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Solo como testimonio el caso de Javiera Blanco

En el caso de Javiera Blanco, la peor funcionaria de todos los gobiernos desde el retorno de la democracia en Chile, pero extrañamente premiada con un cargo de magistrada del Consejo de Defensa del Estado, la presidenta Michelle Bachelet sigue marrando. Envió a cuatro (¡!) ministros al Congreso para sabotear un informe en el que se adjudica la responsabilidad que tiene la entonces mediocre ministra de Justicia, Javiera Blanco, en el caso de los niños muertos en el Sename. Y dijo, después, la presidenta Bachelet, justificando su extraño comportamiento: no se puede hacer del tema de los niños del Sename una caricatura, ni descargar toda la culpa en Javiera Blanco. “¡No politicemos el tema!” Eso dijo. ¿Y qué fue lo que hizo con su declaración? ¿Qué hizo con los cuatro (¡!) ministros haciendo lobby para sabotear al Congreso? ¿Qué hizo restándole importancia a las muertes de niños en el Sename? ¿Qué hizo defendiendo a muerte, y extrañamente, a Javiera Blanco? Lo que hizo fue… ¡politizar el tema! Y con política barata, desechable. Digna del idiota Ernesto Silva. Hizo exactamente lo mismo de lo que quiso acusar a la derecha. Borró la diferencia de “la izquierda” y “la derecha”. ¡La mediocridad de la señora Javiera Blanco no puede ser asunto de Estado, señora presidenta! Qué extraño comportamiento el suyo, doña Michelle Bachelet. ¿Quién es Javiera Blanco para que la señora Bachelet se juegue su prestigio? ¿Quién es Javiera Blanco para que el gobierno haga el loco ‘torciéndole’ el voto a varios congresistas? Tienen que responder esto. ¿Qué sabe Javiera Blanco de Michelle Bachelet, para que ésta la trate con algodones? La vida se encargará de decantar este caso. Creo que hay dos temas: el de 1) la mediocre funcionaria que premió con un puesto en el Consejo de Defensa del Estado, y el de 2) encubrimiento del comportamiento inadecuado, antiético y falaz de su hijo Sebastián Dávalos, cuando siendo alto funcionario de gobierno resultó metido en un negociado; estos dos temas, digo señora presidenta, serán de eterna recordación de su segundo gobierno. Pésimo gobierno. Y no lo digo ahora, cuando está con el sol a las espaldas, sino que lo dije, aquí mismo, cuando la señora Bachelet se lanzó de candidata. Dijimos: será un pésimo gobierno, primero porque segundas partes no son buenas, y segundo porque no tiene nada qué ofrecer a ciencia cierta. Cada cual juzgue lo que ve.

Julio Ponce, podredumbre y pivote de solución

alberto mayolTrae El Mostrador de hoy (HOY, no “la presente jornada”, como ridículamente dicen los ignorantes periodistas de los distintos medios de comunicación) un artículo de Alberto Mayol (foto) titulado “Ponce Lerou: la solución final de las elites”. Me identifico, porque Mayol apunta, sin ambagues, el origen espurio de la riqueza y de la presencia social de Julio Ponce Lerou: la vergonzosa dictadura del traidor, ladrón y asesino Augusto Pinochet. Señala lo increíble y deprimente que resulta que gente de la vieja ‘Concertación’ y actual ‘Nueva Mayoría’ haya ido de rodillas a mendigarle al yerno del asqueroso dictador, sin pudores.
Me he permitido editar el artículo, labor difícil por su coherencia frase a frase, y el resultado es el siguiente texto, que contiene la médula del artículo de Alberto Mayol, siempre tan lúcido:
“El ejercicio de evaluar la salida ‘institucional’ (en rigor, la negociación de los pactos principales de la transición) se debe fundamentar en la pregunta por la probabilidad de que ese pacto sea capaz de tres cosas: 1) restituir un vínculo positivo (cualquiera sea él, ni siquiera digo que haya confianza) entre la elite política y la ciudadanía, 2) romper la creencia de la impunidad de las elites y 3) procesar el malestar existente permitiendo, al menos, su elaboración.
