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Bienvenidos; Pizzi; Terrorista; No+AFP; MEO

FutbolBienvenidos. Lamento contradecir a los conductores y panelistas de ‘Bienvenidos’, del Canal 13, que trataron, excepto Hugo Valencia (hay que ser justos, así no sea santo de la devoción), de apabullar a Carla Pardo, la esposa de Claudio Bravo, por lo que dijo, razonadamente, sobre la Selección de Chile: “Yo sé que la mayoría se pelaron el culo, mientras otros se iban de fiestas e incluso no entrenaban de la borrachera que llevaban. A quien le quepa el sombrero que se lo ponga”. ¿Por qué ‘Bienvenidos’ trató de esconder lo que desde hace cerca de 6 años hemos denunciado en este blog: que es un grupo de borrachines los que manipulan la Selección. Y tiene espíritu de mafia. Me parecieron un poco mezquinos los de ‘Bienvenidos’, pidiéndole a Carla Pardo que diera nombres. ¿De modo que la culpa no es del que dio la puñalada, sino del que la recibió? ¡Te apoyamos Carla Pardo, por tu valentía! Tienes derecho a tener rabia. Tienes derecho a denunciar a las lacras de la Selección. ¡Los que tienen que decir los nombres son los de la Selección! En su defecto, se están haciendo cómplices de los borrachitos con alma mafiosa. Muy mediocre, me pareció, la actitud de los de ‘Bienvenidos’, que dijeron que sobre los borrachines “ya se sabía”, “era un secreto a voces”. Entonces ¿por qué no dijeron los nombres, si los sabían? ¿O solo querían encubrir a los borrachitos de mierda que actúan como mafia, y cagarse a Carla Pardo? ¿O es machismo? Les faltó, como al técnico Pizzi, tener pantalones para hablar de la realidad.

Pizzi. Lamento la suerte de este técnico de fútbol, sobre quien dijimos aquí que era mediocre y le faltaban pantalones. Lo reiteramos: Juan Antonio Pizzi fue un técnico mediocre, sin pantalones para lidiar con la mafia de los borrachitos de la Selección. Así como en este momento se busca técnico, también debería buscarse otro equipo para constituir una nueva Selección. Hay en Chile 200 o 300 futbolistas profesionales, y solo escogen, desde hace casi una década, a los mismos 12, que se volvieron viejos y con el mismo vicio: el alcohol. Esta afirmación es generalización, pero ellos saben quiénes son, y como dijo la valiente Carla Pardo, “al que le quepa el sombrero que se lo ponga”. El alcoholismo es un mal del cuerpo y del alma. Y requiere tratamiento médico. Saquen a jubilación (sin esos astronómicos sueldos que hoy tienen, eso sí) a la actual Selección, sin excepciones, y armen otra desde las bases. ¡El mundo no se va a acabar si se corta por lo sano!

Terrorista. Se molestó el pinochetista Sergio Melnick porque se dijo que el presidente de la Bolsa de Comercio de Santiago, Juan Andrés Camus, es un terrorista, con su anuncio, maligno, de que “habrá un colapso del precio de las acciones si no gana Piñera”. ¡Que idiota! La gente del común puede creerle, porque “es el presidente de la bolsa”, pero lo que hizo fue terrorismo. El terrorismo, para decírselo a Menlick, porque su obesidad mórbida le impide pararse (iba a decirlo en términos españoles: “mover ese culo”) y buscar un diccionario o encender un computador para preguntarle a Google, y poder leer que el terrorismo es el uso del terror para coaccionar a un grupo o sociedad. Lo que hizo su patrón, el ladrón, traidor y asesino Augusto Pinochet, en esos años oscuros que vivió Chile. Por esta razón, por decir una imbecilidad mayor, ¡pero malintenciondamente!, como que “los precios de las acciones van a colapsar si no gana Piñera”, el señor Juan Andrés Camus es un terrorista. E idiota.

