Impuestos; municipios; Ezzati; Edwards

Cuatro breves comentarios sobre las desgracias que tenemos que vivir en el actual sistema de cosas. Todas, referidas al mundo al revés en el que estamos.

SII. La primera tiene que ver con el extraño, sospechoso modo de actuar del Servicio de SIIImpuestos Internos (SII). Un organismo autónomo que va al garete. Investiga delitos tributarios cuando se le da la gana, y no lo hace cuando no se le da la gana. Se querella contra Juan Pueblo de Curicó por una falta de 13 millones de pesos, pero deja de querellarse contra los señorones (y señoronas) que falsifican boletas por 300 millones de pesos. Un servicio de impuestos que aplaza las investigaciones hasta que prescriben, para favorecer a personas cercanas al poder, como el señor Carlos Ominami. Perdona a los poderosos, y se ensaña contra los desposeídos o quienes tienen menos fortuna.

Municipios. Parece increíble que un boliche de Talca pague más impuestos que una municipiosmultitienda de Cencosud. Pero es verdad. Hay que creerlo. Porque en este mundo al revés que nos quieren hacer pasar por ‘el mundo feliz’, ocurren desfachateces como esta. Resulta que los parlamentarios, que legislan en favor de los poderosos, dispusieron en una ley que las grandes firmas comerciales solo paguen un impuesto: donde está la casa matriz. De este modo, el boliche de Talca paga 60.000 (sesenta mil) pesos de impuesto al municipio, por poner un caso, y Cencosud solo 3.000 (tres mil) pesos. Es obvio que las grandes firmas tienen que pagar impuesto en cada municipio donde se instala. Es obvio. Y pagar el impuesto proporcional a su tamaño. Porque los municipios están urgidos de recursos, por eso también tienen que pagar los centros deportivos, las iglesias, los centros educativos… Es decir, todos los establecimientos que generen lucro.

Asesinos. No contento con encubrir a los pederastas, ahora sale el cura Ricardo Ezzati a obispo-ezzatidefender a los asesinos, a los torturadores y responsables de muchas muertes de gente inocente, que están recluidos en Punta Peuco. Alega el defensor de pederastas que “hay que dejar libres a los ancianitos”. No, no son ancianitos, son asesinos y torturadores, gente mala, que envejeció. No son viejitos, no, son asesinos y torturadores que envejecieron, que es distinto. Y no satisfecho con encubrir los delitos sexuales de sus subordinados, como los delitos del pederasta Fernando Karadima, el cura Ezzati no encontró una mejor causa, que la más alejada de las enseñadas por Jesucristo.

Murió. El señor Agustín Edwards murió. Lo hizo tarde, a los 89 años. Y lo hizo edwardsimpunemente. Como su socio, el traidor, ladrón y asesino Augusto Pinochet, murió longevo e impunemente. Ninguno pagó sus crímenes. Murieron, como quiere el cura Ezatti para los criminales de Punta Peuco, en sus casas, gozando de los cuidados que ellos no otorgaron a sus víctimas. Cuando se afirma que el señor Agustín Edwards fue una mala persona, es porque los archivos de la central de inteligencia de los Estados Unidos, CIA, así lo certifican. Fue instigador del alevoso golpe militar contra la democracia, que dejó un reguero de muertos y otro tanto de gente afectada psicológicamente. Actuó contra la democracia, contra un presidente elegido democráticamente. Gústenos o no nos guste ese presidente, como no nos gustó que un día ganara Sebastián Piñera, ese presidente había sido elegido por la gente, en unas elecciones impolutas. Murió, impunemente, Agustín Edwards.

 

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