Reflexión de Eliane Brum sobre la vagina

eliane brumEl texto de Eliane Brum (foto) que quiero compartir, llama la atención porque sin serlo en apariencia, aborda un tema tabú: la vagina. Leerlo, parece revelar un desconocimiento, o un sentimiento de vergüenza y molestia, de las propias mujeres; más todavía, si se añade… la menstruación. La primera reacción es, en la era de la informática, ¡qué asco!

La vagina y la menstruación son, en apariencia, algo de Perogrullo asociado a la feminidad, pero cuando son las propias mujeres las que expresan malestar, y dolor, por cómo son vistas, la perspectiva cambia. Para mí, al menos. Y es la razón por la que opto compartir esta mirada diferente.

Lo que sigue es mi edición. Así comienza el texto de Eliane Brum: “Evelyn Ruman cuenta que desembarcó en el Vaticano sintiéndose una espía de la Guerra Fría. Se había impuesto una misión arriesgada, subversiva. Dentro de la bolsa donde llevaba su equipo fotográfico, tenía un frasquito con un líquido rojo y un tanto viscoso. Evelyn se agachó, abrió la tapa y vertió su contenido en el suelo. El fluido se esparció sobre la calzada, sobre las piedras. Sacó la cámara y comenzó a documentar su transgresión. Desenrolló una imagen de una mujer desnuda, de espaldas y la extendió sobre el suelo. El rojo fue inundando los interiores femeninos. Ningún guardia apareció para impedírselo, ningún turista la perturbó. Misión cumplida. Evelyn había chorreado sangre menstrual en el centro del poder católico.

–¿Por qué quisiste hacer eso? –le pregunté.

– Porque la Iglesia Católica representa todo aquello que oprime a las mujeres desde hace siglos, haciendo de la vagina algo feo y de la sangre menstrual, una cosa asquerosa.

(…) Evelyn trabaja (la fotografía) desde 1988 con la autorrepresentación sangre vaticanofemenina. Nunca tuvo dificultad para exponer su trabajo, premiado y reconocido internacionalmente. Pero, cuando intentó exhibir su obra moldeada en sangre menstrual, se encontró con las puertas cerradas. Para mostrar el rostro de mujeres condenadas a la invisibilidad, no había problema. Para mostrar su cuerpo sangrando por la vagina, no había espacio.

Evelyn se quedó sola. Incluso otras mujeres, amigas fotógrafas, liberales en todo lo demás, tacharon sus fotos como “asquerosas”. “Solo conseguí hacer la exposición porque abrí mi propia galería”, dice Evelyn. “Dan ganas de colocar una cámara para filmar la reacción de enojo de la gente, muchas de ellas mujeres, cuando ven las fotos y perciben que es sangre menstrual, sangre que salió de una vagina, la mía. ¿Si la sangre saliera de una polla (pene), tendrían tanto asco?”

(Estoy presumiendo (dice Eliane Brum), claro, pero creo que parte de aquellos que leen este texto, a estas alturas ya soltaron algunos “¡Qué asco!”. ¿Acerté? …)

En este momento, la australiana Casey Jenkins realiza una performance a la que ha llamado “Casting Off My Womb” (en traducción libre, “Tricotando mi útero”). Cada mañana, pone un ovillo de lana clara en su vagina y tricota una bufanda. El objetivo de la obra, conforme declaró a la prensa, es hacer la vagina de la mujer “menos chocante o amenazadora”. Casey quería mostrar que “la vagina no muerde” al ligarla con un acto acogedor y “calentito”, identificado con las clásicas abuelitas, como el acto de tejer una manta. La bufanda uterina que envuelve sensualmente la vagina de Casey, acaricia sus grandes y pequeños labios y hace cosquillas en su clítoris estará concluido en 28 días.

(¿Más asco?)

Es probable que la escritora americana Naomi Wolf, autora de “Vagina: una biografía”, tenga razón al decir que “la revolución occidental sexual falló”. O, por lo menos, “no funcionó lo suficientemente bien para las mujeres”. La propia trayectoria del libro es la prueba de que la vagina sigue siendo amenazadora –como cuerpo, como imagen, como palabra–. Cuando se lanzó la obra, en 2012, en el mercado de lengua inglesa, la tienda de Apple puso asteriscos en el título: V****a. La vieja vagina, censurada por la marca que representa el avance tecnológico de nuestro tiempo, fue casi la constatación de la denuncia contenida en el libro.

