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Valdivia; Selección; Encuestas; Piñera 1 y 2

Logo-FederacionChilenaDeFutbolValdivia. Me perdí el momento en que Jorge Valdivia pasó de ser el borrachito del bautizazo, que atacó maleteramente a Claudio Borghi (el tonto que le alcahueteaba sus borracheras en la Selección), a ser “el intelectual del fútbol” en que aparentemente se convirtió. En qué momento se volvió personaje, él, que culpa a los árbitros cuando pierde Colo Colo, y con pedantería habla de la grandeza de Colo Colo cuando gana el equipo. ¿Cuándo pasó de ser un tipo sin estado físico (por el alcohol) a ser analista de la Selección de Chile, y considerar la táctica y estrategia, y la condición humana y profesional de Juan Antonio Pizzi como algo deplorable? No supe cuando pasó de última opción a imprescindible. ¿Será obra de la payola? Me parece tan tonto que elogien un pasesito que haga Jorge Valdivia en un partido, como algo decisivo en el fútbol chileno. ¡Si su trabajo es hacer pases! Como si exaltáramos, hasta la gloria eterna, cada vez que un goleador hace un gol. ¡Su trabajo es ese, meter goles! No me digan que estará en la próxima Selección del mundial de 2022. ¿Será tan fuerte la payola, para que lo incluyan? ¿Tendrá estado físico para llegar allá dentro de cuatro largos años?

Selección. Que dejen ya de quejarse por lo que ocurrió (o lo que no ocurrió) con el mundial 2018 de fútbol: Chile no estará ahí. Ahora es cuando hay que empezar a armar la nueva Selección. Una sin Valdivia, sin Beausejour, sin Gonzalo ‘El asqueroso’ Jara, y sin el resto de borrachitos que conocemos. Habría que partir con uno, solamente, de los actuales: Claudio Bravo. Único tipo serio, con estatura de Selección Nacional. Al resto hay que cambiarlos a todos. Y para conformar la nueva Selección que Chile necesita hay que empezar ya. Quizás baste el tiempo para tenerla a tono, cuando sea el momento, ya que hay en Chile unos 200 futbolistas profesionales, de los cuales sería imposible que no se puedan escoger 12 o 20 que sirvan para representar el país. Olvidarnos ahora mismo de los ‘cracks’ de hoy, que no lo serán (y esto es garantizado) dentro de 4 años. Estamos demorados para hacerlo. Hay que empezar ya.

Encuestas. Por enésima vez, decir aquí que las encuestas políticas son una manera sutil de manipular la mente de las personas, para sembrarles ideas que les sean útiles a quienes hoy detentan el poder. Las encuestas de la pasada campaña daban como ganador al derechista Sebastián Piñera, con más de un 50% de los votos. ¡Mentira! A duras penas llegó al 36,64 %. Las encuestas dijeron que Beatriz Sánchez no existía. Mentira, porque sacó el 20,27 % de los votos (1.300.000) Y dijeron que Carolina Goic iría a segunda vuelta, con Piñera, y sacó el 5,88 % de los votos. Las encuestas son una manera sutil de manipular las mentes de los ciudadanos. Son una ficción. Entidades repudiables como el Centro de Estudios Públicos (Cep), financiado por personas repudiables que tienen conductas delictivas como los Matte (coludidos en el vergonzoso caso del papel higiénico), el Cep reproduce lo que los Matte (y los demás de esa élite mandada a recoger) quieren. No más encuestas. Eso es para tontos. Pero ¿cuándo dejarán los medios de comunicación de prestarles atención? Nunca, porque los medios de comunicación son propiedad de los mismos de esa élite de Matte, mandada a recoger.

Piñera 1. El cinismo se personificó en Sebastián Piñera. El suyo fue un gobierno pésimo, piñeracon un Censo nacional que fue un robo, obras civiles como el puente Cau Cau que fueron un robo, y muchas otras falencias que se haría largo enumerar. Pero de todo lo malo, mencionar que el país creció durante su gobierno, solamente el 4%, en comparación con los últimos 15 años de crecimiento superior. De modo que es puro cinismo cuando dice que él hará crecer a Chile. Es cinismo cuando dice que “vamos a aumentar la gratuidad en la educación”, porque a renglón seguido añade: “siempre y cuando el crecimiento económico nos acompañe”. Nada de lo que diga este señor podrá tomarse en serio. Miente, como El Mercurio. Hay un repudio general por su pasado y por su actual verborrea mentirosa.