No+AFP. Creemos que debe hacerse realidad la consigna de No+AFP. ¡No más administradoras de fondos de pensiones! Ese modelo de estafa legalizada debe terminar. Lo hemos dicho hace años, y lo repetimos: tomar el dinero de la gente y hacer negocios con él, y quedarse con las utilidades, pero no darles ninguna ganancia a los dueños de ese dinero, es una estafa. Es un modelo delincuencial, o delictivo, digno de Rafael Garay o Alberto Chang. ¡No más AFP! La gente debe tener réditos, y abundantes, como resultado de sus ahorros de toda una vida. Pero con las AFP, los dueños del dinero quedan con pensiones miserables de 100 mil pesos, mientras que los señorones administradores ganan millonadas, viven en mansiones y se dan la gran vida, como pudimos saberlo en el caso de la AFP Capital. Ahí quedaron retratados los zánganos que se dan la gran vida, chupándole, sin pudor ni remordimiento, la sangre a la gente pobre. No+AFP.

MEO. Me duele en el alma decirlo, porque me simpatizaba, pero Marco Enríquez-Ominami, MEO, no tiene futuro. Si nos hubiera leído hace 8 años, cuando dijimos que buscara un(a) fonoaudiólogo(a) para pronunciar el hermoso idioma español, y expresara sus ideas con calma y precisión, quizás tuviera alguna ventaja con relación a los demás. ¡Qué nos importa que quiera batir la marca del que hable más rápido! Puede ser que, en realidad, seas un hombre brillante, por encima del promedio, pero si no se sabe expresar, si habla entre los dientes, si siempre sufre de una disfonía (porque no sabe hablar ni respirar), y si siempre habla como ametralladora, pues no pasa nada con él. Tiene, además, la cruz de haberle mendigado al ex yerno del traidor, ladrón y asesino Augusto Pinochet, el señorón Julio Ponce. Tal vez diga que eso no es así, que lo probará ante los tribunales de justicia, pero no es lo que gente percibe. La gente percibe que estás creciendo, políticamente, como la cola de las vacas: para abajo. ¡Lástima!

 

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‘La La Land’ y el ‘piedrazo’ de Tironi

la_la_landHomenaje. Fuimos a ver ‘La La Land’ (foto), ‘La ciudad de los sueños’ o ‘La ciudad de las estrellas’ por el antecedente de haberse ganado 7 premios ‘Globo de Oro’ (¡la película más premiada en la historia de este premio!): mejor película, mejor comedia o musical, mejor director, mejor actor y mejor actriz de comedia o musical, mejor guion, mejor banda sonora y mejor canción original.

Fuimos a ver ‘La La Land’ por el antecedente de haberse ganado los premios Bafta (Academia de Cine y Televisión británica) a la mejor película, mejor actriz, mejor director, mejor música original y mejor dirección de fotografía.

Fuimos a ver ‘La La Land’ porque tiene 14 nominaciones a los premios Óscar (de la Academia de Artes de Estados Unidos) que se entregarán el 26 de febrero.

Si no hubiéramos sabido nada de premios, hubiéramos dicho que era “un bonito homenaje a los musicales del cine en Hollywood”. Nada más. Pero como sabíamos de su boato, nos pareció “muy inferior a los musicales del cine de Hollywood a los que rinde homenaje”. Inclusive, recordamos que ‘Brillantina’ nos pareció mejor. Y ‘La novicia rebelde’ y ‘Cantando bajo la lluvia’.

‘Piedrazo’. Hace un mes, o algo más, el señor Eugenio Tironi (foto) escribió una columna en Entrevista a Eugenio TironiEl Mercurio que, sin avergonzarse, tituló ‘El piedrazo’. ¿Cómo es posible que una persona que posa de intelectual no sepa el idioma en el que escribe? ¡’Piedrazo’ no existe en el idioma español! No es un ‘chilenismo’, ¡no!, sino un barbarismo. Se dice ‘Pedrada’, pe-dra-da, PE-DRA-DA, para significar la “acción de arrojar con impulso una piedra”, o para decir que se observó un “golpe que se da con la piedra tirada”.

Pe-dra-da, porque ‘piedrazo’ no existe. Y, por favor, tomen nota ‘periodistas’ de radio y televisión, y presentadores de televisión. Y también ‘editores’ y ‘directores’ de radio, televisión y prensa escrita. Superemos la ignorancia, porque tenemos la responsabilidad social de ser ejemplo para la audiencia. Y un buen ejemplo, no uno malo. Entonces, con ese malestar idiomático revolviéndome el estómago, ¡como una pedrada en el ojo!, leí de mala gana el artículo que trataba de cómo arrodillarse ante un poderoso, en este caso Andrónico Luksic. Exalta el señor Tironi, como si fuera el buen pelele, “la conducta de Luksic… (que) escapa totalmente del patrón de lo que se espera de un personaje poderoso, como no hay duda lo es”. Y así, el resto del artículo es frivolidad, como casi todo lo del señor Tironi.

