Las coaliciones en Chile enferman a la gente

bandera chilenaEn Chile no hay sino dos formas de ver la vida. O se es de Nueva Mayoría (antigua ‘Concertación’), o se es de la nueva coalición que esperan forman RN-Udi-Pri-Evópoli (antigua ‘Alianza’) En Chile el mundo es blanco o negro. En política se es de ‘izquierda’ o de ‘derecha’. No hay cromatismo. En Chile no hay gradientes de coloración. Puede afirmarse que en Chile hay extremismo. Se vive en un país extremista. O de extremistas, que no los hay solamente en el Oriente Medio, ni en Asia, ni en África. Aquí en esta delgada y larga franca de tierra continental llamada Chile también somos extremistas. Digo “somos” por cortesía, porque me excluyo. Y porque me excluyo es que puedo ver esos extremistas desde afuera. Según ellos, nadie puede pensar distinto. No podemos ser “demócratas”, “liberales” “progresistas”, “librepensadores”. Esto asusta a los extremistas, porque su estrechez mental los vuelve inestables si no se es ‘Alianza’ o ‘Nueva Mayoría’. Y como dijo el pensador, lo que algunos no entienden lo convierten en su enemigo. Por eso corremos riesgo quienes nos negamos a reducir el mundo y la vida a una falsa polarización. Quienes queremos dar la opción de reconocer en la mente humana un cromatismo legítimo, y en los corazones también. Que es distinto a ser condescendiente, medias tintas, melifluo. Yo sería partidario de acabar con las coaliciones. Con esos dos bloques polarizados que están enfermando a la gente. La gente no es intrínsecamente de ‘izquierda’ o de ‘derecha’. Esos son inventos ideológicos. Pero sí es solidaria, comprensiva, amistosa. Y también reflexiva, dubitativa, miedosa. Así como eufórica, posesiva, sentimental. La gente no es una bandera pintada con palabrejas y colores falsos. Con signos raros. La gente no puede ser considerada propiedad de uno de esos dos bloques políticos. Debería desagregarse esos bloques, para darnos cuenta de que no son más que un reguero de pequeños partidos con pretensiones de poder. Y notaríamos que a muchos de esos partidos no les alcanza para tanto como lo que pretenden. Son grupitos. Pero aun así, deberían ser libres. Deberían tener la libertad de expresar sus convicciones. Autónomamente. Algunos querrán ser socialistas y no socios de los demócratas cristianos. Otros querrán ser demócrata cristianos y no socios de los pepedés. Y así, sucesivamente, tanto como querrán ser comunistas y no socios de los demócratas cristianos. De igual forma, en la otra franja, unos querrán ser ‘erre enes’ y no socios de los ‘udistas’, tanto como los udistas querrán ser autónomos y no socios de los ‘errenistas’. Sería bueno verlos plantear sus diferencias. Proponer sus ideas separadamente. Mostrarse limpiamente como son. La Democracia ganaría un montón en institucionalidad, en libertad, en pluralidad. Por ahora parece que hay una democracia a medias, regida, vergonzosamente, por legislaciones pinochetistas. Una Democracia inestable, pese a pretenderse coartarla con los dos bloques. Qué vergonzoso que en Chile un candidato obtenga la mayoría de votos para un cargo de elección popular, pero el pinochetismo ignore esta realidad porque ese candidato no pertenece a ninguno de esos dos bloques. Sin embargo, parece que a ninguno llamado “socialista”, “demócrata cristiano”, “udista”, “pepedista”, “errenista”, etcétera, le importa semejante aberración. No les da vergüenza. Tienen enferma la mente y el corazón, y quieren que el resto de la gente corra su misma suerte.

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