Fé pública, votos, periodismo y censo

Fé pública, votos, periodismo y censoPeriodismo y votos. Lamentable que estén en la picota pública dos candidatos presidenciales, Franco Parisi y Tomás Jocelyn Holt, y dos notarios, Gloria Acharán y Roberto Mosquera, por presuntas irregularidades en la presentación y aval de las firmas que los respaldaron para poder lanzarse a la aventura electoral. Que un notario certificara en Santiago más de 17 mil firmas en un solo día, es físicamente imposible; que otro notario certificara, en Renca, entre 1.000 y 2.000 firmas diarias, de personas que viven a muchos kilómetros de distancia (en Puerto Montt, Valdivia o Iquique), coincidiendo para ello en una hora y un día, es también físicamente imposible. La acusación la hizo El Mercurio, y tanto administrativa como penalmente fueron abiertas sendas investigaciones. No sería bueno para los candidatos, ni para la fe pública que emana de los notarios, que la denuncia de El Mercurio sea cierta. Pero sería muy bueno para el Periodismo, que El Mercurio tenga razón en su denuncia, porque es una señal de que estará actuando con responsabilidad. Una responsabilidad cada vez mayor, lejos de la promoción de golpes de Estado y apoyo a las dictaduras con mentiras sobre mentiras, como parece que pueda ocurrir ahora que llega Cristián Edwards del Río a tomar las riendas de la editorial. Una responsabilidad más comprometida con la verdad y las necesidades sociales, que con los intereses personales, de familia, de clase o de casta.

Censo y realidad. El censo es una herramienta de gran utilidad en la elaboración de políticas públicas de un país. Dice cuántos habitantes tiene un país, de qué edades son, dónde viven, qué escolaridad tienen, cuántos viven en el campo, cuántos viven en las ciudades, cuál es la ciudad con mayor número de habitantes, en qué condiciones de confort o hacinamiento vive la gente en la capital, etcétera, etcétera. Si esta información es defectuosa, igualmente defectuosa será la decisión que se tome a partir de ella. Esa es la suprema importancia que tiene un censo, y el que hizo Chile en el 2012 está, todavía, en entredicho. Una funcionaria, y una comisión de expertos nacionales lo consideró no fiable, e indicó que el método para realizarlo, que fue cambiado a última hora, no se ejecutó prolijamente. Un alto funcionario perdió su puesto por ello. Pero el gobierno optó por acudir a una comisión internacional, la cual consideró que el Censo 2012 “tiene problemas, pero que estos se pueden corregir”, y dijo que “el Censo sí sirve, sí es útil y se puede difundir en todo Chile”. Con esta declaración, el gobierno se sintió relevado de ahondar en el tema, y darlo por válido. Pero enseguida hubo dos pronunciamientos simultáneos: uno, de la candidata presidencial Michelle Bachelet, quien anunció que hará un nuevo Censo en el 2016, y el otro pronunciamiento fue el de la comisión nacional de expertos, que confrontó el concepto de los expertos internacionales, ratificando que el Censo 2012 no sirve para elaborar políticas públicas basadas en su dudosa información. Un censo fiable es lo mínimo que debe tener un país, independientemente de los estudios locales o focalizados o sectoriales que sus instituciones puedan llevar a cabo, como los ministerios, las Direcciones, las Secretarías, etcétera. Y un censo vale mucho dinero: el del 2012 costó poco más de $30.000 millones.

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