Idiotez de los empresarios de la U. y Colo Colo

carlos hellerBeccacece. Jamás imaginé que los empresarios del equipo de fútbol Universidad de Chile fueran tan idiotas (tontos, poco inteligentes) Lo digo por lo que se sabe del contrato de ‘director técnico’ que le firmaron a Sebastián Beccacece. Un contrato con un novato, con cero experiencias, pero lleno de tuercas y tornillos para deshacerse de él, si querían. ¡Beccacece debió haberle pagado a ‘la U’ para ser su técnico! Sí, porque está aprendiendo, no sabe nada, y no podía calificársele de ‘técnico’ por haber sido el ayudante de Jorge Sampaoli. Una cosa es desde la tribuna, y otra con guitarra. Empresarios idiotas, al mando de Carlos Heller (pongo su foto, y no la de Beccacece, para que se avergüence), que se pusieron la espada de Damocles en una cláusula que los penaliza si despiden al bueno para nada. Los resultados de Beccacece son inobjetables, por mucha saliva que gasten los comentaristas deportivos y los mismos empresarios: la casi totalidad de los partidos los ha perdido. Sebastián Beccacece no sirve. Así de sencillo. Y si tienen que pagar la cláusula, que creo supera los 350 millones de pesos chilenos, pues que la paguen, por idiotas.

Suazo. Otro que es puro bluff, Humberto Suazo (foto), y sin embargo lo trajeron al equipo suazode fútbol Colo Colo como la gran adquisición. En este blog dijimos que era una nevera, un tronco, un guatón acabado cuando llegó a Chile de fracasar en México. En México no metía goles sino de penalti. Y acá en Colo Colo no metió ni uno. Ganó un buen sueldo sin hacer nada, y el día que lo echaron por malo, se le acabó todo el amor que tenía por Colo Colo, ¡y lo demandó! Pide una suma ridícula, no sé, 300 millones de pesos. Pero sería igualmente ridícula si solo pidiera un peso, uno solo, únicamente. Además de mal jugador, además de engañar al equipo porque sabía que estaba acabado, además de no tener ética futbolística, es traidor, con esa demanda espuria. Otro caso de empresarios idiotas.

