Archivo mensual: enero 2017

‘Cruzan la plaza’ de Mónica Lavín

monica-lavinPero ahora el tiempo corrió más pronto, / adelgazando sus últimas horas. (Viaje a la semilla, de Alejo Carpentier)

Un hombre y una mujer cruzan la plaza. Van tomados de la mano. Es de noche en una ciudad ajena, hace sólo unos instantes que las manos se encontraron, y así el andar uno al lado del otro, pareciera un proceder familiar. Apenas se conocen, dos días hay en su haber, y es tan dulce y desesperado ese cruzar la plaza tomados de la mano que es de pronto esperanza como final. ¿Qué hay en esa toma que se repite una y otra vez? Entran a la plaza como a un ruedo; caminan altivos, las manos entrelazadas, orgullosos de poseerse en ese espacio anónimo y solitario de la ciudad. Y aunque sólo se estrujan las manos, la posesión de los más callados anhelos ha quedado atrapada entre sus palmas, soltarse es impensable, soltarse es comenzar la despedida. Un hombre y una mujer con abrigo cruzan la plaza: poderosa estampa que destapa futuros inciertos y abismos no invocados.

En la discoteca las sillas están puestas sobre las mesas, alguien barre y la música ha cesado. Los últimos habitantes del bar se levantan de las mesas donde una música se ha encargado de dar a la pareja la posibilidad del abrazo. Ella puede recargarse en el hombro y sentir el calor tibio de su mejilla, él la puede tomar por la cintura mientras la otra mano se anuda con firmeza con la de ella, las bocas audaces, sedientas se separan y vuelven a su deseo palpitante, al pudor sometido, a la duda del encuentro. Regresan a la mesa donde comienzan los primeros acordes de una música suave.

Se sientan en el taxi donde sus manos sobre el sillón apenas rozan los dedos, es el inicio de la complicidad. Al llegar al bar se unen al resto que no sospecha que suben por la escalera donde ella lo ha esperado y él la ha alcanzado. Bailan un ritmo latino y ella le explica cómo moverse, beben hasta volver al restaurante donde a los postres siguen la carne y el paté de salmón. Caminan uno al lado del otro, platican, él la presenta a otras personas pronunciado su nombre con precisión. Ella lo mira y se acerca. Hola. Él finge no darse cuenta cuando ella entra y se sigue de largo, ella siente un salto en el corazón cuando descubre que allí está. Toma el elevador y en el cuarto se cepilla el pelo muchas veces, se pone perfume, se quita el vestido y lo cuelga, guarda las medias negras en un cajón; se despinta el carmín y la raya del ojo, por último, el maquillaje. Se da un duchazo. Guarda en su piel la algarabía del encuentro, se sume en el ritual de la espera.

El día es tan largo, ha dormido muy poco, la noche ha sido ocupada por la presencia de un hombre intrigante y abrazable. Es de madrugada cuando sube al tren, él duerme ajeno. Ella se mira en el espejo, tiene una brizna blanca en los labios, le preocupa no saber desde cuando la trae allí colocada y que él no se haya atrevido a quitársela. Él viene por el pasillo, con el deseo de no alejarse muy rápido, no vaya a ser que el beso se le caiga entre las vías. La mujer sale de su dormitorio con el deseo de que él vuelva sobre sus pasos. En el pasillo él le da un beso tímido junto a los labios y le dice que espera con ansias volverla a ver. Caminan juntos por el pasillo que los hace contonearse suavemente. Ella quiere que la detenga, él no sabe lo que ella quiere, pero siguen hasta el salón fumador y hablan de lo que hacen, del mundo, están solos y eso les agrada. Se acercan a la barra y beben coñac, platican con otras personas, pero se miran de cuando en cuando, se escuchan como si los demás no existieran. Se van al carro comedor a cenar y cada cual está por su lado. Ella lo busca con la mirada, no puede ser muy obvia, nadie lo es después de cruzar una plaza de la mano al cobijo de la noche. Lo busca con la mirada como la noche siguiente cuando tocan esa música y algunos bailan, lo busca pidiendo el encuentro de los ojos. Tan sólo una hora después están en la misma mesa cada cual diciendo su nombre y su procedencia, añorando ya la caminata en la plaza dos días antes, con el silencio de sus manos aferradas.

Cruzan la plaza y llegan al lobby de un hermoso hotel y él la acompaña a su habitación. Ella deja que él la acompañe. Las manos siguen atadas entre alfombras y números del elevador. El corazón late con prisa. Pasan besos, pasan frases y los deseos los sofoca el reloj y la despedida. Ella piensa que fue bueno compartir la misma mesa, él dice que se hubieran encontrado de cualquier manera. Las manos se desatan y la tristeza se instala mientras él cruza la plaza de nuevo y ella lo mira desde la ventana de la habitación.