Piñera 2. No puede dejarse pasar por alto la acusación del candidato Sebastián Piñera, según la cual en la primera vuelta electoral hubo votos marcados en favor de Alejandro Guillier y Beatriz Sánchez. Yo creo que esto merece una investigación penal. Merece, inclusive, suspender las elecciones hasta que el asunto lo aclaren las autoridades electorales y penales. Aplazar la fecha de las próximas elecciones hasta que se establezca de manera fehaciente si el señor Piñera miente, o no. Si miente, no debería poder seguir en carrera electoral, y, en cambio, ir a la cárcel por difamación y calumnia y menosprecio a las instituciones chilenas (traición) Una acusación tan grave no puede dejarse pasar por alto. Y menos excusarse con que no debió haber dicho eso, y como si nada hubiera ocurrido.

 

Fé pública, votos, periodismo y censo

Fé pública, votos, periodismo y censoPeriodismo y votos. Lamentable que estén en la picota pública dos candidatos presidenciales, Franco Parisi y Tomás Jocelyn Holt, y dos notarios, Gloria Acharán y Roberto Mosquera, por presuntas irregularidades en la presentación y aval de las firmas que los respaldaron para poder lanzarse a la aventura electoral. Que un notario certificara en Santiago más de 17 mil firmas en un solo día, es físicamente imposible; que otro notario certificara, en Renca, entre 1.000 y 2.000 firmas diarias, de personas que viven a muchos kilómetros de distancia (en Puerto Montt, Valdivia o Iquique), coincidiendo para ello en una hora y un día, es también físicamente imposible. La acusación la hizo El Mercurio, y tanto administrativa como penalmente fueron abiertas sendas investigaciones. No sería bueno para los candidatos, ni para la fe pública que emana de los notarios, que la denuncia de El Mercurio sea cierta. Pero sería muy bueno para el Periodismo, que El Mercurio tenga razón en su denuncia, porque es una señal de que estará actuando con responsabilidad. Una responsabilidad cada vez mayor, lejos de la promoción de golpes de Estado y apoyo a las dictaduras con mentiras sobre mentiras, como parece que pueda ocurrir ahora que llega Cristián Edwards del Río a tomar las riendas de la editorial. Una responsabilidad más comprometida con la verdad y las necesidades sociales, que con los intereses personales, de familia, de clase o de casta.

Censo y realidad. El censo es una herramienta de gran utilidad en la elaboración de políticas públicas de un país. Dice cuántos habitantes tiene un país, de qué edades son, dónde viven, qué escolaridad tienen, cuántos viven en el campo, cuántos viven en las ciudades, cuál es la ciudad con mayor número de habitantes, en qué condiciones de confort o hacinamiento vive la gente en la capital, etcétera, etcétera. Si esta información es defectuosa, igualmente defectuosa será la decisión que se tome a partir de ella. Esa es la suprema importancia que tiene un censo, y el que hizo Chile en el 2012 está, todavía, en entredicho. Una funcionaria, y una comisión de expertos nacionales lo consideró no fiable, e indicó que el método para realizarlo, que fue cambiado a última hora, no se ejecutó prolijamente. Un alto funcionario perdió su puesto por ello. Pero el gobierno optó por acudir a una comisión internacional, la cual consideró que el Censo 2012 “tiene problemas, pero que estos se pueden corregir”, y dijo que “el Censo sí sirve, sí es útil y se puede difundir en todo Chile”. Con esta declaración, el gobierno se sintió relevado de ahondar en el tema, y darlo por válido. Pero enseguida hubo dos pronunciamientos simultáneos: uno, de la candidata presidencial Michelle Bachelet, quien anunció que hará un nuevo Censo en el 2016, y el otro pronunciamiento fue el de la comisión nacional de expertos, que confrontó el concepto de los expertos internacionales, ratificando que el Censo 2012 no sirve para elaborar políticas públicas basadas en su dudosa información. Un censo fiable es lo mínimo que debe tener un país, independientemente de los estudios locales o focalizados o sectoriales que sus instituciones puedan llevar a cabo, como los ministerios, las Direcciones, las Secretarías, etcétera. Y un censo vale mucho dinero: el del 2012 costó poco más de $30.000 millones.