‘Me gustó escribir sin darme cuenta’, R. Spiletta

Reinaldo SpitalettaSe ha dicho, no sin cierta dosis de nostalgia, que la infancia es la patria de los poetas, de los lustrabotas y de los trapecistas. Aunque, en rigor y en general, lo es del hombre. Mi deseo de escribir pudo ser un asunto inconsciente, como resultado de la educación sentimental, en particular de la casa, que, de acuerdo con los latinos, es la única patria del ser humano. Digo la casa (el lar, el hogar, en fin) porque mis más remotos recuerdos tienen que ver con una señora que contaba historias. Cuentos en el cuarto, la cocina, el comedor, de día y de noche, porque, a lo mejor, en su soledad, no tenía con quién hablar y solo le quedaba recitar poesías larguísimas, relatar episodios de arrieros, aparecidos, jinetes sin cabeza, narraciones europeas adaptadas a su modo a un lenguaje antioqueño y contar sus sueños. Cuando no contaba, entonces cantaba. Eran canciones infantiles, unas; de escuela, otras; algún tango de Gardel, bambucos, fragmentos de arias, pasillos ecuatorianos y otra gama de canciones, muchas de las cuales jamás volví a escuchar. De noche, me refería historias, quizá con el ánimo de dormirme, pero entre más contaba, más quería yo que continuara. Y entonces se cansaba y decidía irse a acostar. Me dejaba con ganas de más. Por la mañana, antes del desayuno, nos reunía a mí y los demás hermanos a contarnos sueños. Creo que muchos de ellos los inventaba sobre lo marcha. Pero le quedaban bien. Nos ponía en suspenso y nos hacía olvidar las ganas de desayuno. Me parece que era una táctica para alimentarnos con palabras, porque en muchas ocasiones era precaria la mesa. Después, a esa señora rubia y robusta, la reemplazó la profesora de primero de primaria, doña Rosa, que nos narraba cuentos de Perrault y de los Hermanos Grimm (según supe después), además del Tío Conejo, el Hojarasquín del monte y de piratas y filibusteros. Además, de todos los fabulistas que en el mundo habían sido. Era una mujer de dulce voz, que también cantaba muy bien. Un día, cuando ya en la escuela sabíamos de masturbaciones y jugábamos a los gladiadores y a la guerra en los recreos, hubo un profesor que nos habló del Manifiesto Comunista y la Doctrina Social Católica, una mezcla imposible, pero que nos hizo buscar nuevas historias. En quinto de primaria, don Álvaro Sánchez, nos hacía aprender poemas de memoria y nos leía escritos de Azorín. No recuerdo haber escrito una sola línea entonces. El caso es que, cuando ya la adolescencia era una promesa, por lo del vello púbico y otras transformaciones corporales, un muchacho del barrio me prestó Las mil y una noches, en dos tomos gordos. No sé si era la traducción de Blasco Ibáñez. Me los devoré en poco tiempo, y descubrí que muchas historias que nos contaba la señora rubia, que, claro, era mi mamá, habían sido extraídas de esos relatos. Y ahí supe que en casa habíamos tenido, sin enterarnos, una suerte de Scheerezada paisa. Mi padre, que era un lector de interés, una vez apareció con un regalo: el Ivanhoe, de Walter Scott, con ilustraciones. Y entonces me interesé por torneos y cruzados. Además, él llevaba a casa libros de Vargas Vila. Y nos advertía: “Estos libros están prohibidos. Ustedes no pueden leerlos”, pero los dejaba en un escaparate sin llave, como una provocación. Ahí supe de Flor de Fango, de Ibis, Césares de la decadencia y Aura o las Violetas. En algún curso de la secundaria, adapté la historia del Mío Cid, y en otro escribí una historia de brujas y la Inquisición. Y mientras leía el Quijote (que mamá nos hacía apagar la luz para que nos durmiéramos: “Dejá de leer que te volverás loco”, decía), también leía historias de Poe, el Barón de Munchausen, un gran mentiroso, y a Calderón de la Barca, pero me gustaba más leer poesía, así que pasaron sin saberse cómo ni por qué, García Lorca, Santos Chocano, Martí, Julio Flórez, Rubén Darío, selecciones de Poesía Voluptuosa (así se llamaba un libro) y luego el teatro completo de Chejov. Y entonces comencé a llenar cuadernos de tareas con poemas de amor y de soledad. Y fue entonces, quizá a los dieciocho años, cuando comencé a leer a Marx, Engels, Bakunin y toda una variedad de literatura política, y escribía unos aterradores panfletos. No tenía idea qué era ser escritor ni me había propuesto serlo. Tanto que mis intereses estaban más por el lado de la