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Partidos minoritarios; milicos; codicia

logosRefichaje de minorías. Resulta increíble la abrumadora minoría que son los partidos políticos en Chile. Su militancia suma, apenas, 158.228 almas, de acuerdo con el reporte del Servicio Electoral, Servel. La cifra fue posible conocerla, por la obligación de los partidos de ‘refichar’ sus inscripciones, o ‘recontar’ sus militantes. En un país de ¿dieciocho millones de habitantes? (no lo sabemos, porque el censo del presidente Sebastián Piñera fue un fiasco imperdonable), que once (11) partidos reporten una militancia de apenas 158.228, ¿no es, más o menos, ridículo para una democracia? Son partidos por completo débiles. Endebles. Casi inexistentes. Ninguno puede mirar por encima del hombro a otro, como lo hace la Democracia Cristiana con sus socios de la Nueva Mayoría, o como lo hace la Unión Demócrata Independiente con su socio Renovación Nacional. Todos, sumados son, vergonzosamente, el 0,88% de la población. De acuerdo con Servel, los registros de sus militantes son los siguientes:

Partido Socialista 26.017 fichados

Partido Progresista 19.517

Evolución Política 19.337

Democracia Cristiana 15.093 (1.403 por revisarse)

Partido Regionalista Independiente 17.558

Unión Patriótica 15.927

Partido Comunista 11.919 (4.633 por revisarse)

Renovación Nacional 9.780

Unión Demócrata Independiente 8.425 (1.511 por revisarse)

Partido Por la Democracia 7.460 (2.226 por revisarse)

Partido Radical Socialdemócrata 7.195

Los milicos. Una vez más, las fuerzas armadas (militares, armada, aviación y policía) viven LOGO FFAAen otro mundo. No solo porque tienen un poco distorsionada su misión nacional, sino porque la justicia para ellos corre de otra manera. Hoy día, en medio de los escándalos por robos al erario que surgen aquí y allá, resulta que los delitos de los militares (digámoslo así, en forma genérica, ‘los milicos’) prescriben con otros tiempos. Se supo, a raíz del robo de varios miles de millones de pesos en Carabineros, que cuando el país creía que, individualizando a esos delincuentes que actuaban camuflados con el uniforme policial, deteniéndolos y poniéndolos a órdenes de la justicia, habría sanción ejemplar. Pero no. Resulta que, para todo el mundo en Chile, los delitos económicos prescriben en 4 años, pero para los militares en 6 meses. ¡Seis meses! Roban en enero y, si no los pillan, en agosto ya no pueden acusarlos de robo. Así es la cosa. Acaso ¿todavía vivimos bajo la égida de los milicos? O esto es una democracia, también para aplicar la justicia. ¡Qué vergüenza estas gabelas para quienes delinquen con un uniforme de las fuerzas armadas puesto!

Codicia. Ridículamente sobreabundante ha sido el cubrimiento periodístico de la codicia3extradición desde Rumania, y la llegada a Santiago, del delincuente Rafael Garay. Sí, estafó (pero judicialmente falta que se lo prueben) más de 2.000 millones de pesos, pero no ha sido tratado como un delincuente, sino como un rock star. ¡Todos los canales ‘abrieron transmisión’, ininterrumpida, para informar de la llegada y traslado ante la justicia del delincuente! Para semejante acontecimiento, basta con un informe de 5 minutos (y es mucho), cada cierto tiempo.

Pero, además, vale anotar que, de alguna manera, lo están juzgando por la misma motivación que tuvieron sus víctimas. Me explico: sí, estafó. Lo hizo motivado por la codicia. Pero también por codicia fueron timadas sus víctimas. Él les prometió un cerro de plata en corto tiempo, y los codiciosos acudieron como abejas a la miel. Sí, son víctimas, pero subyace en ellos una intencionalidad torcida: la codicia. Su deseo, su apetito ansioso y excesivo por tener dinero fácil los llevó a entregarle al delincuente, codicioso como ellos, altas sumas de dinero que, tontamente, creyeron que el delincuente les iba a duplicar, a triplicar, a cuadruplicar, en cuestión de semanas. Y tuvieron su merecido.