6 fábulas chinas rescatas por Wilfredo Carrizales

wilfredo carrizales1De la cultura oriental las sutilezas con que suelen contar sus historias. Hay cierto encanto contenido en la simpleza de sus textos. Algo que en occidente nos cuesta, por ser más amantes de lo recargado, la rimbombancia. Refiere el sinólogo venezolano Wilfredo Carrizales (foto), quien ha recogido diferentes historia y en particular fábulas, que “el término chino “yu yan” (literalmente “palabras que implican”), que sirve para designar a las fábulas, proviene de los capítulos “Yu Yan” y “Tian Xia” de Zhuang Zi. Su principal significado es usar algo aparentemente sin relación con otra cosa, con el objeto de exponer uno sus propias ideas. Los famosos traductores de finales de la dinastía Qing, Lin Shu y Yan Qu, produjeron la versión china de las Fábulas de Esopo y ésta fue publicada en 1902 bajo el título de Yi Suo Yu Yan. Desde ese tiempo, la mayor parte de los chinos han considerado yu yan y fábula como exactamente iguales. De hecho, hay un traslapo en sus significados: la palabra fábula puede abarcar yu yan, cuentos de hadas y mitos; yu yan puede referirse a fábulas, parábolas y alegorías. Las fábulas de cada sistema cultural tienen sus propios y distintivos estilos y, lo que es más importante, dan cuerpo a su propio ethos cultural”. Las siguientes son fábulas chinas rescatas por Carrizales:

Traer una vara de bambú e ingresar a la ciudad    En el estado de Lu había un hombre que traía en su mano una larga vara de bambú para entrar en la ciudad. Al principio la aferró horizontalmente y no pudo entrar por la puerta de la ciudad; después la tomó verticalmente y tampoco pudo entrar. No había manera.

Un rato más tarde vino un anciano y dijo: “Yo no soy un sabio, pero he visto muchos asuntos. ¿Por qué no partes la vara por la mitad y así entras?”.

Así lo hizo el hombre.

La serpiente del estanque seco    El estanque se secó y la serpiente se iba a marchar. Una serpiente pequeña le dijo a la grande: “Cuando tú te marches yo te seguiré. Los hombres al ver el movimiento de las serpientes, seguramente te matarán. Mejor sería que me llevases en el lomo. Los hombres creerán inevitablemente que yo soy un dios”.

Entonces la gran serpiente cargó a la pequeña. Atravesaron el camino público. Los hombres se ocultaban al verlas y decían: “¡Es un dios!”.

El señor She amaba los dragones    El señor She Zigao amaba los dragones. En el cinturón de sus trajes pintaba dragones y en sus vasijas para beber y en los cuartos y habitaciones grababa diseños de dragones.

Entonces el dragón del cielo oyó la noticia y descendió. Metió su cabeza por la ventana para atisbar y su cola se arrastró hasta la sala principal de la casa. El señor She al verlo giró su cuerpo y escapó con su alma en vilo, pálido y sin poderse dominar.

El señor She no amaba los dragones; amaba a lo que se parecía a los dragones.

El pájaro de nueve cabezas contiende por alimento    En la montaña Boyao había un pájaro. Tenía un cuerpo y nueve cabezas. Cuando una cabeza obtenía alimento todas las ocho cabezas restantes luchaban. Con los picos abiertos contendían mutuamente por el alimento. La sangre chorreaba y las plumas volaban. El alimento aún no había sido tragado y las nueve cabezas sufrían daño. Un pájaro marino vio esto y riéndose dijo: “¿Por qué no reflexionas? Alimento para nueve bocas. ¿Después no va a un mismo estómago? ¿Por qué pelear?”.

Perder el hacha y sospechar del vecino    Un hombre perdió un hacha. Sospechó que el hijo de su vecino la había robado. Vio el aspecto del hijo de su vecino al caminar: se parecía al de un ladrón de hachas. El aspecto de su rostro se asemejaba al de un ladrón de hachas. Sus palabras eran las de un ladrón de hachas. Sus movimientos y actitud eran los de un ladrón de hachas.

Poco tiempo después, al sacar agua de una acequia encontró el hacha perdida.

Al cabo de algunos días, él vio al hijo de su vecino. Sus movimientos y actitud no se parecían a los de un ladrón de hachas.

El dinero del que murió ahogado    Los naturales de Yongzhou1 son hábiles en nadar. Un día los ríos crecieron repentina y bruscamente. Cinco o seis personas se montaron a una pequeña barca para cruzar el río Xiang.2 En medio del río la barca se partió. Esas personas se lanzaron al agua para nadar. Entre ellas una, aunque nadaba con denuedo, lo hacía muy lento.

Sus compañeros le dijeron: “Normalmente tú nadas muy bien, ¿hoy por qué te rezagas?”.

Él respondió: “En mi cintura enrollé mil monedas; son muy pesadas. Por eso me retraso”.

Los compañeros dijeron: “¿Por qué no las arrojas?”.

Él no respondió; sólo movió la cabeza. Transcurrido un momento nadaba más lento aun.

Las personas que ya habían cruzado el río se pararon en la ribera. Le gritaron: “¡Tú eres muy tonto! ¡Muy ofuscado! Incluso la vida, no puedes protegerla, ¿aun quieres qué fortuna?”. Él de nuevo movió la cabeza, entonces murió ahogado.

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