música. Siendo un adolescente mayor, entré a estudiar al Conservatorio de la U. de A. El cuento es que descubrí, cuando ya estaba estudiando ingeniería, que lo que me gustaba como carrera era el periodismo Quería escribir sobre la vida de los obreros, las huelgas, la cotidianidad de una ciudad en la que había mucha agitación estudiantil. Y tomé la decisión de pasarme a Periodismo. Quería escribir acerca de la denominada realidad de un modo literario. Leí entonces a los norteamericanos, escribía reportajes de mi cuenta, que nunca nadie publicó. Iba a los sindicatos a ayudarles a los trabajadores en la redacción de boletines, octavillas, manifiestos. Mis primeros cuentos tenían que ver con vidas de obreros. Ninguno de ellos (de los presuntos cuentos) sobrevivió, menos mal. Por esos días, ya había decidido que sería reportero de prensa escrita y comencé a devorar novelas, grandes reportajes, a estudiar las obras de John Reed y Hemingway. Después, autores del llamado Nuevo Periodismo, entre ellos Capote, Mailer y Talese. Tomaba nota de todo: de los libros, de las calles, de la vida urbana. Al poco tiempo de haber entrado al periódico El…, pedí una sección en el suplemento literario para escribir semanalmente notas sobre ciudad, y ahí escribí crónicas, relatos, cuentos, ensayos, temas que después utilicé en otros escritos. Escribir en un periódico implica pensar en los lectores, de una manera que no choque al muy culto y no cause pavor en el que no es letrado. Por aquellos días, pensaba en una dimensión estética del periodismo. El periodismo, como lo advirtió quizá Manuel Mejía Vallejo, es el servicio militar de la literatura, y como otros recomiendan, debe abandonarse a tiempo. Esto es un decir, porque, así uno esté escribiendo ficciones, no puede dejar de lado el virus de la reportería. El oficio que con una hipérbole, Albert Camus llamó como el más hermoso del mundo, es una escuela para la literatura, para las ficciones. De aquel he aprendido la disciplina para escribir otros asuntos, tal vez más íntimos, tal vez menos masivos, y que se constituyen en la creación de un territorio, un estilo, una manera de ser en la palabra escrita. Hoy, a la par que puedo estar escribiendo una novela, tomo notas para otras composiciones, alimento un blog con pequeñas historias, o con ensayos sobre literatura, ciudad o crítica de libros. Y como he sido un lector desordenado, es decir, puedo leer fragmentos de una novela y más tarde un ensayo, y por la noche otro tipo de textos, que varían entre historia, literatura y periodismo, también en ocasiones escribo de esa manera. Avanzo en una creación de ficción, y luego hago apuntes para la escritura de un texto investigativo. Y en este punto, quiero tocar la experiencia como profesor universitario. Me ha servido para continuar con el campo de las investigaciones sociales, en particular periodísticas. Me he acercado a través de ellas al mundo sombrío y doloroso de los desplazados por la violencia, al de los movimientos estudiantiles de los setenta, a la historia de la prostitución cuando mi ciudad era llamada la sucursal de Sodoma y Gomorra. Creo que un escritor no debe temerle a ninguna de las formas, de las estructuras, de los géneros. A veces, unas y otros se complementan. Bueno, también se rechazan. Creo que a todos nos ha pasado, de otra parte, que tenemos escritores de cabecera, según la edad, los intereses, las disciplinas de cada uno. Así, por ejemplo, hubo tiempos en que uno devoraba todo Kafka, todo Poe, todo Faulkner, todo García Márquez, pero a su vez hubo otros momentos de leer autores del Boom latinoamericano, o grandes periodistas, o los llamados clásicos, que es un concepto con muchas interpretaciones. Digo que dentro de la formación de cada escritor, por lo menos en mi caso, el cine, la radio en ya lejanos días, la música, los viajes, el fútbol, caminar por una ciudad o pueblo, son claves para la creación, la especulación y una práctica que cada vez es menor: la conversación. Me parece que me gustó escribir sin darme cuenta. Y todo, tal vez, porque en casa, hace muchos años, hubo una señora que nos contaba cuentos y sueños, y nos cantaba canciones, y todo para que el mundo fuera más ancho y con menos desasosiegos. Es posible que ella no supiera que, con esas costumbres, nos estuviera dando un látigo o una varita mágica. Qué vaina. Reinaldo Spiletta (foto)

