‘Palomita blanca’ de Enrique Lafourcade

enrique lafourcadeLeo ‘Palomita blanca’ (Editora Zig-Zag) de Enrique Lafourcade (foto) de manera tardía. Es una novela de 190 páginas de fácil lectura porque su narración es fácil. Trata de Juan Carlos Eguirreizaga Montt, un muchacho del barrio alto, que termina ‘enganchado’ con María Acevedo Acevedo, una muchacha pobre de Recoleta, durante el Festival de Piedra Roja, una versión criolla de Woodstock en 1970, que tuvo lugar en Los Dominicos. En este tiempo ocurre otro hecho: el candidato Salvador Allende gana las elecciones presidenciales de Chile.
Juan Carlos se vuelve creyente de Silo, un predicador argentino que murió el 16 de septiembre del 2010 y promovía en esas fechas la trascendencia humana mediante la espiritualidad y la santidad interiores. Esta devoción a Silo se convertiría en un obstáculo para María.
Esta novela para jóvenes lanzó a la fama a Lafourcade. El gran cineasta Raúl Ruiz la llevó al cine con el mismo nombre, y Los Jaivas hicieron la banda sonora. La que leí es la edición 60 de agosto del 2010, pero en la edición 64 se supo que llegó a un millón de ejemplares vendidos, lo cual es un record y una rareza, porque un escritor que venda en Chile 100 mil ejemplares puede darse por bien servido. Solo Isabel Allende y Luis Sepúlveda tienen esos volúmenes de venta millonarios, tan envidiados por el resto. Obviamente esto no hace a una obra mejor, o peor.
En mi concepto, ‘Palomita blanca’ es una obra menor de la literatura chilena. Escrita desde el punto de vista de María Acevedo Acevedo, el lenguaje es elemental, plano, nada que ver con narradores (más toscos) como los personajes de Juan Rulfo, o para un ejemplo de casa, los narradores de ‘Asesinato en la cancha de afuera’, de Óscar Bustamante.
“–Yo no soy como mis hermanos, María.
–Sí… lo sé…
–Mi familia… tú no la conoces… Ahora andan muertos de miedo, ¿cachai? Dicen que se acabó Chile… eso dicen. La casa pasa llena de gente. Mi papá va y viene de New York, parece que está sacando plata, el viejo… Me dijo que teníamos que irnos todos… Yo no me quiero ir.
–¡No! ¡No te vayas!
–Por… ¡Por Silo! Yo no puedo abandonarlos…
–Sí.
–Es lo único que tengo, María… ¿Cachai? O sea, todo lo demás está podrido… ¿Entendís? ¡Podrido!”
Se cuenta que Enrique Lafourcade escribió ‘Palomita blanca’ en el departamento de Marta Blanco, a donde llegó a instalarse con sus dos hijos. Marta lo recuerda así: “Me seduce más la inteligencia que la apostura y Enrique tenía mucho talento, lo que no supe fue que era un tiro. Con él tuve una vida encantadoramente loca y pensé que moriríamos juntos. Pero un día abrió la puerta y no volvió más, luego de siete años juntos… si hasta sus hijos se quedaron conmigo. A la semana apareció casándose con otra. Quedé absolutamente destrozada. Me demoré una década en entender y desenamorarme. El abandono es muy humillante. Además, volvía a mi casa para que lo recibiera de vuelta. ¡Y lo hice un par de veces! Estaba muy confundida”.
En la novela de Lafourcade no hay ningún esfuerzo, no hay elaboración, no hay metáforas, no hay giros, no hay recursos narrativos, como sí los encontramos abundantemente en Rulfo y Bustamante.
‘Palomita blanca’ es una novela de muy baja calidad literaria.

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