‘Mi escritura no es letra de vitrina’: Lemebel

pedro lemebel2Héctor Cossio trae hoy en ‘Cultura’ de El Mostrador una entrevista a Pedro Lemebel (foto), ganador del Premio José Donoso 2013, que le será entregado el 2 de noviembre en la Feria Internacional del Libro de Santiago (Filsa) que abre sus puertas de la Estación Mapocho, en Santiago. Dice Héctor Cossio: “El cronista no se ha dejado ver mucho este último tiempo. Desde sus intervenciones quirúrgicas por un cáncer de laringe que lo tienen hoy con una voz artificial, Pedro Lemebel ha optado por el silencio, restringiendo sus apariciones públicas. No da entrevistas, le caen mal los periodistas, desconfía de ellos. Para este artículo hizo una excepción con Cultura+Ciudad (de El Mostrador) tal como lo hizo para el Festival de Literatura de Buenos Aires donde, con su voz de vocoder, leyó varios textos con música de fondo logrando tal intimidad con la audiencia que ésta lo coronó con una ovación cerrada.

En la Feria del Libro de Santiago aprovecharán de entregarte el premio José Donoso. ¿Tienes preparado algo especial?     Iré sólo a recibir el premio, qué más. El día 2 de noviembre presento “Poco hombre”, a las 4 de la tarde en la Sala de las Artes de la Feria del Libro. Es la antología hecha por Ignacio Echevarría y eso será una presentación donde están todos invitados, menos los fachos, jajaja.

¿Qué significa para ti haber ganado ese premio?     Este reconocimiento lo agradezco sin soberbia, pero con dignidad de letra proletaria. No lo sé, quizás siga siendo un outsider como dicen. A pesar de los homenajes, sigo estando al borde del camino letrado. No me asusta, ya que antes había obtenido la beca Guggenheim y el premio Anna Segers. Pero los premios, más que reconocimientos, son lápidas.

Con el paso del tiempo tus crónicas cobran más vigencia, ¿a qué crees que se deba eso?     Quizás, el mensaje político literario de mis crónicas, que después de tanto tiempo se asume y se habla. Me refiero a los contenidos de denuncia que están en mis textos desde la dictadura. Para mucha gente que nunca me leyó, por prejuicio o porque yo publicaba en lugares proscritos, ahora se sorprende, pero siempre escribí, dije, grité, y enarbolé los textos como bandera de opresión.

¿En qué ha cambiado tu obra?     Ha pasado el tiempo y han ocurrido transformaciones de mi trabajo: desbarroquizaciones, decantaciones de la adjetivación. Creo que hay un acercamiento a mi biografía, aunque mi memoria me juega malas pasadas, a veces se me confunde si lo que viví, lo soñé o me lo contaron. Tiendo a confundir memoria e historia, memoria y sueño, memoria y deseo, en fin… al final no me queda claro si lo soñé, me ocurrió o lo ficcioné, aunque la ficción no me queda. En fin, es el vértigo inestable de la escritura.

¿Qué diferencias observas en tu literatura y en la de Pablo Simonetti?     Mi escritura es estrategia de sobrevivencia más que novelería o letra de vitrina. Más cercana al panfleto o al graffiti y a la canción popular. Me identifico más con la poesía callejera que con la narrativa actual.

¿Estás trabajando en nuevos proyectos?     Hay algunos en carpeta: la reedición de “Adiós Mariquita linda”, por Seix Barral Planeta; una novela corta, “El éxtasis de delinquir”; otro libro de crónicas; y uno sobre Gladys Marín. En fin, ya vendrán…

El arte

¿Piensas que durante la conmemoración de los 40 años del Golpe faltó un reconocimiento mayor a la labor de las ‘Yeguas del Apocalipsis’? Un reconocimiento explícito del mundo del arte tal vez…     Por supuesto que sí y, como dice Francisco Casas, el trabajo de las Yeguas debiera estar en el Museo de la Memoria. Fuimos un colectivo homosexual que, anteponiendo nuestras demandas, homenajeamos a los Detenidos Desaparecidos, único caso en el continente. Estamos en la historia de este país porque Gerardo Mosquera, crítico extranjero, nos reconoció. No porque nuestros prejuiciosos amigos del arte lo quisieran. En ese sentido, después de veinte años, seguimos siendo estigmatizados, pero ya no importa, cruzamos las fronteras a pesar de la miopía nacional.

¿Cómo te caen las personas que vienen del mundo del arte?     Hay de todo, también hay gente valiosa. Pero en general hay oportunismo. Ayer estaban con el arte denunciante, después con el posmodernismo, luego con el kitsch y, ahora, con el neoliberalismo de feria comercial.

Hace poco Arakis, un crítico transexual de arte feminista, dijo en una entrevista que el mundo del arte sigue respondiendo a una cultura decimonónica. ¿Compartes esa opinión?     La crítica fetichista siempre te analiza con lupa, poniéndote como objeto de especulación moral. No entiendo esas palabras: ¿décimo qué?, ¿heteronorma qué? Son palabras adoptadas del nuevo cuiquerío cultural. No me apasionan los estudios queer, encuentro que crean otro gheto, la loca académica me da náuseas. Me interesan más los movimientos sociales, las marchas estudiantiles, los estallidos políticos clandestinos que remecen la subjetividad social. Los colectivos de estudiantes secundarios que han aparecido, como El colectivo Lemebel del Liceo Barros Borgoño, donde yo estudié, o las Putas de Babilonia del Lastarria.

Y en política, ¿cómo ves el panorama a semanas de las elecciones?     Convulso, esquizoide, se me confunden los programas presidenciales, se parecen, se mimetizan en la misma desesperación. No sé si iré a votar. Y si voy, lo haré por la izquierda como siempre. Sólo que no sé si mi izquierda estará en el voto.

¿Algo que agregar?     Chapalapachala…blue.

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2 Respuestas a “‘Mi escritura no es letra de vitrina’: Lemebel

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