Una pareja cruza la plaza, se poseen las manos un instante y en ese instante el mundo es todo suyo, y en ese instante el mundo se ha detenido, sólo por ese instante, sólo por ellos que cruzan la plaza de la mano.

Mónica Lavín (foto)

 

Sospechoso este ‘tsunami de fuego’ en Chile

incendio_noche_portezueloAristarco insiste en que es, como dice Bombo Fica en algunos de sus chistes, ‘sospechoso’ este episodio de los incendios por doquier. Dice que hay manos criminales, y sobre todo una intencionalidad de poner en aprietos a la presidente Michelle Bachelet. Hay un grupo de personas empeñadas en desprestigiar al gobierno. Y varios medios de comunicación les hacen eco. Me cuenta que hay páginas web, con noticias estacionadas desde hace varios meses, afirmando que la economía chilena va a colapsar, afirmando que este ha sido el peor gobierno de la historia de Chile, diciendo que todo está mal. Aristarco cree que estas personas y estas afirmaciones son conspirativas. Buscan infligir daño. Esas personas son las verdaderas responsables de si la situación chilena empeora. Porque lanzan ideas falsas, como lo hacía Joseph Goebbels, y los medios de comunicación cómplices las repiten con tal obsesión que se convierten en verdades. Esta ola de incendios no puede ser espontánea, ¡500 mil hectáreas!, insiste Aristarco. Aquí no se cumple la fórmula de los 30 grados de temperatura, 30 kilómetros por hora de viento y 30 grados de humedad del aire. Aquí hay manos criminales, hay una intencionalidad, hay un concierto para delinquir y un propósito: desprestigiar al gobierno de una mujer. Es una conspiración misógina, cruel y sanguinaria, que no mira sino intereses egoístas. Nada les importa destruir, como lo han hecho, ¡más de 500 mil hectáreas! de bosques y pastizales. “Déjame y digiero todo eso”, fue lo único que se me ocurrió decirle a Aristarco.

El cuento y el oficio de escribir

untitledHay una enormidad de conceptos sobre el oficio de escribir. Van los siguientes de escritores que han sabido destacarse en el exigente género del cuento. Son archiconocidas las palabras de Julio Cortázar del cuento como un round que se gana por nocaut, mientras la novela por puntos. También graficó el cuento como una esfera, y anotó que “el sentimiento de la esfera debe preexistir de alguna manera al acto de escribir el cuento, como si el narrador, sometido por la forma que asume, se moviera implícitamente en ella y la llevara a su extrema tensión, lo que hace precisamente la perfección de la forma esférica”.

Juan Rulfo, ese genio mexicano de ‘El llano en llamas’ y ‘Pedro Páramo’, en sus muy escasas declaraciones dijo del oficio de escritor: “Somos mentirosos; todo escritor que crea es un mentiroso, la literatura es mentira; pero de esa mentira sale una recreación de la realidad; recrear la realidad es, pues, uno de los principios fundamentales de la creación. (…) Para mí el cuento es un género realmente más importante que la novela porque hay que concentrarse en unas cuantas páginas para decir muchas cosas, hay que sintetizar, hay que frenarse; en eso el cuentista se parece un poco al poeta, al buen poeta”.

No hay necesidad de introducir al enorme Jorge Luis Borges. Baste reproducir su percepción del oficio: “Empieza por una suerte de revelación. Pero uso esa palabra de un modo modesto, no ambicioso. Es decir, de pronto sé que va a ocurrir algo y eso que va a ocurrir puede ser, en el caso de un cuento, el principio y el fin. (…) Es necesario que el escritor que escribe una fábula ‘por fantástica que sea’ crea, por el momento, en la realidad de la fábula”.

Por último, el premio Nobel de Literatura en 1982, Gabriel García Márquez, tiene sobre el oficio de escribir una bien clara concepción: “Si uno quiere ser escritor tiene que estar dispuesto a serlo veinticuatro horas al día, los trescientos sesenta y cinco días del año. ¿Quién fue el que dijo aquello de que si me llega la inspiración me encontrará escribiendo? Ese sabía lo que decía. Los diletantes pueden darse el lujo de mariposear, de pasarse la vida saltando de una cosa a otra sin ahondar en ninguna, pero nosotros no. El nuestro es un oficio de galeotes, no de diletantes”.

