Sergio Stepansky y admonición de León de Greiff

león de greiffLeón de Greiff (foto) no es un seudónimo, es el nombre real de este enorme poeta que desbordó el parroquialismo de Medellín y Bogotá de mitad del siglo XX, y el verso clásico del día, por una visión metafísica, filosófica y melodiosa de la poesía. Se valió de giros modernos y en desuso para construir sonoridades y jugueteos e instalar una nueva estética. Su vida estuvo ligada a las matemáticas, las estadísticas y la administración de bienes, al tiempo que daba un golpe de timón a la poesía de entonces. Cuentan que poco antes de morir en 1976 tuvo sus primeras regalías por los libros publicados: $56.000 JSA

Relato de Sergio Stepansky     Juego mi vida, cambio mi vida, / de todos modos / la llevo perdida… / Y la juego o la cambio por el más infantil espejismo, / la dono en usufructo, o la regalo… / La juego contra uno o contra todos, / la juego contra el cero o contra el infinito, / la juego en una alcoba, en el ágora, en un garito, / en una encrucijada, en una barricada, en un motín; / la juego definitivamente, desde el principio hasta el fin, / a todo lo ancho y a todo lo hondo / –en la periferia, en el medio, / y en el sub-fondo…– / Juego mi vida, cambio mi vida, / la llevo perdida / sin remedio. / Y la juego, o la cambio por el más infantil espejismo, / la dono en usufructo, o la regalo…: / o la trueco por una sonrisa y cuatro besos: / todo, todo me da lo mismo: / lo eximio y lo ruin, lo trivial, lo perfecto, lo malo… / Todo, todo me da lo mismo: / todo me cabe en el diminuto, hórrido abismo / donde se anudan serpentinos mis sesos. / Cambio mi vida por lámparas viejas / o por los dados con los que se jugó la túnica inconsútil: / –por lo más anodino, por lo más obvio, por lo más fútil: / por los colgajos que se guinda en las orejas / la simiesca mulata, / la terracota rubia; / la pálida morena, la amarilla oriental, o la hiperbórea rubia: / cambio mi vida por una anilla de hojalata / o por la espada de Sigmundo, / o por el mundo / que tenía en los dedos Carlomagno: –para echar a rodar la bola… / Cambio mi vida por la cándida aureola / del idiota o del santo; / la cambio por el collar / que le pintaron al gordo Capeto; / o por la ducha rígida que llovió en la nuca / a Carlos de Inglaterra; / la cambio por un romance, la cambio por un soneto; / por once gatos de Angora, / por una copla, por una saeta, / por un cantar; / por una baraja incompleta; / por una faca, por una pipa, por una sambuca… / o por esa muñeca que llora / como cualquier poeta. / Cambio mi vida –al fiado– por una fábrica de crepúsculos / (con arreboles); / por un gorila de Borneo; / por dos panteras de Sumatra; / por las perlas que se bebió la cetrina Cleopatra– / o por su naricilla que está en algún Museo; / cambio mi vida por lámparas viejas, / o por la escala de Jacob, o por su plato de lentejas… / ¡o por dos huequecillos minúsculos / –en las sienes– por donde se me fugue, en grises podres, / la hartura, todo el fastidio, todo el horror que almaceno en mis odres…! / Juego mi vida, cambio mi vida. / De todos modos / la llevo perdida…

