Los criminales ‘aristócratas’ de Punta Peuco

peucoEn esta cárcel fueron confinados los militares y agentes del Estado responsables de violaciones de derechos humanos durante la dictadura del traidor, ladrón y asesino Augusto Pinochet. Su denominación oficial es ‘Centro de detención preventiva y cumplimiento penitenciario especial Punta Peuco’.
Lo creó Eduardo Frei Ruiz-Tagle. El decreto que debía firmar el entonces ministro de Obras Públicas, Ricardo Lagos Escobar, lo firmó en realidad Soledad Alvear, ministra de Justicia. Lagos Escobar no firmó porque se opuso a esa decisión, y renunció al ministerio. Sin embargo, el presidente Frei no le aceptó la renuncia.
Pero si Lagos Escobar se opuso a un régimen especial para los delincuentes violadores de los derechos humanos durante la dictadura, en el 2004, siendo presidente, creó el ‘Centro de cumplimiento penitenciario Cordillera’. Algunos delincuentes (asesinos, torturadores, etcétera) fueron llevados allá “para descongestionar Punta Peuco”.

En septiembre del 2013, la cárcel Cordillera, que funcionaba con el eufemismo de “centro de cumplimiento penitenciario”, la cerró el entonces presidente Sebastián Piñera, y devolvió a los criminales a Punta Peuco, otra prisión con la denominación eufemística de “centro de detención preventiva y cumplimiento penitenciario especial”.

Muchas veces se ha denunciado que en Punta Peuco los presos viven unas vacaciones permanentes: no tienen celdas sino departamentos, comen de menú, y se movilizan dentro de su perímetro a libertad. Punta Peuco es un hotel, prácticamente. Pero ¿acaso no son presos? ¿Acaso no son criminales? ¿Acaso no cometieron delitos y, por ende, son delincuentes?

¿Por qué ese trato especial con quienes torturaron, mataron, masacraron y desaparecieron detenidos opositores a la dictadura?

Los delincuentes son delincuentes. Punto. Así se vistan de traje inglés y perfumen con clavel en la solapa, o lleven en su antebrazo carteras de marca. Los criminales son criminales, así lloren y mientan y nieguen los hechos.

Porque estos hombres no son “abuelitos enfermitos”, como algunos pretenden hacerlos ver, con quienes hay que tener toda consideración.

No. Son torturadores, criminales, delincuentes que se pusieron viejos, solamente.

Que merecen el castigo que tienen, y merecen cumplirlo en una cárcel normal, como todos los demás ciudadanos que delinquen.

No es posible que, a estas alturas de la vida, Chile tenga criminales y delincuentes de primera clase, de segunda clase y de tercera clase.

Todos los delincuentes y los criminales deben estar en la misma cárcel, bajo el mismo régimen alimenticio, de visitas, de descanso y disciplinario. ¡No más criminales y delincuentes privilegiados! Aristocráticos.

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