Consejos que Charles Bukowski no escribió

charles-bukowski1Encontré estos 5 consejos para escritores que Charles Bukowski (foto) nunca escribió, graciosos e ilustrativos, que hablan del autor y en los que subyace el espíritu de fortaleza que debe animar a quien escribe:

1- Toma papel y lápiz -debe ser lápiz pues el bolígrafo es una creación abominable de la industria capitalista: estandarte de oficinistas y burócratas. El lápiz, en cambio, es el crucifijo del artista-. Escribe un par de garabatos sin sentido. Muerde el lápiz, degusta la madera empapada en sudor. Da buena cuenta del lápiz. Borra los garabatos y ráscate la cabeza con la mano izquierda mientras, con la derecha, te acaricias el mentón. Destruye la hoja y tírala al cubo de la basura.

2- Levántate y busca una cerveza. Bebe como si no hubiera un mañana. Repite la acción hasta que la mesa de trabajo sea un bosque de botellas vacías. Prueba mezclando con algo de whiskey, sin hielo. No mezcles con refrescos ni comas mucho. Olvídate de tu madre y de tu padre; de tus amigos y de las películas; de las canciones y de las mujeres. Olvida tu teléfono, eres un monje medieval, un ermitaño, un náufrago aferrado a la única balsa capaz de salvarlo todo: la botella.

3- Ya en estado de embriaguez, folla con la página en blanco. Abre sus delicadas piernas y penetra su virginal blancura. Córrete sin miramientos, sin contemplaciones. Nada de cursilerías. Nada de cariñitos. Expulsa todo y a dormir. Nada de abrazos: ya has follado y debes retirarte, mañana será otro día, la vida es así, muñeca.

4- La resaca y la euforia que vienen después de follar una página en blanco son difíciles de lidiar. El deseo de publicar, similar a las ganas de vomitar, se apodera de ti. Los temores y los nubarrones iniciales se difuminan: eres un jodido escritor y nada podrá detener tu marcha triunfal. Muchos logran vomitar en alguna editorial de mala muerte. Debes evitar a toda costa vomitar. Debes beber y beber. Embriagarte hasta perder la razón. Follar algunas páginas en blanco cada noche sin pensar mucho en las consecuencias, sin pensar en lo que vendrá después. Cuando estás encima de la página, montándola con los ojos en blanco y el rostro desencajado, no debes pensar.

5- A los tres días, con un harén de páginas manchadas en un cajón, te pones a editar. Es masturbación en estado puro. Masturbación madura, sin fantasías adolescentes. Lees lo tuyo y lo mejoras. Un tachón aquí, una anotación allá. Quizás destruyas unas cuantas. No importa, es otro tipo de orgasmo: el placer de la corrección.

Bombo Fica, Leo Caprile y los incendios

bombo-ficaEl mejor. Lo mejor del Festival del Huaso de Olmué, sin dudas, el humorista Bombo Fica (foto). Un exponente del humor blanco, como sus trajes. Alguien que a través del tiempo ha demostrado que puede hacer reír a la audiencia sin apelar al culo, la concha, el pico, la mierda ni el doble sentido. Hasta ilustrativo resultó el humor del Bombo Fica, hoy por hoy, el mejor de Chile. Lejos. No menosprecio a Alison Mandel, que se las mandó, ni a Pedro Ruminot que todavía le falta un poco más y estuvieron en el mismo escenario. Solo digo que Bombo Fica tiene el don “de contar”. Porque muchas veces no se trata de “ser novedoso”, sino de “saber contar” las historias. De hecho, la literatura y las artes, en general, lo que hacen es saber contar una historia, quizás conocida. En este sentido, es posible que algunos ‘chistes’ suyos ya los hayamos oído, pero dichos por él renacen. El Patagual tuvo un gran premio con la presencia del Bombo Fica en su Festival del Huaso de Olmué.

leo-caprileSin voz. Es lamentable que el presentador de un evento al aire libre, como el caso del Festival del Huaso de Olmué, en el Patagual, esté disfónico. Leo Caprile (foto) no debió presentarse en las condiciones en que tenía su voz, o no tenía, pues es la herramienta fundamental de su trabajo específico. Por su propio prestigio debió haberse excusado de no asistir. Por respeto al público y a su profesión. Yo creo que fue ese bicho malo de haber sido por tantos años el “presentador oficial” del Festival de Olmué, lo que lo empujó a volver. Porque en la versión anterior del festival estuvo Julián Elfembein, y esta vez, viendo en las pésimas condiciones en que estaba Leo Caprile, ¿por qué no pusieron a Cristian Sánchez, que estaba disponible? Muy en contra le juega a Leo Caprile salir, sin voz, en un evento de esta magnitud, por preservar su ego.

incendiosIncendios criminales. Amerita una investigación a fondo la ‘ola’ de incendios que se han producido a lo largo del país. No es posible que haya más de 25 grandes focos ‘activos’. Empíricamente me atrevo a afirmar que hay manos criminales detrás de la destrucción de casi 80 mil hectáreas. ¡80.000 hectáreas! No puede ser. Las autoridades deben dar con los responsables, sean hombres o mujeres, adultos o menores, y aplicarles el rigor de la ley. Afortunadamente no hay pérdidas humanas, pero muchas personas se quedaron con lo que tenían puesto al momento de empezar la conflagración. Chile no puede pasar por alto este crimen ecológico.

