Los suicidios de Andrés Caicedo

andres-caicedoEn sus ‘memorias’, el escritor colombiano Andrés Caicedo (foto), mitificado justa o injustamente, habla de sus intentos de suicidio, los cuales, finalmente, habría de dar cumplimiento el 4 de marzo de 1977, para ingresar al panteón de los jóvenes talentosos que parten de esta vida antes de cumplir los 27, como el bajista de Sex Pistols, Sid Vicious, el compositor y guitarrista de Nirvana, Kurt Cobain, o más recientemente la cantante británica Amy Winehouse. Caicedo no era músico, pero escribió una novela titulada “¡Que vida la música!”, en la que trasluce un sesudo alegato a favor de la llamada ‘salsa’ de las tropicales barriadas caleñas, frente a la, para él, tonada ‘chucu-chucu’ de las fiestas bogotanas.

Cuenta en esos apuntes el colombiano admirado por Alberto Fuguet (49 años, chileno, quien escribió el libro ‘Mi cuerpo es una celda’, a manera de memorias de Andrés Caicedo), de la intentona fallida de ser guionista de Hollywood: “Después vendría mi viaje a USA, a Los Ángeles, para intentar vender dos guiones de horror: cuando me di cuenta todo el problema de lenguaje que había de por medio desistí y me dediqué únicamente a ver cine, mientras me durara la plata. Vivía yo al frente del teatro New Vagabond, que daba programas especiales de 8 ó 16 películas, es decir todo el día; o sea que yo me levantaba a las ocho de la mañana, cruzaba la calle desayunado ya, y me entraba al teatro, a mi cita con la oscuridad, para salir a eso de las once o doce de la noche o ya de mañana; y fue allí cuando probé por primera vez las anfetaminas.

“A Colombia regresé un tanto desilusionado (Hollywood no existía) después de casi un año de pasar trabajos, de mantener un recuerdo de mi tierra magnificado por la distancia. Vine con la idea expresa de editar una revista, y a los cuatro meses ya teníamos en circulación nuestra Ojo al Cine, que fue un éxito de venta y de crítica”. Esta revista sigue siendo un hito de la historia cinéfila colombiana, editada en Cali, donde vivía Caicedo; un hito de los desaparecidos cineclubes dominicales que presentaban películas de culto como ‘Ciudadano Kane’ o ‘Blow up’, por recordar dos.

Para esa época, de acuerdo con la reciente publicación del diario El Espectador, confiesa Caicedo que “aún tenía problemas con la droga, sobre todo con las pepas, pues yo comencé a tomar Valium 10 cuando hacía viajes por tierra de Cali a Bogotá. No tenía mujer, ni me interesaba. Tomaba mucha cerveza y me la pasaba contento en Cali, mucho más después de que me hice muy amigo de Clarisol y Guillermo Lemos, dos niños super precoces y super perversos y fui dando la imagen del niño que no ha crecido o se niega a crecer: ellos me hicieron probar los hongos y el Daprisal, y yo estaba contento con mi pose silvestre porque así desconcertaba a los intelectuales de profesión, a los que he detestado siempre y bastante es el mal, con pullas indirectas, que me han hecho. Pero como todo el mundo deseaba y admiraba a Clarisol, no se podían meter conmigo, pensaban “ése va a acabar mal”, pero no decían nada. (A Clarisol dedica ‘¡Qué viva la música!’)

“Pero terminé mal, la pura verdad. Con Clarisol hicimos un pacto: “Tú aparentas mi edad y yo la tuya”, y así pasábamos el tiempo, cada uno desconcertando a su manera. Pero llegó Patricia y todo se acabó. Con Clarisol había conocido una especie de vida salvaje. El amor salvaje de Patricia me trajo a una más cercana realidad, aunque también peligrosa. Yo la conocía a ella desde hacía dos años, pero no le había parado bolas, desinteresado como estaba por toda mujer hecha y derecha. Pero mentiras; Patricia resultó ser una niña malcriada, exigente y desconfiada. Ella me sedujo y me atrapó. Su amor fue como un viaje sin regreso por la selva más tenaz de todas, la del Chocó; fue como pasar hambre y darse después un festín y emborracharse con cerveza helada. Yo creo que ambos éramos unos niños al conocernos y juntamos nuestras malas crianzas y hacíamos el amor de una forma perfecta. Por varios meses yo fui su segundo hombre, hasta que las circunstancias me llevaron a ser el único, el primero.

“Ay no, todo esto está mal escrito. Su matrimonio iba ya muy mal cuando nos conocimos, y por pura coincidencia feminista yo me dejé seducir, porque era testigo de lo mal que la trataba su marido. Además él, Carlos Mayolo, había arruinado por su mal genio un filme que realizamos en 1971: Angelita y Miguel Angel, en 16 mms. y con guión mío. Pero no creo que haya sido venganza; hice a medias el amor con ella y me gustó muchísimo y estuvo; quedé enamorado como nunca en mi vida. De allí, nuestra relación fue siempre incompleta, y su marido, como dice el proverbio, fue el último en saberlo; nos pilló in fraganti en el último Festival de Cine en Cartagena.

… “Mi relación con Patricia ha estado sujeta (ya no) a un grado tal de inestabilidad que yo tuve que recurrir el triple a Valium 10. Primero que todo ella se demoró mucho en dejar de amar a Carlos, y a mí me tocó presenciar una escena de súplica y de amor en vano tal, que me pegó uno de los mayores sustos de mi vida. Y lo que lo acaba a uno no es la droga sino los sustos. Después de eso yo me porté muy duro con ella, repitiéndole que ya no había caso, que ya no la quería, y eso y la separación con su esposo la condujeron a una especie de locura por los hombres; hizo el amor con el más grande y el más chiquito
de los cineclubistas de Bogotá, pero siempre venía hacia mí.

“Pero me aburrió el snobismo y la vulgaridad de la rumba, y fue precisamente en mitad de una rumba que yo intenté suicidarme por primera vez, cortándome las venas después de tomar 25 blues, como le decimos nosotros al Valium de 10 mgs. Me despertó el mismo ruido de mi sangre goteando sobre el piso de madera, y minutos después cicatrizaría. Pero como no me hicieron lavado de estómago estuve todo pepo como 15 días. Después, quedé muy propenso al llanto, por todo lloraba como un niño, y hablaba imitando a Patricia. Estaba, creo yo, a un paso de la locura.

“La segunda vez que me intenté suicidar está rodeada de circunstancias más allá de mi memoria. Según parece me tomé 125 pepas y discutí mucho con ella. A los varios cinco o seis días me vine a despertar en “Cuidados Intensivos” creyendo, por la calefacción, que estaba en Cali. Me llegaba el recuerdo de Patricia como el de un ángel guardián y experimentaba ráfagas de felicidad indefinida e inconclusa. Ahora, pasado ya un mes de estar en esta clínica, tengo planes urgentes para el futuro inmediato; sacar un número 5 de Ojo al Cine que sea mejor que los anteriores, gestionar la publicación de mi novela Que viva la música con las dos editoriales que me la han comprado y arreglar la publicación de un libro de cuentos con Eduardo Agudelo, el dueño de la editorial que me saca la revista; asimismo, comenzar dándole forma al libro que tengo planeado sobre los Rolling Stones”.

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