Binominal = Ilegitimidad institucional

el mostradorComparto la apreciación de El Mostrador cuando habla de la ley electoral como ilegítima. La ley electoral es lo que popularmente se conoce como “sistema binominal”. Quiere decir que solo dos (bi) pueden nominar (aspirar). Solo dos grupos políticos pueden proponer candidatos, y todos los demás solo pueden escoger candidatos de esos dos grupos políticos. De entrada, como se ve, nada tiene de Democrático este sistema, y sí mucho de excluyente.

Y todavía más: cuando están en pugna electoral los candidatos de los dos grupos políticos, al triunfo de un grupo se obliga aparejar un candidato del otro grupo. O sea, hay que elegir, sí o sí, “uno y uno”: bi-nominal. Si alguien se sale de esta mordaza, no cuenta. Caso de Marisela Santibáñez, que obtuvo la mayoría absoluta de su distrito electoral, pero por no ser del bi-nominal no es considerada por la “ley electoral” para que forme parte del Congreso. Es decir, el que gana pierde, si no es de uno de los dos grupos amangualados. Porque los candidatos de los dos grupos siempre ganan, aunque pierdan.

Esta es herencia del dictador Augusto Pinochet, que al parecer no le preocupa a ninguno de los dos grupos políticos, en la realidad, aunque de dientes para fuera digan y renieguen. No les preocupa, ni a la “izquierda” (Nueva Mayoría = Concertación más el Partido Comunista) ni a la “derecha” (Coalición por el Cambio = Alianza). Los dos grupos están muy conformes, porque ya tienen repartida la torta burocrática, ya conocen los mecanismos de consenso y han usufructuado del poder en los últimos 23 años.

El Mostrador (logo) expresa muy acertadamente esta anomalía de la democracia, en los siguientes términos: “La Ley Electoral en Chile otorga beneficios a instituciones y personas de manera arbitraria y discrecional, hasta el punto de negar el sentido general de toda ley, esto es, sus principios de generalidad e igualdad. Pero todavía va más allá. En estricto rigor, no existe una ley de contenido más anticonstitucional respecto de la propia Constitución de 1980 que la Ley Electoral, pues elimina de facto la libertad de elegir y ser elegido, elemento básico de la democracia, distorsionando completamente el principio de realidad en el ejercicio de los derechos y deberes constitucionales de todos los ciudadanos. Lo que instala en términos reales es una selección burocrática de candidatos, que los partidos se han encargado de perfeccionar.

“Por lo mismo, no parece sensato que los expertos electorales se empecinen en cuentas de ingenieros acerca de qué se puede o no, de acuerdo al número de parlamentarios elegidos. El tema no está ahí ni se resuelve en el Congreso, sino en la política. Y es tema de gobernabilidad, pues no en vano el cambio de Constitución y la Asamblea Constituyente se han transformado en una demanda social, junto a la salud o la educación.

“Por ahora, el sistema binominal aprobó la prueba del voto voluntario y dejó todo igual, con sólo leves acomodos. Y los comandos se abocarán a una segunda vuelta posiblemente con menos sorpresas que virulencia, al menos por parte de la candidata oficialista.

“Pero lo fundamental posiblemente pase a segundo plano. Es evidente que la agenda política en el próximo gobierno no podrá manejarse con los mismos criterios y métodos de los años anteriores. Ni menos usar como derivada al Congreso Nacional. El caso de Marisela Santibáñez, la candidata del PRO por San Bernardo, que fue primera mayoría en su distrito, que le ganó por más de 10% de los votos a su más cercano perseguidor, es abiertamente una inmoralidad del sistema. Tal vez durante la transición habría sido una injusticia más en medio de un proceso donde el dictador seguía siendo comandante en Jefe del Ejército. Hoy el hecho plantea un límite de legitimidad política al actual parlamento, pues es una verdadera mácula para su funcionamiento.

“La Ley Electoral en Chile otorga beneficios a instituciones y personas de manera arbitraria y discrecional, hasta el punto de negar el sentido general de toda ley, esto es, sus principios de generalidad e igualdad. Pero todavía va más allá. En estricto rigor, no existe una ley de contenido más anticonstitucional respecto de la propia Constitución de 1980 que la Ley Electoral, pues elimina de facto la libertad de elegir y ser elegido, elemento básico de la democracia, distorsionando completamente el principio de realidad en el ejercicio de los derechos y deberes constitucionales de todos los ciudadanos. Lo que instala en términos reales es una selección burocrática de candidatos, que los partidos se han encargado de perfeccionar.

“No hacerse cargo de temas como estos lleva a la percepción ciudadana sobre la inutilidad del voto más allá de la simple desconfianza en la política, y la transforma en una pauta estructural de la ilegitimidad de muchas instituciones de nuestra democracia. Por ello, también, la autorreforma de la política resulta una promesa vana con el actual Congreso. Es de esperar, en todo caso, que quienes llegan por primera vez no pierdan la memoria”.

Es una vergüenza el sistema binominal. Es un primitivismo político. Es tanto como decir: Todo el mundo es libre siempre que piense como nosotros. O: Todo el mundo puede votar por quien quiera pero solo ganaran nuestros candidatos. ¿Y se cree Chile un país moderno, aspirante a ser del Primer Mundo? Yo creo que el dictador Augusto Pinochet vive.

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