‘María a la cuatro de la tarde’ de Pedro Gómez V.

pedro_gomez_valderramaAcaba de pasar por esa calle un ciclista que llevaba en la mano derecha una guitarra, lo cual demuestra que es un hombre pacífico. Iba rodando lentamente; al principio partía en dos la calzada, pero después se inclinó sobre la izquierda, porque apareció un automóvil oscuro, tal vez negro, a cierta velocidad, lo cual en este barrio y a las cuatro de la tarde es sorprendente. Me convencí más todavía de que se trataba de un ser pacífico, porque, además de llevar la guitarra en la mano, lo cual le hacía tener especial cuidado para conservar el equilibrio, al llegar a la esquina evitó felizmente el grupo de muchachos agresivos que después de las seis de la tarde crean extenso terror, rompen vidrios, pinchan neumáticos y persiguen a las criadas que van a hacer la compra vespertina. No le vi hacer ninguna de estas cosas; se limitaba a llevar la guitarra suspendida en alto para que no golpease contra la rueda trasera.

Eran apenas las cuatro de la tarde, pero de una tarde oscura que amenazaba lluvia, y yo estaba desoladamente solo porque María no había venido, a pesar de haberme prometido hacerlo a esa hora, y yo contaba los minutos y me impacientaba sin saber qué hacer, mirando la cama abierta, y me inclinaba sobre la calle para ver pasar a la gente y ver venir a María, con su contoneo particular y su manera arrogante de alzar la barbilla, que deja sorprendidos incluso a los muchachos del barrio. Pero no llegaba María, y en cambio el ciclista de la guitarra pasó, con la mano rígida, y el instrumento alcanzaba a balancearse un poco; y yo me puse a pensar en lo que le pasaría si un hueco de la calle lo hacía caer, la guitarra aplastada, hundida, y el sonido de las cuerdas en el momento de romperse la caja; pero luego pensé que una silueta a lo lejos era la de María, y resultó ser la muchacha de la esquina, esa a la cual sorprendieron una noche haciendo el amor en un automóvil con un tipo barbudo y la policía casi se los lleva y, sin embargo, dicen que ellos acabaron mientras los policías miraban sin saber qué hacer y golpeaban los vidrios del auto.

Yo me sentía desazonado en la ventana, porque el día tenía algo incómodo, porque era apenas viernes, no era sábado, y el sábado es redondo, es puro; todos los otros tienen aristas especialmente a esta hora, y era peor porque esperaba con desánimo, casi convencido de que no iba a llegar. Alcancé a ponerme a mirar en la pared el cuadrito que alguien dejó puesto hace mucho tiempo sobre el papel de flores, una reproducción tosca de algún cuadro famoso en que un militar con bigotín y perilla sonríe suficiente al paso de una mujer de faldas largas y trasero redondo y pomposo como un sábado.

Y alcancé a pensar más, mucho más en el ciclista, y sobre todo en su aire pacífico demostrado por la guitarra, que ahora es desusado porque ¿qué hubiera hecho, por ejemplo, si lo hubieran atacado los muchachos? ¿O si el perro de las solteronas hubiera intentado morderlo? Pero sospecho que nada de eso pasó porque su mismo aire pacífico contagiaba a la demás gente.

En cambio alcancé a ver después al cura que subía, vestido de sotana como ya casi no va ninguno. Y tuve la impresión de que el cura, a pesar de no llevar ningún arma, emanaba un aire provocador. Y temí por un momento que los muchachos lo atacaran, pero se limitaron a sonreír y hablar en voz baja. En cambio, el perro de las solteronas se lanzó al ataque, y una de ellas tuvo que salir, sofocada, a detenerlo, y pedir excusas al cura. Después vi a lo lejos una figura de vestido rojo, y pensé que era María. Pero al acercarme me dio vergüenza de haberla imaginado, porque era la fea de la casa rosada.