Admonición a los impertinentes     Yo deseo estar solo. Non curo de compaña. / Quiero catar silencio. Non me peta mormurio / ninguno a la mi vera. Si la voz soterraña / de la canción adviene, que advenga con sordina: / si es la canción ruidosa, con mi mudez la injurio; / si trae mucha música, que en el Hades se taña / o en cualquiera región al negro Hades vecina… / Ruido: ¡Callad! Pregón de aciago augurio! / Yo deseo estar solo. Non curo de compaña. / Quiero catar silencio, mi sola golosina. / Como yo soy el Solitario, / como yo soy el Taciturno, / dejádme solo. / Como yo soy el Hosco, el Arbitrario, / como soy el Lucífugo, el Nocturno, / dejádme solo. / Mi sandalia (o mi abarca o mi coturno) / no los piséis, tumulto tumultuario, / dejádme solo. / Judeo, quéchua, orangutánida, ario, / –como soy de la estirpe de Saturno­ / dejádme solo. / Decanto en mi rincón mínimo canto, / silencioso; alquimista soy señero, / juglar oculto, absconto fabulante. / Dejádme solo. / Buen catador (soto mísero manto) / Buen tañedor (sin Amati o Guarniero) / Alto cantor (aunque bajo cantante) / Dejádme solo. / Dejádme solo. Non quiero compaña. / Dejádme esquivo. Non gusto coreo. / Non paventad: non presumo de Orfeo / desasnador de cerril alimaña. / Dejádme solo soplando mi caña / silvestre. Non pétame pueril ronroneo. / Non son adamado. Non son sigisbeo. / Son áspero, másculo. Son rudo, sin plaña. / Sin queja. Más mudo que Beethoven sordo. / Sin laude. Más zurdo que Cervantes manco. / Sin “pathos”. Más seco que no Falstaff gordo. / Solitario. Adusto. Voy único a bordo. / Espíritu en negro. Corazón en blanco. / Y esquivo dejádme. Soy notas-arranco / de mi clavecino. Soy fábulas-bordo / sobre el cañamazo de mi pentacordo. / Soy facecias-urdo. Por dentro me estanco. / Dejádme señero: jamás me desbordo. / Como yo soy el Solitario, / como yo soy el Taciturno, / como yo soy el Hosco, el Arbitrario, / como soy el Lucífugo, el Nocturno, / dejádme solo. / Como soy Leo Atrabiliario, / como soy Sergio el Estepario, / como soy Proclo Extravagario, / como ya tengo el Cuervo y el Vulturno / de los acerbos choznos de Saturno, / dejádme solo. / Dejádme solo. Non quiero compaña. / Dejádme esquivo. Non gusto coreo. / Non paventad. Non presumo de Orfeo / desasnador de cerril alimaña. / No viene a mí, ni voy a la montaña. / Ni vasallo ni César, Juez ni Reo: / Sergio Estepario, Estrafalario Leo. / Con mi tonel. De mi cruz cirineo. / Rey de Burlas, soberbio: cetro o caña / pares le son a mi elación huraña. / Dejádme solo.

Balada de los búhos estáticos     I     La luna estaba lela / y los búhos decían la trova paralela! / La luna estaba lela, / lela, / en el lelo jardín del aquelarre. / Y los búhos decían su trova, / y arre, arre, / decían a su escoba / las brujas del aquelarre… / En el jardín los árboles eran rectos, retóricos, / las avenidas rectas, los estanques retóricos… / retóricos, / y en fila los búhos, rectos, retóricos, retóricos… / Y allí nada se veía irregular: / los bancales de forma regular / –cuadrados, cuadrados– / las regulares platabandas, / los árboles endomingados / geométricamente, conos dados… / todo perfecto, exacto, regular. / Y eran las sombras semejantes, / y los perfumes semejantes, / y los aromas semejantes, / y, en medio de todo, los búhos / decían idénticos dúos / semejantes, / los idénticos búhos! / Oh jardín de mis sueños neuróticos / donde ensueñan cerebros caóticos / ensoñares macabros, exóticos! / Y los búhos tejían la trova paralela, / y la luna estaba lela, / y en la avenida paralela / las brujas del aquelarre / torvas decían: ¡arre! ¡arre! / escoba, ¡escoba del aquelarre!

II     La luna estaba lela / y los búhos decían la trova paralela. / –El padre de los búhos era un búho sofista / que interrogó a los otros al modo modernista: / los búhos contestaron, contestaron la lista…– / Y eran seis bellos búhos plantados en la rala / copa de un chopo calvo. Y el pintor agita el ala / y al instante se inicia la trova paralela, / trova unánime y sorda, extraña cantinela / que coloquian los búhos ordenados en fila. / El búho más lejano su voz de flauta hila… / El que sigue canta como un piano de cola, / un otro es la trompeta, y entre la batahola / se acentúa el violín y todo el coro ulula / la macabra canción que el conjunto regula. / La luna sigue lela, / lela, / y sigue la trova paralela…

III     Ya se ha ido la luna. / Ya los búhos cesaron la trova inoportuna: / el jardín ha nacido con el alba radiosa; / el estanque palpita –nada, nada reposa. / Los niños triscan, triscan por el jardín florido, / y las aves ensayan su arrullo desde el nido! / Los estáticos búhos huyeron de la extraña / lumbre del sol que todo lo falsifica y daña. / Los estáticos búhos huyeron, y en su hueco, –oculto entre las ramas del chopo calvo y seco– / aguardan el exilio del sol que adula y finge, / que ilusiona y que irisa, y aguardan que la esfinge / –la muda y desolada y la fría–, la luna, / se venga con la noche, se venga lela, lela, / para decir de nuevo la trova paralela! / A mis hermanos los búhos / como una santa palabra, / como un confuso diseño, / esta balada macabra. / ENVÍO (1914)

 

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