‘La hierba roja’ de Boris Vian

boris vianA los 30 años escribió ‘La hierba roja’ y a los 39 murió, tras una vida prolífica que paseó genialmente por la narrativa, la poesía, el teatro y la música. Boris Vian (foto) trabajó con Jean Paul Sartre y Albert Camus, y confraternizó con Duke Ellington, Miles Davis y Charlie Parker. Era ingeniero, pero fue lo último que hizo. O lo que no hizo. El arte colmó su existencia. Aparte su producción musical, centrada en el jazz, títulos suyos de novelas son: ‘La espuma de los días’, ‘El otoño en Pekín’, ‘Escupiré sobre vuestra tumba’, ‘Todos los muertos tienen la misma piel’, ‘Que se mueran los feos’ y ‘Con las mujeres no hay manera’, por mencionar algunos.

‘La hierba roja’ (Editorial Bruguera, 1980, traductor Jordi Martí) fue presentada así: “La construcción de una máquina del tiempo será el medio idóneo para permitir al protagonista la violación de los límites de la realidad y el revivir, sensual y a la vez angustioso, de los recuerdos de su vida pasada”. Al terminar de leer la novela escribí: “Una buena historia del absurdo, grotesca y graciosa, que se parece mucho a la vida real. ¿Realismo mágico?” Ahora que releo mi anotación soy consciente de que alguien que la haya leído podrá poner reparos. En particular, por la expresión de ‘realismo mágico’. Pero no me refiero al que acotó para sus libros el premio Nobel Gabriel García Márquez, casi como su propiedad privada, sino al sentido de la expresión que entraña la dimensión escondida de esta realidad, que no es propiedad de nadie sino la vida misma. Boris Vian aprovecha el absurdo y lo mágico y lo grotesco para hacer crítica a diversos aspectos de la vida en sociedad, como la relación de pareja, el trabajo, la amistad, el sexo. Copio de las páginas 121 y 122 algo sobre la educación, escrito en 1950:

“–Un tiempo suficientemente largo… –repitió Wolf–. ¡Qué calvario! Dieciséis años… dieciséis años de chanchullos y honestidad alterados. Dieciséis años de aburrimiento: ¿qué queda de ellos? Imágenes aisladas, ínfimas… el olor de los libros nuevos el primero de octubre, las hojas que dibujábamos, el vientre asqueroso de la rana disecada en clase de prácticas, con su peste a formol, y los últimos días de curso, cuando nos dábamos cuenta de que los profesores son personas porque también ellos se van de vacaciones, y había menos alumnos en clase. Y ese miedo atroz, del que ya no recuerdo la causa, las vísperas de exámenes… Costumbres regulares… todo se reducía a esto… pero ¿sabe usted, señor Brul, que es un crimen imponer a los niños un horario que dura dieciséis años? El tiempo es un engaño, señor Brul. El tiempo real no es mecánico, no está dividido en horas iguales…, el tiempo de verdad es subjetivo…, se lleva dentro… Levántese a las siete todas las mañanas… Almuerce a mediodía, acuéstese a las nueve… y no tendrá nunca una noche suya… no sabrá nunca que hay un momento en que, al igual que la marea deja de bajar y se queda un instante inmóvil antes de volver a subir, el día y la noche se mezclan y se funden, y forman una barra de fiebre semejante a la que forman los ríos cuando desaguan en el océano. Me robaron dieciséis años de noche, señor Brul. Me hicieron creer, en primero de Bachillerato, que mi único progreso debía consistir en pasar a segundo… en sexto, tuve que hacer la reválida… y luego, un título… Sí, pensé que tenía un objetivo en la vida, señor Brul…, y no tenía nada… Avanzaba por un pasillo sin principio ni fin, a remolque de unos imbéciles, precediendo a otros imbéciles. Envolvemos la vida con diplomas. Del mismo modo como te envuelven los polvos amargos con cápsulas, para que te las tragues sin darte cuenta… pero ve usted, señor Brul, ahora ya sé que me habría gustado el verdadero sabor de la vida”.

Lo anterior suena demasiado vigente. Salto a las páginas 157 y 158, para leer algo sobre la convivencia entre géneros:

“–¿Y no habría sido más fácil, si una mujer le gustaba, decírselo abiertamente?

–Llegamos con esto al tercero de mis motivos-pretextos para reprimirme –dijo Wolf–. Si encuentro a una mujer que me guste, mi primer impulso es, en efecto, decírselo abiertamente. Pero supongamos que le diga: “¿Quiere usted hacer el amor conmigo?” ¿Cuántas mujeres me contestarían con la misma franqueza? Si su respuesta fuera “sí” o “no”, todo sería muy fácil… pero siempre contestan con evasivas… o se hacen las puritanas…, o se ríen.

–Si una mujer le hace la misma pregunta a un hombre –protestó Aglaé–, ¿acaso éste reacciona con mayor honestidad?

–Un hombre siempre acepta –dijo Wolf.

–De acuerdo –dijo Héloïse–, pero no confunda la franqueza con la brutalidad… su manera de expresarse es un poco… brusca, en su ejemplo.

–Les aseguro –dijo Wolf– que la misma pregunta, formulada con la misma claridad, pero con mayor cortesía, que es lo que usted parece echar de menos, no obtendría tampoco una respuesta concreta.

–Es que hay que ser galante… –dijo Aglaé, coqueta.

–Oigan –dijo Wolf–, jamás he abordado a una desconocida, estuviera ella bien dispuesta o no, porque opino que tiene tanto derecho como yo a elegir, por una parte, y por otra porque siempre me ha horrorizado la idea de hacer la corte a una persona según el procedimiento típico, que consiste en hablarle del claro de luna, del misterio de su mirada y de la profundidad de su sonrisa. Qué quieren que les diga, yo, en estos casos, pensaba en sus pechos, en su piel… o me preguntaba si, desnuda, resultaría ser una rubia auténtica. En cuando a lo de ser galante… si se admite la igualdad entre la mujer y el hombre, basta con ser cortés, y no hay ninguna razón para tratar a una mujer con más cortesía que a un hombre. No, no son sinceras.

–¿Cómo podrían serlo, en una sociedad que las menosprecia?”

Anuncios

Una respuesta a “‘La hierba roja’ de Boris Vian

  1. Pingback: Bitacoras.com

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s