Academia de la Lengua: grafías y denominaciones

RAE¿Será broma? En Jornada, de Argentina, se informa de varios cambios realizados por la Real Academia Española (RAE, logo) de la Lengua, que deberían ser de conocimiento público y asumidos a finales de este año, cuando se divulguen formalmente. Todos son importantes. Unos parecen esperables, como la denominación de las letras “b”, “v”, pero otros son novedosos, como la eliminación de letras conocidas como “ch” (che) y “ll” (elle), al separar la “ch” en “c” y “h”, y la “ll” en simplemente una “l” (ele) que se repite. Cambia, entonces, el número de letras del alfabeto español: ahora son 27. Era esperable, también, que cambiara la denominación de la que llamábamos “i griega” (“y”), en simplemente “ye”, así que la tal “i latina”, en solamente “i”. Con la “b” no habrá que estar diciendo “be larga”, o “be alta”, sino simplemente “be”, en tanto la “v” no será “ve corta”, o “ve baja”, o “ve chica”, sino “uve”. De este modo, la “w” será “doble uve”. La palabra “solo” queda sin tilde, aun cuando haya ambigüedad, como en “voy solo al cine”. Pero si alguien quiere usar la tilde, no hay problema. La tilde también se eliminará de las palabras “guión”, “huí” y “truhán”, porque pasan a ser monosílabos, para efectos ortográficos. Quedarán: guion, hui, truhan. De hecho, al escribirlas ahora, sin tilde, el computador no me las subrayó en rojo, como erradas. Además, tras recordar que la tilde en la “o” que separaba números iba tildada, porque la gente escribía a mano (“3 ó 4”), y hoy prácticamente todo el mundo escribe “a máquina” (en sus computadoras, u ordenadores), esa tilde será eliminada. Las computadoras traen diferenciados el “0” (cero) de la “o” (o). Un cambio notorio de acuerdo con la publicación de Jornada está en la grafía de algunas palabras, al dárseles equivalencias a algunas letras. Así, se cambia la “q” por la letra “c” o “k”, según sea el caso. De esta manera, “Iraq” será “Irak”, “Qatar” se escribirá “Catar”, “quásar” será “cuásar”, y “quórum” ahora será “cuórum”. La explicación es que en nuestro sistema de escritura la letra “q” sólo representa al fonema “k” cuando va combinada “qu”, antes de la “e” o la “i”. Y quienes prefieran escribir estas palabras como siempre, pueden seguirlo haciendo, pero deberán hacerlo como si fueran extranjerismos, es decir en cursiva y sin tilde. Por último, el prefijo “ex” se escribirá unido a la base léxica, en caso de que afecte a una sola palabra. Por ejemplo: “exmarido”, “exministro” y “exdirector”, pero continuará escribiéndose separado cuando se trate de palabras compuestas, como “ex director general”.

Todo esto suena razonable. No parece que fuera broma.

Las razones del jurado con ‘Inquilina en tránsito’

Luego de la fecha del fallo del vigésimo primer concurso de novela de Revista de Libros del diario El Mercurio no fue mucho lo que se supo, en realidad. Más por rumores que por una publicación destacada en el propio diario, se conoció el nombre del ganador: Marcelo Leonart, un joven guionista de teleseries y telenovelas que hace literatura. Y eso fue todo. Por esto es que aventuré mi extrañeza en los comentarios del blog, porque El Mercurio no se preocupó de ponerlo en primera página de su edición, y dije que “no se reseñó al autor, no lo entrevistaron, El Mercurio no hizo nada” para destacar su concurso.

Ayer, último día de febrero bisiesto, GS comentó en respuesta a mi inquietud, y más que comentario sabiamente remitió a un enlace en el que aparecen los conceptos de los jurados del concurso de novela (“http://diario.elmercurio.com/detalle/index.asp?id={a18a33f3-2e64-4f37-bfcf-ff2bd650feef} Creo que tienen que entrar como suscriptores para verlo.
Es una columna que se llama “las razones del jurado” públicada en el Mercurio impreso creo el 29/01/2012“). Leí atentamente, y es lo que reproduzco a continuación. Y leer al jurado, con comentarios dispares, ha hecho que tenga aún más curiosidad por leer esa novela que le ganó a otras 188 que llegaron al concurso (entre éstas, varias de los amables lectores de este blog). El enlace de GS trae el título “Las razones del jurado”:

El Premio Revista de Libros de El Mercurio, auspiciado desde su creación, en 1991, por Empresas CMPC, sigue escribiendo su historia. Esta semana, el crítico y académico Cedomil Goic, la escritora Diamela Eltit y el librero y dramaturgo Luis Rivano (foto, Héctor Yáñez) emitieron su veredicto: resultó ganadora la novela de Marcelo Leonart.

Diamela Eltit: Oficiar como jurado para dirimir un concurso de novela me resultó desafiante, pero también ambiguo. Porque el protocolo de leer y, más adelante, debatir para escoger un manuscrito entre un grupo de producciones valiosas, necesariamente, porta una cuota de malestar frente al imperativo de una decisión única. Sin embargo, desde otra perspectiva, resultó un privilegio para mí acceder a un conjunto de producciones literarias inéditas que dan cuenta de líneas, fugas de sentido, jergas, diversidad de opciones sexuales, historia material de Chile que, en su conjunto (y considerando las necesarias diferencias), permiten consignar los signos que estructuran hoy mismo las intensas energías que conforman un mapa literario local.

