Rezar por el año nuevo y gobierno nuevo en Chile

bandera chile1Este año nuevo tiene la particularidad de coincidir con un gobierno nuevo. Y esto ya es peligroso. Porque se suman expectativas, personales y generales, que pueden darnos sorpresas. Dejarnos con caras largas. En lo personal, como dijo un colega, tenemos que negociar duro con nosotros mismos para no hacernos promesas que no podamos cumplir. Y en lo general, solo nos cabe confiar en que la presidenta Michelle Bachelet cumpla con lo que prometió. Aunque, en realidad, no se sabe, a ciencia cierta, qué fue lo que prometió. Porque lo que al principio de su candidatura dijo con un grito de guerra, poco a poco fue matizando, mermando, desvaneciendo, y finalmente no se sabe exactamente con qué fue que se comprometió. Al parecer, con un proceso para que haya gratuidad en la educación (gratuidad que tampoco sabemos cuándo será una realidad). Y eso sería todo. Porque la Asamblea Constituyente, para actualizar la norma máxima del país, de acuerdo con los tiempos nuevos, la fue diluyendo entre silencios y respuestas a medias. Y lo último que se le oyó fue algo así como que el Congreso (por aquello de la institucionalidad) podría realizar los cambios constitucionales que el país requiere. ¿Imaginan? Van a reformar la Constitución, para garantizar los derechos civiles mínimos de los chilenos (como educación, nombre, nacionalidad, familia, salud, pensión, etc.), y democratizar el acceso a las entidades por elección popular en Chile (bandera) para acabar con el llamado sistema binominal, que nos dejó en una pesadilla el dictador Augusto Pinochet (que para ser dictador fue primero un traidor) y su títere Jaime Guzmán. Tarea de cambiar la Constitución en manos de Andrea Molina y Rosauro Martínez, entre otros, en manos de Ignacio Walker y Andrés Zaldívar, de Ena von Baer, de Iván Moreira y Jacqueline Van Rysselberghe, entre otros. Los mismos que han dicho que todo está bien y nada hay que cambiar, o que no han hecho nada durante los 20 años, o más, que pudieron hacerlo y no lo hicieron. Como si lo anterior fuera poco, hay que imaginar el gabinete nuevo de la presidenta (y ojalá me equivoque): René Cortázar, Camilo Escalona, Soledad Alvear, Belisario Velasco, Edmundo Pérez Yoma, José Antonio Viera-Gallo, Alejandro Ferreiro, Sergio Bitar, Paulina Urrutia, María Soledad Barría, etc., entre otros. Dirá, siempre tan persuasivamente, que la experiencia es importante. Y antes de que asuma el gobierno nuevo, ¿imaginan la rapiña, a esta hora, de cuántos y cuáles puestos le corresponden a tal señorón, y cuántos y cuáles le tocan a tal otro señorón? Pero, claro, en todos los casos, por más que barajemos, se trata de los mismos que ya conocemos. Ojalá me equivoque. Rezo porque sea así, aunque la presidenta sea gnóstica. Pero si puede haber optimismo vendrá de los planes personales, porque de los planes del nuevo gobierno, la incertidumbre reina.

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