El misterio que por siempre tendría el Censo 2012

francisco labbéEn las últimas cuarenta y ocho horas varios canales de televisión han entrevistado a Francisco Labbé (foto), el saliente director del Instituto Nacional de Estadísticas, INE, quien debió abandonar esa dirección por errores graves, cometidos en la realización del Censo de Población y Vivienda 2012, con el que Chile pensaba actualizar sus cifras para establecer estrategias de políticas públicas. El señor Labbé debe estar siendo investigado por la justicia ordinaria, pues tuvo a cargo el manejo de 30.000 millones de pesos del erario, prácticamente tirados a la basura. Una comisión designada por el director emergente que lo reemplazó, Juan Eduardo Coeymans, revisó lo actuado por el señor Labbé y encontró serios errores en la ejecución del Censo 2012, cuya preparación fue tardía. El señor Coeymans, al recibir el informe de la comisión, anunció que pedirá una segunda opinión, de un organismo internacional. Todo parece una catástrofe, tanto como para que el presidente Sebastián Piñera saliera a pedir perdón a todos los chilenos por el desaguisado del señor Labbé. Pero llama la atención la desbocada vehemencia con que el señor Labbé se ha mostrado en esas entrevistas. En un resumen tosco, su punto de vista es que: 1) el censo se hizo bien, muy bien, 2) el cambio de un “censo de hecho” a un “censo de derecho”, faltando ocho meses para su realización, fue una buena decisión, 3) la base de datos que ahora tiene Chile es formidable, 4) él nunca dijo que iba a ser el mejor censo de la historia del país, y 5) no entiende todo el alboroto que se armó. Escuchándolo, uno se pregunta si todavía no se ha informado que fue destituido, que se convocó una comisión de alto nivel y esa comisión encontró el censo un horror, y que en un gesto inédito y políticamente valiente el presidente Sebastián Piñera pidió perdón. Esto último, le importó bien poco. No es su problema. Lo último que dijo en su defensa es que hubo una “operación política”. Un complot de Estado. Sin especificar si ocurrió desde dentro, o desde fuera del Estado. Pero, en todo caso, ¡como en las películas! Como en Mentiras que matan (Wag the dog), en la que se inventa una guerra en Albania para cubrir un escándalo en la Casa Blanca. La operación política tenía el propósito de… ¿cuál propósito? No, no lo ha dicho el señor Labbé. Dijo que todo lo que hizo lo sabía su jefe, el ministro de Economía de ese momento, Pablo Longueira, y el presidente Piñera. Pero al momento de estallar el escándalo, el ministro Longueira ya no lo era, sino que precandidato presidencial udista. ¿Era acaso éste el objetivo del complot? ¿O el objetivo era desprestigiar el gobierno Piñera (caracterizado por yerros sucesivos, de distinto calibre, “piñericosas”), que este escándalo no le hacía falta? ¿De qué “operación política” habla el señor Labbé? El gobierno, en la persona del ministro del Interior, Andrés Chadwick, desechó esa versión. Lamentablemente, el señor Labbé no fue preciso. ¿Es como una “tincada” suya? Pero si lo dice, quizás lo haga ante el fiscal que lo investiga. Solo hasta entonces, quedan flotando incertidumbres de mayúscula dimensión. Me pregunto, en un esfuerzo de receptividad (de apertura mental), ¿y si Francisco Labbé, más allá de su rostro de enajenado, tiene razón? ¿Quizás quede, de este episodio (aún después del informe de la consulta internacional), un filón de historia nacional saturado por siempre de misterio?

¿Peligra la credibilidad estadística de Chile?

