Fernando Alvear (CPC) y sus cartas sobre lo laboral

fernando alvear-CPCEn principio, si una reforma tributaria es del beneplácito de los empresarios y banqueros, como la que se acaba de aprobar en Chile, se puede presumir que no es una buena reforma. La complacencia que pudieron expresar los interesados quiere decir que en nada, en poco o en casi nada los afecta.
Igual rasero puede aplicarse a las demás, la educativa y la laboral, que están en curso. Sobre la laboral, el gerente general de la Confederación de la Producción y del Comercio (CPC), Fernando Alvear, acaba de revelar sus observaciones a la Comisión de Trabajo de la Cámara de Diputados.
Es claro que tampoco quieren un cambio en lo laboral, o lo quieren mínimo o casi ninguno. De hecho, no quieren ‘institucionalizar’ el sindicato, como si el Estado no quisiera ‘institucionalizar’ los partidos políticos. No quieren que los sindicatos institucionalicen las relaciones con las empresas.
Dice el señor Alvear que el proyecto del gobierno “atenta contra la libertad sindical y de asociación”, como dando a entender que los empresarios defienden la “libertad sindical” y la “libertad de asociación”. Pero no es así. Porque a renglón seguido dice todo lo contrario: que negociar con el sindicato es entregar el “monopolio de la negociación colectiva”, y que si negocia con el sindicato se establecen derechos “de primera y segunda clase” (los del sindicato y los de los no sindicalizados).
En el enredo que arma, dice el señor Alvear que debe haber tres categorías: 1) negociación colectiva (sin distinción de ser o no sindicalizados), 2) el derecho a la libertad sindical y 3) a la libertad de asociación. Es decir, la empresa negociará con quien mejor se le acomode, ya sea 1) el sindicato, 2) otra asociación distinta al sindicato, o 3) los demás trabajadores (como “negociadores colectivos”)
Eso es una burla sobre lo que es un sindicato. Porque si negocia con la asociación, se burla del sindicato y de los “negociadores colectivos”. Si negocia con los “negociadores colectivos”, se burla de la asociación y del sindicato, y si negocia con el sindicato se burla de los “negociadores colectivos” y de la asociación.
Ese es un buen ejemplo de la máxima “divide para reinar”.
Después, dice algo tan absurdo como esto: independientemente de que haya sindicato, si hay “negociadores colectivos”, o asociación, que sea el 50% de los trabajadores, la empresa puede negociar con éstos, válidamente. O sea, ¿el sindicato para qué? ¿Para que vean que esa empresa “sí tiene un sindicato”?
Más aterrador es lo dice a continuación: Que la empresa tiene “la libertad” de “asignar su patrimonio” a su manera, por lo que puede “extender los beneficios” a quienes así lo considere.
¿Se entendió eso? Quiere decir que si negocia con la “asociación”, solo beneficiará a los que pertenezcan a ella, lo mismo si negocia con los “negociadores colectivos”, excluyendo en cada caso al sindicato. Entonces, ¿sindicato para qué? ¿Para que vean que esa empresa “sí tiene un sindicato”?
Si la Confederación de la Producción y el Comercio termina expresando su apoyo a la ley laboral que salga del Congreso, es porque se trata de una pésima ley.
Por ahora dejémoslo aquí. Pero se nota que los de la producción y el comercio no quieren sindicato. Y si así resulta, quieren que sea un sindicato inocuo. Como un tigre sin uñas ni colmillos. O como un pájaro, sin plumas, sin canto y sin pico.

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