Y María no llegaba, y me puse a pensar cómo sería yo llevándola en bicicleta, alzada como lleva el hombre la guitarra, cómo el viento le levantaría la falda a María y se le verían las piernas, y a lo mejor la falda podía enredarse en los radios de la rueda, y caeríamos los dos, y al caer María, María a las cuatro de la tarde, sonaría como la guitarra rota; pensando en todo esto llegó María sin que yo la viera, y entró a la habitación y con un beso apresurado empezó a desnudarse, hazlo rápido porque tengo que volver a las seis, ¿por qué te demoraste?, desvístete, ven pronto. Está atravesada en la cama, y las piernas abiertas se balancean como la guitarra y cuando me acuesto sobre ella me siento otra vez como el ciclista que lleva la guitarra y cuando María se viste a toda prisa, María a las cinco y media de la tarde, me asomo a verla salir y me asombro al ver que vuelve a pasear el ciclista con la guitarra, mejor dicho, con María atravesada balanceándose como la guitarra, exactamente como debo llevarla todavía por mucho tiempo.

Pedro Gómez Valderrama (foto)

De Santa Cruz a Lagos Escobar

andres-santa-cruzPrepotente. Yo creo que es porque no se los ha metido presos, por los delitos que han cometido a los ojos del país entero durante los últimos diez años, que estos señorones de los barrios del oriente de Santiago son tan prepotentes, y tan agresivos con el gobierno. Un ejemplo, el nuevo presidente de las Administradoras de Fondos de Pensiones, AFP, Andrés Santa Cruz (foto), a su vez ex presidente de la Confederación de la Producción y el Comercio, CPC (es decir, de los mismos), que, en forma prepotente “manda a callar” al gobierno y le dice que no debe opinar, sino “hacer cumplir la ley”. Obvio, una ley que, hasta hoy, favorece el latrocinio que cometen las administradoras de fondos de pensiones con el dinero del pueblo chileno. ¿Qué le pasa a este señor? ¿No se ha enterado que el sistema de pensiones hizo crisis en Chile y en el mundo entero? Un sistema que solo deja sueldos multimillonarios para los ‘directores’ de los fondos (¿recuerdan a Pablo Longueira presentando su curriculum vitae en las AFP, después de la crisis de diarrea que le dio cuando hizo el tony de candidato presidencial e intuía una investigación penal en su contra, que está en curso?), y utilidades multimillonarias para los socios de esos fondos, pero unas pensiones miserables para quienes ponen su dinero, durante años de sudor para, supuestamente, vivir tranquilamente los últimos años de su vida. Ver sufrir a los chilenos con pensiones miserables es un acto de extrema crueldad, de lesa humanidad. ¿Cuándo, estos señorones ‘empresarios’ aportarán para las pensiones de los trabajadores que les permiten hacerse ricos? En todas partes del mundos los empresarios aportan, ¡menos en Chile! Es un negocio de una decena de personas, controlando los dineros de cientos de miles de chilenos, que ya no tiene futuro. Ya hizo crisis. Pero este señor Santa Cruz se siente por encima de la realidad y por encima del gobierno. Sin embargo, al final, cuando le piden una propuesta para mejorar el sistema, sale con el mismo chorro de babas de sus antecesores: aumentar el monto de las cotizaciones y aumentar la edad de cotización. Con esta propuesta ramplona lo que quieren es perpetuar, en las condiciones actuales, el mismo negocio de promesas, el mismo sistema de engaños, y antisocial.

ricardo-lago-escobar-_101Esperpento. Otro que está fuera de la historia es Ricardo Lagos Escobar (foto). El artífice, por cierto, de que los señorones delincuentes de los barrios del oriente de Santiago no paguen con penas de cárcel sus delitos económicos. Por eso lo aman los ‘empresarios’, porque es un protector de sus pillerías. (Digamos, de paso, que también legitimó la Constitución del traidor, ladrón y asesino Augusto Pinochet) Pero digo que está fuera de la historia porque ya le pasó su tiempo, y sale, prepotente, a presentarse como ‘alternativa’, como ‘nueva propuesta’ para las próximas elecciones presidenciales. Da tristeza ver y escuchar a este señor, con sus argumentos obsoletos, y su voz gagá, hablar de ser la alternativa para suceder a la presidenta Michelle Bachelet. No tiene nada qué proponer. Fue opositor, solapado, de varias reformas, entre otras la del sistema de pensiones. Él, está de acuerdo con Andrés Santa Cruz. Se ha convertido el señor Lagos Escobar, más bien, en un estorbo a la límpida carrera de Alejandro Guiller. En este sentido, es más retrógrado que Sebastián Piñera, y todos los de su corrillo. Pero de esperpentos como Ricardo Lagos Escobar está hecha la política.