto es la lógica del bobo.
¿Por qué no, de una vez por todas, se establece la restricción para siempre?
Que uno sepa que si está en Santiago y se moviliza en un vehículo no-catalítico cuya placa-patente termina en 1, 2 o 3, o lo que sea, no puede circular los días martes y viernes, por ejemplo? Y que los catalíticos con placas terminadas en 8 y 9, por ejemplo, no puedan circular los miércoles, pero durante todo el año.
La restricción vehicular debería ser permanente. Debería ser una característica de Santiago. Que alguien de Singapur, París o Caracas que llegue a Santiago, sepa que debe cumplirse esta norma.
Creo que solo así tendríamos un mejor aire durante todo el año. ¡Y que sean estrictos los controles para autos que nadie se explica cómo pasaron la revisión técnica! Nadie se explica por qué esos vehículos contaminantes andan sin que nadie les diga nada.
VOICE. He visto el programa de televisión del canal 13 ‘The Voice’ que busca “las mejores voces de Chile”. No Voicedicen que buscan “los cantantes más altos y atlético, o las cantantes más hermosas”. Pero queda uno con la duda.
Queda uno con la duda de si los jurados no están informados previamente de quiénes cantarán en cada programa, porque hay coincidencias que resulta demasiada coincidencia. Me refiero a “los hijos de…”, que cantan la primera nota y todos los jurados dan vuelta a sus sillas.
Porque el programa consiste en que los jurados se sientan de espaldas al escenario donde cantará el participante. De acuerdo a como oigan su voz, cada cual toma la decisión de dar vuelta a su silla, con lo cual queda con la opción de “ganar para su grupo” al cantante que eventualmente lo escoja.
Entonces, ciertos participantes tienen la enorme “suerte” de tener a los cuatro jurados con las sillas de frente y no dándoles la espalda.
Los jurados son: Luis Fonsi, Nicole, Franco Simone y Álvaro López.
Entre los jurados se hablan mientras el participante está cantando. Se estimulan a oprimir el botón que dará vuelta a la silla, para tener la opción de “ganárselo” para su grupo. ¿Para qué se hablan? ¿No tienen que estar escuchando atentamente al participante?
Uno dice: “Franco, ¿qué tal?”, otro dice “Qué bueno que canta”, uno más dice “Voltéate”, el primero anota “Qué voz más hermosa”, el tercero repite “¡Uf, qué falsete!”, este otro añade “Dios, cómo domina la voz”, y uno más exclama “¡Qué voz tan potente!”
Y la cámara enfoca que ponen la mano sobre el botón rojo, o hacen el ademán de oprimirlo, pero no lo oprimen, y en esta tontera pasa todo el tiempo. En efecto, el participante canta como los dioses, y al final ningún jurado se voltea.
¡¿Si era tan bueno, si tenía hermosos falsetes, si la voz era potente, por qué carajo ninguno se volteó?!
O, también ocurre, que en el último instante, cuando la canción termina con la nota que está entonando el participante, se voltea uno de los jurados. Casi siempre Nicole, la más oportunista.
Y muchas veces, también, el participante termina escogiéndola a ella, y no a Álvaro López o Luis Fonsi, que se voltearon desde la primera nota. Porque los participantes tampoco son leales con su “audiencia”, con el coach que primer se voltea.
Después viene que los jurados se suben a las sillas, que hacen aspavientos, etcétera. Quizás todo esto sea “parte del show”. Pero deja una sensación insana.