Desde esta perspectiva, la participación como jurado en este concurso me permitió constatar que esa diversidad y su latencia múltiple es fundamental para ampliar las fronteras de lo que entendemos por “realidad”, a partir de la fuerza expresiva (poética, estética) que la ficción le imprime a los tiempos históricos. La ficción como una arista poética de la historia social e individual del sujeto (de todos los tiempos) es la que permite que lo “real” no se petrifique y pueda rearticularse de manera constante.

La novela “Inquilina en tránsito” resultó ganadora del concurso. Su inteligente organización fue un elemento fundamental, a mi juicio, para conseguir establecer su superficie plagada de dobles que se espejean los unos en los otros en habitaciones que pueden ser la misma, a partir de la repetición de sí que porta la historia. Sus sujetos transitan entre la vida y la muerte, entre lo dicho y lo no dicho, entre el goce corporal y la ausencia. Las versiones y las traiciones se multiplican para reafirmar la vigencia de la noción de doble como estrategia literaria, como desplazamiento de sentido, como zona de máxima inestabilidad que pone en riesgo tanto la literalidad del presente como los hilos de cada uno de los porvenires.

Cedomil Goic: Luego de dos sesiones de discusión, se eligió como la más destacada la novela “Inquilina en tránsito”. Tal vez la obra de estructura más compleja e imaginativa, al lado de otras de no escasos méritos. La novela cuenta la historia de una mujer que regresa a Santiago, en 1999, desde Barcelona, después de cinco años de ausencia. Quien narra es Martina. Ella hablará de sus encuentros, al regreso, con personajes variados.

La novela se divide en dos partes, tituladas Primera Instantánea: La Perra, que apunta a la traición de las amigas, y Segunda Instantánea: La Rabia, dividida cada una de ellas en tres capítulos, que constan a su vez de varios segmentos, con saltos de secuencias de asunto distinto, de la conciencia a la imaginación o el ensueño, y múltiples saltos de tiempo y de espacio. Se trata de historias de acontecimientos e historias de amor paralelas, recuperadas por la memoria. Quiere contarlas por partes, como si lo estuviera viendo por fotos, que son imágenes de la traición.

El modelo que prefigura el relato es el rescate de los propios recuerdos, en procura de tranquilidad y de hacerse una idea de lo que pudo haber sucedido. La matriz no es otra que “en busca del tiempo perdido”. La narradora elabora una visión en la que más allá de la interpretación de su historia y dela Historiaen que se inserta, está marcada por una perspectiva ética de temple negativo que se traduce en el lenguaje con que se autocalifica, descalifica o rechaza el año, el país, la ciudad, las fiestas de celebración patria, con expresiones del lenguaje chileno. Otro tanto se produce en la representación de los encuentros sexuales, con marcado coloquialismo.

La vecindad de la inquilina permite el registro de lo que se oye -voces y ruidos- al otro lado del muro, rumores que son objeto de atención de diversos personajes. En el plano visual, desde la ventana del departamento se puede ver la estación del metro y seguir la imagen de las personas.

En la compleja disposición pueden distinguirse varias historias variadamente conexas. En fin, una trama compleja que exige un lector atento y grandemente participativo. La autorreflexión de la narradora ayudará al lector, que quedará extraviado alguna vez por duplicaciones e imaginaciones de la narradora, más allá de los hechos y las fotos.

Luis Rivano: A la primera reunión de trabajo del jurado llegué con mi propuesta, consciente de que la novela que había elegido no podía ganar.

Yo había seleccionado en primera instancia una novela que para los parámetros en uso tenía serios problemas.

En términos simples, una narración bastante pasada de moda. Pero esa era una de las cosas que más me fascinaban. Que un autor se eche al bolsillo lo que está en boga es bastante reconfortante. Es como una catarsis al revés. La modestia narrativa circundada por un halo de nostalgia y ternura, que muchos considerarían una ñoñería, me pareció en esa novela una suerte de toque prerrafaelista, como diría Fernando Lamberg. O mejor dicho, ¿por qué si existe en la pintura no puede existir también una literatura naif? Yo no rechazaría una pintura de la Juanita Lecaros ni de Fortunato San Martín frente a muchos cuadros hechos según los dictados de la Academia o de la moda.