Censo-2012Una lástima que ya no se pueda confiar en nadie. Ni en nada. Las personas mienten, inventan frases para encubrir la verdad, hacen malabares con las palabras a fin de crearles a los demás la ilusión de que entendieron bien, algo que no es claro de entender. Se culpa a la prensa: Me sacaron de contexto, No publicaron mi declaración completa, Yo no dije eso. Pero la verdad es tozuda. La verdad de la manipulación de las cifras del Censo 2012 (logo), por ejemplo, salió a la luz, como siempre lo hace la verdad. Porque la verdad es más poderosa que los mentirosos, y que la misma mentira. A la verdad no la pueden torturar, electrocutar, apuñalar, desaparecer. Ella, siempre, brillará. ¿De dónde salieron 600 mil chilenos más, de los que realmente fuimos encuestados? ¿Quién dijo eso?, ¿la prensa? Sí. Ciper. ¿Con qué fin se cambiaron las cifras? Para distorsionar todo el resto de indicadores que se fundamenten en esa variable. Indicadores sociales, por supuesto. Y a la funcionaria que tuvo el valor de mantenerse en la verdad, porque a veces la verdad requiere valentía, pues acechan los asesinos de manos manchadas de sangre ajena, el director del Instituto Nacional de Estadística, INE, entidad responsable del Censo, le dijo que dejara de ser huevona, que decir eso era como darse un tiro en los pies. Pero era un tiro de la verdad, y los pies no eran los de la funcionaria valerosa, sino los del director mentiroso. Entonces tuvo que renunciar, el director, por supuesto, con todo y sus apellidos, con todo y sus influencias, con todo y el gobierno. Porque la verdad es más poderosa que todas esas baratijas. A esas personas mentirosas no les interesa el prestigio de la nación, el prestigio de la institución en la que trabajan, ni el prestigio del gobierno que las nombró. Son egocéntricas. Quieren la gloria. Así sea mintiendo, no les importa. Ellas son (se creen) más importantes que los demás, y más importantes que los valores humanos de probidad, de ética y carrera funcionaria. No importa que esas personas mentirosas y egocéntricas se vistan con ropa de marca, usen corbatas o estolas, perfumes costosos y se movilicen en autos de lujo. Su espíritu está detrás de esa careta, y es un espíritu marrullero, fantasioso, cínico. Un espíritu sin grandeza. Un espíritu rastrero.

Censo 2012: cuántos somos y cómo vivimos

De tiempos bíblicos son los censos. Hoy comienza el de población y vivienda en Chile. Se confirmará si somos 17 millones 500 mil habitantes habitando 5 millones de viviendas, además de si, efectivamente, en este momento son más las mujeres que los hombres. El procedimiento de esta vez será más moderno, en cuanto a que el país no se paralizará uno o dos días enteros, como antaño. Todo el día se esperaba al censista, y hasta se le ofrecía una bebida. Esta vez, durará 3 meses y, prácticamente, nadie se dará cuenta de la ingente labor del Instituto Nacional de Estadísticas (INE). Hay un gran despliegue de personal, de tiempo completo y de medio tiempo, de lunes a lunes, de 9 de la mañana a 9 de la noche, realizando esta tarea. ¿Sirve de algo el censo? Sí, de mucho. A partir de sus resultados se pueden elaborar, con altísimo grado de certeza, estimaciones de políticas públicas. Porque no es lo mismo decir: “Somos más o menos 6”, a decir, sin dudas, “Somos 4”. Esta diferencia, aparentemente mínima, extrapolada al país entero, y multiplicada por un valor determinado o un coeficiente, hará la diferencia, en cuánto se gasta y en qué, o si no se amerita el gasto. Un ejemplo de política pública es la demanda de electricidad, o el déficit habitacional o de servicios básicos, pero también sirve para precisar datos de empleo y fuerza laboral disponible, entre otras muchas aplicaciones. O los cambios verificables en la composición familiar y quién es jefe de hogar, si un hombre o una mujer. Etcétera. La encuesta del censista no debe durar más de 30 minutos. Son 42 preguntas del formulario que pueden ser respondidas en menos tiempo, pero 30 minutos es suficiente. Si alguien tiene dudas sobre la veracidad del censista, pues siempre hay delincuentes a la caza de oportunidades, puede llamar al número gratuito 800-123-060. También, si tienen un computador a la mano, le piden al censista sospechoso su nombre y RUT (número de cédula de identidad), y en esta dirección web puede despejar la duda.