Julio Cortázar cuenta sobre el cuento en la U.

cortazarEs de nunca acabar, parece. Porque hay cientos de intentos de definición y, sin embargo, lo definido sugiere no estar completamente atrapado en esa definición. Algo queda fuera. Me refiero al cuento. El cuento como una parte de la Literatura. Porque hablar de literatura es otro intento por encontrar aquello que nos arroba, que está artificialmente construido y simula naturalidad. La de Wikipedia es una buena primera definición: “Un cuento (en inglés short story, en francés récit) es una narración breve que es creación o ficción de uno o varios autores, basada en hechos reales o ficticios, inspirada o no en anteriores escritos o leyendas, cuya trama es protagonizada por un grupo reducido de personajes, y que tiene un argumento relativamente sencillo y por tanto fácil de entender”. Lo cierto es que el hombre, por sí, es narrador. En principio, oral. Pero agradece oír una buena historia, por corta y sencilla que sea, que esté bien contada. Después, narra mediante la escritura. Y de esta decisión se desprende el cambio de la percepción del mundo y el mundo mismo.

Sentarse a escribir un cuento ya es un reto. Me refiero al hecho mencionado: sentarse. Muchas personas suelen “tener” cuentos y novelas, “buenísimos”, que nunca escriben. O si no los tienen, ofrecen regalarlos. Pero lo primero que se debe hacer es, trivialmente, sentarse a escribir. Quizás no sea grato, siempre. Porque no siempre quiere uno sentarse, y este es un segundo reto: sentarse, de todas maneras. Y escribir.

Viene lo arduo, que es ensartar en el hilo del sentido que queremos dar, las cuentas o canutillos de las palabras adecuadas para terminar con gusto ese collar. Encontrar una palabra adecuada puede tardar días, o semanas. Lo mismo que la primera frase. Édgar Allan Poe consideraba que la primera frase contenía todo el cuento y su final. Es tan importante, como su equivalente en periodismo: el lead. Y así como un cuento puede “empezar mal”, una noticia también, y dejar de ser periodismo para simplemente chapucear.

Julio Cortázar (foto) es uno de los muchos que le han dedicado tiempo a “pensar el cuento”. Dictó clases de Literatura en la Universidad de Berkeley en 1980, y ahora se conocen sus disertaciones. En lo que sigue, no está la conocida definición suya de que en la novela, como en el boxeo, “se gana” por puntos, mientras que en el cuento se debe “ganar” por nocaut, para referirse a lo implacable que debe ser el cuento. La Nación publicó parcialmente la primera clase de ese grande escritor argentino, de la cual entresaco, a modo de aperitivo, partes que espero inciten a buscar el todo. Abro comillas:

“Conviene hacer una cosa bastante elemental al principio que es preguntarse qué es un cuento, porque sucede que todos los leemos (es un género que creo que se vuelve cada día más popular; en algunos países lo ha sido siempre y en otros va ganando camino después de haber sido rechazado por motivos bastantes misteriosos que los críticos buscan deslindar) pero en definitiva es muy difícil intentar una definición de cuento. Hay cosas que se niegan a la definición; creo, y en este sentido me gusta extremar ciertos caminos mentales, que en el fondo nada se puede definir. El diccionario tiene una definición para cada cosa; cuando son cosas muy concretas, la definición es tal vez aceptable, pero muchas veces a lo que tomamos por definición yo lo llamaría una aproximación. La inteligencia se maneja con aproximaciones y establece relaciones y todo funciona muy bien, pero frente a ciertas cosas la definición se vuelve verdaderamente muy difícil. Es el caso muy conocido de la poesía. ¿Quién ha podido definir la poesía hasta hoy? Nadie. Hay dos mil definiciones que vienen desde los griegos que ya se preocupaban por el problema, y Aristóteles tiene nada menos que toda una Poética para eso, pero no hay una definición de la poesía que a mí me convenza y sobre todo que convenza a un poeta. En el fondo el único que tiene razón es ese humorista español –creo– que dijo que la poesía es eso que se queda afuera cuando hemos terminado de definir la poesía: se escapa y no está dentro de la definición. Con el cuento no pasa exactamente lo mismo pero tampoco es un género fácilmente definible.

“¿Cuáles son las características en general del cuento, ya que decimos que no vamos a poder definirlo exactamente? Si hacemos el enfoque primario –o sea el fondo del cuento, su razón de ser, el tema, y la forma–, por lo que se refiere al tema la variedad del cuento moderno es infinita: puede ocuparse de temas absolutamente realistas, psicológicos, históricos, costumbristas, sociales… Su campo es perfectamente apto para hacer frente a cualquiera de estos temas, y pensando en el camino de la imaginación pura, se abre con toda libertad para la ficción total en los cuentos que llamamos fantásticos, los cuentos de lo sobrenatural donde la imaginación modifica las leyes naturales, las transforma y presenta el mundo de otra manera y bajo otra luz. La gama es inmensa incluso si nos situamos únicamente en el sector del cuento realista típico, clásico: por un lado podemos tener un cuento de D. H. Lawrence o de Katherine Mansfield, con sus delicadas aproximaciones psicológicas al destino de sus personajes; por otro lado podemos tener un cuento del uruguayo Juan Carlos Onetti que puede describir un momento perfectamente real –diría incluso realista– de una vida y que, siendo en el fondo una temática equivalente a la de Lawrence o a la de Katherine Mansfield, es totalmente distinto. Se abre así el abanico de su riqueza de posibilidades. Ya se dan cuenta ustedes de que por la temática no vamos a poder atrapar al cuento por la cola, porque cualquier cosa entra en el cuento: no hay temas buenos ni malos en el cuento. (No hay temas buenos ni malos en ninguna parte de la literatura, todo depende de quién y cómo lo trata. Alguien decía que se puede escribir sobre una piedra y hacer una cosa fascinante siempre que el que escriba se llame Kafka.)

“Alguna vez he comparado el cuento con la noción de la esfera, la forma geométrica más perfecta en el sentido de que está totalmente cerrada en sí misma y cada uno de los infinitos puntos de su superficie son equidistantes del invisible punto central. Esa maravilla de perfección que es la esfera como figura geométrica es una imagen que me viene también cuando pienso en un cuento que me parece perfectamente logrado. Una novela no me dará jamás la idea de una esfera; me puede dar la idea de un poliedro, de una enorme estructura. En cambio el cuento tiende por autodefinición a la esfericidad, a cerrarse, y es aquí donde podemos hacer una doble comparación pensando también en el cine y en la fotografía: el cine sería la novela y la fotografía, el cuento”.

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4 Respuestas a “Julio Cortázar cuenta sobre el cuento en la U.

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