Es decir, dado que la transición termina bajo la sensación de abuso, es imprescindible (para la salida institucional) que la ciudadanía piense de pronto que ese juicio es exagerado o que asuma que hay en curso un proceso de reparación de ello. El tiempo para lo primero ya expiró. Solo queda la alternativa de la reparación.
Pondré algunos ejemplos: los chilenos consideran que la prisión preventiva de los ‘peces gordos’ de Penta es esporádica y que volverán a triunfar los mañosos poderes de la elite. Si ese vaticinio no se cumple, esto es, si su pena es larga, sería pensable que la solución institucional esté más cerca. (…) Penta es emblemático, por supuesto. Y es un gran terremoto, por cierto. Pero no tiene la profundidad geológica que configura el malestar con la política y los negocios en Chile.
Pero también está la opción de que caigan a prisión permanente los ya procesados, pero además algunos políticos. Pues bien, en ese caso habrá una sensación de alivio y se tratará de un momento histórico. Pero esta crisis es algo más que el malestar con los privilegios del dinero y con la traición de la política. Es también la rabia por una apuesta que el país hizo (el modelo), es también la decepción frente a promesas del rol de la empresa en el desarrollo y es el dolor de haber aceptado, sin mucha dignidad, algo que parecía positivo en lo pragmático (por ejemplo, las privatizaciones), aunque era inmoral.
Y eso mismo, hoy, se revela no solo asqueroso (que se sabía), sino para colmo inútil (que jamás se imaginó).
El caso Penta, el caso Caval, y el fracaso de la elite para administrar este ciclo, son todos datos que sugieren un procesamiento del ciclo de impugnación. Es decir, con estos casos se explicita la crisis, pero al mismo tiempo comienza el punto de superación de ella (aunque esto no implica que se logre).
El concepto de crisis original, en Grecia, implica el requerimiento de la decisión, ya que la crisis se asocia a la comprensión por parte de los propios actores respecto a los males que les aquejan. Como Edipo, que se saca los ojos al reconocer la situación en la que por años se halló, hoy la elite chilena se saca los ojos existencialmente, pero también les saca los ojos a los demás, con menos elegancia que Edipo, luchando por el esfuerzo de la ceguera total de todos ellos.
Para cumplir los tres requisitos de la solución institucional se requiere algo diferente. Hoy no hay más vínculo entre ciudadanía e instituciones que la Fiscalía (cosa que está atacando los nervios de varios), hoy la sensación de que los poderosos serán castigados está en duda (SQM está siendo emblemático) y hoy el procesamiento del malestar históricamente acumulado durante la dictadura y la transición no ha sido posibilitado.
A este último aspecto es donde apuntan quienes sostienen la tesis de la Asamblea Constituyente, palabra prohibida en Palacio y en la derecha.
¿Qué puede hacer la elite para que esta crisis no se siga profundizando y la arrastre a ese lugar humillante que es la irrelevancia?
En mi examen he vislumbrado un escenario. Es lamentable para mis intenciones, pero la salida institucional a la crisis existe. La he llamado “la solución Ponce Lerou”. Y es que dicho empresario, principal actor empresarial de SQM, representa el conjunto de malestares que acechan a los chilenos.
Es él el emblema de los demonios que deben exorcizarse, suma él todos los rasgos que han configurado desde hace décadas la acumulación de malestar. Ponce Lerou es el nepotismo, antes que Dávalos y en proporciones bíblicas.
Ponce Lerou es el proceso de privatizaciones y su insólita impunidad.
Ponce Lerou es la dictadura.
Ponce Lerou es la transición.
Ponce Lerou es el fraude al fisco.
Ponce Lerou es la estafa a las AFPs y es, para colmo, el uso de ellas para hacerse rico.
Ponce Lerou es el soborno.
