10 lecciones de Gay Talese para futuros cronistas

gay taleseMarta Orrantia, de la revista Arcadia, tuvo la genial idea de resumir en 10 puntos el modelo de trabajo de Gay Talese (foto), genio e ícono del ‘periodismo literario’. Genéricamente, así se identifica a la ‘crónica’, que hoy se cultiva con esmero en toda Latinoamérica, aunque se publique poco. Hacer una crónica requiere de tiempo, que no siempre ofrecen los diarios y revistas, pero también de disciplina y método. He aquí lo que Marta Orrantia logró obtener de su conocimiento sobre Gay Talese.
1 Empezar temprano. El periodismo es una vocación, a veces a pesar de uno mismo. Gay Talese no fue el mejor alumno del idioma inglés, pero desde que estaba joven colaboró con el periódico del colegio. Más tarde, en la universidad, donde estudió periodismo, tenía una columna en el semanario del campus llamada “Gayzing” (mezclaba humor con lambonería, dice él)
2 Ojos abiertos y oídos atentos. Gay Talese escuchaba de niño las conversaciones de sus padres. Esa costumbre de escuchar conversaciones ajenas la mantuvo cuando era reportero del Times, donde dice que veía lo que los viejos estaban leyendo y anotaba los títulos para comprarlos y luego, en la cafetería, los escuchaba hablando de esos mismos libros.
3 No tergiverse los hechos, pero dé rienda suelta a su imaginación. En la época en la que Talese trabajaba en The New York Times, era casi un sacrilegio escribir “literariamente”, como Tom Wolfe y otros ya lo hacían en diarios menos tradicionales. Dice que no modifica los hechos pero añade detalles de ambiente y descripciones de los personajes para que el lector sienta que narra una saga y no se limita a escribir una noticia.
4 Busque temas. Proponga temas a los editores. Los verdaderos periodistas, como Talese, tienen unas obsesiones que persiguen, así no haya quién publique las historias. Primero está la idea, luego habrá a quién vendérsela o, en el peor de los casos, servirá en un futuro para un libro o para cultura general. Cada quien tiene unos temas que lo obsesionan. En el caso de Talese, él no busca hacer reportajes sobre los poderosos, los ganadores, los famosos. Por el contrario, casi siempre está más interesado en aquellos a quienes olvida el mundo. El atleta mediocre, el chef fracasado, aquellos que pueden contar la historia desde el punto de vista que nadie ve.
5 Vea la imagen completa y lea mucho. Muchos periodistas se limitan a reportear el día a día, a cubrir una noticia, sin preocuparse por ver en qué contexto se produce. Cada vez que Talese ve una historia potencial piensa en el contexto más amplio y en cómo esa pequeña historia –que puede ser un matrimonio interracial, por ejemplo– puede servir para ilustrar una realidad más amplia –como la lucha de clases en el sur de Estados Unidos–. Para hacer esto es necesario ser un lector incansable y obsesivo. La lectura no debe limitarse a los titulares de la prensa, sino que debe comprender desde las noticias mínimas, esas que nadie toma en cuenta hasta las novelas y libros de historia.
6 Adquiera una rutina de escritura. Cualquiera que le funcione es válida. La de Talese es así: a las ocho de la mañana está sentado en su escritorio. Escribe durante cuatro horas y a las 12 va a una cafetería cercana y almuerza algo ligero. A las cuatro regresa a su oficina y lee lo que escribió en la mañana y se dedica a corregirlo. A las ocho de la noche tiene en su mano un dry Martini de ginebra y se prepara para comer. Gay Talese casi siempre usa una máquina de escribir Olivetti vieja, porque no le gustan los computadores. Sus notas las clava en icopor, que le resulta más económico que el corcho, y en un archivador metálico guarda todos sus proyectos, marcados con el nombre y la investigación que ha hecho en cada uno de ellos.
7 Sea meticuloso. No solo es importante hacerlo en el proceso de escritura, sino más adelante. Recuerde que su nombre y su reputación están en juego. “Escribo una frase muchas veces. Cuando siento que quedó bien, paso a la siguiente. Y luego a la siguiente, hasta que haya completado un párrafo. Después sigo el mismo proceso con varios párrafos hasta completar unas tres o cuatro páginas en papel amarillo a rayas. Cuando he hecho esto, las paso a limpio en mi máquina de escribir y vuelvo a leerlas. Si encuentro un error de escritura, paso la página de nuevo. Y si en el camino se me ocurren otras ideas, vuelvo a escribirla”, dice.
8 Investigue. Según Gay Talese, la investigación es más o menos el cincuenta por ciento de su trabajo periodístico. Talese es capaz de viajar al otro lado del mundo para seguir una pista que tal vez no lo lleve a ningún lugar. De igual forma, puede durar meses buscando una entrevista con un personaje que no le diga nada nuevo. Nada de eso le importa. Lo que realmente interesa, a la larga, es el resultado.
9 Aprenda a entrevistar. Cuando Talese llega a una entrevista ya conoce el tema, lo ha investigado y muchas veces los entrevistados no dicen nada nuevo, pero él se hace una idea de cómo son en persona, de cuál es el ambiente que los rodea y así las descripciones son más acertadas. Una vez empiezan a hablar, Talese toma nota atenta de lo que dicen, no solo para indicarles que están “on the record” sino para mostrar un respeto por sus palabras, aunque muchas veces no estén diciendo nada interesante. Cuando el entrevistado se ciñe a un libreto preestablecido, Talese interrumpe la charla para hacer una pregunta que no tiene nada que ver con el tema. Algo que los deje fuera de base, que los descoloque tanto que los entrevistados no sepan cómo contestar y así terminan casi siempre diciendo la verdad. Esa es la única ocasión en la que se permite el lujo de interrumpirlos. Dice, sin embargo, que cuando un personaje titubea, trastabilla y no sabe cómo responder algo, el entrevistador debe mantener silencio. Son esas dudas las que le dicen al periodista mucho más que las certezas.
10 El periodista nunca es protagonista. Es un observador y un escucha de lo que ocurre. “Los periodistas vivimos vicariamente a través de nuestros entrevistados. Somos sus voceros”, dice Talese. Añade que fue entrenado para dejar a un lado sus sentimientos, y aún más, para no ser el personaje de ninguna de sus historias. “Soy un fastidioso exponente de la no ficción, o sea, un reportero que no quiere cambiar nombres, que no quiere hacer personajes compuestos de personas que ha conocido en la vida. Existe un conflicto de interés entre mi oficio como escritor y yo como sujeto de mi historia”.

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