Que en paz descanse Ana María Matute (2 cuentos)

ana maria matute2Homenaje a Ana María Matute (fotos), ‘Hada madrina de la literatura española’, como algunos la llamaron. El miércoles murió a los 88 años de edad. Su obra literaria está basada en el buen uso del idioma español, más que en una sarta de metáforas. La musicalidad lograda en su simpleza, pero al mismo tiempo la profundidad en el significado de cada palabra, por la manera como la empleaba, hacen de la prosa de Ana María Matute una de las más geniales en lengua española. Es una prosa sencilla. Hay delicadeza en sus cuentos y novelas. Recomiendo especialmente la novela ‘Olvidado rey Gudú’, que le valió ser llamada a ocupar un asiento en la RAE, Real Academia Española. JSA

Música     Las dos hijas del Gran Compositor –seis y siete años– estaban ana maria matute1acostumbradas al silencio. En la casa no debía oírse ni un ruido, porque papá trabajaba. Andaban de puntillas, en zapatillas, y solo a ráfagas el silencio se rompía con las notas del piano de papá.

Y otra vez silencio.

Un día, la puerta del estudio quedó mal cerrada, y la más pequeña de las niñas se acercó sigilosamente a la rendija; pudo ver cómo papá, a ratos, se inclinaba sobre un papel y anotaba lago.

La niña más pequeña corrió entonces en busca de su hermana mayor. Y gritó, gritó por primera vez en tanto silencio:

–¡La música de papá, no te la creas…! ¡Se la inventa!

El niño al que se le murió el amigo     Una mañana se levantó y fue a buscar al amigo, al otro lado de la valla. Pero el amigo no estaba, y, cuando volvió, le dijo la madre:

–El amigo se murió.

–Niño, no pienses más en él y busca otros para jugar.

El niño se sentó en el quicio de la puerta, con la cara entre las manos y los codos en las rodillas. “Él volverá”, pensó. Porque no podía ser que allí estuviesen las canicas, el camión y la pistola de hojalata, y el reloj aquel que ya no andaba, y el amigo no viniese a buscarlos. Vino la noche, con una estrella muy grande, y el niño no quería entrar a cenar.

–Entra, niño, que llega el frío –dijo la madre.

Pero, en lugar de entrar, el niño se levantó del quicio y se fue en busca del amigo, con las canicas, el camión, la pistola de hojalata y el reloj que no andaba. Al llegar a la cerca, la voz del amigo no le llamó, ni le oyó en el árbol, ni en el pozo. Pasó buscándole toda la noche. Y fue una larga noche casi blanca, que le llenó de polvo el traje y los zapatos. Cuando llegó el sol, el niño, que tenía sueño y sed, estiró los brazos y pensó: “Qué tontos y pequeños son esos juguetes. Y ese reloj que no anda, no sirve para nada”. Lo tiró todo al pozo, y volvió a la casa, con mucha hambre. La madre le abrió la puerta, y dijo: “Cuánto ha crecido este niño, Dios mío, cuánto ha crecido”. Y le compró un traje de hombre, porque el que llevaba le venía muy corto.

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2 Respuestas a “Que en paz descanse Ana María Matute (2 cuentos)

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