Ponce Lerou es el financiamiento ilegal de la política.
Ponce Lerou es el escándalo financiero.
Ponce Lerou es el enriquecimiento ilícito, es el funcionario de gobierno que aprovechó sus posiciones en Corfo, Conaf, Enami, Endesa, Soquimich y Compañía de Teléfonos, para terminar convirtiendo sus salarios de funcionario en una fortuna de US$2.300 millones (según Forbes), sexta fortuna del país al día de hoy.
Ponce Lerou es la política enferma que se dedica a servir al empresariado. Y fue así como, por años, sus oficinas se transformaron en el directorio del país y cada semana desfilaban los políticos de todos los partidos con representación para hacer carne esa alianza público-privada que hoy está en tela de juicio (de lo que debiera enterarse Lagos).
La conversión de Ponce Lerou de funcionario a empresario capaz de tomar posiciones en el nuevo escenario político lo elevaron a una nueva categoría, transformándose en un importante actor político desde las sombras. Algunos (como el abogado Mauricio Daza) han descrito su estrategia como una red de protección donde destacan Hernán Büchi, Cristián Leay, Osvaldo Puccio, Alejandro Ferreiro, Pablo Barahona y Enrique Correa.
Es evidente que dichos nombres operan como red de protección, pero son también el fértil valle por donde los intereses de Ponce Lerou pudieron germinar luego de su ilegítima siembra.
Si es cierto que las semillas las dio la dictadura (y Pinochet como actor principal), el fertilizante lo puso la transición (y la Concertación como protagonista). Y Ponce Lerou, el yerno de Pinochet, el hombre que le debe la riqueza al dictador, tuvo de su lado la traición al pasado (a su pasado) de muchos nombres de la Concertación, que vieron con buenos ojos introducirse en la ignominia de aceptar prebendas de quien representa las prácticas (que padecieron) de la familia dictatorial.
Ponce Lerou representa, entonces, tanto el malestar con la dictadura como el malestar con la transición; es el símbolo de una política corrompida y de una economía sostenida en la traición política.
Para los chilenos Ponce Lerou es Pinochet y la Concertación, es Büchi y Rossi, Barahona y Ferreiro, Libertad y Desarrollo junto a Chile 21.
Ponce Lerou se acercó al mundo de Longueira, de Novoa y de Enrique Correa.
Hoy se publican nuevos nombres cada día y sus turbias aguas bañan las playas de Eguiluz en Renovación Nacional (ex vicepresidente) o de Gutenberg Martínez en la Democracia Cristiana (factótum de la nueva directiva).
El abogado de SQM fue del PPD y hay quienes (Tomás Mosciatti, por ejemplo) lo vinculan al girardismo. Se podría seguir sumando y pasar revista a Pablo Zalaquett y a la suma de funcionarios de La Moneda, de todos los gobiernos y colores, de congresistas y ex congresistas, con quienes SQM y Ponce Lerou han forjado sus relaciones.
Además sus manos podrían haber llegado fuera del binominal, según recientes e incompletas denuncias. E incluso el financiamiento arribó a grupos de política universitaria de la derecha de la UC. Y es que Ponce Lerou es pura contaminación, es un alud de materiales descompuestos, es todo el percolado de esa historia que nos mostraron como un paraíso y que era un basural.
De este diagnóstico emana lo que hemos llamado la ‘solución Ponce Lerou’. Es simple. Todo el sistema político puede expiar sus culpas y dar una demostración de reparación si a la suma de nombres menores y mayores que serán arrojados al volcán de la justicia, se agrega el de Julio Ponce Lerou.
Imagine a Julio Ponce Lerou juzgado, imagine los recuerdos de tantas generaciones, imagine la sorpresa democratizadora de millones de chilenos. Imagine que transita al presidio.
Nadie podría decir entonces que hay impunidad en Chile, pues toda la red de protección habría sido superada por instituciones autónomas”.
Si quiere leer el artículo completo, puede hacerlo aquí.