‘Siete cuentos morales’ de J. M. Coetzee

Siete cuentos moralesAnna Kazumi Stahl escribió en la contraportada de ‘Siete cuentos morales’ del Nobel de Literatura 2003, J. M. Coetzee: “Nos proponen nada menos que repensar cómo interpretamos las consecuencias de nuestras decisiones cotidianas”.

Creo que se acerca al sentimiento con que quedé tras la lectura de los siete cuentos editados por Penguin Random House, 123 páginas. No son, ciertamente, cuentos moralistas. No.

Son reflexiones, mediante las situaciones que narra, del significado de lo moral que nos acompaña en cada uno de nuestros actos. Porque son cuentos sencillos, sin grandes tramas, narrados bellamente con la fuerza de la sencillez que un Nobel puede imprimir.

El primero es tan simple como esto: la mujer que es acosada por el perro del vecino cada vez que pasa; ella les reclama a los dueños del animal, una pareja anciana ya, y ante la respuesta destemplada de los viejos ella tiene una reacción, que nos hace reflexionar. El segundo pone un signo de interrogación sobre lo que significa, y lo que puede ocurrir, cuando una mujer tiene, además del esposo, un amante. El tercero es el cuento de alguien que cuenta un cuento en el que se despojan los aditamentos para descubrir la tristeza humana.

Y así, van transcurriendo los textos, limpiamente escritos, claramente escritos, simples si se quiere, tachonados todos con pequeñas meditaciones, al estilo de: “El deseo puede hacer que quieras ascender a una montaña, pero no te lleva a la cumbre”, o “decimos que el alma es invisible si no podemos verla. Y eso dice algo sobre nosotros; no dice nada sobre el alma”, o “la vida no es una sucesión de opciones”.

Me gustaron todos los cuentos, o todos los textos. Tienen una sutileza que encanta. Y me hicieron pensar, una vez más, en que las hipérboles y los absurdos (burdos) del llamado ‘realismo mágico’, nos anularon la sensibilidad fina, y terminamos entendiendo solo lo grueso, lo obvio, lo gritado.

Esto es importante, porque estos textos de Coetzee son transparencias, nieblas, sutilezas. Me recordaron textos de Yasunari Kawabata.

Por último, los cuentos evitan esa fórmula según la cual “el final tiene que ser sorpresivo”, de acuerdo con lo postulado por Julio Cortázar: ganar por nocaut. En estos ‘Siete cuentos morales’ ninguno gana por nocaut. Todos ganan por finura, delicadeza, agudeza. Me quedo con esta ‘fórmula’ de J. M. Coetzee.

 

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