Vuelta a la lectura y, ¿el jueves tanto nos reunimos?

Si alguien cree que no di la pelea se equivoca. Por mayoría se impuso la ganadora.

“Inquilina en tránsito” era la segunda en mis preferencias. No era mi primera opción por dos cosas: sus dardos contra la dictadura, verdadero cliché obligado de la literatura chilena actual, y su patente deuda con el cine. Ya el epígrafe mencionando a “El inquilino”, esa cinta absolutamente esquizofrénica de Román Polanski que no entendí nunca, me puso cachudo. Pero asumo que no entender esa película es una debilidad mía y cada autor es dueño y señor de lo que crea.

La novela se desenvuelve como en una película en un ambiente enrarecido (en algunos momentos cuesta saber quién es quién) y a la que sólo le falta la música electrónica de la cinta sonora.

Pero entre sus cualidades, que son varias, me gustaría resaltar la manera en que el autor mueve a sus personajes en el barrio comprendido entre el Bellas Artes y los alrededores del Santa Lucía. Se siente la ciudad. Y, además, es siempre interesante ver a Santiago del Nuevo Extremo como personaje de una novela chilena.

Pilar Donoso: Al otro lado del espejo

Recuerdo que en una oportunidad entramos a mi casa en el noveno piso de un departamento en Providencia. Estaba oscuro y los edificios cercanos se encontraban con las luces encendidas. Salió a la terraza, prendió un cigarrillo y dijo: “Qué entretenido ver la vida que sucede alrededor. Podría estar mirando lo que pasa en los distintos pisos durante horas”.

Así era Pilar Donoso. Tenía curiosidad por la vida y una capacidad de observación extraordinaria. Era inteligente, refinada y había heredado de José Donoso un furioso sentido estético. La forma y el gusto fueron parte de su respiración.

Sin embargo, casi todos la conocieron como La Pilarcita. Esa mañosa costumbre chilena de usar diminutivo siempre me ha parecido un rasgo deplorable de empequeñecimiento de nuestra idiosincrasia. En su caso, numerosas personas se escudaron en él para no ver tempranamente su talento. Su libro, Correr el tupido velo, fue entonces una sorpresa para muchos. Claro que en vez de celebrar la calidad del trabajo, valorar la titánica y lúcida labor  que realizó, de admirar todos los escollos que tuvo que sortear para construir un relato de esa autenticidad, no faltaron los que prefirieron sembrar dudas.

–Obviamente se lo escribió alguien, la Pilarcitano puede haberlo hecho –se oía con frecuencia.

Supongo que para algunos ese alguien era yo, así que me tuve que acostumbrar a que en los momentos más inesperados, me disparaban a boca de jarro la pregunta con cara de complicidad como si fuera un halago:

–¿El libro lo escribiste tú,  verdad?

Una y otra vez tuve que contener la irritación al responder: “La Pilar lo escribió, yo lo edité”. Tampoco faltaron quienes comentaron su libro destacando que su autora era muy guapa. Otra forma de ninguneo literario.

Estuve cerca de ella los dos o tres años que tomó su escritura. Le aseguré una y otra vez que era un trabajo de gran valor. Quizás no creer demasiado en lo que hacía le dio la tremenda libertad que tuvo para escribirlo. Como fuera, construyó un relato extraordinario. Y aunque está hecho con las entrañas no es una narración impulsiva o efectista. Es una historia de vida vista desde el otro lado del espejo.

Según cuenta Pepe Donoso, Conjeturas sobre la memoria de mi tribu fue un libro que escribió para su hija. Para introducirla e insertarla en su tradición. Después de la muerte de su padre, ella le retribuyó también con un relato, cuyo título, por lo demás, recogió una de las frases más repetidas de Pepe y que buena parte de su literatura intentó dilucidar. Correr el tupido velo fue el relato con el quela Pilar quiso ser parte de esa tribu.

Si tuvo gran curiosidad por la vida, también la tuvo por la muerte. Y ahora tendremos que vivir con la tristeza de que una vez más Pilar se asomó al otro lado del espejo.

Cecilia García Huidobro (foto)