En su libro, Naomi Wolf define la vagina como “el órgano sexual femenino como un todo, de los labios al clítoris, del agujero al cuello del útero”. Ese todo forma una compleja red neuronal, en la cual hay por lo menos tres centros sexuales –el clítoris, la vagina, el cuello del útero– y posiblemente un cuarto –los pechos. Naomi defiende que la vagina no es solo carne, sino un componente vital del cerebro femenino, conectando el placer sexual amoroso con la creatividad, la autoconfianza y a la inteligencia de la mujer.

La conclusión es obvia y no es nueva, ni por eso menos importante: masacrar la vagina –ignorándola o haciéndola algo sucio, prohibido y chulo, sea por las palabras o por las acciones– masacra a las mujeres en su totalidad.

Al aniquilar la vagina, se aniquila a la mujer entera, se secuestra su potencia. “Al contrario de lo que nos hacen creer, la vagina está lejos de ser libre hoy en Occidente”, dice Naomi. “Tanto por la falta de respeto como por la falta de comprensión de su papel”.

(…) La violencia contra la vagina se disemina en la vida cotidiana, dentro de casa, en el trabajo, en el trayecto entre la casa y el trabajo, en todos los espacios, incluso los de ocio. Las mujeres están tan habituadas a ella desde que nacen que ya la interiorizan como “normal”. O reaccionan mucho menos de lo que deberían, resignadas a una vida entera de agresiones tan triviales que fingen no percibir. Que en este contexto aún consigan tener deseo sexual y placer con sus vaginas es impresionante.

Como ilustración, un resumen de algunos –solo algunos– momentos de mi trayectoria vital. La primera vez que un hombre me tocó, era una niña. Él, un niño aún más pequeño que yo. Al pasar delante de mí en la calle de una ciudad pequeña, dio un golpe fuerte en mi vagina y dijo: “Vaginona”. Fue mi primer contacto. Volví a casa llorando, pero me sentía tan avergonzada de tener vagina que no se lo dije a nadie. Ya adolescente, caminando por el centro de Porto Alegre, vestida con una minifalda, un hombre escupió en mis partes. En el autobús atestado de la facultad, intentaron masturbarse en mi culo más de una vez. Un Día de la Madre llevé a mi hija de nueve años al cine. Un hombre se sentó a nuestro lado y comenzó a acariciarse.

De adulta, en el trabajo, en las redacciones por donde pasé, oí todo tipo de cosas sobre la vagina, y también mis compañeras. La mejor de todas: “La mujer es la parte pesada de la vagina”. La dijo un hombre inteligente y realmente gentil, que creía estar haciendo una gracia con compañeras “sin frescura”. Nosotras nos reíamos para no ser “la parte pesada –y encima sin humor– de la vagina”.

(…) Y no me parece que la respuesta para la violencia generalizada contra la vagina y el deseo sexual femeninos sea transformarse en una atleta sexual con orgasmos circenses. Este es un patrón para el consumo y para el mercado que responde más a la imagen, también estereotipada, del que sería el comportamiento masculino en la cama.

(…) La imagen de la atleta sexual, determinada y agresiva, puede ser solo otra prisión para las mujeres. La vagina y el deseo femenino, diferentes en cada una, son más complejos y potentes que eso.

Por todo eso, Evelyn, Casey y Naomi son tan importantes. El libro de Naomi acostumbra a peregrinar por diferentes secciones de las librerías, de la pornografía a asuntos generales, ya que parece no haber lugar para encajar la vagina. Evelyn necesitó abrir una galería para poder exponer sus fotos con sangre menstrual. Y los temas de Casey, en Internet, se colocan en general en secciones frikis, mezcladas con otras “rarezas” como, por ejemplo, vender carne de ratón.

Quién escribe, siempre tiene un deseo. El mío es que tal vez, en vez de decir “¡qué asco!”, al leer este texto, usted contenga la agresión o la broma, siempre más fáciles porque calla toda posibilidad de reflexión. Y comience a pensar sobre la vagina y el papel que cada uno de nosotros desempeña, de palabra, obra u omisión, incluso en aquellos comentarios que uno cree que solo son una muestra de sentido del humor, en la reproducción de la cultura de violación y muerte de las mujeres.

Muerte física, pero también psíquica y creativa. Muerte del deseo. Una cultura que se ha ampliado y alcanzado cotas nuevas con el poder de difusión de Internet.

Anuncios

2 Respuestas a “Reflexión de Eliane Brum sobre la vagina

  1. Pingback: Bitacoras.com

  2. Esta escritora siempre me ha deslumbrado por su gran inteligencia sensible a los temas básicos de sobrevivencia de la humanidad, temas que involucran a fondo un futuro posible de entendimiento y de respeto entre los sexos o de una guerra continua de los hombres hacia las mujeres.
    Me encanta Eliane y donde quiera que esté la felicito y la abrazo. Rosa María Rodríguez

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s